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Evitando el “lunes negro” (08 08 11)

Gobiernos y bancos europeos intentan evitar un “lunes negro”

La incertidumbre económica hace temer la llegada de un nuevo período recesivo

 

La manera en que terminó resolviéndose la crisis de la deuda pública estadounidense la semana pasada, con un pacto in extremis entre la Casa Blanca y los republicanos del Congreso, no logró ahuyentar los malos presagios de un enfriamiento global y una contracción del crecimiento en los mercados líderes en Occidente, que puede empujar el escenario a una nueva recesión a gran escala, como la que golpeó ambas orillas del Atlántico en los años ’30.

El plan del presidente Barack Obama era presentar el acuerdo entre las dirigencias de ambos partidos como un éxito de la capacidad de gestión de su gobierno, pero las sucesivas concesiones que el Poder Ejecutivo tuvo que realizar frente a los opositores –al punto tal que afectó el rumbo del propio programa gubernamental demócrata, al aceptar restricciones al gasto público y no subir impuestos a los más ricos- alertaron a los mercados sobre la real capacidad de pago del Tesoro.

Estas dudas en los grandes operadores impactaron en las calificadoras de riesgo, que por primera vez en la historia norteamericana redujeron el máximo estándar del que siempre ha gozado Washington, y que ha llevado a que la moneda y las reservas estadounidenses se mantuvieran durante el último siglo como las divisas de referencia.

Desde la semana pasada, sin embargo, Estados Unidos tiene que soportar que su calificación de AAA, la más alta del mundo, se degradara a AA+. E inclusive con perspectivas de que nuevas disminuciones en las calificaciones sigan golpeando su credibilidad en el corto plazo: El director gerente de Standard and Poors, John Chambers, estimó ayer que hay “una posibilidad entre tres” de que la deuda norteamericana se vea degradada de nuevo en los próximos 24 meses. Chambers estimó que la calificación de la posición fiscal de Estados Unidos se deteriora debido a la falta de un acuerdo real de gobernabilidad en la primera potencia global, por lo que esas tensiones políticas podrían “desencadenar una nueva rebaja”.

Este diagnóstico transformó el éxito de haber sorteado el default, en un desplome generalizado de las bolsas, tanto en América como en Europa. Y durante el fin de semana los organismos multilaterales –especialmente el Banco Central Europeo (BCE)- trabajaban de urgencia en medidas para calmar los mercados frente a la apertura de operaciones de hoy, ya que si se repitiesen durante varios días seguidos los retrocesos en los índices bursátiles, podrían comenzar a desencadenarse corridas bancarias, lo que aceleraría el proceso recesivo.

Para evitar un “lunes negro”, el BCE aseguró que hoy saldrá a comprar deuda pública de España e Italia, las dos economías más frágiles de la Eurozona, que la semana pasada rondaron los 400 puntos básicos del diferencial con los bonos alemanes que se toman como referencia continental.

La misma canciller germana, Ángela Merkel, y el presidente francés, Nicolás Sarkozy, afirmaron que sostendrán el euro frente a “cualquier ataque especulativo” a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF).

Obama: “Prioridad al empleo”

Mientras el pánico ronda por Wall Street, la economía china (principal acreedora de bonos públicos estadounidenses) pide garantía para sus inversiones, y el resto del mundo aguarda expectante los coletazos del impacto de la pérdida de confianza sufrida por la primera economía, el presidente Barack Obama aseguró que dedicará a partir de ahora los esfuerzos de su Administración para evitar que la crisis destruya puestos de trabajo.

Obama no logró disfrutar del acuerdo con la oposición republicana que evitó que los Estados Unidos cayeran por primera vez en cesación de pagos, y sus intentos de trasmitir confianza fueron contestados por los mercados con pérdidas enormes (un monto cercano a los 2,5 billones de dólares en transacciones) por la retracción de prácticamente todas las bolsas del mundo.

Ahora, el presidente estadounidense sabe que si no apuesta por sostener el empleo, el escenario recesivo estará completo.

Los indicadores internos sostienen que el desempleo ha disminuido una décima en EE.UU., y Obama apostará a ello para campear la tendencia recesiva que ha comenzado a invadir la vida económica global.

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Oxígeno envenenado: Sin default pero sin programa (03 08 11)

Obama esquiva el default con el voto del Senado

El presidente cede ante los republicanos, dominados por el radicalismo del Tea Party  

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WASHINGTON.- Después de más de un mes de debate sobre la posibilidad de extender el endeudamiento del gobierno, y de unas negociaciones a contrareloj desde el fin de semana pasado, finalmente el presidente norteamericano Barack Obama logró en la tarde de ayer alejar el fantasma de la cesación de pagos, una situación inaudita en la historia de la primera potencia global.

Los tirones y las argumentaciones de las bancadas republicanas en ambas Cámaras del Capitolio al final consiguieron imponerse y obligar a que algunos puntos centrales del programa demócrata fueran resignados.

Ésto, junto a la llamada a la disciplina en el voto de los legisladores oficialistas, terminó inclinando la balanza y abriendo la posibilidad de que el gobierno extienda el límite legal de endeudamiento, y con ese margen ampliado de deuda pública atendiera ayer, in extremis, sus vencimientos.

Sin esa medida, y con las reservas de gasto discrecional del Ejecutivo agotadas en el Tesoro, el país hubiera entrado técnicamente en cesación de pagos, con las imprevisibles consecuencias que un default de estas proporciones podría haber causado en la confiabilidad del dólar como divisa de intercambio internacional, y en la capacidad de la Casa Blanca para asegurar los flujos financieros globales.

El principal beneficiario de la gran pulseada que tuvo en vilo a la sociedad política estadounidense durante los últimos días es el extremo más combativo de los republicanos, el Tea Party, que logró doblarle la mano al Ejecutivo, imponiéndole un cambio en la orientación de su estrategia económica a través de la reducción del gasto público (seguros de desempleo y salud pública, principalmente), y la renuncia a la suba de impuestos a los sectores de mayores ingresos, dos aspectos que el presidente había manifestado –en forma reiterada- que estaban “fuera de la negociación”.

El cambio en la postura de la presidencia levantó ampollas en los sectores más progresistas del oficialismo demócrata. Esos sectores rebeldes ya habían hecho escuchar sus protestas en la votación de la Cámara Baja el lunes, y mantuvieron en vilo la sesión del Senado en la tarde de ayer, ya que si sostenían su rechazo al pacto alcanzado por las primeras líneas de ambos partidos, y si esa postura se sumaba a algunos senadores del sector republicano más radical, toda la estrategia del acuerdo podría haber naufragado.

Sin embargo, terminó imponiéndose la disciplina partidaria, y el Congreso convirtió en ley la extensión del techo del endeudamiento, por una clara mayoría de 74 votos contra 26.

Si bien el acuerdo sigue de cerca el guión republicano, Obama al menos ha conseguido que la medida alcance hasta el fin de su período de gestión. Los grupos más reaccionarios apoyaban sólo un crédito de coyuntura, que hubiera sorteado el default pero habría complicado mucho el tramo final de la presidencia, con Barack Obama ya enteramente embarcado en la campaña por la reelección. Pero, por el contrario, la ley aprobada ayer le asegura que el techo del endeudamiento permanecerá flexible hasta 2013, lo que constituye un auténtico balón de oxígeno para la Admistración.

Desde hoy, el presidente dispone de 900.000 millones de dólares adicionales para financiar el funcionamiento del gobierno (por encima de los 14,29 billones consumidos), pero al mismo tiempo deberá recortar el gasto público por un monto idéntico en los próximos diez años.

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Obama y la tentación del abismo (01 08 11)

Rechazan el plan demócrata y EEUU se acerca al default

La propia dirigencia considera “catastrófico” el desacuerdo. Alarma mundial.  

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WASHINGTON.- Tras un prolongado debate, ayer el Senado estadounidense rechazó cerrar el debate sobre el plan del jefe de la bancada demócrata, Harry Reid.

La imposibilidad de alcanzar un acuerdo entre los dos partidos ha bloqueado al presidente Barack Obama y sus intentos de refinanciar la deuda pública antes del martes 2 de agosto, en que se ejecutarán vencimientos y no hay dólares suficientes para cubrirlos en el Tesoro.

Si el gobierno no paga, entrará técnicamente en situación de default, una posibilidad inaudita en la historia, y que puede tener consecuencias no sólo a nivel interno, sino en cuanto a la confiabilidad del dólar como divisa de referencia internacional para las transacciones.

Además, el default implicaría la rebaja en las calificaciones de riesgo (Estados Unidos ostenta la calificación AAA, la más segura del mundo), lo que también impactaría en el flujo de inversiones globales.

Ante el empantanamiento del acuerdo entre los Republicanos y Demócratas, el presidente Obama lanzó una novedosa iniciativa: desde su cuenta en la red social de Twitter difundió los sitios de los diputados y senadores conservadores, para que la ciudadanía ejerciera presión directa sobre ellos y los empujara a tomar una decisión que desatara las manos del gobierno.

Sin embargo, ni siquiera esta modalidad de nueva herramienta política surtió efecto, y a última hora de ayer el proyecto del senador Reid de elevar el techo de la posibilidad de endeudarse (el gobierno está limitado a gastar 14,9 billones de dólares, más allá de ese monto requiere una autorización especial del Congreso) era rechazado en la Cámara Alta, como ya había perdido la votación en Diputados el sábado.

Al cerrar el debate, los republicanos reducen las posibilidades de que pueda alcanzarse un acuerdo antes de mañana, empujando así a una situación que la misma dirigencia política, independientemente de la filiación partidaria, considera “catastrófica” para todo el sistema norteamericano. Pero sería un golpe especialmente negativo para el presidente Obama, que ya ha lanzado la preparación de la campaña electoral para plantear su reelección.

En realidad, la Administración demócrata ya ha tenido que resignar su principal baza en la negociación con la oposición en las cámaras legislativas: en un primer momento el gobierno aseguró que no reduciría el gasto público ni renunciaría a los programas sociales para lograr un acuerdo, sin embargo la propuesta de Reid ya contempla que el Poder Ejecutivo acceda a compensar cualquier aumento del techo de endeudamiento con recortes en los gastos, y que no subirá los impuestos durante los próximos años, tal como piden los republicanos; y aún así fue rechazada por el Senado.

La oposición ve en esta coyuntura la posibilidad de avanzar fuertemente sobre la capacidad de maniobra de la Presidencia, y el sector más radicalizado de los conservadores –que se nuclea en el Tea Party- empuja a los representantes a asfixiar a Obama, disminuyendo de esta manera las posibilidades de un inicio positivo en la campaña por la reelección.

Pero el costo de semejante estrategia sería demasiado alto para el sistema, según advierten prácticamente todos los analistas, y anoche se esperaba que negociaciones de último momento entre la Casa Blanca y los líderes del Congreso pudieran finalmente evitar el default que, de lo contrario, comenzaría en la medianoche de hoy.

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Israel elige la oposición frontal a Obama (26 05 11)

Bibi Netanyahu desafía a Obama en el Congreso norteamericano

Cerrados aplausos de la oposición republicana al premier israelí en Washington   

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WASHINGTON.- La esperada comparecencia del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en el Capitolio aclaró el rol que ha decidido jugar Tel Aviv frente a su principal aliado global: la oposición a cualquier propuesta mediadora del presidente Barack Obama, y resistir durante los próximos dos años, apostando a que en las elecciones de 2012 un republicano venga a reemplazar al mandatario demócrata.

El premier israelí, jefe de un gobierno de coalición en el que abundan los sectores conservadores y de la derecha radical, llegó al Congreso de la capital norteamericana luego de entrevistarse con el presidente en la Casa Blanca.

Allí, le había expresado personalmente a Obama que el gobierno de Israel no avalará su iniciativa de volver a la mesa de negociaciones sobre el supuesto de las fronteras de 1967.

La línea vigente entonces es la única que tiene un reconocimiento internacional válido, y ha sido sostenida como la base de cualquier negociación entre las partes por todos los planes serios que se han intentado para lograr la paz durante los últimos años; no sólo la apoyan personalidades relevantes dentro como fuera de Israel, sino que ha sido la hipótesis negociadora propiciada por los norteamericanos en forma continuada, incluidas las Administraciones republicanas de George W. Bush.

El frontal rechazo ahora, cuando es Barack Obama quien la enuncia, muestra en realidad la estrategia israelí de oponerse a cualquier posibilidad de reabrir el proceso negociador.

Las fronteras de 1967 se traspasaron tras la denominada guerra de los Seis Días, cuando Israel ocupó porciones de Cisjordania, Gaza, la mitad oriental de Jerusalén, los Altos del Golán y la península del Sinaí. Algunos de estos territorios luego se devolvieron –como el Sinaí a Egipto- y otros permanecen en un limbo jurídico –como el Golán sirio-, pero básicamente la guerra impulsó el establecimiento de colonias judías en los territorios palestinos, en una expansión que no se ha detenido desde entonces.

La vuelta a las líneas fronterizas entre ambas comunidades implicaría desactivar y retraer el proceso colonizador, y las facciones que integran el actual gobierno israelí no están dispuestas ni siquiera a contemplar esa posibilidad.

Sin embargo, en el discurso ante los diputados y senadores norteamericanos, Netanyahu volvió a repetir el conocido argumento de que él está dispuesto a hacer “dolorosas concesiones” por la paz con los vecinos árabes; aunque a renglón seguido enumera los límites de cualquier negociación aceptable: Israel no entregará Jerusalén Este, no retirará la presencia militar de los bordes del río Jordán, no tolerará el retorno de los refugiados palestinos, ni detendrá el proceso de instalación de colonos en los territorios ocupados. Los cuatro puntos básicos del reclamo árabe.

El rechazo frontal a la propuesta de Barack Obama, que se ha comprometido personalmente a impulsar la paz en su aliado de Medio Oriente en un contexto regional especialmente crítico por los alzamientos insurgentes, deja a los árabes las manos libres para presentar la moción de la creación del Estado Palestino a la Asamblea General de la ONU en septiembre próximo.

El apoyo de la Asamblea a la iniciativa se da ya por seguro. También el veto de los Estados Unidos a su ejecución, en el seno del Consejo de Seguridad.

Obama insiste

LONDRES.- En medio de su gira europea y junto al británico David Cameron, Barack Obama respondió a las palabras del premier israelí.

La antipatía personal entre ambos mandatarios ya es obvia, y las 26 veces que el discurso de Netanyahu fue interrumpido con aplausos en el Congreso muestran el apoyo  que dispone en Washington, tanto de los republicanos como de los demócratas, entre cuyos votantes destaca la comunidad judía norteamericana y sus aportes económicos.

Obama, sin embargo, remarcó ayer en que “confía” que la solución del conflicto pueda alcanzarse mediante el diálogo entre ambas comunidades. Aunque para ello pidió a los palestinos mayor capacidad de entendimiento con los israelíes. Admitió que no apoyará la creación de un Estado Palestino en la ONU, y cediendo a una demanda de Netanyahu, declaró que su meta es “un Israel que sea seguro y esté reconocido por sus vecinos”, en referencia a Hamas, que se niega a reconocer la existencia del Estado judío y plantea una oposición y una resistencia armada a la ocupación.

Unidad palestina

RAMALLAH.- Las dos facciones palestinas reaccionaron airadamente contra el discurso del premier israelí en Washington.

El líder de Hamas, Ismail Haniyeh, se mostró partidario de poner en marcha “cuanto antes” el pacto de unidad firmado con la Autoridad Nacional Palestina (ANP) del partido Al Fatah.

Hamas, mayoritaria en la Franja de Gaza, llegó a un acuerdo con la facción gobernante en Cisjordania el 4 de mayo, en El Cairo, para poner fin a cuatro años de divisiones, implementar un gobierno de unidad, y convocar a elecciones generales el año que viene.

Haniyeh afirmó que, ante la cerrada posición del gobierno de Tel Aviv, se requiere “una estrategia palestina, árabe e islámica, de unidad nacional” para “acabar” con la ocupación.

El presidente de la ANP, Mahmmoud Abbas, no respondió públicamente a la solicitud de Hamas, pero sostuvo que las palabras de Netanyahu muestran que Israel “no ofrece nada” para construir la paz, por lo que ratificó que avanzarán en la presentación ante la ONU para que se avale la creación de un Estado Palestino.

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Al Qaeda, ¿más débil o más fuerte? (06 05 11)

Al Qaeda, ¿más débil o más fuerte?

Por Nelson Gustavo Specchia

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Transcurrida una semana desde el espectacular anuncio del presidente Barack Obama, en la medianoche del domingo, de que tras una larguísima década finalmente habían dado con el enemigo número uno de los Estados Unidos y lo habían ultimado, ya es claro a estas alturas que algo salió mal. El discurso del jefe de la Casa Blanca –corto, frontal, sereno y simple, pero de una contundencia operística- tenía, al menos, tres destinos: la sociedad civil estadounidense, los seguidores de su propio partido, y el auditorio mundial.

Respecto de la ciudadanía de a pie, el mensaje iba destinado a reencantar la vida política, tan debilitada y azarosa en los últimos tiempos, detrás de un logro patriótico y nacional: vencimos al gran enemigo, a aquel que osó atacar a Norteamérica por primera vez en su suelo, somos fuertes nuevamente, y nuestro país vuelve a ser un sitio seguro para vivir. Para este primer segmento estuvieron pensadas esas frases de que la captura de Osama ben Laden venía a demostrar que los Estados Unidos siguen siendo capaces de hacer lo que se propongan, y de que la muerte de Osama en una remota barriada de los alrededores de Islamabad era un acto de justicia reparadora para con los muertos en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El segundo colectivo de audiencia escogido por los redactores del mensaje eran los propios seguidores del presidente demócrata. A ellos venía a decirles: “lo hicimos nosotros, Bush no pudo encontrarlo y atraparlo durante dos períodos presidenciales, nosotros lo logramos.” Una de las facetas más problemáticas de la personalidad de Obama, al interior del Partido Demócrata, es su imagen de componedor y legalista, respetuoso de los sistemas de garantías, los cuidados procesales y los derechos humanos. Rasgos que contribuyeron en los considerandos del otorgamiento de ese premio Nobel de la paz, tan cuestionado en estas horas. Ese perfil de “blando” es el más atacado por los halcones de la política americana. Por ello, la ejecución de la operación y la decisión de tirar a matar, habrían tenido que devolverle una imagen de resolución y fortaleza frente a las adversidades. Inclusive algunos titulares de la prensa sostuvieron que el domingo a la noche Obama “se convirtió en comandante en jefe” del ejército norteamericano. Como si antes no lo hubiera sido de hecho, sino apenas de derecho. Para este auditorio estuvo pensada esa frase donde el presidente destacaba que había sido él, en persona, quien había dado la orden de ataque.

Y para el resto del mundo, el discurso quiso trasmitir un mensaje simple y fuerte: hemos ganado la guerra contra el terrorismo, y lo hemos hecho con el mínimo costo y sin una sola baja entre nuestros soldados. Y tras esta victoria, no sólo los Estados Unidos, sino el mundo todo, es un lugar más seguro.

El resultado inmediato que el mensaje del presidente norteamericano esperaba lograr era un cerrado y unánime apoyo, tanto interno como internacional. Sin embargo, a estas alturas, es claro que algo salió mal.

HIMNOS Y BRINDIS

Algunas centenas de personas se reunieron frente a la Casa Blanca, en Washington, y destaparon botellas de champagne, corearon consignas contra Al Qaeda, y cantaron reiteradamente el himno nacional. Otras docenas se reunieron también en el Ground Zero, el espacio neoyorquino que ocuparon en su día las Torres Gemelas que tumbó el atentado planificado por Osama en las cuevas de las montañas de Afganistán. Pero, en realidad, fueron muchas menos de las esperadas.

En la mañana del lunes, se conoció la felicitación expresada por el ex mandatario republicano George W. Bush, el presidente que declaró esa ubicua y sui generis guerra contra una entidad sin Estado. También llegaron otros mensajes de congratulación, como el del premier británico, y de algunos líderes cuya existencia y supervivencia política mucho depende de Washington. Aunque también aquí fueron muchos menos de los esperados.

En lugar de un cerrado apoyo, una serie de preguntas sobre la índole de la intervención militar, la brutalidad del ataque seguido de la muerte de Ben Laden, la violación de la soberanía paquistaní por un ejército de un país aliado, y la falta de pruebas materiales que apoyaran la versión de la Casa Blanca, fueron tomando forma, todavía en la manera de interrogantes. Las ediciones en Internet de los principales medios de prensa norteamericanos (dada la avanzada hora del anuncio, casi todos ya estaban impresos) fueron cambiando sutilmente con el transcurso de las horas, al igual que otros diarios del mundo. Y esos cuestionamientos, mientras se iban conociendo detalles, reflejaban un aumento del tono crítico. El jueves, después de tres días en que se difundieran las opiniones críticas de respetables líderes políticos mundiales, de juristas expertos del sistema de Naciones Unidas, y de analistas y columnistas internacionales, hasta la misma cadena televisiva CNN hablaba ya de un “asesinato a sangre fría”. Algo, efectivamente, había salido mal.

LOS CABOS SUELTOS

          Barack Obama tuvo la posibilidad de apresar a Osama ben Laden. El hecho de ultimarlo en la residencia amurallada de Abbottabad fue una decisión estratégica. Quizás si hubiese defendido su decisión con detalles y fundamentos, hubiera impedido que las versiones y las interpretaciones ocuparan el escenario, embarrando, desinformando y soltando cabos a cada paso.

Pero, en cambio, la información desde Washington intentó relativizar aquella toma de posición entre dos alternativas: detenerlo o matarlo. El presidente, como dijimos arriba, quiso adjudicarse la orden de disparar, pero ante las críticas se cambio la versión: la orden la dio la CIA, y sobre el terreno. Cuando hubo que explicar la muerte del terrorista, se afirmó que había presentado resistencia, pero luego se admitió que Osama estaba desarmado. Se reconoció que su paradero estaba ubicado desde hacía meses, y que la confirmación de su identidad era firme; los comandos de Seal Navy tuvieron inclusive la posibilidad de ensayar con suficiente anticipación la operación; y sin embargo no lograron capturarlo vivo. No hay manera posible de sostener esta versión.

A la mañana de un día se afirmaba que Osama había puesto a una esposa como escudo, a la tarde de ese mismo día se decía que la muerte de la mujer había ocurrido cuando se interpuso para salvarlo. Que el cadáver había sido rechazado por Afganistán, que había sido cuidado por los ritos musulmanes para los muertos, pero que para evitar un santuario de terroristas había sido lanzado al mar. En fin: que tampoco había cadáver para mostrar. Pero se mostrarían las fotos. No, no se mostrarían tampoco las fotos, eran demasiado horribles (el acto de la muerte del terrorista no lo era tanto, las fotos sí).

El equipamiento de cada comando Seal Navy incorpora una cámara de video, por lo que toda la operación fue filmada y grabada (y seguida por Obama, Biden, Hillary Clinton y el resto del equipo de seguridad de la Casa Blanca en tiempo real, mientras el jefe de la CIA, Leon Panetta, les iba explicando cada paso), pero tampoco se mostrarían al público esas grabaciones.

La identidad de Osama ben Laden se había hecho por reconocimiento facial del cadáver, y un ADN hecho a las apuradas sobre el avión. Tampoco estos análisis se harían públicos. Y eso era todo. Había que confiar en la palabra del presidente estadounidense, sin más pruebas. En Europa comenzó a circular la versión de que habían matado a un doble de Osama, y que el verdadero estaba vivito y coleando donde siempre había estado: en una cueva de las montañas afganas de Waziristán.

En conjunto, tantos cabos sueltos han terminado por quitar legitimidad a la operación militar norteamericana. En lugar de una intervención victoriosa y definitiva para terminar con Al Qaeda, parece encaminarse a ser lo contrario: la excusa ideal para reflotar una organización que estaba en decadencia, con un mártir como guía, y un enemigo contra el que estaría justificado atentar, sin respetar ninguna legalidad internacional, ya que él tampoco la respeta.

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Obama: recuperar la magia (27 01 11)

Barack Obama recupera la iniciativa política en un país decaído

Crecimiento, innovación y educación, las claves de salida en Estados Unidos

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“Es verdad, nosotros hacemos grandes cosas”, con frases como esta, que apelaron a los valores más profundos de la idiosincrasia estadounidense y –al mismo tiempo- a acciones concretas de un plan de gobierno, el presidente Barack Obama relanzó anoche, en su discurso anual del Estado de la Nación, su gestión al frente de la Casa Blanca.

Los analistas coincidían en que el discurso apuntó a capitalizar la imagen de liderazgo tras la matanza de Arizona, enviar un mensaje de esperanza de salida de la crisis, y preparar el camino a una reelección en 2012.

Con una vuelta a la oratoria que lo hizo famoso, Obama propuso un plan para “ganar el futuro”, que debería concentrarse en el crecimiento económico. Una expansión que se asentará en la innovación, la educación, el ahorro y la unidad.

Estos puntos estratégicos requieren de “políticas de Estado”, para lo cual el presidente llamó a que ambos partidos trabajen con “responsabilidad”. Los representantes interrumpieron el informe con cerrados aplausos, especialmente desde la bancada del oficialismo demócrata –que tras las elecciones de noviembre pasado perdió la mayoría en la Cámara Baja- y por algunos legisladores republicanos, especialmente cuando Obama hacía referencia a los cambios que deberá enfrentar la estructura burocrática, y a “congelar el gasto anual para los próximos cinco años a partir de este año” para contener el déficit público, que ya supera los 1,3 billones de dólares.

Escoltado en la tribuna por el vice presidente, Joe Biden, y por el nuevo jefe de los diputados, el republicano John Boehner, el mandatario volvió a ratificar los rumbos de la política exterior, que no innovan el libreto de la primera mitad de su gobierno: retiro de Irak, próximo fin de la guerra en Afganistán, sanciones a Irán por su programa nuclear, presiones a Corea del Norte, apoyo a Israel, alianza estratégica con la Unión Europea; (América latina seguirá siendo un área marginal en la agenda del Departamento de Estado en los próximos dos años).

En definitiva, una presentación optimista que apeló a renovar el espíritu emprendedor de los padres fundadores del país, con inyección de esperanza pero al mismo tiempo con cautela. Barack Obama se presentó al mundo como un líder que ha aprendido de la gestión, más ubicado en el centro del espectro ideológico, sin grandes ni arriesgadas propuestas, por sobre las divisiones partidarias, pragmático y concentrado en recuperar el “sueño americano” y la posición de potencia hegemónica de su país.

Esta será la estrategia con que enfrentará en los próximos dos años la posibilidad de un segundo mandato.

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Obama se mueve (06 01 11)

BARACK OBAMA RECUPERA LA INICIATIVA POLÍTICA CON EL CONGRESO EN CONTRA

El presidente estadounidense cambia el gabinete para afrontar la nueva etapa

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En lo que constituye un anticipo de los intensos juegos de poder que se vivirán en los próximos dos años en la potencia mundial, el presidente Barack Obama demoró apenas unas horas tras su vuelta de las fiestas navideñas para retomar la iniciativa política, con remodelaciones en el gobierno.

La estrategia del líder demócrata intenta adelantarse a las acciones del nuevo Congreso norteamericano, cuyos integrantes elegidos en noviembre pasado configuran una nueva relación de fuerzas, donde la oposición republicana ha conseguido la mayoría de la Cámara de Representantes, y planea utilizar esos 49 escaños de diferencia con el oficialismo para intentar modificar el rumbo del programa político de la Casa Blanca.

Ante las amenazas de los conservadores, que han adelantado que desde la primer semana de trabajo en el Capitolio se abocarán a tumbar las leyes más conflictivas impulsadas por el oficialismo -como la polémica reforma sanitaria, el control del gasto público o la introducción de herramientas de supervisión financiera- el titular del Poder Ejecutivo declaró en el avión que lo traía de vuelta a la capital que estaba “esperanzado” en que la oposición se concentrará en este tiempo en la “recuperación del país”, en lugar de hacer campaña para las próximas elecciones presidenciales.

Dirigiéndose al nuevo presidente republicano de la Cámara Baja, John Boehner, y al líder de la oposición en el senado, Mitch McConnell, el mandatario dijo esperar que “comprendan que hay mucho tiempo para hacer campaña para 2012”, invitándolos a que ambos partidos trabajen juntos en este momento en que la crisis económica global aún no ha remitido, para “estar seguros que construimos la recuperación”.

Sin embargo, y más allá de estas declaraciones de buena voluntad, los demócratas están convencidos de que la nueva mayoría republicana en el Congreso viene a librar una inmediata y agresiva confrontación con el gobierno en general y, de una manera específica, con la figura del presidente, al que apunta para reducir sus expectativas de un segundo mandato.

Frente a ello, Obama ha decidido no esperar estos seguros embates y adelantarse reformando el equipo de colaboradores más cercanos, de forma tal de mantener la iniciativa política en el Ejecutivo, aprovechar al máximo la pequeña diferencia de senadores que el oficialismo tiene en la Cámara Alta para defender las reformas ya aprobadas, y comenzar a tomar posiciones frente a las elecciones generales de 2012.

En este contexto, ayer se conocieron los primeros nombres de los funcionarios de primera línea que se moverán en el círculo más inmediato del presidente.

Robert Gibbs, quien ha sido hasta ahora su secretario de Prensa y uno de los rostros más visibles y mediáticos del gobierno, y el jefe de gabinete, Peter Rouse, dejarán la Casa Blanca para abocarse a preparar la futura campaña de reelección.

Y ha trascendido que Obama cambiará el equipo económico, agregará un nuevo asesor político, y reemplazará a dos vice jefes de gabinete, en una reestructuración del gobierno que se espera se complete la próxima semana, cuando comiencen a tomar forma los ataques opositores en el Congreso.

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Arizona, frontera (menos) caliente (30 07 10)

Arizona, frontera (menos) caliente

por Nelson Gustavo Specchia

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Finalmente, la jueza Susan Bolton lo hizo. Apenas unas horas antes de que entrara en vigor la polémica ley SB1070, ya conocida por todos como Ley Arizona, emitió un fallo suspendiendo las medidas tachadas de racistas y xenófobas por una parte importante de la opinión pública, especialmente los miembros de la populosa colectividad latina. La policía no podrá utilizar la figura de “sospecha razonable” (o sea: color de piel y rasgos hispanos) para detener a una persona y encarcelarla si no tuviera la documentación en regla.

El fallo federal constituye un serio revés para la derecha republicana, y un alivio para el presidente Barack Obama, que apeló la constitucionalidad de la Ley Arizona. En todo caso, un alivio momentáneo, porque la norma, aunque atenuada, entró en vigor este jueves 29 de julio, y con ella se habilita un complejo periplo legal: se apelarán las suspensiones de los artículos frenados, mientras que otros 21 estados norteamericanos planean seguir los pasos de Arizona con similares leyes anti-inmigración.

El crítico interés internacional del tema encuentra su justificativo en el cruzamiento de posturas e intereses, que terminarán impactando en el modelo de convivencia social. Porque tanto la iniciativa de la gobernadora Brewer como el fallo de la jueza Bolton tendrán diversas consecuencias indirectas.

En primer lugar, impactarán en la ampliación (o en el recorte) del espacio político que pretenden ocupar los sectores más reactivos del Partido Republicano, encabezados por el movimiento de los “Tea Party”, con el cual hasta las líneas más moderadas (incluyendo al propio senador por Arizona y ex candidato presidencial John McCain) están siendo empujadas a alinearse. También el resultado de este enfrentamiento enviará una señal a la sociedad civil, cuyas organizaciones han revelado una inédita capacidad de organización y movilización en los últimos meses.

Luego, según cuál sea la dirección en que se resuelva el debate, se sentará jurisprudencia sobre las maneras de enfrentar la enorme carpeta de la inmigración en los Estados Unidos, tanto por los gobiernos estaduales como por Washington: Obama es consciente que una norma general sobre migración es imprescindible, pero en esta legislatura se ha quedado sin el suficiente espacio político para negociarla.

Y –last but not the leaste– la discusión sobre cómo enfrentar el tema migratorio influirá en las elecciones legislativas de mediados de mandato, en las que el primer presidente negro de la historia norteamericana se jugará la integración de las cámaras legislativas con las cuales deberá gobernar los próximos dos años. Una integración parlamentaria que, por lo demás, condicionará las posibilidades de Obama para planear una eventual reelección.

En fin, habiendo tantos intereses cruzados, el debate terminará reflejando las maneras en que los norteamericanos se acomodan para enfrentar una sociedad global con creciente movilidad.

EL ESPEJO DE LA INMIGRACIÓN

Estados Unidos es un país de aluvión. El fenómeno inmigratorio ha estado en el centro de la constitución de la sociedad norteamericana, y tanto la simbología como las políticas lo han reconocido permanentemente. La Estatua de la Libertad, obsequiada por Francia en 1886, se ubicó en la desembocadura del río Hudson, para que sea el símbolo de bienvenida: la libertad como recepción, el primer elemento que veían las oleadas de inmigrantes tras el trayecto marítimo desde el Viejo Mundo. Las políticas, por su parte, en todo momento incentivaron la integración de los “nuevos americanos”, reconociendo el rol central de esta fuerza de trabajo en el crecimiento y expansión del producto nacional. Esta situación se mantuvo, con pocos y leves cambios, hasta principios del siglo XXI.

El atentado a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001 marcó un punto de inflexión en un amplio abanico de escenarios, y la inmigración no escapó a ese brusco cambio de tendencias. La instalación del miedo al otro, alentada por las medidas histéricas del presidente George W. Bush, provocó un viraje histórico hacia un aumento en los controles de todo tipo y hacia un cierre social generalizado. Este cambio de ciclo también impactó, con sus notas características propias, en el Sur, donde la larguísima frontera con México ya venía poniendo en evidencia el fin de un esquema de cohabitación entre ambos países.

El desmejoramiento de la sociedad mexicana (desocupación, falta general de oportunidades, aumento de la violencia y la criminalidad, y sostenidos índices de crecimiento demográfico, entre otras), aunado a la diferencia de renta entre las dos riberas del Río Bravo, empujaron una nueva ola de migrantes hacia el norte.

Estos grupos de mexicanos –principalmente, pero también centroamericanos que llegan vía México- que pasan la frontera, tienden a asentarse en los territorios vecinos de California, Arizona, Nuevo México y Texas. Estados que (como la península de Florida, en el sureste) poseen una importante carga cultural hispánica. Por eso no ha sido casual que en estos estados hiciera eclosión el debate sobre la inmigración legal: como una manera de aumentar el control contra el crimen, según unos; como un discurso seguratista, xenófobo y expulsivo, según sus críticos.

BREWER, PRECURSORA

Arizona, que hoy se coloca en la hora cero de aplicación de la ley anti inmigratoria, marcó la punta. En su territorio se calcula que se han asentado unos 460.000 inmigrantes –casi todos ellos hispanos- sin los documentos de ingreso y permisos de trabajo en regla, de los 12 millones que estarían en esta situación en todo el país.

En Phoenix, la gobernadora Jan Brewer asumió la voz cantante de los sectores más duros dentro de los republicanos, y promulgó en abril pasado la que se anuncia como primera de una larga serie de normativas, especialmente en los estados gobernados por los conservadores. La norma fijaba que la policía tendría la obligación (no sólo la posibilidad) de comprobar el estatus migratorio de cualquier persona que en apariencia pudiese ser objeto de sospechas de residencia indocumentada, a pleno arbitrio del agente policial. Asimismo, habilitaba a mantener en la cárcel a los sospechosos durante el tiempo que se requiriese para comprobar su documentación.

El criterio tan laxo de la “sospecha razonable” abría la puerta para diferenciar a las personas por sus perfiles raciales. O lo que es lo mismo decir, alimentaba las tendencias racistas de la clase media norteamericana; tendencias de cuya buena salud tenemos lamentables ejemplos a diario.

La promulgación de la Ley Arizona desencadenó una movilización de los colectivos latinos, el surgimiento de nuevas organizaciones no gubernamentales, la manifestación cotidiana de miles de personas en las afueras del capitolio en Phoenix, las declaraciones de adhesión de funcionarios y de políticos de origen hispano, originales protestas (como la de niños hijos de inmigrantes frente a la Casa Blanca), apelaciones judiciales, y también una marea humana de indocumentados que comenzó a salir de Arizona hacia otros estados fronterizos (se calcula que unos 200.000 se han movido hacia California y Texas, principalmente).

Finalmente, esta efervescencia social obligó a la Administración Obama a tomar la iniciativa. El presidente había incluido el impulso a una ley inmigratoria nacional en su programa de campaña, pero las batallas contra la reforma sanitaria y algunos reveses electorales -como la pérdida del senador por Massachusetts- le insumieron la mayor parte de la legislatura. Optó por presentar una demanda de inconstitucionalidad en el juzgado de Susan Bolton, y acertó.

Comienza ahora una batalla extensa y enredada en los tribunales (seguramente todos apelarán, Brewer, el gobierno, los hispanos), pero no será la arena legal sino la política donde se den las mayores escaramuzas. Obama necesita el voto latino, pero también es plenamente consciente del inmenso apoyo popular que tiene la Ley Arizona y lo que ella supone.

Posiblemente el presidente se arriesgue y presente al Congreso, antes de las elecciones legislativas de mediado de mandato, un proyecto de ley migratoria a nivel nacional. Pero tiene poco tiempo y los números muy justos.

Mientras comienza hoy mismo la campaña electoral, con la Ley Arizona y la suspensión de la jueza Bolton como acicates, la caliente frontera sur se toma un respiro. Apenas un respiro.

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USA: La “portación de rostro” latino, criminalizada (25 04 10)

LA INMIGRACIÓN HISPANA ABRE UN NUEVO FRENTE EN ESTADOS UNIDOS

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A pesar de la fuerte oposición del presidente Barack Obama, la gobernadora del estado sureño de Arizona, Jan Brewer, del Partido Republicano, promulgó ayer la nueva ley migratoria de su estado, fronterizo con México, que penaliza a quien esté ilegalmente en el territorio estadounidense, en un acto que ha generado el repudio interno de las organizaciones defensoras de los derechos humanos, y la contestación diplomática y civil de diversos Estados de América latina cuyos nacionales integran colectivos numerosos de migrantes hacia los Estados Unidos.

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El presidente Obama había intentado detener la promulgación de la iniciativa legislativa, tachándola de “acto irresponsable”, ya que socava “las nociones básicas de justicia” del sistema norteamericano, al criminalizar a nivel estatal a toda persona que no posea documentos en regla. La nueva ley, además, habilita a las fuerzas policiales estaduales, con amplios criterios discrecionales, para detener a toda persona sobre la cual recaiga la sospecha de ser un inmigrante, lo que convierte a toda la población latinoamericana, por sus propios rasgos físicos, en potenciales sospechosos para los cuerpos policiales.

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Diversas organizaciones civiles norteamericanas se expresaron en contra de la nueva normativa, ya que –argumentan- podría derivar en actos de discriminación generalizada de los habitantes, a raíz de su aspecto físico u origen étnico. Para la Unión de Libertades Civiles, la ley “no sólo autorizó la violación de los derechos de millones de personas viviendo y trabajando aquí, sino también le dio a cada agencia policíaca en Arizona la orden de acosar a cualquier persona que parezca o suene como extranjero.” Los republicanos, en cambio, festejaron la promulgación de Brewer, que utilizó el acto para abrir un nuevo frente contra la Administración demócrata: desafiando a Obama, trasmitió el acto de la firma en directo por la televisión.

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Arizona, con una larga frontera con México, es uno de los pasos más activos de migrantes; en el estado residen unos 460.000 “sin papeles”, de los 11 millones en esa situación a nivel nacional. Los colectivos de migrantes indocumentados son principalmente mexicanos, pero también guatemaltecos, salvadoreños y hondureños, entre otros. La ley provocó protestas diplomáticas de todos estos países, la cancillería de México declaró que la medida –que entrará en vigor en 90 días- es “un obstáculo para la solución de los problemas comunes en la región fronteriza, y en América del Norte en su conjunto.”

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Obama y la bomba

Obama y la bomba

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por Nelson Gustavo Specchia

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Cuando ese político norteamericano tan inédito y sorprendente como su nombre, Barack Hussein Obama, cumplía su primer año al frente de la primera potencia mundial, en enero pasado, un coro uniforme de analistas arrugaba la frente y expresaba las dudas que teñían, como un manto traslúcido, los jardines de la Casa Blanca. Volvían a recordar aquel discurso machacón de la oposición republicana durante la campaña electoral, que insistía en la falta de experiencia y en la juventud del candidato afroamericano, y lo aplicaban a ese presidente que parecía no encontrar el rumbo, con una imagen pública que por momentos se difuminaba; con planes de reformas que no cuajaban en el Congreso, a pesar de la mayoría de escaños demócratas; y que a nivel internacional no alcanzaba la altura de las enormes expectativas despertadas por su llegada al poder. Por esas mismas fechas, una derrota electoral en la patria chica de los Kennedy, el feudo demócrata de Massachusetts, pareció que desequilibraba el escenario de una obra que no terminaba de comenzar.

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A poco andar, sin embargo, han cambiado los aires, y aquellos mismos analistas que arrugaban el ceño ante las supuestas idas y vueltas, han vuelto a reconocer que –como en los tramos finales de aquella campaña memorable- el encanto de la “obamanía” sigue dando frutos. Entre ambas percepciones media una recuperación de la iniciativa política por parte de Obama: a nivel interno, luego de haber obtenido el crítico triunfo en el Congreso para ampliar el sistema de cobertura sanitaria en los Estados Unidos; y, a nivel global, con el impulso de algunas políticas arriesgadas y de alto impacto, auténticas deudas históricas pendientes, entre las que destaca la agenda nuclear, que copó la actividad exterior del presidente.

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PONER COTO A LA CARRERA ATÓMICA

Barack Obama se ha propuesto desandar un camino corto, de 70 años, pero cuya andadura abrió la caja de los truenos en las hipótesis de conflicto armado, desembocando en esa tercera guerra mundial (atómica) que afortunadamente no estalló, aunque su amenaza tiñó el siglo. Y nadie más que el presidente norteamericano puede desandar este camino, que comenzó a trazar otro presidente, Franklin D. Roosevelt, un trazo originariamente planificado para vencer a Hitler, y que otro inquilino de la Casa Blanca, Harry Truman, utilizara para terminar la segunda guerra mundial, tras hacer explotar sobre Hiroshima y Nagasaki las dos únicas bombas atómicas efectivamente usadas en la historia, el 6 y el 9 de agosto de 1945, que dejaron un saldo de casi 220.000 víctimas entre muertos, heridos, o enfermos por las secuelas radioactivas. La bomba atómica terminó con la guerra mundial, pero inauguró la guerra fría, y una carrera que a punto estuvo de llevarse el planeta con ella.

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Porque quedó claro a partir de Hiroshima que quién dispusiese de la bomba, disponía de la actualizada versión de la soberanía, y de la capacidad de supremacía, del primus inter pares global. La dirigencia soviética, por ello, después de Hiroshima tardó apenas 48 meses en hacer estallar su primera bomba, en una prueba en las heladas estepas de Kazajstán. Y otro tanto ocurrió en Europa, que además de la devastación de la posguerra, había quedado estratégicamente apretada entre la Cortina de Hierro y el Pacto Atlántico, bajo la custodia de la OTAN. En 1952 el Reino Unido de Gran Bretaña (con la asistencia tecnológica norteamericana) anunció que se había hecho con la bomba; en 1960, y con desarrollos tecnológicos propios, Francia se sumó al club. La carrera, para entonces, ya era imparable.

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Durante esa primera década de posguerra, en todo caso, la obtención de la capacidad atómica operaba de una manera principalmente disuasoria. Pero la cuestión teórica estuvo a un pelo de convertirse en acto efectivo cuando la Unión Soviética, liderada por Nikita Kruschev, intentó instalar misiles con ojivas nucleares en la isla de Cuba, en octubre de 1962; y los Estados Unidos, con John F. Kennedy al frente, anunciaron que no iban a permitirlo. Fueron trece días al borde de la navaja, que se resolvieron cuando los barcos soviéticos que transportaban las armas dieron vuelta en mitad del Atlántico, retornando a los puertos de Odessa. Pero haber vivido tan cerca del estallido comenzó a calar en las conciencias políticas. Las Naciones Unidas crearon el Organismo Internacional para la Energía Atómica, en el viejo continente se organizó la Euratom, y en 1970 entró en vigor el primer Tratado de No Proliferación Nuclear. Para entonces, ya había nuevos jugadores en el club: China (sentada, además, como miembro permanente en el Consejo de Seguridad), India, Pakistán, Corea del Norte, Israel.

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A pesar de que el Tratado de No Proliferación detuvo en seco la carrera, por las grietas se siguió colando uranio enriquecido, porque continua siendo la herramienta más palpable de la soberanía. Hoy la República Islámica de Irán está decidida a recorrer el mismo camino, y entre nosotros, a Brasil (que también quiere sentarse en el Consejo de Seguridad) no le faltan ni intenciones ni recursos. Y está, además, todo el capítulo de las organizaciones insurgentes y los movimientos terroristas, fuera del control de los Estados. Si hay alguien que tiene la capacidad real de desandar este camino, y volver a tapar la caja de los truenos, ese es el presidente norteamericano.

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DECISIONES DE ALTO IMPACTO

Este abril, en apenas unos días Barack Obama reformuló la postura nuclear de los Estados Unidos, impulsando la autolimitación de su país en el desarrollo de nuevas armas atómicas, y dando seguridad a cualquiera que haya renunciado a la tecnología atómica para fines de defensa que Norteamérica no utilizará contra él armas de este tipo. Esta modificación de la postura militar del primer ejército del mundo reposicionará los balances estratégicos, al disminuir la amenaza de un ataque atómico en una guerra tradicional.

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Con esta reducción unilateral de capacidades ofensivas, a las pocas horas Obama viajó a Praga, y entre los espejos y los dorados barrocos del castillo que inspirara a Kafka, firmó un nuevo START con el presidente ruso, Dmitri Medvédev. Los START fueron la herramienta con que comenzó el deshielo entre ambos polos del siglo XX, dividido entre el Occidente “libre” y los espacios de hegemonía soviética tras la Cortina de Hierro.

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Cuando los historiadores del futuro tengan que cronicar aquel siglo sostenido en el equilibrio atómico, sin ningún eufemismo llamado de “destrucción mutua asegurada”, sin duda tendrán que hacer esfuerzos intelectuales para explicar cómo, en un momento en que la ciencia y la técnica vivían una expansión veloz y liberadora, el mundo entero pudo aceptar el hecho de vivir en la ignominia de la posibilidad de destrucción total por la vía de la bomba atómica. Cuando esa irracionalidad ya no pudo sostenerse, comenzaron los START. El que acordaron Obama Y Medvédev en Praga, aunque técnicamente no se trata de un tratado de desarme, asegura una reducción del treinta por ciento de los almacenes nucleares (vigentes, aunque obsoletos) de ambos países de aquí al 2017. De las 2.200 bombas atómicas registradas al día de hoy, deberían bajar a un techo de 1.550 en un par de décadas.

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Anunciados los compromisos de la Reformulación de la Política Nuclear, y con el START flamante bajo el brazo, el presidente Barack Obama mostró al mundo que sus intenciones de caminar hacia la desnuclearización de las relaciones internacionales se hacían política real, y desde esta posición de fuerza recibió en Washington esta semana pasada a 47 jefes de Estado y de gobierno, en la primera Cumbre sobre Seguridad Nuclear. La conferencia, formalmente reunida con el objetivo de aumentar la interacción y la cooperación mundial en torno a la seguridad del planeta, y más específicamente para controlar más estrechamente y reducir al mínimo las existencia de material atómico fisible, termina de instalar la agenda nuclear en el centro de la diplomacia, y se convierte en la antesala de la firma del nuevo Tratado de No Proliferación, cuyas deliberaciones comenzarán en mayo próximo.

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A 70 años del “Proyecto Manhattan”, con que se inicia la era nuclear, y tras las frías décadas de la destrucción asegurada, Barack Hussein Obama parece resulto a terminar de una vez por todas con la bomba atómica. A ver si lo consigue antes de que Al Qaeda se haga con una.

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