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“Dicen que en el reino del revés” (08 11 11)

Del revés

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por Pedro I. de Quesada

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El primer ministro griego, Giorgios Papandreu, ha terminado por sucumbir bajo la montaña de basura de la crisis, y con él uno de los últimos gobiernos socialdemócratas europeos (el de España, otro de esa rara clase en extinción, será barrido por la derecha del Partido Popular en las elecciones del mes que viene).

Decíamos hace un par de semanas, en esta columna de los martes, que la clase dirigente europea estaba desorientada, y la caída de Papandreu viene a mostrar la profundidad de esa desorientación, que varios dirigentes del mundo –la Presidenta argentina entre ellos- volvieron a enrostrar a sus pares del Viejo Continente en la reciente cumbre del G-20.

Porque es una lógica del Reino del Revés, como aquella que cantaba –con una crítica mordaz que no abandonaba la ternura- María Elena Walsh: Un reino donde “un ladrón es vigilante y otro es juez, y donde dos y dos son tres”.

Aquí también: Papandreu se termina yendo porque tuvo la desfachatez de plantear una consulta popular, para preguntar a los griegos sobre el plan de “salvataje” económico diseñado por los tecnócratas de Bruselas y del FMI, que acarrea un sinfín de costos que esa misma ciudadanía debe pagar, tanto con sus impuestos como con la renuncia a los derechos sociales que disfrutaba.

Y más allá de que haya sido un “manotazo de ahogado” de Papandreu, es innegable el principio democrático que sostenía al referéndum.

Sin embargo, la señora Merkel, quién no toma una sola decisión importante sin consultar antes al Bundestag alemán, puso el grito en el cielo; y rápidamente le hizo coro el presidente Nicolas Sarkozy, líder de la República donde se fundó la democracia moderna.

En el reino del revés, los demócratas censuraron una medida democrática, e impulsaron un golpe que tiró abajo a un gobierno: El Banco Central Europeo anunció que si había referéndum no habría crédito, y congeló la partida de 8.000 millones de euros que estaba lista para salir hacia Atenas.

El voluminoso ministro de economía, Evangelos Venizelos, del Pasok como Papandreu, salió a pedir su cabeza. Entonces ahí apareció el ubicuo Antonis Samaras, líder de la derecha de Nueva Democracia, como salvador de la patria.

Y otra vez el reino del revés: porque la crisis griega estalla con las cuentas fraudulentas con que los gobiernos de Nea Dimokratía –por entonces al mando de Kostas Karamanlis- mintieron a Europa sobre el déficit real; cuentas que, precisamente, sincera Papandreu y se propone rectificar.

El que transparentó la mentira cae, y los que dilapidaron y armaron la farsa vuelven al gobierno de Atenas.

Y otro ladrón es juez: esos mismos líderes acaban de nombrar presidente del Banco Central Europeo (BCE) al italiano Mario Draghi. Este banquero era uno de los jefes en Europa de Goldman Sachs en 2002, ese banco norteamericano que le ayudó a Karamanlis a fraguar las cuentas públicas para ocultar el déficit real.

Ah, “nada el pájaro y vuela el pez.”

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[ Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 8 de noviembre de 2011 ]
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Batalla campal en Atenas por el ajuste (30 06 11)

Grecia aprueba el ajuste y reprime con fuerza la protesta

El centro de Atenas convertido en escenario de una batalla campal. La presión europea logró reunir la mayoría de votos. Positiva respuesta de los mercados.        

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ATENAS.- Finalmente, la presión conjunta de los principales líderes europeos y de los altos funcionarios de las instituciones multilaterales del continente, terminaron en la víspera reuniendo los votos suficientes para que el Parlamento griego aprobara el riguroso plan de ajuste económico impulsado por el gobierno del premier Giorgios Papandreu.

La oposición mantuvo su rechazo en bloque, pero varios parlamentarios rompieron la disciplina partidaria para apoyar al oficialismo, que además logró detener las defecciones entre sus propias filas mediante la amenaza de echarlos del partido (de hecho, tras la votación, Papandreu anunció la expulsión del oficialista Pasok del diputado Panayiotis Kouroumplis, que mantuvo su disidencia con el draconiano ajuste).

De esta manera, en las primeras horas de la tarde de ayer (10:45 en la Argentina), con el Congreso rodeado por una multitudinaria protesta popular, el gobierno de Papandreu logró sacar adelante el conjunto de leyes que contraerán la economía helena hasta el 2015, por 155 votos a favor, 138 en contra, y cinco abstenciones.

El trámite legislativo, que fue recibido con alivio en los centros financieros, era el requisito impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para seguir auxiliando a la economía del país mediterráneo, que requiere de la inyección de 12.000 millones de euros para hacer frente a los vencimientos de su deuda externa durante el mes de julio.

Al conocerse el resultado de la votación, los miles de manifestantes que ocupaban la plaza Syntagma estallaron en una protesta indignada, y fueron reprimidos por los antimotines.

Hasta ayer, las protestas habían transcurrido por canales pacíficos, a pesar de las cuatro huelgas generales que el país va soportando desde principios de año. Pero la noticia de la aprobación del ajuste disparó la violencia de los “indignados”: Un grupo de encapuchados, inclusive, logró trepar hasta el primer piso del Parlamento, rompiendo las ventanas.

La sede de Correos fue incendiada con bombas molotov, y las cargas de la policía fueron respondidas usando hondas, con las que disparaban tornillos y pedazos de adoquines. Los enfrentamientos causaron docenas de heridos en ambos sectores, y la violencia alcanzó tal nivel, que el céntrico hotel King George, situado en uno de los laterales de la plaza Syntagma, decidió evacuar a sus clientes.

El ajuste aprobado achicará drásticamente la economía helena por la vía de reducción del gasto y mayor presión impositiva: prevé recaudar, hasta 2015, 28.000 millones de euros adicionales en impuestos, otros 50.000 millones por privatizaciones de empresas, y reducir el gasto social echando 150.000 empleados públicos.

Lamentos y festejos

La impotencia popular que derivaba anoche en enfrentamientos cada vez más violentos, contrastaba con la buena recepción de la noticia en los centros financieros mundiales.

Los griegos calculan que la presión impositiva del ajuste implicará una carga de 3.000 euros adicionales para cada familia, y una desocupación ascendente en los próximos años.

Sin embargo los mercados y los indicadores bursátiles subieron. Inclusive Wall Street fue arrastrada hacia el alza por esa corriente, con el Dow Jones cerrando las operaciones con un ascenso del 0,6 por ciento.

Pero a nivel interno un ajuste tan radical comprometerá la recuperación económica de Grecia, que con tres años de recesión verá retroceder su PBI este año otro 3,8 por ciento, y su deuda alcanzará el record del 166 por ciento en 2012.

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Grecia vota el ajuste europeo (29 06 11)

En un entorno social caótico, el Parlamento griego votará hoy el mayor ajuste económico de su historia moderna

La cuarta huelga general del año deja heridos de gravedad. La moneda común europea en riesgo a pesar del acuerdo bancario francés. Londres se suma a los paros contra las restricciones.        

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ATENAS.- En un entorno convulsionado, el Parlamento griego comenzó ayer el tratamiento de las medidas restrictivas del gasto público, y esta tarde comenzará con la ronda de votaciones.

El oficialismo dispone de la mayoría (155 diputados sobre un total de 300), pero la impopularidad del ajuste ha ido provocando defecciones, al punto que el Ejecutivo sólo tiene un diputado de diferencia.

La oposición de Nueva Democracia no cedió a las presiones de la Unión Europea para que acompañe con sus votos al premier Giorgios Papandreu. También el Partido Comunista (KKE, por sus siglas en griego) y otras agrupaciones menores anunciaron la negativa, y el resultado de la votación permanece abierto.

La aprobación del paquete diseñado por el gobierno tiende a reducir el gasto, y con ese ahorro ofrecer garantías a los préstamos girados desde el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI, con los cuales hacer frente al pago de los vencimientos de la deuda soberana. Los vencimientos de julio ascienden a 12.000 millones de euros, y si no son cubiertos Grecia será declarada en default, con consecuencias para otros países europeos con deudas en condiciones similares.

En este grupo, se menciona especialmente a España, Portugal, Irlanda e Italia; de hecho, la sola posibilidad de que Papandreu no pueda hacer aprobar el ajuste disparó ayer los intereses con que los países mediterráneos afrontan sus compromisos externos.

El denominado “castigo de los mercados” elevó el diferencial máximo de la deuda española a 293 puntos básicos, y en Italia llegó hasta los 216 puntos. Sólo el anuncio de Nicolás Sarkozy, de que los bancos franceses reinvertirán el 70 por ciento de los bonos griegos que disponen en nuevos títulos a 30 años, descongestionó en parte la presión, pero esa presión podría volver esta tarde tras la votación en Atenas.

Además del estado de parálisis económica, la cuarta huelga general paralizó también la vida institucional y comercial helena. El paro tuvo un acatamiento generalizado, tanto en las oficinas públicas, los servicios y la actividad privada. Las concentraciones de movilizados en la plaza Sintagma, además, se enfrentaron con las fuerzas policiales antidisturbios, con el saldo provisional de seis heridos graves.

En todo caso, los analistas económicos ya han comenzado a advertir que, cualquiera sea el resultado de la votación parlamentaria, el alivio sólo será de corto plazo porque no soluciona el fondo de la cuestión: los “rescates” admitidos por la UE son inviables, sencillamente porque los préstamos (con intereses a tasas punitivas) asfixian el crecimiento, y si Grecia no puede hoy pagar su deuda, menos podrá pagarla en el futuro, cuando los planes de ajustes fiscal hayan provocado un crecimiento menor del producto bruto interno.

Las reacciones sociales contra las restricciones también han comenzado a aparecer en otras capitales europeas. En Londres, para mañana está convocada una huelga de 750.000 empleados públicos contra los recortes sociales del gobierno de David Cameron, que planea una reforma general del sistema de jubilaciones.

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Europa cuelga de Atenas (27 06 11)

Europa y la moneda común no se desprenden de la crisis griega

La cumbre europea no encuentra una postura alternativa a la profundización del ajuste       

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ATENAS.- El Consejo Europeo de fines de la semana pasada no logró consensuar una ayuda a Grecia que implicara mayores recursos, y ató el futuro inmediato de la crisis y la estabilidad de la moneda común, el euro, a que el gobierno heleno logre aprobar un fuertísimo ajuste a las cuentas públicas y evite la quiebra por default.

Sin embargo, el tratamiento en el Parlamento de Atenas del paquete de medidas restrictivas del premier Giorgios Papandreu no tiene allanado el camino. Los dirigentes conservadores europeos llamaron a la “unidad nacional” griega, esto es, a que el partido de derechas Nueva Democracia vote el ajuste junto a la bancada socialdemócrata del Pasok de Papandreu.

El jefe opositor, Antoni Samaras, escuchó ese pedido en Bruselas, tanto del Partido Popular Europeo (PPE), que su agrupación integra, como de boca de la propia canciller alemana, Ángela Merkel.

Samaras, sin embargo, adelantó que su grupo no votará un plan de ajuste que, en términos de votos, no podría ser ya más impopular. Después de tres huelgas generales en lo que va del año, con un nuevo paro programado para esta semana, y un estado social de agitación permanente (los “indignados” tienen instalado 18 campamentos en la plaza Sintagma, frente a la sede parlamentaria), la oposición no está dispuesta a ofrecer su cooperación.

Pero Papandreu tampoco tiene clara la posibilidad de contar con el apoyo cerrado de su propio partido; la presión que los movilizados ejercen sobre los diputados -a quienes increpan a la entrada y a la salida de la Cámara, e incluso persiguen hasta sus domicilios- es tanta, que ya comenzaron las fisuras en el bloque oficialista: dos diputados socialistas confirmaron que no votarán el paquete de medidas del gobierno.

En esta semana clave para el futuro político del país mediterráneo y para el rumbo general de la Unión Europea (UE), la aprobación del ajuste griego (se votará entre el martes y el miércoles) habilitaría a la recepción de una última remesa del dinero acordado el año pasado por la UE y el FMI, dirigido a pagar vencimientos de la deuda pública con los acreedores externos en julio.

Si Atenas no saldo estos vencimientos, las agencias que monitorean las finanzas internacionales declararían automáticamente la cesación de pagos y el default; una situación que no tardaría en contagiar a otras economías europeas con problemas en sus deudas externas, como Portugal, España, Irlanda y, en menor medida, también Italia.

A pesar del alto riesgo para la  estabilidad de la moneda común (el euro ya retrocedió la semana pasada frente a prácticamente todas las divisas de referencia), el Consejo Europeo no logró articular ningún “plan B”, que implicaría un mayor compromiso de dinero.

Al contrario, Merkel sigue insistiendo que no deben ser los recursos públicos de los impuestos de los contribuyentes, sino los propios bancos acreedores, los que deben soportar la mayor carga de la reestructuración y del saneamiento de la economía helena.

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Grecia: entre la protesta social y la presión de la Unión Europea (22 06 11)

 Grecia: entre la protesta social y la presión de la Unión Europea

Europa presiona a Grecia con librarla a su suerte si no ajusta las cuentas      

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Apenas diez minutos antes de la medianoche (18:50 hora argentina), el primer ministro griego Giorgios Papandreu logró superar el voto de confianza en el Parlamento de Atenas, para imponer todo un nuevo conjunto de medidas restrictivas del gasto público y de achicamiento del Estado, que era exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) para liberar el rescate de fondos que evite el default griego.

En una coyuntura extremadamente frágil, después de haber sufrido la semana pasada la tercera huelga general en lo que va del año, el mandatario socialdemócrata debió someterse en la tarde de ayer a una moción de censura en el recinto legislativo que, si hubiera prosperado, debería haber forzado a un cambio en la Administración.

Tras la huelga general, Papandreu ofreció su renuncia al cargo y la formación de un gobierno de concertación nacional, pero fue rechazado por la oposición conservadora del Nueva Democracia.

Frente a un enorme agujero en el déficit público, con una deuda externa que alcanza los 490 mil millones (un 150 por ciento del PBI), y unos títulos públicos completamente depreciados por el riesgo de default, el gobierno griego necesita con urgencia el salvataje de la Unión Europea.

Pero el liderazgo continental, especialmente motorizado por la canciller alemana Ángela Merkel, se resiste a seguir entregando fondos públicos para cubrir los “deberes mal hechos” de la economía helena. Han exigido al gobierno de Papandreu, por ello, un draconiano ajuste en el gasto, y una completa reestructuración de la administración financiera, con recortes de sueldos, jubilaciones, salud y educación.

Esta vía es la que ha llevado a las tres huelgas generales en el primer semestre de este año, y a la enorme concentración de la víspera frente al Parlamento, en la ateniense plaza Sintagma.

Los movilizados expresaban una “moción de censura popular”, que contrastaba con el apoyo que Papandreu finalmente lograba en el interior del recinto.

El partido del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) del primer ministro cuenta con mayoría en el Poder Legislativo, aunque el rumbo neoliberal que ha asumido el gobierno ha llevado en los últimos días a la desafectación de varios diputados. Pero, para asegurar el apoyo, el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Duráo Barroso exigió en la tarde de ayer que todas las fuerzas políticas griegas respaldaran a Papandreu, especialmente la oposición conservadora.

“No hay plan B”, resumió desde Bruselas, “no hay alternativa. Si alguien piensa que sin el programa de UE y el FMI se podrá encontrar otra cosa, es falso.” Para que no queden dudas, el jefe del ejecutivo comunitario sostuvo que una solución basada en el aumento del gasto público, como reclaman los movilizados teniendo como ejemplo los modelos de países emergentes –la Argentina entre ellos-, sería una “receta para el desastre”, concluyó Duráo Barroso.

Papandreu tiene ahora plazo hasta el 3 de julio para hacer las operaciones de cirugía mayor que habilitarán un segundo rescate por parte de la UE.

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Un regalo griego (17 06 11)

Un regalo griego

por Nelson Gustavo Specchia

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El Pacto de Estabilidad que Papandreu consiguió en Europa, según Latuff y Drokos

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Giorgios Papandreu es un hombre valiente, también es un político con poca suerte. Esa era, al menos, la imagen que el primer ministro griego ofrecía esta semana, capeando en Atenas al toro bravo de la tercera huelga general que su gobierno soporta en el breve período de medio año, desde comienzos de 2011. El miércoles, las dos centrales sindicales mayoritarias (Adedy, de los empleados públicos, y el GSSE, de los trabajadores de empresas privadas) volvieron a salir a las calles de la capital, inundándola de columnas –cerca de 200.000 personas según los diarios locales- y paralizando toda actividad, desde los transportes a las comunicaciones, sin dejar de lado ni siquiera los servicios hospitalarios de emergencias.

Papandreu, un hombre valiente, ofreció su renuncia, con la disolución de su Ejecutivo del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), y propuso conformar un gobierno de concertación y unidad nacional para evitar la bancarrota acelerada hacia la que se dirige el país entero. Pero la derecha opositora del partido Nueva Democracia se ha negado a integrar una administración conjunta. Antonis Samarás, el jefe de la oposición, prefiere que Papandreu aguante en soledad el cimbronazo social de la crisis interna, y el abandono y la soledad al que lo está marginando Europa. Cuando los ajustes se hayan realizado, practicando la cirugía mayor en las cuentas públicas que se presenta como inexcusable, ya aparecerá él, Samarás, para tomar el relevo de un gobierno saneado. Una jugada mayor, porque la actual crisis fue el “regalo griego” que la derecha le dejó a Papandreu. Un político, como digo, de poca suerte.

CABALLITO DE TROYA

              Después de un largo período de los socialdemócratas fuera del poder, Giogios Andreas Papandreu al frente del Partido Socialista que fundara su abuelo en 1935, logró derrotar a la derecha en 2009. Sucedió a Kostas Karamanlis, y llevaba apenas un mes ocupando el palacio de Megaro Maximu cuando decidió hacer público el real estado de las cuentas gubernamentales. Las administraciones conservadoras de Nueva Democracia (con la asistencia y la validación internacional de la banca norteamericana Goldman Sachs) habían fraguado sistemáticamente las estadísticas oficiales, para mantener el déficit griego dentro de los márgenes admitidos por la política monetaria común de la Unión Europea. Así, durante años el gobierno de Atenas había informado a sus socios comunitarios que la deuda pública alcanzaba a un 3,7 por ciento del producto. Y este fue el presente que, como el mitológico caballo de madera con que los griegos lograron penetrar las murallas de Troya, recibió Papandreu.

La Administración socialista decidió transparentar la grave situación de financiamiento del gobierno, y admitió el año pasado que el déficit ascendía en realidad al 12,7 por ciento del producto interior bruto, casi cuatro veces más del reconocido hasta entonces. Sectores enteros de la economía habían vivido una auténtica fiesta de derroche, y quedaba claro que no había posibilidades reales de financiamiento con recursos propios, por lo que Papandreu apeló a sus socios comunitarios europeos, para que desde las instituciones financieras (principalmente desde el Banco Central Europeo) le enviasen con urgencia una línea de créditos y de asistencia que le permitiera tapar los agujeros y equilibrar la caja.

Pero el primer ministro, en su desesperada solicitud de auxilio, dejó sueltos algunos cabos: en primer lugar, dio por descontado que los líderes europeos aceptarían generosamente y de buen grado ayudar a las islas mediterráneas, unas primas pobres –aunque tan cultas- y llegadas al proceso de integración europeo en tiempos relativamente recientes. Y esto, para desengaño del político de poca suerte, no fue así, ni mucho menos. En segundo lugar, no tuvo en cuenta que desde 2008 el contexto crítico había alcanzado a todos los rincones de Europa, no sólo a sus bordes, y para entonces ya muy pocos seguían privilegiando una estrategia común, sino que cada quien miraba hacia su propia casa. Y por último, se le escapó también de las manos la variable interna: parar el derroche del gasto y volver a equilibrar las cuentas exigiría un sacrificio social mayúsculo, con quitas de derechos y recortes de beneficios históricamente adquiridos. Un camino que llevaría directo a la protesta social, las tres huelgas generales en lo que va del año lo prueban. En el medio de todos estos elementos, además, la sinceridad sobre el estado de las cuentas públicas llevaría a una pérdida de confianza generalizada sobre la capacidad de pagar las deudas, por lo que todo el mundo intentaría desprenderse de los bonos y de los títulos públicos helenos. Papandreu se vio en la disyuntiva de tener que emitir más de 53.000 millones de euros para afrontar las necesidades corrientes de sólo un año, pero no tener ningún interesado en adquirirlos (o, quizá peor aún, tener que vendérselos a los “fondos buitres” a precios de liquidación o menos).    

LA LEJANA EUROPA

Las sorpresas y decepciones de Giorgos Papandreu con sus colegas europeos fueron en aumento. El poco consenso en el continente para salir al rescate de uno de sus Estados-miembros fue la primera alarma. Las posiciones era muy críticas y duras, y los líderes conservadores –con la inefable Ángela Merkel siempre a la cabeza- sostenían que Grecia debía acudir al Fondo Monetario Internacional, lo que en otro momento del proceso de integración hubiera constituido casi un insulto para la pretendida autonomía financiera. También se habló de sacar a Atenas de la zona euro, los 17 países de la Unión Europea que comparten la moneda, antes de que las corridas financieras terminaran debilitando al propio euro. Hubo incluso quien opinó que Grecia podía ser expulsada de la organización continental, antes de que su crisis de financiamiento contagiara a otras economías débiles, como la española y la portuguesa.

Sarkozy finalmente gestionó un encuentro de máximo nivel, e intercedió ante Merkel. Sostuvo, en la acostumbrada grandilocuencia de su discurso, que Europa jamás dejará librado a uno de los suyos a la voracidad de los grandes grupos y fondos de inversión globales. Los resultados fueron menos grandilocuentes, y con el FMI en el medio, tal como había decidido Merkel. La UE aportaría, pero el precio para Grecia sería altísimo. El Banco Central Europeo controlará la política fiscal helena, y Papandreu debió comprometerse a reducir el déficit fiscal en cuatro puntos anuales (en 2010, del 12,7 al 8,7 por ciento; en 2011 hasta el 5 por ciento). Un draconiano ajuste soportado por recortes al gasto social, especialmente en la planta de funcionarios (echarán a 150.000 de los 700.000 empleados públicos) y en los beneficios de los jubilados. El IVA, además, aumentaría hasta el 23 por ciento.

El rescate, finalmente, alcanzó los 110.000 millones de euros. Pero ahora los técnicos afirman que aquel giro, que en su momento se presentó como colosal, no alcanzará para tapar apenas la mitad del agujero negro de las cuentas griegas. Se necesitarán, dicen, al menos 105.000 millones más, el denominado “segundo rescate”. Como ha admitido estos días el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, Alemania, en una nueva vuelta de tuerca de su actitud remisa de girar fondos de los impuestos pagados por los contribuyentes germanos hacia aquellos que no hicieron las cosas bien, insiste ahora en que deben participar de las ayudas también los bancos privados.

Antes de que se pierda todo y haya que declarar a Grecia en quiebra, Papandreu pide que al menos le terminen de enviar la última remesa de los fondos de 2010, que aún no le han llegado, y sin los cuales se verá obligado a declarar la quiebra por impago de los vencimientos. Los títulos públicos griegos ya son auténticos “bonos basura”, y el FMI –duro y ortodoxo- sostiene que sólo mantendrá el auxilio a condición de que los ajustes estructurales en el gasto público griego se profundicen. Sin importar cuántos muertos queden en las calles de Atenas en cada jornada de huelga. Europa, mientras tanto, sigue mirando hacia otro lado.

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Publicado en:

Hoy Día Córdoba  – Magazine – viernes, 16 de junio de 2011 

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Grecia amenaza con la quiebra (16 06 11)

 Grecia amenaza con la quiebra ante la imposibilidad de pago

Papandreu reforma el gobierno sin la oposición y pide un segundo rescate a Europa     

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 Ángela Merkel, la vista fija en Giorgios Papandreu

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Después de la violenta jornada de huelga general –la tercera que vive Grecia este año- el primer ministro socialista Giorgios Papandreu impulsó ayer un cambio de gabinete, en un coletazo más de la grave situación económica y política que vive el país mediterráneo.

Los enfrentamientos entre los movilizados –entre 50.000 y 200.000 según la fuente- y la policia dejaron un tendal de heridos en Atenas y las principales ciudades, y llevaron al premier a presentar su renuncia para facilitar un gobierno de coalición con la centroderecha del partido Nueva Democracia.

La oposición puso como condición para integrarse a una coalición de emergencia que se abandonaran los planes de ajuste estructural que han estado en el origen de la protesta social, principalmente la reforma de la administración pública que prevé el despido de 170.000 empleados del Estado.

Pero estas reformas, dirigidas al drástico achicamiento del gasto público, son precisamente las condiciones ineludibles que los órganos financieros de la Unión Europea, en conjunto con el Fondo Monetario Internacional (FMI), han puesto para acudir al rescate de la deuda griega, con el envío de remesas progresivas hasta totalizar un monto de 110.000 millones de euros para hacer frente a los vencimientos de los empréstitos externos.

Ante la imposibilidad de constituir un gobierno de unidad frente a la crisis, el primer ministro ha reformulado el gabinete con dirigentes de su Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), y ha ratificado que los compromisos asumidos con las agencias multilaterales de financimiento seguirán.

Una última remesa del crédito concedido el año pasado, de 12.000 millones de euros, debe llegar a Atenas antes del próximo día 20, en que vencen títulos de deuda soberana que, si no se cancelan, llevarían a la quiebra técnica del país, una situación inédita desde la constitución de la eurozona, en 1999.

Los voceros del FMI intentaron llevar calma a los mercados y a las bolsas, que reaccionaron negativamente, con fuertes pérdidas, al riesgo de debacle financiero heleno, y aseguraron que la entidad seguirá sosteniendo la asistencia a Atenas, siempre y cuando el proceso de ajustes y achicamiento del Estado se mantenga.

Indignados con los indignados

BARCELONA.- La deriva violenta del movimiento 15-M español, que el miércoles de esta semana intentó evitar una sesión del Parlamento regional catalán en Barcelona, ha recibido una serie de censuras desde diferentes puntos del arco político, inclusive desde los propios manifestantes “indignados” que ocuparon durante varios días la madrileña Plaza del Sol.

Con consignas del tipo “sin violencia somos más”, el atípico conjunto de protesta -básicamente juvenil- de la capital española se opuso a que sus colegas catalanes entorpecieran la vida institucional en un entorno democrático. “No sólo que están contra la ley, sino que los actos violentos son radicalmente antidemocráticos”, se definía ayer en las concentraciones en Madrid.

Por su parte, desde el gobierno autonómico de Cataluña, se acusó a un pequeño grupo de los manifestantes como responsables de los actos violentos, “profesionales del incidente que actuaban como una guerrilla urbana”, expresó un vocero del presidente Artur Mas.

Sin embargo, es probable que las protestas sigan radicalizándose.

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Europa mareada por la crisis griega (16 06 11)

Europa mareada por la crisis

Un sector de los “indignados” pasa al enfrentamiento policial en Cataluña. El premier griego ofrece su renuncia para apaciguar la movilización social. Alemania condiciona un nuevo rescate a Grecia a la participación de inversores privados. La crisis vuelve a amenazar a España y Portugal.     

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ATENAS, BARCELONA.- “Hemos perdido el miedo”, con esta nueva consigna un sector de los “indignados” españoles, también identificados ya como Movimiento 15-M, cercó ayer el Parlamento autonómico catalán, en la Ciudad Vieja de Barcelona, e intentó hacer fracasar la sesión legislativa en la cual el gobierno regional presentaba los presupuestos.

Los forcejeos entre manifestantes y policías autonómicos (los “mossos d’esquadra”) fue subiendo de tono durante el transcurso de la mañana. Varios centenares de personas se concentraron frente al Palacio de la Generalitat de Cataluña, en la Plaza de Sant Jaume, y con un grado de organización superior al mostrado en las últimas jornadas, se desplazó por la Ciudad Vieja hasta el Parque de la Ciudadela, donde se ubica el Parlamento.

Con el edificio cercado por un cordón humano, los diputados que llegaban tuvieron que soportar empujones, gritos e inclusive alguna pintada.

El presidente autonómico, Artur Mas, y una treintena de miembros de su Ejecutivo, tuvieron que utilizar helicópteros para llegar a la sede legislativa.

Tras la agitada sesión, en la que finalmente la gobernante coalición centrista de Convergencia i Unió (CiU) logró aprobar los presupuestos con el apoyo de los votos de la derecha del Partido Popular (PP), los diputados salieron del Parlamento por puertas laterales, unas salidas casi sin uso y que comunican el antiguo edificio con el parque zoológico de Barcelona, para esquivar las concentraciones de “indignados”.

Desde Madrid, la asamblea ciudadana que ha abandonado el campamento en la céntrica plaza de la Puerta del Sol, cuestionó la movilización de los catalanes, por considerarla una “presión por encima de la ley”.

Dentro del mismo grupo barcelonés se veían posiciones encontradas, entre un sector que se oponía a cercar el Parlamento y otro más radical. En un clima de nerviosismo, también se criticaba a los Mossos d’Esquadra, algunos de cuyos agentes, vestidos de civil, se infiltraron en el colectivo de protesta, supuestamente con intentos de manipular la enorme masa de movilizados.

El presidente Mas anunció que, de repetirse la protesta, los cuerpos policiales harán “un uso legítimo de la fuerza” para disolver las columnas de manifestantes y garantizar el funcionamiento de las instituciones.

En Grecia, por otra parte, la reacción social también tuvo un pico crítico en la tarde de ayer, mientras la primera línea del liderazgo europeo discutía un segundo rescate a la economía griega.

La oposición a la política de ajustes económicos y restricciones sociales impulsado por el gobierno socialdemócrata de Giorgios Papandreu, volvió a tomar las calles de Atenas.

El primer ministro ofreció su renuncia para calmar los ánimos y formar un gobierno de unidad, pero ante la negativa de la oposición de centroderecha de sumarse al Ejecutivo, anunció que hoy modificará el gabinete, pero seguirá adelante con el plan de austeridad.

Atenas tira las bolsas

ATENAS.- Con cerca de 200.000 personas tomando las calles de la capital griega, y los líderes europeos sin definir un nuevo rescate a la economía helena, la tercera huelga general contra Papandreu y el Pasok arrastró ayer a los mercados, los bonos de la deuda soberana griega, la moneda europea, y llegó inclusive a impactar en el nivel general de Wall Street.

La multitudinaria huelga, que paralizó al país y generó duros enfrentamientos con las fuerzas policiales, podría haberse calmado con una clara señal que llegase desde Europa. Pero, por el contrario, la indefinición de la Unión Europea –principalmente de Alemania- produjo una corrida que arrastró al euro y empujó a la baja a todas las bolsas del continente.

El IBEX español perdió 10.000 puntos y terminó con un 2 por ciento de retroceso; la caída bursátil llegó inclusive a Nueva York, donde Wall Street acusó un 1,48 por ciento de pérdida en el cierre de operaciones.

La falta de rescate a Grecia, además, vuelve a poner en riesgo la solvencia de la deuda en España y en Portugal.

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El desalmado tijeretazo europeo (26 11 10)

El desalmado tijeretazo europeo

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por Nelson Gustavo Specchia

 

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Una gran tijera recorre Europa. Si los filósofos Karl Marx y Friedrich Engels escribieran hoy, posiblemente cambiarían la figura de aquella famosísima primera línea del “Manifiesta Comunista”. Porque el fantasma de nuestros días, en el Viejo Continente, toma la forma de una tijera que recorta gastos y déficit públicos a mansalva y discreción; pero por el tajo abierto aparecen las diversas formas del conflicto social. La sociedad civil no parece estar dispuesta a permitir pasivamente que los gobiernos recorten derechos juntos con los gastos. Los empleados asalariados y los estudiantes se ubican, en las diferentes latitudes, entre los colectivos que encabezan la reacción social y amenazan con subir la temperatura del gélido otoño europeo.

La primera señal, hace apenas seis meses, fue Grecia. Un gobierno socialista recién asumido, el del Pasok de Giorgios Papandreu, hubo de admitir que sus antecesores habían fraguado las cuentas públicas, que las arcas del Estado estaban casi vacías, y que la economía helena –con restringido margen de acción desde la política monetaria, al estar dentro de los acuerdos de la eurozona- necesitaba con urgencia un rescate por parte de los socios comunitarios. En pocas horas, los bonos de la deuda griega treparon hasta cifras siderales (el ya recurrente “castigo de los mercados”), y la democristiana Ángela Merkel le contestaba a Papandreu desde Berlín con el discurso que en medio año se ha convertido en dominante: saca la tijera y recorta gastos, corta mucho y a fondo, y luego veremos si te tiramos una soga desde el Bundesbank.

Papandreu intentó resistirse, aunque no mucho. A la capital europea que acudía, palabras más o palabras menos, le contestaban con el mismo discurso de la alemana. Desde Bruselas, la capital de la Unión Europea, el presidente de la Comisión, el ex marxista y hoy liberal José Manuel Duráo Barroso, instó al griego a que acudiese al Fondo Monetario Internacional. La postura de Europa, tanto de sus instituciones comunitarias como desde los gobiernos de los Estados miembros, pegaba, de esta manera, el mayor golpe de timón en la orientación estratégica de la política económica y social desde la posguerra. La concepción comunitaria que llevó al establecimiento y las conquistas del “Estado de bienestar”, el gran invento de los padres de la integración continental mediante la unión de capitalismo y derechos sociales, se relegaba. Las recetas de la vieja ortodoxia liberal volvían a obtener patente de corso.

EL VIRUS GRIEGO

Qué año, este 2010, decían entre exclamaciones los columnistas de la prensa europea. Pero bueno, al menos el fantasma de la tijera limitó el estallido de la crisis a Grecia. Papandreu finalmente aceptó la humillación. Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy, junto a Duráo Barroso, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rumpuy, y el jefe del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, anunciaron entonces el rescate de la economía de la isla mediterránea; en el mismo anuncio comunicaron el severo plan de ajuste impuesto a Atenas, (con la obligación de reducir cuatro puntos el déficit este año, del 12,7 al 8,7 por ciento del PBI; y seguir avanzando luego hasta reducirlo al 3 por ciento). Los colegios públicos, las universidades, los bancos, las oficinas públicas de todos los niveles de la administración cerraron, y los hospitales sólo atendieron emergencias. El primer ministro expresó su solidaridad a los trabajadores movilizados, pero, abatido, dijo que no tenía ninguna alternativa.

Los empleados y los estudiantes se largaron a la calle, incendiaron contenedores y algunos muertos quedaron en las jornadas de protesta. Pero la crisis se encapsuló en Grecia y no saldrá de allí, escribían los analistas. Y los gobiernos, especialmente los de países con economías en grados de vulnerabilidad cercanos a la griega, afirmaban que el riesgo de contagio estaba conjurado. El euro estaba a salvo, y no habría nuevas crisis. Pero tanto los políticos como los analistas se equivocaban. O mentían. Eso es lo que vino a mostrar el estallido de la burbuja económica en Irlanda esta semana.

En la última reunión del G-20, al tratar el tema de la “guerra de monedas” como el nuevo capítulo de la crisis económica internacional, los países emergentes –Argentina y Brasil entre los principales- volvieron a insistir en que la salida de la crisis no pasa por el recorte del gasto sino por aumentar los alicientes al consumo interno. El bloque europeo volvió a desestimar la estrategia una vez más, insistiendo en los achicamientos de los déficits y en los recortes de los gastos sociales.

Ese camino volvió a mostrar un nuevo escollo esta semana, cuando el primer ministro irlandés, Brian Cowen, no pudo seguir resistiendo el “castigo de los mercados” y la presión conjunta de sus colegas del continente, y anunció el pedido de salvataje económico al Banco Central Europeo y al Fondo Monetario Internacional. El virus griego, aunque todos lo negaran, había cruzado el mediterráneo y alcanzado al “tigre celta”, ese mismo que los analistas desde la gran prensa especializada ofrecían como ejemplo al mundo subdesarrollado hasta hace apenas unos meses.

IRLANDA COMO POLVORÍN

El domingo pasado, a la noche, después de una reunión del Consejo de Ministros que había durado más horas de las prudentes, el premier irlandés Brian Cowen enfrentó a los medios de prensa y admitió que el país debía acudir al auxilio del FMI y de las instancias financieras europeas, o enfrentarse a la bancarrota. La crisis del euro se cobraba así su segunda víctima, tras la debacle griega. El crédito que los irlandeses del tradicional partido liberal, el Fianna Fail, calculan que necesitarán asciende a unos 80.000 millones de euros, con eso lograrían calmar la fuerza del “castigo de los mercados”, y los títulos de su deuda podrían volver a montos medianamente manejables. Irlanda viene a confirmar que la crisis europea –que es, en definitiva, la crisis del euro- está vigente y piensa seguir dando batalla, independientemente de lo que los líderes afirmen en los discursos.

Volviendo a un libreto que ya no respeta ideologías ni emisores –lo mismo dicen los conservadores que los socialistas, los democristianos que los liberales- el gobierno irlandés usó la misma tribuna del anuncio del pedido de salvavidas al FMI para adelantar que acababa de aprobar otro desalmado tijeretazo en el país de las verdes praderas y los “pubs” donde se honra a san Patricio con la mejor cerveza del mundo. Un tijeretazo de unos 6.000 millones el año próximo, y hasta un total de 15.000 millones de euros (algo así como el 10 por ciento del PBI) en los próximos cuatro años. Ya se sabe cómo: se reducirá el gasto público, aumentarán los impuestos, se “racionalizarán” las plantas de empleados (ayer Dublín anunciaba que el “drástico ajuste” del que “nadie quedará a salvo”, implicará el despido de 25.000 trabajadores), disminuirá el salario mínimo –y con él toda la escala de sueldos-, terminarán los subsidios al desempleo o a las situaciones de riesgo social, y se reducirán las jubilaciones y las prestaciones sociales. Inclusive se admite que Irlanda volverá a ser un país de emigración. Adios Estado del bienestar, adios.

Y nada de que el “virus griego” está conjurado. El contagio, principalmente hacia Portugal y España, pero también hacia Italia y otras economías menores, podría llegar por una doble vía, el endeudamiento existente entre los bancos de la eurozona (los bancos alemanes y británicos, por ejemplo, tienen papeles de deuda de los bancos irlandeses por unos 250.000 millones de euros); o por vía de los títulos públicos de deuda, cuyo precio cae en la misma proporción y velocidad en que las aseguradoras de riesgo marcan nuevos records para las economías más endebles.

EL COSTO SOCIAL

Y mientras los políticos y los técnicos se deslizan hacia el pánico, la sociedad civil parece prepararse para resistir el embate contra el ajuste de la gran tijera. El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, convocó a los veinticinco grandes empresarios (casi todos opositores a su gobierno y a su Partido Socialista Obrero Español) para que lo ayuden con ideas, o con lo que sea a estas alturas, para escapar de la fuerza del tornado, luego de que las dos centrales sindicales le hicieran la primer huelga general. El conservador Nicolás Sarkozy viene aguantando un mes de protestas en la calle. El premier portugués, José Sócrates –socialista como Zapatero- se enfrentó esta semana a la mayor huelga general de la historia de Portugal, y su gobierno no tiene ni una sola estrategia nueva para esquivar los vientos que ya llegan a sus costas desde el desdentado “tigre celta”.

Los estudiantes británicos, por su parte, se largaron a marchar por Londres, abandonando las aulas en todo el país, protestando contra los planes del gobierno conservador de David Cameron de incrementar las matrículas universitarias, que implicará, en la práctica, triplicar el costo anual de los estudios superiores. La semana anterior, la protesta se tornó violenta: los estudiantes tomaron la sede partidaria de los “tories” en Londres, incendiándola y destrozándola.

El tijeretazo de Cameron ha comenzado por las universidades y la investigación, y los estudiantes ingleses parecen estar dispuestos a enfrentarlo. Igual que los italianos, donde también esta semana centenares de estudiantes se enfrentaron a la policía, e inclusive lograron ingresar al Parlamento, manifestándose contra los ajustes presupuestarios dispuestos por el gobierno del primer ministro derechista Silvio Berlusconi, que ha preparado un decreto ley que prevé el recorte de los fondos para las universidades públicas y la investigación, mientras favorece a los centros privados de enseñanza.

 

En definitiva, cualquiera termine siendo la salida de la actual crisis, parece evidente que los daños al Estado social del bienestar, esa construcción solidaria y transgeneracional que Europa ofreció al mundo como ejemplo de construcción sociopolítica, y que logró establecerse y enriquecerse mediante un consenso horizontal de las élites dirigentes –tanto de la derecha como de la izquierda- durante la segunda mitad del siglo XX, no saldrá indemne. Lo único que permanece, sin siquiera un rasguño, es la furia y la voracidad de los mercados.

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nelson.specchia@gmail.com

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Arde Grecia (“Bipolares”, 11 dic 2008)

FM Shopping

“Bipolares”, con la conducción de Daniel Alonso

Columna de Política Internacional

Jueves 11 de diciembre de 2008

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Nelson-Gustavo Specchia

Profesor de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba

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ARDE GRECIA

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Buenos días, Daniel.

Hace algunas semanas, cuando comenzamos a analizar aquí los efectos, los coletazos a nivel político y a nivel social que iban a empezar a aparecer en diversas latitudes, como frutos no esperados –pero sí seguramente relacionados- con la crisis económica global, decíamos que no eran los bancos, las grandes empresas, y los gobiernos, los que iban a tener que soportar la parte más dura, y más larga en el tiempo, de esta gran desestabilización económica, de este abandono de las reglas de juego por parte del gran capital usurario, de la patada al tablero de la convivencia económica fruto de la ausencia de toda regulación por parte de la entidad estatal, de la administración, del gobierno.

Ahora, en estos días que vivimos, esos coletazos inesperados han comenzado a hacer su aparición en el escenario político y social.

Y claro, no es casual que sean en los tramos más delgados de la soga, en aquellas sociedades que no han logrado hacer efectiva una solidez fuerte en sus estructuras, no es casual, decimos, que sea en estas sociedades donde se encienda la llama de la protesta.

Una llama que puede limitarse, contenerse dentro de unos límites geográficos, dentro de las fronteras de un país, dentro del marco de actuación de una administración gubernamental, pero que también puede saltar esas líneas imaginarias en que hemos dibujado el mundo, y extenderse rápida, velozmente, a otras realidades sociológica y económicamente similares.

En esta clave de lectura hay que entender las últimas jornadas vividas en Grecia. Ya cinco días seguidos –y cinco noches, que son los momentos en los que se organiza y se prepara la protesta del día siguiente- en que Grecia vive sumida en el caos.

La muerte de un adolescente de 15 años, Alexandro Grigoropulos, a manos del “gatillo fácil” de un agente policial, que le descerrajó un tiro en el pecho, encendió esa llama, y todo desde entonces ha ido de más a más. Ayer, el alto acatamiento de una huelga general (que estaba convocada desde hace tiempo, pero que en estos momentos adquiere una dimensión muy diferente a la llamada original) ha puesto entre las cuerdas al gobierno conservador del primer ministro Kostas Karamanlis, y veremos en las próximas horas si su administración logra finalmente contener la protesta juvenil; en caso contrario, el gobierno griego se habrá convertido en la primera víctima política de la crisis financiera mundial.

Porque lo que está en la base de la protesta es, efectivamente, los coletazos de la crisis. Para hacer frente a ella es que el gobierno de Karamanlis ha iniciado una reforma económica que tiende a limitar el gasto, afectando especialmente al sistema de pensiones y jubilaciones, entre otras prestaciones sociales.

Y a estas medidas, claramente antipopulares, debe sumársele la especial situación en la que vive la juventud griega, un colectivo relegado por las grandes políticas sociales, y especialmente afectado en los contextos de crisis.

Grecia ingresó a la Unión Europea en 1981, y adoptó el euro en 2002. Los esfuerzos estructurales para alinear las cuentas públicas a las del resto de Europa, en una economía poco desarrollada, provocaron desequilibrios. Grecia ha crecido en estos últimos años, pero aquellos desequilibrios se han mantenido, e incluso se ha acrecentado la brecha entre ricos y pobres.

Sumado a esto, el colectivo juvenil se ve particularmente afectado, especialmente por las altas tasas de desempleo, que alcanza un 23 por ciento de toda la población en esa franja etaria: el peor dato de los veintisiete países que conforman la organización continental, la Unión Europea.

Un porcentaje, además, que se ve aguijoneado por una educación superior que no termina de armonizar con el mercado de trabajo (por ejemplo, el gasto público de Grecia destinado al sistema universitario figura entre los más bajos de la OCDE, la organización que agrupa a treinta de los países más desarrollados del mundo), y que no despega de los bajos índices de calidad que la caracterizaron tradicionalmente.

Este conjunción de elementos ha terminado creando a la denominada “generación de los 700 euros”, que es la media de ingreso de un joven griego diplomado universitario que haya logrado saltear el paro y conseguir un trabajo. Un sueldo con el que no se va muy lejos, si se piensa que el alquiler mensual de un departamento en Europa, por ejemplo, está por encima de esa cifra.

Si a estos datos se le agregan, como dijimos, el achicamiento general de la economía mundial, y políticas restrictivas desde la administración del gobierno nacional para hacerle frente, podemos percibir cómo el estallido griego puede ser la punta de lanza, la primera llama, de un malestar social que puede extenderse a otras realidades semejantes.

En Barcelona, Berlín, Londres y Chipre, ya se han registrado algunos hechos aislados, de solidaridad –de momento- con los jóvenes alzados en Grecia.

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