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La vuelta de los talibán (07 07 11)

Los talibán recuperan fuerza y niegan conversaciones de paz

En Europa admiten que la guerra necesita una “solución política” que le ponga fin        

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ISLAMABAD, KABUL.- Después de la violenta jornada del lunes, cruzada por atentados suicidas en Pakistán y una nueva avanzada de los talibán contra las tropas de la Alianza Atlántica en Afganistán, las acusaciones cruzadas entre las dirigencias locales y nuevas desavenencias con los altos mandos de las potencias ocupantes agravan los frentes bélicos de Asia Central.

A esta complicación interna se suma, además, una reconsideración política de algunos de los países aliados que integran las fuerzas militares de ocupación, que podrían adelantar los plazos anunciados de repliegue y terminar con su presencia en la región.

En la frontera entre ambos países, en la región montañosa semiautónoma de Waziristán, la lealtad las autoridades impuestas por las potencias occidentales y al tradicional sistema tribal vuelve a tensarse, ocupando éste otra vez el lugar de preeminencia en la distribución del poder local que tenía antes de la invasión de 2001.

En la víspera, grupos de milicianos –en un número de 600 según las autoridades regionales paquistaníes- lanzaron un ataque desde el lado afgano de la frontera, en Waziristán del Norte, contra poblaciones ubicadas en territorio de Pakistán y administradas por dirigentes fieles al gobierno de Islamabad, sostenido aún por las fuerzas estadounidenses de ocupación.

Los guerrilleros talibán atacaron los municipios fronterizos de Nusrat Dra y Jaro, en la región de Alto Dir, y se enfrentaron al ejército regular paquistaní y a las milicias progubernamentales.

Ante el ataque desde el lado afgano de la frontera, grupos de simpatizantes de los talibán residentes en Pakistán se sumaron al enfrentamiento al ejército regular, poniendo en evidencia que las lealtades de los diferentes grupos obedecen a criterios diferentes a los que sostienen a las administraciones estatales.

Las autoridades admitieron que han muerto, sólo en el último mes, 55 soldados paquistaníes en enfrentamientos con la insurgencia en la frontera, y acusan al gobierno de Kabul de dar refugio a estos milicianos, o de no hacer suficientes esfuerzos en perseguirlos.

En realidad, la administración afgana del presidente Hamid Karzai dispone de muy limitados recursos para enfrentar a la guerrilla fundamentalista islámica, y éstos se concentran en los aportes militares de las tropas de la OTAN y de los demás ejércitos aliados que se dividen la geografía del país.

Pero tampoco Karzai ha tenido una buena relación con los ocupantes en los últimos meses, las muertes civiles por el “fuego amigo” de la OTAN lo empujaron a criticar abiertamente la metodología de ataques selectivos de la aviación aliada, que forzó la disminución de operaciones nocturnas contra los supuestos refugios de los talibán.

Pero este cambio táctico llevó, a su vez, a una renovación de las actividades de la guerrilla, que esta misma semana causó la muerte de cuatro soldados de la Alianza Atlántica y de un militar australiano.

Los fortalecidos talibán, además, han asegurado que no mantendrán ningún diálogo con las potencias ocupantes.

Vuelta a casa

El anuncio del presidente estadounidense, Barack Obama, de que el ejército de su país iniciaba un “retiro escalonado” de Afganistán, ha acelerado también los cronogramas de vuelta a casa de los demás aliados que participaron en la invasión de 2001 y el derrocamiento del régimen talibán.

El martes, Canadá anunció que esta semana concluye su misión de combate, y deja la responsabilidad de seguridad en el distrito afgano de Kandahar, hasta ahora a cargo de su Regimiento XXII; y hoy transferirá el control de los distritos de Panjwai y Dand.

Canadá ha perdido más de 157 efectivos en la guerra afgana, el tercer país con un balance de bajas más elevado, detrás de EE.UU. y Reino Unido.

Precisamente, Londres confirmó ayer que también retirará 500 soldados del frente afgano antes de fines de 2012. Reino Unido, el principal aliado de Washington en Asia Central, tiene 9.000 militares en la región.

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nelson.specchia@gmail.com

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Obama intenta seducir a los latinos (13 05 11)

Obama vuelve a colocar el tema migratorio en la agenda

En la Unión Europea avanza el proyecto de endurecer los requisitos para el ingreso   

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EL PASO (TEXAS), BRUSELAS.- En una nueva muestra del aprovechamiento de los tiempos políticos, el presidente estadounidense Barack Obama ha hecho coincidir el momento de pico de popularidad que le otorgan las mediciones de opinión al interior de los Estados Unidos, luego de la operación militar que terminara con la vida del fundador de Al Qaeda en los suburbios de la capital de Pakistán, para volver a instalar uno de los temas más críticos de la genda política y social de su Administración: la cuestión migratoria.

La necesidad de que la primera potencia mundial cuente con una estrategia manejable para los más de once millones de migrantes que residen ilegalmente en su territorio, fue uno de los puntos centrales de la última campaña presidencial, y uno de los elementos que inclinó hacia Obama la preferencia mayoritaria de los inmigrantes, especialmente los miembros de la colectividad hispana, que ya representan una cuota determinante en la población que acude a votar –un acto no obligatorio en el país del Norte- en las elecciones federales.

En esta creciente población de origen latino, en 2007 un 67 por ciento apoyó la candidatura demócrata de Obama, y el presidente ha reconocido públicamente su deuda con el colectivo.

En abril del año pasado, cuando se trató la polémica legislación estadual de Arizona SB 1070, la Casa Blanca se opuso al endurecimiento de condiciones impulsado por la gobernadora Jan Brewer.

Pero a pesar de este gesto, Washington no ha avanzado durante la primera mitad de la presidencia de Obama en una propuesta legislativa que dote a los Estados Unidos, una sociedad de aluvión caracterizada por el ingreso constante de nuevos contingentes de inmigrantes, de una legislación que regule uniformemente el tema.

Dando los primeros pasos en la campaña para las elecciones del próximo año, donde con seguridad el jefe del Ejecutivo se presentará a la reelección para un nuevo período, Barack Obama visitó ayer la fronteriza localidad de El Paso, y desde ese simbólico lugar del borde mexicano ha renovado sus promesas de que se ocupará personalmente del tema.

Sin embargo, las pérdidas de oportunidades ejecutivas y legislativas desde 2007; el no haber plasmado las promesas electorales en ninguna acción política concreta; el aumento de deportaciones (que han crecido en los últimos meses hasta batir récords, alcanzando el año pasado los 393.000 casos); así como el evidente interés por aprovechar electoralmente el tratamiento del tema en esta coyuntura, han provocado más rechazos que adhesiones por parte de los latinos.

En Europa

Por su parte, también en Europa el tema migratorio vuelve a ocupar el centro de la agenda política.

En Bruselas, los ministros del Interior de la Unión Europea (UE) estaban reunidos anoche para analizar las propuestas de endurecimiento del Acuerdo de Schengen, con una probable reinstalación, de forma extraordinaria, de los controles fronterizos internos entre los países miembros.

El proyecto, que parece agrupar las voluntades mayoritarias de los gobiernos, persigue combatir la entrada al continente de inmigrantes ilegales, especialmente las oleadas de refugiados que huyen del Magreb norafricano.

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Los hijos de Ben Laden denuncian a Obama por asesinato (12 05 11)

Los hijos de Osama ben Laden llevarán el caso a Tribunales

Las tendencias políticas se muestran ampliamente favorables para Obama  

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WASHINGTON.- Los hijos del fundador de la red yihadista islámica Al Qaeda, Osama ben Laden, ultimado por el ejército norteamericano en su refugio secreto de Abbottabad la semana pasada, anunciaron ayer que demandarán al presidente estadounidense, Barack Obama, por asesinato, al tiempo que demandaron la realización de una “exhaustiva investigación” para conocer los hechos, más allá de las interpretaciones políticas.

La muerte de Ben Laden se produjo el pasado 2 de mayo, cuando una unidad de élite de Marines ingresó ilegalmente al territorio paquistaní, y en una acción comando asaltó la casa donde se refugiaba el multimillonario saudita con parte de su familia; aunque en algunos informes se sostuvo luego que los soldados encontraron resistencia, con los datos difundidos por el propio jefe de la Casa Blanca pudo establecerse que Ben Laden estaba desarmado y que su muerte fue la consecuencia de una ejecución sumaria.

Esto fue corroborado luego por una de las hijas del terrorista, una niña de 12 años, que sostuvo ante la policía paquistaní que su padre fue detenido vivo y fusilado delante de ella y otros miembros de la familia.

La confirmación de esta metodología de actuación por parte de los comandos estadounidenses generó una amplia polémica a nivel mundial, donde prestigiosos analistas, líderes políticos y expertos en derecho criticaron abiertamente la decisión del presidente Obama de utilizar la fuerza en lugar de haber optado por detenerlo y someterlo a un juicio acorde a las leyes y tratados internacionales.

Siguiendo esta misma línea de razonamiento, los descendientes de Osama ben Laden han decidido acudir a los tribunales e iniciar una querella contra los atacantes –cuya última responsabilidad política y penal adjudican al jefe del Ejecutivo norteamericano- por haber violado la legislación internacional vigente, que reglamenta y obliga también la actuación de la primera potencia mundial, al haber “ejecutado de forma sumaria a un hombre desarmado”.

La acción judicial va en un sentido diametralmente opuesto al clima de victoria que se vive en los Estados Unidos, promocionado sin tapujos desde el gobierno federal, de que la actuación de los militares y los espías de la Central de Inteligencia (CIA) ha constituido una acción legal y necesaria, que viene a incrementar la seguridad interna, e inclusive que con ella se ha realizado un “acto de justicia reparadora” con las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

Los hijos de Osama sostienen, además, que a la par de haber lanzado el cadáver al mar, no hay ninguna prueba documental que apoye la versión de la Casa Blanca.

El presidente Obama, sin embargo, ha ratificado que no ofrecerá las fotos a la prensa, aunque se avino a que un número contado de personas, especialmente miembros del Congreso, puedan verlas.

Y a pesar de los argumentos jurídicos, no es esperable un cambio de rumbo en esta estrategia del líder demócrata, especialmente teniendo en cuenta la aceptación popular de sus medidas: haber liquidado a Osama ben Laden lo ha hecho subir en las encuestas, y de cara al inicio del proceso eleccionario para 2012 las mediciones ya le otorgan un 49 por ciento de imagen positiva.

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Capitalizar la muerte (08 05 11)

Repercusiones críticas tras la muerte de Osama ben Laden

La Casa Blanca intenta capitalizar rápidamente la desaparición del terrorista  

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WASHINGTON.- El presidente Barack Obama ha decidido dejar de lado las posiciones de líderes mundiales, juristas y expertos en política internacional, que han alimentado en los últimos días un debate creciente en torno a la vía escogida para ultimar al fundador de Al Qaeda.

Después que Obama anunciara el exitoso ataque contra la guarida del terrorista en Pakistán, al festejo popular en Washington y Nueva York se sumaron las felicitaciones de algunos mandatarios; en Londres, como en Madrid y en Berlín los jefes de gobierno expresaron su satisfacción.

Luego, sin embargo, el análisis de la medida por parte de especialistas comenzó a atemperar este ambiente festivo y victorioso, instalando una mayor cautela que terminó dando paso a un claro frente crítico.

El centro de los cuestionamientos apunta al hecho de que el gobierno estadounidense haya decidido dejar de lado toda legalidad interna e internacional en el procedimiento; que no haya intentado detener al terrorista para que sea juzgado; que no le haya preocupado violar la soberanía de un país amigo; y que se haya deshecho del cadáver del multimillonario saudita arrojándolo al mar.

Algunas frases del discurso de Obama, así como la decisión del presidente de no aportar fotos, videos ni ninguna prueba más que su palabra, alimentaron estas posiciones disidentes con el político demócrata, que ha optado por mostrar la faceta más realista y dura de su poder.

Además de los aspectos jurídicos, las críticas apuntan a que la quita de legitimidad interna de la decisión de asesinar a Ben Laden puede terminar provocando el efecto inverso al buscado: menos seguridad mundial, al otorgarle nuevos y renovados argumentos de tensión a la red fundamentalista islámica de Al Qaeda.

Inclusive quienes habían salido a felicitar a Washington en los primeros momentos tras el mensaje, hubieron de rectificar en parte su postura: el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmó que no apoyaba “ninguna muerte discrecional”, y el vocero de la canciller alemana Ángela Merkel pasó toda la semana relativizando la afirmación de la mandataria, en el sentido de que el ajusticiamiento sumario de Ben Laden la “alegraba”.

Frente a esta espiral crítica, Barack Obama ha decidido redoblar la ofensiva, y aprovechar el éxito militar de los comandos para mostrar que su decisión fue acertada al prevenir nuevos atentados, neutralizar un peligro con el menor costo, e inclusive revisar la alianza de defensa con Pakistán, un país permanentemente acusado de jugar a dos bandas (públicamente con los norteamericanos, pero por debajo con el radicalismo islamista afgano).

En esta línea, Obama visitó y celebró un emotivo acto en el Ground Zero neoyorquino, acudió personalmente a felicitar a los militares involucrados en la operación en Abbottabad, y pidió públicamente que el gobierno paquistaní de Asif Ali Zardari investigue las “redes de apoyo” al terrorismo fundamentalista que operan en el país, sin descartar que las mismas tengan inclusive conexiones militares y políticas con el propio gobierno de Islamabad.

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Al Qaeda se vengará

ISLAMABAD, KANDAHAR.- A falta de pruebas aportadas por el gobierno norteamericano, la ratificación de la muerte de Osama ben Laden vino de la propia organización terrorista.

Al Qaeda confirmó que era, efectivamente, su líder, y prometió de inmediato vengar su muerte.

Los talibanes afganos, muy cercanos al pensamiento y al ideario yihadista de Ben Laden, aumentaron su ofensiva militar en Afganistán.

Por segundo día consecutivo se enfrentaban ayer a las tropas regulares –apoyadas por militares de la OTAN- en Kandahar, lanzando ataques con lanzagranadas y combatientes suicidas en la región sur de Afganistán.

En Pakistán, la difícil situación en la que ha quedado el gobierno del presidente Asif Ali Zardari, con sospechas de haber permitido la residencia de Ben Laden en su suelo, se complicó ayer con el pedido de renuncia de todo el gobierno, formulada por los partidos de oposición, por haber tolerado la violación de la soberanía por los Marines norteamericanos.

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“Menos legitimidad, menos seguridad” Entrevista de Luis Zegarra para el diario Puntal (08 05 11)

“tras la muerte de bin laden, el mundo es más inseguro”

Entrevista a Nelson G. Specchia, por Luis Zegarra

(para el diario Puntal)

http://www.puntal.com.ar/v2/article.php?id=69753

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Al Qaeda, ¿más débil o más fuerte? (06 05 11)

Al Qaeda, ¿más débil o más fuerte?

Por Nelson Gustavo Specchia

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Transcurrida una semana desde el espectacular anuncio del presidente Barack Obama, en la medianoche del domingo, de que tras una larguísima década finalmente habían dado con el enemigo número uno de los Estados Unidos y lo habían ultimado, ya es claro a estas alturas que algo salió mal. El discurso del jefe de la Casa Blanca –corto, frontal, sereno y simple, pero de una contundencia operística- tenía, al menos, tres destinos: la sociedad civil estadounidense, los seguidores de su propio partido, y el auditorio mundial.

Respecto de la ciudadanía de a pie, el mensaje iba destinado a reencantar la vida política, tan debilitada y azarosa en los últimos tiempos, detrás de un logro patriótico y nacional: vencimos al gran enemigo, a aquel que osó atacar a Norteamérica por primera vez en su suelo, somos fuertes nuevamente, y nuestro país vuelve a ser un sitio seguro para vivir. Para este primer segmento estuvieron pensadas esas frases de que la captura de Osama ben Laden venía a demostrar que los Estados Unidos siguen siendo capaces de hacer lo que se propongan, y de que la muerte de Osama en una remota barriada de los alrededores de Islamabad era un acto de justicia reparadora para con los muertos en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El segundo colectivo de audiencia escogido por los redactores del mensaje eran los propios seguidores del presidente demócrata. A ellos venía a decirles: “lo hicimos nosotros, Bush no pudo encontrarlo y atraparlo durante dos períodos presidenciales, nosotros lo logramos.” Una de las facetas más problemáticas de la personalidad de Obama, al interior del Partido Demócrata, es su imagen de componedor y legalista, respetuoso de los sistemas de garantías, los cuidados procesales y los derechos humanos. Rasgos que contribuyeron en los considerandos del otorgamiento de ese premio Nobel de la paz, tan cuestionado en estas horas. Ese perfil de “blando” es el más atacado por los halcones de la política americana. Por ello, la ejecución de la operación y la decisión de tirar a matar, habrían tenido que devolverle una imagen de resolución y fortaleza frente a las adversidades. Inclusive algunos titulares de la prensa sostuvieron que el domingo a la noche Obama “se convirtió en comandante en jefe” del ejército norteamericano. Como si antes no lo hubiera sido de hecho, sino apenas de derecho. Para este auditorio estuvo pensada esa frase donde el presidente destacaba que había sido él, en persona, quien había dado la orden de ataque.

Y para el resto del mundo, el discurso quiso trasmitir un mensaje simple y fuerte: hemos ganado la guerra contra el terrorismo, y lo hemos hecho con el mínimo costo y sin una sola baja entre nuestros soldados. Y tras esta victoria, no sólo los Estados Unidos, sino el mundo todo, es un lugar más seguro.

El resultado inmediato que el mensaje del presidente norteamericano esperaba lograr era un cerrado y unánime apoyo, tanto interno como internacional. Sin embargo, a estas alturas, es claro que algo salió mal.

HIMNOS Y BRINDIS

Algunas centenas de personas se reunieron frente a la Casa Blanca, en Washington, y destaparon botellas de champagne, corearon consignas contra Al Qaeda, y cantaron reiteradamente el himno nacional. Otras docenas se reunieron también en el Ground Zero, el espacio neoyorquino que ocuparon en su día las Torres Gemelas que tumbó el atentado planificado por Osama en las cuevas de las montañas de Afganistán. Pero, en realidad, fueron muchas menos de las esperadas.

En la mañana del lunes, se conoció la felicitación expresada por el ex mandatario republicano George W. Bush, el presidente que declaró esa ubicua y sui generis guerra contra una entidad sin Estado. También llegaron otros mensajes de congratulación, como el del premier británico, y de algunos líderes cuya existencia y supervivencia política mucho depende de Washington. Aunque también aquí fueron muchos menos de los esperados.

En lugar de un cerrado apoyo, una serie de preguntas sobre la índole de la intervención militar, la brutalidad del ataque seguido de la muerte de Ben Laden, la violación de la soberanía paquistaní por un ejército de un país aliado, y la falta de pruebas materiales que apoyaran la versión de la Casa Blanca, fueron tomando forma, todavía en la manera de interrogantes. Las ediciones en Internet de los principales medios de prensa norteamericanos (dada la avanzada hora del anuncio, casi todos ya estaban impresos) fueron cambiando sutilmente con el transcurso de las horas, al igual que otros diarios del mundo. Y esos cuestionamientos, mientras se iban conociendo detalles, reflejaban un aumento del tono crítico. El jueves, después de tres días en que se difundieran las opiniones críticas de respetables líderes políticos mundiales, de juristas expertos del sistema de Naciones Unidas, y de analistas y columnistas internacionales, hasta la misma cadena televisiva CNN hablaba ya de un “asesinato a sangre fría”. Algo, efectivamente, había salido mal.

LOS CABOS SUELTOS

          Barack Obama tuvo la posibilidad de apresar a Osama ben Laden. El hecho de ultimarlo en la residencia amurallada de Abbottabad fue una decisión estratégica. Quizás si hubiese defendido su decisión con detalles y fundamentos, hubiera impedido que las versiones y las interpretaciones ocuparan el escenario, embarrando, desinformando y soltando cabos a cada paso.

Pero, en cambio, la información desde Washington intentó relativizar aquella toma de posición entre dos alternativas: detenerlo o matarlo. El presidente, como dijimos arriba, quiso adjudicarse la orden de disparar, pero ante las críticas se cambio la versión: la orden la dio la CIA, y sobre el terreno. Cuando hubo que explicar la muerte del terrorista, se afirmó que había presentado resistencia, pero luego se admitió que Osama estaba desarmado. Se reconoció que su paradero estaba ubicado desde hacía meses, y que la confirmación de su identidad era firme; los comandos de Seal Navy tuvieron inclusive la posibilidad de ensayar con suficiente anticipación la operación; y sin embargo no lograron capturarlo vivo. No hay manera posible de sostener esta versión.

A la mañana de un día se afirmaba que Osama había puesto a una esposa como escudo, a la tarde de ese mismo día se decía que la muerte de la mujer había ocurrido cuando se interpuso para salvarlo. Que el cadáver había sido rechazado por Afganistán, que había sido cuidado por los ritos musulmanes para los muertos, pero que para evitar un santuario de terroristas había sido lanzado al mar. En fin: que tampoco había cadáver para mostrar. Pero se mostrarían las fotos. No, no se mostrarían tampoco las fotos, eran demasiado horribles (el acto de la muerte del terrorista no lo era tanto, las fotos sí).

El equipamiento de cada comando Seal Navy incorpora una cámara de video, por lo que toda la operación fue filmada y grabada (y seguida por Obama, Biden, Hillary Clinton y el resto del equipo de seguridad de la Casa Blanca en tiempo real, mientras el jefe de la CIA, Leon Panetta, les iba explicando cada paso), pero tampoco se mostrarían al público esas grabaciones.

La identidad de Osama ben Laden se había hecho por reconocimiento facial del cadáver, y un ADN hecho a las apuradas sobre el avión. Tampoco estos análisis se harían públicos. Y eso era todo. Había que confiar en la palabra del presidente estadounidense, sin más pruebas. En Europa comenzó a circular la versión de que habían matado a un doble de Osama, y que el verdadero estaba vivito y coleando donde siempre había estado: en una cueva de las montañas afganas de Waziristán.

En conjunto, tantos cabos sueltos han terminado por quitar legitimidad a la operación militar norteamericana. En lugar de una intervención victoriosa y definitiva para terminar con Al Qaeda, parece encaminarse a ser lo contrario: la excusa ideal para reflotar una organización que estaba en decadencia, con un mártir como guía, y un enemigo contra el que estaría justificado atentar, sin respetar ninguna legalidad internacional, ya que él tampoco la respeta.

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La ONU exige “explicaciones” a Obama (06 05 11)

La ONU pide explicaciones por el ataque a Osama Ben Laden

Estados Unidos suma críticas por el fusilamiento sumario del jefe terrorista

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WASHINGTON, OSLO.- Después de una semana en que fueron acumulándose las posiciones críticas desde distintas latitudes, Naciones Unidas (ONU) cursó ayer una solicitud formal de explicaciones a la Casa Blanca, sobre la intervención que un cuerpo comando de la Armada estadounidense realizó el domingo pasado contra el líder de la red Al Qaeda.

El ataque de los marines del grupo de élite Seal Navy fue convirtiéndose en el centro de una controversia mundial durante la semana, a medida que se conocían detalles de la operación y quedaba en evidencia que la muerte del terrorista Osama ben Laden había sido premeditada y el objetivo final del ataque.

Además de abogados norteamericanos, que afirmaron que la acción ha sido contraria a las leyes internas de los Estados Unidos porque no pude encuadrarse en un “acto de guerra”, también expertos juristas de la organización multilateral sostuvieron que la violación del derecho internacional por parte del ejército norteamericano ha sido evidente.

Con estos fundamentos, la alta comisaria de Derechos Humanos de la ONU, Navy Pillay, pidió en la víspera que la Administración Obama gire a la organización “el reporte completo y preciso de los hechos”.

Pillay recordó que las Naciones Unidas han condenado las prácticas terroristas siempre y en todas las formas, pero al mismo tiempo sostuvo que “hay reglas elementales que deben ser respetadas también en la conducción de operaciones de antiterrorismo”, entre las cuales se cuenta la imposibilidad de ejercer torturas ni ejecuciones extrajudiciales.

La postura de la alta funcionaria hace alusión también a las declaraciones del jefe de la Central de Inteligencia (CIA) norteamericana, que admitió que para obtener datos del paradero de Ben Laden se había torturado a presos islamistas en la prisión de Guantánamo, mediante la aplicación del “submarino” (asfixia por inmersión).

En el mismo sentido, la organización no gubernamental humanitaria Amnistía Internacional (AI) se sumó ayer a las voces críticas, solicitando informaciones, especialmente sobre los civiles que habrían estado junto a Ben Laden en el momento del ataque.

La cancillería paquistaní –que también protestó formalmente ante Washington por la violación de su soberanía territorial- informó que una niña de 12 años, hija del líder terrorista, declaró que su padre fue detenido vivo y fusilado frente a su familia.

Las mismas fuentes gubernamentales confirmaron que entre los ocupantes de la residencia de Osama ben Laden nadie iba armado, por lo que el argumento de la resistencia desde la casa es difícil de sostener.

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Pakistán expulsa a los Marines

ISLAMABAD.- El gobierno paquistaní de Ali Zardari anunció ayer que había ordenado la salida del personal militar norteamericano del país, reduciendo el contingente de Marines a “niveles mínimos”.

La decisión gubernamental supone un duro revés para la estrategia de la Administración Obama en la región, dado que Pakistán ha sido un aliado tradicional de Estados Unidos y una base desde donde el Pentágono ha articulado la estrategia militar en la zona.

La supuesta existencia de elementos afines a Al Qaeda en el ejército y los servicios de inteligencia paquistaníes, llevaron a que Washington planificara la operación contra Osama ben Laden sin informarles, lo que supuso una violación de la soberanía de Islamabad.

El canciller del gobierno de Zardari, Salman Bashir, protestó formalmente ante Obama, y ayer decidió expulsar a los soldados norteamericanos. “No hay dudas de que cualquier repetición de un acto como este tendrá consecuencias desastrosas”, advirtió el canciller.

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La hija de Osama: Lo capturaron vivo (05 05 11)

La Casa Blanca acumula críticas por el asesinato de Ben Laden

Una hija del terrorista afirma que fue apresado vivo y ejecutado a sangre fía

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WASHINGTON, LONDRES.- Al tercer día del anuncio de la muerte del fundador de la red yihadita de Al Qaeda, poco quedaba ayer del tono de victoria y festejo con que la noticia fue presentada por Barack Obama.

Por el contrario, las críticas a la actuación de una unidad comando de los Marines norteamericanos, y la decisión de ultimar al líder terrorista en lugar de apresarlo, han crecido en las últimas horas, tanto por las respetables figuras que han salido a condenar el accionar arbitrario de la potencia hegemónica global, como de la índole de las argumentaciones, que pasó del plano político para alcanzar también los niveles jurídicos, lo que puede terminar afectando las relaciones bilaterales con Washington.

En Europa se tildó de “ejecución sumaria extrajudicial” la muerte de Osama ben Laden; además de la opinión del ex canciller alemán Helmut Schmidt, que viene sosteniendo que se trató de una “clara violación de la ley internacional” al desconocer la soberanía paquistaní, asesinar a Ben Laden, tomar su cuerpo y arrojarlo al mar.

A esta postura se sumó también el jurista australiano experto de la ONU, Geoffrey Robertson. A la posición del presidente norteamericano, que había sostenido que la acción militar constituía un hecho de “justicia reparadora”, Robertson afirmó: “Eso no es justicia. Es una perversión del término. La justicia significa llevar a alguien ante la corte, hallarlo culpable en base a evidencias y sentenciarlo”.

En el mismo sentido su colega, el reconocido jurista holandés Gert-Jan Knoops, sostuvo que no se trató de un acto de guerra, donde un enemigo puede ser eliminado, “este argumento no se sostiene”, añadió. Ben Laden “fue sometido a una ejecución sumaria, un asesinato a sangre fría”, concluyeron los expertos.

A las opiniones de los líderes políticos y de los juristas internacionales, comenzaron a sumarse también algunas voces de religiosos musulmanes.

El influyente imán hindú Syed Ahmed Bukhari dijo ayer que Ben Laden podría haber sido fácilmente apresado, pero que en lugar de eso, prefirieron asesinarlo. El religioso acusó al gobierno norteamericano de “promover la ley de la selva, ya sea en Afganistán, Irak, Pakistán o Libia”, y en una advertencia que sonó a reto sostuvo que la indignación de los musulmanes “ha cruzado el límite”.

Estas declaraciones se reavivaron luego de que una hija del líder de Al Qaeda, de 12 años de edad y detenida por la policía paquistaní tras el asalto del grupo comando norteamericano, relató a las autoridades que su padre fue capturado con vida por los Marines que asaltaron la casa, y luego fue ejecutado delante de su familia.

Posiblemente por ese mismo hecho, el presidente Obama, con rostro consternado, anunció ayer su decisión de no dar a conocer públicamente las fotografías y videos de la operación en los alrededores de Islamabad.

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Un asesinato a sangre fría (02 05 11)

EE.UU. mata a Bin Laden

Barack Obama anuncia al mundo el asesinato del líder de Al Qaeda en un tono victorioso, pero las críticas se mezclan con las celebraciones. Se consolida la supremacía militar de la potencia hegemónica. Temores por reacciones de los sectores fundamentalistas islámicos.    

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WASHINGTON.- En la medianoche del domingo, el presidente estadounidense Barack Obama anunció la muerte de Osama bin Laden, el multimillonario saudita creador de la red yihadista Al Qaeda y principal responsable de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

El comunicado, que se inició a las 0:35 horas del lunes y fue transmitido en directo por las televisiones de Occidente, se había anunciado con algunos minutos de anticipación, que sirvieron para que la opinión pública se pusiera en alerta, dado lo inusual de la metodología y de la hora elegida por el mandatario demócrata.

Las redes sociales, además, contribuyeron a concentrar una máxima audiencia mundial, las oficinas de tráfico de internet contabilizaron más de cuatro mil mensajes por segundo enviados por la red Twitter mientras duraba la alocución de Obama, y el debate, análisis y comentarios ocuparon las redes hasta muy entrada la madrugada.

En el mensaje, Barack Obama confirmó oficialmente el trascendido que había comenzado a correr en los minutos previos, aseverando que Osama bin Laden había sido asesinado de un balazo en la cabeza, disparado por un francotirador, en una acción militar planificada y ejecutada por las fuerzas militares estadounidenses en un suburbio de Islamabad.

El corto discurso, de frases muy cuidadas, apuntó a mostrar una victoria militar sobre el principal enemigo declarado de los Estados Unidos, el hombre que logró atacar por primera vez al gigante norteamericano en su suelo, y que esquivó durante una década entera la búsqueda y persecución de los servicios de inteligencia de la primera potencia del mundo.

Algunas de estas cuidadas oraciones del mensaje, sin embargo, han causado en los momentos siguientes reacciones dispares, tanto de los analistas políticos como de la opinión pública, especialmente en esa nueva modalidad horizontal de manifestación del humor social que posibilitan las redes por Internet.

Obama presentó la muerte de Bin Laden como una acción enmarcada en un conflicto bélico, pero los detalles no pueden ocultar que se trató de un asesinato a sangre fría, calculado (y hasta ensayado, con órdenes de “tirar a matar”) por un cuerpo de comandos Navy Seal de la Armada, violando la soberanía de un país aliado (Pakistán), y sin dar lugar a ningún tipo de juicio o tratamiento a prisioneros de guerra, como prevén los tratados internacionales.

El otro hito central del mensaje fue que la muerte del terrorista –que en el pasado también fue agente de inteligencia formado y financiado por los norteamericanos- constituye un acto de justicia reparadora para las víctimas de los ataques de septiembre de 2001. La lógica de la “Ley del Talión” (“ojo por ojo”) subyacente en estas palabras aparece como un posible aumento de riesgo para la seguridad interna norteamericana.

Obama, en cambio, insistió en que a partir de anoche “el mundo es más seguro”.

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¿Justicia o cálculo?

WASHINGTON.- Tras el discurso de Obama, cientos de manifestantes comenzaron a concentrarse frente a la Casa Blanca, y en el “Ground Zero”, donde estuvieron las Torres Gemelas en Nueva York.

Sin embargo, este clima de victoria, de brindis y de fervor patriótico (se entonaba en himno estadounidense con frecuencia), fue dando lugar con el transcurso de las horas y a medida que se conocían detalles de la operación, a otra sensación, más crítica y menos entusiasta.

El asesinato de Bin Laden de ninguna manera puede considerarse un acto de guerra, ni menos aún un acto de justicia, como lo presentó Obama en su mensaje.

Por el contrario, parece acercarse más a una medida dirigida a mostrar el poderío de la nación en un tiempo de debilidad y crisis; de efectividad de estrategias (en el mismo momento en que se difunden datos sobre el campo de concentración de Guantánamo); y del firme pulso del propio Barack Obama, cuando comienza la carrera por la reelección presidencial.

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Biden pasa, Al Qaeda saluda (12 01 11)

Los talibán muestran su fuerza al paso de Joe Biden por Oriente

La visita del vicepresidente estadounidense reactiva la violencia insurgente

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ISLAMABAD, KABUL.- La retirada completa del ejército norteamericano del territorio paquistaní sigue planteando serias dificultades, debido a la debilidad intrínseca del gobierno de alianza entre los diversos partidos de confesión chiíta, y la insurgencia rebelde, cuyos actos de violencia terrorista en la pelea por el escenario político parecen lejos de estar controlados.

En la víspera, y coincidiendo con la presencia en Pakistán del vicepresidente estadounidense, Joe Biden, un nuevo atentado suicida se cobró 18 víctimas mortales, hiriendo gravemente a otras 15 personas.

Biden se encuentra en Islamabad precisamente para dialogar con los líderes políticos que se han integrado a la transición propuesta por la Administración demócrata, a quienes ofreció aumentar la cooperación bilateral –en ayuda militar y en aportes económicos- para que los efectivos locales se hagan progresivamente cargo del control de los grupos rebeldes islámicos.

Significativamente, mientras en la capital Biden se reunía con el presidente paquistaní, Asif Ali Zardari; el primer ministro, Yusuf Raza Gilani, y el general en jefe del ejército, Ashfaq Pervez Kayani, la insurgencia sunnita volvía a mostrar su poder con un atentado en la ciudad de Bannu.

Los objetivos del atacante suicida fueron esos nuevos cuerpos de policía, en los que el ejército norteamericano planea depositar la defensa paquistaní tras la retirada, y que integran agentes locales entrenados por los militares estadounidenses que permanecen en territorio tras la primera fase de repliegue ordenada por el presidente Barack Obama el año pasado.

El terrorista hizo chocar el automóvil que conducía, cargado de explosivos, contra la comisaría de Bannu, en el noroeste del país.

El vicepresidente estadounidense llegó a Pakistán procedente del vecino Afganistán, en una gira considerada “estratégica” por la Casa Blanca para la recomposición de relaciones en la inestable zona de Oriente Medio.

Tras el paso de Biden por Kabul, ayer las tropas de la alianza occidental que ocupa el país sufrieron un duro golpe, con la muerte de 5 soldados en estallidos y ataques de los insurgentes talibán.

Junto a los efectivos militares, las autoridades reportaron la muerte de 4 civiles y más de 30 heridos en diversos atentados. El mando de la Alianza Atlántica (OTAN) en Afganistán confirmó que cuatro soldados murieron en el este afgano, tres de ellos por la explosión de una bomba y otro en un ataque rebelde.

Un quinto efectivo falleció por un estallido en el Sur, donde Estados Unidos desplegó el año pasado 30.000 soldados de refuerzo. Desde 2001, la OTAN mantiene unos 140.000 efectivos en suelo afgano.

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