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La vuelta de Shalit

La vuelta de Shalit

por Nelson Gustavo Specchia

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Entre la poblada agenda internacional que llenó esta semana, la noticia del intercambio de prisioneros entre el Estado de Israel y las milicias islamistas palestinas de Hamas consiguió un fugaz protagonismo, hasta que apenas unas horas más tarde la captura y muerte del ex dictador libio –con su carga morbosa de fotos y videos ensangrentados- y la claudicación final de las guerrillas separatistas vascas de ETA renunciando definitivamente a las armas, empujaran la novedad de la vuelta a casa del soldado Gilad Shalit, a cambio de la salida de las prisiones israelíes de más de 1.000 presos políticos, de las letras grandes de los titulares de prensa hacia las páginas interiores. Pero esa pieza de relojería diplomática articulada en Oriente Medio merece una mirada atenta, y un análisis un tanto más cauteloso que la pasada rápida sobre las portadas de los periódicos, en medio de la vorágine internacional. Por varias razones: porque Shalit era –lo sigue siendo- un símbolo gravitacional para ambas partes del más viejo contencioso político de Oriente próximo; porque aún no queda claro si se ha tratado de un episodio más, como otros tantos, en ese antiguo tira y afloje de presiones y concesiones entre enemigos obligados a la vecindad; o porque, en una lectura más optimista, puede estar mostrando un cambio en la disposición de las piezas para encauzar una salida al laberinto árabe-israelí.

CÁMARA DETENIDA

En esa estrecha lengua de tierra bañada por las últimas aguas orientales del Mediterráneo, nadie baja los brazos ni la mirada. Todo es tensión, permanentemente. Cuando el viajero llega a Tel Aviv, se encuentra con una ciudad occidental, casi europea, donde es difícil encontrar huellas del más profundo conflicto ideológico, comunitario, político, religioso y estratégico de la región. Sin embargo, apenas se deja la ciudad capital, la tensión comienza a palparse en las expresiones, en las actitudes, y en todos los rostros, se cubran la cabeza con el pañuelo de la “kafiya” o el gorrito de la “kipá”. El martes de esta semana se vivió, a uno y otro lado de esa frontera imaginaria y brutalmente real que separa a árabes de israelíes un día de fiesta, y este dato no es, para nada, una cuestión menor. Generar actos que descompriman la tensión permanente con que se afronta la cotidianidad puede ser una de las políticas públicas más inteligentes, en aras de la creación de condiciones anímicas de entendimiento.

Y fue una fiesta aprovechada por todo el gobierno conservador de Benjamín –Bibi- Netanyahu, la prensa israelí, los colonos, el Ejército –la institución básica de la supervivencia judía- y las familias de los soldados. En Israel el servicio militar es obligatorio para todo ciudadano, independientemente de su sexo o condición, y dura tres largos años (en el caso de las mujeres, dos); y para el Ejército es innegociable el principio de no dejar a un solo soldado atrás: lo necesita para garantizar ese largo servicio militar y la lealtad de los conscriptos, que saben que serán rescatados a cualquier precio. Inclusive las familias que tienen un solo hijo, deben firmar un documento que autoriza a la fuerza armada a trasladar a su vástago a zonas de combate. En ese entorno, el abrazo del soldado Gilad Shalit con su padre, Noam, fue la primera imagen de la atípica jornada. La cámara volvería a detenerse para retratar, del otro lado del muro, la llegada de los colectivos con los presos liberados (477 en esta primera etapa, a los que seguirán otros 550 en unas semanas) a tierra palestina.

Han sido tantos los años de luchas y de negociaciones, de progresos y retrocesos, que aquel clima de tirantez y sospecha al que me refería recién, también ha teñido todo proceso de diálogo entre ambas partes. Por eso nadie informó de que se estaban desarrollando tratativas para el canje, toda la negociación se mantuvo en una estricta reserva de secreto de Estado, y los buenos oficios desplegados por las diplomacias de Alemania y de Egipto –terceras partes involucradas en el intercambio- respetaron ese modus operandi. Por eso el anuncio fue sorpresivo, y contribuyó a la fiesta. Con las primeras luces del alba del martes 18 de octubre, desde algún lugar de Gaza salió un coche 4×4, rodeado de docenas de milicianos armados hasta los dientes y cubiertos de pasamontañas y pañuelos, que sólo dejaban al descubierto las pupilas negras. Ese contingente se acercó al paso fronterizo de Rafah, y del 4×4 salió un delgadísimo muchacho de 25 años, tras pasar una quinta parte de su vida como rehén de las guerrillas islamistas palestinas. Ojeroso y con aspecto de cansado, los mediadores egipcios sin embargo lo encontraron bien, sano y cuidado, y hasta lo expusieron a las cámaras de televisión para un primer reportaje, antes de que los servicios de inteligencia israelí, el Mossad, lo entrevistaran. Shalit dijo a las cámaras de la TV Nilo que lo habían tratado bien, y manifestó su confianza en que el canje de prisioneros (deseó inclusive que todos los presos palestinos fueran liberados) ayudara a alcanzar la paz. Después, el joven fue conducido por los mediadores egipcios al paso fronterizo de Kerem Shalom y entregado al Ejército israelí, quién se apresuró a volver a vestirlo con el uniforme marrón y a colgarle sus novísimas charreteras de sargento. Luego de la entrevista, ahora sí, con el Mossad, lo embarcaron en un helicóptero, y en la base militar de Tel Hof, cerca de Tel Aviv, lo recibió el primer ministro, y la cámara se detuvo con el esperado abrazo a su padre. Desde ahí todo fue fiesta, aunque discreta.

Sin ningún tipo de contención, en cambio, hacia el mediodía el parque central de Gaza rebosaba de gritos, música, las banderas verdes de Hamas, y unas 200.000 personas que habían llegado desde los rincones más remotos de la Franja, para recibir a los liberados, como auténticos héroes. Ismail Haniya, líder de los islamistas y gobernante de facto de Gaza, abrazó uno a uno a los liberados. Faltaban algunos: los que fueron conducidos a Cisjordania directamente, y aquellos a los que se obligó al exilio. Pero nada detuvo la fiesta, porque aquí era fiesta y era victoria.

Porque, si bien los líderes de Hamas –incluyendo al propio Haniya- sostuvieron que la alegría era la de todos los palestinos, objetivamente hay que acordar que la victoria de los islamistas conlleva el relativo fracaso de la vía negociadora impulsada por Al Fatah, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y, en última instancia, por el primer ministro Mahmmoud Abbas. Inclusive tiendo a pensar que la ocasión elegida por Netanyahu para acceder al canje tiene que ver con el gambito diplomático de Abbas, de presentar el pedido del reconocimiento del Estado Palestino a las Naciones Unidas. El canje de 1 por 1.000 puede venir a reforzar la apreciación, entre los árabes, de que la burocracia de la Autoridad Palestina, con sus planes de negociación que nunca llegan a ningún puerto y que ni siquiera logran detener la colonización judía en los territorios ocupados, en menos eficiente que las vías que propugna Hamas, aunque éstas impliquen violencia y rotundo desconocimiento a la potencia ocupante.

LOS DILEMAS DE BIBI

Netanyahu ha tomado esta decisión en un entorno crítico. Una parte de su gobierno (el canciller Avigdor Lieberman; la derecha del Likud; y los partidos religiosos ortodoxos) se negaba rotundamente a ningún acuerdo con el enemigo. Pero, como ex soldado, conoce la ley no escrita de que el Ejército no deja a nadie atrás, ni siquiera a los cadáveres; y que un golpe militar de comandos judíos en Gaza para rescatar a Gilad estaba fuera de las posibilidades actuales (Bibi tiene, por cierto, un hermano muerto en una operación de rescate en Entebbe, Uganda, en 1976).

Además, el abrumador respaldo de países del mundo a la solicitud palestina de reconocimiento por la ONU ha extremado la soledad de Israel. Bibi dice públicamente que está dispuesto a retomar las negociaciones con Mahmmoud Abbas, pero al mismo tiempo le quita legitimidad al sostener que no representa a todos los palestinos. En este sentido, el fortalecimiento de Hamas termina beneficiando indirectamente al gobierno de Tel Aviv, porque aumenta la debilidad de Al Fatah en la interna árabe.

Por otra parte, en los más de mil liberados, se sueltan presos políticos pero también terroristas, con varias condenas en firme por sangrientos atentados contra civiles, que podrían volver a las armas.

Finalmente, ha terminado accediendo al canje, porque la ausencia del soldado Gilad Shalit era un símbolo más gravoso para la conciencia colectiva israelí que la liberación de los prisioneros palestinos. Pero esa decisión puede convertirse en un aliento a nuevos secuestros de soldados: ya el martes se pedía, en Gaza, “queremos más Shalits”. A lo que Bibi respondía: “seguiremos luchando contra el terrorismo”.

En definitiva, una jornada de relajación de tensiones y de fiesta, pero nada que ver con la verdadera búsqueda de la paz.

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Celebraciones en Palestina

La primera fase de liberación de presos políticos árabes se cumple sin sobresaltos. En Israel se recibe al soldado Shalit con una sensación de derrota. Hamás capitaliza el éxito de la operación.  

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Después de mucho tiempo, reveses diplomáticos y ataques punitorios de la aviación israelí sobre la Franja de Gaza, ayer se instaló un clima de fiesta en la comunidad palestina en general, y en especial en el sector islamista.

La primera fase del intercambio de prisioneros entre los dos contendientes más antiguos de Oriente Medio se cumplió ayer sin inconvenientes, según la planificación acordada entre los mediadores y los buenos oficios de las cancillerías de Alemania y de Egipto.

De los más de mil presos políticos alojados en cárceles israelíes, el gobierno de Benjamín Netanyahu liberó ayer a 477, que fueron puestos a disposición de las autoridades fronterizas egipcias, algunos retornaron a Gaza –donde fueron recibidos por el líder de Hamas, Ismail Haniya- y otros deberán partir al exilio.

Por su parte, Hamas entregó al soldado Gilad Shalit, a quien retenía desde hace más de cinco años, a la Cruz Roja del lado egipcio de la frontera, quien lo condujo de vuelta a Israel.

En principio, y más allá de la complejísima negociación entre ambos equipos, la jornada de ayer se presentó como un día de relajamiento de tensiones políticas y de reencuentros familiares.

Pero las lecturas y las interpretaciones en los medios y en las calles rápidamente se sobreimprimieron con el mensaje oficial, y pudo observarse que la fiesta que se desarrollaba en las barriadas árabes no tenía mucho correlato en las ciudades hebreas, donde el desigual balance del intercambio –1 a cambio de 1.027- pronto comenzó a ser criticado como una claudicación del gobierno de coalición conservadora israelí frente a su enemigo tradicional.

Hamas, por su parte, además de no ocultar su triunfalismo, en ningún momento renegó del mantenimiento de la lucha “contra la potencia ocupante”, sino que reivindicó el secuestro de personal militar judío, en el futuro, como una vía válida de defensa.

Junto al helicóptero que traía al soldado liberado, el premier Netanyahu había ensayado un corto discurso exitista: “Les he devuelto a Gilad, dijo, hoy estamos todos unidos en la alegría”. Pero ante la declaración de los voceros islamistas, Netanyahu debió salir a prometer que seguirá “luchando contra el terrorismo”, apenas unos minutos después de haber recibido a Shalit en la base militar de Tel Nof, próxima a Tel Aviv.

Las manifestaciones verbales de ambas dirigencias dejan claro que el intercambio de prisioneros ha sido un acto más en medio de una guerra vieja, pero que la paz posible entre ambas partes sigue estando igual de lejos que antes.

Acuerdos internos

Las divisiones entre las facciones árabes también han obstaculizado la paz. Al Fatah –heredera de la OLP del mítico Yasser Arafat-, y los islamistas de Hamas llegaron en 2007 incluso a una guerra civil.

Los territorios palestinos se dividieron: Cisjordania para Fatah, bajo el mando de Mahmmoud Abbas, y Gaza con el gobierno de hecho de Hamas, liderados por Ismail Haniya. Ayer, la llegada de los presos liberados escenificó también el acercamiento entre las dos facciones.

En Ramallah, Abbas y el dirigente de Hamas, Hassan Yussef, recibieron juntos a los excarcelados. “Hoy es un gran día para la unidad nacional”, dijo Abbas. Yussef sostuvo que “la reconciliación completa” entre ambos “está próxima”.

Esa sí que sería una auténtica novedad.

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Ahora Netanyahu dice “bué, negociemos” (03 10 11)

Natanyahu apoya al “cuarteto” para frenar al Estado Palestino

La vuelta a la mesa de negociaciones fue rechazada por la OLP la semana pasada

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Ante la presión de la diplomacia estadounidense en las comisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), que se encuentran analizando la petición de ingreso de un Estado Palestino soberano a la organización multilateral, el gobierno israelí anunció ayer su apoyo formal a la iniciativa de volver a las negociaciones directas.

La postura de Washington fue el argumento utilizado por el presidente Obama para no apoyar el petitorio palestino ante la Asamblea General, aduciendo que una paz duradera sólo podrá asegurarse cuando ambas comunidades lleguen a un acuerdo.

Y este principio fue encomendado al “cuarteto”, el frente de buenos oficios integrado por EE.UU., Rusia, la Unión Europea, y la ONU, cuya titularidad ejerce el británico Tony Blair.

La presión estadounidense podría estancar “sine die” la tramitación iniciada por el comité de admisiones del Consejo de Seguridad.

Pero la Administración Nacional Palestina (ANP), que dirige Mahmmoud Abbas, y la principal fuerza política de los territorios ocupados, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), dejaron claro que no volverán a sentarse en una mesa de negociaciones mientras Israel no detenga la construcción de nuevos asentamientos para judíos en los territorios ocupados.

Precisamente, apenas unas horas después de que Abbas presentara su carta de solicitud de ingreso al secretario general de la ONU, Ban ki Moon, el gobierno israelí de Benjamín Netanyahu anunciaba un nuevo plan de expansión de la colonización sobre los territorios tomados tras la guerra de los Seis Días, de 1967, con 1.100 nuevas viviendas en el sector oriental de Jerusalén, la zona árabe que los palestinos reivindican como futura capital de su Estado.

Desde Tel Aviv, Netanyahu aprovechó el comunicado de la OLP negándose a negociar con las excavadoras israelíes demoliendo casas palestinas y levantando nuevos edificios en Jerusalén Este, para declarar que su gobierno sí está dispuesto a aceptar una nueva ronda de negociaciones con los buenos oficios del “cuarteto”.

Los analistas sostenían ayer que sólo se trataría de un paso táctico, de mostrar una intención de diálogo, pero sin una consecución real, ya que la propuesta del “cuarteto” establece comenzar a negociar con los límites fijados por las Naciones Unidas en el original pacto de partición en dos Estados, o sea, las fronteras anteriores a la ocupación de 1967, un punto rechazado de plano por los israelíes.

La cuestión islamista

Mahmmoud Abbas, a quién los sectores populares palestinos llaman Abu Mazen, tiene que lidiar con varios frentes, y por ello el masivo respaldo de países en la ONU le dieron una bocanada de oxígeno a su política pacifista y legitimista.

Además de las posturas infranqueables del gobierno conservador israelí y del respaldo que éste tiene de Washington, Abbas debe integrar a los palestinos islamistas de Hamas, la otra rama política, que gobierna de facto en la Franja de Gaza.

Hamás ha anunciado que saluda la creación del Estado Palestino, pero sigue empeñado en no reconocer la existencia de Israel, a quien sólo consideran “potencia ocupante”.

Ismael Haniya, el líder de Hamas, volvió a reiterar este sábado que “no vamos a rogar por un Estado”, en cambio agregó que “la lucha nos mantendremos preparados” para seguir oponiendo resistencia al ejército israelí.

Esa posición es utilizada por Tel Aviv para desacreditar a Abbas como negociador.

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La religión se mete en el conflicto sirio (18 08 11)

La represión en Siria asfixia a la oposición

El régimen da por “extinguida” la rebelión opositora tras la intervención militar

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A pesar de que el presidente sirio Bachar al Assad se ha negado a admitir una y otra vez que las tropas gubernamentales estuvieran combatiendo a la población civil de las ciudades del interior, su Ejecutivo comunicó ayer que la “operación militar” ha logrado desarticular los focos rebeldes de oposición, según ha publicado la prensa de Damasco, en su totalidad afín al clan de los Al Assad.

Esta misma semana, cuando arreciaban los bombardeos por tierra y por mar contra el puerto mediterráneo de Latakia, el jefe del gobierno le manifestó al embajador de Líbano que tal intervención no existía, y que el reclamo de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, del presidente norteamericano Barack Obama, e inclusive del rey Abdullah de Arabia Saudita, no tenían ningún asidero, ya que no había enfrentamientos y que los episodios que habían trascendido al extranjero consistían en el arresto de “bandoleros y salteadores de caminos.”

Con una dosis mayor de realismo, las fuerzas de seguridad consideraron “controlada” la situación en las dos principales áreas de conflicto, donde el estallido de protestas contra el régimen autocrático de los Al Assad comenzó a emerger hace cuatro meses: los alrededores de la ciudad de Deir el Zor, en la región oriental del país, y la ciudad-puerto de Latakia.

En los mismos comunicados difundidos por la prensa, los responsables militares de las operaciones atribuyen el estado de movilización a “grupos terroristas del fundamentalismo islámico”, que estarían intentando desestabilizar al régimen laico sirio. El freno a la islamización radical ha sido el principal argumento político del régimen para mantener un estado de libertades restringidas en el último medio siglo.

Pero según otras versiones que escapan a la generalizada censura gubernamental a la prensa, como la cadena de televisión árabe Al Jazeera, el ejército sigue disparando en los barrios de las periferias de Deir el Zor, y las organizaciones humanitarias aseguran que la campaña de represión se ha cobrado al menos 32 víctimas en la ciudad.

El bombardeo de los buques de guerra a Latakia, durante cuatro días, ha matado a 36 civiles y más de 5.000 personas tuvieron que huir del campo de refugiados palestinos del barrio de Al Raml; la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) condenó la represión en Latakia, calificándola de “crimen contra la humanidad”.

Una cuestión de fe

En un primer momento, cuando eran Obama, Hillary Clinton y la ONU los que protestaban contra la operación sangrienta de los Al Assad, la lectura política seguía el guión tradicional de la disputa entre los países centrales y el rebelde régimen del Baaz, teñido de anticapitalismo y de tercermundismo en sus orígenes (ya tan lejanos).

Pero luego, cuando los vecinos árabes –incluyendo Arabia Saudita- se sumaron a las reprimendas, hubo que cambiar el esquema de lecturas, porque se complejiza al entrar la cuestión religiosa.

Los sunnitas ya acusan abiertamente a Bachar al Assad de haber comenzado una “limpieza étnica” en Siria, en especial en Latakia, para imponer a la colectividad chiíta al mando. Y no a cualquiera entre éstos, sino a la secta alauíta, que sólo representa al 10 por ciento de los musulmanes sirios, pero es a la que pertenece el clan Al Assad.

Por eso la reacción del rey Abdullah (una especie de “protector” de los sunnitas del mundo), y también por eso la renovación de la alianza con el Irán de los ayatollahs, el único régimen donde los chiítas son mayoría.

Si no se contiene a tiempo, el enfrentamiento religioso podría contaminar con un nuevo conflicto a toda la región.

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N. G. S.

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Fisuras en la Liga Árabe frente a Israel (29 03 10)

SE QUIEBRA EL APOYO ÁRABE AL PROCESO DE PAZ EN MEDIO ORIRENTE

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Algunos miembros de la Liga Árabe vuelven a apoyar la resistencia armada

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Luego del fracaso de la reunión entre el presidente Barack Obama y el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, los miembros de la Liga Árabe dudaron el continuar apoyando las conversaciones indirectas de paz entre israelíes y palestinos, que habían respaldado sin fisuras a principios del mes de marzo.

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El apoyo de la Liga, indispensable para el desarrollo de un proceso con garantías en el largo plazo, había sido consensuado por la organización de naciones árabes en Beirut, en 2002, pero los últimos acontecimientos han resquebrajado ese apoyo, y algunos países de la organización vuelven a considerar que los palestinos deben oponerse por la fuerza a la ocupación.

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El inicio de las conversaciones indirectas se dio con el desplante al vicepresidente norteamericano Joseph Biden, que aterrizó en Israel para relanzar el proceso al mismo tiempo que el gobierno de Netanyahu anunciaba la construcción de 1.600 nuevas viviendas en Jerusalén oriental.

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A este incidente le siguió el intento de restablecer las relaciones, con la visita del jefe del ejecutivo israelí a la Casa Blanca, la semana pasada. Pero en Washington volvió a ratificar las decisiones en cuanto a la política de asentamientos y de ocupación de territorios en Cisjordania y Jerusalén Este.

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Además, respondiendo al lanzamiento de un misil artesanal desde la Franja de Gaza, que mató a un colono judío, el ejército israelí volvió a bombardear desde el aire y penetró con tanques en la angosta lengua de tierra palestina gobernada por el partido islamista Hamas.

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Los tanques se retiraron el sábado, tras la mayor acción militar desde la invasión israelí “Plomo Fundido”, que a principios de 2009 devastó Gaza. La represalia respondió a la estrategia política y militar de la concertación de partidos de derecha aglutinados en torno a Bibi Netanyahu, quien aseguró que Israel seguirá teniendo una respuesta “firme y decidida” a las “agresiones terroristas” de Hamas.

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En un nuevo episodio, dos soldados israelíes murieron el viernes, junto a dos milicianos palestinos, en un nuevo intercambio de fuego en la frontera sudeste de la Franja de Gaza.

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Según trascendió, Libia y Siria serían los primeros miembros de la Liga Árabe que estarían presionando para que los palestinos abandonen el proceso de paz, y vuelvan a asumir las tesis de la resistencia armada.

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Estas posturas no se impusieron en el plenario, y la organización volvió a declarar su respaldo a las conversaciones entre ambas partes con el arbitraje estadounidense, pero las fisuras entre sus miembros muestran un estado de frustración por el estancamiento del proceso, y ante las posturas ortodoxas e intransigentes del gobierno israelí.

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nelson.specchia@gmail.com

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Lula en el cambio de tercio (19 03 10)

LULA EN EL CAMBIO DE TERCIO

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por Nelson Gustavo Specchia

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Entre los elementos novedosos de la política latinoamericana en esta primera década del siglo XXI, se destaca un cambio sensible: las ciudadanías tienden a despedir con altos índices de aprobación popular a los líderes que cumplen su mandato. En la maraña de deficiencias que aún acumulan las democracias de la región, el hecho de que los ex gobernantes dejen su cargo con una buena imagen, constituye un elemento no menor en el avance de la calidad del sistema republicano. Parecen quedar en la historia de las transiciones las salidas apresuradas de ex mandatarios en helicóptero por los tejados de las casas de gobierno, las huidas a Miami o a Tokio, o la simple resignación –una vez jubilados- a la antipatía y a la malquerencia de sus pueblos, vegetando en el sopor de una siesta permanente.

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Ya fue perceptible este cambio de tendencia cuando Fernando Henrique Cardoso dejó la primera magistratura brasileña; antes sólo habían sido casos excepcionales (como el del colombiano Belisario Betancur, o el del uruguayo Julio María Sanguinetti), pero a Cardoso le siguieron otros signos de cambio de tendencia, como la culminación de la presidencia  exitosa del chileno Ricardo Lagos, las manifestaciones de apoyo tras un primer período presidencial con las reelecciones –dentro de la legalidad constitucional- de Evo Morales en Bolivia y de Rafael Correa en Ecuador. El médico Tabaré Vázquez dejó la jefatura del Poder Ejecutivo uruguayo con un alto índice de aprobación, y Michelle Bachelet tocó el techo de todo este conjunto al dejar la presidencia chilena. Una tendencia que inclusive puede advertirse en Argentina: esta semana, en un medio tan poco sospechoso de ser  condescendiente con el gobierno nacional, como es el diario La Nación, el periodista Fernando Laborda daba cuenta de cómo Cristina Fernández de Kirchner no deja de crecer paulatinamente en las encuestas que miden su imagen positiva, a medida que avanza el tiempo de su mandato. Y tal cambio de tendencia no se reduce a las administraciones de corte progresista, sino que alcanza también a la derecha: si la justicia no lo hubiera inhabilitado, el presidente colombiano Álvaro Uribe hubiera ganado con comodidad un tercer mando presidencial, y toda la campaña que acaba de empezar gira en torno a él, tan alta es la aceptación popular que tracciona su figura.

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En este marco, el período del brasileño Luiz Inacio da Silva, que transita ya las postrimerías, es ilustrativo. Lula se retira de la presidencia del coloso sudamericano con un índice de aprobación muy alto, y su decisión de no buscar argucias legales ni reformas constitucionales para perpetuarse en el poder tiene una doble lectura: es otro elemento de la consolidación del sistema a nivel regional; pero también es posible advertir en esa decisión las ambiciones del viejo gremialista a seguir jugando el juego del poder. Como los toreros en la plaza, cambiar de tercio para seguir la corrida.

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En este sentido deben analizarse las últimas –y arriesgadas y sorpresivas- acciones internacionales del líder carioca. Lula ha llenado su agenda exterior con hechos que van mucho más allá de las formalidades diplomáticas ordinarias: la organización en Brasilia de un foro permanente que reúne a los Estados árabes; las constantes visitas a los novísimos países de la periferia africana (fue una vez a Europa, en 2007, pero va visitando 16 países africanos en seis oportunidades); la invitación de honor al presidente francés para compartir el palco en el desfile del día de la independencia brasilera; el fomento a la creación de nuevas organizaciones regionales en América del Sur (la Unasur, con un consejo de seguridad propio, y la “OEA sin los yanquis” de la última cumbre de Cancún); el alojamiento de Manuel Zelaya en la embajada brasileña en Honduras; la recepción del presidente iraní en Brasilia en el momento de mayor tensión con Washington por el tema nuclear; la compra de tecnología militar atómica a Francia (evitando así la dependencia tecnológica norteamericana); la alianza con China para frenar las sanciones a Teherán en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; la visita a La Habana y la foto abrazado con los Castro, en un momento en que arrecian las críticas por los derechos humanos en la isla; la presencia empresarial de la alianza de las potencias emergentes BRIC (Brasil – Rusia – India – China); el asiento en el G-20; el mando de las tropas de la ONU en Haití; o las funciones de árbitro entre Venezuela y Colombia, o en las tensiones entre el Beni y el Altiplano en Bolivia.

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Más allá de las funciones propias del presidente de un país a escala continental, las prioridades de la agenda internacional de Lula han ido modelando una pista de despegue para proyectar su imagen a nivel global, en las arenas donde se cruzan los conflictos y las negociaciones que van dando forma al equilibrio del globo. En este camino, Lula dio esta semana un salto inesperado: ante la sorpresa de todos, llegó a Medio Oriente, expuso sin medias tintas sus criterios sobre una de las más álgidas crisis mundiales, criticó sin ambages los roles desempeñados hasta ahora por los grandes jugadores en las tierras palestinas (las Naciones Unidas, la Unión Europea, y los Estados Unidos), y se propuso a sí mismo como mediador para avanzar hacia la tan ansiada paz entre israelíes y palestinos. Un auténtico pase a las ligas mayores de la política.

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Ya la prensa brasileña venía dando señales sobre los rumbos que podría tomar Lula una vez pasado a retiro en el pico de su popularidad, tanto dentro del país como en el exterior. La revista brasileña Veja anunció a principios de marzo que Lula había sido sondeado para ser el próximo secretario general de la ONU, sucediendo al inocuo y decepcionante Ban ki Moon. Barack Obama, a pesar de que el brasileño ha puesto mucho empeño por despegarse todo lo posible de la Casa Blanca, dice que Lula es “el más popular del planeta”. Ya se sabe: O mais grande do mundo. Y está confirmado que Obama le cursó una invitación para dirigir el Banco Mundial, a la que Lula –al parecer- declinó argumentando que, con su pasado de militante gremial, no se veía dirigiendo a los banqueros del mundo. Tampoco quiere ir dando conferencias de cachet millonario, como Tony Blair, José María Aznar, o Bill Clinton.

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Pero parece que sí se ve a sí mismo como un árbitro, que puede aportar una mirada con sensibilidad social –pero también con un fuerte pragmatismo- a algunas cuestiones encalladas en el barro de la hipocresía y los juegos de poder. Eso dijo en la Knesset (el parlamento israelí) ante la mirada entre sorprendida e incrédula de los funcionarios del gobierno conservador de Benjamín Netanyahu. Afirmó que Israel debe terminar con los planes expansionistas sobre los territorios ocupados tras la guerra de 1967, y reconocer de una vez por todas los derechos a la autodeterminación de los palestinos, con la conformación de un Estado soberano, viable, seguro, y con las fronteras definidas en los tratados respaldados por la comunidad internacional. Volvió a decirlo frente a la tumba de Yasser Arafat, con una mantilla árabe sobre los hombros (la “kufiya” que el líder de la Organización para la Liberación de Palestina siempre llevaba). Dijo que a él no le haría ningún problema sentar a los islamistas de Hamas en la mesa del diálogo, y que la coexistencia de los dos Estados en la misma tierra es la única posibilidad de asegurar la paz para el propio Israel. Se cruzó a Jordania, a repetirle lo mismo al rey Abdallah, quien –participando del asombro general- lo recibió celebrando el nuevo rol de protagonista internacional de Luiz Inacio Lula da Silva.

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En un mundo que abandona aceleradamente los viejos paradigmas ideológicos, y que entierra a fuerza de crisis inéditas las teorías económicas que intentaban explicarlo todo, una figura que provoque confianza desde su propia biografía, y tenga el valor y el arrojo para crear nuevas interrelaciones entre los viejos actores, puede ser determinante en los escenarios internacionales. Lula lo ha intuido, y se prepara a cambiar de tercio, para seguir toreando.

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[ en HOY DÍA CÓRDOBA – suplemento Magazine – viernes 19 de marzo de 2010 ]

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Negocios brasileños en Oriente Medio (19 03 10)

BRASIL SE CONSOLIDA COMO SOCIO COMERCIAL DE MEDIO ORIENTE

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El presidente Lula afirma los intercambios comerciales con la región

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En una muestra más de la combinación entre la defensa de la paz y la estabilidad internacional con una visión pragmática del desarrollo de su país, el presidente de Brasil, Luiz Inazio da Silva, cumplió ayer su segundo día en Jordania con una agenda centrada en la intensificación de las relaciones comerciales.

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Una actividad similar ya había tenido lugar en Tel Aviv, cuando Lula comenzó su gira por Medio Oriente. En la capital israelí, el mandatario sudamericano realizó una encendida defensa del proceso de paz con el pueblo palestino, censurando los planes expansionistas ante el Parlamento, e insistiendo en que un “Estado palestino plenamente soberano, seguro y viable” será el verdadero reaseguro para la paz en la región. Lula terminó ofreciendo su mediación personal en el conflicto, postura que presentó también al rey Abdallah al arribar a la capital jordana.

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Junto a esta intensa actividad diplomática, la gira de Lula por Medio Oriente persigue el objetivo de consolidar a Brasil como el principal socio comercial sudamericano en la región. Junto al presidente, la comitiva está integrada por unos cincuenta grandes empresarios, que se han reunido en foros comerciales con más de 200 directivos de empresas israelíes en Jerusalén, y un número similar de inversionistas árabes en Ammán.

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El próximo 4 de abril entrará en vigencia el Tratado de Libre Comercio (TLC) firmado hace dos años entre Israel y el Mercosur. La balanza comercial entre Brasil e Israel se ha duplicado (alcanzó los 1.600 millones de dólares en 2008), y Lula tiene la expectativa de seguir atrayendo inversiones y productos israelíes, en especial de los rubros energía, infraestructura, y tecnologías avanzadas. El 80 por ciento de las exportaciones israelíes al Mercosur van a parar a Brasil, mientras que el 60 por ciento de las ventas desde el bloque comercial del Mercosur a Israel son brasileras, especialmente en materias primas y productos alimenticios.

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Ayer, en Jordania, en la etapa final de su viaje por Medio Oriente, el mandatario brasileño volvió a repetir el esquema, se reunió con Abdallah II para analizar “los impedimentos que traban una solución al conflicto palestino-israelí”, según informó la casa real jordana, y convocó a una ronda de conversaciones comerciales entre los empresarios que lo acompañan y los inversionistas árabes. La balanza comercial con Jordania también ha repuntado en los últimos años, pasando de 28 millones de dólares en 2002 a 318 millones en 2008.

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El canciller brasileño, Celso Amorin, viajó ayer a Siria, donde trasmitió al presidente Bachar al Assad la invitación de Lula para visitar Brasilia este año. Lula dijo que “si los países de Europa y Estados Unidos no están conversando con Siria, y Brasil tiene buena relación con Siria, Brasil hablará con Siria.” En la agenda del encuentro entre ambos mandatarios estará el conflicto árabe-israelí y, claro, también los intercambios comerciales entre la potencia sudamericana y el país clave de Medio Oriente.

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MISILES CASEROS DESDE GAZA

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Tras el anuncio de la construcción de 1.600 nuevas viviendas en Jerusalén Este, los islamistas de Hamas, que dominan la vida política en la Franja de Gaza, convocaron a reavivar un nuevo ciclo de protestas (“intifada”) contra la ocupación judía de los territorios palestinos.

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En este marco, ayer volvieron a aparecer los disparos de mortero desde Gaza hacia las granjas comunitarias de colonos judíos (“kibutz”) que rodean a la Franja, provocando la primera baja desde la guerra que devastó esta lengua de tierra semiautónoma a fines de 2008.

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La acción, que fue reivindicada por una desconocida facción islamista radical, Ansar al-Suna, coincidió con la visita a la zona de la representante europea, lady Catherine Ashton. Tanto la Unión Europea como la ONU condenaron inmediatamente el suceso, y llamaron a “encontrar caminos de paz”. Pero el viceprimer ministro israelí, Silvan Shalom, dijo que “la respuesta israelí será apropiada. Será fuerte.”

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Lula en Palestina (18 03 10)

LULA DESPLIEGA UNA MUY INTENSA ACTIVIDAD POLÍTICA EN PALESTINA

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El mandatario brasileño insiste en mediar en el proceso de paz

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El presidente de Brasil Luiz Inazio da Silva dio nuevas muestras ayer, al proseguir su gira por Medio Oriente, de que el discurso con que sorprendió a la opinión pública internacional al entrar de lleno en el conflicto entre israelíes y palestinos no se limitará sólo a las buenas intenciones y a las palabras.

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Con una “kufiya” sobre los hombros (el tradicional pañuelo con que los palestinos se cubren la cabeza), Lula visitó ayer la tumba del líder Yasser Arafat, fundador de la Autoridad Nacional Palestina, en la sede del gobierno provisional árabe en los territorios ocupados por Israel, la Muqata.

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El presidente de Brasil continuó aquí con las declaraciones sobre el papel que quiere cumplir entre ambos pueblos. Inclusive, Lula dijo que puede ser un paso adelante en el proceso de paz el actual distanciamiento diplomático entre los Estados Unidos y su principal aliado, a raíz del desplante de la semana pasada al vicepresidente Joe Biden, cuando el gobierno conservador de Bibi Netanyahu anunció la construcción de 1.600  viviendas en Jerusalén Este.

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Da Silva le dio una nueva interpretación a este escándalo, el peor momento vivido en las relaciones entre ambos Estados en los últimos 35 años, “estas divergencias tal vez sean algo mágico, lo que faltaba para llegar a un acuerdo”, propuso el brasileño. En otra muestra de su independencia de criterio frente a las alianzas y las posturas de las potencias mediadoras, Lula sostuvo que así como hay que seguir dialogando con Irán sin “arrinconarlo” con sanciones económicas, hay que recuperar el diálogo con la agrupación islamista Hamas, que gobierna en los territorios de la Franja de Gaza, y con quienes tanto los norteamericanos como les europeos se niegan a negociar, al considerar a la organización un movimiento terrorista.

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Lula dijo que hay que contar con Hamas, “Brasil siempre defendió la paz, y nunca estuvo tan implicado [como ahora] para lograrla”, remarcó. Antes de abandonar los territorios palestinos rumbo a Jordania, última escala de su gira, el mandatario brasileño volvió a condenar, como ya lo había hecho el día anterior ante el parlamento israelí -la Knesset- el cese de la colonización judía en Cisjordania.

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En Ammán, el rey Abdalá II lo recibió en la tarde de ayer celebrando el “creciente papel político y económico de Brasil en la escena internacional”, e inmediatamente ambos gobernantes se reunieron con una agenda centrada en la principal idea que Lula llevó a Medio Oriente, analizaron “los medios para eliminar los impedimentos que traban una solución al conflicto palestino-israelí”, informó la casa real jordana.

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Rechazo internacional a los nuevos asentamientos judíos (11 03 10)

RECHAZO MUNDIAL AL ANUNCIO DE NUEVOS ASENTAMIENTOS JUDÍOS

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Las nuevas construcciones en Palestina amenaza el proceso de paz

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Coincidiendo con la visita de buenos oficios a Israel del vicepresidente norteamericano Joseph Biden, el gobierno del conservador primer ministro Benjamín Netanyahu autorizó a que colonos judíos construyan viviendas en los territorios palestinos ocupados desde la guerra de 1967, y que constituyen el centro del litigio del principal conflicto de cercano Oriente.

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El segundo de Barack Obama acababa de salir de la reunión que mantenía con el presidente israelí, Shimón Peres, cuando el ministerio del Interior hizo público el anuncio de la construcción de 112 nuevas casas para colonos en Beitar Ilit, en Cisjordania, y de 1.600 en Jerusalén Este, el sector de la antiquísima ciudad santa que los palestinos reivindican como capital de su Estado.

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El anuncio fue inmediatamente censurado por el portavoz norteamericano Robert Gibbs, condenándolo “en la sustancia y en el momento”, ya que implicó un desaire diplomático al vicepresidente Biden, y un intento por hacer abortar el proceso de paz aun antes de iniciarse.

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La condena del vocero norteamericano posibilitó que Biden se reuniera ayer en Ramallah y en Belén con el jefe de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), Mahmmoud Abbas, que gobierna provisionalmente en Cisjordania (la otra zona palestina, la Franja de Gaza, se encuentra bajo dominio del partido islamista Hamas, internamente enfrentado a la OLP).

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A la condena del vocero de Obama se sumó, a las pocas horas, la del secretario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el coreano Ban Ki-moon. Ban volvió a recordar a Israel que la ampliación de asentamientos en los territorios ocupados viola la legalidad internacional y las resoluciones de la ONU.

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También la alta representante para la política exterior de la Unión Europea (UE), la británica Catherine Ashton, se sumó al rechazo occidental al manifestar que se “unía” al reclamo de los Estados Unidos. La señora Ashton está siendo fuertemente criticada al interior de Europa por la debilidad de las posiciones de la organización continental en la política mundial.

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En todo caso, mucho más taxativo resultó el rechazo de un sector del propio gobierno israelí. El ex primer ministro, y uno de los soldados más respetados de Israel, el ministro de Defensa Ehud Barack, expresó su “cólera por el anuncio superfluo, que perturba las negociaciones de paz con los palestinos, negociaciones del más alto interés para Israel.”

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El ministerio del Interior, ocupado por funcionarios del ultraortodoxo partido Shas en la coalición gubernamental, anunció que no se dará marcha atrás con el plan.

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