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Detrás de Rupert (22 07 11)

Detrás de Rupert

por Nelson Gustavo Specchia

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            En las últimas semanas Gran Bretaña se sacude con una de las mayores crisis desde la postguerra. El escándalo suscitado en torno a los periódicos del magnate Rupert Murdoch ha salpicado a periodistas, policías, funcionarios, diputados y miembros del gobierno. Hasta la intocable familia real inglesa se ha visto envuelta por el remolino. Lo que comenzó siendo un tema mediático saltó hacia la esfera política, y el ejecutivo conservador de David Cameron no encuentra la manera de despegarse, y –también él en el centro del remolino- corre incluso el riesgo de tener que dejar la jefatura del gobierno si no demuestra, en el transcurso de las próximas horas, que sus conexiones con los aspectos más negros del escándalo pueden haberse debido a errores, pero no a acciones deliberadas para favorecer a un holding empresario. Y los ingleses perciben que el pobre y atildado Cameron no tiene el trabajo fácil: en Londres, donde todo es objeto de apuestas, algunas casas de juego ya habilitaron la compulsa de cuánto falta para que caiga el gobierno conservador. El miércoles de esta semana, la célebre firma William Hill pagaba 16 a 1 las apuestas a que el primer ministro habrá renunciado antes del domingo a la noche.

Y la crisis, ya enteramente política, no se ha conformado con quedar adentro de los márgenes marítimos de las islas británicas, sino que ha saltado hacia los cuatro vientos, recalando en Europa y en Estados Unidos primero, en Australia y Rusia después, para terminar ocupando las portadas de la prensa de medio mundo, de manera sostenida, en las últimos dos semanas. El fenómeno de semejante mancha de aceite viajando a alta velocidad por el planeta obedece a dos factores: Las empresas y los intereses de News Corporation, la marca amasada por Murdoch durante sesenta años, toca una variedad de aristas en todo el mundo. Pero el segundo factor es aún más importante desde la política internacional: El interés levantado por el escándalo radica en una manera de hacer periodismo (que no es exclusiva de los tabloides londinenses), y a cómo esa manera de gestionar la función periodística termina relacionándose con el poder político, insertando a su propia gente en los gabinetes, forzando agendas de temas, e hasta influenciando en la designación de candidatos y de partidos. En otras palabras, la prensa sensacionalista llega a las grandes masas de audiencia, sin reparar en cómo lo hace o la legalidad o legitimidad de los medios empleados para ello, y luego, con la capacidad de influencia que esa multitudinaria plataforma de lectores le otorga, apunta a intervenir en el rumbo de la decisión política. En el fondo, un planteo sustantivamente antidemocrático, pero recubierto con la estela de la libertad de expresión y de la libertad de prensa. Esos son los fantasmas que caminan detrás de Rupert Murdoch, y cuando sus pasos espectrales salen a la luz y quedan en evidencia, retumban en todos lados, no sólo en los escalones que llevan a la puerta del número 10 en Downing Street.

Y una advertencia más: Cuando se habla de “prensa amarilla”, generalmente se arma la imagen mental de esos tabloides policiales truculentos, el chusmerío rosa de las revistas y los semanarios del corazón, los mensuarios con delirios místicos, las publicaciones ultramontanas, e inclusive esos misceláneos que mezclan sin demasiados pruritos de objetividad a los fenómenos paranormales, el Gauchito Gil, los extraterrestres, los curas sanadores y los platillos voladores del Uritorco. Pero el fenómeno no se limita a esta fauna variopinta. Por el contrario, los métodos de la prensa sensacionalista han terminado evidenciándose tan efectivos en sus fines políticos, que parte de la supuesta “prensa seria” no ha dudado en tomar algunos de esos elementos y hacerlos suyos. Así, el viejo oficio periodístico que entendía la profesión como un servicio a la sociedad, y que por eso tenía como regla no publicar una noticia hasta haberla contrastado suficientemente con fuentes directas, ha ido dejando lugar a titulares y a portadas que no ocultan –ni les interesa ocultar- su intencionalidad política. Antiguos periódicos de alta tirada, incluso alguno que anota en su insignia ser el gran diario nacional, no han dudado de echar mano de las herramientas sensacionalistas para intervenir en el juego político del Estado. Una participación, claro, para la cual ningún ciudadano de ese Estado los votó. De ahí la cuestión antidemocrática que arrastran.

WHO IS WHO Fox, MGM, Sun,

Murdoch ha sido llamado con los más originales apodos por la prensa del mundo, devolviéndole con la misma moneda con que sus diarios han pagado. Le llaman “el león de la Fox” (porque también es dueño de la productora cinematográfica 20th. Century Fox, la competidora de la MGM, al principio de cuyos filmes rugía ese descomunal león africano); el “zar de la prensa”; el “hacedor de gobiernos”. Más allá de la espectacularidad de esos apodos, todos encierran una parte de verdad. Keith Rupert Murdoch ha demostrado ser un auténtico león en la selva de los medios de comunicación, y casi desde la nada. Llegó a Londres, desde su Melbourne natal, con 20 años y un puñado de libras en el bolsillo. Después de un tiempo compró el periódico The Sun, lo pasó a formato tabloide, y adquirió asimismo el dominical News of the World. Con base en esos dos medios, y la paulatina introducción de contenido sensacionalista y fotos de mujeres desnudas, fue armando una arquitectura mediática que hoy en la más grande del mundo. El año pasado, el holding empresario fundado –y dirigido en persona- por Murdoch, a sus 80 años, facturó un total cercano a los 30.000 millones de dólares. Además de la 20th. Century Fox en cine y entretenimientos, el grupo es el dueño de la cadena televisiva Fox, prácticamente la vocera del Partido Republicano en los Estados Unidos. Murdoch llegó a norteamérica en los primeros años ’70, y se lanzó a una carrera de adquisiciones de grandes medios, entre los cuales sumó al diario New York Post; el periódico financiero The Wall Street Journal; y la casa editorial Harper Collins, también presente en Canadá, Nueva Zelandia, y la India. Además del original The Sun, en Inglaterra tuvo la cabecera más vendida durante décadas, News of the World, que debió cerrar la semana pasada por ser la piedra de toque del escándalo. También en las islas tiene un porcentaje del mayor canal televisivo, BSkyB, y a punto estuvo de quedarse como único dueño –David Cameron ya había aprobado la adquisición- pero el affaire lo ha hecho desistir de esa millonaria compra, de momento. Sky, una señal televisiva hermana, también está en Alemania e Italia; a China ha llegado con el canal Fox, la señal National Geographic Channel; y en su Australia natal mantiene la propiedad de más de 146 publicaciones.

Con este universo empresarial de directa y diaria incidencia en millones de lectores, Murdoch y sus gerentes locales han estado paulatinamente insertándose en las instancias de gobierno. En estos días, especialmente en la escenificación de arrepentimiento y vergüenza que protagonizó frente a la comisión investigadora de la Cámara de los Comunes en Londres, el anciano león dijo no haber estado al tanto de que la gente en la que él había confiado cometía ilícitos contra la vida privada, engañaba a sus lectores, coimeaba a funcionarios públicos y agentes del orden, y sobornaba –por miedo- a todos. Sin embargo, los testimonios de varios de esos mismos gerentes sostienen que siempre fue el viejo en persona quién marcó los rumbos editoriales, los contenidos, y las formas de hacerse con la información para ellos.

CHAU, PRENSA AMARILLA

El escándalo seguirá todavía por un tiempo, y tal como apuestan los jugadores londinenses, las implicancias políticas del caso están lejos de agotarse, tanto dentro como fuera de Gran Bretaña. Las acusaciones y las investigaciones sobre espionaje en los Estados Unidos ya han comenzado, y eso abrirá todo un nuevo capítulo, especialmente si se confirma que los periódicos del grupo espiaron a los familiares de los atentados del 11 de septiembre, el acontecimiento de mayor impacto social en la historia contemporánea norteamericana. No puedo calcular todavía los alcances de semejante patada al tablero, que ya se compara con Watergate, aquel caso que le costó la presidencia a Richard Nixon. Pero sí estoy seguro de que con el affaire Murdoch termina una manera de relación entre la gran prensa concentrada y el poder político. Rupert Murdoch ha sido, sin lugar a dudas, el hombre más poderoso de Inglaterra en las últimas tres décadas, más que los primeros ministros, quienes, en definitiva, le debían en parte a él haber llegado a ese cargo. Murdoch era el poder real, y nadie lo había votado para que estuviera allí. Sólo eran sus millones, y el miedo que despertaba –en los funcionarios, en las personalidades, en los intelectuales, en la policía y en los propios miembros del gobierno- caer bajo la despiadada e inescrupulosa zarpa de los titulares de sus periódicos.

Y quien reveló que el rey era apenas un pirata, y que además estaba desnudo, fue la prensa seria, la de verdad. The Guardian, el viejo diario que sigue confrontando las noticias con las fuentes y donde los periodistas siguen entendiendo que con su oficio cumplen una función social, puso en jaque al imperio construido sobre el miedo y la infamia.

Ni siquiera la sacrosanta libertad de prensa puede ser utilizada como una vía para burlar la voluntad popular y corromper las instituciones democráticas. Deberíamos tenerlo presente. También en la Argentina.

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[ publicado en la columna “Periscopio”, del suplemento Magazine del diario

Hoy Día Córdoba, viernes 22 de julio de 2011 ]

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Murdoch sigue en picada: arrestan a Rebekah Brooks (18 07 11)

Cae la prensa amarilla

Renuncia el jefe de la policía británica por los sobornos de los diarios sensacionalistas. Rupert Murdoch pide públicamente perdón, pero su imperio mediático se tambalea. Lo investigan también en Estados Unidos.    

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La señora de los titulares: En el casamiento de Rebekah Brooks estuvo toda la clase política británica, incluyendo a David Cameron y a Gordon Brown

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La crisis desatada por la corrupción a funcionarios por los medios amarillistas de Rupert Murdoch crece en Gran Bretaña, implicando cada vez más a policías y a miembros del gobierno.

En la tarde de ayer, sir Paul Stephenson, el comisario jefe de Scotland Yard, la policía metropolitana de Londres, una fuerza que goza de una tradición de corrección y legalidad, renunció al estar relacionado con las escuchas ilegales para el periódico dominical News of the World.

Desde hace varios años que los medios del grupo de Murdoch son señalados por la prensa seria, especialmente por el diario de centroizquierda The Guardian, de falsear fuentes y violar la ley para conseguir noticias exclusivas de alto impacto.

Muchas de esas denuncias fueron realizadas ante la policía, pero, de manera sospechosa, las denuncias fueron descartadas y no prosperaron.

Ahora, además de esa falta de celo policial, se supo que el comisario Stephenson, que hace unos días admitió que algunos oficiales habían recibido “pagos inapropiados” por parte de los medios de Murdoch, mantuvo, durante el período de las escuchas ilegales, como consultor de Scotland Yard a Neil Wallis, ex subdirector del periódico sensacionalista.

Wallis acaba de ser detenido, en una seguidilla de arrestos que están haciendo tambalear todo el imperio mediático reunido en News Corporation.

Entre los diez arrestos importantes con que la operación –denominada “Weeting”- está alterando la política británica, ayer también fue detenida Rebekah Brooks, delegada del grupo en Inglaterra y mano derecha de Murdoch.

De hecho, cuando la semana pasada el magnate aterrizó en Londres, afirmó que no llegaba para salvar la compra del canal BSB (a la que finalmente tuvo que renunciar) sino para “respaldarla a ella”. Sin embargo, también tuvo que soltarle la mano, porque a estas alturas el propio Murdoch comienza a estar en peligro.

En Estados Unidos, el FBI anunció la apertura de una investigación en el mismo sentido que los ingleses: sospechan que los medios del magnate espiaron nada menos que a las víctimas de los atentados de 11 de Septiembre de 2001.

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Cameron y “el amigo” Murdoch (15 07 11)

Los métodos ilegales de Murdoch salpican al gobierno de Cameron

El magnate de los medios de comunicación comparecerá ante el Parlamento británico   

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LONDRES.- El multimillonario australiano-estadounidense Rupert Murdoch, en tanto cabeza ejecutiva del grupo de industrias News Corp., junto a su hijo James, han aceptado finalmente testificar ante la comisión parlamentaria inglesa que investiga el escándalo sobre los métodos ilegales que durante años practicaron sus medios.

Murdoch, cuyos lazos con el poder son sólidos y de vieja data, tenía avanzadas las gestiones para hacerse con la totalidad de acciones del canal BSB, una de las señales televisiva con mayor cobertura, y un negocio millonario que había logrado el visto bueno del Ejecutivo conservador de David Cameron.

Muchos han recordado, en estos días, que el propio Cameron recibió el respaldo de los medios de Murdoch en su campaña hacia Downing Street.

Sin embargo, al destaparse el escándalo sobre escuchas, pinchaduras de teléfonos, hackeo de mails y sobornos a policías para obtener datos privados –principalmente de famosos y políticos, pero también de altos funcionarios y hasta de la realeza- obligó a dar marcha atrás con la adquisición del canal, y a cerrar el periódico dominical News of the World, el tabloide sensacionalista que estaba en el centro de las acusaciones de obtención irregular de noticias.

Pero fueron las declaraciones del ex primer ministro laborista, Gordon Brown, las que complicaron aún más la situación. Brown aseguró haber sido “espiado” en sus comunicaciones privadas y sus finanzas mientras ejercía la titularidad del gobierno británico, y que se habían utilizado elementos “criminales” para ventilar la enfermedad de su hijo pequeño, que padece fibrosis quística, como una noticia exclusiva del diario The Sun, también propiedad del grupo.

El gobierno de Cameron rectificó la habilitación para la operación mediática, y se sumó a los otros partidos para pedir la comparecencia del empresario en la sede parlamentaria.

Los Murdoch se negaron en un primer momento, amparándose en su recientemente adquirida nacionalidad estadounidense.

Por la renuencia, los legisladores pidieron un interrogatorio formal, y ante la posibilidad de que el escándalo derive en una causa judicial con requisitoria policial, tanto Rupert Murdoch, de 80 años, como su hijo admitieron ayer que el martes próximo acudirán a testificar a la comisión investigadora.

Aún así, es poco probable que el cambio de estrategia del magnate vaya a frenar el escándalo, que aporta nuevos elementos –y todos complicados- a cada día.

La policía ya va deteniendo a nueve sospechosos por varios ilícitos relacionados al espionaje para los medios. Además, Andy Coulson, uno de los detenidos, fue jefe de prensa del premier David Cameron, con lo cual las implicancias políticas del escándalo siguen abiertas.

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¿Quién le pone el cascabel a Murdoch? (12 07 11)

La política inglesa escandalizada por las escuchas de la prensa

El gobierno creará un nuevo órgano independiente para que regule los medios        

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Una inédita crisis política se ha desatado en Gran Bretaña por la revelación de los métodos ilegales de obtención de información de los medios del millonario Rupert Murdoch.

Lo que comenzó la semana pasada como un nuevo escándalo habitual en la prensa sensacionalista, ha terminado por impactar en el gobierno e inclusive en el Palacio de Westminster, donde hasta el príncipe Guillermo, sucesor del trono, y su esposa, Kate Middleton, fueron espiados.

El centro del escándalo gira en torno News of the World, uno de los medios de mayor tirada del imperio informativo de Murdoch, que factura, en conjunto, más de 23.000 millones de dólares por año. El grupo (que integran medios como Fox News, National Geographic Channel, The Wall Street Journal, The Times, The New York Post, y el gigante editorial Harper Collins, entre otros) estaba realizando gestiones para adquirir también el canal británico BSkyB.

La revelación de que el periódico The News of the World pinchó teléfonos y realizó escuchas ilegales violando la privacidad de unos 4.000 famosos, políticos, víctimas de atentados y delitos, así como familiares de soldados muertos en Afganistán e Irak, ha paralizado la operación de compra del nuevo canal por parte del magnate, y ha terminado salpicando al gobierno de David Cameron. Sus socios liberal-demócratas se unieron a la oposición laborista para exigir límites a la injerencia de la prensa y una investigación del espionaje.

Murdoch, desde su residencia en Estados Unidos, decidió cerrar el semanario para frenar la censura social, pero no renuncia a comprar el BSkyB.

Para frenar el golpe contra su Administración, el primer ministro ha anunciado la creación de un nuevo ente, formado por técnicos independientes, que se encargará de iniciar una investigación para conocer los reales alcances de los métodos de espionaje, y que luego permanecerá como organismo encargado de regular el funcionamiento de los medios de prensa y sus intenciones monopólicas. Una medida insólita en el contexto político británico, y más aun impulsada por un gobierno conservador.

El cerco político al multimillonario, en todo caso, deberá probar su eficacia, ya que Rupert Murdoch ha sido en las últimas décadas uno de los más influyentes decisores en la política inglesa, tanto por el poder de su imperio mediático para imponer opiniones, como por su afinidad personal con la primera plana del poder: apoyó a Margaret Thatcher; cortó la carrera del laborista Neil Kinnock; más tarde decidió apoyar a Tony Blair; y luego ayudó a encumbrar al actual premier Cameron.

Habrá que ver de qué manera el gobierno logra ponerle límites a semejante lobby.

 

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Ley de medios: en Brasilia como en Buenos Aires (10 11 10)

LULA PROPONE UNA NUEVA LEY DE MEDIOS EN LA FASE FINAL DE SU GOBIERNO

El proyecto se asemeja a la iniciativa argentina de reforma en trámite

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El presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, Lula, parece decidido a no dejar demasiados cabos sueltos en herencia a la próxima gestión gubernamental de Dilma Roussef, y anunció en la víspera la elaboración de una ley nueva sobre medios de comunicación.

La regulación de la participación de las empresas de telecomunicaciones ha sido uno de los grandes temas de la política nacional, que Lula ha venido sorteando con altibajos durante sus dos períodos al frente del Ejecutivo.

El ministro de Comunicación Social, Franklin Martins, anunció ayer que está elaborando un proyecto que deberá constituirse en el nuevo “marco regulatorio” de los medios de prensa, y que contemplará la presencia creciente de las empresas de telefonía en la difusión y producción de contenidos de televisión.

El tema del control sobre los aspectos monopólicos de los grandes medios de comunicación fue central en la última campaña presidencial, con fuertes debates sobre los equilibrios entre libertad de expresión e incidencia de los monopolios en los rumbos de la política.

En una línea muy cercana a la evolución del enfrentamiento entre el gobierno argentino y las grandes empresas de prensa, Martins aseguró que la Administración Lula está “en contra de la censura”, pero que esa libertad “no quiere decir que la prensa no pueda ser criticada.”

La embestida del gobierno busca poner equilibrar el actual escenario, donde media docena de grandes empresas, todas ellas de matiz conservadora, monopolizan la generación de contenidos noticiosos, la divulgación y la distribución de los diarios y revistas.

El propio Lula admitió, en su momento, que si hubiera sido por la prensa brasileña él “jamás hubiera llegado a ser presidente”. A pesar de que el lobby de la prensa se opuso radicalmente al Partido de los Trabajadores (PT) desde la primera elección de Lula, los diferentes intentos del gobierno por quebrar ese monopolio han tenido pocos frutos hasta el presente, salvo la derogación de la antigua ley de medios: en mayo de 2009 el Tribunal Supremo Federal decidió abolir la Ley de 1967, aprobada en tiempos de la dictadura.

El presidente ha abogado por elaborar un marco legal “más democrático”, con un nuevo sistema de distribución de licencias que garantice el “pluralismo” y evite una situación en la que “unos pocos grupos empresariales ejercen el control casi absoluto sobre la producción y divulgación de los contenidos informativos y culturales”.

Frente a estas iniciativas, los grandes diarios acusaron a Lula de “querer maniatar a los medios independientes y nacionalizar las comunicaciones”.

El ex presidente socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso secundó esta opinión y alertó contra las “tendencias autoritarias” en materia de medios que, en su opinión, “ganan fuerza en Sudamérica”. Desde Brasilia, sin embargo, el gobierno insiste en que para democratizar la prensa debe romperse un monopolio empresarial que ha tendido demasiados lazos con el poder desde los tiempos de la dictadura militar.

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