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Assad, herido y acorralado (18 11 11)

Assad, herido y acorralado

por Nelson Gustavo Specchia

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Uno de los lugares comunes de la literatura de caza mayor, sostiene que pocas cosas encarnan más peligro que una gran bestia herida, a la que se le han bloqueado las vías de escape. En ese momento, un tigre, por ejemplo, se convierte en una perfecta máquina asesina. Es muy difícil en estos días no apelar a ese símil al analizar el callejón sin salida en el que, en un retroceso y en un asilamiento creciente, el régimen sirio de Bachar al Assad se ha ido encerrando.

Y la violencia de la represión gubernamental ya acusa esos golpes a la desesperada. La Unión Europea ha inmovilizado los dineros del clan gobernante colocados en los bancos de sus países miembros, y ha incluido en listas negras a casi todos los personajes relevantes del régimen. Menos explícitamente, pero con el mismo resultado, los países árabes de la región han cerrado las puertas a una posible salida del grupo hacia un exilio dorado. A pesar de que siguen colocando trabas a nuevas sanciones globales o a iniciativas de fuerza con participación multilateral, ni Rusia ni China admitirían tampoco a las principales cabezas del clan de los Al Assad para brindarles guarida. Al callejón del aislamiento sólo le quedan dos débiles ventanucos: Irán y Líbano; pero sería muy difícil que los gobernantes sirios optaran por alguno de estos dos países para establecer una nueva residencia tras el abandono del poder, porque en ninguno de los dos tendrían garantías suficientes de un futuro sin persecuciones. En el vecino del Sur, los largos años de subsidios de Al Assad al Hezbollah le aseguran la fidelidad del partido-milicia, pero el resto del mosaico libanés los odia visceralmente; y su laicismo modernista tampoco cuaja demasiado con la teocracia de los chiítas iraníes. Por lo demás, tanto Mahmmoud Ahmadinejad como los líderes del Hezbollah quedaron atrapados en sus contradicciones respecto de las revoluciones de la “primavera árabe”: apoyaron todos los alzamientos contra las tiranías en el Magreb y en Oriente Medio, mientras éstos se dirigían contra regímenes afines a Occidente (Túnez, Egipto, Marruecos, Bahrein e inclusive Libia), pero decretaron el inmediato fin de su apoyo cuando la “primavera árabe” llegó a las costas del acorralado tigre sirio.

El extremo aislamiento de los Al Assad, y las heridas ya insalvables que los alzamientos populares y la resistencia de la oposición política siria les han asestado, sólo habilitan la consideración de dos escenarios de corto plazo: una negociación que les permite abandonar el poder con las garantías suficientes, o la guerra. Y mientras esta alternativa termina de tomar forma, las calles de Damasco se siguen cubriendo de sangre, cada día más brutalmente.

ENTRE DOS FUEGOS

Como en todos los procesos políticos con resolución violenta, la principal víctima es la población civil; tanto de Damasco, Deráa, Hama, Homs y otras ciudades, como de las áreas rurales consideradas por el régimen como “focos de oposición”. La metodología represiva ordenada por Bachar el Assad, sin prácticamente ningún atenuante ni discriminación, fue horadando inclusive la obediencia al interior de las fuerzas armadas, que desde hace semanas viven un continuo desgranamiento y huída de efectivos, que comenzó cuando los uniformados se negaron a disparar a sangre fría a campesinos que huían de la represión oficial cruzando la frontera con Turquía. Estos soldados y oficiales desertores han sido cooptados por el liderazgo de la oposición política clandestina, y junto con voluntarios civiles, se han organizado en el denominado Ejército Libre de Siria, al que se le calculan ya varios centenares de efectivos y que –como se vivió con los rebeldes de Bengazi en Libia- constituye el germen de la oposición armada al hasta ahora incuestionado monopolio estatal.

Pero esta situación vuelve a dar una nueva vuelta de tuerca sobre la seguridad de la población civil, que ahora no sólo sufre los embates de las fuerzas regulares, sino que se ve aprisionada entre dos fuegos, entre las fuerzas de seguridad oficiales y un ejército rebelde que en las últimas horas se ha armado de valor como para –inclusive- atacar a un cuartel del ejército sirio. La osadía de los rebeldes se acrecentó a partir de esta semana, cuando el lunes ultimaron en una emboscada a 34 militares gubernamentales en Deráa, el mismo día que entre los opositores se contaron más de cincuenta muertes por la represión oficial.

La Liga Árabe, una organización fundada por Siria –y que ha recibido una parte sustancial de su financiamiento de las prebendas de los Al Assad- decidió esta semana también despegarse de uno de sus miembro más conspicuos, y lo hizo alegando la fragilidad de la protección a los civiles y las mentiras de Bachar. El presidente se había comprometido el 2 de noviembre, frente a los embajadores de la Liga Árabe, a retirar las tropas de las ciudades y aflojar la represión. Sin embargo, desde principios de mes la violencia de las fuerzas del Estado no ha hecho sino aumentar, y se calculan más de tres centenares de muertes desde entonces; si así fuese, los muertos desde el inicio de la revuelta siria, hace nueve meses, ya serían cerca de 4.000. La Liga pide ahora que Damasco permita la entrada de una fuerza civil de 500 observadores, miembros de ONG’s de derechos humanos, para proteger a la población civil de los embates entre las fuerzas regulares y el Ejército Libre de Siria.

Pero es difícil que la organización regional, que –además- nunca se ha destacado por su eficiencia, obtenga la autorización del gobierno. La expulsión de Siria de su seno ha enfurecido a Bachar al Assad, que ha mandado a sus acólitos a asaltar las sedes diplomáticas de Marruecos, Qatar, y de los Emiratos Árabes Unidos, y no deberían descartarse otros ataques a las embajadas de más países miembros de la Liga. El clan es consciente de que el apoyo de la Liga Árabe en las Naciones Unidas fue decisivo para la aprobación de la resolución multilateral que habilitó el cierre del espacio aéreo de Libia, y la entrada de la OTAN en apoyo a los rebeldes, que finalmente terminó inclinando la balanza de la guerra contra Muhammar el Khaddafi. Bachar y sus hermanos se deben estar preguntando cuánto tiempo falta para que la Liga Árabe haga lo mismo con ellos.

LA OPCIÓN TURCA

El asalto a las embajadas por parte de los partidarios del régimen, y el ataque al cuartel por parte de los insurgentes del Ejército Libre de Siria, ha llevado al canciller ruso, Seguei Lavrov, a calificar la situación interna como un escenario de “guerra civil”. Esta situación, sumada a las cada vez más sólidas posibilidades de una guerra con participación internacional, vuelve a colocar en el centro de atención la opción de una intervención de buenos oficios del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan.

Turquía ha puesto de manifiesto reiteradamente sus anhelos de liderazgo regional, y desde el estallido de la “primavera árabe” las gestiones del líder del partido islamista moderado AKP han aumentado en su dinamismo. Erdogan ha roto con la ortodoxia inflexible de Benjamín Netanyahu en Israel, después de tantos años de alianza estratégica entre ambos; ha prestado especial atención a la situación de la Franja de Gaza (los barcos solidarios con los palestinos, interceptado por las tropas judías de élite, navegaron con bandera turca); ha estado presente en Túnez, en Egipto, y aterrizó en Trípoli para celebrar la victoria sobre Khaddafi, al mismo tiempo que Nicolas Sarkozy y David Cameron. Ante la posibilidad de que el caos de los acorralados tigres de Al Assad termine siendo aprovechado por el iraní Ahmadinejad –o el rey Abdullah de Arabia Saudita, la otra potencia regional- Erdogan vuelve a mostrar su predisposición de intervenir protagónicamente en una salida negociada a la crisis siria.

Mientras el régimen de Damasco fue una apuesta segura, el gobierno turco no tuvo problemas de hacer negocios con los Al Assad. Luego, cuando comenzaron a estallar las protestas, Erdogan intentó convencer al clan de introducir reformas urgentes. Pero ante su inflexibilidad, esta semana el turco escenificó su ruptura: dijo que ya no podía confiar en Bachar, porque es un mentiroso que pasará a la historia como uno de esos líderes que se alimentan de sangre, y anunció que aplicará sanciones unilaterales, especialmente un embargo de armas y de petróleo.

Si Erdogan lo logra, puede terminar forzando el cambio de postura de Rusia y de China en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aumentando la presión diplomática internacional, y abriendo, al mismo tiempo, una ventana de oportunidad –desde el interior del Islam- para que el tigre herido de los Al Assad pueda escapar. Esa es una alternativa, quizá la última. La otra, es la guerra.

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[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 18 de noviembre de 2011]

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Los palestinos ya festejan la llegada de la “primavera árabe” (29 09 11)

Extreman cuidados para evitar enfrentamientos en la zona oriental de Jerusalén

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Después de un largo período de inactividad, signada por el desacuerdo entre las dos principales facciones palestinas (Al Fatah, que controla Cisjordania, y los islamistas de Hamas, que dominan de facto la Franja de Gaza), la comunidad árabe vive un nuevo tiempo de expectativas desde que las Naciones Unidas tuvieron que admitir a trámite el reconocimiento de un Estado soberano en sus territorios.

El comienzo de las sesiones del comité de encargado de nuevas admisiones, esta semana, avizoró sin embargo un trámite largo y engorroso, y con pocas esperanzas de una resolución positiva, dada la decisión de la Casa Blanca de oponerse a la vía del reconocimiento multilateral.

Sin embargo, con el anuncio del gobierno de Benjamín Netanyahu, también durante esta semana, de ampliar la construcción de 1.100 nuevas viviendas para judíos en los territorios ocupados en 1967 del sector oriental de Jerusalén, el camino de reapertura de negociaciones bilaterales al que apostaba la diplomacia estadounidense sufrió un duro revés.

Tanto el vocero del presidente Barack Obama, como la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, tuvieron que salir a censurar la decisión del gobierno de Tel Aviv. Rusia, China, la Unión Europea y otros numerosos países y organizaciones internacionales se sumaron a las críticas a Israel.

En la víspera, en una sesión especial, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que declara que el pueblo palestino tiene el “legítimo derecho de crear un Estado independiente”, en un documento aprobado por unanimidad por los miembros del cuerpo parlamentario continental.

En Ramallah, sede del gobierno provisorio de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), siguen los festejos por el protagonismo internacional recuperado. Los voceros del premier Mahmmoud Abbas evaluaron que la nueva coyuntura en los territorios participa de la denominada “primeva árabe”, el conjunto de modificaciones estructurales que sacude al Norte de África y a Medio Oriente desde principios de año.

Desde el ejecutivo de Abbas, inclusive, no se descarta que pueda forzarse a un cambio del voto norteamericano. Ya ocho países integrantes del cuerpo han decidido votar a favor del Estado Palestino, según informó el ministro de Exteriores Riyad al Malki, entre los que se cuentan Líbano, Rusia, China, India, Sudáfrica y Brasil.

Con nueve votos la petición sería aprobada, aunque con posterioridad los Estados Unidos podrían ejercer su poder de veto para frenarla.

Negociaciones problemáticas

La decisión del presidente Barack Obama de relanzar las negociaciones bilaterales entre israelíes y palestinos está siendo motorizada por el denominado “cuarteto”, integrado por la diplomacia norteamericana, rusa, de la Unión Europea, y de las Naciones Unidas, y cuya figura visible es el ex primer ministro laborista británico Tony Blair.

El “cuarteto” ha invitado a reabrir las rondas de diálogo, haciendo caso omiso al nuevo plan de construcción de viviendas para judíos en los territorios ocupados de Jerusalén.

Ayer, tras una reunión de su directiva en Ramallah, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) rechazó volver a ningún tipo de negociaciones mientras Israel siga construyendo en los asentamientos. Y se preguntó cómo la propuesta del “cuarteto” propone comenzar a negociar sobre los límites de 1967, mientras el Estado de Israel sigue construyendo activamente traspasando esos límites.

Así, las nuevas negociaciones aparecen como una vía muerta aún antes de haber logrado comenzar.

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Bibi, el constructor (27 09 11)

La derecha israelí lanza la primera represalia a Abbas

Se aprueba la construcción de 1.100 viviendas en territorio de Jerusalén Este

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JERUSALÉN.- En una decisión que ha sido interpretada como la primera represalia lanzada por el gobierno conservador israelí por la osada maniobra de Mahmmoud Abbas, al iniciar ante las Naciones Unidas (ONU) el proceso de reconocimiento internacional al Estado Palestino, ayer la Administración de Bibi Natanyahu aprobó una nueva expansión colonial sobre territorios ocupados, en el sector oriental –árabe- de la ciudad vieja de Jerusalén.

El ministerio israelí de Planificación anunció la autorización de los planes de 1.100 nuevas viviendas para colonos judíos, en el barrio jerosolimitano de Gilo, una barriada ubicada en el sector oriental de la ciudad, considerada territorio ocupado, y la zona reivindicada por los palestinos como la capital de ese Estado cuyo reconocimiento comenzó a ser tratado el lunes en el Consejo de Seguridad.

Tanto el Departamento de Estado norteamericano, como la Unión Europea, deploraron la medida israelí que viene a echar por tierra las posibilidades de reapertura del proceso de paz, el argumento que esgrimió el presidente Barack Obama al anunciar que no apoyaría –e inclusive que utilizaría el poder de veto- el reconocimiento multilateral.

Por su parte, el líder de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmmoud Abbas, sigue cosechando adhesiones a su estrategia: ayer se conoció el significativo apoyo de Arabia Saudita –otro de los aliados de Washington en la región-, a la que se sumó también el Líbano.

Ante la decisión de seguir ampliando la construcción de viviendas en territorios ocupados, desde las oficinas de la ANP declararon que “evidencia el cinismo” del premier Benjamín Netanyahu, que sigue insistiendo en su “predisposición” para reabrir el diálogo, mientras su gobierno no hace sino tomar medidas ejecutivas para torpedearlo.

El lunes, Shimon Peres había declarado que Abbas era el mejor interlocutor posible que los judíos podían tener en este momento, y que confiaba en los buenos oficios del “cuarteto” (ONU, Unión Europea, EE.UU. y Rusia) para relanzar las negociaciones, con un horizonte de plan de paz realista para diciembre de 2012.

El avance sobre Jerusalén Este de ayer, sin embargo, convierte esas declaraciones en meras expresiones de deseos, y vuelve a poner de manifiesto que la única estratégica de la coalición de partidos de derecha que gobierna Israel es obstaculizar cualquier proceso de diálogo, e impedir por todos los medios la institucionalización política de la comunidad palestina, ya que ella convertiría a su ejército, de hecho, en potencia ocupante de un Estado, en  abierta violación al derecho internacional público.

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El ejército sirio sigue un camino de aniquilación

Tercer día de bombardeos al puerto de Latakia. Progresivo aislamiento mundial

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Fuera ya de toda cordura, y quedándose más solo cada día, el régimen autocrático comandado por el presidente Bachar al Assad sigue adelante con la estrategia de reprimir a sangre y fuego cualquier manifestación opositora.

A pesar de la condena de los organismos multilaterales, la carta de la presidencia temporal del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con acuerdo de Rusia y de China, las sanciones aplicadas por el gobierno norteamericano y por la Unión Europa, e inclusive las advertencias de gobiernos islámicos –como Arabia Saudita-, el régimen de los Al Assad persiste en enviar a los tanques y a la infantería a disparar contra la población civil, que se encuentra cautiva del gobierno en su propio país.

A los ejércitos de tierra, esta semana el presidente sirio sumó la Armada de Guerra, que bombardeaba ayer, por tercer día consecutivo, a la ciudad de Latakia, el principal puerto del país.

La ciudad, que además de ser la puerta marítima para las exportaciones e importaciones sirias es un importante enclave de la comunidad sunnita, ha experimentado un creciente malestar opositor al gobierno, a tono con el estado de ánimo que vive Siria desde que llegaran las expresiones aperturistas y democratizantes de la “primavera árabe”, especialmente desde el Norte de África.

El gran barrio sunnita de Latakia, Al Raml, alberga también un multitudinario campo de refugiados palestinos, y vivía anoche una tensa expectativa ante la posibilidad de una entrada militar represiva de las tropas gubernamentales.

La cabeza del clan familiar de los Al Assad y jefe del Ejecutivo sirio, en su postura de negar la realidad, dijo desconocer cualquier actividad anormal en el puerto de Latakia.

Pero videos enviados por telefonía celular y por las redes de internet mostraban una ciudad sitiada y bombardeada por mar; mientras que testimonios de pobladores narraban que los soldados habían ingresado al campo de refugiados y utilizaban escudos humanos para disparar sobre los manifestantes.

En una actitud que ya inclusive hace preguntarse por su equilibrio mental, el presidente recibió ayer al embajador del Líbano, Adnar Mansur, y le aseguró que el país “está en paz”, y que los “episodios aislados” de detener a los “bandidos y salteadores de caminos” era una obligación de las autoridades y de la policía.

Arabia Saudita, por el contrario, junto con los también Estados musulmanes de Bahreim y Kwait, retiraron a sus embajadores de Siria, sumándose a la presión internacional para que el régimen acabe con la matanza de civiles. El rey Abdullah envió una protesta formal a Damasco, exigiendo “que se detenga el derramamiento de sangre” y “acciones sabias antes de que sea demasiado tarde.”

Bachar al Assad, cuya familia pertenece a una facción minoritaria de la confesión chiíta del Islam, ha hecho caso omiso de la protesta de la primera potencia regional, como antes con la ONU y las sanciones de estadounidenses y europeos.

Junto a los buques que bombardean Latakia, los tanques se dirigían ayer a la región de Homs, en el centro del país, después de haber hostigado con fuego de artillería a la población de Deir al Zor, en el borde oriental. El Observatorio Sirio de Derechos Humanos lleva contabilizadas 1.800 víctimas mortales en los cinco meses de los alzamientos; los desaparecidos suman más de 3.000 personas.

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La primavera árabe, el otoño israelí (17 05 11)

Duelo y condena en Palestina por la represión en la “nakba”

La ONU condena la acción del ejército israelí por “desproporcionada y mortal”

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RAMALLAH; NUEVA YORK.- El baño de sangre desencadenado el último domingo por las tropas del Ejército judío, al provocar al menos 21 muertes al disparar contra los manifestantes palestinos que recordaban el 63 aniversario de la expulsión de la población árabe por la creación del Estado de Israel, ha levantado una serie de censuras a nivel mundial.

La primera condena surgió de la Autoridad Nacional Palestina. El jefe del Ejecutivo, Mahmmoud Abbas, decretó ayer tres días de duelo por los manifestantes muertos a tiros en las fronteras, y en los disturbios reprimidos con mano dura en Cisjordania y Gaza. “Su sangre no será derramada en vano, porque se derramó por la libertad y los derechos de nuestro pueblo”, señaló Abbas.

Junto a numerosas declaraciones diplomáticas en el mismo sentido, el secretario general de las Naciones Unidas (ONU), Ban ki Moon, condenó la medida militar y afirmó estar “preocupado” por la violencia con que se ha reprimido las movilizaciones. “Estoy estupefacto por el número de muertes y el uso de la desproporcionada y mortal fuerza ejercida por el ejército israelí contra los manifestantes desarmados”, expresó el diplomático norteamericano Michael Williams, coordinador especial de la ONU para el Líbano.

Desde Washington, sin embargo, se relativizó la mayoritaria condena internacional, al sostener que la Casa Blanca “lamentaba” la pérdida de vidas humanas pero al mismo tiempo subrayaba que Israel –el principal aliado estratégico de los Estados Unidos en todo Medio Oriente- tenía “el derecho a proteger sus fronteras”, y adjudicó a Siria el alentar las protestas para desviar la atención de su crisis interna.

La matanza se produjo al día siguiente en que el presidente estadounidense había manifestado su “total compromiso” con las movilizaciones populares en los países árabes, aunque nuevamente los palestinos serán una excepción en la política exterior norteamericana.

Al parecer, el ejército judío fue tomado por sorpresa en el borde norte. La alarma saltó cuando manifestantes palestinos, que coreaban consignas contra la expulsión de la población árabe tras la creación del Estado de Israel, que obligó a más de 750.000 palestinos a dejar sus hogares y salir hacia la diáspora (la “nakba”), ingresaron a los Altos del Golán. Esta porción de territorio pertenece a Siria, pero el Estado judío la ocupa de facto desde 1967. “No podíamos tolerar una invasión al Golán”, manifestó el domingo el vocero del Ejército, y se dio la orden de disparar.

Tras un nuevo fracaso de las conversaciones de paz y la renuncia del enviado especial del presidente Obama, George Mitchel, la Autoridad Palestina planea convocar una votación en la ONU para reconocer un Estado Palestino.

Las posibilidades de que la iniciativa prospere en la Asamblea General son altas, aunque el gobierno de Benjamín Natanyahu ya adelantó que apelará al Consejo de Seguridad –y al veto de los Estados Unidos dentro de él- para que la medida no se haga efectiva.

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Khaddafi amenaza, Al Khalifa reprime (17 03 11)

Khaddafi advierte sobre la injerencia

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TRÍPOLI.- En medio de la confusión informativa que rodea todo el escenario bélico en Libia, los trascendidos sobre la presencia de las tropas leales al líder Mohammar el Khaddafi en las inmediaciones de la ciudad de Bengasi, la capital de la insurgencia rebelde, parecen confirmarse.

El hijo del mandatario, Saif el-Islam, una figura que ha sido mencionada reiteradamente como su más probable sucesor, declaró en la víspera que la resistencia de los sublevados “no durará más de 48 horas”, según difundió el canal de televisión EuroNews.

En las mismas declaraciones, y apuntando a las gestiones urgentes que Gran Bretaña y Francia impulsan en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), el hijo de Khaddafi aseguró que las gestiones de las potencias occidentales, cualquiera sea la decisión a la que finalmente arriben, serán tardías, porque las Fuerzas Armadas regulares habrán recuperado el control de la capital rebelde.

Londres y París han respaldado una propuesta de resolución presentada por el embajador del Líbano ante la ONU, para crear una zona de exclusión aérea sobre el territorio libio, junto al establecimiento de corredores humanitarios y nuevas sanciones económicas. La medida, que cuenta con el apoyo de la Liga Árabe, era tratada anoche por el Consejo de Seguridad, a puertas cerradas.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, envió una nota a la sede del organismo, en Nueva York, en la que reclamó “enérgicamente” una toma de posición para terminar con la “tiranía” de Khaddafi. El mandatario libio, a su turno, volvió a arengar a sus partidarios en Trípoli, pidiendo que se alzaran en armas para enfrentar una posible intervención de Occidente.

El coronel ya había adelantado que consideraría la prohibición de vuelos de su aviación militar como una declaración formal de guerra, y ayer se dirigió directamente al presidente francés, el único que ha reconocido al Consejo Nacional opositor como su interlocutor: “Ahora Francia levanta la cabeza y dice que atacará Libia. ¡Nosotros seremos los que los atacaremos a ustedes, como en Argelia y como en Vietnam!”, afirmó desafiante.

 

El rey de Bahrein elige la represión

MANAMA.- La revuelta árabe que sacude el pequeño reino insular de Bahrein cambió sorpresivamente de dirección esta semana, cuando la dinastía sunnita de los Al Khalifa decidiera imponer el estado de sitio y enviar los tanques militares a desalojar por la fuerza la Plaza de la Perla, en el centro de la capital, Manama.

La violenta avanzada militar sobre los ocupantes de la plaza se saldó con, al menos, cinco personas muertas, y docenas de detenidos.

En Bahrein, donde la familia Al Khalifa gobierna autocráticamente desde el fin del protectorado británico, en 1971, la revuelta se había desarrollado hasta ahora por cauces medianamente controlados. Luego del estallido popular del pasado 17 de febrero, el príncipe heredero, Salman bin Hamad, fue encomendado por el rey Hamad bin Isa para dialogar con los movilizados, mayoritariamente pertenecientes a la confesión chiíta del Islam.

Los reclamos populares, dirigidos a una modificación constitucional que permitiera la elección democrática de un gobierno y un parlamento (hoy designados directamente por el monarca) parecían plausibles.

Pero la sospecha de que en la protesta podría estar actuando el gobierno iraní de Mahmmoud Ahmadinejad, el principal régimen chiíta de toda la región, provocó suspicacias, especialmente en la sunnita Arabia Saudí.

Un conglomerado de ejércitos árabes ingresó en el archipiélago bahrení y forzó la represión de los movilizados, que permanecían acampando en la Plaza de la Perla.

Ayer, centenares de policías antidistubios, apoyados por helicópteros, lanzaron gases lacrimógenos, mientras tanquetas militares pasaban por encima de las débiles barricadas de arena que se habían alzado en las entradas de la plaza. Las protestas espontáneas que se armaron para protestar por la represión gubernamental fueron sofocadas sin miramientos.

Desde Teherán, Ahmadinejad declaró que “el nivel de represión ejercido sobre la mayoría” chiíta bahrení ha sido “grave, injustificable e irreparable”. Las declaraciones del líder iraní abren un nuevo frente interno en Medio Oriente.

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El “renacimiento” árabe y el modelo turco (05 03 11)

El “renacimiento” árabe y el modelo turco

Por Nelson Gustavo Specchia

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Con los primeros días de este año 2.011 comenzó un proceso político que –a estas alturas ya parece claro- viene a transformar todo el mapa geopolítico mundial en una nueva dirección. La caída de la autocracia tunecina de Zine el Abidine ben Ali, el pequeño gran disparador de toda la revuelta, y la velocísima desestructura del régimen egipcio de Hosni Mubarak, sentaron las bases de una ola que, con una fuerza expansiva inaudita y un alcance largo, ha comenzado a mover todas las fichas del tablero árabe, esa larga línea de 8.000 kilómetros de costas, desde Marruecos hasta Omán, cruzando todo el norte de África y englobando el Oriente Medio asiático.

La insurrección de Libia contra Muhammar el Khaddafi, una revuelta que asciende en espiral en estos días, es el último coletazo de este sismo regional, que a cada paso demuestra su buena salud y su ímpetu: lejos de agotarse en Trípoli, es capaz de extenderse, con la velocidad y la profundidad manifestada en los primeros días de enero, hacia las sociedades vecinas, diferentes todas en su especificidad, pero también emparentadas todas por la lengua y la obediencia al Profeta.

Pienso que, con propiedad, podemos hablar ya de un “renacimiento” árabe, asemejándolo con aquel proceso vivido por Europa hacia fines del siglo XV, después de los mil años largos en que el viejo continente transitó la calma medieval tutelada por la iglesia católica y la cercanía entre verdad religiosa y normas políticas.

Las distancias a salvar entre ambos procesos son tan grandes que, claro está, mi afirmación sólo intenta ser referencial. Pero remarco que uno de los elementos que habilitaban hasta ahora el apoyo estratégico de los países occidentales (concretamente, de la Unión Europea y los Estados Unidos de Norteamérica) a regímenes fuertes en el mundo árabe, haciendo caso omiso de los déficit democráticos vergonzantes y de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos, era la argumentación que estos gobiernos pseudo dictatoriales eran la única garantía ante la posibilidad del avance del radicalismo islámico y el yihadismo. Con un tono menos enfático, también se admitía que los autócratas eran los mejores socios al momento de asegurar la provisión de petróleo.

Pero, sin embargo, en las plazas tunecinas como en los históricos 18 días de la plaza Tahrir de El Cairo, se coreaban consignas en pro de la libertad política, de la dignidad, de la participación y la democracia, de apertura y de transparencia. En definitiva, mutatis mutandis, de algo muy parecido a aquello que llevó a la modernidad renacentista en las ciudades europeas.

Y tanto en Túnez y Egipto ayer; como en la insurrección en Libia hoy; y quizá en Bahrein, Yemen, Marruecos, Algeria, Jordania, Líbano, Siria o Palestina mañana, la experiencia política que se mira con más atención es la de Turquía.

El fantasma de los ayatollahs

Acostumbrados al discurso de la contención del islamismo, dominante en la política internacional hacia la región durante el siglo XX, los primeros análisis sobre la revuelta en Túnez y Egipto miraron hacia Irán. La revolución de 1979 que derrocó a los Pahlevi también tuvo unos orígenes heterogéneos, donde los diferentes colectivos marchaban juntos, aunque los objetivos de unos tuvieran poco que ver con los de los otros. En esa efervescencia, los grupos laicos llegaron a tomar la conducción de Teherán. Pero entre las diferencias que separan el proceso persa del que hoy vive el mundo árabe, resalta que en aquel había una figura que concentraba el pulso revolucionario, el ayatollah Ruhollah Khomeini. Astuto y dueño de una fina inteligencia política, Khomeini se percató del espíritu laicista que predominaba en el alzamiento popular, y en lugar de ocupar él u otro clérigo el centro del proceso, promovió a un laico para encabezar el gobierno de transición. Pero sólo le permitió una corta estancia, a los siete meses el Comité Revolucionario, bajo su férula personal, establecía la República Islámica, teocrática y conservadora.

Hoy, no sólo que ninguna figura comparable a un Khomeini asoma entre los partidos islamistas que lentamente comienzan a asomar la cabeza a la superficie, luego de décadas de censura y proscripción. Sino que el énfasis no es teocrático, ni pasa por la defensa de la ley religiosa, la sharia, en la regulación de la vida social. El modelo es otro, el camino es el que siguieron los turcos.

La vía turca

Aunque sí es cierto que, en los tiempos de la descolonización, con los movimientos nacionalistas, socialistas y panarabistas campeando a sus anchas, el sentimiento religioso buscó sus propios causes. Los Hermanos Musulmanes, fundados por Hassan al Banna en Egipto, se convirtieron en un primer momento, junto al wahabismo saudí, en el útero desde el cual nacieron los movimientos yihadistas radicales. De hecho, el lugarteniente de Osama ben Laden, Aymman al Zawahiri, ideólogo de Al Qaeda, proviene del núcleo originario de los Hermanos Musulmanes egipcios.

Sin embargo, además de esta línea que optó por las reivindicaciones violentas, otra corriente, en vez de mirar hacia el wahabismo de Arabia Saudita, se siente mucho más cómoda con la Turquía actual. Allí, donde después de un proceso de desgarro con el califato imperial otomano (que, como en la edad media europea, acercaba peligrosamente la fe y la política) y de una secularización a rajatabla impuesta por Mustafá Kemal, Atatürk, hoy se está logrando un nuevo equilibrio. Una combinación original entre principios republicanos y democráticos, y práctica religiosa musulmana, de la mano del partido islamista moderado que conduce el premier Recep Tayyip Erdogan: la modernidad, las libertades políticas, y el respeto cultural a la especificidad religiosa musulmana, todo junto,

Además de la profundidad del cambio cultural que implicará en el futuro próximo el reordenamiento de todo el mapa geopolítico árabe, si llega a primar la vía turca en la salida de las revueltas de este nuevo “renacimiento” árabe, esa opción enviará un mensaje potentísimo: la democracia representativa, la libertad y la organización institucional republicana no es patrimonio exclusivo de las sociedades modernas, cristianas y secularizadas, de Occidente.

Y este mensaje general, para la Unión Europea tendrá también una posdata particular: no fue una buena idea poner tantos palos en la rueda del ingreso de Turquía a la organización continental. Ahora quizá ya ni quiera entrar, ocupada como estará en gestionar su ascendencia en la marcha de un proceso regional extensísimo y multitudinario, que podría llegar a abarcar una superficie de trece millones de kilómetros cuadrados (más grande que los Estados Unidos, que Europa, y aún que la gigante China), asentada sobre un mar de petróleo, y habitada por unos doscientos millones de almas. Así de importante.

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Trípoli se prepara para resistir una invasión desde el Este (23 02 11)

El gobierno de Khaddafi intenta recuperar las ciudades del Este

Un sector de las fuerzas armadas libias se habría sumado a la revuelta popular

El alzamiento popular que azota el cerrado régimen autocrático del coronel Muammar el Khaddafi en Libia parece avanzar hacia una insurrección cívico-militar, con epicentro en las ciudades del este del país.

Si bien toda comunicación periodística directa sigue negada, las filtraciones que los ciudadanos particulares alcanzan a enviar por medio de los teléfonos celulares, los mensajes de texto y los videos caseros, parecen indicar que a las columnas de manifestantes opositores que se habían concentrado en Bengasi, la segunda ciudad del país, se sumaron elementos militares, con los cuales la relación de fuerzas habría cambiado hacia el sector opositor.

Además de los coroneles huidos con sus aviones hasta Malta, el diario libio Quryna afirmó que varios pilotos se tiraron en paracaídas y dejaron estrellar sus aviones en el desierto, para no cumplir la orden de Khaddafi de bombardear Bengasi.

En medios de prensa europeos, inclusive, en la tarde de ayer se difundían videos que mostraban ciudades enteras “liberadas” del control gubernamental. En la plaza central de Tobruc, en la costa mediterránea del oriente libio, una multitud celebraba la victoria sobre los militares leales al gobierno, en un entorno de edificios incendiados y en medio de un clima revolucionario.

El alzamiento, inclusive, ha adoptado una nueva bandera: negra, roja y verde con la media luna y la estrella, la primera enseña de la Libia independiente, antes de que el coronel Khaddafi se apropiara, prácticamente de una manera personal, de todos los mecanismos del Estado.

En Trípoli, ante el supuesto quiebre en la lealtad de las fuerzas armadas, el gobierno convocaba ayer a milicias civiles fieles, y las desplegaba en las principales entradas a la ciudad. La estrategia parecía preparar a la capital para una eventual resistencia ante sectores de la revuelta que vengan desde la mitad oriental de Libia.

Los opositores, en cualquier caso, estarían en las cercanías de la ciudad, ya que anunciaron que en la víspera habían tomado Misrata, ubicada solamente a 200 kilómetros al este de Trípoli.

El paradero del líder libio se desconoce (se habría atrincherado en la base militar Bab al Asisiya), y los miembros de su familia que intentaron escapar hacia Malta y Líbano, no obtuvieron permiso de aterrizaje y debieron volver a Trípoli.

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Líbano: gana el Hezbollah (26 01 11)

Tensión en Líbano por el acceso de un gobierno cercano a Irán

La milicia chiíta de Hezbollah impone su candidato al frente del Ejecutivo

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La complejísima vida institucional libanesa vuelve a tensarse con el acceso de Najib Mikati a la conducción del gobierno.

La elección de Mikati debería cerrar la crisis de gobernabilidad abierta el pasado 12 de enero, cuando renunciaron todos los ministros del bloque opositor, que responden al partido-milicia chiíta Hezbollah, de fuertes nexos con el gobierno iraní de Mahmmoud Ahmadinejad.

La retirada opositora obedeció, según las declaraciones del máximo jefe de la milicia, el jeque Hassan Nasrallah, al rechazo al Tribunal Especial de Naciones Unidas que investiga la muerte de Rafik Hariri, padre del hasta ahora cabeza del Ejecutivo.

Nasrallah y el Hezbollah aducen que el ya ex primer ministro sunnita Saad Hariri ha armado el proceso judicial en connivencia con los servicios secretos israelíes y la anuencia del gobierno norteamericano, para culpar a los chiítas del asesinato en 2005 de su padre, Rafik, un sunnita amigo de Estados Unidos, que empujó a las tropas sirias a que abandonen el suelo libanés.

Ante la crisis de gabinete forzada por el retiro de los ministros de la oposición, el presidente del Líbano, el cristiano maronita Michel Suleiman nombró a Najib Mikati y le encargó que forme gobierno.

Mikati también es sunnita –como los Hariri- pero llega al poder con el apoyo del Hezbollah, lo que implica un éxito para la facción más dura de la sociedad política libanesa, que enfrenta con mayor fuerza la vecindad con Israel (a quien ha vencido en la última contienda bélica) y acerca más al inestable país de Oriente Medio a las políticas regionales de Teherán.

Najib Mikati, un millonario dueño de empresas de telecomunicaciones que afirma querer “mediar entre los enemistados bandos políticos libaneses”, apenas recibió el nombramiento de parte del presidente Suleiman afirmó que su mano “está tendida a todo el mundo”, en una clara referencia a los sunnitas, que habían comenzado ayer con marchas de repudio al nuevo gobierno en Beirut y en Trípoli.

La reacción del gobierno estadounidense fue cauta, pero refleja el aumento de tensión; la secretaria de Estado, Hillary Clinton, admitió que el cambio afectará a las relaciones con Líbano. El gobierno de Obama mantiene al Hezbollah en la lista de organizaciones calificadas como “terroristas”.

La inestabilidad libanesa viene a sumarse a un estado conflictivo a nivel regional, donde la revuelta tunecina no amaina, y el contagio de las protestas hacia Egipto ya se hace sentir con fuerza.

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Israel-Palestino: correr para estar en el mismo lugar (14 10 10)

EL PROCESO DE PAZ DE ORIENTE MEDIO ENCALLA EN EL MISMO LUGAR

Se estancan las negociaciones por pretensiones maximalistas de ambos bandos

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El largo proceso de paz que tuviera su primer capítulo en Oslo en 1993, ha vuelto a estancarse. Durante estos diecisiete años de negociaciones, el formal reconocimiento de Israel por parte de los palestinos, y detener la construcción de colonias judías en territorios árabes, ha motivado los reiterados frenos.

Por ello, precisamente, la secretaria de Estado norteamericana, al inaugurar la nueva ronda de conversaciones directas en Washington, afirmó que todos los temas cruciales del diferendo estarían sobre la mesa.

Sin embargo, la iniciativa del presidente Barack Obama y la presión de la Casa Blanca sobre el primer ministro Benjamín Netanyahu no han sido suficientes para que éste ordenara una prórroga a la moratoria sobre la construcción de casas judías en territorios usurpados a los palestinos, y la colonización volvió a arrancar con fuerza.

Varios de los partidos que integran la coalición del gobierno de derechas que preside Bibi Netanyahu son pro colonización, y el primer ministro se quedó sin el suficiente espacio político para imponer el freno.

Frente a ello, la representación palestina encabezada por el líder del partido Al Fatah, Mahmmoud Abbas –el colectivo político que gobierno en el sector árabe de Cisjordania, y asume la representación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP)- sometió su decisión de continuar las negociaciones directas a la Liga Árabe.

La semana pasada, la reunión de ministros de la organización regional que nuclea a los gobiernos musulmanes de Oriente Medio, respaldó una nueva suspensión del proceso hasta que Israel no detenga la colonización.

Abbas hizo pública ayer la posición palestina de congelar las negociaciones, y vinculó la posibilidad de retomarlas a que el gobierno de Obama presente un mapa, donde el futuro Estado Palestino se asiente sobre la totalidad de los territorios históricos (o sea, con las fronteras anteriores a la ocupación israelí de 1967), incluido el sector oriental de Jerusalén, que los árabes reconocen como la capital de su país aún sin concretar.

La ANP se muestran dispuestos a aceptar formalmente a Israel, pero antes quieren saber cuáles son las fronteras (y, por lo tanto, también los límites propios) de ambos países.

En este marco, ayer arribó al vecino Líbano el presidente iraní, Mahmmoud Ahmadinejad, cuyas pretensiones de liderazgo regional son ya evidentes.

En Beirut, el líder persa fue recibido por funcionarios oficiales y por una delegación del movimiento islamista chiíta Hezbollah, brazo armado de los palestinos en el exilio y uno de los principales enemigos de Israel, a quien venció en la guerra de 2006.

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