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Proclaman a Libia “liberada” (24 10 11)

Los insurgentes dan por terminada la revuelta y el régimen de Khaddafi. Las Naciones Unidas reclaman una investigación sobre la muerte del ex mandatario. Saif al Islam, el hijo del dictador, permanece prófugo. Dudas sobre la institucionalización del nuevo Estado.  

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A pesar de las atroces imágenes de fotografías y videos capturados con teléfonos celulares, que registran los últimos momentos de vida del ex mandatario libio Muhammar el Khaddafi, su desaparición física ha provocado la instalación de un auténtico clima festivo en la capital del país, y la declaración de la “liberación” por parte de los sublevados del Consejo Nacional de Transición (CNT), que dieron por definitivamente concluido el régimen político instalado por el coronel Khaddafi y vigente durante 42 años en el país norafricano.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) reclamó al gobierno provisional del CNT la apertura de una investigación para deslindar responsabilidades en la muerte del ex mandatario, ya que a partir de las imágenes suministradas por la cadena noticiosa qatarí Al Jazeera, se difundieron por el mundo entero los videos donde puede verse la captura de Muhammar el Khaddafi, luego de que un bombardeo de la Alianza Atlántica (OTAN) desarticulara el convoy militar con el que intentaba huir de Sirte, y fuera apresado por milicianos rebeldes.

En ellas el depuesto autócrata se ve confundido y tironeado por su captores, pero vivo y sin heridas. Pocos minutos después, otras imágenes muestran su cadáver, con agujeros de bala en la cabeza y en las piernas.

El primer ministro saliente del CNT, Mahmmoud Yibril, sostuvo ayer que tras la autopsia realizada al cuerpo del ex mandatario –que está depositado en un frigorífico comercial en Misrata- se constató el fallecimiento por un disparo a quemarropa en el cráneo, aunque aseguró desconocer la procedencia de la bala, y aventuró que “pudo haber sido disparada por sus propios simpatizantes” cuando era trasladado a un hospital.

Sin embargo, otros videos que circularon por Internet muestran al coronel agonizando, con la cabeza sangrante, arrastrado por milicianos rebeldes que le quitan la ropa y el calzado.

Uno de los hijos del ex mandatario, Mustassin, también fue apresado vivo, según puede verse en fotografías publicadas en la prensa internacional, y ejecutado posteriormente.

El otro hijo del coronel, Saif al Islam, que había sido escogido como heredero del régimen, puede estar herido pero sigue prófugo, escondido en algún lugar, desde donde llamó en la víspera a continuar resistiendo. “Váyanse al infierno, las ratas y la OTAN”, dijo en un mensaje de audio difundido por el canal Al Arabiya. Todos los demás miembros de la familia del ex mandatario han partido hacia el exilio.

El presidente norteamericano, Barack Obama, saludó la “proclama histórica de liberación”, e instó a una “transición política hacia elecciones libres y justas”.

Aunque las palabras de ministro saliente del CNT abrieron algunas dudas sobre el posible rumbo teocrático del nuevo Estado.

Yalil aseguró que el Islam será el pilar de Libia, “el derecho islámico será la base del orden legal, una ley que contradiga el derecho islámico será absolutamente nula”, ratificó.

El ocaso de los Khaddafa

El depuesto y ajusticiado ex mandatario libio, Muhammar el Khaddafi, siempre mantuvo a su familia implicada en el rumbo político del régimen que fundó y comandó durante más de 40 años.

En sentido amplio, la familia a la que pertenecía, los Khaddafa, era su respaldo en el sistema tribal beduino todavía preponderante en la región.

Y en su núcleo cercano, sus hijos compartieron el poder y también han compartido su suerte.

Algunos de los vástagos y nietos murieron en bombardeos, al inicio de la sublevación rebelde, y otros –como Mutassin- fueron acribillados junto con el ex mandatario.

Ahora, los Khaddafa han nombrado al primogénito, Saif al Islam, el último que permanece en Libia, como nuevo jefe de la tribu y sucesor de Muhammar, según informó ayer el sitio web del diario árabe Al Sharq al Awsat.

Por su parte, Interpol pidió al hijo de Khaddafi que se entregue, a fin de poder ser procesado por la Corte Penal Internacional de La Haya.

La OTAN se retira el 31

La reunión de embajadores de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), el conjunto de defensa de los ejércitos occidentales que ha sido clave en el derrocamiento del régimen libio, confirmó este fin de semana que la misión en el país norafricano concluirá el próximo 31 de octubre.

La cumbre de representantes de la Alianza, en la capital administrativa de la Unión Europea, evaluó el informe del mando militar y la situación de los civiles, tras la caída de Sirte y la muerte del ex dictador, y sostuvo que no existen más motivos para prolongar la operación “Protector Unificado”, que comenzó hace siete meses por mandato de la ONU.

El secretario de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, sostuvo al final de la cumbre que será “un cierre nítido de la operación, porque no tenemos intención de mantener fuerzas en la región”.

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La religión se mete en el conflicto sirio (18 08 11)

La represión en Siria asfixia a la oposición

El régimen da por “extinguida” la rebelión opositora tras la intervención militar

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A pesar de que el presidente sirio Bachar al Assad se ha negado a admitir una y otra vez que las tropas gubernamentales estuvieran combatiendo a la población civil de las ciudades del interior, su Ejecutivo comunicó ayer que la “operación militar” ha logrado desarticular los focos rebeldes de oposición, según ha publicado la prensa de Damasco, en su totalidad afín al clan de los Al Assad.

Esta misma semana, cuando arreciaban los bombardeos por tierra y por mar contra el puerto mediterráneo de Latakia, el jefe del gobierno le manifestó al embajador de Líbano que tal intervención no existía, y que el reclamo de las Naciones Unidas, de la Unión Europea, del presidente norteamericano Barack Obama, e inclusive del rey Abdullah de Arabia Saudita, no tenían ningún asidero, ya que no había enfrentamientos y que los episodios que habían trascendido al extranjero consistían en el arresto de “bandoleros y salteadores de caminos.”

Con una dosis mayor de realismo, las fuerzas de seguridad consideraron “controlada” la situación en las dos principales áreas de conflicto, donde el estallido de protestas contra el régimen autocrático de los Al Assad comenzó a emerger hace cuatro meses: los alrededores de la ciudad de Deir el Zor, en la región oriental del país, y la ciudad-puerto de Latakia.

En los mismos comunicados difundidos por la prensa, los responsables militares de las operaciones atribuyen el estado de movilización a “grupos terroristas del fundamentalismo islámico”, que estarían intentando desestabilizar al régimen laico sirio. El freno a la islamización radical ha sido el principal argumento político del régimen para mantener un estado de libertades restringidas en el último medio siglo.

Pero según otras versiones que escapan a la generalizada censura gubernamental a la prensa, como la cadena de televisión árabe Al Jazeera, el ejército sigue disparando en los barrios de las periferias de Deir el Zor, y las organizaciones humanitarias aseguran que la campaña de represión se ha cobrado al menos 32 víctimas en la ciudad.

El bombardeo de los buques de guerra a Latakia, durante cuatro días, ha matado a 36 civiles y más de 5.000 personas tuvieron que huir del campo de refugiados palestinos del barrio de Al Raml; la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) condenó la represión en Latakia, calificándola de “crimen contra la humanidad”.

Una cuestión de fe

En un primer momento, cuando eran Obama, Hillary Clinton y la ONU los que protestaban contra la operación sangrienta de los Al Assad, la lectura política seguía el guión tradicional de la disputa entre los países centrales y el rebelde régimen del Baaz, teñido de anticapitalismo y de tercermundismo en sus orígenes (ya tan lejanos).

Pero luego, cuando los vecinos árabes –incluyendo Arabia Saudita- se sumaron a las reprimendas, hubo que cambiar el esquema de lecturas, porque se complejiza al entrar la cuestión religiosa.

Los sunnitas ya acusan abiertamente a Bachar al Assad de haber comenzado una “limpieza étnica” en Siria, en especial en Latakia, para imponer a la colectividad chiíta al mando. Y no a cualquiera entre éstos, sino a la secta alauíta, que sólo representa al 10 por ciento de los musulmanes sirios, pero es a la que pertenece el clan Al Assad.

Por eso la reacción del rey Abdullah (una especie de “protector” de los sunnitas del mundo), y también por eso la renovación de la alianza con el Irán de los ayatollahs, el único régimen donde los chiítas son mayoría.

Si no se contiene a tiempo, el enfrentamiento religioso podría contaminar con un nuevo conflicto a toda la región.

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N. G. S.

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