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Cuestiones duras y respuestas audaces (14 08 09)

uno de bastos

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CUESTIONES DURAS Y RESPUESTAS AUDACES

Escenarios internacionales de una crisis global

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Nelson Gustavo Specchia

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Conferencia en el Colegio de Abogados de Córdoba

Viernes 14 de agosto de 2009

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Muy buenas tardes.

Es un placer para mí estar esta tarde aquí, en esta tan importante institución para la vida profesional, pero también para el auténtico crecimiento social y cultural. Como queda demostrado esta tarde, un fértil punto de encuentro también para colegas y amigos de otras latitudes. Mi agradecimiento a las autoridades, recientemente “reestrenadas” autoridades de este Magno Colegio por ofrecerme este espacio esta tarde, para conversar con ustedes sobre algunos de los factores más importantes que cruzan en nuestros álgidos y movedizos días la escena internacional, y ensayar, con una metodología ojalá dialogal, algunas claves interpretativas de esta realidad de cambio acelerado: claves para mejor entenderla y, por ello, mejor poder interactuar con ella. También la oportunidad de encontrarme personalmente con algunos colegas con quienes hemos, en otros momentos, mantenido fructíferos intercambios de colaboración, como el doctor Daniel Andrade, de quien hemos publicado un interesante ensayo (“La solución de diferencias en comercio internacional en el ámbito de la OMC y del Mercosur”), allá por el 2005, en la revista que dirijo, la Studia Politicae, en la Universidad. Y de una manera personal, un agradecimiento especial a la doctora Mabel Solano, que ha sido mi interlocutora en este tiempo de preparación de esta reunión, por su gentileza de trato y por su paciencia y perseverancia de ir siguiendo durante meses mi disponibilidad de agenda, a veces tan difícil de encontrar, para que pudiéramos coincidir esta noche. Muchas gracias por todo ello.

He titulado mi exposición “Cuestiones duras y respuestas audaces” porque me parece que esta relación entre cosas muy nuevas, inéditas en su gran mayoría, y por ende poco teorizadas en la ciencia política, en la sociología de las organizaciones, en la psicología social, y en la política internacional, son las que han motivado, empujado, traccionado la búsqueda de respuestas novedosas para enfrentarlas –también inéditas algunas de ellas- por parte del liderazgo político; pienso que esta relación entre dureza y audacia, digo, puede dar una idea, funcionar como metáfora de la manera de mirar, del approach, que nos exige hoy una realidad internacional in-segura, donde una parte importante de las columnas densas, de las verdades sólidas que daban garantías y previsibilidad a la acción internacional (la política, la diplomática, y –fundamentalmente- la económica) se han ablandado, gelatinizado, o directamente desaparecido. Decía yo hace pocos días en Lima, Perú, en un encuentro muy similar al de esta noche, que el título de aquel libro de Daniel Bell donde se intentaba dar cuenta filosóficamente de un tiempo nuevo, donde los parámetros más tradicionalmente confiables de la modernidad desaparecían uno tras otro, era un título muy “profético”, ya que podría definir ajustadamente la sensación de los analistas internacionales de nuestros días: All that is solid melts into air tituló Bell a su libro sobre la “postmodernidad”. Y esa es, precisamente, la sensación que uno tiene cuando encara el estudio, el análisis, de esta coyuntura internacional tan poco aprehensible, tan cambiante sin respetar patrones de cambio, y, por eso, tan poco previsible en su direccionalidad. Fente a ella, sólo caben respuestas audaces, fórmulas imaginativas e inéditas, como los hechos a los que se intenta responder, y tan valientes, en definitiva, como lo exige la urgencia de la hora.

Entonces yo marcaría, desde el primer momento de mi disertación, desde el propio título, que esa es, para mí, la característica principal del estudio de la realidad internacional hoy: interrogantes “duros” porque cuestionan lo que sabemos y las maneras en que obtenemos ese conocimiento sobre la situación global; y la estructuración, frente a estos interrogantes, de respuestas nuevas, imaginativas, fuera del “guión” y de la teorización de las relaciones internacional, en definitiva: audaces.

Un mundo “seguro”

Erick Hobsbawm, el historiador marxista inglés, autor de una de las obras más sólidas de la historiografía económica actual, tiene un libro exquisito, de esos que están siempre al alcance de la mano en la mesilla de noche: The Short Twentieth Century, (que en castellano ha aparecido como Historia del siglo XX). En este libro, Hobsbawm funda la idea de que el siglo XX, el siglo que todos nosotros hemos vivido, no empezó en realidad en 1901, ni terminó en el año 2000, sino que, en rigor de verdad, comenzó en 1914, con la patada al tablero del antiguo orden mundial, y terminó en 1989, con el derrocamiento de un muro. Ese siglo XX “corto”, y la imagen de ese muro levantado como una vena estriada frente a la Puerta de Brandemburgo, seccionando Berlín y todo el globo, era, en su brutal división y dicotomía, la imagen de un mundo equilibrado, de un mundo previsible, asentado sobre columnas sólidas e infranqueables como los bloques de cemento de ese mismo muro. Un mundo sobre el que pendía de una manera infame (porque aquí la evaluación moral es otro capítulo, no vaya a entenderse que estoy realizando un panegírico de la irracionalidad de la guerra fría), que pendía, digo, la espada de Damocles de la disuasión nuclear y de la “destrucción mutua asegurada”, pero que precisamente por ese equilibrio, esa lógica (perversa, pero lógica al fin) del aniquilamiento balanceado, la realidad internacional era previsible. Se podía teorizar en base a esa previsibilidad (ahí está toda la Escuela Realista de la política internacional para probarlo, desde Hans Morgenthau, pasando por Raymond Aron, y llegando hasta Henry Kissinger).

En definitiva, la paz internacional –en el nivel macro- se mantuvo. La lógica del conflicto fue “localizado”, sólo de focos puntuales, y en los márgenes, no en la línea de los países centrales, que hubiera afectado el equilibrio. La “Tercera Guerra Mundial”, a pesar de tener todas las posibilidades y las herramientas ideológicas, tácticas, y tecnológicas a mano, y más de un general entusiasta deseoso de comandarla, tanto a un lado como a otro del Muro, finalmente no estalló.

El nacimiento de la in-seguridad

Cuando termina el siglo XX “corto”, termina también esta previsibilidad en los relacionamientos mundiales. Y se perciben aquí algunos fenómenos que es importante reseñar, aunque más no sea al pasar, porque a mi criterio constituyen las claves que han ido jalonando el camino que nos ha traído hasta aquí, hasta esta gelatinosa, huidiza y cambiante cotidianidad. Seleccionemos tres de ellos.

A estos tres fenómenos podríamos denominarlos: 1) “la emergencia de las otredades”, 2) “el exitismo de los vencedores”, y 3) “el errático idealismo europeo”. Dos palabras sobre el primero: luego de haberles quitado las losas pesadas de la doble hegemonía, tanto en la órbita capitalista como en el antiguo “mundo comunista” comenzaron a emerger, con mayor o menor fuerza, diferentes sentimientos y realidades que habían permanecido subterráneas: nacionales, subnacionales, étnicas, regionales, lingüísticas, tribales, religiosas… que durante los años del equilibrio bipolar habían permanecido ocultas, soterradas, tributarias en definitiva del gran conflicto táctico y callado que enfrentaba a las metrópolis titulares de ambas mitades del mundo. Esta emergencia de realidades “nuevas” y “otras”, que aparecen con fuerza y clara intención de ocupar un lugar reivindicativo en el concierto internacional, va acompañada, en muchos casos, con dosis considerables de sentimientos negativos hacia quienes se considera responsables de sus años de sujeción, aislamiento, invisibilidad, sometimiento y vida subterránea.

Esta emergencia de realidades “otras”, se imbrica con el salto que da el proceso de estatalización del planeta. Los Estados, y los Estados-Nación, son los sujetos tradicionalmente más antiguos de la atención política, pero hasta mediados del siglo XX habían permanecido en un número relativamente estable, limitado, y bajo. El proceso de descolonización impulsado por las Naciones Unidas, junto al status de soberanía de nuevas unidades antes subsumidas en formaciones supraestatales (como la Unión Soviética), provocaron que la cantidad de Estados soberanos prácticamente se quintuplicara en un siglo: Cuando se reunió en Congreso de la Haya, en 1907, a la asamblea la integraron 42 Estados; en 1926, cuando se conformó la Sociedad de las Naciones, los Estados eran 56 (por primera vez hubo presencia de Estados africanos: 3 en total); en la segunda posguerra, en 1945, los Estados fundadores de las Naciones Unidas fueron menos aún, 51, pero 30 años después, cuando el proceso de descolonización está terminando, ya son 145. Y cuando Timor Oriental, en 2002, solicitó su ingreso a la ONU, le fue concedido el escaño número 192.

De 42 a 192 Estados en menos de cien años, ese es el salto estatalizador del siglo XX. Es claro que esta nueva composición numérica, aunada a la emergencia de realidades culturales históricamente sumergidas, perfila un mundo sustantivamente más complejo.

En cuanto al segundo fenómeno, que hemos denominado “exitismo de los vencedores”, hace referencia a la actitud del Departamento de Estado norteamericano tras la caída del Muro, que fue absorbida por un sentimiento exagerado de victoria y de celebración en Washington. Y este ánimo político fue modelando, con cierto grado de superficialidad en la asunción de la nueva realidad internacional, una mirada distendida y con niveles cada vez menores de inserción efectiva y de control sobre las variables intervinientes que, como dijimos arriba, seguían precisamente en ese momento la dirección contraria, y se complejizaban cada vez más. Hace algunos días, en un programa de radio y a propósito del establecimiento de una mesa permanente de relaciones al máximo nivel ejecutivo entre China y los Estados Unidos de América, recordé una anécdota de aquellos victoriosos y festivos inicios de los años ’90, cuando una parte de la intelectualidad norteamericana percibía a su país como incontestable potencia hegemónica, y los entusiastas del antiguo “mundo libre” anunciaban con bombos y platillos el nacimiento de un Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), y una nueva concentración no confrontativa de poder político, que venía a quedarse por muchos años. En ese ambiente exitista, recorriendo una librería Barnes & Noble de Manhattan, encontré un libro de divulgación política, y lo compré básicamente por la página con que su autor abría el volumen: “Este libro está dedicado a Ronald Wilson Reagan –escribía el politólogo-, 40º Presidente de los Estados Unidos de América, triunfador de la Guerra Fría y fundador del nuevo orden internacional”. Esa frase, creo, refleja un clima de época.

Y un tercer fenómeno que está en la base de la conformación de los actuales escenarios internacionales está dado, pienso, por cierta indefinición en la intencionalidad y en la direccionalidad del proceso de integración europeo. La Europa unida, después del largo período que insumió su institucionalización (digamos: desde la posguerra hasta la caída del Muro), estaba llamada a jugar un rol central en el realineamiento de las piezas de un mundo multipolar, donde el “poder blando” de su experiencia y de su proyecto de convivencia entre unidades no solo diferentes, sino que habían  sido tradicionalmente antagónicas y enemigas, era un producto de exportación que la realidad mundial que nacía de los escombros del Muro habría asimilado con mucho provecho.

Pero Europa no se termina de decidir sobre el modelo terminado, y sigue fluctuando entre el sólo mercado común –el viejo proyecto inglés- y la Europa política, federada o confederada, que fue alimentada principalmente por el pensamiento francés. Este transcurso un tanto errático se ha sumado a una seguidilla de ampliaciones extensa y veloz, más extensa y más veloz, quizás, de lo que la misma organización y las múltiples ciudadanías europeas estaban preparadas para aceptar. Esto ha llevado a que el “euroescepticismo” no deje de crecer en la Unión, y que la traslación del soft power asociado estrechamente a su modelo, pierda fuerza en el contexto global.

Teniendo presentes estos tres fenómenos (en realidad, en un análisis más exhaustivo, no podríamos limitarnos sólo a ellos: en una elaboración más compleja, que hemos desarrollado en la Cátedra Jean Monnet, que tengo a mi cargo en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, hemos construido una tabla de siete factores intervinientes globales, pero hoy y aquí, con las limitaciones que me impone una conversación de estas características, para marcar los bordes de los escenarios internacionales donde la crisis global termina manifestándose podemos limitarnos a utilizar estos tres); teniéndolos presentes, digo, podemos contextualizar, en un modelo analítico alimentado por ellas, la aparición en la escena internacional de los principales acontecimientos que antecedieron al descalabro que venimos soportando desde hace veinticuatro meses.

El camino hacia la crisis

1)      La administración norteamericana de George W. Bush implicó la vuelta de los neoconservadores al centro del poder norteamericano, que impulsaron la rebaja de controles a los movimientos de capitales como motor impulsor del crecimiento;

2)      la emergencia y revalorización de estratos culturales históricamente desplazados está en la base de los ataques del 11 de septiembre de 2001;

3)      los dos elementos anteriores impactan, a su vez, en la reubicación de nuevos objetivos estratégicos en la defensa norteamericana: la declaración de la “guerra al terrorismo”, la definición del “eje del mal”, el ataque y la nueva invasión a Irak;

4)      la percepción de aislamiento del Departamento de Estado desde la disolución soviética lleva al reflote de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), y su utilización como estrategia “aliada”  para intervenir en Afganistán;

5)      las vinculaciones estratégicas entre George W. Bush, José María Aznar, y Tony Blair, y aquella emergencia de las realidades “otras”, están asociadas a los atentados de los subterráneos de Londres y de Madrid, que llevan por primera vez el terrorismo de base fundamentalista islámica a territorio europeo;

6)      la indefinición y el vaivén en las posiciones de la Unión Europea queda en evidencia al no lograr una postura común de sus Estados miembros en la resolución de adhesión a la aventura bélica norteamericana, con lo que resquebraja su Política Exterior y de Seguridad Común (PESC);

7)      poco tiempo después, el voto negativo en los referéndum de Francia y de Holanda (dos países fundadores de la original Comunidad Europea) al proyecto de una Constitución para Europa, implica un retroceso determinante en la dimensión política de la integración;

8)      sin herramientas de gobierno continental, la Unión Europea no puede consensuar estrategias comunes frente una manifestación más de las emergencias de realidades “otras”: la inmigración, especialmente la africana subsahariana. Los dos bordes del Mediterráneo representan una de las diferencias de PBI per capita más altas del mundo, y frente a ella y a las “pateras” colmadas de africanos que no dejan de llegar a sus costas, la Unión Europea vuelve a ensayar acciones erráticas, más policiales que de política exterior;

9)      luego de un largo invierno lamiéndose las heridas de un proyecto fracasado, Rusia, con el liderazgo de Vladimir Putin, manifiesta su voluntad de volver a ocupar un lugar de primacía en el concierto internacional;

10)  China, manteniendo un modelo sui generis de control político y expansión económica, se instala como la tercera economía mundial, y la principal financiadora del déficit norteamericano;

11)  la emergencia de realidades “otras” también alcanza al territorio latinoamericano, con planteos de reformulaciones políticas de contenido étnico, al mismo tiempo que una parte del subcontinente gira políticamente hacia la izquierda, luego de un período extremadamente corto de afianzamiento institucional democrático;

12)  introduciendo una cuña cultural y un quiebre sociológico generacional en la política occidental, Barack Obama, afroamericano, accede a la Presidencia de los Estados Unidos.

No podríamos aquí detenernos en cada una de estas dimensiones que, en su interrelación, conforman los actuales escenarios de la política internacional. Permítaseme, al menos, comentar algunas notas centrales de este último punto que he incluido en el modelo analítico de la situación mundial.

El “factor Obama”

Cuando comenzó la última campaña presidencial norteamericana, me decía en México el colega Erick Lobo que Barack Obama tendría muy pocas chances de llegar a las primeras líneas de la competencia electoral, y no solamente por ser negro, sino también porque su nombre tiene connotaciones negativas para el imaginario colectivo norteamericano de nuestros días: “Barack” suena demasiado parecido a “Irak”, el gran lastre de la política internacional de la administración Bush. Y “Obama”, me explicaba Erick, se escucha casi igual que “Osama”: ese nombre que se ha convertido en el primer enemigo de los Estados Unidos, desde que consiguiera atacar su suelo por sorpresa, y burlar durante años los rastreos de sus servicios de inteligencia. Sin embargo, y a pesar del estigma político que pudieron implicar sus nombres (por lo demás, tan africanos), a pesar de su juventud (46 años), y a pesar de ser un negro aspirante a la Presidencia de un país definido sociológica y culturalmente como “WASP” (white, anglo-saxon, and protestant), Obama comenzó dando sorpresas en la campana de largada de la carrera por la nominación de la candidatura presidencial del Partido Demócrata. Una candidatura, además, que iba a tener que competir en una campaña electoral que se presentaba como la más apretada de la historia política reciente en los Estados Unidos. Las sorpresas siguieron cuando el entonces candidato comenzó a hablar: hasta esa simbólica primera victoria, en Iowa, el discurso de Obama era calificado de “bucólico”, la mayoría de las consultoras afirmaban que su énfasis en el relevo generacional y en el programa de cambio no tendría auditorio fértil. Frente al magnicidio de Benazir Bhutto, que obligó a ajustar las estrategias políticas en todas las latitudes, un estudio de The Wall Street Journal de enero de 2008 hacía constar que un 40 por ciento de los norteamericanos preferiría ver a una mujer como comandante en jefe de su ejército, mientras que sólo un 29 por ciento aceptaría a un afroamericano en esa responsabilidad que conlleva la Presidencia.

Y contra estos condicionantes sociológicos estructurales, Obama transitó ese largo y apasionante año electoral, desde la primera victoria en Iowa hasta el martes 4 de noviembre de 2008, cuando entró en la recta final. La “cuña cultural” que mencionábamos arriba, uno de los elementos más novedosos en estos nuevos escenarios mundiales, fue el hecho prácticamente increíble de que, en una sociedad tan conservadora como la americana, tuviera posibilidades reales de acceder a la Presidencia, al lugar del poder por antonomasia, un miembro de la minoría más característica –pero también más problemática- de esa sociedad conservadora. Esa posibilidad se hizo real apenas unos días antes de las elecciones generales, cuando un cambio en el interior del sistema político hizo que el escenario girara, y se ubicara para la recta final con la posibilidad cierta de que Barack Hussein Obama terminara obteniendo el triunfo final de las urnas. El giro estuvo dado por el movimiento de una parte importante de los grupos de opinión del Partido Republicano hacia el apoyo explícito al candidato Demócrata. Una explicitación que eligió la vía de presentación en horario de máxima audiencia de una cadena nacional, del general Colin Powell, afirmando que Obama sería un “presidente excepcional”. Con ese giro, los sectores más centristas del Partido Republicano apostaron a la construcción de una nueva mayoría, para tomar una distancia clara de los elementos provenientes de la derecha extrema norteamericana, especialmente de los grupos afines al fundamentalismo cristiano, que habían impulsado que toda la Administración se moviese sensiblemente hacia la derecha del arco político en las dos legislaturas de George W. Bush. Y estos sectores, que se expresaron en ese penúltimo momento por boca del Powell, vieron el riesgo cierto de que el fundamentalismo religioso terminase cooptando al viejo partido nacional y laico de Lincoln y Roosevelt. Ese giro dejó a Obama en inmejorables condiciones en los instantes finales de la campaña, ya que estos grupos de poder del Partido Republicano asumieron que el riesgo de deriva hacia la derecha se mantenía con el candidato John McCain, y terminaron por decantarse hacia el demócrata.

Y pasó lo que, antes de que el mundo cambiara y se complejizara acelerada y profundamente en las cortas dos décadas desde la caída del Muro, hubiera sido imposible: luego de tan sólo 143 años de que la esclavitud negra fuera abolida, luego de tan sólo 43 años desde que los negros conquistaran el derecho a voto en los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, de color negro, como aquellos esclavos, hijo de un inmigrante keniano, se convirtió en el Presidente de los Estados Unidos.

Y con el entusiasmo por la “cuña cultural” que se introducía en el sistema político, también apareció el riesgo: que la enorme simpatía que aupó a Obama a la Presidencia de la primera potencia mundial terminara generando unas expectativas irreales sobre las posibilidades, los límites de acción del Presidente dentro del sistema político norteamericano, y sus propias limitaciones personales, partidarias, e institucionales, conjugadas con las de un entorno espacial y temporal muy complejo. Este conjunto de realidades y limitaciones son los que, puestas en perspectiva, terminarían por definir la agenda internacional del nuevo Presidente norteamericano. En otras palabras, el hecho de que Barack Obama haya llegado a la Presidencia es revolucionario, pero Obama no es un revolucionario.

La agenda que Barack Obama ha venido desarrollando desde su asunción está muy en línea con las características de los escenarios internacionales que hemos delineado más arriba, una agenda marcada, antes que nada, por la complejidad de “cuestionamientos duros”

En primer lugar, y frente a la gravedad de la crisis financiera, decidió afrontar de lleno y al mismo tiempo la economía doméstica y la economía internacional. En el frente interno, Barack Obama prometió bajar los impuestos en el orden del 95 por ciento de los asalariados estadounidenses, y gravar con mayores impuestos a los ingresos que sobrepasen los 250.000 dólares anuales. Propuso una reducción de 500 dólares por asalariado, y de 1.000 dólares por familia, al tiempo que quiere aumentar el impuesto sobre la renta de los capitales, llevándolo del 15 al 28 por ciento, y gravar los beneficios excepcionales de las compañías petroleras, para rebajar la factura energética de los contribuyentes. Meterá 50.000 millones de dólares en infraestructura, y reformará la sanidad pública. Algunas de estas metas permanecen en estado de proyecto, pero no han sido abandonadas. En el frente externo, en el que decidió permanecer muy activo y recuperar la iniciativa internacional, comenzó revalorizando el rol del G-20 ampliado.

Así, en el lapso de tres meses, de enero a marzo de este año, Obama lanzó cuatro planes de rescate financiero para empresas y bancos. A juzgar por los resultados que estamos conociendo estos días, puede que haya acertado, pero los grandes popes del análisis político y económico –incluyendo varios premios Nobel- siguen afirmando que sus planes no son más que refritos de los manotazos de los últimos días de Bush, y que, en definitiva, no terminarán resolviendo la crisis global en el largo plazo.

Para abril de este año, cuando se reunió el G-20, los organismos multilaterales seguían difundiendo unos diagnósticos de la crisis cada vez más duros. Inmediatamente antes de que comenzaran las sesiones del G-20 en Londres, el 2 de abril, una de las voceras del Banco Mundial, la nigeriana Ngozi Okonjo-Isweala, advirtió a los países ricos sobre una oleada de disturbios sociales y crisis políticas que podría desencadenarse en los países pobres del mundo, si los líderes del G-20 no acuden directa y prontamente en su ayuda. Según la señora Okonjo-Isweala, cientos de miles de trabajadores están perdiendo sus empleos en los países en desarrollo, y las redes de protección social no responden, por lo que es preciso aportar más recursos financieros al “fondo de vulnerabilidad” del Banco Mundial, habida cuenta de que la crisis podría causar 90 millones de muertes, y elevar a casi 1.000 millones las personas que pasan hambre en el mundo. Cuando este tipo de advertencias vienen de una directora gerente del Banco Mundial, encienden una alarma más que notoria.

Al parecer, la postura que están adoptando los organismos multilaterales pasa por advertir a los países grandes reunidos en la mesa del G-20 que la estrategia ya no puede ser –o al menos no puede ser exclusivamente- poner dinero en efectivo en los paquetes de medidas fiscales, y en planes dirigidos a la banca y a las grandes empresas, sino que debería haber una parte de esa masa de dinero orientada hacia la asistencia directa a los pobres, a ese enorme conjunto de países del globo que no tienen un escaño reservado en la mesa del G-20.

Y asumiendo su primer punto de agenda, el propio Barack Obama se dirigió esa primera semana de abril de 2009 a los líderes del G-20. De una manera bastante insólita para un presidente norteamericano, mediante una nota periodística publicada en el International Herald Tribune, urgió a los países más desarrollados a acordar una estrategia para reflotar la economía mundial. Y su columna periodística coincidió con las primeras reacciones a su cuarto programa para salir de la crisis, que se asienta en la persuasión a inversionistas privados para que compren hasta un billón de dólares en “activos tóxicos”, esos bonos que, en gran medida, han sido los responsables del colapso financiero que vivimos.

Por lo demás, y para completar la presentación de la cuña que implica el “factor Obama” en la constitución del escenario internacional, los ítems que completan esa agenda externa serían:

1)      ONU. La Organización de las Naciones Unidas pasa por uno de sus momentos más bajos y críticos, con la figura de su Secretario General, Ban Ki-moon, muy desdibujada. Es posible que Obama amplíe el multilateralismo, respecto del unilateralismo de Bush, pero eso no necesariamente indica que se aboque a la refundación de la ONU, quizá adopte una ampliación de las relaciones país a país;

2)      La OTAN. Seguirá siendo la pieza clave de la estructura de seguridad a nivel global. Es posible que se revisen los criterios de ampliación, para no desmejorar las relaciones con Rusia;

3)      Rusia, efectivamente, permanecerá como tercer capítulo de esta “agenda externa”. Rusia vive un momento de plena recuperación de la personalidad internacional, y Obama deberá hacer equilibrios para mantener el canal de diálogo abierto con Dimitri Medvédev y Vladimir Putin, y no dejar huérfanos a los nuevos aliados del antiguo cinturón de soviético, como la Georgia de Saakashvili, la República Checa, Ucrania, y Polonia;

4)      La Unión Europea. Las relaciones Estados Unidos – Unión Europea, tal como las dejó la Administración Bush, eran pésimas. Obama las ha comenzado a mejorar, pero nuevamente aquí, pienso que la estrategia será más país a país, ya que la Unión Europea en tanto actor unificado a nivel internacional, como dijimos arriba, tiene severos déficit; y en el mejor de los casos –o sea, si éstos alguna vez logran ser superados por la organización- entonces su rol como competidora en la escena internacional quedará más claro. Por ambas razones, es esperable que se intensifiquen las relaciones, pero a nivel bilateral;

5)      Afganistán. Obama sigue manteniendo que esta es una de sus prioridades, y aquí sí la estrategia será claramente multilateral, o sea, habrá negociaciones concretas para tomar compromisos en la guerra contra los talibanes, que transitan por esporádicos períodos de recuperación;

6)      Islam. Obama ha dejado claro que la guerra contra los talibanes, o la disputa nuclear con Irán, no significan en ninguna medida un enfrentamiento con el “mundo árabe”, con el que se comprometió y solidarizó como nunca antes un líder occidental, tras su discurso de El Cairo;

7)      Irak. Ha reconocido los errores de la intervención militar, y ha puesto fecha de retirada de las tropas estadounidenses.

8)      China. Obama afirmó el mes pasado que las relaciones entre los Estados Unidos y China “determinarán” el siglo XXI. El gigante asiático se ha convertido en el primer financista de la deuda externa norteamericana. Más de 800 mil millones de dólares en títulos del Tesoro norteamericano se encuentran en manos del gobierno chino. Además, China exporta hacia Estados Unidos productos por un monto anual de 340 mil millones de dólares, es su principal cliente en el mundo. Y estas compras norteamericanas son las que financian, en buena medida, el sostenido crecimiento del producto bruto chino. Pero de este gran comprador, el viejo imperio celeste sólo recibe importaciones por unos 70 mil millones, una balanza muy desequilibrada. Hoy China es la tercera economía del planeta, pero de mantenerse los actuales índices de crecimiento y expansión, será la primera antes de mediar el siglo. Y su modelo político, con un capitalismo fuertemente exportador y férreamente controlado por el Estado y el partido único, el que habrá conducido al país al primer lugar, lo que no deja de poner en jaque el discurso democratizante del presidente Obama;

9)      Oriente Medio. Barack Obama volverá sobre el conflicto Israel-Palestina, completamente abandonado por las administraciones de Bush, y posiblemente el ex presidente Clinton, que estuvo a punto de conseguir una resolución definitiva de este diferendo entre ambos pueblos, pueda volver a la escena;

10)  América latina. Por último –aunque no fuera de la lista- nuestra región, con el papel fundamental de las relaciones de Colombia y Brasil, como interlocutores privilegiados. América latina no está, claramente, entre las prioridades de política exterior de la administración norteamericana, pero la estrategia del presidente colombiano Álvaro Uribe, el permitir que las tropas de “marines” norteamericanos puedan disponer de siete bases en territorio colombiano, y las reacciones de los países del grupo del ALBA frente a ello (inclusive con la advertencia del presidente venezolano Hugo Chávez de que las bases instalarían una hipótesis de conflicto militar en suelo sudamericano), seguramente modificarán el nivel de relevancia de la región en la agenda externa del presidente Obama.

Brotes verdes

Cuando escribí una versión anterior de esta conferencia, hace algún tiempo, los párrafos finales eran bastante lúgubres. Me alegra que la fecha de realización de esta reunión se haya desplazado, así puedo terminar mis palabras con unas líneas más esperanzadoras.

Ahora sí tengo la oportunidad, ya que algunos “brotes verdes” –como le gusta designar a los buenos síntomas de recuperación económica el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero- algunos “brotes verdes” parecen avizorarse en el horizonte, dos años después de la crisis de las “hipotecas subprimes”, luego de más de tres billones de dólares inyectados al sistema económico, y de quince meses consecutivos de destrucción de empleo en los países centrales, tanto para Barack Obama como para la OCDE, e inclusive para el Banco Central Europeo, lo peor de la crisis económica mundial puede haber pasado. El optimismo, en todo caso, es medido: lo que se ha frenado es la curva de aumento del desempleo, pero éste en Estados Unidos permanece –y seguramente permanecerá todavía un tiempo- en el orden del 10 por ciento. Otros indicadores, como la mejoría en las Bolsas, o la vuelta a los beneficios en la banca de inversión (una de las principales responsables del descalabro), son menos contundentes, y pueden llegar a ser más efímeros.

En todo caso, si ese fondo que no parecía llegar nunca se ha tocado, y los “brotes verdes” realmente están marcando una lenta recuperación, pera estas fechas del año próximo podremos, supuestamente, anunciar que hemos sorteado la amenaza de una nueva Gran Depresión.

Y entonces deberemos volver a revisar los escenarios internacionales, tal como hoy lo hemos hecho.

Muchas gracias.

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(c) Colegio de Abogados de la Provincia de Córdoba, 2009.

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Historia de José (notas de campo 19 03 91)

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HISTORIA DE JOSE

NOTAS DE CAMPO

19 de marzo de 1991, martes

El encuentro del domingo último con José evidenció dos cosas importantes: en primer lugar, nuestro trabajo conjunto va adquiriendo una sistematización mayor que la lograda durante todos los meses de 1990, trabados en su mayoría por los acontecimientos familiares del propio José, que he dejado asentado en páginas anteriores de estas notas. En segundo lugar, el informante se está adaptando a lo que podríamos llamar cierta “rutina” de trabajo [CO: posiblemente tome nuestras conversaciones como algo parecido a una terapia, pero lo cierto es que le gusta]. El domingo, mientras estábamos todos con su familia en la mesa del comedor, fue él quien me preguntó: “y bueno, ¿vamos a grabar hoy o no…?”, lo que juzgo altamente positivo para el desarrollo posterior, especialmente cuando se acercan temas álgidos de su vida más “contemporánea”. [CO: aprovechar esta veta de interés alto de José debería traducirse en impedir “bolsones” temporales entre entrevista y entrevista, aumentando sólo un poco la frecuencia de las mismas, y simultáneamente, preparar los cuestionarios verbales de conducción al entrevistado haciendo mayor incapié en los objetivos que van emergiendo de la investigación.]

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Llegué la casa de José a las 16:30 hs, y todos estaban acostados aun, pero mi llegada no fue inoportuna por eso. Estuve con la mujer de José y la nieta menor, que estaba con ellos. Al poco rato llegó M. G., cuando José aun estaba bañándose. A. M. bajó de su habitación [CO: ya no duerme en el living, ha vuelto al segundo piso de la casa, su situación física mejora y se reincorporó al trabajo la semana entrante, para beneficio –me parece- de todos los miembros de la familia] al poco rato. Tomamos mate con M. G. y ellos hasta que José me preguntó si realizaríamos la entrevista correspondiente a ese día, lo que acepté de inmediato, y nos trasladamos los dos al living, dejando a las mujeres en el comedor, nos siguió la mujer de José (para arreglar un enchufe donde conectar la grabadora), y allí se produjo un incidente que me sorprendió un poco: José le echó en cara el haber quitado el tocadiscos (un armatoste grande de los años sesenta) del living, que era donde él escuchaba la radio, junto a su sillón, ella dijo que no lo volvería a traer porque él en dos oportunidades le había pegado a A. (la nieta menor, de 4 años) por tocarlo, el intercambio de palabras entre ellos fue violento y algo grosero, a pesar de estar yo en el medio. Al retirarse R., el comentario de José fue más o menos el siguiente: “Es como dicen, de éstas, hembras, tienen cachorros chicos y se vuelven unas leonas, ¡junagranputa! ni en mi casa puedo escuchar radio ya… ¡no veo el momento de morirme y que me dejen de joder…!” [CO: la tristeza y la bronca en la voz de José me dio la pauta de que se siente profundamente postergado por todos, muy especialmente por la hija, A. M., y ahora, por lo que veo, por la esposa, y ni siquiera la presencia de esos nietos pequeños (que a R. sí la han transformado) logra modificar su angustia: todo, nuevamente, se dirige hacia la pérdida del B., con quien desapareció también, al parecer, el sentido de su vida.]

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José tomó mi propuesta de elaboración de su genealogía con entusiasmo, recordar fechas muy lejanas en el tiempo, nombres y acontecimientos forma parte de lo visiblemente central de su atención. La entrevista fue de medios múltiples: conecté la grabadora (con la que el informante se haya ya completamente consustanciado) y también tuve a la vista mi cuaderno de notas, redactando con precisión cada uno de los datos que José iba hilvanando. Es la primera vez que tomo nota escrita en su presencia, y la reacción fue inesperadamente buena, me aconsejaba a cada paso sobre la forma de escribir un nombre, o las letras correctas de un apellido [CO: tomar nota de la aceptación de este recurso para la eventualidad de su utilización en el futuro].

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Una observación importante: al mediar nuestra conversación, R. le permitió el ingreso al living a su nieta A., lo que me molestó un poco, ya que con su presencia nació un poco de disturbio. También me di cuenta que eso era el anuncio de otro acontecimiento: el próximo ingreso de la propia R. al living, lo que, efectivamente, ocurrió en pocos momentos más, con obvias intenciones de participar en las conversaciones. Inmediatamente desconecte la grabadora (acto que mereció atención por parte de la señora), y aunque habían transcurrido sólo 30 minutos de registro, y aunque la predisposición de José era buena, suspendí la sesión (no de una forma abrupta, pero sí evidente).

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Terminamos de ajustar los datos genealógicos en la mesa del comedor, donde estaba el resto de la familia, y donde R. pudo participar (trajo un cuaderno con fechas de cumpleaños de la familia) pero ya sin grabadora. Espero que la forma en que interrumpí la grabación haya sido evidencia de que mi interés principal y prácticamente exclusivo es José, y que las entrevistas están dirigidas solamente a él, pero dudo mucho de que estos actos no vayan a repetirse en el futuro, especialmente si R. percibe que el tema de la conversación es B. y su historia, por ello debería imaginar estrategias alternativas, aquí anoto dos que se me han ocurrido como posibles: llegar en horarios de media mañana (A. M. trabaja y R. está ocupada en quehaceres domésticos), y pedirle a José que se traslade a algún punto del centro (p. e., el departamento de M. G., también podría ser el de D. G.) para la realización de los registros de mayor criticidad.

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Dejé la casa a las 19:45.

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REGISTRO: casetes #12 – # 13 (20´)

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Luigi Lungo

Historia de José (notas de campo 17 03 91)

HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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17 de marzo de 1991, domingo

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Estoy revisando mis notas de campo, en algunos minutos (es ahora el mediodía) voy a volver a la casa de José. Me pareció oportuno, antes de escribir los comentarios de la entrevista de hoy, anotar algunas de las observaciones de la ronda de consultas que comencé entre colegas y amigos.

Por ahora, ya tengo dos respuestas a una primera lectura: C. S. propuso la elaboración de una genealogía esquemática que ordene gráficamente los personajes de las múltiples historias del informante, y el envío de una copia a A. A., psicóloga, quien –por sus intereses en el área sociológica- puede llegar a interesarse seriamente en la personalidad de José y realizar aportes sobre la conceptualización necesaria al texto oralizado.

Entre las opiniones de fondo, C. S. aconseja alguna teorización primaria sobre lo que se podría llamar la “cultura inmigrante” en Argentina, backgrownd que permitiría conocer e interpretar los diferentes lugares hermenéuticos desde donde José ve su vida y la de sus semejantes y que, al mismo tiempo, se desprenden de sus propias palabras, por ejemplo, C. S. le pareció poder detectar los siguientes:

la riqueza del país contrasta con lo paupérrimo del agregado social inmigrante;

el objetivo no es fundar una patria, ni establecerse permanentemente, sino simple y llanamente hacer dinero, con el cual hasta es posible que se retorne al lugar de origen una vez obtenido;

transgresión de normas éticas y pautas legales sin mayores conflictos, lo que pinta socio-psicológicamente su actitud como clase;

¿existe en el inmigrante una moralidad especial?

¿existió (y se trasladó en el tiempo) una “aristocracia inmigrante”?

profusión de “juicios de valor” en sus palabras

De llegar a una teorización tan profunda como la que C. S. pretende (cosa que aún no estoy del todo seguro de querer o de poder hacer a partir de la historia de José) habría que agregar a estos puntos algún otro no complementario sino central, como que José aún hoy es italo-hablante, para dar sólo un ejemplo.

Por último, C. S. propone un ordenamiento del texto por capítulos secuenciales, p. e.: 1) Santa Fe; 2) Viaje a Italia; 3) Regreso a Chaco, 4) José y la familia; etc. Es lógico, aunque no me termina de convencer, seguiremos charlándolo.

En la parte de mi interrogación sobre los temas que podrían constituir un cuestionario semi-estructurado para romper un poco con la secuencia familiar, C. S. opina que podrían ser los siguientes: a) la falta de arraigo al lugar, b) la no existencia de compromisos históricos, lo que se traduce en un individualismo familiar exagerado, c) la falta de participación en lo social. Si bien considero que estos temas son de gran importancia (en especial lo del “familo-centrismo”, a lo que le daré espacio en el futuro), no es lo que estoy buscando para este momento, por lo que los descarto por ahora. Rescato, de estas observaciones, lo del árbol genealógico, a lo que dedicaré la próxima sesión con José. (Nota: C. S. me entregó por escrito un esquema de sus comentarios).

D. G., por su parte, realizó las siguientes notas (aunque no las escribió, sino que fui tomando apuntes de sus palabras): 1) tendría que tomar una decisión con respecto a la pronunciación del informante, o la mantengo fiel a la oralidad (y en este caso no lo aclaro entre paréntesis), o bien realizo la transcripción en el castellano normal y correcto, y no en el italianizado e incorrecto de José; 2) D. G. opina que la versión “italianizada” dificulta la lectura de corrido y “argumental” de la historia, y no aporta mayor dato sobre la personalidad psicológica del personaje; 3) se debería censurar el texto, hay páginas enteras de detalles sobrantes que nada importan (ni a nadie más que a José) y que tampoco agregan a la sustancia de la historia; 4) definir el tema de los nombres y pseudónimos, o los pongo en el texto o no los pongo, pero se debería homogeneizar la cuestión, aunque sea haciendo una mezcla de ambos. La opinión de D. G. es que deberían mantenerse los nombres verdaderos, ya que es lo fundamental para darle el carácter de documento testimonial; 5) tomar debida nota de la importancia que José le asigna al comercial y al dinero en su vida, para la teorización posterior (coincide aquí con un comentario de fondo de C. S.); 6) el relato sale trabado por la abundancia de detalles, D. G. opina que va a salir más “en bloque” sustancial a medida que se vaya acercando a la actualidad (al “hoy” en la vida de José); 7) literariamente, el texto no es aburrido ni solemne, sino que es más bien “atrapante” e invita a la lectura (logro más de José que del investigador en sí); 8) debería tratar de que, en el relato, se sintiera más que José habla con alguien que tiene en frente, aunque ese alguien no participe con palabras propias en el texto. Este artilugio otorga confianza al lector, quien se siente que las palabras de José van dirigidas a él; 9) en cuanto al cuestionario semi-estructurado, D. G. propone encararlo hacia la situación del país, dirigirlo hacia lo sociopolítico y económico, y hacia acontecimientos históricos concretos.

Bien, los primeros cuatro puntos de los comentarios de D. G. responde, quizá, a algún desconocimiento de la metodología de la investigación cualitativa, en historias de vida la oralidad y la textualidad completa del informante deben mantenerse, y los pseudónimos son obligatorios para el personaje y su entorno familiar (directo o indirecto), aún así, trataremos de hacer más cristalino, en la medida de lo posible, la lectura del texto. Adopto sus propuestas en cuanto al cuestionario, pero las postergo en el tiempo, ya que la próxima sesión estará dedicada a la genealogía de José.

Por último, menciono que he entregado una copia a A. G. (enviada por correo a Buenos aires), y una a J. S., mandado al Chaco. De estas dos aún no tengo comentarios.

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Historia de José (notas de campo 03 03 91)

HISTORIA DE JOSE

 

 

NOTAS DE CAMPO

 

 

3 de marzo de 1991, domingo

 

 

 

 

Llegué sin previo aviso a la casa de José, alrededor de las 17:30 del domingo, y pasé toda la tarde con él y su familia, hasta entrada la noche. Grabamos sólo 45 minutos de todo el diálogo que tuvimos.

 

La casa familiar esta transformada, hay “buena onda”, y se respira un excelente ambiente. La tormenta de mediados a fines del ’90 parece haber pasado. La hija mayor de José se recompone de su accidente y posterior intervención quirúrgica (tuvo dos: la primera fue fallida y se agravó hasta casi límites fatales, una segunda la recompuso), y está ella también virtualmente transformada. De natural hosca y antipática, hoy me pareció agradable y amena, participó en una forma normal y corriente en las conversaciones sobre temas generales que se suscitaron y, más tarde, cuando llegó el hijo de José y su familia, tuvo para con ellos una deferencia especial, o al menos eso me pareció. Es común en ella el insultar o tratar de una forma grosera y agresiva a los dos padres, sin embargo nada de ello me pareció ver en las horas que compartimos hoy.

 

La esposa de José también estaba de buen humor, aunque su actitud de cierto menosprecio hacia José [CO: por ejemplo el comentario que hizo cuando José estaba sin camisa, porque tenía calor: “ya te dije que no andés mostrando ese trasto viejo de cuerpo que tenés…] o bien hacia lo que José dice [CO: por ejemplo, corregirlo frecuentemente con tono de hastío, o hacerlo callar lisa y llanamente] se mantiene; bien puede ser ya una forma de ser entre ellos, una forma de haber sido siempre, porque José no dice mucho, raramente reacciona a sus ataques verbales, o bien los acepta con cierta cara de resignación.

 

Para completar los comentarios sobre la familia, observé que ambos, José y su mujer, han aceptado totalmente a su nuera, la mujer de su hijo (no se han casado, ya que ella no está divorciada formalmente de su esposo legal), a quien rechazaron en un principio de la relación de su hijo. Ahora, hasta la tratan con cierta deferencia, propia de las que dispensas a las visitas importantes [CO: yo, entre ellas. Desde el primer momento de mis encuentros con José noté ese tono de importancia que todos, pero especialmente la esposa de José, me asignan]. Aunque dudo que reserven igual trato para con la familia de la pareja del hijo de José –a quienes en otros tiempos tuvieron muy cerca, ya que también son padres de desaparecidos, un hermano o hermana de la pareja del hijo de José, aún no lo se muy bien-, pero ahora están, creo profundamente enemistados con esa familia (eso, al menos, es lo que deduzco de las conversaciones).

 

José estaba bien predispuesto para una conversación-registro, que se extendió por algo más que casete y medio. Importante: mientras estábamos grabando llegaron el hijo y su familia (su pareja y sus dos pequeños hijos, nosotros –estábamos en una habitación aparte- no interrumpimos el diálogo, y nadie nos molestó hasta que terminamos, lo que tomo como un síntoma de respeto del grupo familiar hacia el trabajo que realizamos.

 

Debimos volver sobre el tema de la última grabación: la historia de Anita, la hermana de José, ya que por algún desperfecto técnico el casete 10 y parte del 11 resultaron, cuando fui a transcribir, lo bastante inaudibles como para hacer peligrar la textualidad del relato. José tomó la iniciativa con calma [CO: creo que, en realidad, había olvidado que esa parte de su historia ya me la había relatado, ya que la última grabación fue extremadamente larga, y muy consecutiva en el tiempo, lo que, como ya anoté más arriba, no vamos a volver a experimentar. José parece más predispuesto cuando ha pasado un período un tanto prolongado entre sesión y sesión, juzgo que un par de semanas de lapso entre una y otra es suficiente, aunque eso tenga como consecuencia un retardamiento importante en la confección del texto).

 

Su relato fue ligero y matizado, según su estilo de contar, y me extrañó comprobar la casi exactitud –según lo que conservo de memoria- con la reunión anterior, de la que median más de dos meses [CO: importante para utilizar como elemento de comprobación de los dichos del informante, este procedimiento que aquí surgió espontáneamente podría utilizarse más adelante como ejercicio: con diferencias temporales importantes hacer grabar al informan te dos veces la misma secuencia).

 

José narró cronológicamente los hitos que para él son más importantes de la vida de su hermana Anita. De seguir con esta metodología, correspondería ahora continuar con las partes (complementarias, ya que mucho está mezclado en lo ya registrado) restantes de la historia de su otra hermana, Giuditta. Para comenzar, a su término, con la familia directa: sus hijos.

 

Pero propongo aquí un paréntesis, interrumpir concientemente la hilación del relato de José e intercalar un cuestionario semi-estructurado (de estructura un tanto más rígida que la entrevista número 1, de resultado mediocre), sobre temas generales opinables, políticos, económicos, sociales, religiosos, etc., que rompan un tanto la linealidad familiar del relato de José y que sirvan para ampliar la concepción de su propia persona en otras áreas [CO: luego, en la ordenación del texto, este paréntesis puede ser re-ordenado sin necesidad de respetar su cronología exacta). Para la elaboración temática contextual del cuestionario vamos a iniciar una ronda de consultas con algunos colegas interesados en el trabajo, por lo que hemos repartido copias de la parte ya desgrabada de las entrevistas (páginas 1-57): a A. G. (en Buenos Aires); a D. G. y a C. S. (en Córdoba), pudiéndose ampliar a tres copias más. Importante: la realización del cuestionario no deberá sobrepasar las dos entrevistas con José (una sería lo óptimo), y deberá cuidar de no mezclar el tema militar, que será, seguramente, el más importante más adelante, cuando abordemos la cuestión de la desaparición del hijo de José.

Registro: casetes # 11 – # 12.

 

   

Historia de José (notas de campo 24 12 90)

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HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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24 de diciembre de 1990, viernes

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HISTORIA PERSONAL MÍA DE LA HIJA DE JOSÉ (según retazos de conversaciones off the record durante el último año): Don José tuvo tres hijos, dos varones y una mujer. (En realidad cuatro, pero el primogénito –varón- murió a los pocos días de nacer, por negligencia médica, al menos según la versión del propio José). De sus hijos vivos, la hija mujer es, cronológicamente, la del medio. Su vida se asemeja a una tragicomedia de ficción, y ahora, mientras escribo estas líneas, la historieta parece continuar. La mujer es un personaje digno de un elemento destacado en una “corte de los milagros”. Odió su cuerpo y su figura desde niña: gorda en exceso y nada agraciada. Su vida en Charata transcurrió frecuentando los hogares y los lugares de la “mejor” sociedad en su tiempo, pero jamás logró anudar una relación de amistad que sobreviviera al tiempo. Permanentemente conflictuada y acomplejada por su físico, terminó el magisterio común en la ciudad chaqueña y se trasladó a Córdoba, donde ya vivía (estudiando diplomacia en una Universidad privada) el hermano mayor. Ignoro aún si comenzó alguna carrera universitaria, pero de seguro que si lo hizo no duró mucho en los claustros. Luego José y el resto de la familia (su esposa y el hijo menor) se trasladaron a Córdoba, abriendo un almacén en una esquina de un barrio de clase media-media baja (el mismo donde compraron una casa de dos plantas para su vivienda particular). La hija trabajaba entonces en el almacén, y probablemente para la misma época haya tenido la única relación íntima con un muchacho de más o menos su misma edad en forma “normal” (en el sentido de “convencional”. NB: los entrecomillados son palabras de José). La relación con sus padres, por lo que se, siempre fue mala, empeorándose a medida que avanzaban los años, sus años, sus conflictos y sus decepciones, sus frustraciones y fracasos, que parecen ser los únicos hechos y sucesos capaces de ser vividos por ella. No conozco un solo éxito, una temporada más o menos prolongada de bienestar mínimo; ni hablar de ningún concepto cercano al de “felicidad”: por ello –y no literalmente- la palabra “fracaso” es la que creo mejor se ajusta a la definición de su vida. El empeoramiento en la relación para con sus padres no se detuvo y hoy la situación es simplemente caótica. El almacén debió cerrarse debido a las presiones y a las amenazas recibidas por la familia en el tiempo en que fueron secuestrados el hijo mayor de José y su esposa. Desconozco qué cosa hizo la hija al memento de cerrarse el negocio, luego pareció encontrar un cauce a su vida: entró a trabajar de maestra en una escuela estatal y se convirtió en la “amante oficial” de un hombre mayor. La relación no era la mejor esperable, pero pareció funcionar para ella, al principio sus padres se resistieron (incluso lo ocultaron), pero terminaron aceptándolo. Este hombre jamás se separó de su esposa ni de su familia legítima, pero al tiempo alquiló un departamento barato y la hija de José se fue a vivir allí, sola.

Fueron esos pocos meses los únicos en su vida en los que no vivió junto a sus padres en la misma casa. El departamento, si bien modesto, tenía lo suficiente para una vida digna: comodidades, su cama “matrimonial” (aunque la convivencia con este hombre fuera esporádica y no permanente), televisión a color (la de la casa de José en aún en blanco y negro) y, por sobre todo, independencia (incluyendo la independencia económica).

Una mañana, mientras el hombre se bañaba en el departamento, falleció de un ataque cardíaco. La hija de José perdió la razón temporalmente y se encerró en el cuarto junto al cuerpo muerto durante un par de días. La policía –alertada por los vecinos, que ya percibían el hedor- debió derribar la puerta, la encontró en camisón, con los zapatos de él puestos, fumando tranquilamente.

Los padres debieron rescatarla, someterla a tratamiento psiquiátrico, y llevarla de vuelta a la casa (el departamento estaba a nombre del hombre, y fue reclamado por su esposa legítima). Lo que siguió a ello (abogados, policía, repartir las cosas del ambos, etc.) estuvo a cargo de José y de su esposa. El tratamiento psicológico fue largo y, en mi opinión y por lo que he logrado ver en la casa de José, la hija no se restableció totalmente jamás.

Volvió a trabajar de maestra (siempre en el mismo puesto, de tercera categoría, en una escuela marginal en un turno intermedio, en total 2 o 3 horas por día, en tareas pasivas, eso es todo), y a salir a las noches sin ningún comentario.

Comenzó a ejercer algo demasiado parecido a la prostitución, aunque sin rédito económico, sino todo lo contrario. La relación para con sus padres se agravó aún más (si es que esto fuera posible). Económicamente, la hija de José no aporta un solo peso a la casa familiar, de las dos jubilaciones de sus padres sale la plata para pagar la comida de los tres, y la totalidad de los gastos de la casa. El sueldo de maestra, presumiblemente, fue gastado durante todo este tiempo en financiar sus salidas nocturnas. Las dos “amigas” (las comillas vienen a cuento porque, según he podido observar personalmente, la relación no era de amistad como comúnmente puede llegar a entenderse, sino simplemente una relación fría y distante con dos señoritas solteras y más o menos en condiciones similares a la vida de la hija de José) que tenía antes de la catástrofe de su relación de pareja, y de su caída psico-emocional, dejaron de frecuentarla.

Olvidé un detalle importante en la sucesión cronológica que intento mantener: antes de trasladarse a su departamento (probablemente antes de conocer a ese señor con el que convivió, de alguna manera, durante un tiempo), la hija ingresó a una secta budista, minoritaria absolutamente, y en extremo individualista: el ritual consistía en la lectura solitaria y en la meditación trascendental frente a un pequeño cajón de madera con dos puertas, que al abrirse mostraba un pergamino blanco con tres caracteres inscriptos en alfabeto japonés, ideogramas, y la recitación de una única plegaria no mayor a dos oraciones, con una letanía, durante largos períodos de tiempo. Considero (aunque José no me ha precisado la cantidad de tiempo en que su hija estuvo integrando la secta) que fue el mayor –quizá también el único- acercamiento a algún tipo de vivencia espiritual o religiosa en su vida.

Recordé este elemento porque fue una forma de escape, en su momento, al vacío vital que experimentaba,. En otro momento, luego de la muerte de su compañero, no se volcó el vacío hacia la experiencia mítico religiosa, sino al pasatismo sexual más intrascendente.

Posiblemente fue en una de estas escapadas nocturnas donde conoció a otro hombre, también mayor y casado, y también sin ninguna intención de separarse de su familia legítima. En la versión de la esposa de José, este hombre la impulsó –durante un prolongado lapso de tiempo- a entregarle la totalidad de su dinero disponible y, encima, a sacar cosas de la casa familiar para entregárselas a él. Así, cuando ocasionalmente los padres salían, la hija “robaba” cosas de su casa para entregarle a este señor: cubiertos, electrodomésticos, manteles y sábanas, y hasta una mesa con sus sillas. Los padres lo soportaron, acumularon todo lo de valor en su dormitorio y en una habitación contigua a la que se accede únicamente desde el dormitorio, y cada vez que salen de la casa (aunque solo sea por un par de horas) cierran el dormitorio con llave. La hija ocupa, en exclusividad, la segunda planta de la casa familiar, que consta de dos dormitorios (uno está abandonado) y un baño, pero –a raíz de esto sucesos- los padres le quitaron la llave de la puerta que comunica el living (al que se accede por la puerta de calle) con el resto del domicilio, por lo que, si la hija llegaba a la casa luego de la una de la mañana, hora en que los padres se acuestan, tenía que dormir en el sofá del living.

Al poco tiempo de esto la hija dejó de salir y su nuevo compañero desapareció. Un día común en su vida, cuando ya habíamos comenzado con su padre a hacer la “historia de vida”, a comienzos de este año de 1990, era: levantarse cerca del mediodía, bañarse y salir a la escuela donde trabajaba, antes de las 16:00 ya estaba de vuelta, comía lo que se le había guardado en la cocina, y se sentaba, el resto del día, a mirar televisión en el comedor familiar, sin dirigirle la palabra a nadie ni contestar ninguna pregunta. Luego cenaba parada (no en la mesa) en la mesada de la cocina y se retiraba al segundo piso, cuando finalizaba la programación televisiva. Aunque no lo pude comprobar, es altamente posible que utilizara dogas y tranquilizantes. Avanzado el año, debimos interrumpir por varios meses el trabajo con José debido a un nuevo accidente de su hija: un coche la arrolló cruzando una calle céntrica, algo sumamente confuso (y de lo cual José no estuvo, ni está, enteramente informado). Fue trasladada al Hospital de Urgencias, tenía quebrada una pierna –lo que la obligó a usar muletas- y un golpe fuerte en la cabeza. Luego de una corta internación volvió una vez más a la casa, le trasladaron al dormitorio al living (no podía usar las escaleras), la relación con sus padres no mejoró en absoluto. Su equilibrio psíquico se debilitó aún más (la propia madre me dijo en una oportunidad: “ahora sí que está pirada en serio…”)

Casi al final de año, cuando ya habíamos retomado nuestras entrevistas con José, tuvieron que volver a internarla para operarle el cráneo, debido a ciertos coágulos que se habían formado, fue mal operada y le dieron de alta antes de tiempo, se agravó en la casa y tuvieron que recurrir de urgencia a otro sanatorio (esta vez privado) donde fue sometida a una nueva cirugía. En los momentos en que escribo esto, la hija se recupera del postoperatorio, en su casa, en la cama del sofá del living.

La rápida descripción más o menos completa y más o menos cronológica que he intentado en las líneas precedentes tienen por único objetivo poner a consideración en este estudio la profunda gravitación negativa que la vida de la hija de José ha tenido (muy especialmente desde la llegada a Córdoba) en la vida del propio José. No he escrito todo, por supuesto, escuché personalmente insultar a la hija contra los padres de la manera más feroz, participé involuntariamente en discusiones familiares en las que pude comprobar la gravedad de esta influencia que aquí marco. No me he detenido en detalles de ese tipo porque mi interés es José, y no su hija. Sí me interesa en la medida en que su vida y comportamiento pueden ayudarme a comprender mejor algunas facetas y opiniones de quien narra su “historia de vida” frente a mí.

Si para José lo más terrible fue la desaparición, secuestro, tortura y muerte de su hijo mayor, la obligada convivencia de todos estos años junto a su hija mujer y los comportamientos de ésta, están en el segundo lugar de los hechos que más han influenciado sobre él.

Oportunamente, cuando lleguemos, José contará su personal visión de la relación con su hija, en ese momento esta descripción deberá ser la guía de la entrevista en profundidad.

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Historia de José (notas de campo 14 12 90)

HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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14 de diciembre de 1990, viernes

 

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Cambié a último momento la fecha de la reunión con don José. No avisé mi cambio, y José quedó esperando infructuosamente. Fue una larga grabación, pero no se corrigieron los errores notados en oportunidades anteriores. El resultado del cuestionario fue a medias: se centraron algunos temas (Anita, por ejemplo), pero la dispersión continúa. Importante: noté una pequeña sensación de atiborramiento en la conversación, producto de entrevistas demasiado frecuentes en el tiempo. Dejaremos, por lo tanto, la frecuencia corta y tomaremos otro parámetro, con espacios mayores entre una y otra, con continuidad temporal -pero no estricta- en la secuencia, sino más bien aleatoria. [CO: no creo que haya que avisar de la llegada, hay que decidir la grabación –o no- en el momento, según los estados de ánimo de José].

Llegados a esta fecha, suspendemos las entrevistas por este año, las retomaremos a partir de febrero, según lo que veamos del estudio de las partes ya registradas, durante el verano.

Registro: casetes # 9 – # 10 – # 11. (# 10 y # 11 inaudibles, repetir).

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Historia de José (notas de campo 11 12 90)

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HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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11 de diciembre de 1990, martes

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Por primera vez desarrollamos un tramo largo de conversación con José totalmente solos y en su casa, ya que su esposa estaba con la hija, en el hospital, a quien van a operarle un coágulo de sangre en el cráneo, producto de su accidente de hace un par de meses.

Esta nueva situación me llenó de expectativas, que luego no fueron satisfechas: tenía el a priori de que José asumiría una actitud más relajada, libre y elocuente por el hecho de no tener ningún tipo de “auditorio”, ni siquiera potencial para influenciarlo, Sin embargo no noté luego en el registro ninguna variación cualitativa como las que había esperado. [CO: aún así, sigo sin estar plenamente convencido de que ello se deba a una actitud permanente en José, y bien pueden haber influido ayer en nuestra conversación los hechos tangenciales como los que su hija –y el resto de la familia por ella- están viviendo, aún así, puedo esta misma semana sumar una verificación más, ya que José se queda solo en su casa mientras la operan y durante el postoperatoria de su hija].

Nuestro encuentro se extendió por algo más de tres horas, desde aproximadamente las 19:00 hasta algunos minutos después de las 22:00 (a esta hora llegó su esposa), de los cuales solo grabamos 45 minutos. (Fuimos interrumpidos en una oportunidad por el hijo varón de José, por unos 15 minutos aproximadamente).

La mayor parte del tiempo off the record la pasamos revisando documentos personales del archivo de José [CO: minucioso, prolijo, ordenado y memorizado en su totalidad], y hablando de temas generales. De sus documentos, y a mi requerimiento, me prestó los siguientes:

contrato del Territorio Nacional del Chaco, por la venta de un predio, para que yo viera que “tiene la firma de puño y letra del Presidente Agustín P. Justo”;

un contrato de Sociedad de Familia, en Las Breñas;

el Pasaporte familiar, expedido en Génova cuando decidieron retornar definitivamente de Italia;

Documento de Identidad de su madre;

Pasaporte de él, y sus hermanos, para salir de Italia con sus padres (ya que ellos eran argentinos, necesitaban otro documento diferente);

cedulón de habilitación para sufragar (no utilizado) perteneciente al “Tío Viejo”;

como documento adicional, me hizo leer en voz alta (“para que se grabe”) la renuncia de su socio en Charata, en la agencia Ford, redactada con cierto barroquismo que hace las delicias de José, por lo que considera un “lenguaje culto”.

Decididos a iniciar nuestra conversación con la grabadora andando, pedí a José referirse a su vida en Charata, desde el inicio mismo. La consideración de esos veinte años de su vida parecen estar limitados a los vaivenes burocrático-administrativos del funcionamiento de la agencia.

Insistí en varias oportunidades en temas específicos, por ejemplo el nacimiento de sus hijos, pero –aparte de la exactitud inmediata de las fechas, horarios y lugares- no logré mucho más, una pequeña mención (ya realizada con anterioridad) sobre la muerte de su primogénito por negligencia médica.

En cuanto a su vida social en Charata, sólo mencionó al pasar y sin darle importancia ninguna el hecho de haber sido Concejal Municipal durante un período democrático. Sí, en cambio, le resultó de mayor trascendencia la “confianza” que la gente le tenía, por ejemplo para prestarle dinero para la actividad comercial.

A esta altura, debo convencerme de que José ha entendido la dirección de mi interés, por lo tanto, del hecho que él le otorgue menos trascendencia a determinados aspectos de su personal historia vital y más a otros aspectos de mayor externalidad a él mismo, no puede seguirse considerando como productos de una falta de interpretación del informante sobre el sentido de la historia, sino que ya deben interpretarse como producto de una opción vital y volitiva del relator de la historia en lo que respecta a la gravitación de los acontecimientos que ha vivido.

Convencido del acierto de la afirmación que acabo de escribir, me propongo insistir por una oportunidad más el período de su vida en Charata, pero –sin avisarle a José de la variación metodológica- cambiaré la estrategia para nuestro próximo encuentro (dentro de dos días, el jueves) y voy a aplicar por primera vez en nuestras reuniones una entrevista semiestructurada. la pauta principal de organización de la semiestructura va a ser su entorno familiar: su hermana y cuñado, los viajes a la familia de su esposa a Santa Fe, la relación con su hermana en Rosario, con sus sobrinos reconocidos y con su hermano y sus sobrinos no reconocidos; su rol de padre y de esposo.

El no haber convenido de antemano esta variación con José la hace riesgosa, pero voy a aprovechar el hecho de que estaremos solos nuevamente, sin testigos ni presiones. Otro elemento: mi visita del jueves está anunciada y José me espera, para que esto gravite más aún voy a confirmarle telefónicamente mi llegada un par de horas antes.

Como última variación: voy a grabar todo, desde los primeros minutos que llegue hasta que me despida, no porque la presencia del grabador haga que José cambie de postura (ha superado esto desde nuestros primeros encuentros), sino que –ya ha pasado algunas veces- sus expresiones y opiniones ocasionales en las charlas previas a grabar son de una mayor profundidad al relato que le sigue, supuestamente de mayor centralidad.

Dependiendo del resultado de la entrevista semiestructurada seguiremos avanzando antes de fin de año (correspondería ahora el tiempo de su traslado a Córdoba) o dejaremos aquí. Aún así, ya estoy pensando en que uno de los primeros encuentros del próximo año vamos a tener que “recapitular” muchos de los temas abordados en estas entrevistas a fin de salvar los baches y los espacios en blanco que noté en la etapa analítica de diciembre–febrero.

Aunque no lo he decidido todavía, creo que lo mejor será avanzar (sin cuidar mucho los pasos) hasta donde sea, y luego volver atrás y repetir. [CO: hay que tener cuidado: José tiene trozos “estandarizados” en su memoria, y bien puede ser que “recapitular” sólo signifique (como el episodio del comisario y la calavera) una repetición absolutamente textual].

Registro: casetes # 7 – # 8.

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Historia de José (notas de campo 03 12 90)

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HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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3 de diciembre de 1990, lunes

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Interrumpí voluntariamente nuestros encuentros con José durante algunos meses (cuatro en total) porque el accidente de su hija resultó de cierta gravedad (tuvo fracturas en una pierna, internación en el hospital, luego se trasladó de una habitación en el segundo piso de la casa familiar a una cama de emergencia dispuesta en el living de la planta baja), y consideré que todos estos trastornos en la rutina perjudicarían el relato de su vida. Durante este tiempo no nos vimos con José, ni lo visité, aunque esporádicamente lo llamé por teléfono en forma casual, para ver cómo estaba.

Considero que la situación ha variado en la familia en este tiempo, volviéndose a cierta normalidad, la hija de José ya ha vuelto a caminar, aunque todavía no trabaja y sigue durmiendo en el living.

Avisé telefónicamente mi llegada y la intención de continuar con la entrevista, también cambié el horario habitual: llegué a las 11:10 horas de la mañana, y me quedé en la casa de José hasta las 14:40. Almorcé con la familia (también estaba la nieta mayor de José, hija de su hijo desaparecido).

El registro se realizó en dos etapas: antes y después del almuerzo. Registramos una hora del diálogo. En cuanto al aspecto anímico de José, no era el mejor, aunque fue mejorando hacia el final de la entrevista. [CO: creo que el diálogo también tiene en él algo así como un efecto “terapéutico”, o sea, se encuentra bien al sentirse escuchado y atendido, cosa que –al parecer- no es nada frecuente entre los suyos…]

Temáticamente, José no recordaba mucho de lo que habíamos hablado cuatro meses atrás, ni el punto adonde habíamos dejado la historia, por lo que me dediqué a reubicarlo en el relato. Aún así, hubo mucho de repeticiones de hechos y situaciones ya narradas y registradas [CO: atender a ésto, porque si bien no aporta nada nuevo, es un elemento importante de corroboración y control de la historia]

Noté algo muy considerable: hay cierto desplazamiento de los “extraño” hacia lo “interior” de su propia vida en el relato, como cuando –con no poca reticencia inicial- logré que me contara pormenorizadamente su matrimonio y las circunstancias que lo rodearon.

En ningún momento frené el relato (ni siquiera cuando la repetición era prácticamente textual de lo ya registrado), y traté también de ir progresivamente disminuyendo mi participación, limitándome a afirmaciones a sus palabras, a reírme de sus anécdotas graciosas (como la de la calavera y el comisario), o a gestos de sorpresa cuando pretendía que José profundizara alguna situación en particular.

En prospectiva: planeo efectuar una estrategia intensiva en las dos semanas que siguen, tratando de reunirnos 2 o 3 veces en cada semana. El objetivo es reunir material para procesar durante las vacaciones y, lo más importe, evaluar la diferencia con la modalidad que hemos tenido hasta ahora de dejar pasar largos períodos de tiempo entre cada reunión; a futuro puedo elegir la aplicación de una y otra estrategia según los resultados de esta comparación.

Registro: casetes # 5 (15´) – # 6 – # 7 (15´)

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Historia de José (notas de campo 31 07 90)

HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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31 de julio de 1990, martes

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Entrevista frustrada. Llegué a las 17:30 a la casa de José, sin previo aviso. Su hija había tenido un accidente (no demasiado claro aún, automovilístico, pero los detalles de José son confusos). [CO: sobre este tema vamos a volver a ahondar en futuras entrevistas, ya que la cuestión de la hija de José es… bueno, es una historia aparte]. No quedamos aún en la fecha de nuestro próximo encuentro, pero no será esta semana, a solicitud del propio José.

Registro: (sin registro)

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Historia de José (notas de campo 27 07 90)

HISTORIA DE JOSE

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NOTAS DE CAMPO

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27 de julio de 1990, viernes

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Segundo registro de las entrevistas con José. Llegué a su casa, ubicada en un barrio de clase media baja de Córdoba, distante unos 35 minutos del centro de la ciudad, aproximadamente a las 16:30 hs. [CO: es la primera vez que llego a estar con José, en el período de estudio que llevamos, sin avisarle previamente sobre mi visita], y el diálogo se extendió hasta las 18:40 hs. En este lapso registramos 60´ de grabación. José se veía dispuesto y distendido, aunque bastante confuso a la hora de ordenar sus relatos. Pienso que debo exigirle mayor énfasis en el futuro al aspecto “interior”, o sea, a lo que él pensaba y sentía en ese preciso momento del relato.

Hoy seguimos recorriendo un poco el área de Las Breñas, cuando el traslado del campo al pueblo y el comienzo de la actividad de su familia allí, pero me fue bien difícil –quizá por la misma razón de la distancia en años con esos acontecimientos- sacar algo más que lo estrictamente anecdótico, aunque este aspecto fuera narrado con una precisión minuciosa y detalladísima.

En el resto, la conversación mantuvo el nivel y el ritmo de la anterior. Como prospectiva, pienso que apenas pasada esta etapa de su historia, José va a comenzar a tomar una óptica diferente para con el relato, por lo cual mi preparación de las preguntas de las entrevistas deberán ser (a partir de la próxima) más rigurosas y premeditadas. [CO: también se comienza a imponer la necesidad de iniciar la desgrabación y redacción de las entrevistas.]

Registro: casetes # 3 (15´) – # 4 – # 5 (15´).

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