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La larga sombra de Lula (16 10 11)

La larga sombra de Lula

El libro “Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula” analiza la influencia del ex presidente como transformador de la realidad política y social de su país.

Por Nelson Gustavo Specchia

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Brasil ha logrado una posición relativa de incidencia internacional que no deja de sorprender en el análisis global. La apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por primera vez en la historia del máximo órga­no multilateral a cargo de una mujer, 
con el discurso de la presidenta Dil­ma Rousseff, viene a expresar esa posi­ción de preeminencia en el concierto mundial.

Ese nuevo estatus del gigante suda­mericano tiene una marca de fábrica: las transformaciones diseñadas por Luiz Inácio Lula da Silva.

La experiencia política de Lula, y su impronta personal en la transformación brasilera, constituyen un evento sui generis para la historia y los modos políticos de América latina. Desde la revolucionaria llegada al poder de un obrero metalúrgico apenas alfabetizado; pasando por la reconversión del movimiento gremial del Partido de los Trabajadores en oficialismo de masas; hasta las reformas estructurales que consiguieron sacar de la miseria a 28 millones de personas, ampliar la clase media con 36 millones de nuevos miembros, y extender el mercado de trabajo con la creación de más de 15 millones de nuevos puestos laborales, fueron elementos constitutivos de una metodología novedosa, arriesgada y tremendamente eficaz.

Presencia global. En simultáneo, esa acción desarrollista y distributiva en el ámbito interno, se acompañaba con una presencia cada vez más importante en el ámbito internacional.

El protagonismo del Bric (con Rusia, India y China); el Ibsa (con India y Sudáfrica); el relanzamiento del Mercosur a partir de una nueva relación con Néstor Kirchner, con quien también ideó la Unasur; la incidencia en el G-20; el nuevo marco de las relaciones Sur-Sur; o las intenciones mediadoras junto al turco Recep Tayyip Erdogan ante al contencioso nuclear iraní de Mahmud Ahmadinejad, mostraron las intenciones de Lula de colocar a Brasil entre quienes tienen la capacidad y la responsabilidad de intervenir activamente en las nuevas concepciones del regionalismo abierto y del derecho internacional humanitario de nuestra generación.

Estas dimensiones, en un conjunto variado de temas, integran el libro Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula , que la Editorial de la Universidad Católica de Córdoba (Educc) acaba de sacar a las librerías de la ciudad esta semana.

En los ensayos que integran el volumen, producto de las investigaciones del Observatorio de la Sociedad Internacional (Ovasi) que dirigimos en la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, intentamos dar cuenta de los condicionantes que hubieron de modificarse para permitir la llegada de Lula a la cúspide del poder en Brasilia; de las maneras en que fue armando –y ensayando– una estrategia de cambio que mantuviera los consensos, provocaran auténticas modificaciones en la arquitectura social, pero no desequilibrara el juego institucional y representativo.

Árbitro regional. Asimismo, intentamos alguna proyección de esa experiencia tanto en el ámbito regional latinoamericano como 
en el propio futuro del líder brasileño. Porque la relevancia de Brasil no estará limitada, en América latina, al papel de locomotora económica del Mercosur, como muchos suponen.

Como quedó evidenciado en la reu­nión cumbre de Bariloche, convocada por Cristina Fernández para poner paños fríos a la cuestionada iniciativa colombiana de facilitar el uso exclusivo de sus bases militares a Estados Unidos; o en la intervención ante las regiones separatistas del Beni boliviano, Brasil asume progresivamente el rol de árbitro regional.

Un árbitro pacífico, claro. Pero no por ello Lula dejó de adquirir el mayor poder de armamento provisto a sus fuerzas militares desde la Segunda Guerra Mundial. Armas, helicópteros, aviones de última generación y hasta submarinos nucleares, porque una potencia política y económica está obligada a respaldar con capacidad disuasoria sus intenciones de liderazgo y de arbitraje regional.

Dedicamos también algunos capítulos de nuestro libro a la proyección de la persona del propio Lula, porque el ex presidente ha tenido demasiado cuidado al elegir la ubicación desde la que vive este nuevo período: ni en el primer plano, que obstaculizaría el normal desempeño del ejecutivo de “Dilminha”, su discípula y heredera; pero tampoco en el ostracismo.

Está ahí. Lula está ahí, rondando. No aparecen fotos suyas en las portadas de los diarios, pero es consultado tanto por los funcionarios superiores del gobierno como por los líderes del Partido de los Trabajadores.

A Dilma Rousseff no le tiembla el pulso para echar a “lulistas” importantes de su gobierno, como los ya ex ministros Antonio Palocci, por pre­sunto enriquecimiento ilícito; Alfredo Nascimento, por corrupción; y hasta al mismísimo Nelson Jobin, por contradecirla en público. Los tres, dirigentes del riñón de Lula.

Pero la independencia de criterio de la presidenta respecto de su mentor no parece ser un obstáculo para que la presencia de Lula siga allí, plenamente vigente, mostrando su capacidad y predisposición para volver al centro de la escena en cualquier momento.

No creo que falte mucho tiempo antes de que volvamos a escuchar análisis sobre una eventual nueva candidatura presidencial de Luiz Inácio da Silva, ese Midas que logró convertir en popularidad casi todo lo que tocaba.

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* Profesor Titular de Política Internacional, Universidad Católica de Córdoba.

El libro

Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después
de Lula.

Nelson Gustavo Specchia (Ed.), et. al.
278 páginas.
Editorial de la Universidad Católica de Córdoba – Educc
Córdoba
2011.

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Los palestinos ya festejan la llegada de la “primavera árabe” (29 09 11)

Extreman cuidados para evitar enfrentamientos en la zona oriental de Jerusalén

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Después de un largo período de inactividad, signada por el desacuerdo entre las dos principales facciones palestinas (Al Fatah, que controla Cisjordania, y los islamistas de Hamas, que dominan de facto la Franja de Gaza), la comunidad árabe vive un nuevo tiempo de expectativas desde que las Naciones Unidas tuvieron que admitir a trámite el reconocimiento de un Estado soberano en sus territorios.

El comienzo de las sesiones del comité de encargado de nuevas admisiones, esta semana, avizoró sin embargo un trámite largo y engorroso, y con pocas esperanzas de una resolución positiva, dada la decisión de la Casa Blanca de oponerse a la vía del reconocimiento multilateral.

Sin embargo, con el anuncio del gobierno de Benjamín Netanyahu, también durante esta semana, de ampliar la construcción de 1.100 nuevas viviendas para judíos en los territorios ocupados en 1967 del sector oriental de Jerusalén, el camino de reapertura de negociaciones bilaterales al que apostaba la diplomacia estadounidense sufrió un duro revés.

Tanto el vocero del presidente Barack Obama, como la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton, tuvieron que salir a censurar la decisión del gobierno de Tel Aviv. Rusia, China, la Unión Europea y otros numerosos países y organizaciones internacionales se sumaron a las críticas a Israel.

En la víspera, en una sesión especial, el Parlamento Europeo aprobó una resolución que declara que el pueblo palestino tiene el “legítimo derecho de crear un Estado independiente”, en un documento aprobado por unanimidad por los miembros del cuerpo parlamentario continental.

En Ramallah, sede del gobierno provisorio de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), siguen los festejos por el protagonismo internacional recuperado. Los voceros del premier Mahmmoud Abbas evaluaron que la nueva coyuntura en los territorios participa de la denominada “primeva árabe”, el conjunto de modificaciones estructurales que sacude al Norte de África y a Medio Oriente desde principios de año.

Desde el ejecutivo de Abbas, inclusive, no se descarta que pueda forzarse a un cambio del voto norteamericano. Ya ocho países integrantes del cuerpo han decidido votar a favor del Estado Palestino, según informó el ministro de Exteriores Riyad al Malki, entre los que se cuentan Líbano, Rusia, China, India, Sudáfrica y Brasil.

Con nueve votos la petición sería aprobada, aunque con posterioridad los Estados Unidos podrían ejercer su poder de veto para frenarla.

Negociaciones problemáticas

La decisión del presidente Barack Obama de relanzar las negociaciones bilaterales entre israelíes y palestinos está siendo motorizada por el denominado “cuarteto”, integrado por la diplomacia norteamericana, rusa, de la Unión Europea, y de las Naciones Unidas, y cuya figura visible es el ex primer ministro laborista británico Tony Blair.

El “cuarteto” ha invitado a reabrir las rondas de diálogo, haciendo caso omiso al nuevo plan de construcción de viviendas para judíos en los territorios ocupados de Jerusalén.

Ayer, tras una reunión de su directiva en Ramallah, la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) rechazó volver a ningún tipo de negociaciones mientras Israel siga construyendo en los asentamientos. Y se preguntó cómo la propuesta del “cuarteto” propone comenzar a negociar sobre los límites de 1967, mientras el Estado de Israel sigue construyendo activamente traspasando esos límites.

Así, las nuevas negociaciones aparecen como una vía muerta aún antes de haber logrado comenzar.

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Detrás de Rupert (22 07 11)

Detrás de Rupert

por Nelson Gustavo Specchia

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            En las últimas semanas Gran Bretaña se sacude con una de las mayores crisis desde la postguerra. El escándalo suscitado en torno a los periódicos del magnate Rupert Murdoch ha salpicado a periodistas, policías, funcionarios, diputados y miembros del gobierno. Hasta la intocable familia real inglesa se ha visto envuelta por el remolino. Lo que comenzó siendo un tema mediático saltó hacia la esfera política, y el ejecutivo conservador de David Cameron no encuentra la manera de despegarse, y –también él en el centro del remolino- corre incluso el riesgo de tener que dejar la jefatura del gobierno si no demuestra, en el transcurso de las próximas horas, que sus conexiones con los aspectos más negros del escándalo pueden haberse debido a errores, pero no a acciones deliberadas para favorecer a un holding empresario. Y los ingleses perciben que el pobre y atildado Cameron no tiene el trabajo fácil: en Londres, donde todo es objeto de apuestas, algunas casas de juego ya habilitaron la compulsa de cuánto falta para que caiga el gobierno conservador. El miércoles de esta semana, la célebre firma William Hill pagaba 16 a 1 las apuestas a que el primer ministro habrá renunciado antes del domingo a la noche.

Y la crisis, ya enteramente política, no se ha conformado con quedar adentro de los márgenes marítimos de las islas británicas, sino que ha saltado hacia los cuatro vientos, recalando en Europa y en Estados Unidos primero, en Australia y Rusia después, para terminar ocupando las portadas de la prensa de medio mundo, de manera sostenida, en las últimos dos semanas. El fenómeno de semejante mancha de aceite viajando a alta velocidad por el planeta obedece a dos factores: Las empresas y los intereses de News Corporation, la marca amasada por Murdoch durante sesenta años, toca una variedad de aristas en todo el mundo. Pero el segundo factor es aún más importante desde la política internacional: El interés levantado por el escándalo radica en una manera de hacer periodismo (que no es exclusiva de los tabloides londinenses), y a cómo esa manera de gestionar la función periodística termina relacionándose con el poder político, insertando a su propia gente en los gabinetes, forzando agendas de temas, e hasta influenciando en la designación de candidatos y de partidos. En otras palabras, la prensa sensacionalista llega a las grandes masas de audiencia, sin reparar en cómo lo hace o la legalidad o legitimidad de los medios empleados para ello, y luego, con la capacidad de influencia que esa multitudinaria plataforma de lectores le otorga, apunta a intervenir en el rumbo de la decisión política. En el fondo, un planteo sustantivamente antidemocrático, pero recubierto con la estela de la libertad de expresión y de la libertad de prensa. Esos son los fantasmas que caminan detrás de Rupert Murdoch, y cuando sus pasos espectrales salen a la luz y quedan en evidencia, retumban en todos lados, no sólo en los escalones que llevan a la puerta del número 10 en Downing Street.

Y una advertencia más: Cuando se habla de “prensa amarilla”, generalmente se arma la imagen mental de esos tabloides policiales truculentos, el chusmerío rosa de las revistas y los semanarios del corazón, los mensuarios con delirios místicos, las publicaciones ultramontanas, e inclusive esos misceláneos que mezclan sin demasiados pruritos de objetividad a los fenómenos paranormales, el Gauchito Gil, los extraterrestres, los curas sanadores y los platillos voladores del Uritorco. Pero el fenómeno no se limita a esta fauna variopinta. Por el contrario, los métodos de la prensa sensacionalista han terminado evidenciándose tan efectivos en sus fines políticos, que parte de la supuesta “prensa seria” no ha dudado en tomar algunos de esos elementos y hacerlos suyos. Así, el viejo oficio periodístico que entendía la profesión como un servicio a la sociedad, y que por eso tenía como regla no publicar una noticia hasta haberla contrastado suficientemente con fuentes directas, ha ido dejando lugar a titulares y a portadas que no ocultan –ni les interesa ocultar- su intencionalidad política. Antiguos periódicos de alta tirada, incluso alguno que anota en su insignia ser el gran diario nacional, no han dudado de echar mano de las herramientas sensacionalistas para intervenir en el juego político del Estado. Una participación, claro, para la cual ningún ciudadano de ese Estado los votó. De ahí la cuestión antidemocrática que arrastran.

WHO IS WHO Fox, MGM, Sun,

Murdoch ha sido llamado con los más originales apodos por la prensa del mundo, devolviéndole con la misma moneda con que sus diarios han pagado. Le llaman “el león de la Fox” (porque también es dueño de la productora cinematográfica 20th. Century Fox, la competidora de la MGM, al principio de cuyos filmes rugía ese descomunal león africano); el “zar de la prensa”; el “hacedor de gobiernos”. Más allá de la espectacularidad de esos apodos, todos encierran una parte de verdad. Keith Rupert Murdoch ha demostrado ser un auténtico león en la selva de los medios de comunicación, y casi desde la nada. Llegó a Londres, desde su Melbourne natal, con 20 años y un puñado de libras en el bolsillo. Después de un tiempo compró el periódico The Sun, lo pasó a formato tabloide, y adquirió asimismo el dominical News of the World. Con base en esos dos medios, y la paulatina introducción de contenido sensacionalista y fotos de mujeres desnudas, fue armando una arquitectura mediática que hoy en la más grande del mundo. El año pasado, el holding empresario fundado –y dirigido en persona- por Murdoch, a sus 80 años, facturó un total cercano a los 30.000 millones de dólares. Además de la 20th. Century Fox en cine y entretenimientos, el grupo es el dueño de la cadena televisiva Fox, prácticamente la vocera del Partido Republicano en los Estados Unidos. Murdoch llegó a norteamérica en los primeros años ’70, y se lanzó a una carrera de adquisiciones de grandes medios, entre los cuales sumó al diario New York Post; el periódico financiero The Wall Street Journal; y la casa editorial Harper Collins, también presente en Canadá, Nueva Zelandia, y la India. Además del original The Sun, en Inglaterra tuvo la cabecera más vendida durante décadas, News of the World, que debió cerrar la semana pasada por ser la piedra de toque del escándalo. También en las islas tiene un porcentaje del mayor canal televisivo, BSkyB, y a punto estuvo de quedarse como único dueño –David Cameron ya había aprobado la adquisición- pero el affaire lo ha hecho desistir de esa millonaria compra, de momento. Sky, una señal televisiva hermana, también está en Alemania e Italia; a China ha llegado con el canal Fox, la señal National Geographic Channel; y en su Australia natal mantiene la propiedad de más de 146 publicaciones.

Con este universo empresarial de directa y diaria incidencia en millones de lectores, Murdoch y sus gerentes locales han estado paulatinamente insertándose en las instancias de gobierno. En estos días, especialmente en la escenificación de arrepentimiento y vergüenza que protagonizó frente a la comisión investigadora de la Cámara de los Comunes en Londres, el anciano león dijo no haber estado al tanto de que la gente en la que él había confiado cometía ilícitos contra la vida privada, engañaba a sus lectores, coimeaba a funcionarios públicos y agentes del orden, y sobornaba –por miedo- a todos. Sin embargo, los testimonios de varios de esos mismos gerentes sostienen que siempre fue el viejo en persona quién marcó los rumbos editoriales, los contenidos, y las formas de hacerse con la información para ellos.

CHAU, PRENSA AMARILLA

El escándalo seguirá todavía por un tiempo, y tal como apuestan los jugadores londinenses, las implicancias políticas del caso están lejos de agotarse, tanto dentro como fuera de Gran Bretaña. Las acusaciones y las investigaciones sobre espionaje en los Estados Unidos ya han comenzado, y eso abrirá todo un nuevo capítulo, especialmente si se confirma que los periódicos del grupo espiaron a los familiares de los atentados del 11 de septiembre, el acontecimiento de mayor impacto social en la historia contemporánea norteamericana. No puedo calcular todavía los alcances de semejante patada al tablero, que ya se compara con Watergate, aquel caso que le costó la presidencia a Richard Nixon. Pero sí estoy seguro de que con el affaire Murdoch termina una manera de relación entre la gran prensa concentrada y el poder político. Rupert Murdoch ha sido, sin lugar a dudas, el hombre más poderoso de Inglaterra en las últimas tres décadas, más que los primeros ministros, quienes, en definitiva, le debían en parte a él haber llegado a ese cargo. Murdoch era el poder real, y nadie lo había votado para que estuviera allí. Sólo eran sus millones, y el miedo que despertaba –en los funcionarios, en las personalidades, en los intelectuales, en la policía y en los propios miembros del gobierno- caer bajo la despiadada e inescrupulosa zarpa de los titulares de sus periódicos.

Y quien reveló que el rey era apenas un pirata, y que además estaba desnudo, fue la prensa seria, la de verdad. The Guardian, el viejo diario que sigue confrontando las noticias con las fuentes y donde los periodistas siguen entendiendo que con su oficio cumplen una función social, puso en jaque al imperio construido sobre el miedo y la infamia.

Ni siquiera la sacrosanta libertad de prensa puede ser utilizada como una vía para burlar la voluntad popular y corromper las instituciones democráticas. Deberíamos tenerlo presente. También en la Argentina.

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[ publicado en la columna “Periscopio”, del suplemento Magazine del diario

Hoy Día Córdoba, viernes 22 de julio de 2011 ]

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La OTAN frena a Khaddafi. Europa apoya en bloque

La OTAN cierra el cielo libio y detiene la toma de Bengasi

Khaddafi asegura que resistirá y promete convertir al Mediterráneo en una zona de guerra

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Las fuerzas militares de la coalición occidental liderada por Francia, bombardeaban anoche por segundo día consecutivo las defensas antiaéreas del régimen libio del coronel Muhammar el Khaddafi, con el objetivo de establecer una zona cerrada a los vuelos de la aviación militar de Trípoli.

El ataque aliado, amparado en la resolución 1.973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), comenzó a las pocas horas de que el organismo multilateral aprobara acciones ofensivas para proteger a la población civil de los bombardeos de Khaddafi, cuando fuentes oficiales libias aseguraban estar a las puertas de Bengasi, la ciudad oriental libia donde se ha asentado la coordinación de las fuerzas insurgentes y el Consejo Nacional, el órgano provisorio de gobierno de los alzados.

Los objetivos de la ofensiva occidental, que se basa principalmente en los caza bombarderos franceses con el apoyo de misiles norteamericanos lanzados desde las naves próximas a la costa libia, han vuelto a apuntar ayer a la capital, Trípoli, por segundo día consecutivo.

Según han informado fuentes castrenses occidentales, la acción ofensiva intenta desactivas las defensas antiaéreas, que dejarían desprotegida a la aviación libia, lo que permitiría, a su vez, el establecimiento de una zona de exclusión aérea.

Sin embargo, el jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, el almirante Mike Mullen, reconoció que al menos 90 personas murieron, mientras otras 200 resultaron heridas, como consecuencia de los bombardeos de la coalición, señalaron fuentes informativas en América latina.

La cadena árabe Al Jazeera, por su parte, trasmitió el comunicado oficial del gobierno de Khaddafi, que momentos después de iniciado el ataque aliado, el sábado pasado, anunció que había ordenado a todas las unidades gubernamentales “un alto el fuego inmediato”. La medida militar se tomaba, seguía el parte, para preservar las posibles bajas civiles y “la destrucción de edificios civiles y militares”.

Sin embargo, la misma cadena informaba poco después que las defensas antiaéreas habían empezado a disparar, y el ataque del régimen sobre Bengasi seguía adelante, así como la ofensiva de las tropas de Khaddafi en otras ciudades tomadas por los insurrectos.

El presidente estadounidense Barack Obama, de visita oficial en Brasil, ha afirmado que su país no invadirá Libia ni se involucrará en combates cuerpo a cuerpo sobre el terreno, sino que se limitará a cumplir con la resolución de la ONU en coordinación con los demás miembros de la Alianza Atlántica (OTAN). El director del Pentágono, William Gortney, ratificó que el objetivo no es alcanzar militarmente al líder libio.

Apoyo europeo

Finalmente, y tras unos primeros momentos de falta evidente de coordinación, las cancillerías europeas se han alineado detrás de la iniciativa del presidente francés Nicolás Sarkozy y el primer ministro británico David Cameron, cuyos efectivos militares lideran junto a Estados Unidos la ofensiva contra las posiciones antiaéreas del régimen libio.

Italia y España se han sumado con recursos militares, y hasta la remisa Ángela Merkel, que había planteado objeciones a la intervención y se abstuvo de votar la resolución 1.973 en la ONU, se sumará al accionar conjunto permitiendo la utilización de sus bases por los ejércitos de la OTAN, señaló el ministro de Exteriores, Guido Westerwelle.

Las voces opositoras a la acción militar fueron encabezadas por el presidente venezolano Hugo Chávez, que pidió el cese de la “agresión del imperialismo” contra Khaddafi; también expresaron su protesta los gobiernos de Uruguay, Ecuador y Nicaragua.

Rusia, China, India y Brasil, si bien se abstuvieron en la ONU, no han condenado el ataque militar.

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China, el próximo ejército imperial

China, el próximo ejército imperial

Por Nelson Gustavo Specchia

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Desde los primeros momentos del alzamiento popular en el mundo árabe, a mediados de enero pasado, comenzó a advertirse que ese movimiento no se limitaría a Oriente Medio y el Magreb, sino que el envión aperturista podría llegar a otras latitudes. O, con más precisión, tendría capacidad para afectar a otros regímenes, que, como los árabes, han hecho de la cerrazón autocrática y del control la base de sustento y la lógica de permanencia en el poder. Y esto, independientemente de sus características culturales y de su ubicación geográfica. En otras palabras, se instaló la pregunta de cómo haría China para evitar el “efecto contagio” de las puebladas aperturistas provenientes de las riberas del Mediterráneo.

La clase dirigente china, que a pesar de denominarse hoy Comité Central del Partido Comunista de la República Popular de China, sigue manteniendo el carácter elitista del antiguo mandarinato imperial, reaccionó a estas versiones. Los altos burócratas de Pekín negaron enfáticamente que alzamientos como los que están resquebrajando las satrapías árabes pudieran llegar a sus ciudades. La situación interna china es diametralmente diferente, argumentan. El crecimiento del producto interior se mantiene en tasas muy altas; el mercado exportador continúa expandiéndose; el control sobre la economía logró esquivar con éxito los picos más problemáticos de la reciente crisis global; los juegos olímpicos mejoraron la vidriera internacional del régimen; y la tenencia de bonos públicos estadounidenses en las cajas fuertes de los bancos de Shangai y Hong Kong ha logrado acallar hasta las denuncias occidentales por las violaciones a los derechos humanos. Inclusive los conatos de protesta de la Administración Obama por la suave –pero permanente- devaluación del yuan, que mejora la competitividad de los productos chinos pero a costa de los equilibrios en las balanzas comerciales con sus socios en Occidente, quedaron en aguas de borraja.

Todos estos elementos, aducen los nuevos mandarines, abroquelan al sistema político contra posibles contagios. China no será una ficha más de las que tira este inquieto dominó. Pero, a pesar de esta muestra discursiva de seguridad, el gobierno chino ha tomado recientemente dos medidas críticas, que muestran que la confianza real en la posibilidad de que no surjan revueltas internas quizá no sea tan grande: acrecentar el control de la sociedad civil mediante la tecnología, e incrementar –en un auténtico salto cuantitativo- el gasto militar.

CONJURAR TIANANMEN

El actual escenario de alzamientos populares en demanda de más democracia, participación, apertura y transparencia no es la primera situación en que el régimen chino ve cuestionado su manejo cerrado y elitista del poder.

Entre abril y junio de 1989, en la enorme explanada de Tiananmen, en el centro de Pekín, la muerte del líder Hu Yaobang provocó una sorpresiva espiral de concentraciones y protestas, que fueron convocando cada vez a más gente, especialmente a jóvenes y estudiantes universitarios, hartos del control opresivo de la gerontocracia del Partido Comunista Chino. La movilización, que crecía en número pero también en rebeldía con cada día que pasaba, tuvo muchos puntos en común con las que se registraron en Túnez y en Egipto desde principios de este año. Y la forma en que el régimen respondió para sofocarla, no dista demasiado de las vías que el coronel Muhammar el Khaddafi está empleando en estos momentos para reprimir la protesta en Libia.

Los manifestantes de Tiananmen también conformaban un variopinto ejército del descontento, desde intelectuales y profesores universitarios que bregaban por mayor apertura y libertades civiles, pasando por jóvenes militantes de base críticos con el nepotismo corrupto de los “ancianos”, hasta obreros urbanos que se oponían a las nuevas modalidades del capitalismo férreamente controlado por el Estado, impuesto como filosofía política excluyente desde las reformas de Deng Xiaoping a los desmanes colectivistas de Mao Tse Tung.

La clase dirigente, que no había tenido que soportar una contestación opositora desde la constitución de la República Popular, se encontró con la guardia baja. Las divisiones de opiniones sobre cómo enfrentar la protesta llegaron al Comité Central del partido, pero finalmente se impuso la línea dura: se decidió no adoptar ni uno solo de los puntos reclamados por los movilizados, se decretó la ley marcial, y se mandaron los tanques a la plaza. La “masacre de Tiananmen” (cerca de 3.000 muertos, según la Cruz Roja, y más de 10.000 heridos) levantó una ola de condena en todo el mundo, y aisló nuevamente a China.

Pero los mandarines han aprendido de aquella experiencia, y los pasos de estos días parecen querer conjurar una nueva Tiananmen que llegue con los aires mediterráneos desde el mundo árabe. El gobierno admitió que está probando un sistema informático, que comenzará a operar en los próximos meses, mediante el cual podrá localizar en cualquier momento a todos los poseedores de teléfonos celulares en Pekín (que son, por cierto, casi todos los habitantes). La experiencia comenzará con la prestadora China Mobile, que posee un 70 por ciento del mercado, pero seguirá luego con China Unicom y con China Telecom, con lo cual podría llegar a controlar a cerca del 95 por ciento de los 24 millones de ciudadanos que pueblan la capital china, durante las 24 horas del día. Se podrá saber en qué lugar está cada quien en cada momento: en el baño de su casa, en el comedor, o yendo a una concentración popular en una plaza de la ciudad. Y, claro está, en este último caso se podrá intervenir policialmente con el tiempo suficiente como para abortarla, antes de que pase a mayores.

LOS SOLDADOS IMPERIALES

Pero la noticia que mayores suspicacias ha despertado en los centros de análisis de política internacional no ha sido la del aumento del control social interno, sino el anuncio de que China pegará un salto en las partidas presupuestarias destinadas al gasto militar durante el presente ejercicio. A pesar de lo que el discurso oficial esté dispuesto a admitir, el aumento de la cuenta de defensa no está disociado del clima de revueltas que sacude a los regímenes autocráticos. Pero en este caso las implicancias regionales con unos vecinos (India, Taiwán, Corea) con quienes las relaciones no siempre han sido fáciles, y las lecturas globales en cuanto a balances de capacidad de fuego, adquieren otras dimensiones.

Pekín ha admitido esta semana que el gasto de defensa chino alcanzará los 601.100 millones de yuanes (unos 70.000 millones de dólares) en 2011, lo que implicaría un aumento de más de un 10 por ciento respecto del gasto del año anterior; un presupuesto militar que supone un 6 por ciento del total de las erogaciones del país.

Pero aquella cerrazón informativa y falta de transparencia que los jóvenes ya reclamaban en la plaza de Tiananmen hace más de veinte años, se agudiza en los temas militares. Observatorios externos, como el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), calculan montos sustantivamente mayores; e inclusive la inteligencia norteamericana ha dejado trascender que el gasto militar chino es –cuando menos- el doble de lo que admite el gobierno.

En todo caso, los burócratas de Pekín relativizan estas suspicacias, comparando su partida con los 553.000 millones de dólares que el Pentágono norteamericano presentó en su previsión presupuestaria para 2012 (y ese monto record, sin incluir los costos de las guerras en Irak y Afganistán).

No hay manera de compararse con la potencia militar hegemónica del globo, claro está, pero China parece encaminada a reconstruir el viejo ejército imperial de Oriente, a tono con su creciente supremacía demográfica, política y económica.

Y eso no es una buena noticia.

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Obama, el amigo hindú (08 11 10)

OBAMA RESPALDA EL INGRESO DE LA INDIA AL CONSEJO DE SEGURIDAD

El fortalecimiento de las relaciones con India provocará un nuevo equilibrio global

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El presidente estadounidense, Barack Obama, produjo el más importante giro en la esperada reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), al señalar ayer que su país –la principal potencia dominante en la organización multilateral- apoyará las aspiraciones de la India para integrarse como miembro permanente.

El Consejo de Seguridad es el auténtico centro neurálgico de los equilibrios internacionales, está compuesto por solo cinco asientos permanentes (EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Rusia y China), todos con poder de veto sobre las decisiones de la organización.

La aceptación por parte del líder norteamericano de las aspiraciones hindúes implica un reconocimiento al papel de creciente relevancia del país-continente como potencia emergente, y un nuevo equilibrio de poder frente al ascenso de China. Con 1.200 millones de habitantes, una economía en crecimiento permanente y una democracia de masas que funciona, India invoca su derecho a sentarse entre las naciones que gobiernan el mundo.

Obama, en su presentación, admitió que las nuevas realidades y equilibrios de fuerzas del mundo del siglo XXI debe tener un correlato en la reforma de las instituciones internacionales. Con esta misma argumentación, desde hace tiempo el presidente brasileño, Lula da Silva, viene bregando por un asiento permanente en el Consejo de Seguridad para Brasil; Alemania y Japón, que quedaron fuera de la arquitectura multilateral de la organización tras su derrota en la segunda Guerra Mundial, tienen las mismas pretensiones; pero de los diversos aspirantes, el jefe de la Casa Blanca ha decidido priorizar a la India.

El anuncio se enmarca en una serie de nuevas modalidades de relacionamiento bilateral entre los Estados Unidos y la India, que Barack Obama no ha dudado en definir como una relación que marcará el nuevo tiempo político global.

También para India implica un cambio sustantivo en su postura frente a las iniciativas de la potencia norteamericana, ya que en el pasado reciente ha estado lejos de alinearse con las políticas de Washington: durante una buena parte del siglo XX Nueva Delhi tuvo un diálogo especial con la Unión Soviética, mientras la estrategia norteamericana apoyaba de forma prioritaria su alianza con Pakistán, el histórico rival hindú.

El presidente norteamericano hizo pública su iniciativa frente al Parlamento hindú, en un discurso que fue interrumpido varias veces por los aplausos; en él Obama calificó a India de un “socio irrenunciable”, además de “un actor clave en la escena mundial”.

La escala en Nueva Delhi es la primera de una gira de Barack Obama por Oriente, en la cual visitará también Indonesia, Corea del Sur y Japón, justo antes de la apertura de la reunión del G-20 en Seúl, en la que participará también la presidenta argentina Cristina Fernández, y que se centrará en acordar medidas conjuntas que equilibren el nuevo proteccionismo de los grandes productores por vía de la devaluación unilateral de la moneda, como está haciendo China en estos días.

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G-20: Los grandes del mundo convocan a pensar la crisis (28 06 10)

G-20: LOS GRANDES DEL MUNDO CONVOCAN A PENSAR LA CRISIS

Los líderes del Grupo de los Veinte se reunirán a partir de mañana en la ciudad canadiense para avanzar en una definición común de las políticas a aplicar para combatir la crisis económica que parece haberse enquistado en la dinámica internacional contemporánea.

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En Toronto se discutirán las estrategias del G-20 (que en conjunto suma el 90% de la producción mundial, el 80% del comercio y el 75% de la población del planeta), especialmente las políticas impositivas y la necesidad -o no- de recortar el gasto para equilibrar las cuentas públicas y disminuir los déficits. Esta disyuntiva ocupará una parte sustancial de las deliberaciones, debido a la falta de acuerdo global sobre el tema.

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En las últimas semanas, diversas reformas emprendidas por los gobiernos europeos a instancias de la canciller alemana Ángela Merkel, insisten en el achicamiento del gasto, mientras que economistas de gran predicamento (entre los que se cuentan varios premios Nobel) insisten en que esta alternativa debilitará aún más el consumo interno, generará recesión, y por lo tanto ahondará la crisis.

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En esta tesitura se encuentra la Argentina y también, con diversos matices, es la vía que han adoptado grandes potencias como los Estados Unidos de América y China, y países emergentes como India y Brasil.

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Por el contrario, la mayor parte de los países miembros de la Unión Europea (UE) han optado por un fuerte achicamiento de la economía, con reducción de salarios, incentivos y jubilaciones, a la par de un aumento en la presión impositiva.

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Tras el alineamiento de la UE detrás de la estrategia conservadora de Merkel (inclusive gestiones socialdemócratas como la española de Rodríguez Zapatero), el presidente norteamericano, Barack Obama, envió una carta la semana pasada al G-20, advirtiendo que se pone en riesgo la recuperación mundial si los países recortan, en simultáneo, su gasto público.

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Frente a la presión de Obama, el reciente Consejo Europeo reunido esta semana en Madrid, y con el que acaba el semestre de la presidencia española (ver nota en Magazine), acordó que la UE debe presionar a los demás miembros del G-20 para lograr que todos acepten un achicamiento en sus respectivos gastos públicos. La UE tampoco acuerda con apoyar, en el marco del G-20, un impuesto internacional bancario y una tasa sobre transacciones financieras, que significaría un embrión de regulación financiera mundial.
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Cumbre de los BRIC en Brasilia (16 04 10)

LULA RECIBE A LOS EMERGENTES EN BRASILIA EN LA CRUMBRE BRIC

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Brasil, Rusia, India y China acuerdan estrategias comerciales conjuntas

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los grandes países emergentes reunidos en el grupo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) se encontraron en una cumbre programada para dos días en Brasilia, orientada principalmente a reflejar en nuevos documentos de cooperación comercial, la importancia creciente del intercambio de productos y servicios que se da entre sus economías.

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El presidente brasileño, Luiz Inácio da Silva recibió a su homólogo chino, Hu Jintao, ayer jueves en Brasilia, y ambos firmaron una serie de acuerdos en materia de comercio e inversión, destinados a impulsar el comercio y la cooperación energética entre los dos países de escala continental.

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Luego, los mandatarios recibieron al presidente de la Federación de Rusia, Dmitri Medvédev, y al premier indio, Manmohan Singh. La Cumbre de Brasilia es la segunda oportunidad en que los líderes del grupo BRIC se reúnen para consensuar los principales temas de una agenda económica común, con marcado énfasis en la promoción del comercio entre ellos.

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Finalmente, el cronograma de la reunión de alto nivel se redujo, y la Cumbre se formalizó en la noche del jueves, dado que el presidente chino decidió adelantar su vuelta a Beijing, para estar cerca del gobierno en los delicados momentos que vive el gigante asiático tras el terremoto que ha ocasionado centenares de víctimas mortales. De igual manera, Hu Jintao canceló las visitas que tenía programadas en América latina, ya que desde Brasil planeaba visitar Venezuela y Chile.

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En los acuerdos bilaterales previos, China se comprometió con Brasil en cooperar para construir una planta de producción de acero en Rio de Janeiro, que se convertiría en la mayor inversión china en Sudamérica, aunque no entregaron a la prensa detalles al respecto.

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Desde el desarrollo satelital hasta la exportación de tabaco, las áreas bajo análisis de ambos líderes han sido amplias, y uno de los centros fue la consideración de los recursos energéticos, donde convinieron que la empresa china Sinopec desarrollará emprendimientos extractivos junto a la petrolera estatal brasileña Petrobras. Los recientes descubrimientos en Brasil de reservas petrolíferas en su largo litoral marítimo han abierto el área como una de las más atractivas para la cooperación potencial con China, que el año pasado aceptó prestar a Petrobras 10.000 millones de dólares a cambio del suministro de crudo garantizado por la próxima década.

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Junto a India y Rusia, además, los BRIC acercaron posturas para afrontar el tema de las sanciones económicas a Irán por sus desarrollos nucleares, y el apoyo al surgimiento de una entidad palestina autónoma, además de fortalecer los lazos entre sus respectivos sectores empresariales, banqueros, cooperativas y bancos de desarrollo estatal, para hacer evidente el peso específico de los BRIC en la escena económica mundial.

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El grupo representa cerca del 40 por ciento de la población mundial, y sus economías serán responsables de cerca de la mitad del crecimiento económico mundial en los próximos cuatro años.

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Alta diplomacia en cumbre histórica (13 04 10)

ALTA DIPLOMACIA EN WASHINGTON EN UNA HISTÓRICA CUMBRE NUCLEAR

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Eliminar los riesgos de un ataque atómico, principal objetivo de la Cumbre

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Cuando el presidente norteamericano Barack Obama anunció el año pasado que trabajaría por “un mundo sin armas nucleares”, la declaración fue tomada más como una expresión de deseos que como un programa político.

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Sin embargo, las medidas impulsadas por la Casa Blanca colocan la agenda atómica en el centro de los acuerdos políticos internacionales al máximo nivel ejecutivo.

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En la capital norteamericana comenzó a deliberar ayer la Cumbre sobre Seguridad Nuclear, la mayor reunión sobre el tema de jefes de Estado y de gobierno, y altos representantes de 47 países de mundo, reunidos por el presidente Obama tras un objetivo doble: aumentar la cooperación mundial en el amplio abanico de temas que impactan en la seguridad global, y reducir al mínimo posible –y colocar ese mínimo bajo estrictos controles- la disponibilidad de material atómico factible de ser utilizado como armamento.

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En un gesto dirigido a mostrar que su iniciativa de desarme atómico será aplicada antes que nadie por los Estados Unidos (después de todo, ha sido el único país del mundo que ha hecho estallar bombas atómicas en una guerra), Obama llegó a la Cumbre inaugurada ayer luego de lanzar la Revisión de la Postura Nuclear (RPN) estadounidense, y tras firmar el nuevo tratado START con Rusia.

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Con la RPN Estados Unidos se compromete a no utilizar armamento atómico contra países que hayan renunciado a ellos. El START, acordado con el presidente ruso Dimitri Medvédev, programa destruir cabezas nucleares, hasta un mínimo de 1.550 ojivas en 17 años.

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A pesar de la contundencia de los números, el START recibió críticas desde diversos ángulos, que adelantan el tenor de las posiciones de la Cumbre. Además de los conflictivos Irán, Corea del Norte y Siria, que siguen adelante con un declarado programa atómico propio, el presidente brasileño Lula da Silva relativizó el acuerdo firmado en Praga: “¿Desactivación de qué? Porque si estamos hablando de desactivar lo que ya estaba caduco no tiene sentido. O hablamos en serio de desarme o no podemos admitir que haya un grupo de países armados hasta los dientes y otros desarmados”, dijo Lula, que mantiene en Brasil un plan de crecimiento nuclear de uso civil, y ha adquirido recientemente tecnología atómica francesa en submarinos, para defender el extenso litoral marítimo con ingentes reservas hidrocarburíferas.

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En la Cumbre de Washington, Obama plantea detener el tráfico de material atómico (que aumenta el riesgo de que sea apropiado por fuerzas irregulares) y poner bajo control todo el uranio enriquecido y plutonio que existe en el mundo.

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“El peligro de una guerra nuclear ha decrecido, pero el peligro de un ataque nuclear ha aumentado considerablemente”, dijo el año pasado el presidente en Praga, al anunciar su proyecto de reducción progresiva, porque los grupos insurgentes, como los radicales islamistas de Al Qaeda, han manifestado reiteradamente su pretensión de hacerse con uranio enriquecido para aumentar su poder de ataque.

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Se calcula que con sólo 25 kilogramos de uranio enriquecido puede fabricarse una bomba atómica de alto poder destructor, y hay registrados alrededor de 1.600.000 kilos repartidos en más de 40 países; y a esta cantidad habría que agregar aquellas de las que no se tiene oficialmente registro. Obama está convencido de que sólo el control sobre este material, su almacenamiento, tráfico y destrucción programada, puede garantizar una reducción real del peligro atómico global.

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LOS LÍMITES DEL MONOPOLIO

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Obama quiere un mundo sin armas nucleares, pero su afirmación es engañosa. En realidad quiere que el “resto” del mundo no tenga más misiles con cabezas atómicas, y que éstas –disminuidas en número, porque sólo hacen falta unas pocas para disuadir mucho, o golpear fuerte si fuera el caso- sigan donde siempre: en el Pentágono norteamericano, por cierto, y en Rusia, Francia, China e Inglaterra, las cinco potencias que concentran los arsenales atómicos, y que impiden, mediante el Tratado de No Proliferación, que nuevos países entren al selecto club nuclear.

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¿Pero hasta cuándo puede sostenerse esta lógica de monopolio? Lula dijo que para hablar de desarme en serio, había que tocar los arsenales de los grandes, no se sostiene impedir que los desarmados se armen si los que se arrogan el monopolio persisten en mantenerlo. Mucho del apoyo de Lula a la postura recalcitrante del iraní Mahmmoud Ahmadinejad tiene que ver con esta lógica.

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Y si no se toca este núcleo, la cantidad de uranio enriquecido que anda disperso por zonas frágiles y de conflicto latente (principalmente las 200 bombas atómicas de Israel, y las que acumulan frente a frente Pakistán e India), o que puede llegar a manos de incontrolables grupos insurgentes, seguirá colgando como una espada de Damocles sobre la cabeza de los planes de seguridad global.

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N. G. S.

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Nuevo mando, algo gris, para Europa (26 11 09)

Nuevo mando, algo gris, para Europa

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por Nelson Gustavo Specchia

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“Bipolares”, 26 de noviembre de 2009

En un mundo donde los altos contrastes, lo blanco frente a lo negro, o lo negro frente a lo blanco, parecen ser las perspectivas que día a día aumentan de calado, de importancia, la introducción de mayores equilibrios, de mayores dosis de mesura, es una esperanza fuerte. El proceso de integración continental de la Unión Europea forma parte de esa esperanza.

Luego de los fracasos del Tratado Constitucional, en 2005, Europa quedó en un compás de espera, en una fase de estancamiento, hasta la reciente firma del Tratado de Lisboa, que intenta recuperar la iniciativa.

En el Tratado de Lisboa, que entrará en vigor el próximo 1 de diciembre, se prevé la elección de un presidente permanente del Consejo Europeo, y de un Alto Representante de la Política Exterior, para que Europa hable con una sola voz en el concierto internacional.

La elección de estos dos cargos se ha realizado esta semana que pasó, y, a pesar de las altas expectativas que habían creado, las designaciones han tenido la particularidad de dejar disconformes a todo el mundo.

Frente a un mundo cada vez más en blanco y negro, Europa no sale de los tímidos grises.

Los jefes de Estado y de Gobierno de los 27 países miembros de la Unión Europea, han elegido al conservador democrata-cristiano belga Herman Van Rompuy como presidente, y a la laborista británica Catherine Ashton, como Alto Representante de Política Exterior y Seguridad (el cargo que desempeñó hasta ahora Javier Solana), y Vicepresidenta de la Comisión Europea.

Van Rompuy, hasta ahora primer ministro belga, parece ser un hombre de consenso, especialmente frente a la complejísima crisis entre valones y flamencos en su país. Pero fuera de Bélgica no lo conoce prácticamente nadie, y ha dejado atrás a candidaturas de aspirantes como Tony Blair, del holandés Jan Peter Balkenende, o del ex presidente del gobierno español, el socialista Felipe González, todos políticos de fuertes personalidades y claros liderazgos.

Y la señora Ashton llega a este cargo, básicamente, por una cuestión de equilibrios: es socialista, y es mujer. Las europarlamentarias ya habían dejado escuchar su voz de protesta –y de advertencia- de que no tolerarían que los nuevos altos cargos de la UE fueran todos para hombres.

La política de equilibrios de Bruselas, además, conduce a que la cartera de Exteriores vaya a parar a un socialista, mientras que la presidencia queda en manos de un conservador, reflejando, de esta manera, la distribución política actual en los gobiernos de los países miembros de la Unión Europea.

Catherine Ashton se pondrá al frente del mayor aparato diplomático del mundo, a partir de 1 de diciembre. Asumirá las atribuciones de presidir el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de todos los países de la UE, y la “cancillería” de la organización.

Lady Ashton (es baronesa, título nobiliario entregado por Su Majestad, la Reina de Inglaterra) estará al frente de una red diplomática inmensa, con la mayor cantidad de embajadas repartidas por el mundo.

Pero ninguno de estos dos nuevos altos cargos poseen una personalidad como la que se esperaba para estos tiempos. Son unos funcionarios de segunda línea, más grises de lo que podría haberse esperado.

Por eso estas escenas de cambio, que hemos presenciado esta semana, no pueden ocultar una transformación de fondo bastante pobre: Europa sigue sin encontrar un ímpetu avasallador que la ponga en ruta nuevamente con la fuerza de los inicios del proceso de integración, tras la segunda posguerra.

Los nombramientos de Durão Barroso, para un mandato renovado como presidente de la Comisión, y de Von Rumpuy y Lady Ashton, en realidad, parecen haber sido puestos aquí porque molestarán poco a los grandes países y a los grandes líderes personalistas de Europa. Si así fuera, entonces son fruto de la ausencia de voluntad y de objetivos por parte de los grandes actores del proceso europeo.

Todos esperamos que Europa vuelva a recuperar bríos y fuerzas, porque un protagonismo relevante del Viejo Continente equilibraría los tantos a nivel internacional. Pero, sin embargo, y a pesar de las tan altas expectativas que estos nombramientos en la Unión Europea habían significado, la política internacional sigue pasando por otros vectores: Estados Unidos, China, India, Rusia, Irán, Venezuela, y, claramente y cada día más, Brasil.

La Europa gran protagonista sigue siendo una promesa.

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