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La revuelta llega a Bahrein (18 02 11)

La movilización árabe levanta el emirato petrolero de Bahrein

Estados Unidos debe rectificar sobre la marcha su estrategia en la región

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De una manera inédita y veloz, las reivindicaciones por apertura democrática que recorre Medio Oriente continúa imparable, haciendo foco ahora en el Golfo Pérsico y en Libia. Se informaba que la respuesta de las fuerzas de seguridad a las movilizaciones espontáneas, levantadas en la región tras la caída de los regímenes autoritarios de Túnez y Egipto, iban causando 19 muertos por la violenta represión; 4 en Yemen, 6 en Bahrein, y al menos 9 fallecidos en los enfrentamientos entre manifestantes y los paramilitares de los Comité de Defensa de la Revolución, en Libia.

En Manama, capital del emirato de Bahrein, las fuerzas de seguridad que responden a la dinastía sunnita de los Al Khalifa, cargaron contra más de dos mil manifestantes chiítas, que marchaban por las calles por cuarto día consecutivo y habían acampado en la plaza Perla, del centro de la ciudad. Más de 200 heridos, según los datos aportados por el presidente de la Asociación de la Juventud Bahreiní para los Derechos Humanos, Mohamed al Maskati, fue el saldo de la batalla campal en este pequeño reino árabe, de apenas 600 kilómetros cuadrados.

A pesar de su exiguo tamaño, este emirato insular de alrededor de un millón de habitantes posee una importancia estratégica alta, y constituye una de las bases de actuación privilegiada para los Estados Unidos en toda la región del Golfo Pérsico. Además de sus propias reservas de petróleo, su ubicación permite controlar el paso de la ruta del Golfo, por donde cruza un tercio del tráfico mundial de petróleo.

En sus puertos, además, se estaciona la Quinta Flota norteamericana, con capacidad de acción sobre 19 Estados, entre ellos algunos de los más conflictivos de toda la región: Irán, Líbano, Arabia Saudita, Siria, Irak, Afganistán y Pakistán. De hecho, desde Bahrein partieron los efectivos norteamericanos que participaron en las dos guerras contra Irak.

Al igual que con Túnez y Egipto, la política exterior del Departamento de Estado hacia Bahrein ha sido, hasta ahora, la de ignorar los reclamos democráticos de los ciudadanos en nombre de la estabilidad regional, el freno del islamismo radical, y la protección de sus intereses estratégicos en el área.

Las protestas que se viven estos días, al calor de la ola de cambios en todo el mundo árabe, ponen en cuestión las alianzas de Washington y también su estrategia de defensa en la inestable región. Sin embargo, anoche la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, manifestó el apoyo del gobierno de Barack Obama a un “cambio real y significativo” en el emirato; recordando que Bahrein es “un país amigo y aliado”, pidió públicamente al gobierno que respete a los que “protestan pacíficamente en favor de demandas razonables”, lo que sugiere un giro de la política estadounidense sostenida hasta ahora.

13 muertos en Yemen y Libia

Las movilizaciones de oposición al presidente yemení Ali Abdullah Saleh, que lleva más de 30 años en el cargo, se cobraron ayer nuevas víctimas fatales. 4 muertos por disparo de balas, y 17 heridos, fueron atendidos en dos hospitales de Adén.

Las refriegas se dieron entre los manifestantes, que recorren las calles de la capital por quinto día consecutivo, y la policía, a la que luego se agregaron columnas de leales al régimen de Saleh, un aliado clave de Washington en la lucha contra el fundamentalismo islámico de Al Qaeda.

En Libia, donde la dictadura personalista de Muhammar el Khaddafi se extiende desde hace 42 años, al menos 9 personas perdieron la vida, y se registraron 35 heridos en la capital, Trípoli, y en las ciudades de Bengasi y Al Baida, en el denominado “día de la ira”, que la oposición en el exilio de Londres, y activistas convocados por la red social de Facebook, llamaron para protestar contra la dictadura.

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Revuelta árabe: entre la represión y las concesiones (17 02 11)

Revuelta en el mundo árabe

Prosiguen los alzamientos, entre la represión y las concesiones

Se multiplican las protestas en Yemen, Libia y Bahrein. Vuelven las manifestaciones contra el régimen en Irán.

En Túnez y Egipto los gobiernos provisionales enfrentan ahora reclamos sociales y económicos.

 

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La caída del régimen egipcio de Hosni Mubarak está generando una ola de movimientos en todo el mundo árabe y sus principales vecinos, que ya parece difícil de detener.

La chispa encendida en Túnez, que forzó la huída de Zine el Abidine ben Ali, no presagiaba un contagio de esta naturaleza, debido al limitado poder regional del pequeño país del Magreb. El cambio de régimen en Egipto, en cambio, está implicando una alteración en el norte de África, Medio Oriente y Asia Central.

Además, también es evidente que el clamor popular no está dispuesto a agotarse con el nuevo tiempo político, sino, por el contrario, que se está alimentando de ese envión popular para reclamar viejas demandas sociales y económicas, en torno a situaciones muy postergadas en la distribución de la renta, nivel de compra de los salarios, precios de los productos de primera necesidad, los alarmantes índices de desocupación y la reconquista de derechos gremiales, entre las principales demandas que comienzan a tomar cuerpo en las calles tunecinas y egipcias.

El contagio de la metodología de alzamiento social contra los gobiernos fuertes que han caracterizado toda la región, sigue la línea del mar Mediterráneo hacia la dictadura libia del coronel Muhammar el Khaddafi; hacia el régimen autocrático de Abdelaziz Buteflika en Argelia; y alcanza la monarquía alauíta de Mohamed VI en Marruecos.

Hacia el este, por su parte, la onda de la movilización egipcia ya ha alcanzado a los territorios de la Autoridad Nacional Palestina; al emirato de Bahrein en el Golfo Pérsico; y a la larga permanencia del presidente Ali Abdallah Saleh en el poder de Yemen. Inclusive el clima de malestar generalizado ha vuelto a alimentar la protesta persa, donde el movimiento de la “ola verde”, opositor al gobierno populista chiíta de Mahmmoud Ahmadinejad, volvió a intentar manifestarse en forma masiva contra el régimen.

La revuelta ha llegado también al ya de por sí inestable escenario iraquí, donde el débil gobierno de Nuri al Maliki ha tenido que salir a reprimir manifestaciones de protesta por la nula prestación de servicios públicos en Bagdad, cuando el grueso de la seguridad nacional sigue ocupada en sofocar la insurgencia sunnita.

En este complejo escenario, los gobernantes intentan responder a los alzamientos con una mezcla de concesiones y un aumento de la represión policial. El primer ministro argelino, Ahmed Uyahia, intentó calmar a las masas anunciando el fin del estado de excepción, vigente en Argelia desde hace 19 años. Khaddafi aumentó los salarios y los subsidios a los alimentos; Saleh anunció que no se presentará a la reelección ni cambiará la Constitución para perpetuarse en el poder.

Y todos han aumentado la presencia de los antidisturbios y de sus fieles en las calles, queda por ver si esto será suficiente para apagar la revuelta.

Protesta kurda en Turquía

El gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan, que fue puesto como modelo a seguir por los movilizados en Túnez y Egipto, sufrió ayer el embate de cientos de manifestantes de la minoría kurda, tanto en la capital como en las ciudades de Estambul y Esmirna.

En un clima regional muy alterado, los kurdos de Turquía se movilizaron durante toda la noche del martes, incendiando autos y edificios, en marchas convocadas en el aniversario de la detención del histórico líder de esta minoría racial de unos 12 millones de habitantes, Abdullah Ocalan, fundador del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Ocalan intentó organizar una resistencia armada contra Ankara para separar el territorio de mayoría kurda del sur de Turquía, fronterizo con Irán e Irak, y permanece preso desde 1999 en la isla de Imrali. Los enfrentamientos con la policía dejaron heridos y unos 40 manifestantes detenidos.

La represión de las fuerzas de seguridad turcas ha causado la muerte de unos 45.000 kurdos desde el alzamiento de Ocaran.

Internet vuelve a convocar nuevas marchas en Libia

El coronel Muhammar el Khaddafi pondrá a prueba hoy la resistencia del régimen frente a las protestas convocadas por Facebook.

Los organizadores esperan reunir en Trípoli grupos numerosos, en recuerdo del 17 de febrero de 2006, cuando una manifestación en Bengazi –que el gobierno había permitido porque supuestamente era contra unas caricaturas de Mahoma- terminó siendo la primera protesta multitudinaria contra el propio Khaddafi y su dictadura de partido único.

En la víspera, además, unas columnas espontáneas de opositores se enfrentaron a los leales al gobierno, los temibles Comités de la Revolución, cuerpos paramilitares fieles al régimen de Trípoli.

Si bien los comunicados oficiales y la prensa gubernamental relativizaron el enfrentamiento, adjudicando la responsabilidad a “saboteadores” y delincuentes comunes, en videos colgados en la página de Internet de YouTube puede verse una importante movilización popular, de cientos de hombres y mujeres que marchan coreando consignas contra el régimen y el líder libio, mientras la policía utiliza camiones hidrantes para dispersarlos.

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Los egipcios no aflojan (09 02 11)

La protesta se recupera en Egipto y rechaza las tímidas reformas

Un millón de personas volvieron a marchar en El Cairo contra Mubarak

 

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El inicio de la semana laboral, con la reapertura de algunos bancos, pareció mostrar cierto agotamiento de la virulenta protesta social que sacude a Egipto desde hace quince días en oposición al régimen autocrático y a la figura del presidente Hosni Mubarak.

Por su parte, el oficialismo intentó también dar algunas señales de que si bien se ha abierto un proceso de reforma al interior del sistema político, el gobierno está firme y decidido a permanecer, haciéndose cargo de tutelar una eventual transición a mayores grados de democracia.

Sin embargo, y más allá de estas tímidas señales de apertura, la movilización social recuperó cuerpo en la víspera, cuando cientos de miles de personas (un millón según observadores internacionales) volvieron a colmar la plaza Tahrir de la capital, evidenciando que la revuelta mantiene su fuerza.

Además de los varios miles que, desacatando el toque de queda impuesto y a la vera de los tanques del ejército, han acampado en la plaza, nuevos contingentes pasaron ayer por la explanada, coreando consignas contra Mubarak y las supuestas medidas aperturistas propugnadas por el vicepresidente, Omar Suleiman.

Además, por primera vez ayer las protestas multitudinarias se extendieron a otros centros importantes del gran país norafricano, como Alejandría y la zona del Canal de Suez. En la ciudad mediterránea las movilizaciones contra el dictador fueron de las más grandes experimentadas hasta ahora, y en el área del crítico pasaje naval, por donde cruzan diariamente docenas de buques petroleros en la ruta entre el Golfo y Europa, los trabajadores portuarios iniciaron una huelga en solidaridad a la protesta cairota. Se trata de un paro de cerca de 6.000 trabajadores portuarios en las ciudades de Suez -en el mar Rojo-, Ismailia y Puerto Said.

El vicepresidente Suleiman, que con los auspicios del Departamento de Estado norteamericano logró sentar en una mesa de diálogo a representantes del variado arco opositor el domingo pasado, anunció ayer que el gobierno ya dispone de un plan –con calendario de corto plazo incluido- para el traspaso del poder “en orden y respetando la legalidad”; respecto de esta última, además, agregó que ha nombrado una comisión de expertos constitucionalistas que redactarán una propuesta de reforma de la Carta Magna de la república.

Suleiman, una figura con buena comunicación con Washington y con Tel Aviv, afirmó que el gobierno no perseguirá a los manifestantes de esta larga protesta que entra en su tercera semana.

Según las cifras de las organizaciones humanitarias, la revuelta ya se va cobrando 302 víctimas mortales.

En la víspera, el paso por Tahrir de Wael Ghoneim, el directivo de la empresa Google que estuvo 12 días detenido por el gobierno y que acaba de recuperar la libertad, encendió los ánimos de la multitud concentrada, en una muestra más de la importancia que los manifestantes le adjudican a Internet y a las redes sociales en el desarrollo de la protesta.

 

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Egipto, la revolución del presente (04 02 11)

Egipto, la revolución del presente

por Nelson Gustavo Specchia

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Octavio Paz, el poeta y el pensador de México, solía clasificar los alzamientos sociales en revueltas y revoluciones. Firmemente parado en la modernidad, Paz sostenía que las revoluciones sólo eran aquellos cambios violentos de sistema político, inspirados en los acontecimientos de la Francia de 1789, que buscaban la implementación de un gobierno republicano –liberal o socialista- y que se inspiraban en el grueso tallo del árbol intelectual y filosófico de Occidente.

Así, decía el poeta, en América latina hemos vivido sucesiones de revueltas, pero muy pocas revoluciones. Pero los grandes ensayos de Octavio Paz, como El laberinto de la soledad, El ogro filantrópico ó Tiempo nublado, donde desarrolla estas ideas con mucha extensión, son textos de los años ochenta del siglo pasado, antes de que el muro de Berlín cayera y los particularismos culturales, que habían permanecido aplastados por las pesadas losas de un mundo bipolar, emergieran con una fuerza inusitada.

Entre los cambios de paradigmas que el mundo viene experimentando desde entonces, también los conceptos mediante los cuales intentamos aprehender la realidad social y política que nos circunda han tenido que flexibilizar sus bordes y sus límites, incorporar nuevos elementos y situaciones, y adecuarse a unos escenarios mucho más complejos y cambiantes, para mantener su capacidad analítica y explicativa. El concepto moderno de revolución ha sido, creo, uno de los más afectados por estas realidades emergentes. La revolución del presente ya tiene muy pocos elementos comunes con la Revolución Francesa, aquel modelo primigenio.

Egipto, también en este punto, ilumina las nuevas modalidades de transformación política. El alzamiento popular y espontáneo que vive el gigante país africano desde hace un par de semanas, si bien quedaría fuera del tradicional concepto de revolución moderna, no podría calificarse de otra manera sin descuidar aristas vitales en el análisis. A su manera, el alzamiento egipcio es una revolución con todas las letras. Y como toda revolución, su final, de momento, permanece abierto.

En ese frente incierto de tormenta, hay dos elementos que giran en torno al eje de salida de la crisis política. Algunos de estos elementos son de vieja data, que se arrastran desde el fondo más profundo de la cultura egipcia; otros elementos son novísimos, que han estado al mismo tiempo entre los pasillos que permitieron que la revolución llegara hasta donde ha llegado, y que también constituyen uno de sus productos.

Habrá, claro, muchos otros, pero yo identifico a estos dos como los factores más críticos en este momento de desarrollo de la revolución: me refiero al substrato árabomusulmano del Islam político que permea una porción importante de la sociedad egipcia; y al rol del entramado comunicacional por internet y el súbito acceso de miles de egipcios –sobre todo jóvenes- a las redes sociales.

Entre estos dos elementos se mueven, como las fichas de un juego de táctica y estrategia, los actores externos que tendrán un rol neurálgico en el rumbo que finalmente adopte la salida de la revolución. Desde los intereses norteamericanos a los de la Liga Árabe; desde la vigencia del tratado de paz entre Egipto e Israel a las posturas de la diplomacia comunitaria europea; desde el fino cristal de la frontera terrestre con la franja de Gaza que comunica con toda la cuestión palestina; desde el “contagio” del entorno en el Magreb africano al paso petrolero por el Canal de Suez; desde las líneas telefónicas privilegiadas con las plutocracias petroleras del Golfo hasta las relaciones especiales con Turquía; desde la tradicional amistad de El Cairo con la casa reinante en Jordania hasta la fluida comunicación con la Siria de los Asad. Demasiadas fichas, todas vitales, moviéndose juntas por los mismos casilleros.

La hipótesis de la islamización

En el medio de ese delicadísimo equilibrio de poderes e intereses, el primer elemento que surgió con fuerza al analizar la revolución egipcia fue el supuesto riesgo de una deriva teocrática e islámica del alzamiento popular. Durante los primeros días, una posible salida “a la iraní” era la línea recurrente en los análisis internacionales, especialmente en la prensa estadounidense y, con mucho más énfasis, en las columnas de opinión de diarios israelíes.

Los Hermanos Musulmanes, la cofradía religiosa fundada en Egipto por Hassan el Banna en 1928, y dedicada fundamentalmente a la asistencia social a las capas más humildes de la población, tiene, sin duda, un alto predicamento en todo el cuerpo social de este inmenso país de ochenta millones de habitantes. En cálculos muy aproximados, se estima que un tercio de esta población podría adherir a posturas o a dirigentes avalados por los Hermanos Musulmanes, especialmente en una situación de tensión social.

Pero las argumentaciones que intentaban asociar a esta organización con Al Qaeda (que fue, por cierto, el discurso sostenido por el gobierno de Hosni Mubarak para mantenerla proscripta), o aquellas que la comparan con los sectores teocráticos que terminaron cooptando la revolución iraní de 1979 tras el derrocamiento del shah Mohammed Raza Pahlevi, han ido perdiendo fuerza con el transcurso de los días, a medida que se conocían detalles y los verdaderos alcances de la organización. En esta línea, el artículo “La Hermandad”, firmado por Pepe Escobar y publicado en este diario ayer (HDC, 03/02/11) ofrece elementos esclarecedores.

Para Escobar, los sectores islamistas del substrato cultural egipcio, lejos de la experiencia iraní, están comprometidos con una salida laica y republicana de la revolución. Su ámbito de actuación principal son las mezquitas y los hospitales, y han llegado inclusive hasta las organizaciones sindicales y profesionales de los sectores más deprimidos. Los islamistas egipcios no ocultan su vocación política, y tanto por su peso demográfico como por el alcance de su organización, no podrían estar ausentes de ninguna hipótesis de salida del alzamiento contra Mubarak. Y aunque Escobar también anota que para los Hermanos Musulmanes “un Estado islámico no está en conflicto con la democracia”, este tipo de planteos quedarían postergados para un segundo momento, luego de que una transición laica haya reestructurado el gobierno y la constitución del Estado.

La hipótesis de una islamización “a la iraní”, entonces, parece no tener espacio en el futuro inmediato de Egipto. Aún así, también hay que tener presente que un futuro gobierno con los Hermanos Musulmanes como factor clave, seguramente dejaría sin efecto el acuerdo de paz con Israel. Y este acuerdo es el principal elemento para el equilibrio regional en Oriente Próximo.

El apoyo de la aldea global

El segundo elemento crítico en los escenarios de salida de la revolución es el que conforma el entramado comunicacional, con la confluencia de internet, los videos colgados en la red en tiempo real, las redes sociales, los teléfonos celulares y los canales de televisión.

La larga permanencia de las autocracias árabes se asentaron en varios pilares, uno de ellos fue, sin duda, la cerrazón frente al mundo, la baja o nula interacción (sólo limitada a una élite exclusiva y minoritaria) con otras realidades extra muros. La irrupción del mundo exterior le quita una de las columnas pétreas en que las tiranías del mundo árabe encontraban sustento desde los procesos de descolonización de mediados del siglo pasado.

Según explica el sociólogo Manuel Castells, este novísimo elemento irrumpe en las estructuras anquilosadas de las autocracias siguiendo una pauta común: un suceso extra-ordinario en la vida rutinaria (como fue el suicidio a lo bonzo del tunecino Mohammed Buazizi, cuando la policía le destruyó su carrito de venta de frutas) despierta la indignación social, que viene sostenida y acallada por la represión policial desde tiempo atrás. Ese estado individual encuentra su réplica en otros, y desencadena manifestaciones grupales, que siguiendo el guión represivo clásico de las dictaduras, son desarticuladas por los cuerpos policiales.

Pero la novedad es que ahora esa represión se sube inmediatamente a la página de videos de YouTube en internet, y esas imágenes de la represión y los mensajes de protesta que la acompañan duplican espontáneamente la protesta. Luego, las imágenes captadas por los teléfonos móviles de los propios movilizados llegan hasta medios de comunicación que están fuera del área de control oficial (como ha sido el caso de la agencia qatarí de televisión Al Jazeera en estos días), que retrasmite por los canales de la web a todo el mundo.

Cuando los usuarios de internet toman conocimiento de la movilización, los videos de la represión y los mensajes de protesta, se activan las redes sociales, los mensajes de texto, los “hashtags” de Twitter y los grupos de Facebook, entre otras redes menores, y ese sistema de comunicación interactiva y en tiempo real ya no puede ser controlado por nadie. Sin cabezas visibles y sin centro, funciona con eficacia y burla cualquier censura.

En Egipto, inclusive cuando el régimen de Mubarak decidió cortar la cobertura de la telefonía celular y los accesos a internet, los cyberactivistas de todo el mundo se organizaron para ofrecer vías de acceso alternativas a los movilizados de El Cairo. En las dos semanas que dura la revuelta egipcia, el crecimiento de usuarios de redes sociales ha crecido exponencialmente, día a día.

Las comunicaciones soñadas para el futuro ya son las herramientas de la revolución del presente.

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El adios a Irak de Barack Obama (20 08 10)

LOS NORTEAMERICANOS SE RETIRAN DE IRAK TRAS OCHO AÑOS DE GUERRA

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Barack Obama traslada la mayor fuerza de combate a la lucha en Afganistán

Con un hermetismo informativo total, las tropas norteamericanas de combate abandonaron Irak. El presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, había anunciado reiteradamente que no modificaba su decisión de dar por concluidos los combates el último día de agosto. Sin embargo, el adelantamiento del retiro y el sigilo en que éste se desarrolló, constituye una sorpresa para la mayoría de los observadores.

Dos elementos importantes pueden haber incidido en la anticipación del repliegue: en primer lugar, habían recrudecido en los últimos días las acciones armadas de la insurgencia terrorista, que ve en la retirada militar occidental una oportunidad para presionar en el proceso de constitución del gobierno iraquí, que se debate en la incertidumbre desde las elecciones de principios de año. El martes de esta semana se registró en la ciudad capital el mayor atentado de los últimos tiempos, que se saldó con 58 muertos y más de 100 heridos.

Por otro lado, algunas voces de referencia para el escenario bélico en el país del Golfo habían comenzado a poner en duda la eficacia de un retiro total de los norteamericanos tan pronto, cuando las capacidades de los cuerpos de defensa y militares locales –que fueron completamente desmantelados tras la invasión que terminó con Saddam Hussein y el Partido Baas- aún están lejos de disponer de la capacidad operativa suficiente para brindar seguridad a los iraquíes.

Entre estas personalidades que expresaron sus dudas de la oportunidad del repliegue, destacó esta semana la opinión del general David Petraeus, autor de la última estrategia exitosa en Irak y actual comandante supremo de las fuerzas occidentales en Afganistán; también se habían expresado en el mismo sentido algunos miembros de la élite política iraquí, como el ex viceprimer ministro de Saddam, Tarik Aziz.

Frente a estas posiciones, la Casa Blanca puede haberse decidido a adelantar el repliegue de sus cuerpos de combate, que salieron del terreno iraquí por la misma frontera por la que habían iniciado la invasión hace casi ocho años, el vecino Kuwait.

La ocupación del emirato de Kuwait por el ejército de Saddam desató la primera de las guerras en el Golfo Pérsico, y cambió la relación de fuerzas: el régimen de Saddam Hussein pasó de ser un aliado a un enemigo, y ello habilitó a que el presidente George W. Bush argumentara que Irak poseía armas de destrucción masiva –que finalmente nunca aparecieron- y ordenara la invasión el 20 de marzo del 2003.

Los Estados Unidos mantendrán hasta fines de 2011 en Bagdad una fuerza reducida de 50.000 hombres, abocados a la instrucción y capacitación del nuevo ejército local, y un indeterminado número de “contratistas” (mercenarios a sueldo de agencias de seguridad privadas), que podrían permanecer en Irak más allá de 2011, según reveló el matutino The New York Times.

En los casi ocho años que duró la invasión y la posterior guerra, murieron en suelo iraquí 4.415 soldados estadounidenses y más de 100.000 civiles locales.

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