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El portazo de Cameron (16 12 11)

El portazo de Cameron

por Nelson Gustavo Specchia

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Los ingleses lo han vuelto a hacer. Cuando la tensión de la crisis económica llevó al máximo estiramiento de la cuerda, y todo el proceso de integración de Europa tras un largo medio siglo se puso al borde del abismo, los británicos recurrieron a la flema de su singularidad y el premier conservador David Cameron le pegó un portazo al “Continente” en la última cumbre de emergencia reunida en Bruselas.

Y no hay lugar para los equívocos: no se trata de un berrinche más, apoyado en esa singularidad cultural hipotéticamente alejada de las costumbres del resto de Europa, como la utilización del sombrero bombín por los elegantes hombres de negocios de la City, el manejar por la izquierda, el mantener un sistema de pesas y medidas medieval o hacer del té de las cinco de la tarde un rito pagano.

No, el portazo de Cameron va mucho más allá de las particularidades –ya medio hilarantes- del folk londinense, y se encuadra en una cosmovisión transgeneracional (e inclusive interpartidaria) de la clase política inglesa: aquella que sostiene que una Europa sólidamente unida –ya sea a nivel estructural de las organizaciones, o en el más líquido acuerdo de estrategias comunes- constituye un peligro potencial para las Islas Británicas. Esté abanderada esa ligazón continental por la dinastía de los Habsburgo, por Napoleón Bonaparte o por Adolf Hitler, como alguna vez en el pasado; o bajo la bandera azul con la corona de estrellas doradas de la Unión Europea de hoy.

Y si ese aumento en la integración, estructural o coyuntural, proviene de un plan conjunto franco-alemán, como el nuevo pacto fiscal negociado en la cumbre de Bruselas, el peligro que perciben los ingleses se exacerba.

El portazo de Cameron, al ser el único que queda afuera de los nuevos acuerdos de los países de la eurozona y todos los demás socios comunitarios, es considerado un extremo, ni siquiera la Dama de Hierro, con sus nítidas posturas anti europeas, se había animado a tanto. Pero esto se debe a que también las condiciones que transita el proceso de integración son inéditas.

Mal que les pese a los europeístas “progres”, la conclusión de Herman van Rompuy, el belga presidente permanente del Consejo Europeo, es una dura realidad: en la cumbre de la que Cameron retiró a su país se refundaba la Unión Europea sobre la base del pacto fiscal propuesto por la dupla Ángela Merkel-Nicolás Sarkozy, o se apagaba la luz y se bajaba la cortina.

No hay “plan B” desde el momento en que el liderazgo continental, ya homogéneamente dominado por los partidos y las administraciones conservadoras, decidió atender a las exigencias de los mercados financieros globales y de las agencias calificadoras de riesgo, y optó por políticas de restricción de los gastos públicos, contracción de las economías y achicamiento del Estado.

CABALLITO DE TROYA   

En aquellos tiempos primeros de la organización continental, cuando todavía no se hablaba de Unión Europea sino simplemente de Comunidades Económicas, el viejo general De Gaulle argumentaba que había que dejar afuera a los británicos.

Que siguieran usando sus sombreros bombín y conduciendo por la izquierda entre el humo de Londres (todavía había mucho smog en los años cincuenta, cuando el grueso de la calefacción de la capital británica funcionaba a carbón), decía el líder francés.

Y el peso de su argumento ha sido recordado periódicamente en el último medio siglo: si entran los ingleses, será para frenar la profundización del proceso de integración.

Los acusaba de ser el Caballo de Troya de Washington, ya que la alianza especial de los británicos con su ex colonia de este lado del Atlántico posibilitaría que los lineamientos estratégicos de los norteamericanos –en aquel contexto de división bipolar del mundo y en un clima de guerra fría- entraran a Europa por la puerta londinense.

Y algo de todo eso hubo durante estos años, a múltiples niveles.

De las dos grandes posibilidades de avance del proyecto de integración en el Viejo Continente (el avanzar hacia una confederación de países, o limitarse sólo a un mercado común), cuando los británicos ingresaron –tardíamente, en 1973- siempre empujaron las pesas para que no se llegara a hablar de cesiones de soberanía nacional y los acuerdos quedaran reducidos a la órbita económica.

En los tiempos ultraliberales de la señora Margaret Thatcher, Londres logró doblegar la voluntad integracionista inclusive dentro de estos parámetros puramente económicos, y condicionó la aprobación de los presupuestos de la organización a la devolución del “cheque británico” (el porcentaje de devolución de los aportes realizados por no participar de los beneficios proteccionistas de la Política Agrícola Común).

Como decía arriba, esta actitud hacia Europa atraviesa las generaciones, pero también las gestiones de los diferentes partidos: cuando llegó el turno de la “tercera vía” laborista de Tony Blair, que se declaraba “un europeísta apasionado”, no solo se mantuvo el “cheque británico” tharcheriano, sino que se siguió rechazando el euro para mantener la libra esterlina como moneda nacional. Europeísmo, ma non troppo.

David Cameron, a diferencia de su predecesor laborista, ni siquiera intentó nunca escenificar un amor por Europa que no siente. Además, sabe que al interior de su partido, entre los “tories”, el euroescepticismo es moneda corriente.

El argumento que el premier conservador utiliza para dar otra vez la espalda a Europa es fuerte: preservar a toda costa el poder financiero de la libra esterlina, en un momento en que la moneda común europea sufre el más despiadado ataque de los mercados externos. Además, Cameron dice que el sector financiero inglés (la tan mentada y sacrosanta City) representa un 30 por ciento del producto bruto nacional de las Islas; (esa City representa el 36 por ciento de la industria mayorista de la banca de la Unión Europea, y el 61 por ciento de las exportaciones netas de servicios financieros internacionales).

Cameron ni mencionó, en su defensa ante el pleno de los Comunes, las razones políticas de la antipatía hacia los mayores grados de integración continental, no las necesita: el peso de los argumentos económicos difícilmente encuentre muchos detractores entre los diputados, inclusive entre los de la oposición.

El único que amagó con un tímido gesto de protesta fue su socio en la coalición de gobierno, el liberal-demócrata Nick Clegg. Se retiró de los Comunes y dejó vacío su sitio en el banco verde del oficialismo; al día siguiente afirmó en la prensa que el Reino Unido salía debilitado de la jugada de Cameron en la cumbre europea.

Ya que el socio del primer ministro lo hacía desde el oficialismo, el líder de la oposición y del Partido Laborista, Ed Miliband, también saltó a la palestra y pidió que el gobierno volviera a negociar con los restantes socios de la Unión Europea.

Pero los periódicos del magnate Rupert Murdoch –adalides del euroescepticismo inglés- salieron a respaldar sin fisuras al premier, y a recordarles a sus críticos que el portazo a Bruselas es acorde al sentimiento popular mayoritario. Miliband no ha hecho más declaraciones, y Clegg volvió a su sitio en el banco verde de los Comunes, en Westminster.  

LOS BENEFICIOS DEL TÉ

Pero cuidado, porque la gravedad de la crisis y el estentóreo desplante de Cameron pueden llevar a un equívoco aún mayor: Europa sin Londres nunca estará completa.

El euroescepticismo es una grave enfermedad cultural, que en un pasado para nada remoto llevó a alejamientos y a tensiones para conseguir la supremacía continental. Sin excepciones, y durante siglos, esas tensiones terminaron resolviéndose a cañonazos.

La mayor conquista del proceso de integración ha sido conjurar la explosión guerrera de las rivalidades políticas europeas, que en dos oportunidades durante el siglo XX acarrearon detrás del ellas al resto del mundo.

Y para que ese equilibrio se siga manteniendo, Gran Bretaña no puede alejase definitivamente del centro del proceso de integración.

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[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 16 de diciembre de 2011]

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Negro petroleo, verdes billetes (30 08 11)

Comienzan las disputas por la reconstrucción Libia

El cerco sobre Sirte alarga la guerra y Khaddafi sigue en paradero desconocido   

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TRÍPOLI.- Algunos focos de entrentamientos entre insurgentes y leales al coronel Muhammar el Khaddafi se mantienen aún en la capital, y el cerco a la ciudad de Sirte –cuna de la tribu de los khaddafa y posible lugar de refugio del ex dictador- alarga la guerra en Libia.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), reunida en Qatar, sostuvo ayer que la campaña aérea debe continuar en apoyo a los rebeldes, porque la guerra no habrá terminado hasta que Khaddafi no entregue el poder.

Sin embargo, las empresas occidentales, especialmente las grandes firmas europeas, ya han comenzado a pujar por los contratos para la reconstrucción, que con seguridad serán financiados por los fondos emergentes de la exportación petrolera.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, uno de los líderes que pugnó con más énfasis insertar a su país en el conflicto libio en apoyo del Consejo Nacional de Transición (CNT) establecido en la mitad oriental de Libia, ya anunció la semana pasada que promoverá una conferencia internacional en París para apoyar el inicio de la reconstrucción del país tras la guerra.

Un proceso que implicará la remodelación de grandes obras públicas y edilicias, así como de infraestructura para recomponer la prestación de servicios; en todos los casos serán negocios millonarios, y no solo los empresarios, sino también los gobiernos europeos han comenzado una carrera por obtener porcentajes sustantivos de ellos con el nuevo gobierno.

Italia, uno de los países que mantenía lazos económicos muy estrechos con el régimen de Khaddafi, intentará mantener la posición dominante de su empresa petrolera, ENI, que con el coronel Muhammar el Khaddafi manejaba el 15 por ciento de la producción de crudo libio.

Francia, que tras el empuje de Sarkozy por entrar en la guerra fue también el primer país en reconocer la representación gubernamental de los rebeldes del CNT, ya ha reabierto su embajada en Trípoli, y seguramente París ofrecerá su industria armamentista para rearmar al nuevo país una vez reestablecida la paz.

Pero también están los chinos, británicos, rusos y norteamericanos, que pugnarán por las empresas de sus respectivos paíoses.

El gobierno provisional está abocado, además de negociar para que Occidente desbloquée los fondos retenidos en los bancos, en restablecer la producción petrolera, el único ingreso en concepto de exportaciones de Libia, y que con el conflicto civil de los últimos meses prácticamente se ha detenido.

Denuncia africana

La Unión Africana protestó ayer por las matanzas de castigo que los rebeldes que desde la medianoche del sábado pasado ocupan la capital de Libia estrían realizando sobre los milicianos leales al depuesto régimen del coronel Khaddafi.

Muchos de los soldados incorporados al ejército regular, y que han estado en la defensa de Trípoli, son mercenarios contratados en los países subsaharianos, de raza negra, y la Unión Africana sostiene que los insurgentes que ahora dominan la ciudad están “matando indiscriminadamente” a negros, al confundir a los inmigrantes con mercenarios.

En el caos de la capital ocupada es muy difícil contrastar la denuncia de la organización, antes muy cercana al gobierno de Khaddafi, pero imágenes de prensa mostraron a decenas de cadáveres abandonados en las calles y las plazas de Trípoli, generalmente hombres de raza negra, y muchos de ellos con las manos atadas en la espalda.

Cerco sobre Sirte

La fase final de la guerra libia se pelea en Sirte, hacia donde las tropas rebeldes siguen avanzando –desde Trípoli y desde Bengazi- mientras los aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) continuó ayer con los bombardeos, por tercer día consecutivo.

Según las fuentes del CNT, siguen las negociaciones con los grupos leales al coronel Muhammar el Khaddafi –al que se supone oculto entre las familias de su tribu en la ciudad sitiada- para lograr una rendición pacífica del antiguo puerto pesquero, donde Khaddafi nació en 1942.

Otras versiones que circulaban en la víspera indicaban que el ex mandatario ya habría dejado Libia rumbo al exilio, en Argelia, donde ayer llegaron su esposa, junto a sus hijos Hannibal, Mohammed, y Aisha, según informó la Cancillería argelina.

Argelia es uno de los pocos países de la región que no ha reconocido al nuevo gobierno del CNT.

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Detrás de Rupert (22 07 11)

Detrás de Rupert

por Nelson Gustavo Specchia

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            En las últimas semanas Gran Bretaña se sacude con una de las mayores crisis desde la postguerra. El escándalo suscitado en torno a los periódicos del magnate Rupert Murdoch ha salpicado a periodistas, policías, funcionarios, diputados y miembros del gobierno. Hasta la intocable familia real inglesa se ha visto envuelta por el remolino. Lo que comenzó siendo un tema mediático saltó hacia la esfera política, y el ejecutivo conservador de David Cameron no encuentra la manera de despegarse, y –también él en el centro del remolino- corre incluso el riesgo de tener que dejar la jefatura del gobierno si no demuestra, en el transcurso de las próximas horas, que sus conexiones con los aspectos más negros del escándalo pueden haberse debido a errores, pero no a acciones deliberadas para favorecer a un holding empresario. Y los ingleses perciben que el pobre y atildado Cameron no tiene el trabajo fácil: en Londres, donde todo es objeto de apuestas, algunas casas de juego ya habilitaron la compulsa de cuánto falta para que caiga el gobierno conservador. El miércoles de esta semana, la célebre firma William Hill pagaba 16 a 1 las apuestas a que el primer ministro habrá renunciado antes del domingo a la noche.

Y la crisis, ya enteramente política, no se ha conformado con quedar adentro de los márgenes marítimos de las islas británicas, sino que ha saltado hacia los cuatro vientos, recalando en Europa y en Estados Unidos primero, en Australia y Rusia después, para terminar ocupando las portadas de la prensa de medio mundo, de manera sostenida, en las últimos dos semanas. El fenómeno de semejante mancha de aceite viajando a alta velocidad por el planeta obedece a dos factores: Las empresas y los intereses de News Corporation, la marca amasada por Murdoch durante sesenta años, toca una variedad de aristas en todo el mundo. Pero el segundo factor es aún más importante desde la política internacional: El interés levantado por el escándalo radica en una manera de hacer periodismo (que no es exclusiva de los tabloides londinenses), y a cómo esa manera de gestionar la función periodística termina relacionándose con el poder político, insertando a su propia gente en los gabinetes, forzando agendas de temas, e hasta influenciando en la designación de candidatos y de partidos. En otras palabras, la prensa sensacionalista llega a las grandes masas de audiencia, sin reparar en cómo lo hace o la legalidad o legitimidad de los medios empleados para ello, y luego, con la capacidad de influencia que esa multitudinaria plataforma de lectores le otorga, apunta a intervenir en el rumbo de la decisión política. En el fondo, un planteo sustantivamente antidemocrático, pero recubierto con la estela de la libertad de expresión y de la libertad de prensa. Esos son los fantasmas que caminan detrás de Rupert Murdoch, y cuando sus pasos espectrales salen a la luz y quedan en evidencia, retumban en todos lados, no sólo en los escalones que llevan a la puerta del número 10 en Downing Street.

Y una advertencia más: Cuando se habla de “prensa amarilla”, generalmente se arma la imagen mental de esos tabloides policiales truculentos, el chusmerío rosa de las revistas y los semanarios del corazón, los mensuarios con delirios místicos, las publicaciones ultramontanas, e inclusive esos misceláneos que mezclan sin demasiados pruritos de objetividad a los fenómenos paranormales, el Gauchito Gil, los extraterrestres, los curas sanadores y los platillos voladores del Uritorco. Pero el fenómeno no se limita a esta fauna variopinta. Por el contrario, los métodos de la prensa sensacionalista han terminado evidenciándose tan efectivos en sus fines políticos, que parte de la supuesta “prensa seria” no ha dudado en tomar algunos de esos elementos y hacerlos suyos. Así, el viejo oficio periodístico que entendía la profesión como un servicio a la sociedad, y que por eso tenía como regla no publicar una noticia hasta haberla contrastado suficientemente con fuentes directas, ha ido dejando lugar a titulares y a portadas que no ocultan –ni les interesa ocultar- su intencionalidad política. Antiguos periódicos de alta tirada, incluso alguno que anota en su insignia ser el gran diario nacional, no han dudado de echar mano de las herramientas sensacionalistas para intervenir en el juego político del Estado. Una participación, claro, para la cual ningún ciudadano de ese Estado los votó. De ahí la cuestión antidemocrática que arrastran.

WHO IS WHO Fox, MGM, Sun,

Murdoch ha sido llamado con los más originales apodos por la prensa del mundo, devolviéndole con la misma moneda con que sus diarios han pagado. Le llaman “el león de la Fox” (porque también es dueño de la productora cinematográfica 20th. Century Fox, la competidora de la MGM, al principio de cuyos filmes rugía ese descomunal león africano); el “zar de la prensa”; el “hacedor de gobiernos”. Más allá de la espectacularidad de esos apodos, todos encierran una parte de verdad. Keith Rupert Murdoch ha demostrado ser un auténtico león en la selva de los medios de comunicación, y casi desde la nada. Llegó a Londres, desde su Melbourne natal, con 20 años y un puñado de libras en el bolsillo. Después de un tiempo compró el periódico The Sun, lo pasó a formato tabloide, y adquirió asimismo el dominical News of the World. Con base en esos dos medios, y la paulatina introducción de contenido sensacionalista y fotos de mujeres desnudas, fue armando una arquitectura mediática que hoy en la más grande del mundo. El año pasado, el holding empresario fundado –y dirigido en persona- por Murdoch, a sus 80 años, facturó un total cercano a los 30.000 millones de dólares. Además de la 20th. Century Fox en cine y entretenimientos, el grupo es el dueño de la cadena televisiva Fox, prácticamente la vocera del Partido Republicano en los Estados Unidos. Murdoch llegó a norteamérica en los primeros años ’70, y se lanzó a una carrera de adquisiciones de grandes medios, entre los cuales sumó al diario New York Post; el periódico financiero The Wall Street Journal; y la casa editorial Harper Collins, también presente en Canadá, Nueva Zelandia, y la India. Además del original The Sun, en Inglaterra tuvo la cabecera más vendida durante décadas, News of the World, que debió cerrar la semana pasada por ser la piedra de toque del escándalo. También en las islas tiene un porcentaje del mayor canal televisivo, BSkyB, y a punto estuvo de quedarse como único dueño –David Cameron ya había aprobado la adquisición- pero el affaire lo ha hecho desistir de esa millonaria compra, de momento. Sky, una señal televisiva hermana, también está en Alemania e Italia; a China ha llegado con el canal Fox, la señal National Geographic Channel; y en su Australia natal mantiene la propiedad de más de 146 publicaciones.

Con este universo empresarial de directa y diaria incidencia en millones de lectores, Murdoch y sus gerentes locales han estado paulatinamente insertándose en las instancias de gobierno. En estos días, especialmente en la escenificación de arrepentimiento y vergüenza que protagonizó frente a la comisión investigadora de la Cámara de los Comunes en Londres, el anciano león dijo no haber estado al tanto de que la gente en la que él había confiado cometía ilícitos contra la vida privada, engañaba a sus lectores, coimeaba a funcionarios públicos y agentes del orden, y sobornaba –por miedo- a todos. Sin embargo, los testimonios de varios de esos mismos gerentes sostienen que siempre fue el viejo en persona quién marcó los rumbos editoriales, los contenidos, y las formas de hacerse con la información para ellos.

CHAU, PRENSA AMARILLA

El escándalo seguirá todavía por un tiempo, y tal como apuestan los jugadores londinenses, las implicancias políticas del caso están lejos de agotarse, tanto dentro como fuera de Gran Bretaña. Las acusaciones y las investigaciones sobre espionaje en los Estados Unidos ya han comenzado, y eso abrirá todo un nuevo capítulo, especialmente si se confirma que los periódicos del grupo espiaron a los familiares de los atentados del 11 de septiembre, el acontecimiento de mayor impacto social en la historia contemporánea norteamericana. No puedo calcular todavía los alcances de semejante patada al tablero, que ya se compara con Watergate, aquel caso que le costó la presidencia a Richard Nixon. Pero sí estoy seguro de que con el affaire Murdoch termina una manera de relación entre la gran prensa concentrada y el poder político. Rupert Murdoch ha sido, sin lugar a dudas, el hombre más poderoso de Inglaterra en las últimas tres décadas, más que los primeros ministros, quienes, en definitiva, le debían en parte a él haber llegado a ese cargo. Murdoch era el poder real, y nadie lo había votado para que estuviera allí. Sólo eran sus millones, y el miedo que despertaba –en los funcionarios, en las personalidades, en los intelectuales, en la policía y en los propios miembros del gobierno- caer bajo la despiadada e inescrupulosa zarpa de los titulares de sus periódicos.

Y quien reveló que el rey era apenas un pirata, y que además estaba desnudo, fue la prensa seria, la de verdad. The Guardian, el viejo diario que sigue confrontando las noticias con las fuentes y donde los periodistas siguen entendiendo que con su oficio cumplen una función social, puso en jaque al imperio construido sobre el miedo y la infamia.

Ni siquiera la sacrosanta libertad de prensa puede ser utilizada como una vía para burlar la voluntad popular y corromper las instituciones democráticas. Deberíamos tenerlo presente. También en la Argentina.

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[ publicado en la columna “Periscopio”, del suplemento Magazine del diario

Hoy Día Córdoba, viernes 22 de julio de 2011 ]

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Yo no fui. Fue Rebekah…! (20 07 11)

Murdoch declaró en el Parlamento pero el escándalo no termina

Intentarán que la periodista Rebekah Brooks se responsabilice de todo    

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LONDRES.- El magnate Rupert Murdoch asistió finalmente ayer a declarar al Parlamento británico por la serie de ilícitos adjudicados a los periódicos sensacionalistas que integran su grupo empresario, y aunque eludió asumir cualquier tipo de responsabilidades, el escándalo de espionaje y corrupción que ha salpicado a las fuerzas policiales y al gobierno está lejos de agotarse.

En una estrategia armada para evitar que el caso judicial alcance a los demás medios del conglomerado News Corporation en Gran Bretaña, la que fue hasta hace unos días la mano derecha del empresario y ex directora del dominical News of the World, Rebekah Brooks, declaró a continuación de Murdoch y admitió haber utilizado detectives privados para conseguir primicias.

Brooks fue arrestada por el caso, y se encuentra en libertad bajo fianza. La defensa del millonario intenta concentrar las culpas en la periodista y así encapsular el caso. Rupert Murdoch, tras sostener que fue “engañado”, aseguró que la responsabilidad es de “las personas en las que confié y en las personas en que ellos confiaron”. Así, él y a su hijo James quedarían fuera del alcance de las acusaciones por ilícitos.

Ante la comisión parlamentaria lamentaron “profundamente” lo ocurrido, y aseguraron “estar avergonzados” de que algunos gerentes periodísticos de sus medios hayan echado mano de métodos ilegales para vulnerar la vida privada y sobornado a funcionarios públicos.

En esa misma línea, el millonario australiano (que en fechas recientes tomó la ciudadanía estadounidense, por lo que no estaba obligado a concurrir a la citación de los parlamentarios) publicó una solicitada de disculpas a los ingleses a página entera en todos sus diarios, y concurrió a pedirle perdón a la familia de una adolescente asesinada, cuyo teléfono celular fue intervenido ilegalmente por los tabloides sensacionalistas para intentar obtener alguna primicia, vaciando la casilla de mensajes, lo que generó la falsa esperanza en sus padres de que la menor pudiera seguir con vida.

El escándalo sigue firme en el centro de atención político y económico en Gran Bretaña, aunque el poder de la comisión parlamentaria sea limitado y sólo pueda hacer recomendaciones sin fuerza legal.

Las acciones de las empresas de Murdoch se desploman a diario, y todavía se desconoce la profundidad de las consecuencias políticas que puede arrastrar.

Rupert, el amigo de Cameron

Las claras preferencias conservadoras de Rupert Murdoch le están jugando una mala pasada a los sectores de derecha, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos, e inclusive en el resto de Europa.

En América, la cadena Fox, propiedad de News Corp. es una de las naves insignias de los políticos republicanos. También en Inglaterra la derecha suele hacer gala de ser la reserva moral del país. Que el escándalo de sus medios afines pase precisamente por violaciones a la vida privada, corrupción de policías y sobornos a funcionarios es duro de tragar.

Sir Paul Stephenson, el renunciado jefe de Scotland Yard también testificó ante el Parlamento, e intentó despegar al premier conservador David Cameron, cada vez más criticado por la deriva del caso.

El líder laborista, Ed Miliband, no deja de enrostrarle haber contratado como asesor a Andy Coulson, un periodista que fue director del dominical News of the World, y uno de los impulsores de las escuchas ilegales.

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Aznar, en el directorio de Murdoch, el affaire se extiende por Europa (19 07 11)

El affaire Murdoch comienza a extenderse al resto de Europa

Hallan muerto al periodista que destapó el escándalo de las escuchas telefónicas    

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Aznar y la famosa foto de su dedo medio respondiendo a los estudiantes. Es delegado-supervisor de las empresas de Murdoch, con sueldo de 220.000 dólares al año: no podría haber desconocido el tema de las escuchas telefónicas

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El impacto político de la crisis que conmueve a Gran Bretaña comienza a ser un asunto de la agenda europea. En la víspera, la renuncia del segundo hombre fuerte de la policía londinense, John Yates, siguió a la presentada el fin de semana por sir Paul Stephenson, el comisario jefe de Scotland Yard.

La tradición legalista de la policía de la capital británica se ha visto gravemente tocada, no sólo se sospecha que por interés no hizo lugar a las denuncias de ilícitos por parte de la prensa sensacionalista, sino que cada día aparecen más pruebas de que sus agentes y directivos admitieron dinero a cambio de entregar datos e información clasificada a los periódicos amarillistas del grupo News Corp., propiedad del magnate Rupert Murdoch.

Por esta metodología ilegal, como por otros delitos contra la privacidad, el empresario, junto a su hijo James y a la ex delegada de la empresa en Inglaterra, Rebekah Brooks, comparecerán hoy frente a la comisión investigadora del Parlamento británico, reunido en sesión extraordinaria.

Los Murdoch se habían negado en un primer momento, y el magnate había respaldado “sin fisuras” a Brooks, su mano derecha y ex directora del periódico News of the World, el polémico dominical. Sin embargo, ante la deriva judicial del caso, Murdoch renunció a adquirir el canal BSB, cerró el problemático periódico, y obligó a renunciar a Rebekah Brooks unas horas antes de que la detuviera la policía.

Además del plano mediático, el escándalo ya contaminó todo el escenario político, y no solo en Inglaterra.

El premier conservador David Cameron, un viejo amigo de Murdoch, tuvo que despegarse del millonario pero sigue muy complicado, lo que ha vuelvo a aupar la popularidad del líder laborista, Ed Milliband.

Además, se difundió que el ex presidente español, José María Aznar, del derechista Partido Popular, integra el directorio de la corporación de Murdoch y podría estar asociado también a los ilícitos que se ventilan ya en sede judicial.

Los Murdoch podrían enfrentarse a cargos penales si las acusaciones se confirman.

Una muerte dudosa

The Guardian, el periódico de centroizquierda que ha sostenido la larga batalla contra los medios sensacionalistas de Murdoch, y que ve en estos días ratificadas con un sinnúmero de pruebas sus denuncias sobre los métodos poco limpios utilizados por los tabloides, dedicó su portada de ayer a una foto de Sean Hoare, el periodista del semanario News of the World que hace menos de un mes denunció los métodos de escuchas ilegales, pinchaduras de teléfonos y sobornos a policías que derivó en el escándalo que ha puesto en jaque a la política inglesa.

Hoare fue encontrado muerto ayer en su departamento del londinense barrio de Watford.

Las implicancias políticas se agravan con esta muerte, de la cual aún no se han dado razones, ya que fue Hoare quien declaró que Andy Coulson, el ex jefe de prensa del premier Cameron, conocía e impulsó la trama de escuchas telefónicas de los medios de Murdoch.

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“Murdoch es pirata” (y no es de Belgrano, eh) (13 07 11)

El escándalo por espionaje complica al gobierno inglés

Cameron rectifica y limitará la expansión de los medios de Rupert Murdoch. El ex premier Gordon Brown sostiene que los diarios del grupo utilizaron “criminales” y “piratas”

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El paulatino conocimiento de la pinchadura de teléfonos, hackers de correos electrónicos, contratación de espías y sobornos de funcionarios que practicaron habitualmente los medios de prensa del magnate australiano-estadounidense Rupert Murdoch, está haciendo temblar la vida política británica.

Esta semana, la coalición de gobierno se partió, al separarse los liberal-demócratas socios del primer ministro conservador David Cameron, y votar junto a la oposición laborista una demanda al gobierno para que agilice una investigación a fondo sobre la operatoria de los medios de Murdoch para conseguir datos privados –e inclusive información calificada de gobierno-, y para que frene la adquisición de la principal señal de cable inglesa, BSkyB, un negocio que contó con la aprobación preliminar de Downing Street.

Murdoch, a quien se conoce en Inglaterra como el “gran elector”, por su capacidad de influir mediante las líneas de opinión de sus periódicos y su relacionamiento personal con el poder, en los candidatos a jefes de gobierno desde hace décadas, había reaccionado al escándalo cerrando el semanario News of the World, una de las cabeceras de su grupo con mayor tirada, pero donde se habían centrado las denuncias de espionajes y sobornos.

El cierre del tabloide, sin embargo, no había frenado sus intenciones de adquirir el canal de cable británico; pero en la víspera el ex premier laborista Gordon Brown se sumó a las acusaciones, afirmando que estos medios de prensa habían contratado “criminales” para sustraer información confidencial sobre su familia y sus finanzas cuando estaba al frente del Ejecutivo. El hijo de Brown, Frazer, tiene una enfermedad compleja (fibrosis quística), y uno de los diarios del grupo –The Sun- publicó la noticia en exclusiva en 2006. El dato se había obtenido por contratación de espías.

Muchos otros personajes famosos, funcionarios, soldados y hasta miembros de la familia real británica fueron espiados de igual manera.

El gobierno de David Cameron decidió ceder a la presión social, y apoyará el freno de la operación de compra del canal satelital BSkyB en la sesión de la Cámara de los Comunes de hoy.

¿Espías en América?

La política de globalización de negocios ha sido una de las claves del éxito empresario de Rupert Murdoch. Sus medios de prensa, televisión, cine, edición de libros y publicidad, están prácticamente en todo el mundo.

Pero esa ventaja puede convertirse ahora en una amenaza, porque el escándalo surgido en Inglaterra podría cruzar el Atlántico.

Ya hay presentaciones ante la justicia norteamericana, donde asociaciones de ciudadanos solicitan se investigue si las prácticas de espionaje y soborno puestas en práctica por los medios del grupo en Gran Bretaña, también se dieron en América.

En los Estados Unidos se concentra la mayor cantidad de medios de Murdoch, entre ellos algunas de las principales cabeceras internacionales, como el canal televisivo Fox News, los diarios Wall Street Journal y The New York Post, y la productora cinematográfica 20th. Century Fox.

El espionaje practicado en Inglaterra, inclusive, podría ser un grave delito en Estados Unidos.

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Europa admite “sobrecarga de esfuerzo bélico” en Libia (15 06 11)

La OTAN comienza a tocar los límites de la guerra en Libia

Europa ya acusa una “sobrecarga de esfuerzo” en las operaciones contra Khaddafi     

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Los aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) volvieron a elevar la campaña aérea contra objetivos puntuales en la capital libia, entre ellos el complejo de residencias de Bab al Aziziyah, un conjunto de edificios oficiales entre los cuales se contaría la residencia del coronel Muhammar el Khaddafi.

La ofensiva aliada dio cobertura a un nuevo avance rebelde; los voluntarios de las fuerzas insurgentes avanzaron unos doscientos kilómetros hacia el oeste, quebrando el cerco de la base de operaciones de Misrata. De esta manera, recuperaron una porción importante del escenario bélico que había sido ocupado por el ejército regular libio.

Por la paridad de fuerzas entre ambos bandos, la guerra parecía haber quedado estancada hasta la semana pasada, cuando la OTAN volvió a intensificar las acciones ofensivas. Sin embargo, varios países participantes de la campaña armada en Libia han comenzado a emitir señales de una “sobrecarga de esfuerzo” de guerra, al seguir sosteniendo durante períodos prolongados ataques que no han logrado, en el lapso de tres meses, quebrar las líneas de defensa que el régimen de Khaddafi mantiene sobre la porción occidental del país, especialmente sobre la capital, Trípoli.

Desde Londres, el jefe de la Armada británica declaró en la víspera que la flota inglesa, un actor clave en el apoyo de la aviación francesa y norteamericana, no podrá mantener el peso de las operaciones si éstas se prolongan hasta fin de año. El almirante Mark Stanhope afirmó que puede garantizar la participación de sus soldados hasta septiembre, según el plazo que acaba de fijar el alto mando de la OTAN, pero que más allá de esa fecha el gobierno de David Cameron debería replantear la continuidad de la participación británica, porque implicaría una “sobrecarga de esfuerzo bélico”.

En una línea similar, un oficial de alto rango de la OTAN sostuvo que la cuestión de los recursos de la alianza se volverá “crítica” si la intervención en Libia continúa.

La postura de los voceros militares europeos se contrapone con el discurso oficial de la Administración norteamericana.

Para Washington, la guerra en Libia debería seguir sin interrupciones hasta tanto el coronel Khaddafi abandone el poder, según la formulación reiterada por el presidente Barack Obama.

La semana pasada, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, inclusive reprochó a los europeos por este quiebre en la postura uniforme de los aliados, y sostuvo que la misión en Libia “enfrenta riesgo de fracaso” por el escaso aporte y compromiso de algunos miembros europeos de la OTAN.

Khaddafi ofrece la paz

Con un gesto distendido, el líder libio Muhammar el Khaddafi se dejó fotografiar jugando una partida de ajedrez con el presidente de la Federación Internacional, el ruso Kirsan Ilyumzhinov.

El ejedrecista declaró a su vuelta a Moscú que el coronel le había asegurado estar dispuesto a iniciar “de inmediato” conversaciones de paz con los rebeldes que ocupan la porción oriental del país, e inclusive con mandos militares de la OTAN.

La postura del mandatario, que ha elegido a la capital rusa para insistir en su buena predisposición a terminar la guerra que asota Libia desde hace cuatro meses mediante conversaciones de paz, aparece en un momento en que la Alianza Atlántica comienza una fuerte ofensiva para intentar quebrar el sistema de defensa de Trípoli.

Y mientras envía señales de paz, Khaddafi sigue impulsando a las tropas gubernamentales a reprimir a los insurgentes. Ayer, respondiendo al avance de los rebeldes hacia Trípoli, las fuerzas regulares dispararon con artillería contra el pazo de Dehiba, en la zona de al Ghazaya, fronteriza con Túnez; uno de los pasos utilizados por los que huyen del frente de batalla.

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nelson.specchia@gmail.com

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Libia, en camino hacia la guerra civil? (04 04 11)

Se mantiene la línea de batalla y aumentan las víctimas civiles

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Una de los temores expresados al inicio de la intervención occidental en Libia –la posibilidad de una guerra civil larga entre dos bandos relativamente equilibrados- ha dado indicios, en los últimos días, de que pueda ser el rumbo que adopte el conflicto entre la facción rebelde y el régimen del coronel Muhammar el Khaddafi.

En efecto, desde que a fines de la semana pasada la Alianza Atlántica (OTAN) asumiera la completa coordinación del establecimiento de la zona de exclusión aérea sobre el cielo libio, y las fuerzas gubernamentales lograran hacer retroceder a los insurrectos hasta los principales bastiones en el este del país, el frente de batalla se ha inmovilizado en las poblaciones del entorno de Bengasi, la capital rebelde.

Durante el fin de semana, los combates –difusos y aislados en las rutas, pero tomando cuerpo en los barrios de las ciudades- continuaron en Brega y Ajdabiya.

Al mismo tiempo, la reacción mundial contra las víctimas civiles caídas en los enfrentamientos, o como “daños colaterales” de los bombardeos de la OTAN a las instalaciones militares de Khaddafi, se convierte en una presión cada vez más considerable.

El viernes pasado, siete miembros de una misma familia –incluyendo niños y adolescentes- murieron en Brega, cuando la OTAN bombardeó a un convoy de las fuerzas leales al régimen que pasaba en ese momento por delante de la casa familiar.

Las tropas oficialistas han dejado de utilizar los tanques, fácilmente identificables por los radares de la Alianza Atlántica, y los han reemplazado por camionetas privadas a las que anexan armas y artillería, los mismos equipos que utilizan los insurrectos.

Esto ha llevado a que, en la confusión propia de un conflicto que tiende a mutar hacia una guerra civil, la diferenciación entre ambos bandos sea cada vez más difícil.

Los misiles de la OTAN, por ello, también han alcanzado camionetas de los milicianos voluntarios de la oposición rebelde, causando 13 bajas entre ellos.

El sábado, el presidente del Consejo Nacional rebelde, Mustafá Abdul Khalil, anunció que estaba “dispuesto a negociar un alto el fuego bajo condiciones” con el gobierno de Khaddafi, pero desde Trípoli rápidamente se rechazó la propuesta, que incluía una virtual división del territorio del Libia en dos partes.

Egipto mantiene el pulso

El alzamiento popular que estalló en Egipto a principios de año y que se llevó por delante al régimen autocrático de Hosni Mubarak no parece dispuesto a conformarse con una transición, tutelada por los militares, que sólo produzca modificaciones superficiales.

La céntrica plaza Tahir, en El Cairo, ha vuelto a ser escenario de marchas y movilizaciones que, al grito de “libertad o muerte”, reclaman la implementación de reformas aperturistas en la vida política egipcia.

Puntualmente, las manifestaciones piden la celebración de juicios a los personeros del antiguo régimen, a quienes identifican con la corrupción imperante en el país.

La Coalición de la Juventud de la Revolución, responsable de la convocatoria, demanda también la reducción de los poderes presidenciales, la disolución del Partido Nacional Democrático de Mubarak, el fin del estado de emergencia y la liberación de todos los presos políticos.

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en Twitter:   @nspecchia

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