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Ajustaremos sus cinturones, R.S.V.P. (17 08 11)

Sarkozy y Merkel exigen un ajuste común a toda Europa

Las principales economías de la Zona Euro plantean enfrentar la crisis con recortes generales  

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La canciller alemana, Ángela Merkel, llegó a París para mantener una minicumbre con el presidente Francés, Nicolás Sarkozy, y armar una estrategia común para hacer frente a la crisis que azota a Europa.

Luego del salvateje in extremis para evitar la quiebra técnica de Grecia, mediante giros del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Central Europeo (BCE), en los últimos días la institución crediticia continental dirigida por el economista francés Jean-Claude Trichet, ha tenido que auxiliar de emergencia a España y a Italia.

El BCE destinó la semana pasada un total de 22.000 millones de euros para salvar a ambas economías del acoso de los mercados, cuya presión sobre los bonos de las deudas externas soberanas estaba empujando la cotización bajo mínimos.

La suma girada a Roma y a Madrid supera inclusive el monto destinado a los bonos griegos en la primera semana de rescate, y aun así no ha logrado sacar a los títulos públicos de ambos de la zona de riesgo.

Ante este panorama, y a pesar de que tanto el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, como el presidente del gobierno español José Luís Rodríguez Zapatero han anunciado nuevas medidas internas para controlar las cuentas públicas y reducir las partidas destinadas al gasto social, Merkel y Sarkozy reclamaron ayer en París una coordinación continental para implementar los ajustes desde las instancias ejecutivas de la Unión Europea (UE).

La idea de un “gobierno económico” de la UE es una antigua iniciativa, que se viene discutiendo en el ámbito de las cumbres y del Consejo Europeo en forma reiterada, aunque la propuesta original apuntaba a una coordinación financiera que, junto a la aplicación de la moneda común, promoviera el crecimiento y el desarrollo de la complementación económica europea.

Ahora, los líderes conservadores de Alemania y Francia vuelven a traer la idea de un “gobierno económico”, pero para que supervise la aplicación estricta de los achiques al gasto público y la implementación de medidas de ajuste estructural a nivel continental.

Merkel inclusive llevó a París la moción de que los 17 países europeos que comparten la moneda (la Eurozona) modifiquen sus constituciones nacionales antes del verano (boreal) de 2012, para incluir en las cartas magnas un límite al déficit público y al gasto del gobierno, para conjurar posibles situaciones futuras como la experimentada en Grecia.

En el país heleno, la anterior administración de derecha falseó las cuentas oficiales y declaró un déficit cuatro veces inferior al que realmente soportaba, y que ha llevado a Grecia a la peor situación económica desde la posguerra.

Merkel y Sarkozy proponen que este nuevo “gobierno económico” esté integrado por los jefes de Estado de la Eurozona, con un presidente fijo y renovable cada dos años; e inclusive ya han pensado en el candidato al cargo: Herman von Rompuy, el democristiano belga.

Estancamiento europeo

Las cifras de la agencia estadística euroepa, Eurostat, confirman los peores presagios sobre la estrategia elegida por los líderes conservadores para enfrentar la crisis: Alemania y Francia se han estancado.

Los porcentajes de crecimiento trimestral en ambos países son nulos: la economía francesa está técnicamente estancada (cero por ciento de crecimiento), mientras la Alemana apenas crece un simbólico 0,1 por ciento. En total, la Eurozona registra un escueto 0,2 por ciento entre abril y junio.

Tomando la perspectiva ampliada, la agencia Eurostat afirma que en tasa internual, el Producto Bruto Interno (PBI) de la Eurozona cae desde el ya debil 2,5 por ciento registrado en el primer trimestre del año, a un raquítico 1,7 en el segundo.

En las reuniones ampliadas del Grupo de los 20 (G-20), los países menos desarrollados –con especial protagonismo de Argentina y Brasil- intentaron convencer a los europeos que la salida de la crisis pasaba por aplicar políticas de aumento del gasto, no de mayores restricciones.

Sin embargo los países centrales optaron por el ajuste, y los resultados están a la vista. Un “gobierno económico” europeo, además, profundizaría este camino.

 

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Evitando el “lunes negro” (08 08 11)

Gobiernos y bancos europeos intentan evitar un “lunes negro”

La incertidumbre económica hace temer la llegada de un nuevo período recesivo

 

La manera en que terminó resolviéndose la crisis de la deuda pública estadounidense la semana pasada, con un pacto in extremis entre la Casa Blanca y los republicanos del Congreso, no logró ahuyentar los malos presagios de un enfriamiento global y una contracción del crecimiento en los mercados líderes en Occidente, que puede empujar el escenario a una nueva recesión a gran escala, como la que golpeó ambas orillas del Atlántico en los años ’30.

El plan del presidente Barack Obama era presentar el acuerdo entre las dirigencias de ambos partidos como un éxito de la capacidad de gestión de su gobierno, pero las sucesivas concesiones que el Poder Ejecutivo tuvo que realizar frente a los opositores –al punto tal que afectó el rumbo del propio programa gubernamental demócrata, al aceptar restricciones al gasto público y no subir impuestos a los más ricos- alertaron a los mercados sobre la real capacidad de pago del Tesoro.

Estas dudas en los grandes operadores impactaron en las calificadoras de riesgo, que por primera vez en la historia norteamericana redujeron el máximo estándar del que siempre ha gozado Washington, y que ha llevado a que la moneda y las reservas estadounidenses se mantuvieran durante el último siglo como las divisas de referencia.

Desde la semana pasada, sin embargo, Estados Unidos tiene que soportar que su calificación de AAA, la más alta del mundo, se degradara a AA+. E inclusive con perspectivas de que nuevas disminuciones en las calificaciones sigan golpeando su credibilidad en el corto plazo: El director gerente de Standard and Poors, John Chambers, estimó ayer que hay “una posibilidad entre tres” de que la deuda norteamericana se vea degradada de nuevo en los próximos 24 meses. Chambers estimó que la calificación de la posición fiscal de Estados Unidos se deteriora debido a la falta de un acuerdo real de gobernabilidad en la primera potencia global, por lo que esas tensiones políticas podrían “desencadenar una nueva rebaja”.

Este diagnóstico transformó el éxito de haber sorteado el default, en un desplome generalizado de las bolsas, tanto en América como en Europa. Y durante el fin de semana los organismos multilaterales –especialmente el Banco Central Europeo (BCE)- trabajaban de urgencia en medidas para calmar los mercados frente a la apertura de operaciones de hoy, ya que si se repitiesen durante varios días seguidos los retrocesos en los índices bursátiles, podrían comenzar a desencadenarse corridas bancarias, lo que aceleraría el proceso recesivo.

Para evitar un “lunes negro”, el BCE aseguró que hoy saldrá a comprar deuda pública de España e Italia, las dos economías más frágiles de la Eurozona, que la semana pasada rondaron los 400 puntos básicos del diferencial con los bonos alemanes que se toman como referencia continental.

La misma canciller germana, Ángela Merkel, y el presidente francés, Nicolás Sarkozy, afirmaron que sostendrán el euro frente a “cualquier ataque especulativo” a través del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF).

Obama: “Prioridad al empleo”

Mientras el pánico ronda por Wall Street, la economía china (principal acreedora de bonos públicos estadounidenses) pide garantía para sus inversiones, y el resto del mundo aguarda expectante los coletazos del impacto de la pérdida de confianza sufrida por la primera economía, el presidente Barack Obama aseguró que dedicará a partir de ahora los esfuerzos de su Administración para evitar que la crisis destruya puestos de trabajo.

Obama no logró disfrutar del acuerdo con la oposición republicana que evitó que los Estados Unidos cayeran por primera vez en cesación de pagos, y sus intentos de trasmitir confianza fueron contestados por los mercados con pérdidas enormes (un monto cercano a los 2,5 billones de dólares en transacciones) por la retracción de prácticamente todas las bolsas del mundo.

Ahora, el presidente estadounidense sabe que si no apuesta por sostener el empleo, el escenario recesivo estará completo.

Los indicadores internos sostienen que el desempleo ha disminuido una décima en EE.UU., y Obama apostará a ello para campear la tendencia recesiva que ha comenzado a invadir la vida económica global.

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El Consejo Europeo enfrenta la incertidumbre de la crisis griega (24 06 11)

Evitar el default griego y sostener el euro constituyen la agenda de Europa       

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El Consejo Europeo –la reunión de jefes de Gobierno de los 27 Estados-miembros de la Unión Europea (UE)- culmina sus deliberaciones hoy en Bruselas, sin perspectivas de lograr un consenso sobre cómo enfrentar la cada vez más aguda crisis griega.

La resolución más probable es que extiendan nuevamente los plazos. Los gobiernos de la Eurozona (los países de la UE que comparten la moneda) ya aprobaron esperar hasta el 3 de julio para que el primer ministro Giogios Papandreu encare una nueva serie de medidas de control del gasto público, tras las cuales enviarían una segunda remesa de créditos para evitar que Grecia caiga en default.

Los últimos días han sido virulentos en la situación social y política del país mediterráneo. Una tercera huelga general paralizó completamente los servicios públicos y la actividad comercial, en protesta contra las medidas ya adoptadas por el gobierno del Pasok, que han provocado despidos masivos y recorte de sueldos, jubilaciones y diversas prestaciones sociales.

Papandreu reorganizó su gobierno para calmar un tanto los ánimos, y a pesar de la huelga y las movilizaciones logró superar una moción de censura en el Parlamento, después que el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Duráo Barroso, instara a la oposición de derechas a apoyar al premier socialdemócrata y a su plan de ajustes.

Con el voto de confianza del Parlamento, Papandreu accedió a la última remesa de los 110.000 millones de euros acordados por el FMI y el Banco Central Europeo en 2010; y ahora dispone hasta el 3 de julio para profundizar aún más ese draconiano recorte en las cuentas públicas para que la UE esté dispuesta a enviarle un “segundo rescate”, de al menos 12.000 millones de euros.

No será un camino fácil, el líder opositor, Antoni Samarás, declaró ayer a su llegada a Bruselas que no seguirá apoyando las medidas del gobierno. Samarás, cuya agrupación integra la alianza continental de derechas, el Partido Popular Europeo (PPE), sostiene que los ajustes a la economía helena no deberían incluir aumentos de impuestos.

Se observa así la paradoja de que el partido conservador causante de la crisis, Nueva Democracia, se oponga ahora a las medidas neoliberales aplicadas por una administración socialdemócrata.

En Atenas, los dos sindicatos mayoritarios han vuelto a convocar a otra jornada de huelga para el lunes y martes próximos, mientras el Parlamento trate el nuevo plan de ajuste de Papandreu.

En Bruselas, mientras tanto, se discute que si las agencias declaran a Grecia en cesación de pagos, aunque sea parcial, un rápido efecto dominó se extendería por toda la Eurozona, golpeando a los bancos y poniendo en riesgo a otras economías con deudas comprometedoras, como España, Portugal e Irlanda. Y, en última instancia, terminaría golpeando también al euro y a la política monetaria común.

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Un regalo griego (17 06 11)

Un regalo griego

por Nelson Gustavo Specchia

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El Pacto de Estabilidad que Papandreu consiguió en Europa, según Latuff y Drokos

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Giorgios Papandreu es un hombre valiente, también es un político con poca suerte. Esa era, al menos, la imagen que el primer ministro griego ofrecía esta semana, capeando en Atenas al toro bravo de la tercera huelga general que su gobierno soporta en el breve período de medio año, desde comienzos de 2011. El miércoles, las dos centrales sindicales mayoritarias (Adedy, de los empleados públicos, y el GSSE, de los trabajadores de empresas privadas) volvieron a salir a las calles de la capital, inundándola de columnas –cerca de 200.000 personas según los diarios locales- y paralizando toda actividad, desde los transportes a las comunicaciones, sin dejar de lado ni siquiera los servicios hospitalarios de emergencias.

Papandreu, un hombre valiente, ofreció su renuncia, con la disolución de su Ejecutivo del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), y propuso conformar un gobierno de concertación y unidad nacional para evitar la bancarrota acelerada hacia la que se dirige el país entero. Pero la derecha opositora del partido Nueva Democracia se ha negado a integrar una administración conjunta. Antonis Samarás, el jefe de la oposición, prefiere que Papandreu aguante en soledad el cimbronazo social de la crisis interna, y el abandono y la soledad al que lo está marginando Europa. Cuando los ajustes se hayan realizado, practicando la cirugía mayor en las cuentas públicas que se presenta como inexcusable, ya aparecerá él, Samarás, para tomar el relevo de un gobierno saneado. Una jugada mayor, porque la actual crisis fue el “regalo griego” que la derecha le dejó a Papandreu. Un político, como digo, de poca suerte.

CABALLITO DE TROYA

              Después de un largo período de los socialdemócratas fuera del poder, Giogios Andreas Papandreu al frente del Partido Socialista que fundara su abuelo en 1935, logró derrotar a la derecha en 2009. Sucedió a Kostas Karamanlis, y llevaba apenas un mes ocupando el palacio de Megaro Maximu cuando decidió hacer público el real estado de las cuentas gubernamentales. Las administraciones conservadoras de Nueva Democracia (con la asistencia y la validación internacional de la banca norteamericana Goldman Sachs) habían fraguado sistemáticamente las estadísticas oficiales, para mantener el déficit griego dentro de los márgenes admitidos por la política monetaria común de la Unión Europea. Así, durante años el gobierno de Atenas había informado a sus socios comunitarios que la deuda pública alcanzaba a un 3,7 por ciento del producto. Y este fue el presente que, como el mitológico caballo de madera con que los griegos lograron penetrar las murallas de Troya, recibió Papandreu.

La Administración socialista decidió transparentar la grave situación de financiamiento del gobierno, y admitió el año pasado que el déficit ascendía en realidad al 12,7 por ciento del producto interior bruto, casi cuatro veces más del reconocido hasta entonces. Sectores enteros de la economía habían vivido una auténtica fiesta de derroche, y quedaba claro que no había posibilidades reales de financiamiento con recursos propios, por lo que Papandreu apeló a sus socios comunitarios europeos, para que desde las instituciones financieras (principalmente desde el Banco Central Europeo) le enviasen con urgencia una línea de créditos y de asistencia que le permitiera tapar los agujeros y equilibrar la caja.

Pero el primer ministro, en su desesperada solicitud de auxilio, dejó sueltos algunos cabos: en primer lugar, dio por descontado que los líderes europeos aceptarían generosamente y de buen grado ayudar a las islas mediterráneas, unas primas pobres –aunque tan cultas- y llegadas al proceso de integración europeo en tiempos relativamente recientes. Y esto, para desengaño del político de poca suerte, no fue así, ni mucho menos. En segundo lugar, no tuvo en cuenta que desde 2008 el contexto crítico había alcanzado a todos los rincones de Europa, no sólo a sus bordes, y para entonces ya muy pocos seguían privilegiando una estrategia común, sino que cada quien miraba hacia su propia casa. Y por último, se le escapó también de las manos la variable interna: parar el derroche del gasto y volver a equilibrar las cuentas exigiría un sacrificio social mayúsculo, con quitas de derechos y recortes de beneficios históricamente adquiridos. Un camino que llevaría directo a la protesta social, las tres huelgas generales en lo que va del año lo prueban. En el medio de todos estos elementos, además, la sinceridad sobre el estado de las cuentas públicas llevaría a una pérdida de confianza generalizada sobre la capacidad de pagar las deudas, por lo que todo el mundo intentaría desprenderse de los bonos y de los títulos públicos helenos. Papandreu se vio en la disyuntiva de tener que emitir más de 53.000 millones de euros para afrontar las necesidades corrientes de sólo un año, pero no tener ningún interesado en adquirirlos (o, quizá peor aún, tener que vendérselos a los “fondos buitres” a precios de liquidación o menos).    

LA LEJANA EUROPA

Las sorpresas y decepciones de Giorgos Papandreu con sus colegas europeos fueron en aumento. El poco consenso en el continente para salir al rescate de uno de sus Estados-miembros fue la primera alarma. Las posiciones era muy críticas y duras, y los líderes conservadores –con la inefable Ángela Merkel siempre a la cabeza- sostenían que Grecia debía acudir al Fondo Monetario Internacional, lo que en otro momento del proceso de integración hubiera constituido casi un insulto para la pretendida autonomía financiera. También se habló de sacar a Atenas de la zona euro, los 17 países de la Unión Europea que comparten la moneda, antes de que las corridas financieras terminaran debilitando al propio euro. Hubo incluso quien opinó que Grecia podía ser expulsada de la organización continental, antes de que su crisis de financiamiento contagiara a otras economías débiles, como la española y la portuguesa.

Sarkozy finalmente gestionó un encuentro de máximo nivel, e intercedió ante Merkel. Sostuvo, en la acostumbrada grandilocuencia de su discurso, que Europa jamás dejará librado a uno de los suyos a la voracidad de los grandes grupos y fondos de inversión globales. Los resultados fueron menos grandilocuentes, y con el FMI en el medio, tal como había decidido Merkel. La UE aportaría, pero el precio para Grecia sería altísimo. El Banco Central Europeo controlará la política fiscal helena, y Papandreu debió comprometerse a reducir el déficit fiscal en cuatro puntos anuales (en 2010, del 12,7 al 8,7 por ciento; en 2011 hasta el 5 por ciento). Un draconiano ajuste soportado por recortes al gasto social, especialmente en la planta de funcionarios (echarán a 150.000 de los 700.000 empleados públicos) y en los beneficios de los jubilados. El IVA, además, aumentaría hasta el 23 por ciento.

El rescate, finalmente, alcanzó los 110.000 millones de euros. Pero ahora los técnicos afirman que aquel giro, que en su momento se presentó como colosal, no alcanzará para tapar apenas la mitad del agujero negro de las cuentas griegas. Se necesitarán, dicen, al menos 105.000 millones más, el denominado “segundo rescate”. Como ha admitido estos días el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, Alemania, en una nueva vuelta de tuerca de su actitud remisa de girar fondos de los impuestos pagados por los contribuyentes germanos hacia aquellos que no hicieron las cosas bien, insiste ahora en que deben participar de las ayudas también los bancos privados.

Antes de que se pierda todo y haya que declarar a Grecia en quiebra, Papandreu pide que al menos le terminen de enviar la última remesa de los fondos de 2010, que aún no le han llegado, y sin los cuales se verá obligado a declarar la quiebra por impago de los vencimientos. Los títulos públicos griegos ya son auténticos “bonos basura”, y el FMI –duro y ortodoxo- sostiene que sólo mantendrá el auxilio a condición de que los ajustes estructurales en el gasto público griego se profundicen. Sin importar cuántos muertos queden en las calles de Atenas en cada jornada de huelga. Europa, mientras tanto, sigue mirando hacia otro lado.

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Publicado en:

Hoy Día Córdoba  – Magazine – viernes, 16 de junio de 2011 

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Irlanda en la boca del volcán (25 11 10)

IRLANDA AUMENTA EL DESCONTENTO SOCIAL POR EL ACUERDO CON EL FMI

Peligra la continuidad del gobierno conservador en medio de la crisis

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El terremoto político generado por el gobierno conservador irlandés al anunciar la solicitud de rescate financiero al Fondo Monetario Internacional, a principios de esta semana, amenaza con expandirse a otros escenarios europeos.

Ayer la prensa especializada anunciaba que tanto España como Portugal han caído en las evaluaciones de riesgo de las agencias internacionales, al tiempo que la ola de ajustes estructurales con que los gobiernos del continente han decidido enfrentar la crisis económica sigue abriendo frentes de conflicto social, con especial participación de los trabajadores asalariados y de los estudiantes.

El primer ministro Brian Cowen, ha resistido durante toda la semana un duro embate de las fuerzas políticas irlandesas, no sólo de la oposición sino también de un sector importante dentro de su propio partido, después que el domingo pasado anunciara el cambio de rumbo de su gobierno, la solicitud del salvataje financiero al FMI.

Un acuerdo que conlleva medidas restrictivas para enfriar la economía y achicar el gasto social y el déficit, que se calcula en unos 19.000 millones de euros, un 32 por ciento del Productos Bruto Interno (PBI) del país. La Unión Europea (UE) exige que el déficit público se mantenga por debajo del 3 por ciento del PBI en sus Estados miembros que han adoptado el euro como moneda única.

Cowen admitió ayer que todavía no se ha acordado una cifra definitiva con los técnicos del Fondo y con los funcionarios de la UE, pero deslizó que “se discutió un monto del orden de los 85.000 millones de euros” (el equivalente a unos 115.000 millones de dólares).

Con esta suma, el Ejecutivo espera financiar la economía y los bancos en riesgo de bancarrota, mientras maniobra para ahorrar en cuatro años 15.000 millones de dólares mediante el ajuste presupuestario, a lo que complementará con un aumento en la recaudación impositiva en 5.000 millones adicionales mediante la creación de nuevos gravámenes.

La crisis política tomó una nueva dimensión cuando el gobierno anunció los planes para lograr estos niveles de ahorro, que implicarán un recorte de 2.800 millones de dólares en prestaciones sociales, sobre todo en beneficios por desempleo y asignaciones familiares.

Cowen sigue resistiendo los pedidos de dimisión inmediata que le llegan desde el arco opositor, y promete disolver el Parlamento y adelantar las elecciones, pero después que el Parlamento irlandés apruebe su proyecto de Presupuesto, el próximo 7 de diciembre.

Tras las defecciones en su propio partido, no hay seguridades de que el premier tenga los suficientes votos para avanzar en esta estrategia.

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DILEMA OPOSITOR

La crisis política que enfrenta el primer ministro irlandés Brian Cowen ha desgastado tanto su gobierno, que es improbable que pueda mantenerse en el cargo.

Durante esta semana ha logrado sortear los pedidos de renuncia que llegaron desde la centroizquierda, e inclusive desde el interior de su propio partido. Pero ya hay pocas dudas que deberá dejar el Ejecutivo, la pregunta es cuándo.

Porque si renuncia antes de la aprobación presupuestaria en el Parlamento, se caería todo el acuerdo con el FMI y la UE. Pero si Cowen logra hacer aprobar los presupuestos antes de irse, los partidos opositores que con mayor probabilidad heredarán el poder tendrán sus manos atadas al acuerdo con el Fondo, y la crisis económica dejará poco margen para que puedan revisarlo.

Los sindicatos, mientras tanto, ya adelantaron que las anunciadas medidas de austeridad desatarían una ola de agitación social, y convocaron a una protesta el próximo sábado en la capital, Dublín.

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Decretazo de ajuste de Rodríguez Zapatero (16 06 10)

ZAPATERO AJUSTA POR DECRETO LA ECONOMÍA Y LA REFORMA LABORAL

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Los sindicatos españoles ratifican el llamado a la huelga general

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El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, aprobó ayer en el consejo de ministros la polémica reforma laboral que abarata el despido, en medio de las exigencias que soporta el gobierno desde el Banco Central Europeo (BCE) y del Fondo Monetario Internacional (FMI) para que tome medidas drásticas que ajusten la economía, con el objetivo de reducir el elevado déficit, que alcanza al 11,2 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) ibérico.

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Zapatero, cuyo gobierno socialista se ha caracterizado en el último tiempo por una seguidilla de rectificaciones que ha sumido en el desconcierto a propios y extraños, intentó consensuar el ajuste con las dos centrales sindicales españolas (Comisiones Obreras, CC.OO., y la Unión General de Trabajadores, UGT) y con la patronal empresaria. Sin embargo, no obtuvo el respaldo de ninguno de los sectores del trabajo y en la víspera decidió avanzar con el ajuste por la vía del decreto.

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La norma debe ahora pasar por el tratamiento parlamentario, donde el ejecutivo del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) tampoco tiene asegurada la cantidad de apoyos suficientes como para su pronta promulgación. El objetivo de la reforma es fomentar los contratos indefinidos, según manifestó la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, aunque en los hechos reduce los costos de los despidos y los aportes patronales, además de recortar el gasto social y congelar sueldos públicos.

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Las centrales sindicales de CC.OO. y UGT tildaron el decreto de “atropello inútil”, y ratificaron la convocatoria a una huelga general para el próximo 29 de septiembre, en coincidencia con una jornada de movilización de trabajadores en toda Europa para protestar contra la ola de ajustes.

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La impopular medida adoptada por el ejecutivo de Zapatero responde a las exigencias de los organismos de control de la Eurozona (los 16 países de la Unión Europea que comparten la moneda), que vienen alertando sobre el riesgo de mantener un déficit tan alto junto a una desocupación desbocada, del orden del 20 por ciento.

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La debilidad económica española ha generado suspicacias en los últimos días, ante el riesgo de que pueda seguir el crítico camino de Grecia y deba apelar a planes de rescate del FMI. Estos rumores, divulgados desde diarios financieros alemanes, han sido negados categóricamente por las autoridades españolas.

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Frente a la embestida de los mercados y de los medios de prensa especializados, Rodríguez Zapatero planteará hoy en Bruselas, en la cumbre de jefes de Estado y de gobierno, que la Unión Europea debe formalizar un gobierno económico para los 27 miembros de la organización continental, una tarea que en estos momentos ejerce, de manera oficiosa, la canciller alemana Ángela Merkel.

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POLÍTICAS HOMOGENEAS

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Cuando el gobierno de centroderecha alemán de Ángela Merkel sube la jubilación a los 67 años; y el gobierno socialista español de Zapatero se propone hacerlo en breve, tras abaratar por decreto las indemnizaciones por despido; el gobierno conservador francés de Nicolás Sarkozy anuncia que lleva la jubilación a los 62 años, desarmando los avances de los dorados años de François Mitterrand. La Italia populista y el Portugal socialista les siguen.

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No importa el color ideológico del gobierno, el Estado Social de Derecho, la gran conquista europea de la posguerra, está en retroceso.

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Tres factores lo golpean en las narices: una crisis económica que no encuentra piso y que ha hecho disparar los déficit públicos; la dependencia de los gobiernos europeos de los fondos globales, las empresas calificadoras de riesgo y los organismos financieros multilaterales como el FMI; y la pirámide poblacional invertida, con pocos nacimientos y mayor longevidad (por cada jubilado hoy sólo trabajan 1,8 empleados activos, en los años ’70 trabajaban más de 4).

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Europa, durante algún tipo, dejará de ser el destino privilegiado de los emigrantes, especialmente de los latinoamericanos.

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N. G. S.

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Europa en emergencia (09 05 10)

LA UNIÓN EUROPEA TOMA MEDIDAS DE EMERGENCIA FRENTE A LA CRISIS

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Los líderes de la eurozona enfrentan nuevos embates de los mercados

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En un clima de fuerte inestabilidad, los países miembros de la Unión Europea preparan medidas para enfrentar la apertura de los mercados hoy lunes, con tendencias desfavorables en varias latitudes y signos de extensión de la crisis financiera que soportan las cuentas públicas de Grecia hacia otras economías del Mediterráneo.

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Ayer la Comisión Europea (CE) se reunió de urgencia en Bruselas, para tomar una postura común sobre un mecanismo de rescate, que sea herramienta permanente para cualquiera de las economías que integran la UE, tal como lo habían demandado el viernes pasado los jefes de Estado ante la previsible expansión de la crisis.

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A renglón seguido de la junta extraordinaria de la CE, los ministros de finanzas de los 27 países que componen la “zona euro” iniciaron las gestiones para aprobar la iniciativa por procedimiento urgente. Estas medidas apuntan a dar una señal fuerte desde las instancias de decisión frente a la apertura de la semana bursátil, mostrando la política común de los Estados miembros a implicarse en el rescate de cualquiera de los socios cuyas cuentas públicas entren en una zona de riesgo.

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En los últimos días, la crisis de Grecia llevó al euro a su peor situación cambiaria desde su creación en 1999, al punto que algunos economistas internacionales comenzaron a hablar de la posibilidad de su extinción como moneda común. España y Portugal, que comparten algunas debilidades estructurales con la economía griega, podrían verse amenazadas durante esta semana por los ataques en los mercados.

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La nueva batería de medidas que conformarían rescates de emergencia por parte del ejecutivo de la Unión Europea, se añadiría al sistema de ayudas actualmente vigente, que sólo contempla el giro de euros del Banco Central Europeo (BCU) para apoyar a Estados fuera de la eurozona, con una dotación máxima de 50.000 millones de euros. Se espera que el nuevo mecanismo cuente con dotaciones sustantivamente superiores para poder hacer frente a los compromisos de deuda asumidos por las principales economías problemáticas.

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Según trascendidos, en la reunión de ministros de finanzas en Bruselas se habría establecido un fondo de ayuda del orden de los 600.000 millones de euros, de manera de fortalecer la confianza en la moneda única europea. La batería de medidas contemplaría la instrumentación de créditos bilaterales por hasta 440.000 millones de euros cuando un país de la eurozona registre problemas de financiamiento. El salvataje conjunto entre el Fondo Monetario Internacional y el BCU a Grecia, consensuado la semana pasada con el gobierno heleno de Giorgios Papandreu, alcanza a los 145.000 millones de dólares.

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MERKEL ACUSA EL IMPACTO

Los riesgos de extensión de la crisis fueron abordados ayer en una extensa conversación telefónica entre Barack Obama y Ángela Merkel, en la que ambos líderes analizaron la toma de medidas de mayor calado por parte de la Unión Europea, para recuperar la confianza de los mercados.

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Las medidas de auxilio a Grecia fueron dilatadas por la jefa del ejecutivo alemán prácticamente durante un mes y medio, en atención a la baja popularidad que las mismas tienen en su electorado. Precisamente uno de los efectos pudo advertirse ayer, cuando la coalición de Merkel (la Unión Cristiano Demócrata y los Liberal Demócratas) no logró la mayoría en las elecciones regionales de Renania del Norte-Westfalia, según indican los sondeos.

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Las regionales pueden considerarse una “advertencia” para el gobierno nacional, afirmó el líder Liberal, Guido Westerwelle.

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