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Los ojos en Atenas (27 06 11)

Grecia define la continuidad de la vía del ajuste en Europa

El Parlamento vota el paquete restrictivo con todos los ojos puestos en Atenas       

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ATENAS.- Los diputados griegos se aprestaban en la tarde de ayer a poner a prueba el camino decidido por el Consejo Europeo para que las economías en crisis de la Zona Euro limpien sus cuentas públicas: restringir el gasto hasta el límite, dejando de lado políticas de contención social.

La votación en el recinto legislativo heleno supone una prueba crítica para el conjunto europeo, porque su resolución pondrá en evidencia la capacidad de las Administraciones para adecuarse a lo resuelto en las instancias multilaterales de la Unión Europea (UE).

A fines de la semana pasada, la cumbre de jefes de gobierno reunidos en el Consejo Europeo, en Bruselas, decidió seguir la línea sostenida por la canciller conservadora alemana, Ángela Merkel, y no disponer de ninguna línea de ayuda a Grecia que no pasara por los “rescates” del FMI y del Banco Central Europeo (BCE) ya acordados.

En realidad, la organización continental no ha enviado hasta el momento ni un sólo euro en carácter de donación o de “crédito blando” a Atenas, a pesar de la situación terminal de su economía. Siguiendo la decisión de Merkel, lo que las agencias financieras han habilitado son líneas de créditos a intereses altos, “punitorios” para quienes no hicieron las cosas bien, al 5 o al 6 por ciento de interés.

De esta manera, el gobierno griego obtiene liquidez para pagar los vencimientos de su deuda externa sin acudir a más endeudamiento en los mercados, donde sus títulos públicos están depreciados por la posibilidad de impago.

Alemania, además de negarse a comprometer dinero de los impuestos de sus contribuyentes, insiste en que los bancos acreedores deben implicarse en la negociación.

Por ello recibió de buena manera el anuncio realizado por Nicolás Sarkozy, de que los bancos franceses –los más expuestos a la deuda griega, junto a los germanos- estarían de acuerdo en reinvertir el 70 por ciento del dinero que deberían cobrar a Atenas en concepto de intereses entre este año y 2014, comprando nuevos títulos de deuda a 30 años de plazo.

En todo caso, con 800.000 trabajadores desempleados (de una población activa de cinco millones), una deuda superior al 150 por ciento del PBI, y pagando hasta un 25 por ciento por sus títulos públicos, la posibilidad de un default griego es cada vez más cercana.

 

Un Plan B oculto

PARÍS.- Con la exigua mayoría de cinco bancas que dispone Giorgios Papandreu, y la afirmación del líder de la oposición, Antonis Samaras, de que no apyarán el paquete restrictivo del gobierno, el panorama de las votaciones en la Cámara helena es arriesgado.

A pesar de que la UE dejó claro que no hay “Plan B”, sería más una presión para los griegos que una decisión tomada.

El diario francés Le Monde publicó ayer que sí se prepara, aunque en secreto, una salida para el probable caso de que Papandreu no logre hacer aprobar el ajuste.

Aunque no da detalles, se trataría de un recurso al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera –la vía a la que se niega Merkel- para inyectar fondos públicos comunitarios de urgencia.

Por otra parte, comienzan a escucharse a economistas –como el premio Nobel Paul Krugman- que se preguntan si no sería más realista dejar de alargar la agonía de la economía helena, admitir el default, y reestructurar la deuda a partir de allí. Como hizo la Argentina en su momento.

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Europa cuelga de Atenas (27 06 11)

Europa y la moneda común no se desprenden de la crisis griega

La cumbre europea no encuentra una postura alternativa a la profundización del ajuste       

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ATENAS.- El Consejo Europeo de fines de la semana pasada no logró consensuar una ayuda a Grecia que implicara mayores recursos, y ató el futuro inmediato de la crisis y la estabilidad de la moneda común, el euro, a que el gobierno heleno logre aprobar un fuertísimo ajuste a las cuentas públicas y evite la quiebra por default.

Sin embargo, el tratamiento en el Parlamento de Atenas del paquete de medidas restrictivas del premier Giorgios Papandreu no tiene allanado el camino. Los dirigentes conservadores europeos llamaron a la “unidad nacional” griega, esto es, a que el partido de derechas Nueva Democracia vote el ajuste junto a la bancada socialdemócrata del Pasok de Papandreu.

El jefe opositor, Antoni Samaras, escuchó ese pedido en Bruselas, tanto del Partido Popular Europeo (PPE), que su agrupación integra, como de boca de la propia canciller alemana, Ángela Merkel.

Samaras, sin embargo, adelantó que su grupo no votará un plan de ajuste que, en términos de votos, no podría ser ya más impopular. Después de tres huelgas generales en lo que va del año, con un nuevo paro programado para esta semana, y un estado social de agitación permanente (los “indignados” tienen instalado 18 campamentos en la plaza Sintagma, frente a la sede parlamentaria), la oposición no está dispuesta a ofrecer su cooperación.

Pero Papandreu tampoco tiene clara la posibilidad de contar con el apoyo cerrado de su propio partido; la presión que los movilizados ejercen sobre los diputados -a quienes increpan a la entrada y a la salida de la Cámara, e incluso persiguen hasta sus domicilios- es tanta, que ya comenzaron las fisuras en el bloque oficialista: dos diputados socialistas confirmaron que no votarán el paquete de medidas del gobierno.

En esta semana clave para el futuro político del país mediterráneo y para el rumbo general de la Unión Europea (UE), la aprobación del ajuste griego (se votará entre el martes y el miércoles) habilitaría a la recepción de una última remesa del dinero acordado el año pasado por la UE y el FMI, dirigido a pagar vencimientos de la deuda pública con los acreedores externos en julio.

Si Atenas no saldo estos vencimientos, las agencias que monitorean las finanzas internacionales declararían automáticamente la cesación de pagos y el default; una situación que no tardaría en contagiar a otras economías europeas con problemas en sus deudas externas, como Portugal, España, Irlanda y, en menor medida, también Italia.

A pesar del alto riesgo para la  estabilidad de la moneda común (el euro ya retrocedió la semana pasada frente a prácticamente todas las divisas de referencia), el Consejo Europeo no logró articular ningún “plan B”, que implicaría un mayor compromiso de dinero.

Al contrario, Merkel sigue insistiendo que no deben ser los recursos públicos de los impuestos de los contribuyentes, sino los propios bancos acreedores, los que deben soportar la mayor carga de la reestructuración y del saneamiento de la economía helena.

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Grecia: entre la protesta social y la presión de la Unión Europea (22 06 11)

 Grecia: entre la protesta social y la presión de la Unión Europea

Europa presiona a Grecia con librarla a su suerte si no ajusta las cuentas      

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Apenas diez minutos antes de la medianoche (18:50 hora argentina), el primer ministro griego Giorgios Papandreu logró superar el voto de confianza en el Parlamento de Atenas, para imponer todo un nuevo conjunto de medidas restrictivas del gasto público y de achicamiento del Estado, que era exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) para liberar el rescate de fondos que evite el default griego.

En una coyuntura extremadamente frágil, después de haber sufrido la semana pasada la tercera huelga general en lo que va del año, el mandatario socialdemócrata debió someterse en la tarde de ayer a una moción de censura en el recinto legislativo que, si hubiera prosperado, debería haber forzado a un cambio en la Administración.

Tras la huelga general, Papandreu ofreció su renuncia al cargo y la formación de un gobierno de concertación nacional, pero fue rechazado por la oposición conservadora del Nueva Democracia.

Frente a un enorme agujero en el déficit público, con una deuda externa que alcanza los 490 mil millones (un 150 por ciento del PBI), y unos títulos públicos completamente depreciados por el riesgo de default, el gobierno griego necesita con urgencia el salvataje de la Unión Europea.

Pero el liderazgo continental, especialmente motorizado por la canciller alemana Ángela Merkel, se resiste a seguir entregando fondos públicos para cubrir los “deberes mal hechos” de la economía helena. Han exigido al gobierno de Papandreu, por ello, un draconiano ajuste en el gasto, y una completa reestructuración de la administración financiera, con recortes de sueldos, jubilaciones, salud y educación.

Esta vía es la que ha llevado a las tres huelgas generales en el primer semestre de este año, y a la enorme concentración de la víspera frente al Parlamento, en la ateniense plaza Sintagma.

Los movilizados expresaban una “moción de censura popular”, que contrastaba con el apoyo que Papandreu finalmente lograba en el interior del recinto.

El partido del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) del primer ministro cuenta con mayoría en el Poder Legislativo, aunque el rumbo neoliberal que ha asumido el gobierno ha llevado en los últimos días a la desafectación de varios diputados. Pero, para asegurar el apoyo, el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Duráo Barroso exigió en la tarde de ayer que todas las fuerzas políticas griegas respaldaran a Papandreu, especialmente la oposición conservadora.

“No hay plan B”, resumió desde Bruselas, “no hay alternativa. Si alguien piensa que sin el programa de UE y el FMI se podrá encontrar otra cosa, es falso.” Para que no queden dudas, el jefe del ejecutivo comunitario sostuvo que una solución basada en el aumento del gasto público, como reclaman los movilizados teniendo como ejemplo los modelos de países emergentes –la Argentina entre ellos-, sería una “receta para el desastre”, concluyó Duráo Barroso.

Papandreu tiene ahora plazo hasta el 3 de julio para hacer las operaciones de cirugía mayor que habilitarán un segundo rescate por parte de la UE.

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El desalmado tijeretazo europeo (26 11 10)

El desalmado tijeretazo europeo

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por Nelson Gustavo Specchia

 

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Una gran tijera recorre Europa. Si los filósofos Karl Marx y Friedrich Engels escribieran hoy, posiblemente cambiarían la figura de aquella famosísima primera línea del “Manifiesta Comunista”. Porque el fantasma de nuestros días, en el Viejo Continente, toma la forma de una tijera que recorta gastos y déficit públicos a mansalva y discreción; pero por el tajo abierto aparecen las diversas formas del conflicto social. La sociedad civil no parece estar dispuesta a permitir pasivamente que los gobiernos recorten derechos juntos con los gastos. Los empleados asalariados y los estudiantes se ubican, en las diferentes latitudes, entre los colectivos que encabezan la reacción social y amenazan con subir la temperatura del gélido otoño europeo.

La primera señal, hace apenas seis meses, fue Grecia. Un gobierno socialista recién asumido, el del Pasok de Giorgios Papandreu, hubo de admitir que sus antecesores habían fraguado las cuentas públicas, que las arcas del Estado estaban casi vacías, y que la economía helena –con restringido margen de acción desde la política monetaria, al estar dentro de los acuerdos de la eurozona- necesitaba con urgencia un rescate por parte de los socios comunitarios. En pocas horas, los bonos de la deuda griega treparon hasta cifras siderales (el ya recurrente “castigo de los mercados”), y la democristiana Ángela Merkel le contestaba a Papandreu desde Berlín con el discurso que en medio año se ha convertido en dominante: saca la tijera y recorta gastos, corta mucho y a fondo, y luego veremos si te tiramos una soga desde el Bundesbank.

Papandreu intentó resistirse, aunque no mucho. A la capital europea que acudía, palabras más o palabras menos, le contestaban con el mismo discurso de la alemana. Desde Bruselas, la capital de la Unión Europea, el presidente de la Comisión, el ex marxista y hoy liberal José Manuel Duráo Barroso, instó al griego a que acudiese al Fondo Monetario Internacional. La postura de Europa, tanto de sus instituciones comunitarias como desde los gobiernos de los Estados miembros, pegaba, de esta manera, el mayor golpe de timón en la orientación estratégica de la política económica y social desde la posguerra. La concepción comunitaria que llevó al establecimiento y las conquistas del “Estado de bienestar”, el gran invento de los padres de la integración continental mediante la unión de capitalismo y derechos sociales, se relegaba. Las recetas de la vieja ortodoxia liberal volvían a obtener patente de corso.

EL VIRUS GRIEGO

Qué año, este 2010, decían entre exclamaciones los columnistas de la prensa europea. Pero bueno, al menos el fantasma de la tijera limitó el estallido de la crisis a Grecia. Papandreu finalmente aceptó la humillación. Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy, junto a Duráo Barroso, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rumpuy, y el jefe del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, anunciaron entonces el rescate de la economía de la isla mediterránea; en el mismo anuncio comunicaron el severo plan de ajuste impuesto a Atenas, (con la obligación de reducir cuatro puntos el déficit este año, del 12,7 al 8,7 por ciento del PBI; y seguir avanzando luego hasta reducirlo al 3 por ciento). Los colegios públicos, las universidades, los bancos, las oficinas públicas de todos los niveles de la administración cerraron, y los hospitales sólo atendieron emergencias. El primer ministro expresó su solidaridad a los trabajadores movilizados, pero, abatido, dijo que no tenía ninguna alternativa.

Los empleados y los estudiantes se largaron a la calle, incendiaron contenedores y algunos muertos quedaron en las jornadas de protesta. Pero la crisis se encapsuló en Grecia y no saldrá de allí, escribían los analistas. Y los gobiernos, especialmente los de países con economías en grados de vulnerabilidad cercanos a la griega, afirmaban que el riesgo de contagio estaba conjurado. El euro estaba a salvo, y no habría nuevas crisis. Pero tanto los políticos como los analistas se equivocaban. O mentían. Eso es lo que vino a mostrar el estallido de la burbuja económica en Irlanda esta semana.

En la última reunión del G-20, al tratar el tema de la “guerra de monedas” como el nuevo capítulo de la crisis económica internacional, los países emergentes –Argentina y Brasil entre los principales- volvieron a insistir en que la salida de la crisis no pasa por el recorte del gasto sino por aumentar los alicientes al consumo interno. El bloque europeo volvió a desestimar la estrategia una vez más, insistiendo en los achicamientos de los déficits y en los recortes de los gastos sociales.

Ese camino volvió a mostrar un nuevo escollo esta semana, cuando el primer ministro irlandés, Brian Cowen, no pudo seguir resistiendo el “castigo de los mercados” y la presión conjunta de sus colegas del continente, y anunció el pedido de salvataje económico al Banco Central Europeo y al Fondo Monetario Internacional. El virus griego, aunque todos lo negaran, había cruzado el mediterráneo y alcanzado al “tigre celta”, ese mismo que los analistas desde la gran prensa especializada ofrecían como ejemplo al mundo subdesarrollado hasta hace apenas unos meses.

IRLANDA COMO POLVORÍN

El domingo pasado, a la noche, después de una reunión del Consejo de Ministros que había durado más horas de las prudentes, el premier irlandés Brian Cowen enfrentó a los medios de prensa y admitió que el país debía acudir al auxilio del FMI y de las instancias financieras europeas, o enfrentarse a la bancarrota. La crisis del euro se cobraba así su segunda víctima, tras la debacle griega. El crédito que los irlandeses del tradicional partido liberal, el Fianna Fail, calculan que necesitarán asciende a unos 80.000 millones de euros, con eso lograrían calmar la fuerza del “castigo de los mercados”, y los títulos de su deuda podrían volver a montos medianamente manejables. Irlanda viene a confirmar que la crisis europea –que es, en definitiva, la crisis del euro- está vigente y piensa seguir dando batalla, independientemente de lo que los líderes afirmen en los discursos.

Volviendo a un libreto que ya no respeta ideologías ni emisores –lo mismo dicen los conservadores que los socialistas, los democristianos que los liberales- el gobierno irlandés usó la misma tribuna del anuncio del pedido de salvavidas al FMI para adelantar que acababa de aprobar otro desalmado tijeretazo en el país de las verdes praderas y los “pubs” donde se honra a san Patricio con la mejor cerveza del mundo. Un tijeretazo de unos 6.000 millones el año próximo, y hasta un total de 15.000 millones de euros (algo así como el 10 por ciento del PBI) en los próximos cuatro años. Ya se sabe cómo: se reducirá el gasto público, aumentarán los impuestos, se “racionalizarán” las plantas de empleados (ayer Dublín anunciaba que el “drástico ajuste” del que “nadie quedará a salvo”, implicará el despido de 25.000 trabajadores), disminuirá el salario mínimo –y con él toda la escala de sueldos-, terminarán los subsidios al desempleo o a las situaciones de riesgo social, y se reducirán las jubilaciones y las prestaciones sociales. Inclusive se admite que Irlanda volverá a ser un país de emigración. Adios Estado del bienestar, adios.

Y nada de que el “virus griego” está conjurado. El contagio, principalmente hacia Portugal y España, pero también hacia Italia y otras economías menores, podría llegar por una doble vía, el endeudamiento existente entre los bancos de la eurozona (los bancos alemanes y británicos, por ejemplo, tienen papeles de deuda de los bancos irlandeses por unos 250.000 millones de euros); o por vía de los títulos públicos de deuda, cuyo precio cae en la misma proporción y velocidad en que las aseguradoras de riesgo marcan nuevos records para las economías más endebles.

EL COSTO SOCIAL

Y mientras los políticos y los técnicos se deslizan hacia el pánico, la sociedad civil parece prepararse para resistir el embate contra el ajuste de la gran tijera. El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, convocó a los veinticinco grandes empresarios (casi todos opositores a su gobierno y a su Partido Socialista Obrero Español) para que lo ayuden con ideas, o con lo que sea a estas alturas, para escapar de la fuerza del tornado, luego de que las dos centrales sindicales le hicieran la primer huelga general. El conservador Nicolás Sarkozy viene aguantando un mes de protestas en la calle. El premier portugués, José Sócrates –socialista como Zapatero- se enfrentó esta semana a la mayor huelga general de la historia de Portugal, y su gobierno no tiene ni una sola estrategia nueva para esquivar los vientos que ya llegan a sus costas desde el desdentado “tigre celta”.

Los estudiantes británicos, por su parte, se largaron a marchar por Londres, abandonando las aulas en todo el país, protestando contra los planes del gobierno conservador de David Cameron de incrementar las matrículas universitarias, que implicará, en la práctica, triplicar el costo anual de los estudios superiores. La semana anterior, la protesta se tornó violenta: los estudiantes tomaron la sede partidaria de los “tories” en Londres, incendiándola y destrozándola.

El tijeretazo de Cameron ha comenzado por las universidades y la investigación, y los estudiantes ingleses parecen estar dispuestos a enfrentarlo. Igual que los italianos, donde también esta semana centenares de estudiantes se enfrentaron a la policía, e inclusive lograron ingresar al Parlamento, manifestándose contra los ajustes presupuestarios dispuestos por el gobierno del primer ministro derechista Silvio Berlusconi, que ha preparado un decreto ley que prevé el recorte de los fondos para las universidades públicas y la investigación, mientras favorece a los centros privados de enseñanza.

 

En definitiva, cualquiera termine siendo la salida de la actual crisis, parece evidente que los daños al Estado social del bienestar, esa construcción solidaria y transgeneracional que Europa ofreció al mundo como ejemplo de construcción sociopolítica, y que logró establecerse y enriquecerse mediante un consenso horizontal de las élites dirigentes –tanto de la derecha como de la izquierda- durante la segunda mitad del siglo XX, no saldrá indemne. Lo único que permanece, sin siquiera un rasguño, es la furia y la voracidad de los mercados.

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Culmina la cumbre de la ONU con un plan de salud (23 09 10)

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Los tres días de deliberaciones de la Cumbre de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) culminaron ayer en las Naciones Unidas (ONU).

Tras las jornadas en las que se escucharon los mensajes de unos 140 jefes de Estado y de gobierno del mundo, la Cumbre se cierra sin demasiados resultados concretos que permitan asegurar el cumplimiento de las prioridades para la erradicación de la pobreza y el hambre para 2015, salvo la propuesta de generar un nuevo impuesto a las transacciones financieras internacionales, sostenida por el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, pero resistida por un importante grupo de economías emergentes y países en vías de desarrollo.

Frente a ello, el secretario general de la ONU, Ban ki Moon, anunció en la jornada de cierra de la Cumbre que en las negociaciones multilaterales se habían logrado compromisos para destinar 40.000 millones de dólares a mejorar las condiciones sanitarias de niños y mujeres, dos colectivos sociales prioritarios en los ODM fijados en el año 2000.

Con esta estrategia, los técnicos de la ONU calculan que en los próximos cinco años se posibilitará la vida de unos 15 millones de niños, se evitarán unos 33 millones de embarazos no deseados, y se salvarán 740.000 mujeres que mueren por complicaciones en el parto, anunció Ban.

Los recursos para financiar la estrategia provendrán tanto de aportaciones de países miembros, como de la participación de fundaciones privadas, entre las que destacan las campañas filantrópicas de los millonarios Bill Gates y Carlos Slim, dos de los hombres más ricos del mundo que han comenzado a incursionar en el mecenazgo político.

Por su parte, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Duráo Barroso, anunció que Europa destinará 1.300 millones de dólares en cooperación especial al África, a los países del Caribe y del Pacífico, zonas muy retrasadas en el cumplimiento de los ODM, luego de que el presidente de Ruanda, Paul Kagame, asumiendo la voz de los países de la región, instara a los mandatarios de los Estados desarrollados a que se hagan cargo de sus agendas de desarrollo, en vez de dejar que los donantes (como Gates y Slim) y las ONG’s humanitarias ocupen su lugar.

AMÉRICA LATINA APRUEBA EN LA ONU

El escenario global que permitió visualizar la Cumbre de los Objetivos del Milenio (ODM) arroja diversas lecturas. Entre ellas, sorprende lo relativamente bien parada que sale América latina en comparación con otras zonas del globo, especialmente con las economías líderes, como la Unión Europea y los Estados Unidos, y las estrategias de éstos para llegar a 2015 con los objetivos cumplidos.

Frente a la postergación de los ODM en los países centrales debido a la recesión económica, y el incumplimiento por imposibilidad en zonas como África y el Caribe, en Latinoamérica las metas trazadas en el año 2000 se han cumplido en su mayor parte.

Brasil y Chile ya han reducido la pobreza extrema a la mitad; y Perú, Costa Rica y México están a punto de alcanzarla. Argentina y Uruguay han cumplido la meta y se enfrentan ahora a los núcleos de pobreza más duros y difíciles de resolver; mientras Ecuador, de mantener este nivel de crecimiento, también cumplirá el primer ODM, aunque siga teniendo altos niveles de pobreza.
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Duráo Barroso muestra los dientes (17 09 10)

LA UNIÓN EUROPEA ENDURECE SU POSTURA CON EL GOBIERNO FRANCÉS

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La organización regional no logra frenar la deportación de gitanos

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Después de las críticas generalizadas que el presidente de la Comisión Europea, el liberal portugués José Manuel Duráo Barroso, recibiera por la debilidad con que había tratado el tema de la expulsión sistemática de ciudadanos europeos de la étnica romaní (gitanos), los órganos de gobierno del proceso de integración regional han endurecido el discurso.

Sin embargo, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy afirmó que continuará con las expulsiones de ciudadanos rumanos y búlgaros que no tengan en regla su permiso de residencia temporaria en suelo francés.

Sarkozy no hizo referencia a que la totalidad de los expulsados pertenecen a la misma minoría étnica, pero desde el ministerio del Interior francés se ha intentado desligar ambos temas, aduciendo que las deportaciones no están relacionadas con la colectividad gitana directamente, sino que se trata de un asunto reglamentario que sólo atañe a la documentación requerida por la legislación francesa para ingresar y permanecer en su territorio.

El tema sigue escalando posiciones en la atención de los medios de prensa y de las instancias políticas, tanto de los ejecutivos como del Europarlamento.

El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, se solidarizó con la política migratoria del presidente francés, y otro tanto hizo Mariano Rajoy, jefe de la oposición de derecha al gobierno socialista español de José Luís Rodríguez Zapatero.

Los eurodiputados, por su parte, vistieron camisetas críticas a las expulsiones de gitanos en las sesiones del órgano legislativo continental, y la comisaria de Justicia de la Unión Europea, la luxemburguesa Viviane Reding, tuvo que dar marcha atrás después de haber comparado las expulsiones de Sarkozy con la de judíos y gitanos durante la Segunda Guerra.

A estos términos Sarkozy había respondido, con despecho, que si querían llevarse a los indocumentados a Luxemburgo, que lo hicieran. En estos términos de la confrontación, tras la celebración ayer de la cumbre ordinaria de la Unión Europea en Bruselas, Duráo Barroso tuvo un duro cruce con Sarkozy al defender a la comisaria Reding.

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MERKEL PIDE LA SUPERVISIÓN EUROPEA

Tras la mención a la expulsión de los judíos y gitanos durante la locura nazi de la segunda guerra mundial, lanzada por la comisaria de Justicia de la Unión Europea, la jefa del gobierno alemán, Angela Merkel, tomó la posta en el debate que ha centrado la cumbre de Bruselas y aseguró que el ejecutivo comunitario tiene el “derecho y la obligación” de supervisar el cumplimiento de la normativa emanada de los órganos del proceso de integración.

Tras sus declaraciones, el Consejo de Europa (el principal veedor de los derechos humanos en el Viejo Continente, que reúne a 47 miembros y no pertenece a la UE), solicitó la realización de una reunión de ministros para tratar, de una manera multilateral, de encontrar una solución conjunta al tema de la repatriación de gitanos.

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Sarkozy contra Europa (10 09 10)

SARKOZY INSISTE EN EXPULSAR GITANOS CONTRA LA UNIÓN EUROPA

La censura de las instituciones comunitarias ha sido tibia e inconducente

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Europa pasa por un período de crisis de valores y de definiciones. En otros tiempos, con líderes consustanciados con los objetivos fundacionales de la Unión Europa, violaciones de la legislación comunitaria como las que acomete en estos días el gobierno francés hubieran sido frenados en seco.

En cambio, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Duráo Barroso, apenas se animó a una débil crítica por las expulsiones de gitanos. El presidente Nicolás Sarkozy va ordenando más de 8.000 expulsiones, violando la Constitución francesa y también la Carta Europea de Derechos Fundamentales, que acaba de entrar en vigencia tras su sanción en el Tratado de Lisboa, hace un año.

La Carta prohíbe “las expulsiones colectivas” y ordena respetar la “libre circulación y residencia” de todos los ciudadanos europeos. Por el sistema de adhesión de la Unión Europea, el derecho comunitario tiene plena vigencia en los tribunales de los Estados-Miembro, y Francia es un país fundador de la comunidad.

Duráo Barroso, en su discurso de esta semana frente a la Eurocámara, apenas ensayó una exhortación a “no despertar los fantasmas del pasado”, sin nombrar a Francia ni a su presidente en forma explícita; aún así, el Parlamento Europeo fue más allá que el jefe del ejecutivo comunitario, y condenó con todas las letras la política de expulsiones.

Desde el Elíseo, el gobierno de la derechista Unión por un Movimiento Popular (UMP) reaccionó por boca del ministro de Inmigración, Eric Besson, quien ratificó el rumbo tomado por Sarkozy y criticó la “caricaturización” que según su criterio ha realizado de esta política el Parlamento Europeo, que insta a Francia a “detener inmediatamente” la deportación de romaníes.

Besson argumenta que los gitanos no están siendo expulsados por su origen étnico, sino como “ciudadanos del país del cual poseen la nacionalidad y que se encuentran ilegalmente” en territorio francés, lo que a todas luces constituye una falacia, ya que la totalidad de los expulsados pertenecen efectivamente a esa minoría étnica y provienen de campamentos de gitanos que han sido desmantelados por decisión del gobierno nacional.

La condena del Parlamento Europeo –la institución comunitaria que representa al pueblo, no a los gobiernos- no es la única nota adversa que enfrenta Sarkozy en estos días, en la víspera la policía allanó la sede centrar de su partido, la UMP, en otro de los coletazos del escándalo Bettencourt, que sigue concentrando la atención sobre el ministro de Trabajo, Eric Woerth.

Sarkozy insiste con respaldar a Woerth, pero la investigación judicial sobre financiación ilegal y tráfico de influencias, motivada por el trato preferencial con que el ministro habría pagado las aportaciones económicas de la empresa de cosméticos a la UMP, amenaza con no terminar junto con el verano boreal.

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Los trabajadores europeos reaccionan contra el ajuste (08 09 10)

LOS SINDICATOS EUROPEOS COORDINAN UNA MOVILIZACIÓN CONTRA EL AJUSTE

La primera gran huelga continental se convoca para el 29 de septiembre

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Las centrales gremiales europeas están caldeando el fin del verano con huelgas y movilizaciones en varios países, en preparación a la anunciada jornada continental de protesta contra las políticas adoptadas por los gobiernos de la Unión Europea para enfrentar la crisis económica, y que como rasgo general apuntan a la contracción de derechos sociales, salarios y jubilaciones.

En la víspera, sendas huelgas en Francia y en Inglaterra pararon las economías. Los trabajadores franceses marcharon para rechazar el proyecto de reforma social del gobierno conservador del presidente Nicolás Sarkozy, que planea elevar la edad jubilatoria para ahorrar recursos y mejorar los ingresos fiscales del país.

En Londres, por su parte, las marchas contra la Administración “tory” de David Cameron intentan frenar el anunciado plan de austeridad, que supone ahorrar 7.260 millones de euros recortando prestaciones sociales.

En otros países de la UE la situación es similar: En España, José Luís Rodríguez Zapatero terminó plegándose a la estrategia encabezada por la canciller alemana Ángela Merkel, y anunció un drástico plan de recorte de gastos del orden de los 15.000 millones de euros, con retrocesos salariales y subas de impuestos; las dos centrales sindicales anunciaron la primera huelga general que le harán al gobierno socialista.

En Grecia, uno de los primeros países en sufrir el terremoto de la crisis en las cuentas públicas, el gobierno congeló los salarios de los funcionarios, subió dos puntos el IVA y los impuestos a varios de los principales rubros de consumo masivo; el ejecutivo de Georgios Papandreu soporta, desde el anuncio de estas medidas, continuas huelgas y movilizaciones de protesta.

Merkel, mostrando el ejemplo de lo que predica, lanzó el mayor ajuste de su historia, recortando más de 10.000 puestos de trabajo en el sector público.

Frente a esta ola, la Confederación Europea de Sindicatos (CES), integrada por 82 confederaciones gremiales nacionales de 36 países, convocaron a una jornada europea de protesta para el próximo 29 de septiembre, cuando espera juntar a unas cien mil personas marchando por el centro de Bruselas, sede de la Comisión Europea, y movilizaciones de acompañamiento en la mayoría de los países de la UE.

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DURÁO, EL BLANDO

José Manuel Duráo Barroso, el presidente de la Comisión Europea, es un hombre dúctil.

Un blando, aunque su apellido denote lo contrario.

Así, Duráo fue un trotsko tempranero, luego se afilió al maoísta Partido Comunista de los Trabajadores Portugueses, el Movimiento Reorganizativo del Partido del Proletariado; luego, cuando los vientos movieron la veleta, se pasó al Partido Social Demócrata. Para cuando fue elegido primer ministro de Portugal ya era un conservador convencido, que apoyó la invasión de Irak e implementó un neoliberal ajuste económico.

Su deriva hacia la derecha lo alojó al frente del ejecutivo de la Unión Europea, y su ductilidad ahí lo mantiene.

Desde ese lugar, Duráo Blandoso asegura ahora que todos tendrían que trabajar jornadas más extensas durante una mayor cantidad de años.

Y lo mejor: los europeos deben esforzarse para así “ganar la batalla a los países emergentes”. Es muy difícil imaginarse qué película está viendo este hombre.

N. G. S.

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