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¿Usaría Khaddafi armas químicas contra los rebeldes? (09 09 11)

Temor por las reservas de armas químicas de Khaddafi

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Después de las especulaciones sobre la huida de Muhammar el Khaddafi en el convoy militar que escapó hacia Níger, el autócrata difundió un mensaje a través del canal sirio Al Rai.

En la grabación, Khaddafi sostiene que no ha abandonado “el territorio de sus ancestros”, y convoca a la resistencia contra los insurgentes, a quienes no ahorra calificativos: “un puñado de mercenarios, matones y traidores”, además de “gérmenes, ratas y cerdos”. A pesar del tono combativo, no pudo establecerse que el mensaje provenga de dentro o fuera del territorio libio, por lo que el paradero del desplazado mandatario sigue siendo una incógnita.

Aunque según Khaddafi las noticias que afirman que los rebeldes controlan la situación sólo forma parte de una “guerra psicológica”, los reductos que siguen siendo leales al coronel se encuentran cada vez más cercados por las tropas irregulares que responden al gobierno provisorio del Consejo Nacional de Transición (CNT), en los alrededores de Sirte, en la costa mediterránea, y en el oasis sureño de Ben Wali.

Las negociaciones con los líderes tribales no parecen estar progresando, y los rebeldes se aprestan a atacar el próximo fin de semana, cuando venza el ultimatum para entregar ambas ciudades en forma incruenta.

En la víspera se conoció que el dictador envió, el pasado mes de julio, máscaras y trajes de protección contra agresiones químicas a miembros de su tribu, los khaddafa, en Sirte.

Aunque el gas mostaza está prohibido por las convenciones internacionales, Khaddafi ordenó en su momento la producción a gran escala de este arma química, y se calcula que hay acumulados más de diez toneladas de gas mostaza y gas sarín en reductos secretos.

La posibilidad de que los leales a Khaddafi puedan hacer uso de este armamento contra las tropas insurgentes ha aumentado la preocupación mundial.

Luis Moreno Ocampo, fiscal de. Tribunal Penal Internacional (TPI), solicitó a Interpol que lance una “circular roja” para detener al ex dictador por delitos contra la humanidad.

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Libia, el daño civil (04 07 11)

Libia acusa a la OTAN de atacar una escuela técnica en Trípoli

Las víctimas civiles siguen siendo la mayor debilidad en la estrategia aliada        

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TRÍPOLI.- La semana pasada, el anuncio de que el fiscal de la Corte Penal Internacional, el jurista argentino Luis Moreno Ocampo, había decidido librar ordenes de captura internacional para el coronel Muhammar el Khaddafi y sus principales colaboradores, fue presentado como un respaldo diplomático de la sociedad internacional a la ofensiva que la Alianza Atlántica (OTAN) despliega en Libia.

El accionar militar, sin embargo, cada día encuentra más dificultades para validarse, por el alto costo que la guerra tiene para la población civil. Diversos observadores, como el nuncio papal en Libia, han manifestado ya reiteradamente que las bombas aliadas, supuestamente dirigidas a neutralizar objetivos militares, causan ingentes daños a una población que, inerme, se encuentra entre dos fuegos.

En esta línea, el gobierno de Khaddafi denunció que en la noche del viernes último una misión de la Alianza Atlántica bombardeó una escuela técnica, causando un número indeterminado de víctimas entre los estudiantes, técnicos e ingenieros docentes.

La denuncia, realizada por los canales informativos oficiales de la televisión libia, coincide con un reporte de la cadena británica BBC, que informó sobre un ataque de esas características en la capital durante la noche del viernes.

La OTAN admitió la acción militar, pero como ya es de uso en los partes sobre la guerra de Libia, no se refirió a las posibles víctimas civiles sino que sostuvo que los objetivos habían sido lanzamisiles y varios tanques y vehículos militares.

El informe de los mandos militares conjuntos fue ratificado también por la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, de visita oficial en España. En Madrid, Clinton sostuvo que la guerra en el norte de África va en la dirección estratégica esperada, y que los aliados “mantendrán los ataques” hasta tanto Khaddafi abandone el poder.

Junto a ella, la ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez, ratificó que la Unión Europea respalda sin fisuras la posición estadounidense.

Rebeldía africana

El régimen de Muhammar el Khaddafi, que ha presentado una inédita resistencia a las acciones militares occidentales, está decidido a ignorar también la orden de arresto contra sus principales dirigentes, emitida por la Corte Penal Internacional (CPI).

Y ha utilizado para hacerlo público la tribuna de la Unión Africana (UA), una organización regional muy cercana a Trípoli, gobierno que aporta la porción sustancial de su presupuesto de funcionamiento. La UA exhortó ayer a sus miembros a ignorar la orden de captura, y recomendó a los países del continente, firmantes de la CPI, no arrestar a Khaddafi si éste los visita.

Esta decisión regional habilitaría al mandatario a moverse libremente por África, en el caso eventual que decidiera salir de Trípoli, lo que es altamente improbable.

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Libia, primera amenaza de Obama (04 03 11)

Obama advierte de una posible intervención americana en Libia

La Casa Blanca insta a Khaddafi a abandonar el poder sin más demora

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El presidente norteamericano, Barack Obama, hizo alusión ayer, por primera vez, a una eventual intervención militar directa sobre Libia, si la represión del régimen del coronel Muhammar el Khaddafi a los opositores insurrectos corre el riesgo de disparar una crisis humanitaria.

El líder demócrata, que compareció en Washington frente a la prensa acompañado del presidente mexicano Felipe Calderón, eligió muy cuidadosamente los términos de su declaración, intentando en todo momento justificar la decisión de su gobierno en un “apoyo al pueblo libio”, de forma tal de que una acción militar directa contra Khaddafi no sea visualizada como una injerencia externa de connotaciones imperialistas, como ya ha sido comentada en diversos foros críticos con la postura norteamericana.

Obama se centró en que tomará la decisión en el caso de que la situación política interna del país norafricano se deteriore tanto que corra el riesgo de desencadenar una crisis humanitaria entre la población civil. Para ello, dispuso que el Pentágono, la coordinación militar estadounidense, estudie las diferentes opciones, incluida la declaración de una zona de exclusión aérea, lo que implicaría bombardear las defensas antiaéreas libias en una situación de guerra abierta, manteniendo una “plena capacidad para actuar, y hacerlo rápidamente”.

Para que no quedasen dudas de la posición de la Casa Blanca, como ocurrió durante la crisis tunecina –y en menor medida con la caída del presidente egipcio Hosni Mubarak- el mandatario norteamericano ratificó: “No quiero ser ambiguo: el coronel Khaddafi tiene que abandonar el poder.”

Según trascendidos de fuentes militares, la reordenación de parte de la flota estadounidense en el Mediterráneo ha implicado el acercamiento de cuatro naves de guerra, los destructores Barry, Ponce, Kearsarge y el Mount Whitney, mientras el portaviones Enterprise (con 6.000 marinos a bordo, y 90 aviones cazas y helicópteros artillados) aguarda anclado en el Golfo Pérsico.

Sin embargo, a pesar de la presencia de esta poderosa flota militar en las cercanías de la costa libia, y desconociendo la presión mundial que supone la expulsión del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas (ONU) y que el fiscal de la Corte Penal Internacional (CPI), Luis Moreno Ocampo, haya iniciado las acciones para juzgarlo por crímenes contra la humanidad, Muhammar el Khaddafi ordenó ayer a la aviación un nuevo bombardeo sobre la ciudad de Brega, ubicada a 800 kilómetros de la capital.

Un primer ataque, durante la madrugada del miércoles, intentó recuperar el estratégico enclave petrolero del control de los insurgentes, pero fue repelido.

Chávez se propone para mediar

El presidente venezolano Hugo Chávez, que levantó una ola de críticas esta semana al publicar una defensa cerrada del Muhammar el Khaddafi en su perfil de Twitter, difundió ayer una propuesta de constitución de una comisión de paz para mediar en el conflicto libio.

El ministro de Comunicación venezolano, Andrés Izarra, también utilizó Twitter para confirmar una conversación entre Chávez y Khaddafi, de la cual surgió la propuesta de una comisión de buena voluntad, integrada por países amigos, que sirva de mediadora y busque una salida pacífica al alzamiento popular que ha partido a Libia en dos mitades enfrentadas.

Chávez, que aprovechó la oportunidad para criticar una eventual intervención militar norteamericana, afirmó que la comunidad internacional puede “ayudar a que no se sigan matando” en Libia.

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Khaddafi, entre la resistencia y la Corte Penal Internacional (28 02 11)

Khaddafi se atrinchera en Trípoli acusado de crímenes de guerra

Las Naciones Unidas declaran la alerta humanitaria en la región, tras la huída de 100.000 libios por las fronteras. La oposición forma un Consejo para reemplazar al dictador. Estados Unidos involucra a los europeos en la ayuda.

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Libia ha comenzado a dar los primeros pasos para organizar una transición desde el régimen autocrático y personalista del coronel Muhammar el Khaddafi hacia una nueva institucionalidad, aunque sus características están aún lejos de presentarse en forma clara y definida.

En las ciudades de la costa oriental, después de varios días de estar fuera del alcance del gobierno central, el desorden propio de la “liberación” empieza a dar lugar a instancias de regulación urbana, que siguiendo la estructura social y cultural más tradicional en Libia, pasa por las instancias tribales. De esta manera, los referentes de las diferentes tribus en la mitad oriental del país han comenzado a dar forma a una administración provisional, que ha adoptado la denominación de Consejo Nacional, y al que aspiran ir incorporando a representantes de todas las zonas ocupadas por la oposición al régimen.

El centro de esta “Coalición Revolucionaria 17 de febrero” se ubica en Bengasi, la segunda ciudad del país, y el primer centro urbano de importancia en quedar en manos de los rebeldes. Si bien aún no se sabe con precisión qué características tendrá este Consejo, quién será su presidente ni por cuántos miembros estará integrado, constituye la primera instancia formalizada de la oposición al régimen y “tendrá a su cargo monitorear la transición”, según declaró su portavoz en Bengasi, Abdelhafiz Hoga.

Así, el centro de los enfrentamientos armados entre los que se mantienen fieles a Khaddafi y la vanguardia rebelde se ha trasladado al oeste, y se ubicaba en la víspera en las propias periferias de la capital, convertida en la última trinchera del gobierno. Según trascendidos difundidos por la cadena Al Jazeera, y por testimonios de los miles de libios que huyen del conflicto por los pasos fronterizos hacia Egipto y Túnez, los rebeldes ya habrían tomado el control de Zawiya, distante sólo 50 kilómetros de Trípoli, y se habrían hecho con la ciudad de Misrata, la tercera del país, expulsando a las fuerzas gubernamentales, compuestas por parte del ejército regular y por milicianos mercenarios contratados en los países del África subsahariana, como también pudo verse en videos caseros subidos a Internet.

De esta manera, además de la capital, el clan Khaddafi sólo controlaría las ciudades de Gadames, Sebha y Sirte, menos de una quinta parte del Estado.

Mientras tanto, la presión internacional sobre Khaddafi se ha acentuado fuertemente en las últimas horas. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) se avino finalmente a aprobar duras sanciones contra el gobierno libio, quitando toda legitimidad al coronel Khaddafi y sentando las bases para que sea acusado por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional de La Haya, según una resolución impulsada por Francia y Gran Bretaña, con el respaldo de Estados Unidos, y votada por unanimidad.

Por su parte, y luego de unos días de indefinición, el presidente estadounidense, Barack Obama, sostuvo que “Khaddafi debe irse sin más derramamiento de sangre”, y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, reafirmó ayer que su país “está listo para ofrecer cualquier tipo de asistencia” a la oposición rebelde, y añadió que viajará hoy a Ginebra para reunirse con los cancilleres europeos y los aliados árabes, en orden a coordinar acciones conjuntas contra Trípoli.

Mientras trascendía un millonario depósito de casi 5.000 millones de dólares que los testaferros de Khaddafi realizaron en Londres, que fue interpretado como una preparación del dictador para abandonar el país, su hijo Saif el Islam afirmaba en Trípoli, por el contrario, que el mandatario se encuentra “de buen humor”, que el grupo dirigente se encuentra “con la moral alta”, y que el régimen está seguro de aplastar la insurgencia, a los que calificó de “terroristas”.

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Khaddafi, acorralado, agita el fantasma del islamismo radical (25 02 11)

Khaddafi agita el fantasma del islamismo radical para reprimir

En la Corte Penal Internacional se cifra en 10.000 las víctimas del alzamiento

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Tras la censura de la sociedad internacional a la represión a las movilizaciones civiles de protesta, el líder libio Muhammar el Khaddafi acusó ayer a la red yihadista islámica de Al Qaeda, y a su cabeza visible, Osama bin Laden, de ser los autores intelectuales de la rebelión que vive Libia desde hace más de diez días.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) se reunió de emergencia en Nueva York, así como el Consejo de la Unión Europea (UE) en Bruselas, luego de que el dirigente libio emitiera un largo discurso por la televisión oficial, el martes pasado, en el que llamaba a la población a “resistir hasta la última gota de sangre”, poniéndose incluso él mismo al frente, al afirmar que estaba dispuesto a “morir como un mártir”.

Estas posturas, y las filtraciones a la prensa internacional de que las ciudades orientales de Libia han sido ocupadas por los opositores, hacían probable una guerra civil, hicieron reaccionar a las organizaciones multilaterales y a las Cancillerías de diversos países.

La UE informó ayer que ningún Estado miembro exportará armas a Khaddafi, y que ha acordado avanzar en otras sanciones hacia el régimen libio. Inclusive, fuentes diplomáticas europeas afirmaron que la organización continental no excluye una intervención militar humanitaria, en caso de que se generalice una guerra civil, aunque la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) aseguró que “no hay ningún plan” que contemple una intervención militar en Libia.

A pesar de las protestas internacionales, Khaddafi volvió a aparecer en la televisión, esta vez mediante una comunicación telefónica, y relativizó las protestas, adjudicándolas a “una minoría de jóvenes drogados” por Al Qaeda. “Lo que está sucediendo es una comedia: los hombres de Ben Laden distribuyeron drogas en el agua, en el yogurth, en la comida”, afirmó.

La postura del mandatario, que lleva ocupando el poder los últimos 42 años, parece apuntar a aglutinar a los leales al régimen frente a una supuesta amenaza del islamismo radical, encarnada en Al Qaeda. Por ello acusó a esta facción de los musulmanes sunnitas de intentar “crear un emirato islámico en Libia”, y forzar con ello también una presunta invasión norteamericana.

Mientras tanto, la prensa occidental citó a testigos presenciales al informar que las fuerzas leales al gobierno atacaron a columnas opositoras que habían acampado dentro de una mezquita, que describieron como un “matadero” y una “masacre”, en la localidad de Al Zawiya, ubicada apenas a 50 kilómetros de Trípoli.

En la capital, el régimen ha convocado a milicias civiles, presumiblemente por la falta de confianza en el ejército regular, donde se han experimentado deserciones y cambios de bando, y se han atrincherado los principales accesos, en previsión de un avance de la revuelta procedente de la mitad oriental del país, a la que ya se considera en manos de la oposición.

Entre las deserciones masivas que soporta el régimen, sobresalió ayer la de uno de los colaboradores más cercanos de Khaddafi, su primo y ministro de Justicia del gobierno libio, Ahmed Khaddhaf al Dam, quien se asiló en Egipto.

Oficialmente se admitió que han fallecido unas 300 personas desde que comenzaron las manifestaciones de protesta, hace diez días, aunque en la Corte Penal Internacional (CPI), en La Haya, se estimó que podría haber hasta 10.000 muertos.

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Sudán, desgarrado y dividido

Sudán, desgarrado y dividido

por Nelson Gustavo Specchia

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En el corazón del África oriental, una gigante extensión de tierra, feraz en gran parte, desértica por tramos, abrumadoramente pobre en cada rincón y víctima de esa violencia primigenia que se despierta cuando los viejos odios se encuentran con armas automáticas en la mano, se extiende a un lado y al otro de los brazos nacientes del río Nilo.

El río no es aquí el inmenso caudal que baña los valles de Egipto, cuando se apresta a desembocar en el Mediterráneo, sino dos cursos más discretos –aunque este adjetivo es conjetural, siendo los tamaños en África tan excesivos- que toman el nombre de los colores del amanecer: el Nilo Azul, que los locales pronuncian Abbai Wenz, que viene desde las fuentes etíopes del Lago Tana; y el Nilo Blanco (en árabe: al-Nahr al-Abyad), que hunde sus raíces en las entrañas del continente y se une con el otro brazo en el centro de Sudán. Allí, en esa confluencia de aguas míticas, se levanta la capital de ese inmenso país, el más grande de todo el continente africano: Khartum, la “trompa de elefante”.

Esta ciudad dejará de ser desde esta semana la capital del país más grande de África, porque el país mismo habrá desaparecido, si todo sale como se espera que salga, y el plebiscito que se ha desarrollado termina imponiendo la partición.

La división del Estado en dos nuevas unidades políticas, dejando de lado las artificiales líneas coloniales que marcaron las fronteras durante la “rebatiña de África”, y reagrupándose según criterios raciales, de ascendencia tribal y de confesión religiosa. También, y este puede ser el elemento que venga a golpear el tablero a últimos momento, en dos zonas de desiguales reservas de recursos naturales.

CONDICIONES PARA LA PAZ

Las divisiones de unidades políticas mediante secesiones de regiones internas nunca son buenas noticias a priori. Cuando se arguyen motivos de raza o religión, la noticia no mejora, sino, al contrario, agrava las consideraciones sobre los motivos que llevaron al fracaso de la convivencia.

Y cuando existen fundadas sospechas de intereses extranjeros y apetitos por los recursos naturales, la mala noticia se convierte en pésima. Ver África saltando en pequeños trozos tribales sería una catástrofe.

Pero estas consideraciones generales, que hemos sostenido en el pasado en referencia a la secesión de Kosovo de Serbia fundada en razones étnicas; o de la soberanía española sobre las ciudades marroquíes de Ceuta o Melilla; o inclusive sobre las pretensiones de separación de sus países de los enclaves de Gibraltar o de las Islas Malvinas por parte de Gran Bretaña, estas consideraciones generales, digo, deben prudentemente balancearse cuando la crisis interna de coexistencia atenta contra la vida y la integridad de sus habitantes. O sea, cuando la separación es la última condición para alcanzar y mantener la paz social.

HISTORIA DE SANGRE

Lograr y mantener la paz en una equilibrada vecindad parece ser el objetivo. Allí la diferenciación, rivalidad y enfrentamiento entre el Norte y el Sur encontrarían alivio después de una historia que nunca fue fácil, desde que las potencias coloniales europeas impusieron sus criterios.

El Sudán tuvo su independencia, impulsada por el proceso de descolonización de las Naciones Unidas, y se separó de la metrópoli colonial británica en 1956. Los administradores coloniales ingleses habían tenido tradicionalmente un trato diferenciado con ambas regiones, en un virtual reconocimiento de que el Norte y el Sur constituían entidades políticas y sociales distintas.

Sin embargo, hacia 1940 cambiaron caprichosamente de criterio y decidieron unirlos. El centro colonial había estado en “la trompa de elefante”, Khartum, por lo que el Norte terminó, en el nuevo país independiente, imponiéndose al Sur, e intentó generalizar la “sharia” (ley religiosa islámica). El Sur se rebeló.

Dos elementos destacaban en esa radical diferenciación. Las poblaciones del Norte –desértico y arenoso- estaban integradas por colectivos sociales de ascendencia egipcia y árabe, y habían sido culturizados en la religión islámica desde la gran expansión mahometana del siglo VII.

Por su parte, el Sur –tropical y boscoso- era mayoritariamente negro (unas 150 tribus diferentes), y conservaba la fe cristiana desde los antiquísimos tiempos del Reino de Nubia (mediados del siglo IV), o bien los rituales animistas de las tribus selváticas. O una desigual mezcla sincrética de ambos.

La forzada convivencia entre los dos pueblos decantó en una larga y sangrienta guerra civil, que estalló apenas los ingleses abandonaron Khartum y se alargó, con pocos años de pausa, hasta 2005.

Aunque es muy difícil calcular las bajas que tan extenso conflicto puede haber causado en una región tan vasta y tan lejana, se asume que la guerra entre el Norte musulmán y el Sur cristiano dejó un saldo de más de dos millones de muertos y cerca de tres millones de desplazados.

Más allá de los muertos, la historia contemporánea ha dejado un territorio desolado: en el Sur, el 90 por ciento de los cerca de nueve millones de habitantes sobrevive con menos de un dólar al día, el 85 por ciento de la sociedad es analfabeta, y un tercio de ella sufre de hambre crónica, según las cifras de la ONU.

LOS NUEVOS AMOS

Tras esa desgarrada historia de un desencuentro fatal, la pregunta que flotó durante toda esta semana del referéndum independentista es cuán independientes podrán ser los sudaneses del Sur, con una de las mayores reservas petrolíferas en su subsuelo y sin prácticamente ningún recurso en ahorros o en infraestructura para extraerlo, refinarlo y comercializarlo.

En Khartum, el presidente Omar al Bachir, un paracaidista formado en Egipto, que combatió en la guerra del Yon Kippur contra Israel y que ocupa el poder tras el golpe de Estado islamista de 1989, acaba de ser acusado por el fiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, de desviar unos 9.000 millones de dólares procedentes de las regalías petroleras hacia sus cuentas en bancos británicos.

La Corte también lo busca por genocidio y crímenes de lesa humanidad cometidos en Darfur; y Al Bachir ha asegurado que respetará el referéndum, pero que si los del Sur se quieren quedar con el petróleo de la región de Abyei, la guerra podría volver.

Las instituciones multilaterales, la Unión Europea, la ONU, y –fundamentalmente- el presidente Barack Obama, respaldan la consulta plebiscitaria y, por elevación, la separación de Sudán del Sur en un nuevo Estado. Obama declaró, a mediados de diciembre pasado, que Sudán era una de las prioridades de su gobierno en materia de política exterior, y así se lo hizo saber a los mandatarios de Egipto, Libia, Nigeria y Sudáfrica, que pueden tener una voz determinante en la región.

Y entre tanto ruido y tantas declaraciones, Pekín guarda silencio. China tiene en África la meta de mayor calado de toda su estrategia exterior: de aquí pueden venir los ingentes recursos que necesita para seguir creciendo al ritmo vertiginoso que lo ha hecho en la última década.

Las inversiones chinas son múltiples y variadas, casi no dejan rubro sin incursionar, pero de todas ellas el petróleo es el más preciado.

Las exportaciones del crudo que sale de los pozos (es el tercer mayor productor de petróleo en el África subsahariana, y más del 80 por ciento de las reservas conocidas están en el Sur), cruza Sudán en los oleoductos hacia el Norte, y deja el país por los puertos del mar Rojo.

La mayor parte de esas exportaciones se dirigen a China y en barcos chinos.

Y además de ser el principal inversionista y socio comercial de Sudán, el régimen comunista de Pekín ha provisto de todas las armas que el gobierno de Omar al Bachir ha requerido en los últimos años.

Hillary Clinton ha dicho que Sudán es una bomba de tiempo. ¿Dónde estará guardado el detonador de esa bomba, que llevaría a una nueva guerra civil entre ambas comunidades? ¿En Khartum? ¿En Washington? ¿En Pekín?

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Sudán y Costa de Marfil, separatismo y economía (11 01 11)

África se sacude por la violencia sectaria con intereses económicos

Las regiones dominadas por musulmanes y cristianos centran las disputas

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JUBA.- Una serie de ataques entre sectores civiles opuestos se registran en estos días en el continente africano, con el denominador común de los intereses económicos –locales y extranjeros- puestos en sus ingentes recursos naturales, combinados con los efectos de modelos políticos que apenas pueden ser calificados de democráticos de una manera superficial.

En el mayor país de África, Sudán, se desarrolla desde el domingo un plebiscito que debe concluir en la muy probable partición dos nuevos Estados, uno en la zona Norte, con población mayoritariamente árabe y musulmana, y un Sudán del Sur, con predominio de habitantes que profesan la fe cristiana o animista.

En las regiones del Sur, además, se encuentran los desarrollos petroleros en los cuales las inversiones chinas son muy relevantes. El plebiscito se pactó en 2005, tras la guerra civil entre ambas regiones, que se extendió por dos décadas y dejó un saldo cercano a los dos millones de muertos.

Las autoridades del Sur vienen informando de ataques contra los votantes en la consulta; ayer 10 personas murieron, y otras 18 resultaron heridas, cuando milicianos árabes atacaron el colectivo en el que sudaneses residentes en el Norte viajaban al Sur para votar en el referendo de independencia.

Más de 140.000 cristianos que residían en el Norte han regresado a Sudán del Sur desde octubre, manifestando los temores a las futuras represalias tras la independencia, que aplicará contra los cristianos el régimen del presidente sudanés Omar al Bachir.

Al Bachir está reclamado por genocidio y crímenes de guerra en Darfur, por el fiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo.

Por su parte, en la costa occidental del continente, la crisis generada a raíz de la disputa electoral en Costa de Marfil también está impactando en la tensión entre ambas comunidades religiosas.

Los sectores cristianos, que permanecen fieles al presidente Laurent Gbagbo denunciaron ataques de los partidarios del musulmán Alassane Ouattara. Ayer dos militares resultaron muertos en Abiyán, en enfrentamientos con civiles en un barrio islamista.

Ouattara, ex funcionario del Fondo Monetario Internacional (FMI), tiene el respaldo de las Naciones Unidas (ONU), cuya agencia para los refugiados, ACNUR, informó ayer desde Ginebra que la violencia interétnica ya va desplazando más de 25.000 personas desde Costa de Marfil hacia la vecina Liberia, y esperan recibir a unos 18.000 refugiados más en los próximos días.

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