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El desalmado tijeretazo europeo (26 11 10)

El desalmado tijeretazo europeo

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por Nelson Gustavo Specchia

 

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Una gran tijera recorre Europa. Si los filósofos Karl Marx y Friedrich Engels escribieran hoy, posiblemente cambiarían la figura de aquella famosísima primera línea del “Manifiesta Comunista”. Porque el fantasma de nuestros días, en el Viejo Continente, toma la forma de una tijera que recorta gastos y déficit públicos a mansalva y discreción; pero por el tajo abierto aparecen las diversas formas del conflicto social. La sociedad civil no parece estar dispuesta a permitir pasivamente que los gobiernos recorten derechos juntos con los gastos. Los empleados asalariados y los estudiantes se ubican, en las diferentes latitudes, entre los colectivos que encabezan la reacción social y amenazan con subir la temperatura del gélido otoño europeo.

La primera señal, hace apenas seis meses, fue Grecia. Un gobierno socialista recién asumido, el del Pasok de Giorgios Papandreu, hubo de admitir que sus antecesores habían fraguado las cuentas públicas, que las arcas del Estado estaban casi vacías, y que la economía helena –con restringido margen de acción desde la política monetaria, al estar dentro de los acuerdos de la eurozona- necesitaba con urgencia un rescate por parte de los socios comunitarios. En pocas horas, los bonos de la deuda griega treparon hasta cifras siderales (el ya recurrente “castigo de los mercados”), y la democristiana Ángela Merkel le contestaba a Papandreu desde Berlín con el discurso que en medio año se ha convertido en dominante: saca la tijera y recorta gastos, corta mucho y a fondo, y luego veremos si te tiramos una soga desde el Bundesbank.

Papandreu intentó resistirse, aunque no mucho. A la capital europea que acudía, palabras más o palabras menos, le contestaban con el mismo discurso de la alemana. Desde Bruselas, la capital de la Unión Europea, el presidente de la Comisión, el ex marxista y hoy liberal José Manuel Duráo Barroso, instó al griego a que acudiese al Fondo Monetario Internacional. La postura de Europa, tanto de sus instituciones comunitarias como desde los gobiernos de los Estados miembros, pegaba, de esta manera, el mayor golpe de timón en la orientación estratégica de la política económica y social desde la posguerra. La concepción comunitaria que llevó al establecimiento y las conquistas del “Estado de bienestar”, el gran invento de los padres de la integración continental mediante la unión de capitalismo y derechos sociales, se relegaba. Las recetas de la vieja ortodoxia liberal volvían a obtener patente de corso.

EL VIRUS GRIEGO

Qué año, este 2010, decían entre exclamaciones los columnistas de la prensa europea. Pero bueno, al menos el fantasma de la tijera limitó el estallido de la crisis a Grecia. Papandreu finalmente aceptó la humillación. Ángela Merkel y Nicolás Sarkozy, junto a Duráo Barroso, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rumpuy, y el jefe del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, anunciaron entonces el rescate de la economía de la isla mediterránea; en el mismo anuncio comunicaron el severo plan de ajuste impuesto a Atenas, (con la obligación de reducir cuatro puntos el déficit este año, del 12,7 al 8,7 por ciento del PBI; y seguir avanzando luego hasta reducirlo al 3 por ciento). Los colegios públicos, las universidades, los bancos, las oficinas públicas de todos los niveles de la administración cerraron, y los hospitales sólo atendieron emergencias. El primer ministro expresó su solidaridad a los trabajadores movilizados, pero, abatido, dijo que no tenía ninguna alternativa.

Los empleados y los estudiantes se largaron a la calle, incendiaron contenedores y algunos muertos quedaron en las jornadas de protesta. Pero la crisis se encapsuló en Grecia y no saldrá de allí, escribían los analistas. Y los gobiernos, especialmente los de países con economías en grados de vulnerabilidad cercanos a la griega, afirmaban que el riesgo de contagio estaba conjurado. El euro estaba a salvo, y no habría nuevas crisis. Pero tanto los políticos como los analistas se equivocaban. O mentían. Eso es lo que vino a mostrar el estallido de la burbuja económica en Irlanda esta semana.

En la última reunión del G-20, al tratar el tema de la “guerra de monedas” como el nuevo capítulo de la crisis económica internacional, los países emergentes –Argentina y Brasil entre los principales- volvieron a insistir en que la salida de la crisis no pasa por el recorte del gasto sino por aumentar los alicientes al consumo interno. El bloque europeo volvió a desestimar la estrategia una vez más, insistiendo en los achicamientos de los déficits y en los recortes de los gastos sociales.

Ese camino volvió a mostrar un nuevo escollo esta semana, cuando el primer ministro irlandés, Brian Cowen, no pudo seguir resistiendo el “castigo de los mercados” y la presión conjunta de sus colegas del continente, y anunció el pedido de salvataje económico al Banco Central Europeo y al Fondo Monetario Internacional. El virus griego, aunque todos lo negaran, había cruzado el mediterráneo y alcanzado al “tigre celta”, ese mismo que los analistas desde la gran prensa especializada ofrecían como ejemplo al mundo subdesarrollado hasta hace apenas unos meses.

IRLANDA COMO POLVORÍN

El domingo pasado, a la noche, después de una reunión del Consejo de Ministros que había durado más horas de las prudentes, el premier irlandés Brian Cowen enfrentó a los medios de prensa y admitió que el país debía acudir al auxilio del FMI y de las instancias financieras europeas, o enfrentarse a la bancarrota. La crisis del euro se cobraba así su segunda víctima, tras la debacle griega. El crédito que los irlandeses del tradicional partido liberal, el Fianna Fail, calculan que necesitarán asciende a unos 80.000 millones de euros, con eso lograrían calmar la fuerza del “castigo de los mercados”, y los títulos de su deuda podrían volver a montos medianamente manejables. Irlanda viene a confirmar que la crisis europea –que es, en definitiva, la crisis del euro- está vigente y piensa seguir dando batalla, independientemente de lo que los líderes afirmen en los discursos.

Volviendo a un libreto que ya no respeta ideologías ni emisores –lo mismo dicen los conservadores que los socialistas, los democristianos que los liberales- el gobierno irlandés usó la misma tribuna del anuncio del pedido de salvavidas al FMI para adelantar que acababa de aprobar otro desalmado tijeretazo en el país de las verdes praderas y los “pubs” donde se honra a san Patricio con la mejor cerveza del mundo. Un tijeretazo de unos 6.000 millones el año próximo, y hasta un total de 15.000 millones de euros (algo así como el 10 por ciento del PBI) en los próximos cuatro años. Ya se sabe cómo: se reducirá el gasto público, aumentarán los impuestos, se “racionalizarán” las plantas de empleados (ayer Dublín anunciaba que el “drástico ajuste” del que “nadie quedará a salvo”, implicará el despido de 25.000 trabajadores), disminuirá el salario mínimo –y con él toda la escala de sueldos-, terminarán los subsidios al desempleo o a las situaciones de riesgo social, y se reducirán las jubilaciones y las prestaciones sociales. Inclusive se admite que Irlanda volverá a ser un país de emigración. Adios Estado del bienestar, adios.

Y nada de que el “virus griego” está conjurado. El contagio, principalmente hacia Portugal y España, pero también hacia Italia y otras economías menores, podría llegar por una doble vía, el endeudamiento existente entre los bancos de la eurozona (los bancos alemanes y británicos, por ejemplo, tienen papeles de deuda de los bancos irlandeses por unos 250.000 millones de euros); o por vía de los títulos públicos de deuda, cuyo precio cae en la misma proporción y velocidad en que las aseguradoras de riesgo marcan nuevos records para las economías más endebles.

EL COSTO SOCIAL

Y mientras los políticos y los técnicos se deslizan hacia el pánico, la sociedad civil parece prepararse para resistir el embate contra el ajuste de la gran tijera. El presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, convocó a los veinticinco grandes empresarios (casi todos opositores a su gobierno y a su Partido Socialista Obrero Español) para que lo ayuden con ideas, o con lo que sea a estas alturas, para escapar de la fuerza del tornado, luego de que las dos centrales sindicales le hicieran la primer huelga general. El conservador Nicolás Sarkozy viene aguantando un mes de protestas en la calle. El premier portugués, José Sócrates –socialista como Zapatero- se enfrentó esta semana a la mayor huelga general de la historia de Portugal, y su gobierno no tiene ni una sola estrategia nueva para esquivar los vientos que ya llegan a sus costas desde el desdentado “tigre celta”.

Los estudiantes británicos, por su parte, se largaron a marchar por Londres, abandonando las aulas en todo el país, protestando contra los planes del gobierno conservador de David Cameron de incrementar las matrículas universitarias, que implicará, en la práctica, triplicar el costo anual de los estudios superiores. La semana anterior, la protesta se tornó violenta: los estudiantes tomaron la sede partidaria de los “tories” en Londres, incendiándola y destrozándola.

El tijeretazo de Cameron ha comenzado por las universidades y la investigación, y los estudiantes ingleses parecen estar dispuestos a enfrentarlo. Igual que los italianos, donde también esta semana centenares de estudiantes se enfrentaron a la policía, e inclusive lograron ingresar al Parlamento, manifestándose contra los ajustes presupuestarios dispuestos por el gobierno del primer ministro derechista Silvio Berlusconi, que ha preparado un decreto ley que prevé el recorte de los fondos para las universidades públicas y la investigación, mientras favorece a los centros privados de enseñanza.

 

En definitiva, cualquiera termine siendo la salida de la actual crisis, parece evidente que los daños al Estado social del bienestar, esa construcción solidaria y transgeneracional que Europa ofreció al mundo como ejemplo de construcción sociopolítica, y que logró establecerse y enriquecerse mediante un consenso horizontal de las élites dirigentes –tanto de la derecha como de la izquierda- durante la segunda mitad del siglo XX, no saldrá indemne. Lo único que permanece, sin siquiera un rasguño, es la furia y la voracidad de los mercados.

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Los estudiantes europeos, abanderados del descontento social (25 11 10)

EL DESCONTENSO SOCIAL POR LA CRISIS ECONÓMICA SE EXPANDE EN EUROPA

Peligra la continuidad del gobierno conservador en medio de la crisis

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Como era previsible, la movilización social que venía tomando forma en diversos países europeos tomó fuerte impulso con el anuncio realizado por el gobierno irlandés a principios de esta semana.

El premier liberal Brian Cowen anunció que finalmente su Administración había decidido acudir al salvataje financiero del Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que implica, al mismo tiempo, adoptar una estrategia de fuerte ajuste y enfriamiento económico, según la tradicional receta neoconservadora del organismo.

Cowen admitió que las partidas presupuestarias destinadas a cubrir gastos sociales se reducirían drásticamente, y que los despidos de empleados podrían ascender hasta los 25.000 trabajadores.

El anuncio del gobierno irlandés disparó la protesta social. Los estudiantes irlandeses se preparan a resistir, emulando los estallidos que sus colegas británicos, franceses e italianos están protagonizando en sus respectivos países en estos días.

En Londres, tras la destrucción de la sede partidaria de los Conservadores la semana antepasada, la protesta estudiantil se recrudeció ayer contra los planes de privatización y encarecimiento de la formación universitaria prevista por el premier “tory” David Cameron.

En las universidades de Oxford, Birmingham, Cardiff, y en el University College de Londres, cientos de estudiantes realizaron sentadas durante la noche y hasta el mediodía en protesta por los planes para elevar la matrícula anual de 3.000 a 9.000 libras.

En Roma, agrupaciones estudiantiles, profesores y científicos protestaron ayer contra los ajustes que el gobierno de Silvio Berlusconi planea implementar, que contempla para el año que viene recortes de 700 millones de euros sólo en la educación secundaria.

Los estudiantes entraron al Coliseo luego de cortar varias calles céntricas al grito de “la escuela pública no se toca”.

En este contexto de fuerte rechazo a las medidas de austeridad, la Confederación Europea de Sindicatos convocó ayer a una “gran manifestación continental” que se realizará el próximo 15 de diciembre.

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Irlanda en la boca del volcán (25 11 10)

IRLANDA AUMENTA EL DESCONTENTO SOCIAL POR EL ACUERDO CON EL FMI

Peligra la continuidad del gobierno conservador en medio de la crisis

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El terremoto político generado por el gobierno conservador irlandés al anunciar la solicitud de rescate financiero al Fondo Monetario Internacional, a principios de esta semana, amenaza con expandirse a otros escenarios europeos.

Ayer la prensa especializada anunciaba que tanto España como Portugal han caído en las evaluaciones de riesgo de las agencias internacionales, al tiempo que la ola de ajustes estructurales con que los gobiernos del continente han decidido enfrentar la crisis económica sigue abriendo frentes de conflicto social, con especial participación de los trabajadores asalariados y de los estudiantes.

El primer ministro Brian Cowen, ha resistido durante toda la semana un duro embate de las fuerzas políticas irlandesas, no sólo de la oposición sino también de un sector importante dentro de su propio partido, después que el domingo pasado anunciara el cambio de rumbo de su gobierno, la solicitud del salvataje financiero al FMI.

Un acuerdo que conlleva medidas restrictivas para enfriar la economía y achicar el gasto social y el déficit, que se calcula en unos 19.000 millones de euros, un 32 por ciento del Productos Bruto Interno (PBI) del país. La Unión Europea (UE) exige que el déficit público se mantenga por debajo del 3 por ciento del PBI en sus Estados miembros que han adoptado el euro como moneda única.

Cowen admitió ayer que todavía no se ha acordado una cifra definitiva con los técnicos del Fondo y con los funcionarios de la UE, pero deslizó que “se discutió un monto del orden de los 85.000 millones de euros” (el equivalente a unos 115.000 millones de dólares).

Con esta suma, el Ejecutivo espera financiar la economía y los bancos en riesgo de bancarrota, mientras maniobra para ahorrar en cuatro años 15.000 millones de dólares mediante el ajuste presupuestario, a lo que complementará con un aumento en la recaudación impositiva en 5.000 millones adicionales mediante la creación de nuevos gravámenes.

La crisis política tomó una nueva dimensión cuando el gobierno anunció los planes para lograr estos niveles de ahorro, que implicarán un recorte de 2.800 millones de dólares en prestaciones sociales, sobre todo en beneficios por desempleo y asignaciones familiares.

Cowen sigue resistiendo los pedidos de dimisión inmediata que le llegan desde el arco opositor, y promete disolver el Parlamento y adelantar las elecciones, pero después que el Parlamento irlandés apruebe su proyecto de Presupuesto, el próximo 7 de diciembre.

Tras las defecciones en su propio partido, no hay seguridades de que el premier tenga los suficientes votos para avanzar en esta estrategia.

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DILEMA OPOSITOR

La crisis política que enfrenta el primer ministro irlandés Brian Cowen ha desgastado tanto su gobierno, que es improbable que pueda mantenerse en el cargo.

Durante esta semana ha logrado sortear los pedidos de renuncia que llegaron desde la centroizquierda, e inclusive desde el interior de su propio partido. Pero ya hay pocas dudas que deberá dejar el Ejecutivo, la pregunta es cuándo.

Porque si renuncia antes de la aprobación presupuestaria en el Parlamento, se caería todo el acuerdo con el FMI y la UE. Pero si Cowen logra hacer aprobar los presupuestos antes de irse, los partidos opositores que con mayor probabilidad heredarán el poder tendrán sus manos atadas al acuerdo con el Fondo, y la crisis económica dejará poco margen para que puedan revisarlo.

Los sindicatos, mientras tanto, ya adelantaron que las anunciadas medidas de austeridad desatarían una ola de agitación social, y convocaron a una protesta el próximo sábado en la capital, Dublín.

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Los conservadores irlandeses quedan solos en la crisis (24 11 10)

LOS CONSERVADORES IRLANDESES QUEDAN SOLOS EN LA CRISIS

El gobierno se enfrenta a una votación crítica en el Parlamento

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Después del cataclismo político que el gobierno irlandés provocó al anunciar la solicitud del salvavidas económico al Fondo Monetario Internacional (FMI), la Administración conservadora encabezada por el primer ministro Brian Cowen se enfrenta hoy a una probable crisis, al someter a votación en el Parlamento el proyecto de presupuestos para el año próximo.

Siguiendo el guión característico del organismo multilateral, Irlanda deberá realizar un sacrificado ajuste en sus cuentas públicas para acceder a los créditos del FMI, un achicamiento en el gasto que debería implicar un ahorro de unos 20.000 millones de dólares en los próximos cuatro años.

Las reticencias que el partido en el gobierno, la centroderecha tradicional del Fianna Feil, planteó en las últimas semanas, mientras los bonos públicos caían en picada y los mercados financieros castigaban con tasas cada día más altas las necesidades de financiamiento, se quebró finalmente el domingo último.

Cuando Cowen y su ministro de Finanzas, Brian Lenihan, anunciaron la solicitud de rescate al FMI y a la Unión Europea (UE), comunicaron asimismo las estrategias de ahorro, entre las que figuran una disminución del salario mínimo, el despido de empleados públicos y la aplicación de nuevo gravámenes fiscales. Frente a ello, los partidos que acompañan al Fianna Feil en el gobierno cuestionaron su apoyo a los presupuestos, e inclusive legisladores del propio partido gubernamental pusieran ayer en duda su apoyo.

La oposición de centroizquierda del Sinn Fein, y el partido Fine Gable, exigieron la disolución del Ejecutivo de Cowen y el adelanto de las elecciones. Esta postura del arco opositor fue asumida inclusive por el sector más progresista del gobierno, que tiene serios reparos para abandonar las principales políticas sociales en beneficio del crédito del FMI.

Durante la jornada de ayer se filtraron a la prensa las reuniones en Dublín de dos sectores diferentes de parlamentarios del Fianna Feil, una de los que apoyan a Cowen y otra de quienes piden su renuncia.

Respondiendo a las críticas y al creciente descontento, el primer ministro anunció su disposición a adelantar las elecciones, pero para después de la aprobación de los presupuestos, durante el próximo enero. La oposición, en cambio, sostiene que las elecciones deberían darse antes de la discusión presupuestaria, para, de esa manera, ratificar con legitimidad el cambio de rumbo decidido por el Ejecutivo.

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El gobierno irlandés se rinde al FMI (22 11 10)

EL GOBIERNO IRLANDÉS EN CAÍDA LIBRE TRAS LA CRISIS FINANCIERA

La administración del Fianna Fail se quiebra por el rescate al FMI

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El primer ministro irlandés, Brian Cowen, quedó ayer entre la espada y la pared, luego que partidos aliados y opositores declararan que el jefe del Ejecutivo debería abandonar el cargo y adelantar las elecciones por “haber perdido la confianza popular”.

Cowen enfrenta un creciente estado de malestar social, tras decidir finalmente solicitar ayuda al Fondo Monetario Internacional (FMI) para salvar al país de la bancarrota. Dublín venía asegurando desde hace meses que no seguiría el camino que ya había tenido que emprender Grecia, y que contaba con los activos suficientes para mantener financiada la economía nacional sin necesidad de ayuda externa.

A pesar de que Cowen y su ministro de finanzas, Brian Lenihan, reconocieron que el país enfrenta un déficit público del orden de los 19.000 millones de euros, insistieron en que campearían internamente el temporal. El ejemplo griego, donde el auxilio de los organismos multilaterales exigió duras condiciones de ajuste que terminaron en un estallido social, estaba en el centro de las reticencias del gobierno del Fianna Fail. Finalmente, no hubo más alternativas que solicitar el rescate.

El FMI y la Unión Europea (UE) aseguraron inmediatamente que socorrerían a Irlanda con un préstamo que podría rondar los 130.000 millones de dólares, pero, como era previsible, exigieron unas condiciones extremadamente duras de achique y restricciones en las cuentas públicas, especialmente en las partidas destinadas al gasto social.

El nuevo presupuesto para el año próximo, y que debería ser aprobado el 7 de diciembre, conllevaría un ajuste de 20.000 millones de dólares en cuatro años, para lo cual se rebajaría el salario mínimo (y con él, toda la escala salarial), recortes en las ayudas sociales, despidos de empleados públicos, y la introducción de nuevos impuestos.

Si bien desde Europa se saludó positivamente la decisión, en pocas horas ésta había hecho tambalear a todo el gobierno. Desde la UE, la política de restricción de gastos, achicamiento económico y reducción de déficit público ha sido asumida por todos los gobiernos, independientemente de su signo ideológico, y es impulsada por las principales economías.

Desde las principales capitales europeas se presionó a Dublín en las últimas semanas para que accediera al plan de rescate externo, aduciendo que la crisis bancaria y financiera irlandesa amenaza a las otras economías “débiles” de la zona euro, entre las cuales se sigue incluyendo a España y Portugal, a pesar de que sus gobiernos lo nieguen recurrentemente.

Pero, aunque el anuncio de Cowen tranquilizó a Europa, el frente interno se desestabilizó rápidamente. El primer ministro aseguraba anoche que no piensa renunciar; pero si no consigue hacer aprobar el presupuesto, el FMI tampoco girará los fondos para el rescate de los bancos al borde de la quiebra.

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