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Marruecos: entre los islamistas y el rey (02 12 11)

Marruecos: entre los islamistas y el rey

por Nelson Gustavo Specchia

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La estrategia diseñada por el monarca marroquí, Mohamed VI, para intentar que los vientos de la “primavera árabe” no lleguen hasta sus costas, está quedando a mitad de camino: a la vista de los resultados electorales del último viernes de noviembre, Marruecos no será una excepción.

La reciente reforma constitucional armada por la monarquía alauíta, se planteó como una (tímida) apertura democrática frente a los alzamientos populares que ya habían tumbado a los regímenes autocráticos en Túnez y en Egipto, y avanzaban por una media docena más de países árabes. Pero, además, las nuevas disposiciones constitucionales perseguían reforzar dos elementos: la barrera al avance del islamismo político, y el poder del propio monarca, que además de jefe efectivo del Estado, pasa en la nueva Constitución a ser también el Comendador de los Creyentes (o sea, el jefe espiritual de los musulmanes marroquíes). Sin embargo, las elecciones del viernes 29 de noviembre han mostrado la debilidad de esta estrategia frente a la fuerza avasalladora de los vientos de cambio. Y la dirección de esos vientos, en las arenas marroquíes, sigue de cerca los huracanes de los vecinos del Magreb.

En Egipto, la plaza de Tahrir vuelve a llenarse de manifestantes que reclaman que los militares no burlen el proceso de apertura iniciado con la caída del régimen de Hosni Mubarak; le están torciendo el brazo al mariscal Hussein Tantawi; y el largo proceso electoral iniciado el lunes de esta semana y que se extenderá hasta enero hace prever una victoria de los islamistas Hermanos Musulmanes por amplia mayoría. Si bien la información oficial de los resultados parciales de las elecciones no se harán públicos hasta la finalización del proceso comicial, trascendidos confiables mencionan porcentajes cercanos al 40 por ciento para los Hermanos Musulmanes, y un elemento sorpresa: tras ellos, el segundo lugar no lo estaría ocupando ninguna opción laica de los partidos tradicionales egipcios, sino las fuerzas salafistas del wahabismo, los musulmanes más radicales, con lo cual en un futuro gobierno los religiosos podrían llegar a tener la mayoría absoluta.

En Túnez, por su parte, las elecciones de fines de octubre dejaron al partido En Nahda (El Renacimiento) con una limpia mayoría de 41,5 por ciento sobre los 217 escaños de la Asamblea Constitucional, que tiene que dar forma al nuevo país tras la larga y corrupta autocracia de Zine el Abidine ben Ali. Estas primeras elecciones libres de la historia tunecina han terminado con la concepción –a un tiempo simplista y totalitaria- de un laicismo mayoritario, que como se ha visto sólo constituía una capa de barniz sobre la realidad sumergida del país verdadero. Y esa realidad muestra ahora que los grandes colectivos populares apuestan por opciones políticas que insertan el factor religioso en la vida institucional.

Aunque los de En Nahda, perseguidos sin piedad por Ben Ali (su principal líder, Rachid Ghanuchi, soportó 22 años de exilio), se apuraron a sostener que un futuro gobierno islamista no implicará una restricción de los derechos y de las libertades en una sociedad plural. Algo parecido dicen los voceros de los Hermanos Musulmanes egipcios, y ese fue el centro del discurso, también, de los islamistas victoriosos en Marruecos esta semana.

MODERACIÓN ACELERADA

La prédica tradicional contra el fantasma del radicalismo islámico ventilada por los autócratas del Norte de África, como un argumento de auto justificación para sostener los recortes de libertades al interior de sus gobiernos, se ha visto potenciada por el propio discurso radical de algunos sectores de los partidos religiosos, que anticipan la aplicación de la “sharia” –el conjunto de leyes y de prescripciones morales y de conducta inspirado en el Corán- en caso de llegar al poder. Sin embargo, los éxitos electorales de estos días están demostrando que la mayor aceptación popular pasa por las tendencias moderadas, aunque los colectivos más extremistas y ortodoxos vayan apenas a la zaga.

Este ha sido el camino seguido también por el Islam político en Marruecos. El partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) ha transitado, en un tiempo muy breve, el camino que va de la radicalidad a la moderación, y ha edulcorado toda la campaña electoral en un tono de tolerancia y amplitud, que constituye toda una novedad en este sector del arco político.

El principal líder de los islamistas marroquíes, Abdelilah Benkiran, es un ejemplo concreto de este paso: en los años ochenta militó en un grupo musulmán radical signado como organización terrorista, la Juventud Islámica. Si bien la justicia no le adjudicó a él personalmente ninguna participación en hechos de violencia, la agrupación en la que militaba reivindicaba sin objeciones la lucha armada, y sus compañeros de armas asesinaron, entre otros, al dirigente socialista Omar Benjellun en Casablanca en 1975.

Desde aquellos extremos juveniles, Benkiran fue transitando por numerosas asociaciones islamistas, cada vez más moderadas, hasta que ingresó a fines de los ’90 en el PJD. Precisamente esta formación política fue fundada para recibir a los ex islamistas radicales que estuvieran dispuestos a moderar el discurso y las aspiraciones, para desde allí incorporarlos al sistema. Esa estrategia terminó dando sus frutos, ya que en la primera oportunidad real que se ha presentado (las elecciones de esta semana han sido las más libres y democráticas en los 55 años que Marruecos lleva como Estado independiente) ha conseguido el poder.

Aunque a regañadientes, el rey Mohamed VI ha tenido que respetar la Constitución que él mismo ha pergeñado, y nombró ayer primer ministro a Abdelilah Benkiran, en Midelt, una localidad del Atlas.

EL PODER A LOS “BARBUDOS”

La anécdota ha sido rescatada por los medios de prensa en estos días: en 2001, en el Parlamento marroquí, una mujer periodista –Amina Jabad- estaba cubriendo las sesiones, vestida con una remera y pantalones vaqueros; Abdelilah Benkiran (que es diputado desde hace 15 años) le gritó, frente a las cámaras, “¡andá a vestirte!” y la echó del recinto. Sin embargo, la última década y las recientes emergencias populares en el resto del Magreb han forzado a que los “barbudos” tuvieran que ir amoldando sus posturas hacia mayores grados de tolerancia. Un episodio como el de la censura del ahora primer ministro contra la periodista Amina Jabad lo dejaría muy mal parado frente a los electores. De igual manera, las condenas contra los festivales de música, los bebedores de alcohol y los homosexuales, que poblaban antes los discursos religiosos, han desaparecido de la escena.

Este tránsito paulatino hacia mayores niveles de tolerancia social ha sido clave en la victoria de los islamistas marroquíes. Una victoria relativa, por cierto, en porcentajes menores a los obtenidos por los tunecinos y a los que se anticipan para los egipcios. El PJD se ha hecho con el 27 por ciento de los sufragios, y el rey ha tenido que encomendar a su secretario general la formación del nuevo gobierno. Abdelilah Benkiran será el primer ministro más poderoso de cuantos ha tenido Marruecos hasta ahora, ya que la reforma de la Constitución de Mohamed VI supuso un recorte de las atribuciones del monarca –hasta ahora absoluto- en beneficio del jefe del gobierno. A excepción del ministro de Asuntos Religiosos (cuyo nombramiento sigue siendo derecho del Comendador de los Creyentes, el rey), la designación de todas las demás carteras serán ahora atribución del primer ministro.

Pero este avance del Islam moderado no puede ocultar la otra cara de la moneda: como decíamos al principio, muy a la zaga sigue la presencia de las tendencias radicales. En Marruecos, la otra gran corriente religiosa –más dura y ortodoxa- es Justicia y Espiritualidad, que se mantiene en la ilegalidad por negarse a admitir que el monarca sea el gran Comendador de los Creyentes.

Y este partido proscripto es el que alimenta al “Movimiento 20 de Febrero”, que desde esa fecha viene organizando las protestas multitudinarias que alteran, viernes a viernes, todas las grandes ciudades del Reino de Marruecos. Los del 20 de Febrero rechazan la nueva Constitución, y llamaron al boicoteo de estas elecciones. Y el porcentaje de abstención fue alarmante: el 55 por ciento de los electores inscritos no fue a votar. No todos los “barbudos” marroquíes han decidido seguir el camino de la moderación.

 

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Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 2 de diciembre de 2011

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Asume Ollanta Humala y desprecia la Constitución de 1993 (29 07 11)

Perú inaugura un gobierno moderado en un acto polémico

Ollanta Humala provoca a la oposición al jurar por la Constitución de 1979  

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LIMA.- El líder nacionalista Ollanta Humala asumió ayer la Presidencia del Perú y dio inicio a una nueva etapa en el país andino, a la que definió como un tiempo donde el crecimiento se pondrá al servicio del equilibrio social.

Perú ha experimentado una larga bonanza económica, con aumento del producto bruto interno, inflación controlada y acumulación de reservas; sin embargo, esta mejoría en los índices macroeconómicos no han tenido un reflejo en la disminución de la pobreza, que sigue manteniéndose en un 30 por ciento de la población peruana.

Este punto ha sido central en toda la campaña política del flamante presidente, aunque en los tramos finales haya atemperado las aristas más radicales de su discurso, y frente a la segunda vuelta electoral, donde confrontó con la candidata populista Keiko Fujimori, accedió a negociar sus iniciativas con sectores de centroderecha y liberales.

Finalmente, estos sectores fueron determinantes para que Humala ganara el ballotage, pero impusieron al programa del nuevo gobierno moderación y compromiso de continuidad con las principales líneas del modelo económico vigente.

Esta exigencia continuista quedó plasmada en la última semana, cuando el presidente electo hizo públicos los nombres de las principales figuras con las que integrará su gabinete, en el cual destacan actuales funcionarios de la gestión saliente de Alan García, como también funcionarios cercanos a los equipos técnicos del ex presidente Alejandro Toledo.

El apoyo del partido de Toledo ha sido vital para asegurar la gobernabilidad de la nueva gestión, y le permitirá al presidente Humala contar con el respaldo de las mayorías legislativas imprescindibles para las reformas que planea implementar desde el Ejecutivo.

Precisamente a estas medidas le dedicó su discurso de asunción, tras recibir los atributos presidenciales de manos del presidente del Congreso. En una alocución centrada en su programa, Humala se comprometió a atender a ese tercio de la población que sigue viviendo bajo la línea de pobreza, “dedicaré mis energías a borrar de nuestra historia el lacerante rostro de la pobreza y la exclusión”, afirmó.

Volvió a repetir que mantendrá “una economía de mercado abierta al mundo”, pero con inclusión social, y actuando de inmediato sobre la coyuntura, anunció un aumento del salario mínimo del orden del 25 por ciento, y la puesta en marcha de programas de asistencia a niños y a personas mayores de 65 años en situación de pobreza.

Un polémico incidente alteró la toma de posesión, al decidir Humala jurar por “el espíritu, los principios y los valores” de la Constitución de 1979, haciendo explícito que no lo hacía por la reformada por Alberto Fujimori en 1993, aprobada luego del autogolpe que habilitó uno de los períodos más oscuros de la historia reciente.

Los diputados leales al ex mandatario populista protestaron a viva voz por el gesto, aunque éste no tiene más valor que el simbólico.

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Marruecos, el otro Islam (01 07 11)

Marruecos, el otro Islam

por Nelson Gustavo Specchia

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En medio de la tensión europea impulsada por la crisis de las deudas de los países mediterráneos, el Norte de África se sigue moviendo, y en diversas direcciones. Marruecos vota hoy un plebiscito constitucional que se presenta como otra respuesta a la Revuelta Árabe que sacude la región desde principios de año. La cercanía geográfica entre ambas orillas del Mediterráneo, la tensión social por el movimiento de masas de migrantes desde la paupérrima costa Sur del mare nostrum hacia los países desarrollados del Viejo Continente, y el preocupante escenario político de las revoluciones populares que tumban autocracias consolidadas y dejan abiertos los escenarios de futuro, hacen que la agenda del Magreb sea, asimismo, centro de atención de todas las cancillerías europeas, muy especialmente en España, Francia, Alemania e Italia. Pero, en estos días, esa agenda externa para con los vecinos africanos y árabes se ve tironeada por la atención que los gobiernos de la Unión Europea tienen que poner en sus propios patios internos.

Con Atenas envuelta en una batalla campal entre militantes “indignados” que han dejado la protesta pacífica y se han lanzado a la resistencia activa, y fuerzas antimotines con orden de extinguir el incendio social a toda costa, la vía escogida por el liderazgo europeo parece querer apagar los fuegos con baldes de nafta. En la misma semana, una cuarta huelga general paraliza Grecia; los “indignados” cruzan el territorio español en su marcha hacia Madrid pidiendo una renovación general de todo el sistema político; y Londres soporta la movilización de 750.000 trabajadores, que rechazan la remodelación con la que el gobierno pretende meter tijera al sistema de jubilaciones. Demasiado ruido interno. Pero, aunque las agendas nacionales le quiten protagonismo, el Magreb puede convertirse para la Unión Europea en una bomba de tiempo demasiado grande como para relegarla a un segundo plano.

REY Y SEÑOR

La tirantez entre cuidados estratégicos de mediano plazo y urgencias coyunturales entre las dos orillas, se puso de manifiesto en la ausencia de una postura común de los europeos frente a la reforma constitucional que se plebiscita hoy en Marruecos. En definitiva, en Europa no se han puesto de acuerdo si el plan de Mohamed VI es una auténtica reforma aperturista, modernizante y democrática; o si, por el contrario, se trata de una magistral puesta en escena de Il Gattopardo en las arenas del extremo occidental del Magreb, armada para dar la impresión de que todo cambia pero que, en el fondo, intenta que nada se mueva de su sitio.

Cuando la Revuelta Árabe tiró sucesivamente a los regímenes autocráticos de Zine el Abidine ben Ali en Túnez, y luego al otrora poderosísimo “rais” egipcio Hosni Mubarak, el riesgo de contagio puso en alerta a las administraciones árabes de toda la región que, en general, se inclinaron por una respuesta que mezclaba unas pocas concesiones con el simultáneo aumento del control y la represión. Y cuando unas semanas más tarde los rebeldes comenzaron la ofensiva contra el coronel Muhammar el Khaddafi en Libia, el monarca marroquí Mohamed VI decidió que era el momento de poner las barbas en remojo, antes que las puebladas populares llegaran al palacio con ánimos de barbero.

En Marruecos las movilizaciones comenzaron el 20 de febrero, y esa fecha es la que da nombre al movimiento –también aquí mayoritariamente juvenil- que sale a las calles de todas las ciudades importantes del reino, domingo a domingo, pidiendo la democratización de una de las últimas monarquías absolutas del mundo. Adaptando la estrategia regional de mezclar concesiones con mayores restricciones, el rey diseñó un plan de modernización por vía de la reforma constitucional.

Hasta ahora, el monarca es considerado “sagrado” en Marruecos, y concentra no sólo la titularidad de la representación del Estado, sino que ejerce efectivamente el gobierno en forma directa. Esto es, un monarca absoluto, por definición técnica. A lo que debe agregarse, por cierto, que es propietario de todas las empresas –productivas y de servicios- que realmente cuentan en la economía marroquí. Quizá la única diferencia con los emiratos árabes patrimonialistas del Golfo Pérsico sea, por una cuestión de proximidad con Europa, que en Marruecos el absolutismo ha conservado cierta liberalidad social (en el trato a las mujeres, por ejemplo), y no ha extremado la violencia represiva (salvo en el caso del conflicto con los bereberes y la irresuelta cuestión del Sahara Occidental).

DEMOCRACIA E ISLAM                      

Mohamed VI, de 47 años y educado en Occidente, parece haber entendido que estas características de su trono ya son inviables, tanto en el contexto global, como en la relación estratégica con la Unión Europea y, muy especialmente, en el entorno alterado de las Revueltas Árabes. Decidió entonces reformar la Carta Magna del reino y renunciar al carácter sagrado de su persona. Pero aquí comienza el gattopardismo. El análisis de la mecánica de la reforma, como el alcance de su articulado, no permite concluir claramente que el resultado vaya a ser una transición hacia un Estado democrático y representativo. Todo en esta reforma es híbrido y queda a mitad de camino. Y esto ha llevado a que los jóvenes del Movimiento 20 de Febrero planteen el boicot al plebiscito que hoy se vota.

Porque lo que vienen pidiendo los jóvenes, junto a sectores muy diversos de la sociedad civil, es un cambio hacia un Estado donde el rey reine pero no gobierne, como en todas las monarquías parlamentarias europeas que quedan. Pero la Constitución puesta a referendum hoy está muy lejos de ese alcance. Marruecos se define en ella como Estado musulmán, conducido por el Rey (persona, si bien ya no “sagrada”, sí “inviolable”), quien presidirá el Consejo de Ministros, y el Consejo Superior de Seguridad, y el Consejo del Poder Judicial. Además, por cierto, el soberano retiene en esta nueva Constitución la condición de jefe supremo de las Fuerzas Armadas. En otras palabras, el núcleo duro del poder sigue girando en torno al monarca. Pero es que, junto a estas atribuciones ya presentes en la Constitución de 1996, a partir de ahora el rey será también “Emir de los Creyentes” (o sea, máxima autoridad religiosa, y jefe del Consejo de los Ulemas). Estos elementos son los que impulsan a los jóvenes rebeldes a rechazar la nueva Carta Magna, y a boicotear el referendum: Mohamed VI, dicen, ha encontrado en el Islam la herramienta para afianzar el absolutismo de su reinado. Pero el riesgo implícito en esta estrategia es alto: los partidos religiosos, hasta el momento en un segundo plano, pueden cobrar una inesperada relevancia.

En Marruecos la religión es cuestión de Estado: los imanes son empleados públicos y sus sueldos están en la nómina del ministerio de Asuntos Religiosos. El sermón que cada viernes el imán lee en la mezquita se redacta en ese ministerio. En un párrafo de la homilía leída por todos los imanes el viernes pasado, se destacaba: “La nueva Constitución tiene grandes ventajas para los musulmanes, que serán guiados por el Emir de los Creyentes; Marruecos será un Estado musulmán, y la protección de la familia y de las costumbres estará garantizada en el marco del Islam”. No suena como una declaración muy alentadora para afianzar una apertura democrática, un gobierno laico, y una transición hacia mayores grados de representatividad política.

Si convence a los jóvenes y sortea el boicot al plebiscito de hoy, posiblemente Mohamed VI haya logrado evitar que los vientos de la Revuelta Árabe lleguen a las arenas marroquíes. Si no, habrá sido un balde de gasolina echado a las llamas. Una política muy europea por estos días.

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[ publicada en HOY DÍA CÓRDOBA, Magazine, columna “Periscopio”,

viernes 1 de julio de 2011 ]

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nelson.specchia@gmail.com

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Marruecos se sube a la ola de protestas (21 02 11)

África: se suma Marruecos

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A pesar de que la diplomacia europea –especialmente la ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez- aseguraba hasta ayer que la revuelta árabe no alcanzaría a la monarquía alauíta de Mohamed VI, Marruecos comenzó en la víspera a vivir el contagio de la protesta regional, y el panorama gira hacia una escalada de la movilización popular.

Las manifestaciones, que se convocaron por Facebook y se desarrollaron en 12 ciudades del reino (Tánger, Alhucemas y Marraquech, principalmente) terminaban anoche con brotes de violencia, saqueos, incendio de coches y ataques a comisarías.

Las columnas, que han llegado a sumar quince mil personas, fueron dispersadas con gases por los agentes antidisturbios, aunque tras la reacción internacional por la violencia en la vecina Libia, la policía marroquí parece tener orden de morigerar la contundencia de la represión.

De momento, las consignas de los movilizados apuntan a una reforma en la Constitución y a mayor libertad en la vida política, controlada personal y autocráticamente por el rey.

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nelson.specchia@gmail.com

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Egipto: calma militar (14 02 11)

Los militares egipcios imponen calma en una sociedad alterada

Los generales quieren una transición tranquila y el fin de las protestas

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El Consejo Militar que se hizo cargo del poder en Egipto tras la caída del presidente Hosni Mubarak ha decidido terminar con el tiempo agitado.

A pesar de que las concentraciones multitudinarias se disolvieron tras los festejos populares en las calles durante el último fin de semana, algunos grupos de manifestantes pretenden seguir ocupando la plaza Tahrir, reclamando la extinción de la Ley de Emergencia –que los militares no han derogado- y mayores definiciones en el rumbo político de la transición.

Además, el clima de efervescencia social ha disparado otros reclamos largamente esperados, y nuevas marchas se han organizado en la capital egipcia pidiendo mejoras en las condiciones de trabajo y recomposición en los salarios.

Inclusive, tras el paro de los trabajadores portuarios del Canal de Suez en los momentos finales del régimen, otros trabajadores de empresas estatales han planteado huelgas con reclamos gremiales.

Frente a ello, el consejo castrense ha decidido frenar los reclamos, y en un comunicado trasmitido por la televisión estatal señaló que las protestas “ponen en peligro la seguridad del país”, al tiempo que “hacen daño” a la economía e impiden la vuelta a la normalidad social.

Los generales vuelven a insistir en que atenderán las “legítimas” aspiraciones populares manifestadas en las dieciocho jornadas por la que se extendió la revuelta egipcia, pero afirman que para implementarlas hace falta tiempo y calma social.

Aunque los militares, que gozan de un momento de aceptación y respeto por la postura que adoptaron frente al intento del ex presidente de aferrarse al poder, es improbable que activen ahora la represión.

Además, trascendió que han dado orden de negar la salida del país a varios ex altos funcionarios, al tiempo que han solicitado a algunos gobiernos europeos el congelamiento de cuentas y depósitos bancarios.

Suiza ya había adelantado que inmovilizaba la fortuna personal de Maburak (que se calcula en unos 70.000 millones de dólares), y ayer el jefe de la diplomacia británica, William Hague, afirmó que Londres hará lo propio, a solicitud de El Cairo.

Por otra parte, los movimientos políticos en el mundo árabe se suceden sin solución de continuidad. Tras la caída del gobierno tunecino, que abrió el camino de las protestas, el éxito de la revuelta en Egipto ha alimentado una sucesión de reclamos de apertura y reforma en los países de la región.

En la víspera, el gobierno de la Autoridad Palestina, al calor de estos cambios presentó su renuncia en pleno al presidente Mahmmoud Abbas, habilitándolo para que renueve una Administración muy desprestigiada, y a la que la facción islamista de Hamas tacha de ilegítima, además de corrupta.

Ola de descontento generalizado

La alteración social y política con que los países árabes han recibido el nuevo año parece estar lejos de agotarse; al contrario, con cada día aparecen nuevos frentes de conflicto al interior de unas sociedades que se han caracterizado durante el último medio siglo por su rigidez, centralismo y gobiernos fuertes.

Los levantamientos populares de Túnez y Egipto siguen inspirando réplicas en toda la región de Medio Oriente, y a las movilizaciones en Argelia, Yemen y Libia, ayer se sumaron los jóvenes iraníes, que habían pasado a un segundo plano tras la represión del gobierno de Mahmmoud Ahmadinejad a las protestas que siguieron a su reelección.

La oposición convocó ayer a una manifestación en apoyo a las revueltas de apertura democrática en el norte de África, pero el gobierno prohibió las concentraciones, y las fuerzas de seguridad reprimieron las columnas que intentaban llegar al centro de Teherán, mientras continuaba bloqueado el acceso a la casa particular del líder opositor, Mir Hossein Mousavi.

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Egipto en transición militar (13 02 11)

Egipto en transición militar

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Finalmente, tras haberse conocido que la cúpula del ejército no había avalado el discurso del ex presidente egipcio Hosni Mubarak, en el que éste anunciaba que permanecería al frente del gobierno, un comunicado militar anunció el viernes pasado que asumía la conducción provisional de la república.

El golpe militar sorprendió a los propios generales retirados que integran el gobierno provisional nombrado por Mubarak (el primer ministro, el general Ahmed Shafiz, daba una conferencia de prensa al momento de difundirse la proclama del golpe), y a los dirigentes opositores, que esperaban ser convocados a integrarse a una transición civil.

En su lugar, los generales anunciaron que convocarán a un “comité de especialistas” para analizar algunas reformas constitucionales –aunque no especificaron qué artículos en particular- que luego someterán a referéndum, y que ocuparán el Poder Ejecutivo y la representación de Egipto en el exterior hasta que unas nuevas elecciones presidenciales –que no se llamarían antes de seis meses- vuelvan a constituir gobierno.

En el interín, el Congreso permanecerá suspendido, lo mismo que la vigencia de la Carta Magna, aunque el comunicado castrense lleva tranquilidad a los mercados (nada cambiará en la política económica y monetaria), y a los países vecinos, afirmando que el tratado de paz con Israel, firmado en Camp David, sigue vigente.

Si bien las últimas elecciones legislativas tuvieron múltiples denuncias de fraude generalizado (que habían llevado al propio Mubarak a decidir que serían revisadas), la suspensión de la vigencia constitucional es menos comprensible que la disolución del cuerpo parlamentario, que coloca a Egipto en manos de una dictadura militar.

Tampoco se anunció el fin a la polémica Ley de Emergencia, vigente desde 1981 y uno de los principales puntos de reclamo por parte de las protestas. Esta disposición, supuestamente extraordinaria, permite detenciones arbitrarias, imposición de toques de queda y suspensión de derechos civiles, en aras de la seguridad interna del Estado.

Por todas estas razones, un grupo de unas 2.000 personas permanecían en la emblemática plaza Tahrir, tras la algarabía y los festejos populares por la caída del “rais” durante todo el fin de semana. Los manifestantes seguían pidiendo claridad en el nuevo tiempo político, la inclusión de la oposición en la transición, y la derogación inmediata de la Ley de Emergencia.

Aunque en la céntrica explanada cairota permanecía este grupo de activistas, la capital egipcia se preparaba para recuperar lentamente una normalidad que ha estado ausente de la vida social en las últimas tres semanas, el Canal de Suez volvió a operar normalmente y estaba previsto que hoy abriesen las oficinas públicas así como los comercios, aunque no estaba claro si los establecimientos escolares harían lo propio.

Después de la escalada espontánea que tomó fuerza, de una manera inédita para todo el mundo árabe, a partir del 25 de enero en El Cairo, la alegría popular del fin de semana comenzaba a dar paso a una esperada rutina ciudadana.

Grupos de ciudadanos se organizaron para barrer las calles y quitar los escombros de la plaza Tahrir que habían servido para las barricadas; algunos llevaban carteles con la inscripción “Perdone las molestias. Estamos construyendo un nuevo Egipto”.

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Berlusconi: Llega la moción de censura (17 11 10)

BERLUSCONI SE SOMETERÁ A UN VOTO DE CONFIANZA EN DICIEMBRE

El presidente de la República interviene en la crisis del gobierno italiano

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La crisis por la ruptura del partido en el gobierno de Italia, el “Pueblo de la Libertad”, que tomó cuerpo el lunes con la retirada de los ministros cercanos al presidente de la Cámara de Diputados, Gianfranco Fini, del gabinete del primer ministro, Silvio Berlusconi, comenzó a definirse ayer por la tarde.

Cuando se anunció el retiro de los ministros y la consecuente pérdida de la mayoría parlamentaria del jefe del Ejecutivo, el presidente de la República, el viejo comunista Giorgio Napolitano, comenzó a utilizar los recursos que le reserva la Constitución, y convocó a los dos jefes de las cámaras del Congreso, el propio Fini y el responsable del Senado, Renato Schifani.

Tras un encuentro de poco más de una hora, el Jefe de Estado anunció que había consensuado con los dirigentes parlamentarios que el gobierno de Silvio Berlusconi se someta al voto de confianza de los diputados y senadores el próximo 14 de diciembre.

En el régimen político italiano, la figura del presidente de la República tiene fundamentalmente funciones de representación, pero en los momentos de crisis y de cambios en las relaciones de mayorías parlamentarias, su rol se vuelve crítico.

La Constitución lo habilita para tomar una decisión entre un conjunto de posibilidades, como llamar a elecciones anticipadas (para una o para ambas cámaras), otorgar un período excepcional a un primer ministro de transición o prorrogar excepcionalmente la vigencia de un Ejecutivo en minoría, entre otras. Napolitano, un político de la vieja guardia y una figura que impone respeto y consenso por su larga trayectoria, ha optado por aguardar el trámite de votación de las dos mociones que Berlusconi tiene pendientes en el Congreso: la de censura en Diputados, y la de apoyo en el Senado.

Tras esa votación, que medirá el espacio de maniobra que todavía puede disponer el agonizante período del jefe de la derecha italiana, el presidente decidirá sobre el modo de salir de la crisis de gobierno.

En todo caso, Napolitano se ha asegurado con los líderes del Congreso que sus agrupaciones apoyarán la sanción de los presupuestos, una urgencia que requiere saltarse, aunque sea por unos momentos, las incógnitas e incertidumbres de un proceso político que se asemeja demasiado al libreto de una “opera buffa”.

EL COSTO DEL ESCÁNDALO

Cualquiera sea el resultado de la moción de censura contra Berlusconi prevista para mediados de diciembre, ya quedan pocas dudas que el primer ministro conservador, de 74 años, pueda extender su gobierno más allá de este año.

Y su caída tiene una responsabilidad clara: a pesar de haber ganado las elecciones con una cómoda mayoría, sus estragos sexuales, las fiestas eróticas en la mansión de Cerdeña, la contratación de prostitutas de alto nivel en coches oficiales y, finalmente, fiestas con menores y una ventilada relación íntima con una joven de 18 años, fueron demasiado hasta para una sociedad como la italiana, acostumbrada a los escándalos. Berlusconi terminó divorciado de su esposa y, tal como lo había anunciado, lo abandonó también su socio político en la derecha.

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Europa en horas bajas (26 06 08)

Publicado en Diario Norte, suplemento dominical, Año XXXIX, 29 de junio de 2008; y en Hoy Día Córdoba, suplemento Magazine, pág. 3, Año XI, Nº 2.714, 26 de junio de 2008.

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Europa en horas bajas

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Por Nelson-Gustavo Specchia

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Los síntomas de cierta relajación y contramarchas en el avance del proceso de integración del Viejo Continente comenzaron hace un par de años, en 2005, cuando los franceses y los holandeses, dos pueblos que habían estado en el pequeño club de los seis países fundadores de la primera Comunidad Europea, votaron NO en los plebiscitos para refrendar una constitución, que parecía redactada a la medida de los gobiernos, pero que juzgaron alejada de los sentimientos y de los problemas de los ciudadanos. A aquellos síntomas, en los últimos días han venido a sumarse una seguidilla de decisiones desacertadas de los órganos de decisión comunitarios, que han llenado de estupor y de escepticismo los análisis de ese modelo de referencia para la política internacional que es la Unión Europea.

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Un modelo de referencia no solamente a nivel de la integración geográfica entre los países del continente, sino a nivel del ideario de esa comunidad de naciones como vía de transmisión de la paz entre los Estados y los pueblos, de una ética humanista, de un equilibrio muy respetable entre libertades civiles y prácticas públicas de contención social.

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Que Europa, luego de largos siglos de luchas fratricidas y de dos guerras mundiales haya logrado, mediante la creación de un espacio común, dejar de matarse mutuamente, afirmar la paz, aumentar de manera sostenida su producto bruto, instalarse como un interlocutor internacional de peso, eliminar las fronteras interiores, y proteger los derechos civiles, sociales y políticos de su población, ha convertido al proyecto plasmado en la Unión Europa en una referencia ineludible para el análisis y la proyección política de otras latitudes.

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Sin embargo, tres eventos de máxima resonancia, en el transcurso de pocos días, vienen a echar un manto de sombras sobre la continuación exitosa de ese proceso en la actual coyuntura: la Constitución frustrada por holandeses y franceses es 2005 fue reconstituida por los líderes europeos en un nuevo tratado, en el Consejo de Lisboa, que institucionalmente fija las pautas para poder administrar la organización continental con los 27 miembros que suma luego de la gran ampliación hacia los países del Este. Pero en la única votación popular prevista en todo el continente para la ratificación del Tratado de Lisboa, en Irlanda  (en los restantes 26 miembros de la UE la ratificación sólo será parlamentaria), se impuso el NO, frenando todo el proceso institucional, ya que el tratado requiere de la unánime aceptación de los Estados miembros para entrar en vigor el próximo 1 de enero de 2009. Nadie tiene la más peregrina idea de cómo salir de este impasse, aunque todos coinciden que la organización ampliada no podrá seguir administrando sus órganos con las herramientas previstas por el Tratado de Niza, pensado para sólo 12 miembros.

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Por su parte, el Consejo Europeo (la reunión periódica de jefes de Estado y de gobierno), aprobó mayoritariamente el 9 de junio la revisión de los límites de los tiempos laborales, extendiéndolos hasta un hipotético techo de 65 horas semanales, lo que permite suponer jornadas de trabajo de unas 11 horas diarias, incluyendo los sábados: de un plumazo se cambia un paradigma, que ha integrado –de una manera central- ese “modelo social europeo” que ha sido referente desde la posguerra, aumentando la discrecionalidad empresaria en desmedro de los derechos de los trabajadores.

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Y la guinda del postre, que viene a ratificar que estas decisiones legislativas y ejecutivas no son eventos aislados y excepcionales, sino que forman parte de una tendencia política de esta Europa en horas bajas, que implican modificaciones estructurales en la idea que las elites europeas de estos días tienen sobre la continuidad del proceso de integración continental, esa guinda, digo, la ha puesto el Parlamento Europeo con la adopción –por una mayoría abrumadora de eurodiputados, tanto de la derecha como de la izquierda- de la “Directiva de Retorno”, dirigida a penalizar burocráticamente al inmigrante que no haya conseguido obtener visados de residencia, recluyéndolos en “instalaciones especiales” y por períodos de tiempo desmesurados, en un atentado odioso a los derechos humanos.

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La que ha sido denominada “Directiva de la Vergüenza” por líderes políticos y sociales (latinoamericanos, pero también por profesores y analistas europeos), transforma un conflicto social en un problema policial, permite la retención extra judicial de los inmigrantes indocumentados por períodos de hasta un año y medio (cuando el trámite de expulsión puede realizarse en apenas unos días), inclusive si son parte de sectores vulnerables, como los menores de edad.

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La política de inmigración que esta decisión del Parlamento Europeo dibuja es humillante, y no sólo para los hombres y mujeres que llegan a las costas del Viejo Continente, aunque no dispongan de los formularios de inmigración debidamente cumplimentados, sino que es humillante para la propia dirigencia comunitaria, que asiste pasivamente a la erosión acelerada de ese modelo social que puso a Europa en el centro del candelero en apenas medio siglo.

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Las tendencias conservadoras –que parecen declinar en la América del Norte- han encontrado nuevos retoños en las clases dirigentes europeas; el cambio de ciclo afectará profundamente la cultura política, y el rol de la Unión Europea en el concierto internacional.

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Profesor Titular de Política Internacional de la Universidad Católica de Córdoba.