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Grecia amenaza con la quiebra (16 06 11)

 Grecia amenaza con la quiebra ante la imposibilidad de pago

Papandreu reforma el gobierno sin la oposición y pide un segundo rescate a Europa     

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 Ángela Merkel, la vista fija en Giorgios Papandreu

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Después de la violenta jornada de huelga general –la tercera que vive Grecia este año- el primer ministro socialista Giorgios Papandreu impulsó ayer un cambio de gabinete, en un coletazo más de la grave situación económica y política que vive el país mediterráneo.

Los enfrentamientos entre los movilizados –entre 50.000 y 200.000 según la fuente- y la policia dejaron un tendal de heridos en Atenas y las principales ciudades, y llevaron al premier a presentar su renuncia para facilitar un gobierno de coalición con la centroderecha del partido Nueva Democracia.

La oposición puso como condición para integrarse a una coalición de emergencia que se abandonaran los planes de ajuste estructural que han estado en el origen de la protesta social, principalmente la reforma de la administración pública que prevé el despido de 170.000 empleados del Estado.

Pero estas reformas, dirigidas al drástico achicamiento del gasto público, son precisamente las condiciones ineludibles que los órganos financieros de la Unión Europea, en conjunto con el Fondo Monetario Internacional (FMI), han puesto para acudir al rescate de la deuda griega, con el envío de remesas progresivas hasta totalizar un monto de 110.000 millones de euros para hacer frente a los vencimientos de los empréstitos externos.

Ante la imposibilidad de constituir un gobierno de unidad frente a la crisis, el primer ministro ha reformulado el gabinete con dirigentes de su Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), y ha ratificado que los compromisos asumidos con las agencias multilaterales de financimiento seguirán.

Una última remesa del crédito concedido el año pasado, de 12.000 millones de euros, debe llegar a Atenas antes del próximo día 20, en que vencen títulos de deuda soberana que, si no se cancelan, llevarían a la quiebra técnica del país, una situación inédita desde la constitución de la eurozona, en 1999.

Los voceros del FMI intentaron llevar calma a los mercados y a las bolsas, que reaccionaron negativamente, con fuertes pérdidas, al riesgo de debacle financiero heleno, y aseguraron que la entidad seguirá sosteniendo la asistencia a Atenas, siempre y cuando el proceso de ajustes y achicamiento del Estado se mantenga.

Indignados con los indignados

BARCELONA.- La deriva violenta del movimiento 15-M español, que el miércoles de esta semana intentó evitar una sesión del Parlamento regional catalán en Barcelona, ha recibido una serie de censuras desde diferentes puntos del arco político, inclusive desde los propios manifestantes “indignados” que ocuparon durante varios días la madrileña Plaza del Sol.

Con consignas del tipo “sin violencia somos más”, el atípico conjunto de protesta -básicamente juvenil- de la capital española se opuso a que sus colegas catalanes entorpecieran la vida institucional en un entorno democrático. “No sólo que están contra la ley, sino que los actos violentos son radicalmente antidemocráticos”, se definía ayer en las concentraciones en Madrid.

Por su parte, desde el gobierno autonómico de Cataluña, se acusó a un pequeño grupo de los manifestantes como responsables de los actos violentos, “profesionales del incidente que actuaban como una guerrilla urbana”, expresó un vocero del presidente Artur Mas.

Sin embargo, es probable que las protestas sigan radicalizándose.

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nelson.specchia@gmail.com

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Europa mareada por la crisis griega (16 06 11)

Europa mareada por la crisis

Un sector de los “indignados” pasa al enfrentamiento policial en Cataluña. El premier griego ofrece su renuncia para apaciguar la movilización social. Alemania condiciona un nuevo rescate a Grecia a la participación de inversores privados. La crisis vuelve a amenazar a España y Portugal.     

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ATENAS, BARCELONA.- “Hemos perdido el miedo”, con esta nueva consigna un sector de los “indignados” españoles, también identificados ya como Movimiento 15-M, cercó ayer el Parlamento autonómico catalán, en la Ciudad Vieja de Barcelona, e intentó hacer fracasar la sesión legislativa en la cual el gobierno regional presentaba los presupuestos.

Los forcejeos entre manifestantes y policías autonómicos (los “mossos d’esquadra”) fue subiendo de tono durante el transcurso de la mañana. Varios centenares de personas se concentraron frente al Palacio de la Generalitat de Cataluña, en la Plaza de Sant Jaume, y con un grado de organización superior al mostrado en las últimas jornadas, se desplazó por la Ciudad Vieja hasta el Parque de la Ciudadela, donde se ubica el Parlamento.

Con el edificio cercado por un cordón humano, los diputados que llegaban tuvieron que soportar empujones, gritos e inclusive alguna pintada.

El presidente autonómico, Artur Mas, y una treintena de miembros de su Ejecutivo, tuvieron que utilizar helicópteros para llegar a la sede legislativa.

Tras la agitada sesión, en la que finalmente la gobernante coalición centrista de Convergencia i Unió (CiU) logró aprobar los presupuestos con el apoyo de los votos de la derecha del Partido Popular (PP), los diputados salieron del Parlamento por puertas laterales, unas salidas casi sin uso y que comunican el antiguo edificio con el parque zoológico de Barcelona, para esquivar las concentraciones de “indignados”.

Desde Madrid, la asamblea ciudadana que ha abandonado el campamento en la céntrica plaza de la Puerta del Sol, cuestionó la movilización de los catalanes, por considerarla una “presión por encima de la ley”.

Dentro del mismo grupo barcelonés se veían posiciones encontradas, entre un sector que se oponía a cercar el Parlamento y otro más radical. En un clima de nerviosismo, también se criticaba a los Mossos d’Esquadra, algunos de cuyos agentes, vestidos de civil, se infiltraron en el colectivo de protesta, supuestamente con intentos de manipular la enorme masa de movilizados.

El presidente Mas anunció que, de repetirse la protesta, los cuerpos policiales harán “un uso legítimo de la fuerza” para disolver las columnas de manifestantes y garantizar el funcionamiento de las instituciones.

En Grecia, por otra parte, la reacción social también tuvo un pico crítico en la tarde de ayer, mientras la primera línea del liderazgo europeo discutía un segundo rescate a la economía griega.

La oposición a la política de ajustes económicos y restricciones sociales impulsado por el gobierno socialdemócrata de Giorgios Papandreu, volvió a tomar las calles de Atenas.

El primer ministro ofreció su renuncia para calmar los ánimos y formar un gobierno de unidad, pero ante la negativa de la oposición de centroderecha de sumarse al Ejecutivo, anunció que hoy modificará el gabinete, pero seguirá adelante con el plan de austeridad.

Atenas tira las bolsas

ATENAS.- Con cerca de 200.000 personas tomando las calles de la capital griega, y los líderes europeos sin definir un nuevo rescate a la economía helena, la tercera huelga general contra Papandreu y el Pasok arrastró ayer a los mercados, los bonos de la deuda soberana griega, la moneda europea, y llegó inclusive a impactar en el nivel general de Wall Street.

La multitudinaria huelga, que paralizó al país y generó duros enfrentamientos con las fuerzas policiales, podría haberse calmado con una clara señal que llegase desde Europa. Pero, por el contrario, la indefinición de la Unión Europea –principalmente de Alemania- produjo una corrida que arrastró al euro y empujó a la baja a todas las bolsas del continente.

El IBEX español perdió 10.000 puntos y terminó con un 2 por ciento de retroceso; la caída bursátil llegó inclusive a Nueva York, donde Wall Street acusó un 1,48 por ciento de pérdida en el cierre de operaciones.

La falta de rescate a Grecia, además, vuelve a poner en riesgo la solvencia de la deuda en España y en Portugal.

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nelson.specchia@gmail.com

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La vuelta al nacionalismo en Cataluña (03 12 10)

La vuelta al nacionalismo en Cataluña

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por Nelson Gustavo Specchia

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Hace algunas semanas, dedicábamos esta página del “Periscopio” a analizar la tendencia negativa en las preferencias de los electorados que viene soportando la socialdemocracia europea, como uno de los lastres de la crisis económica que golpea con fuerza las estructuras políticas del otrora vigoroso “Estado de bienestar” en el Viejo Continente.

Esta tendencia, el giro paulatino pero constante hacia la derecha del arco político, la ejemplificábamos con algunos de los más importantes procesos de los últimos años. Las políticas conservadoras del gobierno alemán de Ángela Merkel, por caso, donde al primer período de “gran coalición” entre demócrata cristianos y social demócratas (tras el gobierno en soledad de la centroizquierda con Gerhard Schroder) le sucedió una coalición entre el partido de Merkel con los Liberales, desplazando a los socialdemócratas del poder.

Se evidencia también, decimos, en el giro italiano hacia el populismo de Silvio Berlusconi, e inclusive al interior del ejecutivo berlusconiano, con la política de acercamiento que “Il Cavaliere” traza con sus socios para retener el poder: dejando en el camino a la centro derecha de Gianfranco Fini, para lograr una mayor cercanía con los xenófobos y separatistas de la Liga Norte de Umberto Bossi). También el descrédito de Tony Blair, con la consecuente caída del Laborismo británico, y la recuperación del gobierno por parte de los “tories” con David Cameron.

La lista podría seguir, desde el Mediterráneo al Báltico, con un denominador común: la carencia en las fuerzas socialdemócratas, que hace una década constituían prácticamente las dos terceras partes de los gobiernos de la Unión Europea, de estrategias para conservar el poder y hacer frente a los descalabros de la crisis económica. Ante esta debilidad, el evidente avance de las fuerzas nacionalistas o conservadoras (o una mezcla de ambas), con la uniformidad de recetas neoliberales –recortes de derechos sociales, control de los déficits públicos, achicamiento del gasto del Estado- en todas las dimensiones.

CATALUNYA COMO SÍNTOMA

En este escenario, Cataluña puede funcionar como un adelanto de aquella tendencia continental llegando a tierras españolas. Las cuatro regiones catalanas –Barcelona, Terragona, Girona y Lleida- siempre han sido la parte más “europea” de la península, donde antes que a ningún lado han arribado las tendencias del continente, y que por eso también puede funcionar como un termómetro para medir el estado de ánimo de la sociedad política española.

Si esta imagen es correcta, entonces “pintan bastos” para el gobierno de centroizquierda de José Luís Rodríguez Zapatero. El domingo pasado, el gobierno autonómico catalán, la Generalitat, volvió a ser conquistado por las fuerzas de centroderecha. Convergència i Unió (CiU), la coalición de liberales, demócrata cristianos y filo-independentistas, lograron en las elecciones al Parlament retornar con una fuerza inusitada, y, al mismo tiempo, enterrar de un golpe los siete años de la experiencia de un gobierno de alianza de izquierda, entre socialistas, ecologistas y republicanos.

Después del liderazgo histórico de Jordi Pujol, que encabezó la federación nacionalista de CiU desde la transición española y gobernó la Generalitat durante 23 años (1980-2003), la reunión de ambos partidos de la centroderecha se alinean detrás de la figura de Artur Mas. Mas quedó fuera del gobierno en las dos últimas elecciones, merced al pacto de gobernabilidad de las fuerzas progresistas, unidas en un gobierno “tripartito”. Ahora, Mas y CiU ganaron fuerte (lograron 62 escaños en el Parlament, quedando a sólo seis de la mayoría absoluta). La victoria conservadora dejó a los socialistas arrinconados con un mínimo porcentaje (28 escaños), tras los peores resultados del Partido de los Socialistas de Cataluña (Partit dels Socialistes de Catalunya, PSC, marca en la región del PSOE estatal) en una elección regional en toda la historia democrática.

El abandono del discurso de izquierda por parte de los electores también tiene su impacto en los relativamente buenos resultados cosechados por el Partido Popular (PP). La agrupación presidida por Mariano Rajoy, que en el contexto de fuerte reivindicación nacionalista catalana nunca tuvo demasiada inserción, el domingo pasado logró situarse como tercera fuerza política, inmediatamente detrás del PSC. El PP, con ello, alcanzaría a sentar a 18 diputados en el Parlament, lo que constituye los mejores resultados de los procesos electorales recientes en las provincias catalanas. Los hasta ahora socios de los socialistas en el gobierno “tripartito”, Iniciativa por Cataluña-Verdes (IC-V), y los independentistas de Izquierda Republicana (ERC), sólo pudieron juntar 10 escaños cada uno.

Con esta formación del Parlament, está claro el mensaje de los votantes catalanes: los partidos que han formado el “tripartito” han sido fuertemente castigados. En este castigo sobresale la caída del principal partido independentista, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que –siguiendo la tradicional fragmentación de las fuerzas de izquierda- sufre también el desgrane de votos “anti-españoles” hacia las otras dos formaciones separatistas recién aparecidas, la de Joan Carretero (Reagrupament) y la del ex presidente del Barcelona Fútbol Club, Joan Laporta (Solidaritat Catalana per la Independència).

La fuerza del avance conservador, en estos territorios tan significativos para lo que termine luego pasando en el resto de España, ha sido incontestable. El triunfo de CiU ha sido total, un auténtico grito de censura al paso de los socialistas por el poder, no sólo en la capital sino en el interior. Han arrasado en todo, en número de votos, por circunscripciones, por comarcas, y en las principales ciudades. Los nacionalistas casi doblan en escaños a los socialistas en la provincia de Barcelona, obtienen más del doble en Tarragona y triplican la representación del PSC en las demarcaciones de Lleida y Girona.

EL GOLPE CATALÁN EN MADRID

Los socialistas españoles han salido, desde la misma medianoche del domingo, a intentar separar la tragedia de las elecciones catalanas del destino del gobierno nacional, esa caída libre en que vive el ejecutivo de José Luís Rodríguez Zapatero.

Desde La Moncloa, el jefe del gobierno español sufre a diario, asaeteado desde la izquierda de su partido por las medidas neoliberales que está adoptando para enfrentar la crisis, y desde la derecha de la oposición del Partido Popular para que adelante las elecciones y le deje paso a Mariano Rajoy, que de ajustes sabe más que él.

Los voceros del PSOE salieron rápidamente a decir que este descrédito del presidente del gobierno no había tenido nada que ver con la debacle de sus correligionarios en tierras catalanas. Y, a renglón seguido, afirman que tampoco habrá una relación en el otro sentido: que la izquierda del PSC haya caído con estrépito no es un adelanto de lo que vaya a pasar con el PSOE en las próximas elecciones generales.

No sería justo decir que el fuerte desgaste que el oficialismo está sufriendo en la mal barajada gestión de la crisis económica –que no despega a Madrid de Grecia, ni de la bancarrota reciente de Irlanda- ha sido la única causa del fracaso socialista catalán, pero es obvio que ha sido, al menos, una de ellas. Porque el gobierno “tripartito” de José Montilla al frente de la Generalitat también participó del desconcierto ideológico de los socios madrileños sobre cómo enfrentar el fantasma de la crisis y el “acoso de los mercados”, y terminaron finalmente sumándose al discurso de Merkel, Sarkozy, y con ello a la fuerte tendencia de la derechización general de Europa.

Los resultados de las elecciones para reemplazar a los socialistas del Palau de la Generalitat supondrán un vuelco en el mapa político catalán, pero también, de una manera significativa, constituyen la primera señal de que la decepción hacia Zapatero, y las tendencias que llegan desde Europa, bien pueden cambiar el mapa político de toda España.

 

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nelson.specchia@gmail.com

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