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“Menos legitimidad, menos seguridad” Entrevista de Luis Zegarra para el diario Puntal (08 05 11)

“tras la muerte de bin laden, el mundo es más inseguro”

Entrevista a Nelson G. Specchia, por Luis Zegarra

(para el diario Puntal)

http://www.puntal.com.ar/v2/article.php?id=69753

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en Twitter:   @nspecchia

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Al Qaeda, ¿más débil o más fuerte? (06 05 11)

Al Qaeda, ¿más débil o más fuerte?

Por Nelson Gustavo Specchia

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Transcurrida una semana desde el espectacular anuncio del presidente Barack Obama, en la medianoche del domingo, de que tras una larguísima década finalmente habían dado con el enemigo número uno de los Estados Unidos y lo habían ultimado, ya es claro a estas alturas que algo salió mal. El discurso del jefe de la Casa Blanca –corto, frontal, sereno y simple, pero de una contundencia operística- tenía, al menos, tres destinos: la sociedad civil estadounidense, los seguidores de su propio partido, y el auditorio mundial.

Respecto de la ciudadanía de a pie, el mensaje iba destinado a reencantar la vida política, tan debilitada y azarosa en los últimos tiempos, detrás de un logro patriótico y nacional: vencimos al gran enemigo, a aquel que osó atacar a Norteamérica por primera vez en su suelo, somos fuertes nuevamente, y nuestro país vuelve a ser un sitio seguro para vivir. Para este primer segmento estuvieron pensadas esas frases de que la captura de Osama ben Laden venía a demostrar que los Estados Unidos siguen siendo capaces de hacer lo que se propongan, y de que la muerte de Osama en una remota barriada de los alrededores de Islamabad era un acto de justicia reparadora para con los muertos en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El segundo colectivo de audiencia escogido por los redactores del mensaje eran los propios seguidores del presidente demócrata. A ellos venía a decirles: “lo hicimos nosotros, Bush no pudo encontrarlo y atraparlo durante dos períodos presidenciales, nosotros lo logramos.” Una de las facetas más problemáticas de la personalidad de Obama, al interior del Partido Demócrata, es su imagen de componedor y legalista, respetuoso de los sistemas de garantías, los cuidados procesales y los derechos humanos. Rasgos que contribuyeron en los considerandos del otorgamiento de ese premio Nobel de la paz, tan cuestionado en estas horas. Ese perfil de “blando” es el más atacado por los halcones de la política americana. Por ello, la ejecución de la operación y la decisión de tirar a matar, habrían tenido que devolverle una imagen de resolución y fortaleza frente a las adversidades. Inclusive algunos titulares de la prensa sostuvieron que el domingo a la noche Obama “se convirtió en comandante en jefe” del ejército norteamericano. Como si antes no lo hubiera sido de hecho, sino apenas de derecho. Para este auditorio estuvo pensada esa frase donde el presidente destacaba que había sido él, en persona, quien había dado la orden de ataque.

Y para el resto del mundo, el discurso quiso trasmitir un mensaje simple y fuerte: hemos ganado la guerra contra el terrorismo, y lo hemos hecho con el mínimo costo y sin una sola baja entre nuestros soldados. Y tras esta victoria, no sólo los Estados Unidos, sino el mundo todo, es un lugar más seguro.

El resultado inmediato que el mensaje del presidente norteamericano esperaba lograr era un cerrado y unánime apoyo, tanto interno como internacional. Sin embargo, a estas alturas, es claro que algo salió mal.

HIMNOS Y BRINDIS

Algunas centenas de personas se reunieron frente a la Casa Blanca, en Washington, y destaparon botellas de champagne, corearon consignas contra Al Qaeda, y cantaron reiteradamente el himno nacional. Otras docenas se reunieron también en el Ground Zero, el espacio neoyorquino que ocuparon en su día las Torres Gemelas que tumbó el atentado planificado por Osama en las cuevas de las montañas de Afganistán. Pero, en realidad, fueron muchas menos de las esperadas.

En la mañana del lunes, se conoció la felicitación expresada por el ex mandatario republicano George W. Bush, el presidente que declaró esa ubicua y sui generis guerra contra una entidad sin Estado. También llegaron otros mensajes de congratulación, como el del premier británico, y de algunos líderes cuya existencia y supervivencia política mucho depende de Washington. Aunque también aquí fueron muchos menos de los esperados.

En lugar de un cerrado apoyo, una serie de preguntas sobre la índole de la intervención militar, la brutalidad del ataque seguido de la muerte de Ben Laden, la violación de la soberanía paquistaní por un ejército de un país aliado, y la falta de pruebas materiales que apoyaran la versión de la Casa Blanca, fueron tomando forma, todavía en la manera de interrogantes. Las ediciones en Internet de los principales medios de prensa norteamericanos (dada la avanzada hora del anuncio, casi todos ya estaban impresos) fueron cambiando sutilmente con el transcurso de las horas, al igual que otros diarios del mundo. Y esos cuestionamientos, mientras se iban conociendo detalles, reflejaban un aumento del tono crítico. El jueves, después de tres días en que se difundieran las opiniones críticas de respetables líderes políticos mundiales, de juristas expertos del sistema de Naciones Unidas, y de analistas y columnistas internacionales, hasta la misma cadena televisiva CNN hablaba ya de un “asesinato a sangre fría”. Algo, efectivamente, había salido mal.

LOS CABOS SUELTOS

          Barack Obama tuvo la posibilidad de apresar a Osama ben Laden. El hecho de ultimarlo en la residencia amurallada de Abbottabad fue una decisión estratégica. Quizás si hubiese defendido su decisión con detalles y fundamentos, hubiera impedido que las versiones y las interpretaciones ocuparan el escenario, embarrando, desinformando y soltando cabos a cada paso.

Pero, en cambio, la información desde Washington intentó relativizar aquella toma de posición entre dos alternativas: detenerlo o matarlo. El presidente, como dijimos arriba, quiso adjudicarse la orden de disparar, pero ante las críticas se cambio la versión: la orden la dio la CIA, y sobre el terreno. Cuando hubo que explicar la muerte del terrorista, se afirmó que había presentado resistencia, pero luego se admitió que Osama estaba desarmado. Se reconoció que su paradero estaba ubicado desde hacía meses, y que la confirmación de su identidad era firme; los comandos de Seal Navy tuvieron inclusive la posibilidad de ensayar con suficiente anticipación la operación; y sin embargo no lograron capturarlo vivo. No hay manera posible de sostener esta versión.

A la mañana de un día se afirmaba que Osama había puesto a una esposa como escudo, a la tarde de ese mismo día se decía que la muerte de la mujer había ocurrido cuando se interpuso para salvarlo. Que el cadáver había sido rechazado por Afganistán, que había sido cuidado por los ritos musulmanes para los muertos, pero que para evitar un santuario de terroristas había sido lanzado al mar. En fin: que tampoco había cadáver para mostrar. Pero se mostrarían las fotos. No, no se mostrarían tampoco las fotos, eran demasiado horribles (el acto de la muerte del terrorista no lo era tanto, las fotos sí).

El equipamiento de cada comando Seal Navy incorpora una cámara de video, por lo que toda la operación fue filmada y grabada (y seguida por Obama, Biden, Hillary Clinton y el resto del equipo de seguridad de la Casa Blanca en tiempo real, mientras el jefe de la CIA, Leon Panetta, les iba explicando cada paso), pero tampoco se mostrarían al público esas grabaciones.

La identidad de Osama ben Laden se había hecho por reconocimiento facial del cadáver, y un ADN hecho a las apuradas sobre el avión. Tampoco estos análisis se harían públicos. Y eso era todo. Había que confiar en la palabra del presidente estadounidense, sin más pruebas. En Europa comenzó a circular la versión de que habían matado a un doble de Osama, y que el verdadero estaba vivito y coleando donde siempre había estado: en una cueva de las montañas afganas de Waziristán.

En conjunto, tantos cabos sueltos han terminado por quitar legitimidad a la operación militar norteamericana. En lugar de una intervención victoriosa y definitiva para terminar con Al Qaeda, parece encaminarse a ser lo contrario: la excusa ideal para reflotar una organización que estaba en decadencia, con un mártir como guía, y un enemigo contra el que estaría justificado atentar, sin respetar ninguna legalidad internacional, ya que él tampoco la respeta.

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La hija de Osama: Lo capturaron vivo (05 05 11)

La Casa Blanca acumula críticas por el asesinato de Ben Laden

Una hija del terrorista afirma que fue apresado vivo y ejecutado a sangre fía

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WASHINGTON, LONDRES.- Al tercer día del anuncio de la muerte del fundador de la red yihadita de Al Qaeda, poco quedaba ayer del tono de victoria y festejo con que la noticia fue presentada por Barack Obama.

Por el contrario, las críticas a la actuación de una unidad comando de los Marines norteamericanos, y la decisión de ultimar al líder terrorista en lugar de apresarlo, han crecido en las últimas horas, tanto por las respetables figuras que han salido a condenar el accionar arbitrario de la potencia hegemónica global, como de la índole de las argumentaciones, que pasó del plano político para alcanzar también los niveles jurídicos, lo que puede terminar afectando las relaciones bilaterales con Washington.

En Europa se tildó de “ejecución sumaria extrajudicial” la muerte de Osama ben Laden; además de la opinión del ex canciller alemán Helmut Schmidt, que viene sosteniendo que se trató de una “clara violación de la ley internacional” al desconocer la soberanía paquistaní, asesinar a Ben Laden, tomar su cuerpo y arrojarlo al mar.

A esta postura se sumó también el jurista australiano experto de la ONU, Geoffrey Robertson. A la posición del presidente norteamericano, que había sostenido que la acción militar constituía un hecho de “justicia reparadora”, Robertson afirmó: “Eso no es justicia. Es una perversión del término. La justicia significa llevar a alguien ante la corte, hallarlo culpable en base a evidencias y sentenciarlo”.

En el mismo sentido su colega, el reconocido jurista holandés Gert-Jan Knoops, sostuvo que no se trató de un acto de guerra, donde un enemigo puede ser eliminado, “este argumento no se sostiene”, añadió. Ben Laden “fue sometido a una ejecución sumaria, un asesinato a sangre fría”, concluyeron los expertos.

A las opiniones de los líderes políticos y de los juristas internacionales, comenzaron a sumarse también algunas voces de religiosos musulmanes.

El influyente imán hindú Syed Ahmed Bukhari dijo ayer que Ben Laden podría haber sido fácilmente apresado, pero que en lugar de eso, prefirieron asesinarlo. El religioso acusó al gobierno norteamericano de “promover la ley de la selva, ya sea en Afganistán, Irak, Pakistán o Libia”, y en una advertencia que sonó a reto sostuvo que la indignación de los musulmanes “ha cruzado el límite”.

Estas declaraciones se reavivaron luego de que una hija del líder de Al Qaeda, de 12 años de edad y detenida por la policía paquistaní tras el asalto del grupo comando norteamericano, relató a las autoridades que su padre fue capturado con vida por los Marines que asaltaron la casa, y luego fue ejecutado delante de su familia.

Posiblemente por ese mismo hecho, el presidente Obama, con rostro consternado, anunció ayer su decisión de no dar a conocer públicamente las fotografías y videos de la operación en los alrededores de Islamabad.

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Un asesinato a sangre fría (02 05 11)

EE.UU. mata a Bin Laden

Barack Obama anuncia al mundo el asesinato del líder de Al Qaeda en un tono victorioso, pero las críticas se mezclan con las celebraciones. Se consolida la supremacía militar de la potencia hegemónica. Temores por reacciones de los sectores fundamentalistas islámicos.    

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WASHINGTON.- En la medianoche del domingo, el presidente estadounidense Barack Obama anunció la muerte de Osama bin Laden, el multimillonario saudita creador de la red yihadista Al Qaeda y principal responsable de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

El comunicado, que se inició a las 0:35 horas del lunes y fue transmitido en directo por las televisiones de Occidente, se había anunciado con algunos minutos de anticipación, que sirvieron para que la opinión pública se pusiera en alerta, dado lo inusual de la metodología y de la hora elegida por el mandatario demócrata.

Las redes sociales, además, contribuyeron a concentrar una máxima audiencia mundial, las oficinas de tráfico de internet contabilizaron más de cuatro mil mensajes por segundo enviados por la red Twitter mientras duraba la alocución de Obama, y el debate, análisis y comentarios ocuparon las redes hasta muy entrada la madrugada.

En el mensaje, Barack Obama confirmó oficialmente el trascendido que había comenzado a correr en los minutos previos, aseverando que Osama bin Laden había sido asesinado de un balazo en la cabeza, disparado por un francotirador, en una acción militar planificada y ejecutada por las fuerzas militares estadounidenses en un suburbio de Islamabad.

El corto discurso, de frases muy cuidadas, apuntó a mostrar una victoria militar sobre el principal enemigo declarado de los Estados Unidos, el hombre que logró atacar por primera vez al gigante norteamericano en su suelo, y que esquivó durante una década entera la búsqueda y persecución de los servicios de inteligencia de la primera potencia del mundo.

Algunas de estas cuidadas oraciones del mensaje, sin embargo, han causado en los momentos siguientes reacciones dispares, tanto de los analistas políticos como de la opinión pública, especialmente en esa nueva modalidad horizontal de manifestación del humor social que posibilitan las redes por Internet.

Obama presentó la muerte de Bin Laden como una acción enmarcada en un conflicto bélico, pero los detalles no pueden ocultar que se trató de un asesinato a sangre fría, calculado (y hasta ensayado, con órdenes de “tirar a matar”) por un cuerpo de comandos Navy Seal de la Armada, violando la soberanía de un país aliado (Pakistán), y sin dar lugar a ningún tipo de juicio o tratamiento a prisioneros de guerra, como prevén los tratados internacionales.

El otro hito central del mensaje fue que la muerte del terrorista –que en el pasado también fue agente de inteligencia formado y financiado por los norteamericanos- constituye un acto de justicia reparadora para las víctimas de los ataques de septiembre de 2001. La lógica de la “Ley del Talión” (“ojo por ojo”) subyacente en estas palabras aparece como un posible aumento de riesgo para la seguridad interna norteamericana.

Obama, en cambio, insistió en que a partir de anoche “el mundo es más seguro”.

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¿Justicia o cálculo?

WASHINGTON.- Tras el discurso de Obama, cientos de manifestantes comenzaron a concentrarse frente a la Casa Blanca, y en el “Ground Zero”, donde estuvieron las Torres Gemelas en Nueva York.

Sin embargo, este clima de victoria, de brindis y de fervor patriótico (se entonaba en himno estadounidense con frecuencia), fue dando lugar con el transcurso de las horas y a medida que se conocían detalles de la operación, a otra sensación, más crítica y menos entusiasta.

El asesinato de Bin Laden de ninguna manera puede considerarse un acto de guerra, ni menos aún un acto de justicia, como lo presentó Obama en su mensaje.

Por el contrario, parece acercarse más a una medida dirigida a mostrar el poderío de la nación en un tiempo de debilidad y crisis; de efectividad de estrategias (en el mismo momento en que se difunden datos sobre el campo de concentración de Guantánamo); y del firme pulso del propio Barack Obama, cuando comienza la carrera por la reelección presidencial.

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