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La larga sombra de Lula (16 10 11)

La larga sombra de Lula

El libro “Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula” analiza la influencia del ex presidente como transformador de la realidad política y social de su país.

Por Nelson Gustavo Specchia

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Brasil ha logrado una posición relativa de incidencia internacional que no deja de sorprender en el análisis global. La apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por primera vez en la historia del máximo órga­no multilateral a cargo de una mujer, 
con el discurso de la presidenta Dil­ma Rousseff, viene a expresar esa posi­ción de preeminencia en el concierto mundial.

Ese nuevo estatus del gigante suda­mericano tiene una marca de fábrica: las transformaciones diseñadas por Luiz Inácio Lula da Silva.

La experiencia política de Lula, y su impronta personal en la transformación brasilera, constituyen un evento sui generis para la historia y los modos políticos de América latina. Desde la revolucionaria llegada al poder de un obrero metalúrgico apenas alfabetizado; pasando por la reconversión del movimiento gremial del Partido de los Trabajadores en oficialismo de masas; hasta las reformas estructurales que consiguieron sacar de la miseria a 28 millones de personas, ampliar la clase media con 36 millones de nuevos miembros, y extender el mercado de trabajo con la creación de más de 15 millones de nuevos puestos laborales, fueron elementos constitutivos de una metodología novedosa, arriesgada y tremendamente eficaz.

Presencia global. En simultáneo, esa acción desarrollista y distributiva en el ámbito interno, se acompañaba con una presencia cada vez más importante en el ámbito internacional.

El protagonismo del Bric (con Rusia, India y China); el Ibsa (con India y Sudáfrica); el relanzamiento del Mercosur a partir de una nueva relación con Néstor Kirchner, con quien también ideó la Unasur; la incidencia en el G-20; el nuevo marco de las relaciones Sur-Sur; o las intenciones mediadoras junto al turco Recep Tayyip Erdogan ante al contencioso nuclear iraní de Mahmud Ahmadinejad, mostraron las intenciones de Lula de colocar a Brasil entre quienes tienen la capacidad y la responsabilidad de intervenir activamente en las nuevas concepciones del regionalismo abierto y del derecho internacional humanitario de nuestra generación.

Estas dimensiones, en un conjunto variado de temas, integran el libro Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después de Lula , que la Editorial de la Universidad Católica de Córdoba (Educc) acaba de sacar a las librerías de la ciudad esta semana.

En los ensayos que integran el volumen, producto de las investigaciones del Observatorio de la Sociedad Internacional (Ovasi) que dirigimos en la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, intentamos dar cuenta de los condicionantes que hubieron de modificarse para permitir la llegada de Lula a la cúspide del poder en Brasilia; de las maneras en que fue armando –y ensayando– una estrategia de cambio que mantuviera los consensos, provocaran auténticas modificaciones en la arquitectura social, pero no desequilibrara el juego institucional y representativo.

Árbitro regional. Asimismo, intentamos alguna proyección de esa experiencia tanto en el ámbito regional latinoamericano como 
en el propio futuro del líder brasileño. Porque la relevancia de Brasil no estará limitada, en América latina, al papel de locomotora económica del Mercosur, como muchos suponen.

Como quedó evidenciado en la reu­nión cumbre de Bariloche, convocada por Cristina Fernández para poner paños fríos a la cuestionada iniciativa colombiana de facilitar el uso exclusivo de sus bases militares a Estados Unidos; o en la intervención ante las regiones separatistas del Beni boliviano, Brasil asume progresivamente el rol de árbitro regional.

Un árbitro pacífico, claro. Pero no por ello Lula dejó de adquirir el mayor poder de armamento provisto a sus fuerzas militares desde la Segunda Guerra Mundial. Armas, helicópteros, aviones de última generación y hasta submarinos nucleares, porque una potencia política y económica está obligada a respaldar con capacidad disuasoria sus intenciones de liderazgo y de arbitraje regional.

Dedicamos también algunos capítulos de nuestro libro a la proyección de la persona del propio Lula, porque el ex presidente ha tenido demasiado cuidado al elegir la ubicación desde la que vive este nuevo período: ni en el primer plano, que obstaculizaría el normal desempeño del ejecutivo de “Dilminha”, su discípula y heredera; pero tampoco en el ostracismo.

Está ahí. Lula está ahí, rondando. No aparecen fotos suyas en las portadas de los diarios, pero es consultado tanto por los funcionarios superiores del gobierno como por los líderes del Partido de los Trabajadores.

A Dilma Rousseff no le tiembla el pulso para echar a “lulistas” importantes de su gobierno, como los ya ex ministros Antonio Palocci, por pre­sunto enriquecimiento ilícito; Alfredo Nascimento, por corrupción; y hasta al mismísimo Nelson Jobin, por contradecirla en público. Los tres, dirigentes del riñón de Lula.

Pero la independencia de criterio de la presidenta respecto de su mentor no parece ser un obstáculo para que la presencia de Lula siga allí, plenamente vigente, mostrando su capacidad y predisposición para volver al centro de la escena en cualquier momento.

No creo que falte mucho tiempo antes de que volvamos a escuchar análisis sobre una eventual nueva candidatura presidencial de Luiz Inácio da Silva, ese Midas que logró convertir en popularidad casi todo lo que tocaba.

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* Profesor Titular de Política Internacional, Universidad Católica de Córdoba.

El libro

Desde abajo. Construcciones y discusiones en Brasil después
de Lula.

Nelson Gustavo Specchia (Ed.), et. al.
278 páginas.
Editorial de la Universidad Católica de Córdoba – Educc
Córdoba
2011.

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en Twitter:   @nspecchia

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Compás de espera para Bolivia (10 04 10)

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Compás de espera para Bolivia

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por Nelson Gustavo Specchia

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La carrera de victorias electorales que viene protagonizando el líder aymara Evo Morales en Bolivia ha vivido un hecho inédito este domingo, con la celebración de los comicios regionales que, para todos los pronósticos, le vendrían a otorgar la ratificación mayoritaria en todas las instancias. Y desde esta posición de poder hegemónico, el presidente boliviano encararía la ejecución de uno de los núcleos de su proyecto revolucionario, la descentralización regional y las autonomías indígenas, un conjunto normativo que implicaría la más profunda reordenación de política territorial desde el nacimiento de Bolivia a la vida independiente.

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Sin embargo, las elecciones no dejan un resultado tajante. Soportan lecturas múltiples, y según sea la fuente a la que uno se remita, pueden presentarse como una victoria más –pero relativa- del gobierno, o como la primera y seria derrota en la carrera hasta ahora invicta de Evo hacia el poder. La prensa boliviana –que casi sin excepciones mantiene un nivel de confrontación con el gobierno- insiste en la perspectiva de la derrota de fondo, aunque los números finales (que recién se conocerán el próximo 29 de abril) sean favorables al Movimiento al Socialismo (MAS), la amalgama de partidos y organizaciones sociales que se aglutinan en torno a la figura de Evo Morales. Desde el Palacio del Quemado, por el contrario, el presidente y los voceros de su entorno afirman que el evento electoral del domingo afianza al Ejecutivo, amplía la base territorial de apoyo, y permite el avance en la aprobación de leyes claves para la reordenación del Estado Plurinacional, la gran novedad fundada por Evo sobre el “viejo país liberal”.

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En realidad, nos parece que las hay de cal y las hay de arena, y se impone un análisis mesurado acerca de los resultados numéricos de la elección, pero también de los modos políticos y personales de la conducción de Morales al frente del MAS; de las estrategias que han sostenido la campaña del gobierno en estas elecciones; de las diversas llegadas del discurso transformador de Evo según los destinatarios sean pobladores de las zonas rurales –altiplánicas e indígenas-, criollos del oriente rico, o capas medias urbanas; y de los tiempos y velocidades en que el programa reformador del líder aymara puede ser asumido por esta diversidad de colectivos sociales.

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Una sucesión de victorias urgentes

La sorpresa y la radical novedad de la figura de Evo arranca en las elecciones presidenciales de diciembre de 2005, cuando obtiene un impensado 53 por ciento del voto nacional, y se ha replicado –a razón de una victoria por año- en cinco oportunidades más. Sobresalen en esta veloz carrera la aceptación popular, con un 60 por ciento, de la nueva Constitución, que refunda el Estado sobre la base del reconocimiento a las diversas naciones indígenas presentes en su suelo, en enero de 2008; y en base a ella, la elección de Evo como primer mandatario de esa nueva formación política –con un récord histórico del 64,2 por ciento- en diciembre de 2009.

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El 21 de enero de este año, en el Tiahuanaco, rodeado de sacerdotes aymaras, Evo Morales se visitó con una túnica blanca de pelo de llama; los amautas elevaron oraciones a los dioses Viracocha y Pachamama, se sacrificaron animales, se realizaron predicciones astronómicas, y se le entregaron al líder dos bastones (un masculino cóndor y un puma femenino) que lo convierten en protector espiritual y guía de los indígenas. La ceremonia escenificó una continuidad ancestral: Evo es el indio en el poder que sucede a Atahualpa, la estirpe incaica se reinstala Y al mismo tiempo implican la mayor ruptura: las reformas de Evo son una revolución implantada respetando los principios y las formas democráticas.

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Pero para que tamaña reforma sea factible en un entorno democrático, el líder debe contar con unas mayorías holgadas en todas las instancias: los cuerpos colegiados del legislativo nacional, las gobernaciones regionales, y el control de las grandes ciudades. Ese era el objetivo de Evo para este domingo, tras aquel récord del 64,2 %, propuso ganar las elecciones llegando al 70 por ciento. Pero los bolivianos no lo han acompañado en este salto, y le impondrán un compás de espera en esta carrera casi meteórica.

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Menos concentración, más equilibrio

Los resultados del domingo muestran cierta restauración del equilibrio, con una contestación a las pretensiones hegemónicas del MAS, no sólo en las tradicionales regiones opositoras del oriente, sino en territorios propios y en las grandes ciudades que concentran la población urbana. Más allá de las lecturas oficiales y del crecimiento territorial, el apoyo neto al partido del gobierno puede haber decrecido en un 20 por ciento respecto de 2009.

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El oficialismo finalmente controlará seis regiones (la gobernaciones de La Paz, Cochabamba, Chuquisaca, Oruro, Potosí y Pando) y tres grandes municipios urbanos (El Alto, Cobija y Cochabamba). Pero el MAS perdió el control de municipios considerados bastiones estratégicos, como la ciudad de La Paz y Oruro, y los municipios rurales de Achacachi y Llallagua.

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En diciembre pasado, la gobernación de La Paz apoyó al oficialismo con un 84%, y este domingo bajó al 47%, y perdió la ciudad que es sede del gobierno a manos de su ex aliado, Luis Revilla, del Movimiento sin Miedo (MSM), una agrupación de izquierda desgajada del MAS. En 2009 la ciudad había apoyado al presidente Morales con un 63 por ciento.

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En la gran concentración urbana de El Alto ganó el MAS, pero del 87% del año pasado cayó al 39% (y la oposición de Unidad Nacional quedó sólo a 9 puntos). En Oruro, el otro gran reducto electoral del MAS, el oficialismo ganó la gobernación, pero perdió la ciudad (desde el 71% que tuvo el año pasado, bajó al 34%, también se la arrebató el Movimiento sin Miedo).

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Finalmente, Evo no pudo quitarle a la oposición el control de las zonas de la media luna fértil del oriente boliviano, Santa Cruz, Tarija, y Beni seguirán en manos opositoras, aunque el partido del presidente sigue ampliando en estas zonas su base electoral. Para el reelecto gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, los resultados del domingo expresan un renacimiento de la media luna, y promete seguir dando batalla al proyecto de Evo, una mano extendida, dijo, no debe entenderse como una mano rendida.

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El presidente, en todo caso, propone otra lectura, la suya propia. Dice que no se puede comparar una elección municipal y regional, con una elección nacional (como las que él viene ganando hace cinco años) donde se definen políticas de Estado, estrategias globales y metas económicas. Evo dice que de tener 101 alcaldías (municipios), el MAS controla desde el domingo 220 alcaldías, que significan dos tercios del total, y también gobierna en dos tercios de las provincias, y tiene a su disposición dos tercios de la Asamblea Legislativa. Y está seguro que con estos porcentajes, la posibilidad de seguir adelante con su proyecto de reforma está asegurada.

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Bajar un cambio

Y puede que su lectura esté acertada, pensamos. Pero es indiscutible que las urnas, en un entorno democrático real, están encendiendo una luz de advertencia, posiblemente no en cuanto a la dirección de las reformas, pero sí en cuanto a la velocidad de su desarrollo y aplicación. No basta con refundar el Estado por ley, los cambios deben ser interiorizados por los diversos colectivos sociales. Y parece claro que el Movimiento al Socialismo, y la propia figura del presidente, siguen firmes en los sectores rurales indígenas, pero no han conseguido conquistar el apoyo de los sectores criollos, asentados en las grandes ciudades bolivianas. Siete de las diez principales ciudades serán gobernadas por la oposición, y entre ellas las emblemáticas Sucre –capital del país-, y La Paz –sede del gobierno nacional-.

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Las elecciones proponen ejecutar un compás de espera. El mapa electoral se mantiene casi como antes, y antes reflejaba un país peligrosamente dividido. Ese sigue siendo el mayor desafío de la experiencia política encabezada por Evo Morales. Y quizás para enfrentar ese desafío deba plantearse seguir creciendo, pero a otra velocidad.

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[ en Hoy Día Córdoba, suplemento Magazine, viernes 9 de abril de 2010 ]

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nelson.specchia@gmail.com

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Evo se afianza tras las elecciones bolivianas (06 04 10)

EVO MORALES RATIFICA EN LAS URNAS EL PROYECTO DE CAMBIO EN BOLIVIA

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Se consolida la presencia del Movimiento al Socialismo a nivel nacional

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Con los primeros datos provisionales, el Movimiento al Socialismo (MAS) del presidente Evo Morales habría conseguido el control sobre las suficientes provincias y alcaldías que le permitirán al líder aymara afianzar su proyecto de transformación nacional.

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Al momento de votar el domingo en El Chapare, Evo Morales subrayó que Bolivia “deja atrás la democracia pactada, y por primera vez todas las autoridades van a ser elegidas con el voto del pueblo, en un Estado plurinacional con autonomías”, y definió como “históricas” estas elecciones.

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Los resultados del escrutinio serán entregados por la Corte Nacional Electoral (CNE) en la última semana de abril, por lo que es necesario atender a las proyecciones y a las encuestas de boca de urna. Con un ausentismo calculado en el orden del 14%, de las 9 provincias en que se divide Bolivia el partido del presidente Morales habría conseguido ganar en seis, y la oposición habría retenido tres.

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Santa Cruz y el Beni, gobernaciones de la media luna fértil y férreas contrincantes del gobierno de Evo desde 1996, seguirán en manos de la oposición; y Tarija, en el sur. Mientras que el MAS obtiene el gobierno de las provincias del centro y del Altiplano: La Paz, Cochabamba, Oruro, Potosí, y Chuquisaca; y le arranca el control de Pando –en la media luna fértil- a la oposición.

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Y tan importante como estas gobernaciones, el MAS obtuvo la victoria en cerca de 200 alcaldías (intendencias), que fue uno de los logros destacados por el presidente Morales: “Estamos avanzando, porque después de las elecciones municipales de 2004 no teníamos ninguna alcaldía de las diez principales de Bolivia, y en las elecciones prefecturales de 2005 ganamos en Oruro, Potosí y Chuquisaca. Ahora tenemos seis (provincias) y casi 200 alcaldías. El MAS se convierte en el partido más grande de toda la historia de Bolivia desde 1825”, agregó.

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Los socialistas obtuvieron la gobernación de La Paz, donde el candidato César Cocarico ganó por cerca del 50% de los votos, pero no pudo obtener la alcaldía de la ciudad capital, que queda en manos opositoras.

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En las gobernaciones del oeste, tradicionales feudos electorales de Evo, se impuso en Oruro con el 56%, y en Potosí con el 62% de los votos. Por su parte, en Cochabamba (donde en 2005 había ganado el derechista Manfred Reyes Villa) se impuso el MAS con Edmundo Novillo, con un 62%.

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En Chuquisaca, el socialista Esteban Urquizu logró un 49%. La oposición, por su parte, obtuvo un 51% en Santa Cruz, con la candidatura de Rubén Costas, 20 puntos por encima del candidato del MAS. Sin tanta diferencia, en Beni el opositor Ernesto Suárez obtuvo un 42% (Jessica Jordan, del Movimiento al socialismo, cosechó 39%, lo que implica un crecimiento importante en una zona donde el partido del gobierno nunca había superado el 10%).

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Evo Morales, en todo caso, ha ubicado a su partido en el primer o segundo lugar en el 95 por ciernto de municipios y gobernaciones, lo que ratifica su poder de convocatoria, y consolida la presencia de su formación política sobre el terreno, para secundar las iniciativas de transformación impulsadas desde el gobierno central.

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nelson.specchia@gmail.com

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