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¿Usaría Khaddafi armas químicas contra los rebeldes? (09 09 11)

Temor por las reservas de armas químicas de Khaddafi

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Después de las especulaciones sobre la huida de Muhammar el Khaddafi en el convoy militar que escapó hacia Níger, el autócrata difundió un mensaje a través del canal sirio Al Rai.

En la grabación, Khaddafi sostiene que no ha abandonado “el territorio de sus ancestros”, y convoca a la resistencia contra los insurgentes, a quienes no ahorra calificativos: “un puñado de mercenarios, matones y traidores”, además de “gérmenes, ratas y cerdos”. A pesar del tono combativo, no pudo establecerse que el mensaje provenga de dentro o fuera del territorio libio, por lo que el paradero del desplazado mandatario sigue siendo una incógnita.

Aunque según Khaddafi las noticias que afirman que los rebeldes controlan la situación sólo forma parte de una “guerra psicológica”, los reductos que siguen siendo leales al coronel se encuentran cada vez más cercados por las tropas irregulares que responden al gobierno provisorio del Consejo Nacional de Transición (CNT), en los alrededores de Sirte, en la costa mediterránea, y en el oasis sureño de Ben Wali.

Las negociaciones con los líderes tribales no parecen estar progresando, y los rebeldes se aprestan a atacar el próximo fin de semana, cuando venza el ultimatum para entregar ambas ciudades en forma incruenta.

En la víspera se conoció que el dictador envió, el pasado mes de julio, máscaras y trajes de protección contra agresiones químicas a miembros de su tribu, los khaddafa, en Sirte.

Aunque el gas mostaza está prohibido por las convenciones internacionales, Khaddafi ordenó en su momento la producción a gran escala de este arma química, y se calcula que hay acumulados más de diez toneladas de gas mostaza y gas sarín en reductos secretos.

La posibilidad de que los leales a Khaddafi puedan hacer uso de este armamento contra las tropas insurgentes ha aumentado la preocupación mundial.

Luis Moreno Ocampo, fiscal de. Tribunal Penal Internacional (TPI), solicitó a Interpol que lance una “circular roja” para detener al ex dictador por delitos contra la humanidad.

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Khaddafi: de rey de reyes a vecino incómodo (08 09 11)

El conflicto de Libia contamina a los países del oeste africano

Los Estados vecinos fluctúan entre el apoyo a Khaddafi y la legalidad internacional  

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La huida de la alta oficialidad khaddafista a través del desierto ha trasladado una parte de la atención global a los países del oeste de África.

La incógnita, ahora, pasa por si el coronel Muhammar el Khaddafi se unirá a los mandos de su depuesto régimen, que salieron por la frontera sudoeste del desierto libio, por pasos argelinos rumbo a Níger y a Burkina Faso.

Pero las versiones se suceden, generando trascendidos que sólo opacan más el conflictivo escenario. Lo extenso de la formación militar –entre 150 y 200 vehículos artillados- y la integración del convoy –oficiales superiores y miembros de la guardia personal del ex dictador- hacen suponer que podría haber sido el respaldo para proteger la salida de Muhammar el Khaddafi.

El ex mandatario ha repetido que permanecerá en territorio libio, pero el curso de la guerra y el avance rebelde le han dejado muy pocos sitios donde guarecerse.

Sin embargo, el Departamento de Estado norteamericano descartó la posibilidad de que el coronel haya integrado el convoy.

Aunque los vuelos de la Alianza Atlántica (OTAN), que patrullan constantemente las escasas e identificables carreteras que cruzan el desierto libio, no atacaron la caravana, tan numerosa que no podrían no haber detectado.

Por último, la dirigencia insurgente del Consejo Nacional de Transición (CNT) afirmó al comienzo de esta semana saber fehacientemente dónde se oculta el depuesto mandatario, pero no ha tomado ninguna iniciativa militar para apresarlo.

En el plano regional, a su vez, la situación se complica cada vez más para los vecinos, muchos de ellos acreedores de la “cooperación africana” con que Khaddafi financiaba a las castas dirigentes en el pasado.

Argelia recibió a la esposa del ex dictador y a algunos de sus hijos, aunque el presidente Abdelaziz Bouteflika aclaró que sólo lo permitió por “motivos humanitarios y por la tradición de hospedaje del desierto”, que no aplicaría a la persona de Muhammar el Khaddafi si la solicitara. Pero su Ejército no detuvo al convoy de oficiales huidos que habría cruzado por pasos fronterizos argelinos.

Los soldados de Níger fueron más allá, y escoltaron a la caravana cuando esta penetró en su territorio, hasta la ciudad de Agadez.

Y Burkina Faso, uno de los países más pobres del mundo, no rechazaría al convoy, donde se supone que también viajan varias toneladas de oro, aunque esa hospitalidad le traiga nuevos problemas a niveles multilaterales.

Vecino incómodo

A partir de la toma de Trípoli y del reconocimiento internacional, en la Cumbre de París, al gobierno interino del Consejo Nacional de Transición (CNT), el coronel Muhammar el Khaddafi se ha convertido en un fugitivo con pedido de búsqueda y captura del Tribunal Penal Internacional (TPI).

Todos los países del Norte de África son miembros del TPI, o sea que las resoluciones de éste los obligan con fuerza de ley.

Argelia, el único de los vecinos que no ha reconocido al CNT aún, afirmó que capturará a Khaddafi y lo entregará al fiscal Moreno Ocampo, del TPI, en el caso que aparezca por su territorio. Pero recibió a una parte de su familia y la ha alojado en palacios a cargo del Estado.

En el paupérrimo Níger (ocupa el puesto 167 del índice de desarrollo humano, sobre 193), los petrodólares libios fueron la única fuente de financiamiento externo de las últimas dos décadas.

Y en Burkina Faso (casi igual de pobre, ocupa el puesto 161) la poca infraestructura que existe se construyó con “donaciones” de Libia.

Esas remesas de dádiva le aseguraron al coronel simpatías y seguidores en ambos países, quizás los últimos que le quedan.

N. G. S.

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Libia en la primavera árabe

Libia en la primavera árabe

por Nelson Gustavo Specchia

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Muhammar el Khaddafi ha sido destronado. Pero no ha caído. En alguna penumbra tribal, en algún túnel alfombrado, se oculta y espera, manteniendo el vilo que durante casi medio siglo convirtió en política. Pero la historia y las generaciones no pasan, indiferentes, sin dejar rastro en la memoria colectiva, y Khaddafi no podrá volver a usufructuar la satrapía petrolera en que convirtió a Libia. Afortunadamente.

Y escribo este “afortunadamente” después de la primera afirmación, con toda intencionalidad. Porque desde que comenzó el alzamiento popular, en febrero de este año, he venido defendiendo la posición de que la sociedad internacional debía involucrarse activamente en el apoyo a los insurgentes, y hacer cuanto estuviera al alcance de los medios de poder y de derecho que hemos llegado a darnos en nuestra generación, para colaborar en la caída del tirano. También lo dije –desde temprano, antes de que la guerra estuviera definida- desde esta columna; (ver “Un león en apuros”, del 18-02-11, donde anticipábamos: “La revuelta que mueve todo el mundo árabe no hará una excepción con el desierto de Khaddafi.”) Esa postura me ha acarreado múltiples críticas, de colegas, de amigos, de lectores. Y ahora que el khaddafismo está terminado, creo que merece la pena remarcar algunos fundamentos de ese análisis que me llevó a apoyar la intervención en Libia, en contra de la opinión de un sector importante de intelectuales.

LECTURAS ANTI IMPERIALISTAS

Los argumentos de las posiciones que denuncian el rol de terceros Estados en apoyo de los insurgentes rebeldes y contra Muhammar el Khaddafi, reconocen un tronco común: el sentir anti imperialista. Es una lectura lineal y casi maniquea: si está la OTAN, es porque está el capitalismo occidental. Las Naciones Unidas serían sólo la justificación diplomática de la política exterior de la potencia hegemónica, y la OTAN el ropaje adecentado de los marines norteamericanos; en conjunto, serían la nueva expresión del viejo imperialismo. Y por otro lado: Khaddafi fue un joven militar que derribó a una monarquía colonial, que abrazó el panarabismo y el socialismo; su “Libro Verde” fue una de las biblias laicas del tercer mundo; fundó la Revolución Jamahiriya (de masas, informal y anti institucional); le plantó cara a Occidente y a las multinacionales; apoyó los movimientos de liberación; y ni siquiera los bombardeos de Ronald Reagan lograron moverle el pulso. Palabras más, palabras menos, y aunque aquí –por motivos didácticos- las presente en bruto y sin matices, esas son las consideraciones que llevan a buena parte de los pensadores, de aquí y de afuera, a censurar la participación internacional en el conflicto social libio. Un razonamiento, claro está, que termina empujándolos a tomar postura por el régimen recientemente desplazado y, en última instancia, por la persona del propio coronel.

Aún agregándole todos los matices del caso, esta forma de razonar ya es hoy indefendible, tanto desde la teoría política, de la historia contemporánea, como desde los resultados objetivos de los programas de Khaddafi. Nadie discutiría que la OTAN, en el contexto de un escenario bipolar, fue el brazo armado con que uno de los polos enfrentó –en táctica y en estrategia- al Pacto de Varsovia. Pero el Muro de Berlín cayó hace más de dos décadas; los condicionantes de la guerra fría han desaparecido; y el mundo, en su conjunto, se ha complejizado sobremanera. Seguir aplicando las categorías de análisis que tuvieron vigencia desde la segunda Guerra Mundial hasta la disolución de la Unión Soviética, deja en la boca un regusto a cosa rancia, a no haber advertido que la creciente complejidad también hizo posible que los colectivos sociales tomaran contacto con esas “otredades”, esas realidades diferentes y lejanas, que antes quedaban enclaustradas dentro del dibujo artificial de las fronteras, y ahora se acercan –a la velocidad de los megabytes de la sociedad de la información- al comedor de cualquier casa. Y que decidan tomar partido por ellas.

Cambio de paradigmas interpretativos que también distorsionan la mirada de los afectos y de las lealtades. Porque muchos de los que reniegan de la intervención de las fuerzas occidentales en el conflicto libio, sienten que el viejo coronel –más allá de sus excentricidades en la ropa, los uniformes entorchados, los lentes de colores y las guardaespaldas vírgenes- es uno de los últimos luchadores que siguen resistiendo el ímpetu homogeneizante e invasor del capitalismo occidental. Incluso esta mirada de antigua progresía, si no fuera porque induce a errores garrafales, sería querible y tierna en su visión naïf de la política internacional.

Pero el león de Libia no tiene un pelo de su abundante cabellera de naïf, revolucionario romántico o ferviente anticapitalista. Khaddafi ha sido un sanguinario tirano que utilizó el poder para sojuzgar a siete millones de personas durante cuatro décadas, convirtió un Estado (Libia nunca fue una nación) en una satrapía personal y familiar, y con los dividendos de la exportación de hidrocarburos generó una pequeña élite, vinculada directamente a su persona, que abusó de esos recursos de una manera patrimonialista, sin ningún tipo de límites sobre vidas y haciendas de sus congéneres.

“ES EL PETRÓLEO, ESTÚPIDO”

Así, desde estas lecturas se ha intentado explicar toda la operación internacional en Libia con el argumento del petróleo. La OTAN sería la avanzada de los países occidentales, que van a quedarse con el petróleo del subsuelo de los desiertos de la Tripolitania y la Cirenaica. He argumentado, contra eso, que el petróleo –su búsqueda, extracción, almacenamiento, transporte y exportación- ya estaba en manos de compañías extranjeras antes del levantamiento insurgente. Compañías a las que Khaddafi les aseguraba, con contratos que sólo se aprobaban por su mano, previsibilidad y máxima seguridad. Como sólo una tiranía puede ofrecer a sus socios selectos, y como jamás podrá ofrecer ningún sistema político democrático, cualquiera sea, que surja de la actual revolución libia.

¿Por qué, en todo caso, obviar burdamente otros elementos y razones, que impactan con fuerza en la conciencia colectiva de nuestro tiempo, y que las sociedades civiles toman para presionar a sus respectivos gobiernos? Khaddafi no terminó siendo el heredero de Gamal Abdel Nasser y su socialismo panarabista como pretendía, más que en sus discursos. En la práctica, fue el banquero de más de medio centenar de grupúsculos terroristas en todo el mundo; cuando se le dio por pagar atentados aeronáuticos, tiró un avión cargado de pasajeros sobre Lockerbie, y otro –el vuelo UTA 772- en el Sahara; jugó a la guerra invadiendo Chad, adquiriendo armas de destrucción masiva (ADM), fabricando gas mostaza y atentando contra Faisal en Arabia Saudita, Hassan en Marruecos, y hasta contra Anwar el Sadat en Egipto, “culpable” de la paz con los israelíes; violó cualquier soberanía nacional para asesinar disidentes en el extranjero; puso precio (llegó a pagar hasta un millón de dólares) a las cabezas de sus enemigos huidos de Libia, mientras recibía en sus palacios a los terroristas más renombrados, como Abu Nidal. Y un currículum político tan frondoso y tan impropio de un líder libertario, es aún más vergonzante cuando se intentan reseñar los atropellos contra su propio pueblo. Desde la limpieza étnica de los bereberes; al estado paranoico establecido cuando convirtió a uno de cada cinco libios en informantes del gobierno; al morbo de la sangre cuando dirigía personalmente las ejecuciones de opositores (retrasmitidas en directo por la televisión oficial), la amputación de extremidades, las mil y una forma de persecución y acoso a cualquier minoría o disidencia.

“RESPONSABILIDAD DE PROTEGER”

Y de pronto, cuando una porción de esa sociedad sojuzgada, jugándose la piel se alza contra el tirano, ¿qué debía hacer la comunidad internacional? ¿Quedarse de brazos cruzados mientras observaba cómo el régimen reprimía a los civiles, amparado en los principios de soberanía nacional y de no injerencia de terceros en los asuntos internos de un país? No. Debía intervenir. Y es deber de un demócrata apoyar esa intervención. El derecho internacional humanitario ha avanzado, junto con los tiempos y las nuevas formas que adopta la estructura política mundial, tanto a nivel institucional como en el plano de la sociedad civil. El principio “responsabilidad de proteger”, uno de los basamentos de la decisión multilateral que dio pie a los bombardeos de la OTAN contra Khaddafi, es un avance en los deberes hacia los más débiles, sin importar dónde vivan.

Los más de cuarenta años de tiranía también vaciaron de instituciones y de instrumentos republicanos a Libia. Por eso la sociedad internacional, a través de las organizaciones multilaterales que ha logrado darse hasta nuestro tiempo, debe permanecer allí, ayudando a la reconstrucción del país. Los libios se merecen una oportunidad de construir una sociedad en libertad; asegurar esa oportunidad no está en sus manos, sino en las nuestras.

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Soldado de huye… (07 09 11)

El derrotado ejército libio cruza el desierto y huye hacia Níger

Burkina Faso ofrece asilo a la familia del coronel Muhammar el Khaddafi

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Después que se difundiera el arribo de la esposa del ex dictador libio Muhammar el Khaddafi a la capital de Argelia, junto a tres de sus hijos, ayer se conoció la salida de una parte de la alta oficialidad del vencido ejército regular del régimen por la frontera sudoeste, rumbo a Níger.

Más de doscientos tanques y vehículos artillados, que en la avanzada rebelde sobre Trípoli se habían replegado hacia el Sur, acantonándose en la ciudad de Sabha y en Bani Walid, cruzaron ayer la frontera con Níger y fueron escoltados por tropas nigerianas hasta Agadez, ubicada en el mismo desierto que comparte con Libia.

La presencia de las tropas nigerianas revela el acuerdo alcanzado con los desplazados dirigentes khaddafistas, y puede implicar un corrimiento del escenario del conflicto, ya que tanto por la cantidad de militares como por el alto grado de conducción (oficiales en su mayoría, incluyendo al jefe de la guardia pretoriana del coronel, Mansur Dhao) podría ser el germen de un reagrupamiento del régimen en el extranjero, para acosar en el futuro al nuevo gobierno libio del Consejo Nacional de Transición (CNT).

Inclusive la fuente que reveló la información sobre la huída concertada de la oficialidad libia –un militar francés cuyo nombre no fue dado a conocer, pero cuya versión fue confirmada por un portavoz nigeriano- aseguró que el mismo Muhammar el Khaddafi utilizará la misma vía para salir del territorio libio, y cruzará Níger rumbo a Burkina Faso, el Estado africano que explícitamente ha ofrecido asilo al ex dictador y a su entorno familiar.

El hijo del ex mandatario, y en su momento heredero del Poder Ejecutivo, Saif el Islam, se uniría al convoy militar, aunque en este caso no se sabe si para compartir el exilio con su padre o para ponerse a la cabeza de la reagrupación de leales en el extranjero.

Fuentes de los rebeldes del CNT agregaron que, junto a los vehículos militares, el convoy de los huidos también llevaba oro y dinero, aparentemente extraído de una sucursal del Banco Central de Libia en Sirte, la ciudad natal del derrocado líder que aún resiste el embate de las tropas insurgentes.

El puerto mediterráneo de Sirte, donde es mayoritaria la tribu de los khaddafa, junto a los oasis sureños de Sabha y Bani Walid, y las poblaciones de los alrededores de Jufra, son los últimos bastiones que resisten, y los mandos de la Alianza Atlántica (OTAN) sostienen que el ex mandatario sigue teniendo capacidad de mando sobre estas poblaciones.

El portavoz de la OTAN en Libia, el coronel canadiense Roland Lavoie, sostuvo ayer que Khaddafi “sigue dando órdenes a los militares que le quedan”. Y aunque aclaró que es “imposible revertir” la victoria rebelde, sostuvo que la intervención de la Alianza es necesario mientras el ex dictador sea una amenaza para el nuevo régimen insurgente.

Sufrimiento civil

A las 50.000 muertes de civiles que las fuentes del caído régimen  adjudicaron a la toma de la capital por los rebeldes, se sumaron las ejecuciones de venganza contra los afines al coronel.

La Unión Africana denunció el asesinato en masa de inmigrantes africanos negros, confundidos con los mercenarios que el ejército regular contrataba en los países subsaharianos.

La presión internacional logró que el nuevo gobierno de transición del CNT impusiera un poco de orden y llamara a la concordia, pero las denuncias sobre asesinatos y desapariciones en Trípoli siguen a la orden del día.

Ahora, además, se suma el temor por las matanzas masivas de civiles en Bani Walid: su población es utilizada como “escudo humano” por parte de los khaddafistas atrincherados en el oasis sureño.

También en el otro reducto del Sur, en Sabha, la población civil es la primera carne de cañón. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) exhortó ayer a proteger a más de 1.200 inmigrantes atrapados en Sabha, en su mayoría de Chad, Níger y Nigeria, de piel negra, que pueden ser fusilados como presuntos mercenarios.

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Libia: Sitiar y esperar, la nueva estrategia rebelde (05 09 11)

La guerra libia se concentra en Sirte y los reductos del Sur

Los rebeldes sitian al puerto mediterráneo y Bani Walid. Negocian la rendición

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El alto mando de los insurgentes libios ha conseguido disciplinar a las tropas irregulares, y frenar los desmanes contra los seguidores del coronel Muhammar el Khaddafi que se sucedieron tras las primeras horas de la toma de la capital.

La presión internacional sobre el gobierno interino del Consejo Nacional de Transición (CNT), que obtuvo un fuerte respaldo internacional en París la semana pasada, parece haber sido determinante en detener un baño de sangre, con fusilamientos y matanzas a los simpatizantes del desplazado régimen autocrático.

La Unión Africana (UA) había denunciado que las acciones de revancha de los milicianos rebeldes se dirigían hacia cualquier africano negro, porque una parte del ejército khaddafista estuvo integrado por mercenarios contratados en los países subsaharianos.

Pero también de estas regiones provienen grupos enteros de emigrantes económicos, que en la confusión de la toma de Trípoli han sido objeto de violencia por parte de rebeldes.

En un evidente cambio de actitud, las tropas insurgentes se han trasladado hacia las periferias de la ciudad portuaria de Sirte, en la costa mediterránea, y a la sureña población de Bani Walid.

En Sirte domina la tribu de los khaddafa y se supone que una parte importante de su población sigue siendo afín al ex dictador. Y en Bani Walid, una ciudad de 50.000 habitantes a 150 kilómetros al sudeste de Trípoli, es mayoritaria la tribu warfala, y se supone que dos hijos de Khadaffi –Saif al Islam y Mutasin- con grupos de seguidores y guardaespaldas se han refugiado en la ciudad.

En ambos casos, los delegados del CNT están intentando agotar las negociaciones con los jefes tribales locales, para evitar una toma militar directa, que conllevarían altos costos en vidas humanas, no solamente entre los combatientes, sino en los rehenes que los khaddafistas pueden tomar en Bani Walid para utilizarlos como escudos humanos.

Que el desplazado mandatario siga sin aparecer, y que mantenga una postura de enfrentamiento llamando a resistir, a la guerra santa, y a limpiar de “ratas, invasores y traidores” los territorios ocupados por la insurgencia, no facilita precisamente las negociaciones con los líderes tribales de las ciudades.

Ayer, el jefe del Estado Mayor del CNT, Abdul Hakim Beldhaj, declaró a la cadena Al Jazeera que ya se conoce el paradero de Khaddafi, pero que no se lo ha buscado porque también eso forma parte de las negociaciones en curso.

Por su parte, el ex portavoz del régimen, Musa Ibrahim, había informado a primera hora del domingo de que el coronel seguía en el país, “rodeado de gente preparada para protegerle”.

Trapos sucios

La precipitada salida del ex dictador libio de sus palacios no ha dejado al descubierto solamente las pruebas de los lujos y derroches de la élite dirigente.

También comienzan a aparecer documentos comprometedores, que arrojan luz sobre los métodos y la trama de relaciones urdidas por Khaddafi para mantener la dictadura.

Voluntarios de Human Rights Watch (HRW), una ONG que colabora con los rebeldes, afirmaron haber encontrado en Bab al Aziziya, el complejo oficial desde donde el coronel gobernó Libia, documentos probatorios de la asistencia de las agencias de inteligencia estadounidense y británica –la CIA y el MI6- al régimen autocrático, para reprimir a disidentes y opositores internos.

La relación parece haber sido especialmente intensa en el período 2002-2004, pero los británicos también habrían ayudado al dictador a encontrar opositores exiliados en territorio inglés.

Los documentos se habrían hallado en la oficina del ex jefe de la Inteligencia libia, Musa Kusa, y podrían complicar la actual alianza entre el nuevo gobierno del CNT con norteamericanos y británicos.

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“Y que arda Libia (02 09 11)

Khaddafi amenaza con una larga guerra de guerrillas en Libia

La Cumbre de París formaliza el reconocimiento al gobierno de los insurgentes

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Cerca de los mismos salones donde el presidente francés, Nicolás Sarkozy, anunciaba hace medio año el comienzo de la intervención militar contra Muhammar el Khaddafi, ayer se reunió la Cumbre de jefes de Estado y de cancilleres, que formalizó el reconocimiento internacional al nuevo gobierno libio y terminó de enterrar al régimen que rigió en Trípoli durante 42 años.

Sin embargo, el ex dictador volvió a lanzar un mensaje de resistencia, mediante una alocución grabada y trasmitida por un canal de televisión sirio.

En el nuevo mensaje, el coronel anuncia que la guerra no ha terminado y que las tribus que le son leales están armadas. “No nos rendiremos, no somos mujeres”, se le escucha, antes de amenazar con que “la batalla será larga, y que arda Libia.”

Las palabras del ex mandatario pueden mover el escenario hacia una prolongada guerra de guerrillas contra el nuevo gobierno del Consejo Nacional de Transición (CNT), que necesita instalar la paz para restablecer los servicios mínimos –luz, agua, suministros, policía- que le darían legitimidad ante la sufrida población.

Por el contrario, de no encontrar estas condiciones en breve, el caos y los enfrentamientos sectarios pueden acabar con el nuevo gobierno del CNT aún antes de empezar.

En esa línea, los mandos rebeldes difundieron ayer que extenderán durante una semana más el ultimátum -que habían dado hasta el sábado- para la rendición de la ciudad de Sirte, población natal del ex dictador y donde se supone que pueden agruparse un porcentaje importante de sus seguidores.

Las tropas irregulares de los rebeldes han avanzado lentamente, desde Trípoli y desde Bengazi, y se encuentran apostadas a unos 100 kilómetros de la ciudad portuaria.

Uno de los portavoces del CNT, Mohammed Zawawi, sostuvo que la prórroga obedece a “dar tiempo para que progresen las negociaciones.” Los mandos insurgentes parecen querer evitar un baño de sangre, ya que un enfrentamiento directo provocaría una batalla mucho más cruenta que la propia toma de la capital.

A pesar de las declaraciones belicosas del ex dictador, el diario argelino El Watan difundió otra versión, al publicar en su edición de ayer que Muhammar el Khaddafi habría telefoneado al presidente Abdelaziz Buteflika, para negociar su exilio en Argelia. Buteflika, siempre en la versión del periódico, ni siquiera le habría atendido el teléfono.

En París, mientras tanto, los sesenta representantes de países acordaron que la OTAN no cerrará la operación en Libia hasta tanto Khaddafi no deje de ser una amenaza.

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Libia, modelo para armar (01 09 11)

Francia reúne la cumbre mundial para la reconstrucción de Libia

Los líderes rebeldes rechazan el despliegue de cascos azules de la ONU

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TRÍPOLI.- A pesar de que la batalla por la toma de Sirte –donde se concentra un porcentaje de población afín al depuesto dictador Muhammar el Khaddafi- se prevé complicada, y de que una porción del ejército regular que respondía al antiguo régimen ha huido a los desiertos del Sur del país y podría estarse reagrupando, el liderazgo insurgente rechazó ayer el posible despliegue de “cascos azules”, las fuerzas militares que dispone el consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para intervenir en aseguramiento de la paz.

El Consejo Nacional de Transición (CNT), que ha asumido las funciones de gobierno tras el derrocamiento de la dictadura y la toma de la capital libia, rechazó la posibilidad del “despliegue de cualquier fuerza militar extranjera”, afirmó en la víspera el enviado especial de la ONU en el país norafricano, Ian Martin.

Mientras las alternativas bélicas sobre el terreno siguen mostrando un horizonte sin definición clara –en especial porque el coronel Khaddafi sigue en paradero desconocido-, las gestiones de la diplomacia avanzan a un ritmo acelerado, y hoy se reunirán en París los delegados de sesenta países, convocados por el presidente francés Nicolas Sarkozy y el premier británico David Cameron, para aportar estrategias y recursos en la reconstrucción de Libia.

Frente a las versiones que señalaban que las primeras reuniones internacionales se concentrarían en la distribución de contratos entre las empresas occidentales, para hacerse cargo de la reconstrucción de infraestructuras y de servicios libios una vez reinstalada la paz, el presidente francés salió a decir ayer que la prioridad es política: la Cumbre de París se abocará a una agenda de coordinación de políticas exteriores de los Estados convocados, para apoyar un camino viable al nuevo gobierno de los rebeldes insurgentes, y “evitar errores como en Irak”, según se lee en un comunicado difundido en el mediodía de ayer por el Palacio del Elíseo.

Sarkozy fue uno de los líderes más involucrados en la intervención internacional para apoyar la insurgencia civil en Libia contra la dictadura de Muhammar el Khaddafi, y puso muchas reservas frente a la solicitud del presidente Barack Obama de delegar el control de las operaciones en el mando militar de la Alianza Atlántica (OTAN); ahora que ha quedado claro que la OTAN no continuará con operaciones sobre el terreno en la posguerra, Francia intenta recuperar el protagonismo mediante su diplomacia. La embajada francesa en Trípoli es la primera legación consular extranjera que ha reabierto sus puertas.

De esta manera, la conferencia que se inaugura hoy en la capital gala intentará unir a la comunidad internacional detrás de las nuevas autoridades libias y determinar los aportes económicos para la reconstrucción; y favorecer la reconciliación nacional, para lo cual Sarkozy propugna la inclusión de responsables moderados del khaddafismo en el gobierno de transición.

Una tierra yerma

Políticamente, Libia es una tierra vacía. Las cuatro décadas de la dictadura de Khaddafi vaciaron las débiles instituciones que habían quedado del período poscolonial, y también los lazos tribales primigenios.

No hay cultura republicana ni democrática. No hay órganos públicos ni partidos políticos. Tampoco ninguna maquinaria electoral ni tribunales de justicia independientes.

No hay legislación, ni hay funcionando ninguna instancia colegiada para crearla en un plazo breve.

La prensa que existía hasta ahora era mero apéndice de la casa de gobierno, y la sociedad civil recién comienza a emerger como colectivo social medianamente estructurado.

Ante este escenario interno tan yermo, la responsabilidad global y el derecho internacional humanitario se presentan como imperiosas necesidades.

Hay que evitar que el vacío institucional repita un modelo totalitario. O, aún peor, que abra el caos de enfrentamientos entre facciones (regionales, tribales o religiosas) como el que ha llevado a Irak y a Afganistán a acercarse a “Estados fallidos” tras las guerras internas.

No queda otra que apostar por la ONU y la Cumbre de París.

N. G. S.

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Negro petroleo, verdes billetes (30 08 11)

Comienzan las disputas por la reconstrucción Libia

El cerco sobre Sirte alarga la guerra y Khaddafi sigue en paradero desconocido   

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TRÍPOLI.- Algunos focos de entrentamientos entre insurgentes y leales al coronel Muhammar el Khaddafi se mantienen aún en la capital, y el cerco a la ciudad de Sirte –cuna de la tribu de los khaddafa y posible lugar de refugio del ex dictador- alarga la guerra en Libia.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), reunida en Qatar, sostuvo ayer que la campaña aérea debe continuar en apoyo a los rebeldes, porque la guerra no habrá terminado hasta que Khaddafi no entregue el poder.

Sin embargo, las empresas occidentales, especialmente las grandes firmas europeas, ya han comenzado a pujar por los contratos para la reconstrucción, que con seguridad serán financiados por los fondos emergentes de la exportación petrolera.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, uno de los líderes que pugnó con más énfasis insertar a su país en el conflicto libio en apoyo del Consejo Nacional de Transición (CNT) establecido en la mitad oriental de Libia, ya anunció la semana pasada que promoverá una conferencia internacional en París para apoyar el inicio de la reconstrucción del país tras la guerra.

Un proceso que implicará la remodelación de grandes obras públicas y edilicias, así como de infraestructura para recomponer la prestación de servicios; en todos los casos serán negocios millonarios, y no solo los empresarios, sino también los gobiernos europeos han comenzado una carrera por obtener porcentajes sustantivos de ellos con el nuevo gobierno.

Italia, uno de los países que mantenía lazos económicos muy estrechos con el régimen de Khaddafi, intentará mantener la posición dominante de su empresa petrolera, ENI, que con el coronel Muhammar el Khaddafi manejaba el 15 por ciento de la producción de crudo libio.

Francia, que tras el empuje de Sarkozy por entrar en la guerra fue también el primer país en reconocer la representación gubernamental de los rebeldes del CNT, ya ha reabierto su embajada en Trípoli, y seguramente París ofrecerá su industria armamentista para rearmar al nuevo país una vez reestablecida la paz.

Pero también están los chinos, británicos, rusos y norteamericanos, que pugnarán por las empresas de sus respectivos paíoses.

El gobierno provisional está abocado, además de negociar para que Occidente desbloquée los fondos retenidos en los bancos, en restablecer la producción petrolera, el único ingreso en concepto de exportaciones de Libia, y que con el conflicto civil de los últimos meses prácticamente se ha detenido.

Denuncia africana

La Unión Africana protestó ayer por las matanzas de castigo que los rebeldes que desde la medianoche del sábado pasado ocupan la capital de Libia estrían realizando sobre los milicianos leales al depuesto régimen del coronel Khaddafi.

Muchos de los soldados incorporados al ejército regular, y que han estado en la defensa de Trípoli, son mercenarios contratados en los países subsaharianos, de raza negra, y la Unión Africana sostiene que los insurgentes que ahora dominan la ciudad están “matando indiscriminadamente” a negros, al confundir a los inmigrantes con mercenarios.

En el caos de la capital ocupada es muy difícil contrastar la denuncia de la organización, antes muy cercana al gobierno de Khaddafi, pero imágenes de prensa mostraron a decenas de cadáveres abandonados en las calles y las plazas de Trípoli, generalmente hombres de raza negra, y muchos de ellos con las manos atadas en la espalda.

Cerco sobre Sirte

La fase final de la guerra libia se pelea en Sirte, hacia donde las tropas rebeldes siguen avanzando –desde Trípoli y desde Bengazi- mientras los aviones de la Alianza Atlántica (OTAN) continuó ayer con los bombardeos, por tercer día consecutivo.

Según las fuentes del CNT, siguen las negociaciones con los grupos leales al coronel Muhammar el Khaddafi –al que se supone oculto entre las familias de su tribu en la ciudad sitiada- para lograr una rendición pacífica del antiguo puerto pesquero, donde Khaddafi nació en 1942.

Otras versiones que circulaban en la víspera indicaban que el ex mandatario ya habría dejado Libia rumbo al exilio, en Argelia, donde ayer llegaron su esposa, junto a sus hijos Hannibal, Mohammed, y Aisha, según informó la Cancillería argelina.

Argelia es uno de los pocos países de la región que no ha reconocido al nuevo gobierno del CNT.

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Sangre y arena en el desierto libio (29 08 11)

La insurgencia rodea Sirte y negocia con los leales

La Liga Árabe reincorpora a Libia con la representación del Consejo rebelde    

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Cadáveres de combatientes, ultimados con las manos atadas en la espalda, abadonados en las plazas y en las calles de Trípoli

 

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Aunque persisten focos de enfrentamientos en la capital libia, el frente principal se han trasladado a Sirte, la ciudad natal del coronel Muhammar el Khaddafi. Sirte está dominada mayoritariamente por la tribu de los khaddafa, entre cuyas familias el Consejo Nacional de Transición (CNT) sospecha que puede haberse refugiado el desplazado líder.

Esa composición étnica, y la posibilidad de que entre sus familias haya encontrado refugio el ex mandatario, hacen prever un largo sitio al nuevo objetivo de la guerra, y una tenaz resistencia por parte de las tribus sitiadas.

En las declaraciones de la tarde de ayer, los jefes rebeldes calculaban que no les tomará menos de diez días controlar militarmente la ciudad.

El avance rebelde comenzó el sábado, una vez que los principales focos de resistencia en Trípoli fueron sofocados, y proseguía lentamente en la tarde de ayer.

Al parecer, los insurgentes no se están dando demasiadas prisas, para permitir que las negociaciones que se habrían comenzado a dar con algunos referentes de las tribus de Sirte ofrecieran una alternativa a una larga batalla entre los dos sectores.

Las camionetas con soldados rebeldes que partieron de Trípoli habían hecho fuerte en Misrata; pero también partieron tropas desde Bengazi, hasta el sábado pasado la sede de los sublevados, y en la víspera se habían acantonado en las inmediaciones de Ben Jawad, a unos cien kilómetros al este de Sirte.

En el caso de que las negociaciones iniciadas con referentes del bando khaddafista no prosperaran, la batalla puede llegar a ser inclusive más cruenta que la toma de la capital, donde el factor sorpresa jugó a favor de los rebeldes. En la cuna de Muhammar el Khaddafi hay fuertes instalaciones militares, y los lazos tribales y familiares pueden suponer una resistencia muy superior a la ofrecida por los militares gubernamentales en Trípoli, en su mayoría integrados por mercenarios contratados en los países del África subsahariana.

Mientras se prepara la batalla de Sirte, la ocupada capital de Libia sufre los efectos más cruentos de la guerra.

Los cadáveres de milicianos de ambos bandos se pudren en las calles, abandonados donde cayeron, donde fueron fusilados, o apilados en esquinas y plazas, bajo un sol terrible y una temperatura superior a los 40º.

En esas condiciones, también la población civil, encerrada en sus domicilios, sufre la falta de agua y de insumos básicos.

Una situación que, si no se revierte con medidas efectivas en el corto plazo, puede llevar a un nuevo escenario de crisis humanitaria.

Sin más negociación

Aunque en las últimas horas no se conocieron nuevos mensajes grabados por el coronel Khaddafi, el que fuera portavoz de su gobierno hasta la semana pasada, Musa Ibahim, anunció que el ex mandatario “está dispuesto a negociar” con el bando rebelde, para “formar un gobierno de transición”.

Las últimas declaraciones del coronel fueron órdenes terminantes de “limpiar de ratas y de traidores” la capital, e inclusive llamó a los imanes musulmanes a convocar a la guerra santa contra los rebeldes desde las mezquitas.

La versión del ofrecimiento de Ibrahim, en una llamada telefónica a una agencia noticiosa occidental, no pudo ser confirmada.

Aún así, el liderazgo insurgente, con Trípoli ocupada y a punto de tomar Sirte, y las tropas khaddafistas huídas hacia el desierto del sur del país, rechazaron cualquier tipo de negociación a estas alturas. “Ya ningún tipo de pacto puede ser considerado, y la única alternativa, si [Khaddafi] quiere detener la matanza entre los libios, es entregarse”, afirmó ayer el ministro provisional del CNT, Ahmed Darrat, y sostuvo que si el ex mandatario se entrega, será juzgado en Libia y con garantías legales.

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Libia, tiempo de ejecuciones (26 08 11)

Caos y ejecuciones en Trípoli

Las Naciones Unidas desbloquean más de mil quinientos millones de dólares para los rebeldes. El CNT se traslada desde Bengazi a la capital. Denuncian ejecuciones sumarias de ambos bandos. La Cruz Roja advierte del colapso hospitalario.    

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Rebeldes buscando francotiradores en el barrio de Abu Salin en Trípoli

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La batalla por el control de la capital libia no termina, y la ferocidad de la lucha entre las tropas insurgentes que penetraron en la noche del sábado en Trípoli, y los focos de soldados gubernamentales comienzan a provocar desmanes.

Además, la intensidad de las refriegas, así como la permanencia de francotiradores apostados en las azoteas, mantienen secuestrada a la población civil en el interior de los domicilios, en los que ha comenzado a escasear el agua y los aprovisionamientos al cumplirse la quinta jornada de la batalla.

Muhammar el Khaddafi difundió un mensaje grabado, en el cual incita a la población a hacer frente a los “invasores imperialistas”, y a utilizar inclusive “mujeres y niños” para “seguir combatiendo hasta purificar Trípoli de ratas y de traidores”, y pidiendo a los imanes musulmanes que en las mezquitas llamen a la “yihad” (guerra santa).

El mensaje del depuesto dictador ha exacerbado aún más los ánimos, tanto en los focos de militares progubernamentales como en las tropas insurgentes.

El lunes de esta semana, tras las primeras horas de la ocupación relámpago de la mayor parte de la capital, y visto la aceptación popular de sus habitantes al ingreso de las columnas de rebeldes, el jefe del Consejo Nacional de Transición (CNT), Mustafá Abdeljalil, emitió desde Bengazi un mensaje de mesura a los ocupantes.

En el discurso, Abdeljalil pidió “no tomar venganza por mano propia”, sino ocupar militarmente las instalaciones del gobierno y “no saquear ni incendiar” las oficinas públicas; inclusive pidió, en esos primeros momentos de confusión, que se respetara a la familia y al entorno más cercano del coronel Khaddafi.

Es probable que, a pesar del alto grado de desorganización y espontaneidad que parece caracterizar a las tropas rebeldes (en realidad, grupos de civiles armados con poca o nula disciplina castrense), el mensaje de Abdeljalil pudiera haber sido obedecido si Muhammar el Khaddafi hubiese entregado el poder.

La llamada a la resistencia por parte del ex mandatario, y la extensión de las batallas, están sembrando el caos en la ciudad. El complejo de Bab al Aziziya, una vez que logró caer en manos rebeldes, fue saqueado hasta los sótanos.

Otro tanto podía verse en diferentes edificios de oficinas gubernamentales, en las fotografías difundidas por los reporteros internacionales, que finalmente fueron liberados del hotel Rixos donde los habían retenido soldados afines al coronel.

Y ayer comenzaron las denuncias de matanzas punitivas, en ambos bandos. El comando rebelde afirmó que los soldados khaddafistas habían fusilado a 30 milicianos en el barrio de Abu Salim, uno de los últimos reductos de los leales al antiguo régimen, y los habían enterrado en una fosa común. También se denunció que las fuerzas regulares fusilaron a 20 insurgentes en Bin Jawad, 560 kilómetros al sudeste de Trípoli, donde siguen los combates.

También se denunciaron fusilamientos de khaddafistas que se habían rendido a los rebeldes. Ayer, asimismo, se conoció la recompensa por la cabeza del coronel Khaddafi, vivo o muerto: 1,7 millones de dólares.

Hormigueros bajo tierra

Llegado al quinto día de la batalla, algunas cosas van quedando claras: El avance rebelde, tan efectivo y rápido, tomó por sorpresa al régimen.

La huida del clan Khaddafi fue precipitada y caótica, dejando atrás objetos personales y valiosos que jamás habrían abandonado de contar con algunos minutos de tiempo.

Otra, que el coronel Muhammar el Khaddafi tenía muy presente la posibilidad de que alguna vez tendría que escapar, y de emergencia. Porque se dedicó a una laboriosa construcción de túneles y salidas secretas que recién están apareciendo a la luz.

Los rebeldes se topan con ellos a cada paso, y con seguridad han sido utilizados para la huida del sátrapa y su entorno.

Se trata de unos complejos y ramificados túneles que perforan Trípoli y que, recorriendo más de treinta kilómetros, supuestamente desembocarían en el desierto.

En ese hormiguero a gran escala hay habitaciones climatizadas, máscaras de gas y provisiones de comida, con suficiente espacio para que transiten vehículos.

También los estarían utilizando los leales, para moverse por diferentes partes de la capital.

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