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Cambio de tercio (28 12 11)

Cambio de tercio

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por Pedro I. de Quesada

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Las corridas de toros van desapareciendo; en este año que termina el gran José Tomás lidió por última vez en la plaza Monumental, de Barcelona. En esas lides, cada cambio de tercio se anuncia con cornetas y redoblantes.

La comparación vale, al escuchar por estos días el cada vez más nítido retumbo del cambio de tercio histórico que estamos viviendo, en la lid de los gobiernos contra el toro bravo de la crisis.

Un pase que, en muchos aspectos, cruza desde las viejas arenas europeas hacia las tierras montaraces del sur de América.

Entre los pífanos de este retumbo de cambio de ciclo, algunas perlas navideñas.

Después del discurso de investidura –previsible y anodino- del presidente conservador del gobierno español, Mariano Rajoy, esta semana comenzaron las definiciones del nuevo gabinete, y no han sido precisamente para alegrarse.

El nuevo ministro de Economía, Luis de Guindos, eligió un escenario especial para su primera comunicación pública: un acto con la presencia de José María Aznar, el antiguo jefe del Partido Popular, y guardián de su ortodoxia. Guindos dijo que la economía española volverá a entrar en recesión con la llegada del 2012, que se superarán los cinco millones de desocupados, y que no habrá crecimiento tampoco en el primer semestre del próximo año.

Guindos, el banquero elegido por Rajoy para gestionar la crisis, es un ex ejecutivo de Lehman Brothers, la firma cuya quiebra desencadenó, precisamente, esta crisis financiera.

Otro de los pitidos de la fanfarria que denota el movimiento del centro hacia estas costas lo dio el nuevo Canciller de Rajoy, José Manuel García Margallo.

Dijo que los países latinoamericanos deben “dejar de revisar la historia”, y reconocer en España la madre común. Un discurso que atrasa un par de años (o de siglos), inclusive para un ministro de Exteriores conservador.

A García Margallo le ha dolido el fracaso de la última cumbre iberoamericana, de este año en Paraguay, y quiere que la de Cádiz del año que viene vuelva a ser una reunión familiar. Todo bien. Pero creer que la vía para lograr ese objetivo es llamar al olvido a los hijos pequeños y convocarlos a la mesa del Rey, huele a naftalina.

Y como si todos estos pitidos de cambio fueran pocos, el diario El País, otrora la voz intelectual del progresismo socialista, no deja de ahondar en una línea reaccionaria para con todos los temas políticos latinoamericanos.

Desde que los propietarios del diario se hicieran con acciones del Grupo Clarín, los artículos y las editoriales del periódico madrileño sobre Argentina se han incorporado, como un actor especialmente dinámico, a la oposición al gobierno nacional.

La editorial de ayer, titulada “La ley de Fernández” (y vergonzante a mi criterio), se refiere a la Argentina como un país apenas “formalmente democrático”.

Pífanos, trompetas y redoblantes. Mientras tanto, Brasil desplaza a Gran Bretaña y se ubica como la sexta mayor economía del mundo. ¡Ah, las costas americanas!

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[Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 27 de diciembre de 2011]

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La cara oculta de la luna (20 12 11)

La cara oculta de la luna

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por Pedro I. de Quesada

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Y un día, la derecha española volvió a La Moncloa.

Los conservadores del Partido Popular siempre sostuvieron que los socialistas en 2004 les “robaron” unas elecciones que ya daban por ganadas, cuando los islamistas fanáticos hicieron volar por los aires los trenes en Atocha y José María Aznar no pudo endilgarle el atentado a los vascos de la ETA: estaba claro que el extremismo islámico había decidido responder con sangre a la más impopular de todas las medidas del “amigo íntimo” de George W. Bush, la participación de España –en soledad europea- en la invasión norteamericana a Irak.

Pero lo que les quitó la fallida política exterior, se los ha devuelto la crisis económica.

Rodríguez Zapatero sale por la puertita de atrás, olvidado aún antes que termine de juntar sus petates. Intentó primero ignorar la crisis, diciendo que no existía tal cosa; para después pegar un golpe de timón y, con la fe de los conversos, aplicar todos los ajustes que el liderazgo neoliberal de la Unión Europea le pidieran.

Silencioso, mientras tanto, el gallego líder de la oposición, don Mariano Rajoy, esperaba que cayeran las brevas. Y todas fueron cayendo en los últimos meses, mientras el crecimiento de la derecha en las encuestas trepaba sostenidamente.

En todo este tiempo, el secreto mejor guardado fue el programa de gobierno que tenía Rajoy en carpeta; de eso no se hablaba, y apenas se daban sutiles y polisémicas señales.

Es común el dicho en la península, que si encuentras a un gallego en la mitad de una escalera, nunca sabrás si está subiendo o si está bajando, y don Mariano hacía honor a esa característica de su pueblo. Durante los últimos meses trabajó casi en secreto, se reunió con líderes del Partido Popular, intendentes, expertos, asesores, ministeriables, economistas, sociólogos y politólogos, preparando el mensaje que develaría la salida a la crisis, la luz al final del túnel.

El secreto se mantuvo hasta ayer, cuando el ex titular del registro de la propiedad de Santa Pola –ya convertido en Presidente del Gobierno español- dio su discurso de investidura.

Y, para desazón de unos pocos y como muchos temíamos, la sorpresa no reveló nada nuevo: la luna también es redonda del otro lado.

Mariano Rajoy, previsible hasta el cansancio, seguirá línea a línea el libreto neoliberal de Ángela Merkel. Ajuste por arriba y ajuste por abajo: disminuirá los impuestos, acabará con las subvenciones sociales y los subsidios a los desocupados, eliminará los feriados, recortará en 16.500 millones de euros el gasto, bajará los sueldos de los empleados públicos, congelará las pensiones durante un año, cancelará las prejubilaciones, y “cumplirá con los compromisos de Europa” (esto es, con el recetario merkeliano).

Lo demás, sólo fueron buenas intenciones, aunque ni una palabra de cómo piensa lograrlas.

Previsible, y soporífero. La canciller alemana al menos pega un par de gritos, y golpea el atril con el puño cerrado de vez en cuando.

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[ Columna “En foco” – El Mundo – página 2 – Hoy Día Córdoba – martes 20 de diciembre de 2011 ]

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“Indignados” y globalizados (17 10 11)

El movimiento de “indignados” alcanza una escala mundial

En 82 países hubo marchas exigiendo cambios estructurales en la política

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MADRID.- Nuevamente fue la plaza de la Puerta del Sol, en la capital española, el epicentro del conjunto de movilizaciones que han recibido la poco precisa designación de “indignados”, en un nuevo aniversario del 15 de mayo, cuando por primera vez surgió esta espontánea manifestación de repudio a la manera en que los gobiernos –principalmente los europeos- estaban enfrentando la crisis.

La diferencia más notoria, además del aumento de caudal de gente que marchó hacia el centro de Madrid, fue la réplica de la marcha en diferentes conglomerados urbanos, desde las magalópolis japonesas y norteamericanas, hasta las ciudades medianas de Australia y Nueva Zelandia, cruzando por las principales capitales latinoamericanas y, por cierto, por prácticamente todas las grandes ciudades europeas, con el liderazgo de Madrid y Barcelona.

Con algunas concentraciones que rondaron el medio millón de personas, en 951 ciudades de 82 países el movimiento de protesta que reúne a diferentes colectivos sociales detrás de una búsqueda de espacios políticos más amplios y transparentes, ratificó este fin de semana que no quedará limitado a un fenómeno puntual de la juventud española, sino que hay un sentimiento generalizado de que el rumbo y la estrategia diseñada por la élite dirigente para afrontar la profunda crisis económica que golpea al sistema capitalista, está siendo cuestionado desde las bases en diferentes latitudes.

En la Puerta del Sol, y como en las dos concentraciones masivas anteriores, el centro de las críticas fue la clase política –sin distinciones de ideologías y partidos- y la gran banca concentrada, que ha logrado evitar los golpes más fuertes de la crisis merced a los salvatajes ordenados por los gobiernos y financiados con dinero público.

Las consignas coreadas por la multitud se mostraron durante esta tercera concentración muy enfocadas en un cambio de sistema; pero, a pesar de remarcar el hecho de que la democracia necesita de una imperiosa revisión, sigue sin haber en el planteo de los “indignados” propuestas alternativas de fondo.

Esta carencia ha llevado a algunos políticos a considerar despreciativamente al movimiento, como el ex presidente del gobierno español, José María Aznar. Aznar, del derechista Partido Popular, declaró ayer que los “indignados” sólo son una expresión de la “extrema izquierda marginal anti sistema”, sin mayores repercusiones, ya que “su representatividad no es importante en la vida española”.

Roma violenta

La capital italiana mostró una faz distinta del globalizado movimiento de los “indignados”, cuyas marchas multitudinarias transitaron en general de manera pacífica en casi todo el mundo.

En Italia, en cambio, la jornada de protesta convirtió a Roma en escenario de una batalla campal, causando uno de los peores disturbios de los últimos años.

Mientras el premier Silvio Berlusconi se enfrentaba a un nuevo voto de censura en el Parlamento –que nuevamente logró sortear- el descontento social llevó a un sector a enfrentarse a la policía y a establecer barricadas, incendiando contenedores de basura y automóviles.

Con daños estimados en más de un millón de euros, el estallido de violencia fue contestado con represión, y Berlusconi sostuvo que los responsables “deben ser identificados y castigados”, sin hacer ni una sola referencia a los altos índices de desocupación, parálisis política y al severo plan de austeridad que genera cada día mayor controversia en el país.

América latina se suma

Después del revuelo mundial provocado por el movimiento Occupy Wall Street, en el corazón financiero norteamericano, la jornada del sábado también sumó a la protesta mundial de los “indignados” las marchas en diferentes ciudades latinoamericanas.

Además del discurso global de protesta contra la falta de calidad democrática y el desbalance en las maneras de enfrentar la crisis, en América del Sur las movilizaciones fueron aprovechadas para apuntar a reclamos locales.

Entre las que lograron mayor convocatoria estuvieron las mexicanas. México vivió marchas en 15 estados, además de una multitudinaria en la capital.

En Brasil, la mayor concentración se desarrolló en San Pablo, un distrito donde la oposición al gobierno federal es fuerte, pero también en Rio de Janeiro y Brasilia.

Otras marchas se agruparon en situaciones tan disímiles como República Dominicana, Puerto Rico, Guatemala, Honduras, Panamá, Santiago de Chile y Asunción del Paraguay.

En Argentina un festival

Aunque no alcanzó la dimensión de otras concentraciones en América latina, en la capital argentina también se replicaron las marchas de descontento anti sistema, con una agenda local marcada por un clima festivo y artístico.

Varios centenares de personas se concentraron frente al Congreso Nacional, con banderas de diferentes nacionalidades, a los que se agregó una bicicletada familiar y diferentes actividades artísticas, en una jornada que más que un reclamo duro de protesta tuvo un ambiente de festival.

Contribuyó a ese clima el que la movilización coincidiera con la concentración de la comunidad boliviana en Buenos Aires, que celebraba por las mismas calles la fiesta de la virgen de Copacabana, patrona del país vecino.

A menor escala, se convocaron marchas en La Plata, Rosario, Mar del Plata, Mendoza y Tucumán. La ciudad de Córdoba aportó también su propia columna.

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Aznar, en el directorio de Murdoch, el affaire se extiende por Europa (19 07 11)

El affaire Murdoch comienza a extenderse al resto de Europa

Hallan muerto al periodista que destapó el escándalo de las escuchas telefónicas    

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Aznar y la famosa foto de su dedo medio respondiendo a los estudiantes. Es delegado-supervisor de las empresas de Murdoch, con sueldo de 220.000 dólares al año: no podría haber desconocido el tema de las escuchas telefónicas

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El impacto político de la crisis que conmueve a Gran Bretaña comienza a ser un asunto de la agenda europea. En la víspera, la renuncia del segundo hombre fuerte de la policía londinense, John Yates, siguió a la presentada el fin de semana por sir Paul Stephenson, el comisario jefe de Scotland Yard.

La tradición legalista de la policía de la capital británica se ha visto gravemente tocada, no sólo se sospecha que por interés no hizo lugar a las denuncias de ilícitos por parte de la prensa sensacionalista, sino que cada día aparecen más pruebas de que sus agentes y directivos admitieron dinero a cambio de entregar datos e información clasificada a los periódicos amarillistas del grupo News Corp., propiedad del magnate Rupert Murdoch.

Por esta metodología ilegal, como por otros delitos contra la privacidad, el empresario, junto a su hijo James y a la ex delegada de la empresa en Inglaterra, Rebekah Brooks, comparecerán hoy frente a la comisión investigadora del Parlamento británico, reunido en sesión extraordinaria.

Los Murdoch se habían negado en un primer momento, y el magnate había respaldado “sin fisuras” a Brooks, su mano derecha y ex directora del periódico News of the World, el polémico dominical. Sin embargo, ante la deriva judicial del caso, Murdoch renunció a adquirir el canal BSB, cerró el problemático periódico, y obligó a renunciar a Rebekah Brooks unas horas antes de que la detuviera la policía.

Además del plano mediático, el escándalo ya contaminó todo el escenario político, y no solo en Inglaterra.

El premier conservador David Cameron, un viejo amigo de Murdoch, tuvo que despegarse del millonario pero sigue muy complicado, lo que ha vuelvo a aupar la popularidad del líder laborista, Ed Milliband.

Además, se difundió que el ex presidente español, José María Aznar, del derechista Partido Popular, integra el directorio de la corporación de Murdoch y podría estar asociado también a los ilícitos que se ventilan ya en sede judicial.

Los Murdoch podrían enfrentarse a cargos penales si las acusaciones se confirman.

Una muerte dudosa

The Guardian, el periódico de centroizquierda que ha sostenido la larga batalla contra los medios sensacionalistas de Murdoch, y que ve en estos días ratificadas con un sinnúmero de pruebas sus denuncias sobre los métodos poco limpios utilizados por los tabloides, dedicó su portada de ayer a una foto de Sean Hoare, el periodista del semanario News of the World que hace menos de un mes denunció los métodos de escuchas ilegales, pinchaduras de teléfonos y sobornos a policías que derivó en el escándalo que ha puesto en jaque a la política inglesa.

Hoare fue encontrado muerto ayer en su departamento del londinense barrio de Watford.

Las implicancias políticas se agravan con esta muerte, de la cual aún no se han dado razones, ya que fue Hoare quien declaró que Andy Coulson, el ex jefe de prensa del premier Cameron, conocía e impulsó la trama de escuchas telefónicas de los medios de Murdoch.

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Las facturas de Zapatero (07 04 11)

Las facturas de Zapatero

Por Nelson Gustavo Specchia

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El presidente del gobierno español, José Luís Rodríguez Zapatero, tenía fama de ser un político de suerte.

Los comentarios sobre su suerte comenzaron en aquella interna del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), donde Zapatero, contra todo pronóstico, le arrebató la conducción al histórico dirigente José Bono. Pero por donde más circuló la fama de suertudo, y dicha con cierto regusto amargo en la expresión, fue en los corrillos afines al Partido Popular (PP).

Los conservadores achacaban a la suerte de Zapatero que los atentados del islamismo radical, que hicieron volar los trenes en la estación de Atocha, se dieran en las postrimerías del gobierno de José María Aznar. Un infortunio para la derecha que, junto al poco sutil tratamiento que el atentado tuvo desde el gobierno (Aznar y su entorno insistían, contra toda prueba, que había sido un acto terrorista de ETA, y que no guardaba ninguna relación con la participación de España en la invasión a Irak decidida por George W. Bush y a la que Aznar se había sumado, en contra de la opinión de todo el resto de la Unión Europea), les hubiera sacado de las manos unas elecciones que ya daban como ganadas.

Una victoria del PP que hubiera instalado a Mariano Rajoy en la Moncloa, sellando la continuidad de la derecha española en el gobierno desde los tiempos de Felipe González. Pero Zapatero les ganó esas elecciones, y después de sacar a las tropas españolas de Irak, volvió a ganar las siguientes.

No hay otra explicación que su buena estrella, se escuchaba reiteradamente en el cuartel general del PP, en la calle Génova, en el centro madrileño. Pero entonces llegó la crisis económica, y la buena suerte del líder socialdemócrata pareció extinguirse a pasos agigantados.

Rodríguez Zapatero, de quien se dice cultiva un optimismo a prueba de balas, tuvo cinco fallos de estrategia que, por lo que está a la vista, se han convertido en sus mayores lastres, en las cinco facturas que ha venido a saldar esta semana, con su renuncia a volver a presentarse como candidato a la presidencia del gobierno.

Las siempre difíciles relaciones entre Madrid y Barcelona (y entre el PSOE nacional y el Partit dels Socialistes de Catalunya, PSC) vivieron otro momento álgido, en los inicios de esta etapa socialista, con la aprobación del nuevo Estatuto autonómico catalán, bajo el liderazgo del correligionario Pascual Maragall al frente de la Generalitat. Zapatero midió mal las consecuencias de la ampliación de las facultades autonómicas, y el “Estatut” terminó entrampado en un tira y afloje judicial del que aún no ha salido.

El segundo error de cálculo lo constituyó la estrategia frente a la organización terrorista vasca ETA. Zapatero imaginó una negociación secreta con la banda, negada públicamente desde el gobierno. Y fue una mala apuesta: ETA lo interpretó como una debilidad, y se atrevió a tensar más la cuerda con una nueva muestra de fuerza. Y la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas voló por los aires. Dos inmigrantes ecuatorianos que dormían en el estacionamiento perdieron la vida, y la sociedad acumuló una nueva factura –pesada- contra el líder socialdemócrata.

Pero estas deudas de política interna, a pesar de su fuerte densidad simbólica al momento de definir conductas en el electorado español, quedaron opacadas por la debacle gubernamental cuando la crisis económica originada en los Estados Unidos alcanzó las costas europeas.

En un primer momento, José Luís Rodríguez Zapatero decidió hacer como el avestruz, y hundió la cabeza en la tierra. No hay tal crisis, afirmaba a diario, sino una simple desregulación de los mercados. A su lado, las empresas (especialmente las constructoras, averiadas por el reventón de la burbuja inmobiliaria) cerraban sus puertas y los índices de desocupación subían en cada medición, pero el presidente del gobierno se mantenía en sus trece: España no está en crisis, decía.

Luego, cuando insistir en esa posición se hizo insostenible, cuando los bonos de la deuda pública griega cayeron a precios de miseria, Irlanda se preparaba para un rescate, y se difundía la sospecha de que los próximos en caer serían Portugal (como, de hecho, ha pasado esta semana, con la solicitud de ayuda del gobierno socialista luso de José Sócrates a la Unión Europea) y España, entonces Zapatero decidió admitir que sí, que efectivamente la crisis también había llegado a la economía de la península. Pero a renglón seguido comenzó a sostener que la recuperación española ya había comenzado. La dificultad de convertir este cambio de posición en un mensaje de confianza, se convirtió en la cuarta losa de piedra sobre una imagen ya muy débil.

Entonces llegó el vuelco. Después de haber negado la existencia misma de la crisis, o de haber propuesto que se estaba saliendo de ella cuando pareció verla, en mayo del año pasado Rodríguez Zapatero decidió sincerarse, y pegó un rotundo golpe de timón a la dirección de su gobierno, alineándolo a la estrategia que para enfrentar la crisis propugnaban en la Zona Euro la canciller alemana Ángela Merkel y el presidente francés Nicolás Sarkozy: achicar el Estado, disminuir el gasto público, recortar prestaciones sociales, alargar la edad jubilatoria, subir los impuestos, eliminar exenciones, flexibilizar el mercado laboral con contratos más blandos y despidos más baratos y, en definitiva, dejar de lado el discurso y el programa socialdemócrata, para reemplazarlo por una terapia de shock neoliberal.

La poca credibilidad que le quedaba a su figura, y su capacidad de maniobra política, sufrieron un golpe determinante. Una quinta factura que, según comenzaron a indicar las encuestas y las mediciones de opinión, los votantes esperan cobrarse apenas tengan la primera ocasión electoral. Su buena estrella se había apagado.

El sábado 2 de abril, después de reunirse en la Moncloa con los principales empresarios españoles, y de tener en la mano las encuestas sobre la tendencia en firme para las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo, Rodríguez Zapatero anunció formalmente su renuncia a volver a encabezar las listas del Partido Socialista en las generales.

Las facturas acumuladas en el mal manejo de la agenda interna y de la crisis económica han venido a empujar el cierre de una etapa que, además, puede llegar a coincidir con un cambio de turno en la conducción del gobierno español, habilitando nuevamente las mayorías legislativas a la derecha del Partido Popular.

No puede ser sino un resultado lamentable. Algo salió mal. En definitiva, José Luis Rodríguez Zapatero ha sido la encarnación de un programa progresista, amplio e inclusivo, con el que se avizoraba la posibilidad de cerrar múltiples heridas sociales que siguen abiertas, desde aquella Guerra Civil que desgarró el país, desde los cuarenta años de la Dictadura franquista, y desde las múltiples agendas pendientes que dejó la Transición. Quizá eran demasiadas expectativas, alimentadas por el optimismo y la simpatía con que este hombre entró a la primera plana de la política española.

La reparación a las víctimas de la Guerra Civil y de la Dictadura a través de la ley de la Memoria Histórica, la ampliación de derechos civiles –ley de igualdad y de matrimonio homosexual-, la reorientación hacia la centralidad política de la vida ciudadana, la conformación de gabinetes del Ejecutivo en estricta igualdad de género, y su enfrentamiento al aparato mediático conservador, iniciativas que todos le reconocen como los puntos más logrados de su programa socialista, podrían haber anticipado otra manera, más generosa, de terminar un período de gobierno.

 

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