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Otra vez el fuego griego (06 10 11)

Las movilizaciones y huelgas vuelven a colapsar Grecia

La represión a las marchas contra los ajustes económicos es cada vez más dura

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Una vez más la sociedad griega se alzó contra la política de ajustes que el gobierno socialdemócrata de Giorgios Papandreu lleva adelante en cumplimiento de las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) para liberar los préstamos que eviten el default.

Al tiempo que las movilizaciones y las jornadas de protesta van sumando adherentes y masificándose, la represión de los cuerpos de seguridad va aumentando la fuerza, y en la víspera ya comenzaron a producirse fricciones violentas entre manifestantes y brigadas antidisturbios, con heridos y docenas de detenidos tanto en Atenas como en las principales ciudades del interior.

El paro activo fue convocado por las centrales sindicales helenas, y las columnas de trabajadores en huelga marcharon desde diferentes puntos de la capital para converger en la plaza Sintagma, frente al Parlamento, que se ha convertido ya en el centro neurálgico de las protestas que comenzaron a principios de año.

Cuando la concentración de varios miles de personas llegó a Sintagma, algunos grupos comenzaron a desprender pedazos de mármol y adoquines, y a lanzarlos contra las ventanas del reciento parlamentario; en ese momento intervino la fuerza de los antidisturbios, que con gases lacrimógenos y bastones intentó desactivar el conato de violencia, pero que sólo sirvió para que se generalizara el enfrentamiento en una auténtica batalla campal, que se expandió desde la céntrica plaza a las calles aledañas.

Además de los heridos entre los huelguistas, la dirección de la Policía declaró que entre los agentes también hubo personal con lastimaduras, que hubo de ser hospitalizado por golpes de piedras.

La huelga de 24 horas es el quinto paro general que las centrales obreras le plantean al gobierno de Papandreu desde que comenzó la crisis, e intenta detener las nuevas medidas anunciadas para reducir aún más el gasto público, entre las que se cuentan despedir a otros 30.000 empleados públicos.

El desempleo ya es alarmante en toda Grecia, y los empleados despedidos tienen muy pocas posibilidades de ser absorbidos en trabajos alternativos.

El ministerio griego de Economía ha asegurado a la Unión Europea (UE) que con las nuevas medidas restrictivas logrará ahorrar otros 6.500 millones de euros en los próximos meses, con lo que cumpliría las condiciones impuestas por la organización continental para seguir recibiendo aportes para cubrir el hueco en el déficit público, que mantiene al país al borde de la quiebra.

Una sexta huelga general está convocada para el próximo 19 de octubre.

Dudas sobre el rescate

A una jornada de caos en la capital y las principales ciudades griegas, con los aeropuertos cerrados y noticias sobre una creciente violencia represiva, se añadieron las señales emitidas desde las agencias financiadoras, que estuvieron lejos de llevar tranquilidad.

El director europeo del FMI, Antonio Borges, declaró ayer en Bruselas, la capital administrativa de Europa, que el segundo plan de salvataje para Grecia, que en teoría ya había quedado fijo en julio pasado, deberá ser “revisado nuevamente” por los técnicos del organismo.

El severo ajuste exigido a Grecia está imponiendo un coste social y político gravísimo, pero las instituciones europeas insisten en que los planes de salvataje al país mediterráneo deben obligatoriamente pasar por el FMI. La canciller alemana, Ángela Merkel, que encabezó esa estrategia y se opuso a que la UE auxiliara directamente a Atenas, aseguró que esa vía ayudará a “mantener a Grecia dentro del euro”.

Merkel obtuvo una ajustada votación en el Bundestag la semana pasada, mediante la cual los diputados alemanes respaldaron su estrategia para enfrentar la crisis económica continental.

Gobierno acorralado

El ejecutivo de Giorgios Papandreu se encuentra cada día más cercado por los efectos de una crisis que no remite, las reticencias de sus socios europeos en respaldar desde las instituciones continentales un salvataje propio, y las crecientes protestas sociales que el ajuste exigido por el FMI provocan.

Desde ese arrinconamiento, el ministro del Interior de Papandreu, Haris Kastanidis, informó ayer que el gobierno socialista estudia convocar a un plebiscito, para preguntar a los ciudadanos griegos sobre las alternativas para salir de la crisis que ahoga a la economía y mantiene al país en riesgo de quiebra técnica.

El anuncio, en todo caso, parece una estrategia comunicacional más que una medida cierta, ya que a estas alturas es patente el rechazo de la sociedad griega a la vía escogida por el ejecutivo.

Y si llega efectivamente a realizarse, dado el actual humor social, es probable que la preferencia de los votantes se incline por sacar a Grecia de la Unión Europea, la organización que hace pocos años era vista como la solución al grave problema del desarrollo del país mediterráneo.

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Twitter:   @nspecchia

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Batalla campal en Atenas por el ajuste (30 06 11)

Grecia aprueba el ajuste y reprime con fuerza la protesta

El centro de Atenas convertido en escenario de una batalla campal. La presión europea logró reunir la mayoría de votos. Positiva respuesta de los mercados.        

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ATENAS.- Finalmente, la presión conjunta de los principales líderes europeos y de los altos funcionarios de las instituciones multilaterales del continente, terminaron en la víspera reuniendo los votos suficientes para que el Parlamento griego aprobara el riguroso plan de ajuste económico impulsado por el gobierno del premier Giorgios Papandreu.

La oposición mantuvo su rechazo en bloque, pero varios parlamentarios rompieron la disciplina partidaria para apoyar al oficialismo, que además logró detener las defecciones entre sus propias filas mediante la amenaza de echarlos del partido (de hecho, tras la votación, Papandreu anunció la expulsión del oficialista Pasok del diputado Panayiotis Kouroumplis, que mantuvo su disidencia con el draconiano ajuste).

De esta manera, en las primeras horas de la tarde de ayer (10:45 en la Argentina), con el Congreso rodeado por una multitudinaria protesta popular, el gobierno de Papandreu logró sacar adelante el conjunto de leyes que contraerán la economía helena hasta el 2015, por 155 votos a favor, 138 en contra, y cinco abstenciones.

El trámite legislativo, que fue recibido con alivio en los centros financieros, era el requisito impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para seguir auxiliando a la economía del país mediterráneo, que requiere de la inyección de 12.000 millones de euros para hacer frente a los vencimientos de su deuda externa durante el mes de julio.

Al conocerse el resultado de la votación, los miles de manifestantes que ocupaban la plaza Syntagma estallaron en una protesta indignada, y fueron reprimidos por los antimotines.

Hasta ayer, las protestas habían transcurrido por canales pacíficos, a pesar de las cuatro huelgas generales que el país va soportando desde principios de año. Pero la noticia de la aprobación del ajuste disparó la violencia de los “indignados”: Un grupo de encapuchados, inclusive, logró trepar hasta el primer piso del Parlamento, rompiendo las ventanas.

La sede de Correos fue incendiada con bombas molotov, y las cargas de la policía fueron respondidas usando hondas, con las que disparaban tornillos y pedazos de adoquines. Los enfrentamientos causaron docenas de heridos en ambos sectores, y la violencia alcanzó tal nivel, que el céntrico hotel King George, situado en uno de los laterales de la plaza Syntagma, decidió evacuar a sus clientes.

El ajuste aprobado achicará drásticamente la economía helena por la vía de reducción del gasto y mayor presión impositiva: prevé recaudar, hasta 2015, 28.000 millones de euros adicionales en impuestos, otros 50.000 millones por privatizaciones de empresas, y reducir el gasto social echando 150.000 empleados públicos.

Lamentos y festejos

La impotencia popular que derivaba anoche en enfrentamientos cada vez más violentos, contrastaba con la buena recepción de la noticia en los centros financieros mundiales.

Los griegos calculan que la presión impositiva del ajuste implicará una carga de 3.000 euros adicionales para cada familia, y una desocupación ascendente en los próximos años.

Sin embargo los mercados y los indicadores bursátiles subieron. Inclusive Wall Street fue arrastrada hacia el alza por esa corriente, con el Dow Jones cerrando las operaciones con un ascenso del 0,6 por ciento.

Pero a nivel interno un ajuste tan radical comprometerá la recuperación económica de Grecia, que con tres años de recesión verá retroceder su PBI este año otro 3,8 por ciento, y su deuda alcanzará el record del 166 por ciento en 2012.

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Grecia vota el ajuste europeo (29 06 11)

En un entorno social caótico, el Parlamento griego votará hoy el mayor ajuste económico de su historia moderna

La cuarta huelga general del año deja heridos de gravedad. La moneda común europea en riesgo a pesar del acuerdo bancario francés. Londres se suma a los paros contra las restricciones.        

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ATENAS.- En un entorno convulsionado, el Parlamento griego comenzó ayer el tratamiento de las medidas restrictivas del gasto público, y esta tarde comenzará con la ronda de votaciones.

El oficialismo dispone de la mayoría (155 diputados sobre un total de 300), pero la impopularidad del ajuste ha ido provocando defecciones, al punto que el Ejecutivo sólo tiene un diputado de diferencia.

La oposición de Nueva Democracia no cedió a las presiones de la Unión Europea para que acompañe con sus votos al premier Giorgios Papandreu. También el Partido Comunista (KKE, por sus siglas en griego) y otras agrupaciones menores anunciaron la negativa, y el resultado de la votación permanece abierto.

La aprobación del paquete diseñado por el gobierno tiende a reducir el gasto, y con ese ahorro ofrecer garantías a los préstamos girados desde el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI, con los cuales hacer frente al pago de los vencimientos de la deuda soberana. Los vencimientos de julio ascienden a 12.000 millones de euros, y si no son cubiertos Grecia será declarada en default, con consecuencias para otros países europeos con deudas en condiciones similares.

En este grupo, se menciona especialmente a España, Portugal, Irlanda e Italia; de hecho, la sola posibilidad de que Papandreu no pueda hacer aprobar el ajuste disparó ayer los intereses con que los países mediterráneos afrontan sus compromisos externos.

El denominado “castigo de los mercados” elevó el diferencial máximo de la deuda española a 293 puntos básicos, y en Italia llegó hasta los 216 puntos. Sólo el anuncio de Nicolás Sarkozy, de que los bancos franceses reinvertirán el 70 por ciento de los bonos griegos que disponen en nuevos títulos a 30 años, descongestionó en parte la presión, pero esa presión podría volver esta tarde tras la votación en Atenas.

Además del estado de parálisis económica, la cuarta huelga general paralizó también la vida institucional y comercial helena. El paro tuvo un acatamiento generalizado, tanto en las oficinas públicas, los servicios y la actividad privada. Las concentraciones de movilizados en la plaza Sintagma, además, se enfrentaron con las fuerzas policiales antidisturbios, con el saldo provisional de seis heridos graves.

En todo caso, los analistas económicos ya han comenzado a advertir que, cualquiera sea el resultado de la votación parlamentaria, el alivio sólo será de corto plazo porque no soluciona el fondo de la cuestión: los “rescates” admitidos por la UE son inviables, sencillamente porque los préstamos (con intereses a tasas punitivas) asfixian el crecimiento, y si Grecia no puede hoy pagar su deuda, menos podrá pagarla en el futuro, cuando los planes de ajustes fiscal hayan provocado un crecimiento menor del producto bruto interno.

Las reacciones sociales contra las restricciones también han comenzado a aparecer en otras capitales europeas. En Londres, para mañana está convocada una huelga de 750.000 empleados públicos contra los recortes sociales del gobierno de David Cameron, que planea una reforma general del sistema de jubilaciones.

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Los ojos en Atenas (27 06 11)

Grecia define la continuidad de la vía del ajuste en Europa

El Parlamento vota el paquete restrictivo con todos los ojos puestos en Atenas       

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ATENAS.- Los diputados griegos se aprestaban en la tarde de ayer a poner a prueba el camino decidido por el Consejo Europeo para que las economías en crisis de la Zona Euro limpien sus cuentas públicas: restringir el gasto hasta el límite, dejando de lado políticas de contención social.

La votación en el recinto legislativo heleno supone una prueba crítica para el conjunto europeo, porque su resolución pondrá en evidencia la capacidad de las Administraciones para adecuarse a lo resuelto en las instancias multilaterales de la Unión Europea (UE).

A fines de la semana pasada, la cumbre de jefes de gobierno reunidos en el Consejo Europeo, en Bruselas, decidió seguir la línea sostenida por la canciller conservadora alemana, Ángela Merkel, y no disponer de ninguna línea de ayuda a Grecia que no pasara por los “rescates” del FMI y del Banco Central Europeo (BCE) ya acordados.

En realidad, la organización continental no ha enviado hasta el momento ni un sólo euro en carácter de donación o de “crédito blando” a Atenas, a pesar de la situación terminal de su economía. Siguiendo la decisión de Merkel, lo que las agencias financieras han habilitado son líneas de créditos a intereses altos, “punitorios” para quienes no hicieron las cosas bien, al 5 o al 6 por ciento de interés.

De esta manera, el gobierno griego obtiene liquidez para pagar los vencimientos de su deuda externa sin acudir a más endeudamiento en los mercados, donde sus títulos públicos están depreciados por la posibilidad de impago.

Alemania, además de negarse a comprometer dinero de los impuestos de sus contribuyentes, insiste en que los bancos acreedores deben implicarse en la negociación.

Por ello recibió de buena manera el anuncio realizado por Nicolás Sarkozy, de que los bancos franceses –los más expuestos a la deuda griega, junto a los germanos- estarían de acuerdo en reinvertir el 70 por ciento del dinero que deberían cobrar a Atenas en concepto de intereses entre este año y 2014, comprando nuevos títulos de deuda a 30 años de plazo.

En todo caso, con 800.000 trabajadores desempleados (de una población activa de cinco millones), una deuda superior al 150 por ciento del PBI, y pagando hasta un 25 por ciento por sus títulos públicos, la posibilidad de un default griego es cada vez más cercana.

 

Un Plan B oculto

PARÍS.- Con la exigua mayoría de cinco bancas que dispone Giorgios Papandreu, y la afirmación del líder de la oposición, Antonis Samaras, de que no apyarán el paquete restrictivo del gobierno, el panorama de las votaciones en la Cámara helena es arriesgado.

A pesar de que la UE dejó claro que no hay “Plan B”, sería más una presión para los griegos que una decisión tomada.

El diario francés Le Monde publicó ayer que sí se prepara, aunque en secreto, una salida para el probable caso de que Papandreu no logre hacer aprobar el ajuste.

Aunque no da detalles, se trataría de un recurso al Fondo Europeo de Estabilidad Financiera –la vía a la que se niega Merkel- para inyectar fondos públicos comunitarios de urgencia.

Por otra parte, comienzan a escucharse a economistas –como el premio Nobel Paul Krugman- que se preguntan si no sería más realista dejar de alargar la agonía de la economía helena, admitir el default, y reestructurar la deuda a partir de allí. Como hizo la Argentina en su momento.

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Europa cuelga de Atenas (27 06 11)

Europa y la moneda común no se desprenden de la crisis griega

La cumbre europea no encuentra una postura alternativa a la profundización del ajuste       

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ATENAS.- El Consejo Europeo de fines de la semana pasada no logró consensuar una ayuda a Grecia que implicara mayores recursos, y ató el futuro inmediato de la crisis y la estabilidad de la moneda común, el euro, a que el gobierno heleno logre aprobar un fuertísimo ajuste a las cuentas públicas y evite la quiebra por default.

Sin embargo, el tratamiento en el Parlamento de Atenas del paquete de medidas restrictivas del premier Giorgios Papandreu no tiene allanado el camino. Los dirigentes conservadores europeos llamaron a la “unidad nacional” griega, esto es, a que el partido de derechas Nueva Democracia vote el ajuste junto a la bancada socialdemócrata del Pasok de Papandreu.

El jefe opositor, Antoni Samaras, escuchó ese pedido en Bruselas, tanto del Partido Popular Europeo (PPE), que su agrupación integra, como de boca de la propia canciller alemana, Ángela Merkel.

Samaras, sin embargo, adelantó que su grupo no votará un plan de ajuste que, en términos de votos, no podría ser ya más impopular. Después de tres huelgas generales en lo que va del año, con un nuevo paro programado para esta semana, y un estado social de agitación permanente (los “indignados” tienen instalado 18 campamentos en la plaza Sintagma, frente a la sede parlamentaria), la oposición no está dispuesta a ofrecer su cooperación.

Pero Papandreu tampoco tiene clara la posibilidad de contar con el apoyo cerrado de su propio partido; la presión que los movilizados ejercen sobre los diputados -a quienes increpan a la entrada y a la salida de la Cámara, e incluso persiguen hasta sus domicilios- es tanta, que ya comenzaron las fisuras en el bloque oficialista: dos diputados socialistas confirmaron que no votarán el paquete de medidas del gobierno.

En esta semana clave para el futuro político del país mediterráneo y para el rumbo general de la Unión Europea (UE), la aprobación del ajuste griego (se votará entre el martes y el miércoles) habilitaría a la recepción de una última remesa del dinero acordado el año pasado por la UE y el FMI, dirigido a pagar vencimientos de la deuda pública con los acreedores externos en julio.

Si Atenas no saldo estos vencimientos, las agencias que monitorean las finanzas internacionales declararían automáticamente la cesación de pagos y el default; una situación que no tardaría en contagiar a otras economías europeas con problemas en sus deudas externas, como Portugal, España, Irlanda y, en menor medida, también Italia.

A pesar del alto riesgo para la  estabilidad de la moneda común (el euro ya retrocedió la semana pasada frente a prácticamente todas las divisas de referencia), el Consejo Europeo no logró articular ningún “plan B”, que implicaría un mayor compromiso de dinero.

Al contrario, Merkel sigue insistiendo que no deben ser los recursos públicos de los impuestos de los contribuyentes, sino los propios bancos acreedores, los que deben soportar la mayor carga de la reestructuración y del saneamiento de la economía helena.

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nelson.specchia@gmail.com

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Grecia: entre la protesta social y la presión de la Unión Europea (22 06 11)

 Grecia: entre la protesta social y la presión de la Unión Europea

Europa presiona a Grecia con librarla a su suerte si no ajusta las cuentas      

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Apenas diez minutos antes de la medianoche (18:50 hora argentina), el primer ministro griego Giorgios Papandreu logró superar el voto de confianza en el Parlamento de Atenas, para imponer todo un nuevo conjunto de medidas restrictivas del gasto público y de achicamiento del Estado, que era exigido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Central Europeo (BCE) para liberar el rescate de fondos que evite el default griego.

En una coyuntura extremadamente frágil, después de haber sufrido la semana pasada la tercera huelga general en lo que va del año, el mandatario socialdemócrata debió someterse en la tarde de ayer a una moción de censura en el recinto legislativo que, si hubiera prosperado, debería haber forzado a un cambio en la Administración.

Tras la huelga general, Papandreu ofreció su renuncia al cargo y la formación de un gobierno de concertación nacional, pero fue rechazado por la oposición conservadora del Nueva Democracia.

Frente a un enorme agujero en el déficit público, con una deuda externa que alcanza los 490 mil millones (un 150 por ciento del PBI), y unos títulos públicos completamente depreciados por el riesgo de default, el gobierno griego necesita con urgencia el salvataje de la Unión Europea.

Pero el liderazgo continental, especialmente motorizado por la canciller alemana Ángela Merkel, se resiste a seguir entregando fondos públicos para cubrir los “deberes mal hechos” de la economía helena. Han exigido al gobierno de Papandreu, por ello, un draconiano ajuste en el gasto, y una completa reestructuración de la administración financiera, con recortes de sueldos, jubilaciones, salud y educación.

Esta vía es la que ha llevado a las tres huelgas generales en el primer semestre de este año, y a la enorme concentración de la víspera frente al Parlamento, en la ateniense plaza Sintagma.

Los movilizados expresaban una “moción de censura popular”, que contrastaba con el apoyo que Papandreu finalmente lograba en el interior del recinto.

El partido del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) del primer ministro cuenta con mayoría en el Poder Legislativo, aunque el rumbo neoliberal que ha asumido el gobierno ha llevado en los últimos días a la desafectación de varios diputados. Pero, para asegurar el apoyo, el presidente de la Comisión Europea, el portugués José Duráo Barroso exigió en la tarde de ayer que todas las fuerzas políticas griegas respaldaran a Papandreu, especialmente la oposición conservadora.

“No hay plan B”, resumió desde Bruselas, “no hay alternativa. Si alguien piensa que sin el programa de UE y el FMI se podrá encontrar otra cosa, es falso.” Para que no queden dudas, el jefe del ejecutivo comunitario sostuvo que una solución basada en el aumento del gasto público, como reclaman los movilizados teniendo como ejemplo los modelos de países emergentes –la Argentina entre ellos-, sería una “receta para el desastre”, concluyó Duráo Barroso.

Papandreu tiene ahora plazo hasta el 3 de julio para hacer las operaciones de cirugía mayor que habilitarán un segundo rescate por parte de la UE.

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Un regalo griego (17 06 11)

Un regalo griego

por Nelson Gustavo Specchia

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El Pacto de Estabilidad que Papandreu consiguió en Europa, según Latuff y Drokos

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Giorgios Papandreu es un hombre valiente, también es un político con poca suerte. Esa era, al menos, la imagen que el primer ministro griego ofrecía esta semana, capeando en Atenas al toro bravo de la tercera huelga general que su gobierno soporta en el breve período de medio año, desde comienzos de 2011. El miércoles, las dos centrales sindicales mayoritarias (Adedy, de los empleados públicos, y el GSSE, de los trabajadores de empresas privadas) volvieron a salir a las calles de la capital, inundándola de columnas –cerca de 200.000 personas según los diarios locales- y paralizando toda actividad, desde los transportes a las comunicaciones, sin dejar de lado ni siquiera los servicios hospitalarios de emergencias.

Papandreu, un hombre valiente, ofreció su renuncia, con la disolución de su Ejecutivo del Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), y propuso conformar un gobierno de concertación y unidad nacional para evitar la bancarrota acelerada hacia la que se dirige el país entero. Pero la derecha opositora del partido Nueva Democracia se ha negado a integrar una administración conjunta. Antonis Samarás, el jefe de la oposición, prefiere que Papandreu aguante en soledad el cimbronazo social de la crisis interna, y el abandono y la soledad al que lo está marginando Europa. Cuando los ajustes se hayan realizado, practicando la cirugía mayor en las cuentas públicas que se presenta como inexcusable, ya aparecerá él, Samarás, para tomar el relevo de un gobierno saneado. Una jugada mayor, porque la actual crisis fue el “regalo griego” que la derecha le dejó a Papandreu. Un político, como digo, de poca suerte.

CABALLITO DE TROYA

              Después de un largo período de los socialdemócratas fuera del poder, Giogios Andreas Papandreu al frente del Partido Socialista que fundara su abuelo en 1935, logró derrotar a la derecha en 2009. Sucedió a Kostas Karamanlis, y llevaba apenas un mes ocupando el palacio de Megaro Maximu cuando decidió hacer público el real estado de las cuentas gubernamentales. Las administraciones conservadoras de Nueva Democracia (con la asistencia y la validación internacional de la banca norteamericana Goldman Sachs) habían fraguado sistemáticamente las estadísticas oficiales, para mantener el déficit griego dentro de los márgenes admitidos por la política monetaria común de la Unión Europea. Así, durante años el gobierno de Atenas había informado a sus socios comunitarios que la deuda pública alcanzaba a un 3,7 por ciento del producto. Y este fue el presente que, como el mitológico caballo de madera con que los griegos lograron penetrar las murallas de Troya, recibió Papandreu.

La Administración socialista decidió transparentar la grave situación de financiamiento del gobierno, y admitió el año pasado que el déficit ascendía en realidad al 12,7 por ciento del producto interior bruto, casi cuatro veces más del reconocido hasta entonces. Sectores enteros de la economía habían vivido una auténtica fiesta de derroche, y quedaba claro que no había posibilidades reales de financiamiento con recursos propios, por lo que Papandreu apeló a sus socios comunitarios europeos, para que desde las instituciones financieras (principalmente desde el Banco Central Europeo) le enviasen con urgencia una línea de créditos y de asistencia que le permitiera tapar los agujeros y equilibrar la caja.

Pero el primer ministro, en su desesperada solicitud de auxilio, dejó sueltos algunos cabos: en primer lugar, dio por descontado que los líderes europeos aceptarían generosamente y de buen grado ayudar a las islas mediterráneas, unas primas pobres –aunque tan cultas- y llegadas al proceso de integración europeo en tiempos relativamente recientes. Y esto, para desengaño del político de poca suerte, no fue así, ni mucho menos. En segundo lugar, no tuvo en cuenta que desde 2008 el contexto crítico había alcanzado a todos los rincones de Europa, no sólo a sus bordes, y para entonces ya muy pocos seguían privilegiando una estrategia común, sino que cada quien miraba hacia su propia casa. Y por último, se le escapó también de las manos la variable interna: parar el derroche del gasto y volver a equilibrar las cuentas exigiría un sacrificio social mayúsculo, con quitas de derechos y recortes de beneficios históricamente adquiridos. Un camino que llevaría directo a la protesta social, las tres huelgas generales en lo que va del año lo prueban. En el medio de todos estos elementos, además, la sinceridad sobre el estado de las cuentas públicas llevaría a una pérdida de confianza generalizada sobre la capacidad de pagar las deudas, por lo que todo el mundo intentaría desprenderse de los bonos y de los títulos públicos helenos. Papandreu se vio en la disyuntiva de tener que emitir más de 53.000 millones de euros para afrontar las necesidades corrientes de sólo un año, pero no tener ningún interesado en adquirirlos (o, quizá peor aún, tener que vendérselos a los “fondos buitres” a precios de liquidación o menos).    

LA LEJANA EUROPA

Las sorpresas y decepciones de Giorgos Papandreu con sus colegas europeos fueron en aumento. El poco consenso en el continente para salir al rescate de uno de sus Estados-miembros fue la primera alarma. Las posiciones era muy críticas y duras, y los líderes conservadores –con la inefable Ángela Merkel siempre a la cabeza- sostenían que Grecia debía acudir al Fondo Monetario Internacional, lo que en otro momento del proceso de integración hubiera constituido casi un insulto para la pretendida autonomía financiera. También se habló de sacar a Atenas de la zona euro, los 17 países de la Unión Europea que comparten la moneda, antes de que las corridas financieras terminaran debilitando al propio euro. Hubo incluso quien opinó que Grecia podía ser expulsada de la organización continental, antes de que su crisis de financiamiento contagiara a otras economías débiles, como la española y la portuguesa.

Sarkozy finalmente gestionó un encuentro de máximo nivel, e intercedió ante Merkel. Sostuvo, en la acostumbrada grandilocuencia de su discurso, que Europa jamás dejará librado a uno de los suyos a la voracidad de los grandes grupos y fondos de inversión globales. Los resultados fueron menos grandilocuentes, y con el FMI en el medio, tal como había decidido Merkel. La UE aportaría, pero el precio para Grecia sería altísimo. El Banco Central Europeo controlará la política fiscal helena, y Papandreu debió comprometerse a reducir el déficit fiscal en cuatro puntos anuales (en 2010, del 12,7 al 8,7 por ciento; en 2011 hasta el 5 por ciento). Un draconiano ajuste soportado por recortes al gasto social, especialmente en la planta de funcionarios (echarán a 150.000 de los 700.000 empleados públicos) y en los beneficios de los jubilados. El IVA, además, aumentaría hasta el 23 por ciento.

El rescate, finalmente, alcanzó los 110.000 millones de euros. Pero ahora los técnicos afirman que aquel giro, que en su momento se presentó como colosal, no alcanzará para tapar apenas la mitad del agujero negro de las cuentas griegas. Se necesitarán, dicen, al menos 105.000 millones más, el denominado “segundo rescate”. Como ha admitido estos días el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rehn, Alemania, en una nueva vuelta de tuerca de su actitud remisa de girar fondos de los impuestos pagados por los contribuyentes germanos hacia aquellos que no hicieron las cosas bien, insiste ahora en que deben participar de las ayudas también los bancos privados.

Antes de que se pierda todo y haya que declarar a Grecia en quiebra, Papandreu pide que al menos le terminen de enviar la última remesa de los fondos de 2010, que aún no le han llegado, y sin los cuales se verá obligado a declarar la quiebra por impago de los vencimientos. Los títulos públicos griegos ya son auténticos “bonos basura”, y el FMI –duro y ortodoxo- sostiene que sólo mantendrá el auxilio a condición de que los ajustes estructurales en el gasto público griego se profundicen. Sin importar cuántos muertos queden en las calles de Atenas en cada jornada de huelga. Europa, mientras tanto, sigue mirando hacia otro lado.

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Publicado en:

Hoy Día Córdoba  – Magazine – viernes, 16 de junio de 2011 

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Grecia amenaza con la quiebra (16 06 11)

 Grecia amenaza con la quiebra ante la imposibilidad de pago

Papandreu reforma el gobierno sin la oposición y pide un segundo rescate a Europa     

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 Ángela Merkel, la vista fija en Giorgios Papandreu

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Después de la violenta jornada de huelga general –la tercera que vive Grecia este año- el primer ministro socialista Giorgios Papandreu impulsó ayer un cambio de gabinete, en un coletazo más de la grave situación económica y política que vive el país mediterráneo.

Los enfrentamientos entre los movilizados –entre 50.000 y 200.000 según la fuente- y la policia dejaron un tendal de heridos en Atenas y las principales ciudades, y llevaron al premier a presentar su renuncia para facilitar un gobierno de coalición con la centroderecha del partido Nueva Democracia.

La oposición puso como condición para integrarse a una coalición de emergencia que se abandonaran los planes de ajuste estructural que han estado en el origen de la protesta social, principalmente la reforma de la administración pública que prevé el despido de 170.000 empleados del Estado.

Pero estas reformas, dirigidas al drástico achicamiento del gasto público, son precisamente las condiciones ineludibles que los órganos financieros de la Unión Europea, en conjunto con el Fondo Monetario Internacional (FMI), han puesto para acudir al rescate de la deuda griega, con el envío de remesas progresivas hasta totalizar un monto de 110.000 millones de euros para hacer frente a los vencimientos de los empréstitos externos.

Ante la imposibilidad de constituir un gobierno de unidad frente a la crisis, el primer ministro ha reformulado el gabinete con dirigentes de su Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok), y ha ratificado que los compromisos asumidos con las agencias multilaterales de financimiento seguirán.

Una última remesa del crédito concedido el año pasado, de 12.000 millones de euros, debe llegar a Atenas antes del próximo día 20, en que vencen títulos de deuda soberana que, si no se cancelan, llevarían a la quiebra técnica del país, una situación inédita desde la constitución de la eurozona, en 1999.

Los voceros del FMI intentaron llevar calma a los mercados y a las bolsas, que reaccionaron negativamente, con fuertes pérdidas, al riesgo de debacle financiero heleno, y aseguraron que la entidad seguirá sosteniendo la asistencia a Atenas, siempre y cuando el proceso de ajustes y achicamiento del Estado se mantenga.

Indignados con los indignados

BARCELONA.- La deriva violenta del movimiento 15-M español, que el miércoles de esta semana intentó evitar una sesión del Parlamento regional catalán en Barcelona, ha recibido una serie de censuras desde diferentes puntos del arco político, inclusive desde los propios manifestantes “indignados” que ocuparon durante varios días la madrileña Plaza del Sol.

Con consignas del tipo “sin violencia somos más”, el atípico conjunto de protesta -básicamente juvenil- de la capital española se opuso a que sus colegas catalanes entorpecieran la vida institucional en un entorno democrático. “No sólo que están contra la ley, sino que los actos violentos son radicalmente antidemocráticos”, se definía ayer en las concentraciones en Madrid.

Por su parte, desde el gobierno autonómico de Cataluña, se acusó a un pequeño grupo de los manifestantes como responsables de los actos violentos, “profesionales del incidente que actuaban como una guerrilla urbana”, expresó un vocero del presidente Artur Mas.

Sin embargo, es probable que las protestas sigan radicalizándose.

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Europa mareada por la crisis griega (16 06 11)

Europa mareada por la crisis

Un sector de los “indignados” pasa al enfrentamiento policial en Cataluña. El premier griego ofrece su renuncia para apaciguar la movilización social. Alemania condiciona un nuevo rescate a Grecia a la participación de inversores privados. La crisis vuelve a amenazar a España y Portugal.     

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ATENAS, BARCELONA.- “Hemos perdido el miedo”, con esta nueva consigna un sector de los “indignados” españoles, también identificados ya como Movimiento 15-M, cercó ayer el Parlamento autonómico catalán, en la Ciudad Vieja de Barcelona, e intentó hacer fracasar la sesión legislativa en la cual el gobierno regional presentaba los presupuestos.

Los forcejeos entre manifestantes y policías autonómicos (los “mossos d’esquadra”) fue subiendo de tono durante el transcurso de la mañana. Varios centenares de personas se concentraron frente al Palacio de la Generalitat de Cataluña, en la Plaza de Sant Jaume, y con un grado de organización superior al mostrado en las últimas jornadas, se desplazó por la Ciudad Vieja hasta el Parque de la Ciudadela, donde se ubica el Parlamento.

Con el edificio cercado por un cordón humano, los diputados que llegaban tuvieron que soportar empujones, gritos e inclusive alguna pintada.

El presidente autonómico, Artur Mas, y una treintena de miembros de su Ejecutivo, tuvieron que utilizar helicópteros para llegar a la sede legislativa.

Tras la agitada sesión, en la que finalmente la gobernante coalición centrista de Convergencia i Unió (CiU) logró aprobar los presupuestos con el apoyo de los votos de la derecha del Partido Popular (PP), los diputados salieron del Parlamento por puertas laterales, unas salidas casi sin uso y que comunican el antiguo edificio con el parque zoológico de Barcelona, para esquivar las concentraciones de “indignados”.

Desde Madrid, la asamblea ciudadana que ha abandonado el campamento en la céntrica plaza de la Puerta del Sol, cuestionó la movilización de los catalanes, por considerarla una “presión por encima de la ley”.

Dentro del mismo grupo barcelonés se veían posiciones encontradas, entre un sector que se oponía a cercar el Parlamento y otro más radical. En un clima de nerviosismo, también se criticaba a los Mossos d’Esquadra, algunos de cuyos agentes, vestidos de civil, se infiltraron en el colectivo de protesta, supuestamente con intentos de manipular la enorme masa de movilizados.

El presidente Mas anunció que, de repetirse la protesta, los cuerpos policiales harán “un uso legítimo de la fuerza” para disolver las columnas de manifestantes y garantizar el funcionamiento de las instituciones.

En Grecia, por otra parte, la reacción social también tuvo un pico crítico en la tarde de ayer, mientras la primera línea del liderazgo europeo discutía un segundo rescate a la economía griega.

La oposición a la política de ajustes económicos y restricciones sociales impulsado por el gobierno socialdemócrata de Giorgios Papandreu, volvió a tomar las calles de Atenas.

El primer ministro ofreció su renuncia para calmar los ánimos y formar un gobierno de unidad, pero ante la negativa de la oposición de centroderecha de sumarse al Ejecutivo, anunció que hoy modificará el gabinete, pero seguirá adelante con el plan de austeridad.

Atenas tira las bolsas

ATENAS.- Con cerca de 200.000 personas tomando las calles de la capital griega, y los líderes europeos sin definir un nuevo rescate a la economía helena, la tercera huelga general contra Papandreu y el Pasok arrastró ayer a los mercados, los bonos de la deuda soberana griega, la moneda europea, y llegó inclusive a impactar en el nivel general de Wall Street.

La multitudinaria huelga, que paralizó al país y generó duros enfrentamientos con las fuerzas policiales, podría haberse calmado con una clara señal que llegase desde Europa. Pero, por el contrario, la indefinición de la Unión Europea –principalmente de Alemania- produjo una corrida que arrastró al euro y empujó a la baja a todas las bolsas del continente.

El IBEX español perdió 10.000 puntos y terminó con un 2 por ciento de retroceso; la caída bursátil llegó inclusive a Nueva York, donde Wall Street acusó un 1,48 por ciento de pérdida en el cierre de operaciones.

La falta de rescate a Grecia, además, vuelve a poner en riesgo la solvencia de la deuda en España y en Portugal.

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nelson.specchia@gmail.com

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Turquía, con rumbo oeste (17 09 10)

Turquía, con rumbo oeste

por Nelson Gustavo Specchia

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Cuando llegué por primera vez a Estambul era de noche. Desde las ruinas de Pompeya habíamos embarcado en el puerto de Bríndisi –desde donde partió al exilio el poeta Virgilio- hacia Grecia, y un lento y largo tren, con campesinos con chivas y gallinas y bolsas de pan y verduras, nos había traído hasta la vieja Constantinopla desde Atenas. Las primeras horas en Estambul, esa primera imagen que siempre es tan importante para embeberse de los nuevos escenarios, despertaron en nosotros la idea de la “diferencia” turca. No identificábamos bien qué, o dónde estaba esa diferencia que se nos aparecía tan radical y al mismo tiempo tan confusa, y con el paso de los días esa sensación primera se fue asentando al confirmase a cada paso: los turcos eran iguales a todo ese mundo mediterráneo que veníamos recorriendo durante meses, pero al mismo tiempo eran radicalmente diferentes. ¡Pero si hasta para negar mueven la cabeza hacia arriba y hacia abajo, con el gesto que todo el mundo utiliza para asentir!

Estas impresiones intuitivas, de contacto vivencial con entidades culturales diferentes a los estándares de estudio en sociología política y en relaciones internacionales, pueden servir para ilustrar los problemas a los que nos enfrentamos al momento de analizar los enormes cambios actuales en la estructura del sistema de gobierno en la República de Turquía; en las implicancias que se derivan de estas alteraciones del rumbo ejecutadas por la conducción del gigante que cabalga entre Europa y Asia; en la crítica importancia que para todos reviste la experiencia turca, en una coyuntura global de resignificación de los factores religiosos en la política; y en los actores que encarnan esa transformación. Porque Turquía es tan diferente, que aquí los progresistas y democratizadores sociales son los conservadores religiosos, y los que se oponen al cambio y a la modernización de las estructuras son los socialdemócratas laicos. Como el gesto de negar o asentir, exactamente al revés que en el resto del mundo.

LIMPIAR LA CONSTITUCIÓN

El domingo de esta semana, 12 de septiembre, el gobierno turco sometió a plebiscito popular la reforma de la Constitución, y su propuesta ganó por porcentajes abrumadores. El ejecutivo de Ankara está encabezado por el primer ministro Recep Tayyip Erdogán, y la figura de representación del Estado reposa en el presidente Abdullah Güll. Esta dupla de políticos encarna la nueva élite dirigente turca: intelectuales, cultivados, políglotas, republicanos, demócratas, occidentalizados, liberales y capitalistas; pero, al mismo tiempo, musulmanes convencidos y religiosamente practicantes, dispuestos a reinsertar una agenda de contenidos islámicos en la vida social y en la práctica política. Esa combinación de elementos es, desde cualquier punto de vista y de experiencia regional en los países árabes de Oriente Medio, una arriesgada apuesta original.

Cuando los militares nacionalistas dan un golpe de Estado contra el antiguo orden del Imperio Otomano, en 1923, y capitaneados por el general Mustafá Kemal –Atatürk- fundan la moderna República de Turquía, entienden que su principal enemigo es la identificación entre orden político y orden religioso. Por lo que imponen el laicismo obligatorio, desterrando las prácticas obligatorias del Islam de toda la vida pública, desde los elementos profundos, sistémicos, hasta los más superficiales, como la vestimenta: nada en la vía pública, en las escuelas, en las universidades, en las oficinas gubernamentales puede hacer referencia a la religión mahometana.

Y Atatürk, militar al fin y al cabo, encargó a sus colegas del ejército la tutela de este laicismo obligatorio, que ya se apresta a cumplir noventa años. Pero la cultura popular, especialmente desde la Turquía profunda, rural, la que viene desde los amplios llanos de Anatolia (y, por ello, adentrada en la geografía, los usos y los modos asiáticos) se ha resistido desde siempre a esta imposición forzada de los militares kemalistas. Éstos, a su vez, tomándose la “tutela” encargada por Atatürk muy en serio, han provocado varios golpes de Estado durante el siglo XX para preservar la pureza laicista del país. Aquí es donde aparecen Erdogán, Güll, y la nueva generación de políticos, con la novedad del intento de armonización entre republicanismo democrático y respeto religioso. Pero, ¿la democracia liberal –occidental y moderna- puede ser compatible con el Islam?

CABEZA DE TURCO

Los militares kemalistas siguen diciendo que es imposible, y los apoyan todos los partidos del arco que, en nuestros esquemas, consideraríamos la izquierda, encabezada por el laicista Partido Republicano del Pueblo (CHP, por sus siglas en turco), vinculado a la socialdemocracia internacional.

Pero Erdogán y Güll tienen la cabeza dura y son persistentes, desde su juventud universitaria. En 2001 crearon el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, Adalet ve Kalkinma Partisi) y desde esa militancia avanzaron a pesar del veto militar y judicial permanente, y han logrado finalmente arrebatar a los laicistas la iniciativa política y el mayoritario apoyo popular. En las clasificaciones a las que estamos acostumbrados, el AKP sería un partido conservador, islamista moderado, de centroderecha; al que se podría comparar con la democracia cristiana o el Partido Popular europeo. Para el contexto turco, en cambio, la agrupación en el gobierno encarna las ideas más de avanzada, reformistas y progresistas.

Porque las reformas constitucionales sometidas a referéndum este domingo sólo pueden ser comprendidas en ese sentido. La actual Constitución data de 1982, redactada por una Junta Militar que se había hecho con el gobierno tras uno de esos múltiples golpes de Estado (el de 1980), con que los militares kemalistas ejercieron la “tutela”. La reforma propuesta por Erdogán contempla la modificación de 26 artículos de la Carta Magna, que en su conjunto suponen supeditar el poder militar al civil, terminar con la impunidad jurídica de los generales golpistas mediante la aplicación de la jurisdicción civil para los delitos cometidos por uniformados. Por otro lado, avanza con la reforma de la judicatura, el otro sector –además del ejército- donde se ha atrincherado el nacionalismo laicista. Y, por último, legisla sobre la protección de los derechos civiles y de las minorías: otorga el derecho de huelga a los empleados públicos y el acceso a los convenios colectivos; explicita el derecho a la privacidad; e incorpora artículos sobre la protección de los colectivos sociales más vulnerables. Un auténtico programa progresista y democratizador, llevado adelante por islamistas moderados.

EUROPA COMO BALANZA

Además de terminar con la “tutela” militar interna, la dupla Erdogán-Güll busca afanosamente adecuar los estándares legales y jurisprudenciales a los parámetros de Occidente, porque el ingreso de Turquía a la Unión Europea sigue siendo la principal baza de su política exterior. Con la reforma constitucional aprobada el domingo, tanto el francés Nicolás Sarkozy como la alemana Ángela Merkel, los dos principales oponentes al ingreso turco, se quedan sin una parte importante de sus argumentaciones.

Y el referéndum, además, y aunque no lo mencionara explícitamente en las papeletas, ha implicado un plebiscito sobre la propia gestión del ejecutivo, sobre la agenda del gobierno, y sobre la prioridad en la orientación de las relaciones internacionales hacia el Oeste. De los 72 millones de habitantes del gigante turco, casi 50 millones integran el padrón electoral (y dos tercios de esa población tienen menos de 30 años). Con una participación cercana al 80 por ciento del padrón, prácticamente el 60 por ciento apoyó la reforma constitucional planeada por el AKP. Una mayoría abrumadora que, al mismo tiempo, deja a Recep Tayyip Erdogán en inmejorables condiciones para volver a presentar su candidatura a un tercer mandato, en las elecciones generales del año que viene.

En todo caso, a pesar de estos apoyos mayoritarios, y si de verdad la élite del AKP no oculta una agenda de “reislamización” de Turquía, el primer ministro (al que los medios de prensa opositores en Estambul ya llaman el “sultán”) debería recordar que en Occidente la república y la democracia requieren de la pluralidad de opciones y de la alternancia en el poder. También debería recordárselo la Unión Europea, a la que con tanta ansia aspira ingresar.

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nelson.specchia@gmail.com

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