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Túnez, el suave aterrizaje del Islam

Túnez, el suave aterrizaje del Islam

por Nelson Gustavo Specchia

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La pequeña república magrebí de Túnez vuelve a ponerse al frente de los procesos de cambio que vienen moviendo las estructuras políticas del Norte de África y de Oriente Medio, en lo que ya conocemos todos como la “primavera árabe”. En las recientes elecciones, convocadas para conformar una asamblea constituyente que provea al Estado, por primera vez desde su independencia de Francia en 1956, de una Constitución democrática, han vencido claramente las corrientes islamistas. El interrogante que abre este resultado es si con él también Túnez viene a marcar una tendencia en el rumbo de la región.

Porque en Túnez comenzó todo, y no porque la acumulación de corruptelas y equívocos que las dictaduras árabes del Magreb –apoyadas sustantivamente por Occidente- hubieran tenido en este pequeño país de la costa sur del Mediterráneo unas condiciones diferenciales. Quizás solamente la gota que rebalsó el vaso de la paciencia cayó en Túnez, y una vez que el derrame se inició ya fue imparable. Esa gota, dolorosa, fue la radical protesta del joven ingeniero informático –y eventual vendedor callejero de frutas- Mohammed Bouazizi, que el 17 de diciembre del año pasado, ante la brutalidad policial que había destrozado el carrito con que intentaba ganarse la vida después de haberlo intentado todo, en un mercado laboral cerrado a cal y canto y en una sociedad sin horizontes de cambio ninguno, se prendió fuego. Su rebeldía desesperada rebalsó los diques que contenían tantas situaciones similares, en el entorno de un sistema político feudalizado, donde a la “dictadura blanda” de los treinta años de Habib Bourguiba, le había sucedido la dictadura más extrema, familiar y cleptocrática de Zine el Abidine ben Ali y su mujer, Leila Trabelsi.

Las masas tomando las calles, románticamente designaron “revolución de los jazmines” a sus protestas, pero la fuerza real que manifestaban empujó a Ben Ali a subirse a un avión (su esposa Leila lo llenó, previsoramente, de una tonelada y media de oro) y partir hacia el exilio en Arabia Saudita. Entonces comenzó el contagio: Egipto, Yemen, Bahrein, los rebeldes de Libia, los opositores monárquicos de Marruecos. Túnez había marcado el comienzo, y nadie está seguro de marcar todavía el final.

EL FANTASMA RELIGIOSO

En el discurso de auto justificación de los dictadores que la “primavera árabe” está barriendo, siempre ocupó un lugar importante el considerarse a sí mismos como la última barrera frente al fundamentalismo islámico. Había corrupción, apenas unos barnices de democracia y violaciones a los derechos humanos en sus regímenes, pero todo eso era un precio módico que había que pagar para impedir el mayor de todos los males: que los partidos religiosos llegasen al poder, y con ellos la imposición de la “sharia” (la regulación de las conductas sociales mediante los preceptos coránicos) hacia el interior de las sociedades, y la más que probable enemistad con los países occidentales (con la consecuente suspensión de las exportaciones de hidrocarburos hacia ellos) como principal consecuencia externa.

El argumento de “freno del islamismo radical” comenzó a debilitarse hace ya tiempo, a medida que se conocían detalles sobre el complejo entramado de agrupaciones en que se dividía el Islam político, que el simplismo intencionado de las dictaduras había intentado meter en la misma bolsa. Y también con el resultado de algunas experiencias de partidos islámicos no radicales en el poder, principalmente con el AKP de Recep Tayyip Erdogan y Abdullah Gull en Turquía.

Ahora, en ese universo aparece el islamismo moderado del tunecino En Nahda (El Renacimiento), y arrasa en las elecciones a la convención constituyente, en lo que puede ser una nueva señal del rumbo de los sistemas políticos saneados tras las revueltas de la “primavera árabe”.

CLAVES DE UN RENACIMIENTO

Bajo el régimen de Ben Ali, y como parte de aquel discurso de auto justificación al que acabo de aludir, todo lo que oliese a islamismo estaba proscripto y prohibido. Los principales dirigentes de esos sectores, por lo tanto, llevaban décadas en el exilio, y no había ninguna estructura –no sólo ningún partido político, tampoco ninguna organización no gubernamental- sobre la cual apoyarse para plantear una alternativa. O sea que el nombre del partido tunecino hace referencia concreta a un volver a nacer, a un surgimiento desde la nada, tras casi sesenta años de laicismo obligatorio. Sin embargo, en apenas nueve meses, el movimiento En Nahda ha conseguido estructurar un nuevo discurso, que combina dosis de tradicionalismo con otras de modernidad, y lo ha articulado en una clave de mesura –sin convocatorias a revanchismos ni venganzas- que ha dado en la tecla y empujado a un apoyo social mayoritario.

En las elecciones a la constituyente del pasado 23 de octubre, En Nahda se alzó con el 41,47 por ciento de los votos totales, prácticamente la mitad del padrón, y a casi un 30 por ciento de distancia de la segunda fuerza, el partido Congreso para la República, de centro izquierda. Así, en la futura Asamblea Constituyente, que tendrá 217 escaños, los islamistas de En Nahda ocuparán 90 lugares; el Congreso para la República tendrá 30 asientos; y Ettakatol, la tercera fuerza más votada, 21 escaños.

Y aquí parece haber otro elemento que da una pauta del nuevo comportamiento del electorado: además de la sorpresa de la clara mayoría de En Nahda, las principales fuerzas de oposición son partidos que no hicieron campaña contra el islamismo. En cambio, la oposición tradicional, que sigue repitiendo el viejo argumento de que no hay islamismo moderado posible, y que hay que parar a los religiosos de cualquier manera, porque detrás de ellos vendrán los barbudos a lo talibán y la imposición de la “sharia”, fueron censurados por el voto popular. Las dos principales agrupaciones del frentismo anti islamista, el Partido Democrático Progresista (17 escaños), y el Polo Democrático (5 escaños), han sufrido un castigo en las urnas.

Además de la contundente victoria en las opciones políticas generales –esto es, sobre el rumbo y las formas que debería adoptar el Estado a partir de ahora- los islamistas de En Nahda han demostrado su inserción en todos los estratos sociales, y su llegada a los diferentes agregados geográficos, lo que también termina con el preconcepto de que las ciudades –donde se concentran los sectores más educados de la población- eran laicistas, y que la adhesión a opciones políticas vinculadas a la religión estaba relegada a las zonas rurales, más pobres, tradicionalistas y conservadoras. En Nahda, por el contrario, fue el partido más votado en todas las circunscripciones electorales, incluyendo algunas de la ciudad de Túnez, la cosmopolita capital, que se consideraba el terreno político de la oposición socialdemócrata laica.

Que un partido que proclama claramente su adscripción islámica haya sido la opción elegida por los sectores progresistas, en detrimento de las fuerzas usuales de la centro izquierda, tiene mucho que ver con las maneras en que En Nahda articuló su discurso, en el espacio de poco más de medio año. El hecho de que haya aceptado sin restricciones la imposición de paridad de género en las listas electorales, las referencias permanentes al “modelo turco”; las posturas conciliadoras con los sectores que estuvieron más cerca del régimen de Ben Ali; la seguridad de que el modelo de desarrollo y de que la economía de mercado no serán cuestionados; y una manifiesta relación de cooperación con Occidente; han terminado por alejar el fantasma de los barbudos a lo talibán, y de convencer a la mayoría de tunecinos que la coexistencia entre régimen democrático y republicano moderno, con preceptos religiosos y usos y costumbres que hacen a su identidad, es factible.

Las elecciones de fines de octubre cierran la “revolución de los jazmines”, y abren una nueva etapa, la de transición hacia un sistema democrático en el marco de un Estado de derecho. Si los islamistas moderados tunecinos consiguen conducir ese tránsito, estaremos ante un fenómeno realmente novedoso de la política internacional, y ante todo un nuevo escenario de posibilidades para Medio Oriente y el Magreb.

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[Hoy Día Córdoba – Periscopio  – Magazine – viernes 4 de noviembre de 2011]

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¿Usaría Khaddafi armas químicas contra los rebeldes? (09 09 11)

Temor por las reservas de armas químicas de Khaddafi

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Después de las especulaciones sobre la huida de Muhammar el Khaddafi en el convoy militar que escapó hacia Níger, el autócrata difundió un mensaje a través del canal sirio Al Rai.

En la grabación, Khaddafi sostiene que no ha abandonado “el territorio de sus ancestros”, y convoca a la resistencia contra los insurgentes, a quienes no ahorra calificativos: “un puñado de mercenarios, matones y traidores”, además de “gérmenes, ratas y cerdos”. A pesar del tono combativo, no pudo establecerse que el mensaje provenga de dentro o fuera del territorio libio, por lo que el paradero del desplazado mandatario sigue siendo una incógnita.

Aunque según Khaddafi las noticias que afirman que los rebeldes controlan la situación sólo forma parte de una “guerra psicológica”, los reductos que siguen siendo leales al coronel se encuentran cada vez más cercados por las tropas irregulares que responden al gobierno provisorio del Consejo Nacional de Transición (CNT), en los alrededores de Sirte, en la costa mediterránea, y en el oasis sureño de Ben Wali.

Las negociaciones con los líderes tribales no parecen estar progresando, y los rebeldes se aprestan a atacar el próximo fin de semana, cuando venza el ultimatum para entregar ambas ciudades en forma incruenta.

En la víspera se conoció que el dictador envió, el pasado mes de julio, máscaras y trajes de protección contra agresiones químicas a miembros de su tribu, los khaddafa, en Sirte.

Aunque el gas mostaza está prohibido por las convenciones internacionales, Khaddafi ordenó en su momento la producción a gran escala de este arma química, y se calcula que hay acumulados más de diez toneladas de gas mostaza y gas sarín en reductos secretos.

La posibilidad de que los leales a Khaddafi puedan hacer uso de este armamento contra las tropas insurgentes ha aumentado la preocupación mundial.

Luis Moreno Ocampo, fiscal de. Tribunal Penal Internacional (TPI), solicitó a Interpol que lance una “circular roja” para detener al ex dictador por delitos contra la humanidad.

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“Y que arda Libia (02 09 11)

Khaddafi amenaza con una larga guerra de guerrillas en Libia

La Cumbre de París formaliza el reconocimiento al gobierno de los insurgentes

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Cerca de los mismos salones donde el presidente francés, Nicolás Sarkozy, anunciaba hace medio año el comienzo de la intervención militar contra Muhammar el Khaddafi, ayer se reunió la Cumbre de jefes de Estado y de cancilleres, que formalizó el reconocimiento internacional al nuevo gobierno libio y terminó de enterrar al régimen que rigió en Trípoli durante 42 años.

Sin embargo, el ex dictador volvió a lanzar un mensaje de resistencia, mediante una alocución grabada y trasmitida por un canal de televisión sirio.

En el nuevo mensaje, el coronel anuncia que la guerra no ha terminado y que las tribus que le son leales están armadas. “No nos rendiremos, no somos mujeres”, se le escucha, antes de amenazar con que “la batalla será larga, y que arda Libia.”

Las palabras del ex mandatario pueden mover el escenario hacia una prolongada guerra de guerrillas contra el nuevo gobierno del Consejo Nacional de Transición (CNT), que necesita instalar la paz para restablecer los servicios mínimos –luz, agua, suministros, policía- que le darían legitimidad ante la sufrida población.

Por el contrario, de no encontrar estas condiciones en breve, el caos y los enfrentamientos sectarios pueden acabar con el nuevo gobierno del CNT aún antes de empezar.

En esa línea, los mandos rebeldes difundieron ayer que extenderán durante una semana más el ultimátum -que habían dado hasta el sábado- para la rendición de la ciudad de Sirte, población natal del ex dictador y donde se supone que pueden agruparse un porcentaje importante de sus seguidores.

Las tropas irregulares de los rebeldes han avanzado lentamente, desde Trípoli y desde Bengazi, y se encuentran apostadas a unos 100 kilómetros de la ciudad portuaria.

Uno de los portavoces del CNT, Mohammed Zawawi, sostuvo que la prórroga obedece a “dar tiempo para que progresen las negociaciones.” Los mandos insurgentes parecen querer evitar un baño de sangre, ya que un enfrentamiento directo provocaría una batalla mucho más cruenta que la propia toma de la capital.

A pesar de las declaraciones belicosas del ex dictador, el diario argelino El Watan difundió otra versión, al publicar en su edición de ayer que Muhammar el Khaddafi habría telefoneado al presidente Abdelaziz Buteflika, para negociar su exilio en Argelia. Buteflika, siempre en la versión del periódico, ni siquiera le habría atendido el teléfono.

En París, mientras tanto, los sesenta representantes de países acordaron que la OTAN no cerrará la operación en Libia hasta tanto Khaddafi no deje de ser una amenaza.

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Khaddafi, bombardero (21 02 11)

Khaddafi bombardea la protesta y causa una matanza en Libia

Estupor y condena mundial por la desmesurada reacción de la dictadura libia

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Demostrando que sus palabras tienen la fuerza de la ley absoluta, Muhammar el Khaddafi hizo realidad sus advertencias a quienes osaran desafiar su autoridad con demandas de apertura, y envió ayer a sofocar las protestas a la aviación militar, que bombardeó las movilizaciones y aplastó a sangre y fuego el incipiente brote rebelde.

Mientras otros regímenes de Medio Oriente balancean con cuidado la represión policial, respondiendo a una presión internacional cada vez más contundente, el gobierno libio ha decidido aislarse aún más, y acallar la revuelta con una fuerza inédita.

En tanto que nuevas manifestaciones comenzaban a organizarse en Argelia, Marrueco, Yemen e Irán, el rey de Bahrein, Hamad ibn Isa Al Khalifa, ha seguido las recomendaciones del príncipe heredero, Salman ben Hamad, y ha ordenado la liberación de los prisioneros chiítas encarcelados en las últimas jornadas, y postergará los juicios contra ellos.

Pero el tiempo que el monarca bahreiní accedía con estas decisiones a las exigencias de la oposición interna, y a las presiones de la secretaría de Estado norteamericana, el régimen de Trípoli aumentaba la represión hasta extremos difíciles de explicar.

Dada la cerrazón informativa imperante en Libia, era imposible precisar el número de víctimas de los bombardeos de la aviación, pero la ONG Human Rigths Watch difundía un cálculo de más de tres centenares de muertos hasta anoche.

La violencia oficial ha generado grietas en el propio entramado de poder del régimen, al tiempo que se asegura que 9 ciudades del este libio (incluyendo Bengasi) se encuentran en manos de los alzados.

El ministro de Justicia de Khaddafi, Mustafah Abul Jalil, anunció su renuncia al cargo, en desacuerdo con la represión de los manifestantes; dos aviones cazas libios aterrizaron en la isla de Malta, y sus pilotos, coroneles del ejército, pidieron asilo político aduciendo que habían recibido órdenes de disparar a las multitudes, y huyeron para no obedecerla.

El personal diplomático de Libia en las Naciones Unidas (ONU) comunicó que dejaba de obedecer al dictador de Trípoli, y lo instó a renunciar.

Otras informaciones reseñaban que varios grupos de oficiales del ejército se alineaban con los manifestantes, y llamaban a los soldados a que “se unan a la gente”, según la cadena qatarí Al Jazeera.

Como ya pudo constatarse en otros escenarios del alzado mundo árabe, la violenta represión ha exacerbado el tono de los reclamos de los manifestantes, y si durante el “dia de la ira”, el viernes de la semana pasada, se coreaban consignas pidiendo mayor apertura y libertades civiles, las columnas de ayer ya pedían “derrocar a Khaddafi”; un alzamiento completamente fuera de los cálculos políticos hasta hace sólo un par de semanas.

Encabezando la censura mundial, la jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, reclamaba anoche el cese del baño de sangre en Libia.

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Revuelta árabe: entre la represión y las concesiones (17 02 11)

Revuelta en el mundo árabe

Prosiguen los alzamientos, entre la represión y las concesiones

Se multiplican las protestas en Yemen, Libia y Bahrein. Vuelven las manifestaciones contra el régimen en Irán.

En Túnez y Egipto los gobiernos provisionales enfrentan ahora reclamos sociales y económicos.

 

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La caída del régimen egipcio de Hosni Mubarak está generando una ola de movimientos en todo el mundo árabe y sus principales vecinos, que ya parece difícil de detener.

La chispa encendida en Túnez, que forzó la huída de Zine el Abidine ben Ali, no presagiaba un contagio de esta naturaleza, debido al limitado poder regional del pequeño país del Magreb. El cambio de régimen en Egipto, en cambio, está implicando una alteración en el norte de África, Medio Oriente y Asia Central.

Además, también es evidente que el clamor popular no está dispuesto a agotarse con el nuevo tiempo político, sino, por el contrario, que se está alimentando de ese envión popular para reclamar viejas demandas sociales y económicas, en torno a situaciones muy postergadas en la distribución de la renta, nivel de compra de los salarios, precios de los productos de primera necesidad, los alarmantes índices de desocupación y la reconquista de derechos gremiales, entre las principales demandas que comienzan a tomar cuerpo en las calles tunecinas y egipcias.

El contagio de la metodología de alzamiento social contra los gobiernos fuertes que han caracterizado toda la región, sigue la línea del mar Mediterráneo hacia la dictadura libia del coronel Muhammar el Khaddafi; hacia el régimen autocrático de Abdelaziz Buteflika en Argelia; y alcanza la monarquía alauíta de Mohamed VI en Marruecos.

Hacia el este, por su parte, la onda de la movilización egipcia ya ha alcanzado a los territorios de la Autoridad Nacional Palestina; al emirato de Bahrein en el Golfo Pérsico; y a la larga permanencia del presidente Ali Abdallah Saleh en el poder de Yemen. Inclusive el clima de malestar generalizado ha vuelto a alimentar la protesta persa, donde el movimiento de la “ola verde”, opositor al gobierno populista chiíta de Mahmmoud Ahmadinejad, volvió a intentar manifestarse en forma masiva contra el régimen.

La revuelta ha llegado también al ya de por sí inestable escenario iraquí, donde el débil gobierno de Nuri al Maliki ha tenido que salir a reprimir manifestaciones de protesta por la nula prestación de servicios públicos en Bagdad, cuando el grueso de la seguridad nacional sigue ocupada en sofocar la insurgencia sunnita.

En este complejo escenario, los gobernantes intentan responder a los alzamientos con una mezcla de concesiones y un aumento de la represión policial. El primer ministro argelino, Ahmed Uyahia, intentó calmar a las masas anunciando el fin del estado de excepción, vigente en Argelia desde hace 19 años. Khaddafi aumentó los salarios y los subsidios a los alimentos; Saleh anunció que no se presentará a la reelección ni cambiará la Constitución para perpetuarse en el poder.

Y todos han aumentado la presencia de los antidisturbios y de sus fieles en las calles, queda por ver si esto será suficiente para apagar la revuelta.

Protesta kurda en Turquía

El gobierno turco de Recep Tayyip Erdogan, que fue puesto como modelo a seguir por los movilizados en Túnez y Egipto, sufrió ayer el embate de cientos de manifestantes de la minoría kurda, tanto en la capital como en las ciudades de Estambul y Esmirna.

En un clima regional muy alterado, los kurdos de Turquía se movilizaron durante toda la noche del martes, incendiando autos y edificios, en marchas convocadas en el aniversario de la detención del histórico líder de esta minoría racial de unos 12 millones de habitantes, Abdullah Ocalan, fundador del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Ocalan intentó organizar una resistencia armada contra Ankara para separar el territorio de mayoría kurda del sur de Turquía, fronterizo con Irán e Irak, y permanece preso desde 1999 en la isla de Imrali. Los enfrentamientos con la policía dejaron heridos y unos 40 manifestantes detenidos.

La represión de las fuerzas de seguridad turcas ha causado la muerte de unos 45.000 kurdos desde el alzamiento de Ocaran.

Internet vuelve a convocar nuevas marchas en Libia

El coronel Muhammar el Khaddafi pondrá a prueba hoy la resistencia del régimen frente a las protestas convocadas por Facebook.

Los organizadores esperan reunir en Trípoli grupos numerosos, en recuerdo del 17 de febrero de 2006, cuando una manifestación en Bengazi –que el gobierno había permitido porque supuestamente era contra unas caricaturas de Mahoma- terminó siendo la primera protesta multitudinaria contra el propio Khaddafi y su dictadura de partido único.

En la víspera, además, unas columnas espontáneas de opositores se enfrentaron a los leales al gobierno, los temibles Comités de la Revolución, cuerpos paramilitares fieles al régimen de Trípoli.

Si bien los comunicados oficiales y la prensa gubernamental relativizaron el enfrentamiento, adjudicando la responsabilidad a “saboteadores” y delincuentes comunes, en videos colgados en la página de Internet de YouTube puede verse una importante movilización popular, de cientos de hombres y mujeres que marchan coreando consignas contra el régimen y el líder libio, mientras la policía utiliza camiones hidrantes para dispersarlos.

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Túnez, un gobierno de 24 horas (18 01 11)

El gobierno de transición se cae en Túnez empujado por la protesta

La movilización popular exige que los cambios políticos sean reales

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TÚNEZ.- La clase política tunecina ha intentado una cierta continuidad al interior de ella misma, después de que la semana pasada huyera el ex presidente Zine al Abidine ben Ali, pero estos cambios de maquillaje han sido rechazados.

El primer ministro del régimen de Ben Ali desde 1999, Mohammed Ghannuchi, se hizo cargo del Ejecutivo inmediatamente, pero no pudo jurar como nuevo jede de Estado, se impuso el presidente del Parlamento, Fued Mebaaza.

De esta manera, se preservaban las formas de la sucesión, pero en el fondo el partido político Ben Ali, que ha retenido el poder los últimos 23 años, seguía manejando las riendas del gobierno: a ese partido –la Asamblea Constitucional Democrática, ACD- pertenecen tanto Mebaaza como Ghannuchi.

Además, cuando se formó el gobierno “de unidad nacional” para la transición, los ministerios principales fueron ocupados por políticos pertenecientes a este mismo partido.

El presidente Mebaza, junto al primer ministro Ghannuchi anunciaron de inmediato que todos los partidos proscriptos serían legalizados, los presos políticos liberados, y se convocaría a elecciones en seis meses.

Pero la movilización popular no les cree, y considera que debe disolverse el “partido del régimen” para que los cambios no sean sólo cosméticos y alcancen transformaciones reales.

Ayer, apenas constituido el nuevo Ejecutivo, cayó por la presión de las protestas. Tres ministros relacionados con la central obrera UGTT renunciaron (Anuar Ben Geddur, de Transporte; Hussine Dimassi, de Trabajo; y Abdeljelil Bedoui) y también el ministro de Salud, Mustapha Ben Jaafar.

Para frenar la crisis, Mubaaza y Gannuchi anunciaron que abandonarán su afiliación al partido de Ben Ali, en medio de nuevas protestas contra la permanencia de hombres de confianza del presidente derrocado, “se ha ido Alí Babá, ahora deben irse los 40 ladrones”, coreaban ayer en las movilizaciones.

Por otra parte, la expansión regional de la crisis de Túnez se agrava, y sectores opositores están intentando introducir una movilización similar en Egipto, para terminar con los 30 años de autocracia de Hosni Mubarak, que con 82 años ha anunciado que se presentará nuevamente en las próximas “elecciones” de septiembre.

Los hombres que se prenden fuego, emulando el sacrificio de Mohammed Buazizi en Túnez, son la punta de lanza de la protesta social. Ayer un joven abogado desocupado, Ahmad Hashem, murió en Alejandría, tras rociarse de gasolina y prenderse fuego.

Otros dos bonzos se incendiaron en El Cairo y un cuarto en Ismailiya. Las cuatro inmolaciones, y los casos similares de Mauritania y Argelia, mantienen un estado de crispación popular que puede cambiar toda la estructura política de los países de África del Norte.

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Bonzos en el Magreb (17 01 11)

Los sacrificios individuales encienden las revueltas en el Magreb

El caso tunecino de transición a la democracia genera entusiasmo popular

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TÚNEZ.- El inaudito proceso político abierto el viernes de la semana pasada, con la huída del ex presidente de Túnez, Zine al Abidine ben Ali, continúa profundizándose e impactando cada vez más fuerte en la región.

La transición política parece avanzar hacia una democratización real del sistema, lo que la convertiría en la primera experiencia exitosa de un movimiento surgido de la sociedad civil en la colectividad de naciones árabes.

Los primeros pasos dados por el gobierno de transición apuntan a desbloquear la participación política de los sectores marginados por la autocracia impuesta durante 23 años por Ben Ali.

En la víspera se anunció que tres destacados líderes de la oposición, hasta ahora censurados, entrarán a formar parte del nuevo gabinete. Se trata de Mustafá Ben Jaafar, del Frente Democrático por el Trabajo y las Libertades, Ahmed Ibrahim, del partido Ettajdid, y de Najib Chebbi, del Partido Democrático Progresista.

En la misma línea, se anunció la desaparición del ministerio de Información, sede de la virtual policía ideológica del régimen. A pesar de las buenas perspectivas para la transición democrática que este tipo de políticas anuncian, la movilización popular no ha disminuido.

Observadores occidentales adjudicaban la responsabilidad de algunas acciones violentas, como el saqueo e incendio de supermercados, a cuerpos de policía afines al depuesto presidente.

Luego de un intento de continuidad del régimen en los primeros momentos tras la huída de Ben Ali, el Parlamento forzó la toma de posesión, de manera interina, del dirigente legislativo Fuad Mebaza.

Mebaza, junto al primer ministro, Mohammed Ghanuchi, aseguraron que todos los partidos políticos hasta hoy proscriptos serán legalizados y podrán concurrir libremente a las elecciones que se convocarán en seis meses, y antes de las elecciones todos los presos de conciencia serán liberados de las prisiones.

Mebaza y Ghanuchi aseguraron, además, que comenzará un proceso de investigación de las denuncias de corrupción. Por otra parte, la revuelta tunecina no deja de expandirse hacia los demás países del norte de África, que comparten muchas de las características que incendiaron la mecha en el pequeño país del Magreb.

En Egipto, a pesar de las consideraciones despectivas del presidente Hosni Mubarak acerca del nulo “peligro de contagio”, ayer un hombre se prendió fuego al estilo bonzo en las puertas del Parlamento, en protesta contra una medida del gobierno sobre el pan subsidiado.

Gestos que emulan el sacrificio del joven Mohammed Buazizi, con el que comenzó la revuelta en Túnez, también se registraron en Argelia y en Mauritania.

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Arenas calientes del Sahara Occidental (12 11 10)

Arenas calientes del Sahara Occidental

por Nelson Gustavo Specchia

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Los cuerpos de seguridad del Reino de Marruecos avanzaron a sangre y fuego el pasado lunes sobre las carpas del campamento de Agdaym Izik, ocupadas por refugiados saharauis. La vieja colonia española de la costa occidental de África, que durante la dictadura franquista se designaba como “Sahara Español”, y que la nomenclatura diplomática actual define como “Sahara Occidental” (en contraposición al gran desierto que se extiende al sur de Egipto, en el borde oriental del continente africano) ha vuelto a sacudirse esta semana y a recalentar con el conflicto político y social sus tórridas arenas.

Los enfrentamientos y la represión militar sobre los saharauis, los habitantes del Sahara Occidental que reclaman desde hace 35 años su independencia y autonomía, han vuelto a colocar este antiguo y doloroso conflicto en la agenda internacional. Al parecer, sólo los episodios de violencia y sangre ubican, cada cierto tiempo, la opresión saharaui a la fugaz luz de los medios de comunicación, apenas durante unos días, y luego el conflicto vuelve a hundirse en la penumbra remota de la distancia y de esa otredad radical que impone el desierto.

El conflicto del Sahara Occidental, sin embargo, pone a prueba una y otra vez la capacidad de las instancias multilaterales, especialmente las decisiones de la Organización de las Naciones Unidas, para hacer valer los acuerdos alcanzados en su seno al arbitrio de sus miembros. En este aspecto, la tensión que Marruecos somete a la ONU en el tema del Sahara Occidental es comparable a la que periódicamente coloca a Gran Bretaña en el contencioso por las Islas Malvinas con la República Argentina.

UNA LUCHA OLVIDADA

La entrada de policías y militares antidisturbios marroquíes sobre las más de 20.000 personas acampadas en las tiendas de Agdaym Izik en la madrugada del lunes, sin embargo, puede llegar a imprimirle un giro –dada la violencia, el balance de víctimas y el alcance de la represión- a un conflicto estancado durante más de tres décadas. Todo el Magreb –la larga costa mediterránea de África- es una zona de una estabilidad en extremo precaria, y salvo el explícito apoyo del gobierno francés de Nicolás Sarkozy, el trono marroquí de Mohamed VI cuenta pocos amigos. Y algunos enemigos de cuidado, comenzando por la vecina Argelia, con la que mantiene las fronteras minadas y cerradas a cal y canto.

En la otra costa del Mediterráneo, España hace unos equilibrios diplomáticos de prestidigitador. Como metrópoli colonial, es consciente de su responsabilidad en el problema. La retirada de la que Franco llamaba su “Provincia 53” en 1975 fue tan caótica y desordenada, que dejó el conflicto civil servido en bandeja. El gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero es abiertamente pro-saharaui, pero los intereses con Marruecos son tantos y tan vastos, que el ministerio de Exteriores debe medir cada palabra de las declaraciones oficiales, ni hablar de los hechos concretos de política bilateral.

Por  el contexto regional, por la delicada política de alianzas históricas y de coyuntura, por las cuestiones nacionalistas en juego, y por la crítica acumulación de recursos en la zona (además del fosfato que posee en abundancia, sus costas cuentan con el banco pesquero más importante del mundo), todos quieren sacar la pelota de la cancha y enviarla a la ONU.

Pero las Naciones Unidas, hasta el momento, se muestran lejos de estar a la altura de las circunstancias.

COLONIALISMO TARDÍO

Tan tarde como en diciembre de 1965, cuando el proceso de descolonización mundial estaba muy avanzado, la Asamblea General de la ONU aprobó la primera resolución relativa al “Sahara Español”, que lleva el número 2.072, en la que insta a Madrid a adoptar las medidas necesarias para retirarse del territorio. Casi en simultáneo las fuerzas nacionalistas comienzan a organizarse en las agrupaciones que luego confluirían en el Frente Polisario, la principal organización independentista del Sahara.

En 1973, frente a las negativas de la dictadura franquista en iniciar un proceso de descolonización, el Frente Polisario comienza con acciones armadas con un ataque al puesto de guardia español de El Janga. El clima de inestabilidad crecía día a día, y el régimen franquista propuso para frenarla la realización de un referéndum. Esta decisión revelaba, en realidad, un vacío político (el dictador se encontraba muy enfermo ya, y en España comenzaba a prepararse la transición); ante el vacío, el rey de Marruecos, Hassan II, organiza la “Marcha Verde”: 350.000 milicianos –civiles y militares- que avanzan y cruzan la frontera con la colonia española

El dictador, moribundo, ordenó abandonar la colonia a su suerte. El 14 de noviembre de 1975 se firmaron los acuerdos de Madrid: España se comprometió a abandonar el Sahara antes del 28 de febrero de 1976, y traspasó el grueso de las posesiones territoriales a Marruecos y un tercio a Mauritania. Los saharauis fueron dejados al arbitrio del poder de estos dos países.

Los milicianos marroquíes de la Marcha Verde emprendieron una persecución sistemática contra los pobladores saharauis y sus posesiones y propiedades. Más de 200.000 hombres, mujeres y niños huyeron hacia Tindouf, en pleno desierto de Argelia, instalando campamentos provisorios de refugiados, en los que permanecen hasta el día de hoy. En 2007 el juez español Baltasar Garzón abrió un expediente en la Audiencia Nacional para enjuiciar a los mandos militares marroquíes de la Marcha Verde, por delitos de “genocidio y torturas” cometidos contra ciudadanos saharauies.

Garzón se hizo eco de las múltiples denuncias de organizaciones no gubernamentales y de derechos humanos, que intentan mantener a la luz pública la situación de los saharauies tras la ocupación. En el expediente del juez de la máxima instancia jurisdiccional española consta que, desde 1975 y hasta la actualidad, “el ejército marroquí ha ejercido una permanente violencia contra el pueblo saharaui, en una guerra de invasión que obligó a abandonar sus hogares a 40.000 personas, que tuvieron que huir al desierto y fueron perseguidos y bombardeados por las fuerzas invasoras con napalm, fósforo blanco y bombas de fragmentación.”

MARGINADOS, NEGOCIACIÓN Y PODER

En 1988 la ONU vuelve a intentar tomar cartas en el asunto, y la Asamblea General aprueba un plan de paz para el Sahara, que fue aceptado tanto por Marruecos como por el independentista Frente Polisario, en 1991 se pone en marcha la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara (Minurso), y los fracasos de la diplomacia multilateral se suceden unos a otros, mientras Marruecos sigue avanzando sobre el territorio y la población.

Asumiendo una pragmática postura de hechos consumados, en 2003 la ONU emite una nueva resolución, estableciendo que el Sahara permanecería transitoriamente como región autónoma de Marruecos durante cinco años, mientras se implementaba un referéndum de autodeterminación liderado por el ex secretario de Estado norteamericano James Baker. Pero inclusive el poderoso Baker acabó renunciando después de que Marruecos rehusase aplicar su plan para la ex colonia, que había sido aprobado, por unanimidad, por el Consejo de Seguridad de la ONU.

A pesar de las idas y vueltas y de la ocupación efectiva del ejército marroquí en los territorios del Sahara, los independentistas del Frente Polisario han logrado mantener abiertas las negociaciones entre ambas partes bajo los auspicios de la organización multilateral.

Esta semana, precisamente, se abría en Nueva York una nueva ronda de negociaciones con la mediación de Christopher Ross, ex embajador en Argelia y en Siria y profesor de árabe en la Universidad de Columbia, que es ya el tercer delegado de la ONU para intervenir en el conflicto, tras la renuncia de Baker y del holandés Van Walsum.

Estas negociaciones, el último y tibio emprendimiento de la comunidad internacional para proteger a un pueblo sometido, fue reventada por las fuerzas antidisturbios marroquíes al destruir, en la madrugada del lunes, el campamento de Agdaym Izik, agregando, si se pudiera, unas llamas más a las ardientes arenas del Sahara.

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nelson.specchia@gmail.com

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El crecimiento terrorista en el Magreb (13 12 07)

Publicado en “Hoy Día Córdoba” – (13 de diciembre, 2007)
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AL QAEDA

EL CRECIMIENTO TERRORISTA EN EL MAGREB

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Por Nelson G. Specchia

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El Magreb, el conjunto de países de la larga costa mediterránea del norte de África, se está convirtiendo en la nueva plataforma privilegiada de acción del terrorismo de base fundamentalista. La cercanía geográfica con los países del sur de Europa, y los llamados de los líderes de Al Qaeda a golpear contra los intereses “colonialistas” de España, Francia, y de los Estados Unidos (o de la ONU, a la que consideran un apéndice de la potencia norteamericana), transforman al Magreb en una región de alto riesgo para la seguridad global.

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Esta semana, el 11 de diciembre, en un nuevo aniversario de aquel día 11 de septiembre que marcó la entrada del terrorismo de base islamista al centro de la escena internacional, el Magreb ha recibido un nuevo golpe. El ataque terrorista contra objetivos nacionales argelinos, y contra oficinas de la ONU, se suma a un listado creciente de actividades armadas en la región. Este crecimiento –tanto en número de acciones como en intensidad y alcance- durante los últimos cuatro años, está vinculado a la redefinición estratégica de diversos grupos aislados, que han sido orgánicamente incorporados a la red de Al Qaeda, y que han visto modificados sus objetivos en el contexto de una estrategia “yihadista” global.

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El ataque de esta semana estuvo dirigido contra las sedes del Consejo Constitucional y del Tribunal Supremo argelino, situados en uno de los barrios más controlados y custodiados de Argel. Hace pocos meses, en abril, en un nuevo aniversario del día 11, la propia sede del gobierno de Abdelaziz Buteflika sufrió el impacto de un coche bomba, que alcanzó a volar toda un ala del palacio presidencial. Junto con las oficinas gubernamentales, otro ataque, prácticamente simultáneo, estallaba esta semana en las oficinas de las Naciones Unidas, donde se encontraba la sede del Alto Comisionado para los Refugiados (ACNUR). Las víctimas mortales de este nuevo golpe de la violencia terrorista se acercan a 80, que se suman a los aproximadamente 500 hombres y mujeres que Argelia ha debido sepultar, durante este año, muertos en atentados del fundamentalismo islámico.

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Ya en 2004, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), una célula aislada y minoritaria, declaraba la guerra a “los extranjeros y a las compañías foráneas” en todo el Magreb, a quienes se acusa de un doble crimen: atentar contra el Islam por la penetración occidental, especialmente por los medios de comunicación; y expoliar neocolonialmente a los países musulmanes del norte de África. El GSPC, luego de una seguidilla de acciones mortales durante los dos años siguientes, consiguió que Al Qaeda lo incorporara orgánicamente a su organización, pasando a llamarse “Al Qaeda en el Magreb Islámico”, y que el lugarteniente de Osama Bin Laden, Ayman al Zawahiri, les encargara, hace cuatro meses, “acabar con la presencia de españoles, franceses, y norteamericanos, en el Magreb.” En esa lógica deben leerse los atentados de esta semana, y los que –lamentablemente- creo que debemos esperar para el futuro próximo.

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Porque el desarrollo creciente de “Al Qaeda en el Magreb Islámico” es también una invitación a que las organizaciones paralelas en los restantes países de la costa norte de África, intensifiquen su acción en sus respectivas sociedades. Células fundamentalistas como el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), en el cuerno occidental de la costa mediterránea; el Grupo Combatiente Tunecino (GCT); y el Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL); han tenido el mismo origen y aspiran a integrar la red islámica global de Al Qaeda, tal como lo hicieron los argelinos.

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Después de que Al Zawahiri anunciara la integración formal del GSPC en Al Qaeda, el 11 de septiembre del año pasado, los líderes de la formación argelina subrayaban que “no es posible luchar contra los Estados Unidos de Norteamérica, si no se produce la unidad de todos los combatientes yihadistas del Magreb”, en lo que constituye un llamado al resto de las células norafricanas a seguir sus pasos respecto de la gran red fundamentalista global.

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Además del riesgo que supone el traslado de las acciones violentas hacia la costa sur de Europa, la estrategia de la “yihad” en África también contempla la expansión hacia el interior del continente, hacia el Sahel, el inmenso cinturón desértico que se extiende entre Sudán, Chad, Níger, Mali, Mauritania, y Senegal. Una zona de fronteras difusas y prácticamente sin Estado, donde el poder real reside en los jefes de las tribus tuareg, y en las redes de contrabandistas, que hacen de la inestabilidad institucional una situación permanente. Sumar el Sahel a la estrategia yihadista del Magreb sería pensar en un refugio internacional, en una vastísima zona prácticamente fuera de todo control, para el alojamiento y el entrenamiento del movimiento terrorista de base islámica.

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Por todo ello, sería un error analizar los atentados de esta semana, y la estrategia de la violencia terrorista global, como un supuesto choque de civilizaciones, o un enfrentamiento entre Occidente y el Islam, como vienen insistiendo ciertos grupos de opinión, especialmente influyentes en la política exterior norteamericana de nuestros días. Los atentados de Argelia demuestran que no sólo los países europeos o americanos son víctimas, sino también los propios países y poblaciones musulmanas. Conviene asimismo incluir en el análisis que la amenaza para Occidente no viene “de afuera”, sino que el proceso de radicalización ideológica que está en el centro de la estrategia yihadista se produce también al interior de las sociedades occidentales, como pudo verse en los autores materiales de los atentados de Gran Bretaña o España, que eran ciudadanos nacidos y educados en esos países.

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La amenaza de esa ideología del terror que es el salafismo yahiadista tiene sus raíces en ambas costas del mediterráneo, tanto la africana como la europea, por lo que la metodología para enfrentarse a ella no puede ser solamente policial o militar, sino que debe incluir la dimensión de la cooperación económica y social, especialmente en la dirección norte-sur, desde Europa hacia el Magreb.

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Profesor de Política Internacional. Universidad Católica de Córdoba.