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Otra guerra civil en Oriente próximo: Yemen (02 06 11)

La violencia tribal empuja a Yemen hacia la guerra civil

Tribus opositoras a Saleh ocupan edificios. Huída masiva de la capital

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SANAA.- Finalmente, la intransigencia del presidente yemení Alí Abdullah Saleh ha terminado por empujar al país a una violenta guerra civil, con crecientes bajas entre la población desarmada –en la última semana el número de muertos trepó hasta las 115 víctimas confirmadas- y un horizonte político de caos y anarquía.

Saleh, un antiguo aliado de los Estados Unidos en Medio Oriente, rechazó los tres intentos de mediación que las potencias occidentales, con el apoyo del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico (CCG), realizaron para habilitar una salida pacífica a la crisis que lleva varios meses.

El mandatario se niega de plano a abandonar el poder, que viene ejerciendo desde hace más de tres décadas, y utiliza la amenaza del extremismo islámico fundamentalista para mantener un régimen cerrado, autocrático y de libertades sociales y políticas restringidas.

Sin embargo, el sistema tribal que conforma el auténtico entramado social yemení, y con cuyo soporte Saleh ha conseguido mantenerse al frente del gobierno durante todos estos años, ha terminado quitando su apoyo al presidente.

Una de las confederaciones tribales numéricamente más importantes, los  Hashed, liderada por Sadeq al Ahmar, ha terminado por plantear un enfrentamiento abierto al mandatario, y al hacer frente a los grupos paramilitares armados desde el gobierno, han instalado en la capital un escenario de guerra civil.

Los combates entre ambos sectores se han intensificado en las últimas horas, al avanzar las movilizaciones tribales ocupando edificios públicos, algunos de los cuales han saqueado e incendiado.

Los efectivos militares y policiales que permanecen leales a Ali Abdullah Saleh, junto a las cuadrillas paramilitares de partidarios armados, también han tenido que enfrentarse a manifestantes islamistas, que han irrumpido como un nuevo actor de peso en el conflicto.

Según un informe oficial, el ejército yemení resistió un ataque en Zinjibar, junto al golfo de Adén, y mató a 44 guerrilleros, a quienes considera parte de la red de Al Qaeda en el país árabe.

El cruce de todas estas fuerzas causó 19 muertes ayer en Sanáa, que se sumaron a las 40 víctimas de las luchas del día anterior, mientras miles de personas huían de la capital y de los principales focos de lucha.

Siria: crímenes y torturas

DAMASCO.- El gesto ensayado por el régimen sirio del presidente Bachar el Assad esta semana, de declarar una amnistía general para los implicados en el alzamiento popular que ha puesto en crisis a su gobierno, ha terminado mostrándose inútil y tardío.

Las movilizaciones en contra del régimen no han disminuido, como tampoco la metodología del gobierno de El Assad de hacerles frente mediante una feroz represión.

En la víspera, las tropas regulares mataron a otros 33 civiles en bombardeos a enclaves urbanos donde la oposición se muestra más virulenta.

Según trascendidos de los activistas que logran enviar información hacia el extranjero, otras 25 personas fueron baleadas por el ejército en Rastan.

Los opositores denuncian, además, torturas y ejecuciones sumarias, especialmente contra los más jóvenes.

En las diez semanas que dura la protesta contra el régimen de los Al Assad, los organismos de derechos humanos ya han contabilizado 1.100 víctimas civiles.

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Capitalizar la muerte (08 05 11)

Repercusiones críticas tras la muerte de Osama ben Laden

La Casa Blanca intenta capitalizar rápidamente la desaparición del terrorista  

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WASHINGTON.- El presidente Barack Obama ha decidido dejar de lado las posiciones de líderes mundiales, juristas y expertos en política internacional, que han alimentado en los últimos días un debate creciente en torno a la vía escogida para ultimar al fundador de Al Qaeda.

Después que Obama anunciara el exitoso ataque contra la guarida del terrorista en Pakistán, al festejo popular en Washington y Nueva York se sumaron las felicitaciones de algunos mandatarios; en Londres, como en Madrid y en Berlín los jefes de gobierno expresaron su satisfacción.

Luego, sin embargo, el análisis de la medida por parte de especialistas comenzó a atemperar este ambiente festivo y victorioso, instalando una mayor cautela que terminó dando paso a un claro frente crítico.

El centro de los cuestionamientos apunta al hecho de que el gobierno estadounidense haya decidido dejar de lado toda legalidad interna e internacional en el procedimiento; que no haya intentado detener al terrorista para que sea juzgado; que no le haya preocupado violar la soberanía de un país amigo; y que se haya deshecho del cadáver del multimillonario saudita arrojándolo al mar.

Algunas frases del discurso de Obama, así como la decisión del presidente de no aportar fotos, videos ni ninguna prueba más que su palabra, alimentaron estas posiciones disidentes con el político demócrata, que ha optado por mostrar la faceta más realista y dura de su poder.

Además de los aspectos jurídicos, las críticas apuntan a que la quita de legitimidad interna de la decisión de asesinar a Ben Laden puede terminar provocando el efecto inverso al buscado: menos seguridad mundial, al otorgarle nuevos y renovados argumentos de tensión a la red fundamentalista islámica de Al Qaeda.

Inclusive quienes habían salido a felicitar a Washington en los primeros momentos tras el mensaje, hubieron de rectificar en parte su postura: el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, afirmó que no apoyaba “ninguna muerte discrecional”, y el vocero de la canciller alemana Ángela Merkel pasó toda la semana relativizando la afirmación de la mandataria, en el sentido de que el ajusticiamiento sumario de Ben Laden la “alegraba”.

Frente a esta espiral crítica, Barack Obama ha decidido redoblar la ofensiva, y aprovechar el éxito militar de los comandos para mostrar que su decisión fue acertada al prevenir nuevos atentados, neutralizar un peligro con el menor costo, e inclusive revisar la alianza de defensa con Pakistán, un país permanentemente acusado de jugar a dos bandas (públicamente con los norteamericanos, pero por debajo con el radicalismo islamista afgano).

En esta línea, Obama visitó y celebró un emotivo acto en el Ground Zero neoyorquino, acudió personalmente a felicitar a los militares involucrados en la operación en Abbottabad, y pidió públicamente que el gobierno paquistaní de Asif Ali Zardari investigue las “redes de apoyo” al terrorismo fundamentalista que operan en el país, sin descartar que las mismas tengan inclusive conexiones militares y políticas con el propio gobierno de Islamabad.

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Al Qaeda se vengará

ISLAMABAD, KANDAHAR.- A falta de pruebas aportadas por el gobierno norteamericano, la ratificación de la muerte de Osama ben Laden vino de la propia organización terrorista.

Al Qaeda confirmó que era, efectivamente, su líder, y prometió de inmediato vengar su muerte.

Los talibanes afganos, muy cercanos al pensamiento y al ideario yihadista de Ben Laden, aumentaron su ofensiva militar en Afganistán.

Por segundo día consecutivo se enfrentaban ayer a las tropas regulares –apoyadas por militares de la OTAN- en Kandahar, lanzando ataques con lanzagranadas y combatientes suicidas en la región sur de Afganistán.

En Pakistán, la difícil situación en la que ha quedado el gobierno del presidente Asif Ali Zardari, con sospechas de haber permitido la residencia de Ben Laden en su suelo, se complicó ayer con el pedido de renuncia de todo el gobierno, formulada por los partidos de oposición, por haber tolerado la violación de la soberanía por los Marines norteamericanos.

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“Menos legitimidad, menos seguridad” Entrevista de Luis Zegarra para el diario Puntal (08 05 11)

“tras la muerte de bin laden, el mundo es más inseguro”

Entrevista a Nelson G. Specchia, por Luis Zegarra

(para el diario Puntal)

http://www.puntal.com.ar/v2/article.php?id=69753

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Al Qaeda, ¿más débil o más fuerte? (06 05 11)

Al Qaeda, ¿más débil o más fuerte?

Por Nelson Gustavo Specchia

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Transcurrida una semana desde el espectacular anuncio del presidente Barack Obama, en la medianoche del domingo, de que tras una larguísima década finalmente habían dado con el enemigo número uno de los Estados Unidos y lo habían ultimado, ya es claro a estas alturas que algo salió mal. El discurso del jefe de la Casa Blanca –corto, frontal, sereno y simple, pero de una contundencia operística- tenía, al menos, tres destinos: la sociedad civil estadounidense, los seguidores de su propio partido, y el auditorio mundial.

Respecto de la ciudadanía de a pie, el mensaje iba destinado a reencantar la vida política, tan debilitada y azarosa en los últimos tiempos, detrás de un logro patriótico y nacional: vencimos al gran enemigo, a aquel que osó atacar a Norteamérica por primera vez en su suelo, somos fuertes nuevamente, y nuestro país vuelve a ser un sitio seguro para vivir. Para este primer segmento estuvieron pensadas esas frases de que la captura de Osama ben Laden venía a demostrar que los Estados Unidos siguen siendo capaces de hacer lo que se propongan, y de que la muerte de Osama en una remota barriada de los alrededores de Islamabad era un acto de justicia reparadora para con los muertos en los atentados del 11 de septiembre de 2001.

El segundo colectivo de audiencia escogido por los redactores del mensaje eran los propios seguidores del presidente demócrata. A ellos venía a decirles: “lo hicimos nosotros, Bush no pudo encontrarlo y atraparlo durante dos períodos presidenciales, nosotros lo logramos.” Una de las facetas más problemáticas de la personalidad de Obama, al interior del Partido Demócrata, es su imagen de componedor y legalista, respetuoso de los sistemas de garantías, los cuidados procesales y los derechos humanos. Rasgos que contribuyeron en los considerandos del otorgamiento de ese premio Nobel de la paz, tan cuestionado en estas horas. Ese perfil de “blando” es el más atacado por los halcones de la política americana. Por ello, la ejecución de la operación y la decisión de tirar a matar, habrían tenido que devolverle una imagen de resolución y fortaleza frente a las adversidades. Inclusive algunos titulares de la prensa sostuvieron que el domingo a la noche Obama “se convirtió en comandante en jefe” del ejército norteamericano. Como si antes no lo hubiera sido de hecho, sino apenas de derecho. Para este auditorio estuvo pensada esa frase donde el presidente destacaba que había sido él, en persona, quien había dado la orden de ataque.

Y para el resto del mundo, el discurso quiso trasmitir un mensaje simple y fuerte: hemos ganado la guerra contra el terrorismo, y lo hemos hecho con el mínimo costo y sin una sola baja entre nuestros soldados. Y tras esta victoria, no sólo los Estados Unidos, sino el mundo todo, es un lugar más seguro.

El resultado inmediato que el mensaje del presidente norteamericano esperaba lograr era un cerrado y unánime apoyo, tanto interno como internacional. Sin embargo, a estas alturas, es claro que algo salió mal.

HIMNOS Y BRINDIS

Algunas centenas de personas se reunieron frente a la Casa Blanca, en Washington, y destaparon botellas de champagne, corearon consignas contra Al Qaeda, y cantaron reiteradamente el himno nacional. Otras docenas se reunieron también en el Ground Zero, el espacio neoyorquino que ocuparon en su día las Torres Gemelas que tumbó el atentado planificado por Osama en las cuevas de las montañas de Afganistán. Pero, en realidad, fueron muchas menos de las esperadas.

En la mañana del lunes, se conoció la felicitación expresada por el ex mandatario republicano George W. Bush, el presidente que declaró esa ubicua y sui generis guerra contra una entidad sin Estado. También llegaron otros mensajes de congratulación, como el del premier británico, y de algunos líderes cuya existencia y supervivencia política mucho depende de Washington. Aunque también aquí fueron muchos menos de los esperados.

En lugar de un cerrado apoyo, una serie de preguntas sobre la índole de la intervención militar, la brutalidad del ataque seguido de la muerte de Ben Laden, la violación de la soberanía paquistaní por un ejército de un país aliado, y la falta de pruebas materiales que apoyaran la versión de la Casa Blanca, fueron tomando forma, todavía en la manera de interrogantes. Las ediciones en Internet de los principales medios de prensa norteamericanos (dada la avanzada hora del anuncio, casi todos ya estaban impresos) fueron cambiando sutilmente con el transcurso de las horas, al igual que otros diarios del mundo. Y esos cuestionamientos, mientras se iban conociendo detalles, reflejaban un aumento del tono crítico. El jueves, después de tres días en que se difundieran las opiniones críticas de respetables líderes políticos mundiales, de juristas expertos del sistema de Naciones Unidas, y de analistas y columnistas internacionales, hasta la misma cadena televisiva CNN hablaba ya de un “asesinato a sangre fría”. Algo, efectivamente, había salido mal.

LOS CABOS SUELTOS

          Barack Obama tuvo la posibilidad de apresar a Osama ben Laden. El hecho de ultimarlo en la residencia amurallada de Abbottabad fue una decisión estratégica. Quizás si hubiese defendido su decisión con detalles y fundamentos, hubiera impedido que las versiones y las interpretaciones ocuparan el escenario, embarrando, desinformando y soltando cabos a cada paso.

Pero, en cambio, la información desde Washington intentó relativizar aquella toma de posición entre dos alternativas: detenerlo o matarlo. El presidente, como dijimos arriba, quiso adjudicarse la orden de disparar, pero ante las críticas se cambio la versión: la orden la dio la CIA, y sobre el terreno. Cuando hubo que explicar la muerte del terrorista, se afirmó que había presentado resistencia, pero luego se admitió que Osama estaba desarmado. Se reconoció que su paradero estaba ubicado desde hacía meses, y que la confirmación de su identidad era firme; los comandos de Seal Navy tuvieron inclusive la posibilidad de ensayar con suficiente anticipación la operación; y sin embargo no lograron capturarlo vivo. No hay manera posible de sostener esta versión.

A la mañana de un día se afirmaba que Osama había puesto a una esposa como escudo, a la tarde de ese mismo día se decía que la muerte de la mujer había ocurrido cuando se interpuso para salvarlo. Que el cadáver había sido rechazado por Afganistán, que había sido cuidado por los ritos musulmanes para los muertos, pero que para evitar un santuario de terroristas había sido lanzado al mar. En fin: que tampoco había cadáver para mostrar. Pero se mostrarían las fotos. No, no se mostrarían tampoco las fotos, eran demasiado horribles (el acto de la muerte del terrorista no lo era tanto, las fotos sí).

El equipamiento de cada comando Seal Navy incorpora una cámara de video, por lo que toda la operación fue filmada y grabada (y seguida por Obama, Biden, Hillary Clinton y el resto del equipo de seguridad de la Casa Blanca en tiempo real, mientras el jefe de la CIA, Leon Panetta, les iba explicando cada paso), pero tampoco se mostrarían al público esas grabaciones.

La identidad de Osama ben Laden se había hecho por reconocimiento facial del cadáver, y un ADN hecho a las apuradas sobre el avión. Tampoco estos análisis se harían públicos. Y eso era todo. Había que confiar en la palabra del presidente estadounidense, sin más pruebas. En Europa comenzó a circular la versión de que habían matado a un doble de Osama, y que el verdadero estaba vivito y coleando donde siempre había estado: en una cueva de las montañas afganas de Waziristán.

En conjunto, tantos cabos sueltos han terminado por quitar legitimidad a la operación militar norteamericana. En lugar de una intervención victoriosa y definitiva para terminar con Al Qaeda, parece encaminarse a ser lo contrario: la excusa ideal para reflotar una organización que estaba en decadencia, con un mártir como guía, y un enemigo contra el que estaría justificado atentar, sin respetar ninguna legalidad internacional, ya que él tampoco la respeta.

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La ONU exige “explicaciones” a Obama (06 05 11)

La ONU pide explicaciones por el ataque a Osama Ben Laden

Estados Unidos suma críticas por el fusilamiento sumario del jefe terrorista

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WASHINGTON, OSLO.- Después de una semana en que fueron acumulándose las posiciones críticas desde distintas latitudes, Naciones Unidas (ONU) cursó ayer una solicitud formal de explicaciones a la Casa Blanca, sobre la intervención que un cuerpo comando de la Armada estadounidense realizó el domingo pasado contra el líder de la red Al Qaeda.

El ataque de los marines del grupo de élite Seal Navy fue convirtiéndose en el centro de una controversia mundial durante la semana, a medida que se conocían detalles de la operación y quedaba en evidencia que la muerte del terrorista Osama ben Laden había sido premeditada y el objetivo final del ataque.

Además de abogados norteamericanos, que afirmaron que la acción ha sido contraria a las leyes internas de los Estados Unidos porque no pude encuadrarse en un “acto de guerra”, también expertos juristas de la organización multilateral sostuvieron que la violación del derecho internacional por parte del ejército norteamericano ha sido evidente.

Con estos fundamentos, la alta comisaria de Derechos Humanos de la ONU, Navy Pillay, pidió en la víspera que la Administración Obama gire a la organización “el reporte completo y preciso de los hechos”.

Pillay recordó que las Naciones Unidas han condenado las prácticas terroristas siempre y en todas las formas, pero al mismo tiempo sostuvo que “hay reglas elementales que deben ser respetadas también en la conducción de operaciones de antiterrorismo”, entre las cuales se cuenta la imposibilidad de ejercer torturas ni ejecuciones extrajudiciales.

La postura de la alta funcionaria hace alusión también a las declaraciones del jefe de la Central de Inteligencia (CIA) norteamericana, que admitió que para obtener datos del paradero de Ben Laden se había torturado a presos islamistas en la prisión de Guantánamo, mediante la aplicación del “submarino” (asfixia por inmersión).

En el mismo sentido, la organización no gubernamental humanitaria Amnistía Internacional (AI) se sumó ayer a las voces críticas, solicitando informaciones, especialmente sobre los civiles que habrían estado junto a Ben Laden en el momento del ataque.

La cancillería paquistaní –que también protestó formalmente ante Washington por la violación de su soberanía territorial- informó que una niña de 12 años, hija del líder terrorista, declaró que su padre fue detenido vivo y fusilado frente a su familia.

Las mismas fuentes gubernamentales confirmaron que entre los ocupantes de la residencia de Osama ben Laden nadie iba armado, por lo que el argumento de la resistencia desde la casa es difícil de sostener.

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Pakistán expulsa a los Marines

ISLAMABAD.- El gobierno paquistaní de Ali Zardari anunció ayer que había ordenado la salida del personal militar norteamericano del país, reduciendo el contingente de Marines a “niveles mínimos”.

La decisión gubernamental supone un duro revés para la estrategia de la Administración Obama en la región, dado que Pakistán ha sido un aliado tradicional de Estados Unidos y una base desde donde el Pentágono ha articulado la estrategia militar en la zona.

La supuesta existencia de elementos afines a Al Qaeda en el ejército y los servicios de inteligencia paquistaníes, llevaron a que Washington planificara la operación contra Osama ben Laden sin informarles, lo que supuso una violación de la soberanía de Islamabad.

El canciller del gobierno de Zardari, Salman Bashir, protestó formalmente ante Obama, y ayer decidió expulsar a los soldados norteamericanos. “No hay dudas de que cualquier repetición de un acto como este tendrá consecuencias desastrosas”, advirtió el canciller.

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La hija de Osama: Lo capturaron vivo (05 05 11)

La Casa Blanca acumula críticas por el asesinato de Ben Laden

Una hija del terrorista afirma que fue apresado vivo y ejecutado a sangre fía

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WASHINGTON, LONDRES.- Al tercer día del anuncio de la muerte del fundador de la red yihadita de Al Qaeda, poco quedaba ayer del tono de victoria y festejo con que la noticia fue presentada por Barack Obama.

Por el contrario, las críticas a la actuación de una unidad comando de los Marines norteamericanos, y la decisión de ultimar al líder terrorista en lugar de apresarlo, han crecido en las últimas horas, tanto por las respetables figuras que han salido a condenar el accionar arbitrario de la potencia hegemónica global, como de la índole de las argumentaciones, que pasó del plano político para alcanzar también los niveles jurídicos, lo que puede terminar afectando las relaciones bilaterales con Washington.

En Europa se tildó de “ejecución sumaria extrajudicial” la muerte de Osama ben Laden; además de la opinión del ex canciller alemán Helmut Schmidt, que viene sosteniendo que se trató de una “clara violación de la ley internacional” al desconocer la soberanía paquistaní, asesinar a Ben Laden, tomar su cuerpo y arrojarlo al mar.

A esta postura se sumó también el jurista australiano experto de la ONU, Geoffrey Robertson. A la posición del presidente norteamericano, que había sostenido que la acción militar constituía un hecho de “justicia reparadora”, Robertson afirmó: “Eso no es justicia. Es una perversión del término. La justicia significa llevar a alguien ante la corte, hallarlo culpable en base a evidencias y sentenciarlo”.

En el mismo sentido su colega, el reconocido jurista holandés Gert-Jan Knoops, sostuvo que no se trató de un acto de guerra, donde un enemigo puede ser eliminado, “este argumento no se sostiene”, añadió. Ben Laden “fue sometido a una ejecución sumaria, un asesinato a sangre fría”, concluyeron los expertos.

A las opiniones de los líderes políticos y de los juristas internacionales, comenzaron a sumarse también algunas voces de religiosos musulmanes.

El influyente imán hindú Syed Ahmed Bukhari dijo ayer que Ben Laden podría haber sido fácilmente apresado, pero que en lugar de eso, prefirieron asesinarlo. El religioso acusó al gobierno norteamericano de “promover la ley de la selva, ya sea en Afganistán, Irak, Pakistán o Libia”, y en una advertencia que sonó a reto sostuvo que la indignación de los musulmanes “ha cruzado el límite”.

Estas declaraciones se reavivaron luego de que una hija del líder de Al Qaeda, de 12 años de edad y detenida por la policía paquistaní tras el asalto del grupo comando norteamericano, relató a las autoridades que su padre fue capturado con vida por los Marines que asaltaron la casa, y luego fue ejecutado delante de su familia.

Posiblemente por ese mismo hecho, el presidente Obama, con rostro consternado, anunció ayer su decisión de no dar a conocer públicamente las fotografías y videos de la operación en los alrededores de Islamabad.

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Un asesinato a sangre fría (02 05 11)

EE.UU. mata a Bin Laden

Barack Obama anuncia al mundo el asesinato del líder de Al Qaeda en un tono victorioso, pero las críticas se mezclan con las celebraciones. Se consolida la supremacía militar de la potencia hegemónica. Temores por reacciones de los sectores fundamentalistas islámicos.    

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WASHINGTON.- En la medianoche del domingo, el presidente estadounidense Barack Obama anunció la muerte de Osama bin Laden, el multimillonario saudita creador de la red yihadista Al Qaeda y principal responsable de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

El comunicado, que se inició a las 0:35 horas del lunes y fue transmitido en directo por las televisiones de Occidente, se había anunciado con algunos minutos de anticipación, que sirvieron para que la opinión pública se pusiera en alerta, dado lo inusual de la metodología y de la hora elegida por el mandatario demócrata.

Las redes sociales, además, contribuyeron a concentrar una máxima audiencia mundial, las oficinas de tráfico de internet contabilizaron más de cuatro mil mensajes por segundo enviados por la red Twitter mientras duraba la alocución de Obama, y el debate, análisis y comentarios ocuparon las redes hasta muy entrada la madrugada.

En el mensaje, Barack Obama confirmó oficialmente el trascendido que había comenzado a correr en los minutos previos, aseverando que Osama bin Laden había sido asesinado de un balazo en la cabeza, disparado por un francotirador, en una acción militar planificada y ejecutada por las fuerzas militares estadounidenses en un suburbio de Islamabad.

El corto discurso, de frases muy cuidadas, apuntó a mostrar una victoria militar sobre el principal enemigo declarado de los Estados Unidos, el hombre que logró atacar por primera vez al gigante norteamericano en su suelo, y que esquivó durante una década entera la búsqueda y persecución de los servicios de inteligencia de la primera potencia del mundo.

Algunas de estas cuidadas oraciones del mensaje, sin embargo, han causado en los momentos siguientes reacciones dispares, tanto de los analistas políticos como de la opinión pública, especialmente en esa nueva modalidad horizontal de manifestación del humor social que posibilitan las redes por Internet.

Obama presentó la muerte de Bin Laden como una acción enmarcada en un conflicto bélico, pero los detalles no pueden ocultar que se trató de un asesinato a sangre fría, calculado (y hasta ensayado, con órdenes de “tirar a matar”) por un cuerpo de comandos Navy Seal de la Armada, violando la soberanía de un país aliado (Pakistán), y sin dar lugar a ningún tipo de juicio o tratamiento a prisioneros de guerra, como prevén los tratados internacionales.

El otro hito central del mensaje fue que la muerte del terrorista –que en el pasado también fue agente de inteligencia formado y financiado por los norteamericanos- constituye un acto de justicia reparadora para las víctimas de los ataques de septiembre de 2001. La lógica de la “Ley del Talión” (“ojo por ojo”) subyacente en estas palabras aparece como un posible aumento de riesgo para la seguridad interna norteamericana.

Obama, en cambio, insistió en que a partir de anoche “el mundo es más seguro”.

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¿Justicia o cálculo?

WASHINGTON.- Tras el discurso de Obama, cientos de manifestantes comenzaron a concentrarse frente a la Casa Blanca, y en el “Ground Zero”, donde estuvieron las Torres Gemelas en Nueva York.

Sin embargo, este clima de victoria, de brindis y de fervor patriótico (se entonaba en himno estadounidense con frecuencia), fue dando lugar con el transcurso de las horas y a medida que se conocían detalles de la operación, a otra sensación, más crítica y menos entusiasta.

El asesinato de Bin Laden de ninguna manera puede considerarse un acto de guerra, ni menos aún un acto de justicia, como lo presentó Obama en su mensaje.

Por el contrario, parece acercarse más a una medida dirigida a mostrar el poderío de la nación en un tiempo de debilidad y crisis; de efectividad de estrategias (en el mismo momento en que se difunden datos sobre el campo de concentración de Guantánamo); y del firme pulso del propio Barack Obama, cuando comienza la carrera por la reelección presidencial.

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Khaddafi recupera terreno (01 03 11)

El ejército avanza sobre las zonas ocupadas por los rebeldes. China y Rusia se oponen a una intervención militar directa.

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El líder libio, Muhammar el Khaddafi, volvió a aparecer ayer en las cadenas oficiales de televisión del convulso país norafricano, en una actitud exultante y realizando gestos de victoria, luego de que se difundiera por los mismos medios que las tropas que responden al régimen habían logrado un avance decisivo sobre los enclaves ocupados por la insurgencia opositora cercanos a Trípoli.

En su nueva aparición pública, Khaddafi volvió a insistir en el discurso que mantiene desde el estallido de la crisis el 15 de febrero pasado, sosteniendo que la red fundamentalista islámica de Al Qaeda está detrás del alzamiento civil.

Osama ben Laden y el yihadismo sunnita tiene intenciones de “sembar el caos” en todo África, sostuvo el coronel que ocupa el poder hace 42 años, con las intenciones de instalar un califato religioso en todo el Magreb, la larga línea de países musulmanes de la costa mediterránea del Continente Negro.

Sin embargo, en el mismo discurso Khaddafi amenazó con una hipotética alianza con Ben Laden, “mañana mismo podríamos reunirnos y llegar a un acuerdo con él”, dijo, para hacer frente al “intervencionismo occidental”. Su gobierno sostiene –según lo expresó el ministro de Exteriores Mussa Kusa- que quienes sostienen a los opositores en Bengasi son los gobiernos de EE.UU., Inglaterra y Francia, en un intento “colonialista” de apropiarse de los recursos petroleros. La producción de petróleo de Libia alcanza los 1,69 millones de barriles diarios, y un 80 por ciento de ellos se exportan a Europa.

Mientras tanto, en los foros multilaterales se sigue discutiendo la conveniencia de forzar una zona de exclusión aérea que proteja a los civiles de los bombardeos de la aviación.

Luego de que el presidente estadounidense, Barack Obama, impulsara el martes los planes de la Alianza Atlántica (OTAN) en la planificación de una intervención militar directa en Libia, ayer voceros del gobierno chino hicieron pública la postura del gobierno de Pekín, sosteniendo que cualquier acción debe “respetar la soberanía y la integridad territorial” de Libia.

Unas horas después, un comunicado desde Moscú hizo saber que Rusia respalda la posición de China. Ambos países disponen de poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU).

Apoyado en este relativo respaldo de dos grandes potencias mundiales, y en el avance que registraron las tropas leales sobre las posiciones defendidas por las fuerzas irregulares de la oposición, Muhammar el Khaddafi parece haber lanzado ayer una ofensiva diplomática para quebrar el frente externo contra su régimen.

Dos aviones con mediadores salieron de Trípoli, según sostenían los cables filtrados por la agencia qatarí Al Jazeera en la tarde de ayer, uno tendría como destino Bruselas, para negociar con los funcionarios de la Unión Europea, mientras que otro jet habría transportado al general Abdel Rahman ben Ali el Said al Sawi, como enviado personal de Khaddafi, hasta El Cairo, con un mensaje del líder libio a la junta militar que gobierno Egipto.

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El “renacimiento” árabe y el modelo turco (05 03 11)

El “renacimiento” árabe y el modelo turco

Por Nelson Gustavo Specchia

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Con los primeros días de este año 2.011 comenzó un proceso político que –a estas alturas ya parece claro- viene a transformar todo el mapa geopolítico mundial en una nueva dirección. La caída de la autocracia tunecina de Zine el Abidine ben Ali, el pequeño gran disparador de toda la revuelta, y la velocísima desestructura del régimen egipcio de Hosni Mubarak, sentaron las bases de una ola que, con una fuerza expansiva inaudita y un alcance largo, ha comenzado a mover todas las fichas del tablero árabe, esa larga línea de 8.000 kilómetros de costas, desde Marruecos hasta Omán, cruzando todo el norte de África y englobando el Oriente Medio asiático.

La insurrección de Libia contra Muhammar el Khaddafi, una revuelta que asciende en espiral en estos días, es el último coletazo de este sismo regional, que a cada paso demuestra su buena salud y su ímpetu: lejos de agotarse en Trípoli, es capaz de extenderse, con la velocidad y la profundidad manifestada en los primeros días de enero, hacia las sociedades vecinas, diferentes todas en su especificidad, pero también emparentadas todas por la lengua y la obediencia al Profeta.

Pienso que, con propiedad, podemos hablar ya de un “renacimiento” árabe, asemejándolo con aquel proceso vivido por Europa hacia fines del siglo XV, después de los mil años largos en que el viejo continente transitó la calma medieval tutelada por la iglesia católica y la cercanía entre verdad religiosa y normas políticas.

Las distancias a salvar entre ambos procesos son tan grandes que, claro está, mi afirmación sólo intenta ser referencial. Pero remarco que uno de los elementos que habilitaban hasta ahora el apoyo estratégico de los países occidentales (concretamente, de la Unión Europea y los Estados Unidos de Norteamérica) a regímenes fuertes en el mundo árabe, haciendo caso omiso de los déficit democráticos vergonzantes y de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos, era la argumentación que estos gobiernos pseudo dictatoriales eran la única garantía ante la posibilidad del avance del radicalismo islámico y el yihadismo. Con un tono menos enfático, también se admitía que los autócratas eran los mejores socios al momento de asegurar la provisión de petróleo.

Pero, sin embargo, en las plazas tunecinas como en los históricos 18 días de la plaza Tahrir de El Cairo, se coreaban consignas en pro de la libertad política, de la dignidad, de la participación y la democracia, de apertura y de transparencia. En definitiva, mutatis mutandis, de algo muy parecido a aquello que llevó a la modernidad renacentista en las ciudades europeas.

Y tanto en Túnez y Egipto ayer; como en la insurrección en Libia hoy; y quizá en Bahrein, Yemen, Marruecos, Algeria, Jordania, Líbano, Siria o Palestina mañana, la experiencia política que se mira con más atención es la de Turquía.

El fantasma de los ayatollahs

Acostumbrados al discurso de la contención del islamismo, dominante en la política internacional hacia la región durante el siglo XX, los primeros análisis sobre la revuelta en Túnez y Egipto miraron hacia Irán. La revolución de 1979 que derrocó a los Pahlevi también tuvo unos orígenes heterogéneos, donde los diferentes colectivos marchaban juntos, aunque los objetivos de unos tuvieran poco que ver con los de los otros. En esa efervescencia, los grupos laicos llegaron a tomar la conducción de Teherán. Pero entre las diferencias que separan el proceso persa del que hoy vive el mundo árabe, resalta que en aquel había una figura que concentraba el pulso revolucionario, el ayatollah Ruhollah Khomeini. Astuto y dueño de una fina inteligencia política, Khomeini se percató del espíritu laicista que predominaba en el alzamiento popular, y en lugar de ocupar él u otro clérigo el centro del proceso, promovió a un laico para encabezar el gobierno de transición. Pero sólo le permitió una corta estancia, a los siete meses el Comité Revolucionario, bajo su férula personal, establecía la República Islámica, teocrática y conservadora.

Hoy, no sólo que ninguna figura comparable a un Khomeini asoma entre los partidos islamistas que lentamente comienzan a asomar la cabeza a la superficie, luego de décadas de censura y proscripción. Sino que el énfasis no es teocrático, ni pasa por la defensa de la ley religiosa, la sharia, en la regulación de la vida social. El modelo es otro, el camino es el que siguieron los turcos.

La vía turca

Aunque sí es cierto que, en los tiempos de la descolonización, con los movimientos nacionalistas, socialistas y panarabistas campeando a sus anchas, el sentimiento religioso buscó sus propios causes. Los Hermanos Musulmanes, fundados por Hassan al Banna en Egipto, se convirtieron en un primer momento, junto al wahabismo saudí, en el útero desde el cual nacieron los movimientos yihadistas radicales. De hecho, el lugarteniente de Osama ben Laden, Aymman al Zawahiri, ideólogo de Al Qaeda, proviene del núcleo originario de los Hermanos Musulmanes egipcios.

Sin embargo, además de esta línea que optó por las reivindicaciones violentas, otra corriente, en vez de mirar hacia el wahabismo de Arabia Saudita, se siente mucho más cómoda con la Turquía actual. Allí, donde después de un proceso de desgarro con el califato imperial otomano (que, como en la edad media europea, acercaba peligrosamente la fe y la política) y de una secularización a rajatabla impuesta por Mustafá Kemal, Atatürk, hoy se está logrando un nuevo equilibrio. Una combinación original entre principios republicanos y democráticos, y práctica religiosa musulmana, de la mano del partido islamista moderado que conduce el premier Recep Tayyip Erdogan: la modernidad, las libertades políticas, y el respeto cultural a la especificidad religiosa musulmana, todo junto,

Además de la profundidad del cambio cultural que implicará en el futuro próximo el reordenamiento de todo el mapa geopolítico árabe, si llega a primar la vía turca en la salida de las revueltas de este nuevo “renacimiento” árabe, esa opción enviará un mensaje potentísimo: la democracia representativa, la libertad y la organización institucional republicana no es patrimonio exclusivo de las sociedades modernas, cristianas y secularizadas, de Occidente.

Y este mensaje general, para la Unión Europea tendrá también una posdata particular: no fue una buena idea poner tantos palos en la rueda del ingreso de Turquía a la organización continental. Ahora quizá ya ni quiera entrar, ocupada como estará en gestionar su ascendencia en la marcha de un proceso regional extensísimo y multitudinario, que podría llegar a abarcar una superficie de trece millones de kilómetros cuadrados (más grande que los Estados Unidos, que Europa, y aún que la gigante China), asentada sobre un mar de petróleo, y habitada por unos doscientos millones de almas. Así de importante.

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en Twitter:  @nspecchia

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“Al Qaeda no está detrás de la revuelta libia”, entrevista en Cadena 3

“Al Qaeda no está detrás de la revuelta libia”

Entrevista a Nelson G. Specchia en Cadena 3,

por Pablo Rossi

 

 

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nelson.specchia@gmail.com

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