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Los rebeldes matan a Khaddafi (21 10 11)

El ex dictador es apresado al intentar huir de Sirte. Imágenes de celulares lo muestran vivo y luego con dos disparos en la cabeza. El joven de 18 años que lo ultimó es entronizado como héroe. Uno de los hijos del coronel también acribillado.  

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Finalmente, la guerra civil que se había instalado en Libia tras el alzamiento insurgente de Misrata, a principios de año, comenzó ayer a terminar, con el apresamiento y la muerte del coronel Muhammar el Khaddafi.

El ex gobernante, que instaló en el país norafricano un régimen político sui generis, originariamente con pretensiones de revolución socialista pero que terminó decantándose en una autocracia personalista asociada a su figura, se mantenía como prófugo en escondites secretos desde que las tropas rebeldes, con apoyo aéreo y táctico de la Alianza Atlántica (OTAN) se hizo con el control de la mayor parte del territorio.

En ese escenario, se especuló sobre las posibles salidas de Khaddafi hacia el exilio –como efectivamente lo hizo parte de su familia y de su Estado Mayor- o sobre las posibilidades de que hubiera encontrado refugio entre su propia tribu, los Khaddafa, que tiene presencia mayoritaria en la ciudad de Sirte.

La resistencia que mostraba este enclave ante la avanzada rebelde fue apoyando esta posibilidad durante las últimas semanas, y quedó demostrada en la víspera.

El coronel, como había manifestado en algunos comunicados que logró filtrar hacia emisoras árabes extranjeras, permanecía en territorio libio y alentaba una reacción contra la insurgencia rebelde.

En la mañana del jueves, ante el estrecho cerco que los rebeldes mantenían sobre Sirte, el núcleo más cercano al ex mandatario decidió abandonar la ciudad y preparó una caravana de automóviles fuertemente pertrechada, para intentar romper el cerco rebelde y, se presume, que con la intención de tomar la ruta del desierto hacia los oasis del sur del país, desde donde podrían haber pasado a Níger, como lo hiciera un convoy con el alto mando militar khaddafista hace poco.

Sin embargo, a escasos tres kilómetros del borde de la ciudad, la caravana fue atacada por el aire (la OTAN confirmó que un “drone” no tripulado atacó a un convoy que abandonaba Sirte), que la desarticuló.

Muhammar el Khaddafi y algunos de sus allegados más cercanos, como el ex ministro de Defensa, Abu Bakr Yunis, huyeron a pie y se ocultaron en unas cañerías de desagües cercanas. Las tropas rebeldes, que habían presenciado el ataque aéreo, comenzaron a perseguirlos, y lograron dar con el grupo cuando de las tuberías salió un combatiente khaddafista denunciando a los gritos que el coronel se encontraba oculto allí. Las imágenes difundidas por la cadena Al Jazeera muestra al ex mandatario vivo, apresado por los rebeldes, cubierto por unas ropas marrones.

Las imágenes siguientes ya mostraban el cadáver del coronel, con impactos de bala en la cabeza, el cuerpo y las piernas. Otras imágenes de la misma cadena mostraron el cadáver de su hijo Mutassim, que supuestamente integraba el mismo convoy y fue ultimado por los rebeldes en las afueras de Sirte.

Los líderes del Consejo Nacional de Transición (CNT) confirmaron la muerte del ex mandatario, de 69 años, y el definitivo derrocamiento de su régimen autocrático, que se extendió por 42 años en Libia.

Cuando la noticia de la muerte del ex dictador fue confirmada, diversos líderes salieron a expresar el deseo de la comunidad internacional de que este hecho aporte a la pacificación de Libia, y al inicio de un auténtico proceso de institucionalización y democratización del país.

Obama ofrece “cooperación”

A media tarde de ayer, el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, convocó a una corta conferencia de prensa en los jardines de la Casa Blanca, para confirmar la muerte del coronel Khaddafi y para anunciar que la reconstrucción del país norafricano, tras el fin de lo que calificó como “un largo y doloroso capítulo”, contará con la cooperación de su gobierno.

Obama insistió en que los libios tienen ahora la oportunidad y la responsabilidad de construir un país “inclusivo, tolerante y democrático”, y pidió llevar adelante una “transición estable”.

El líder demócrata concluyó sosteniendo que los libios “ganaron su revolución, ahora nosotros seremos sus socios en la reconstrucción”, dijo.

Por su parte, la Alianza Atlántica (OTAN), que ha jugado un papel determinante en la caída del régimen de Khaddafi, ha convocado para hoy una reunión de embajadores, en la que tratará la nueva situación en el país tras la muerte del ex mandatario.

Algunas fuentes diplomáticas aseguran que el presidente Obama no quiere extender la operación “Protector Unificado”, que dio cobertura militar y logística a los rebeldes del CNT, más allá de la desaparición del régimen y de la persona del coronel.

El secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, llamó ayer a la reconstrucción nacional libia y a la protección de la población civil, sin dar detalles sobre los plazos y fechas de culminación de la operación.

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Trípoli: cae el bastión de Bab al Aziziya (24 08 11)

Avanza la toma rebelde de Trípoli

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Los insurgentes entran en el complejo Bab al Aziziya. El líder libio sigue en paradero desconocido. Inquietud por la posibilidad de una violenta agonía del régimen. La comunidad internacional reconoce la representación del Consejo Nacional de Transición (CNT)  

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Uno de los escenarios más temidos pareció instalarse ayer en la capital de Libia, cuando el tercer día de batallas tras el ingreso de las columnas de insurgentes rebeldes dejaba paso a la recuperación de algunos espacios por parte de leales al régimen.

Además de frentes urbanos “calientes” (especialmente en el complejo presidencial de Bab al Aziziya y el hotel Rixos, en el centro, pero también en barriadas de la periferia), se registraban combates liderados por las fuerzas regulares en algunas poblaciones que rodean a Trípoli.

En la ciudad vieja, las fuerzas progubernamentales llegaron inclusive a disparar fuego de morteros contra las multitudes que habían llenado la Plaza Verde, el que fuera el epicentro de las concentraciones políticas de apoyo al líder libio, y donde se registraban sus habituales arengas militantes.

La Plaza Verde fue el punto donde terminaron convergiendo las ordenadas columnas de milicianos rebeldes en su ingreso a la ciudad, que se vieron incrementadas por enormes grupos de libios que los recibían con aplausos y muestras de adhesión.

Sin embargo, en la tarde de ayer muchos de estos grupos que permanecían en la explanada debieron desocuparla, ante el contrataque de las tropas oficialistas.

Los leales al coronel Muhammar el Khaddafi también cuentan con francotiradores apostados en las alturas de edificios, que disparaban contra los rebeldes.

El caos revolucionario que envolvió ayer la tercer jornada de la toma de Trípoli hacía muy complejo el conteo de víctimas, aunque todos los reportes coincidías en marcar el hecho de que los hospitales y las dependencias sanitarias estaban colapsadas por la atención de heridos.

El hotel Rixos, por su parte, se convirtió en las últimas horas en otro de los centros de atención de la capital. En sus habitaciones se alojan prácticamente todos los corresponsales de prensa extranjeros que cubren la batalla de Trípoli, y allí había ido ayer el hijo del mandatario, Saif al Islam Khaddafi, a desmentir que hubiera sido capturado por los rebeldes (una especie que circuló durante toda la víspera, y que inclusive tuvo el apoyo del fiscal del Tribunal Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo), y de que en realidad eran las tropas khaddafistas las que tenían el control de la situación.

A pesar de la espectacularidad de la aparición de Saif al Islam, segundo personaje de importancia en el gobierno tras su padre, muy pocas agencias se hicieron eco de sus palabras; y por la noche guardias afines a los Khaddafi, fuertemente armados, ocuparon el hotel.Los reporteros se habían encerrado anoche en el sótano del edificio, a la espera que los hombres del régimen se retiraran.

Hacia el final de la tarde, por último, la televisión independiente –en especial la señal de la cadena qatarí Al Jazeera- trasmitía imágenes del comienzo de la toma del complejo presidencial de Bab al Aziziya por parte de los rebeldes. Aunque para entonces ya se descartaba que el coronel Muhammar el Khaddafi estuviera atrincherado en alguna de sus dependencias.

Oculto pero presente

Aunque nadie duda de que el régimen autocrático que durante 42 años comandó el coronel Muhammar el Khaddafi, que no aparezca personalmente extenderá la guerra durante plazos imprevisibles.

Así como la figura omnipresente del líder libio definió la vida del régimen, es su ausencia la que en estos momentos impide concluirlo.

La jornada de ayer develó, al menos, que no estaba oculto en su complejo residencial, personal e institucional, de Bab al Aziziya.

Los rebeldes lograron tumbar los altos muros e ingresar a los jardines de múltiples edificios, y comenzaron un sistemático saqueo, llevándose el lujoso mobiliario y una innumerable cantidad de armas (algunas incluso revestidas de oro).

La televisión Al Jazeera mostraba a los insurgentes destruyendo los vidrios y las puertas para entrar a los inmuebles, y buscar en cada rincón, sótano o altillo, pero Khaddafi no apareció.

Al mismo tiempo, la OTAN detectó un misil disparado desde Sirte, núcleo de la tribu de los Khaddafa, en cuyo seno podría haberse ocultado el mandatario. Y encontrarlo allí será una ardua tarea.
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La OTAN frena a Khaddafi. Europa apoya en bloque

La OTAN cierra el cielo libio y detiene la toma de Bengasi

Khaddafi asegura que resistirá y promete convertir al Mediterráneo en una zona de guerra

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Las fuerzas militares de la coalición occidental liderada por Francia, bombardeaban anoche por segundo día consecutivo las defensas antiaéreas del régimen libio del coronel Muhammar el Khaddafi, con el objetivo de establecer una zona cerrada a los vuelos de la aviación militar de Trípoli.

El ataque aliado, amparado en la resolución 1.973 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), comenzó a las pocas horas de que el organismo multilateral aprobara acciones ofensivas para proteger a la población civil de los bombardeos de Khaddafi, cuando fuentes oficiales libias aseguraban estar a las puertas de Bengasi, la ciudad oriental libia donde se ha asentado la coordinación de las fuerzas insurgentes y el Consejo Nacional, el órgano provisorio de gobierno de los alzados.

Los objetivos de la ofensiva occidental, que se basa principalmente en los caza bombarderos franceses con el apoyo de misiles norteamericanos lanzados desde las naves próximas a la costa libia, han vuelto a apuntar ayer a la capital, Trípoli, por segundo día consecutivo.

Según han informado fuentes castrenses occidentales, la acción ofensiva intenta desactivas las defensas antiaéreas, que dejarían desprotegida a la aviación libia, lo que permitiría, a su vez, el establecimiento de una zona de exclusión aérea.

Sin embargo, el jefe del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, el almirante Mike Mullen, reconoció que al menos 90 personas murieron, mientras otras 200 resultaron heridas, como consecuencia de los bombardeos de la coalición, señalaron fuentes informativas en América latina.

La cadena árabe Al Jazeera, por su parte, trasmitió el comunicado oficial del gobierno de Khaddafi, que momentos después de iniciado el ataque aliado, el sábado pasado, anunció que había ordenado a todas las unidades gubernamentales “un alto el fuego inmediato”. La medida militar se tomaba, seguía el parte, para preservar las posibles bajas civiles y “la destrucción de edificios civiles y militares”.

Sin embargo, la misma cadena informaba poco después que las defensas antiaéreas habían empezado a disparar, y el ataque del régimen sobre Bengasi seguía adelante, así como la ofensiva de las tropas de Khaddafi en otras ciudades tomadas por los insurrectos.

El presidente estadounidense Barack Obama, de visita oficial en Brasil, ha afirmado que su país no invadirá Libia ni se involucrará en combates cuerpo a cuerpo sobre el terreno, sino que se limitará a cumplir con la resolución de la ONU en coordinación con los demás miembros de la Alianza Atlántica (OTAN). El director del Pentágono, William Gortney, ratificó que el objetivo no es alcanzar militarmente al líder libio.

Apoyo europeo

Finalmente, y tras unos primeros momentos de falta evidente de coordinación, las cancillerías europeas se han alineado detrás de la iniciativa del presidente francés Nicolás Sarkozy y el primer ministro británico David Cameron, cuyos efectivos militares lideran junto a Estados Unidos la ofensiva contra las posiciones antiaéreas del régimen libio.

Italia y España se han sumado con recursos militares, y hasta la remisa Ángela Merkel, que había planteado objeciones a la intervención y se abstuvo de votar la resolución 1.973 en la ONU, se sumará al accionar conjunto permitiendo la utilización de sus bases por los ejércitos de la OTAN, señaló el ministro de Exteriores, Guido Westerwelle.

Las voces opositoras a la acción militar fueron encabezadas por el presidente venezolano Hugo Chávez, que pidió el cese de la “agresión del imperialismo” contra Khaddafi; también expresaron su protesta los gobiernos de Uruguay, Ecuador y Nicaragua.

Rusia, China, India y Brasil, si bien se abstuvieron en la ONU, no han condenado el ataque militar.

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Khaddafi amenaza con sangre (03 03 11)

La OTAN evalúa cerrar el espacio aéreo libio para proteger a civiles

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El cuestionado líder libio Muhammar el Khaddafi volvió a aparecer en público ayer, y utilizó las cadenas de comunicación que aún controla para advertir sobre las consecuencias de una intervención de fuerzas militares extranjeras.

Con la reubicación de parte de la flota estadounidense frente a las costas de Trípoli, y las declaraciones de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, que en Ginebra afirmó que el gobierno del presidente Barack Obama no descarta “ninguna acción” directa para intervenir en la crisis del país norafricano, el discurso de Khaddafi en la víspera fue leído como una respuesta a la posibilidad de una injerencia militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), donde confluyen los efectivos norteamericanos y sus aliados de la Unión Europea (UE).

En este sentido, y teniendo presente las recientes sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) y la creciente presión internacional, el mandatario afirmó que una acción militar directa se respondería con una “guerra sangrienta”, en la que “miles de personas morirán” si la OTAN acude finalmente en ayuda de la insurrección que ha alzado a una parte del país en reclamo del fin del régimen.

Además de estos mensajes hacia el exterior, en esta nueva aparición pública, la tercera desde que comenzó la insurrección, el coronel Khaddafi alentó a sus partidarios a sumarse a la defensa nacional, sosteniendo que “vamos a luchar hasta el último hombre y la última mujer, hasta la última gota de sangre contra el terrorismo en Libia, pulgada a pulgada”, y realizó claras advertencias internas, al sostener que cualquier libio que abra la puerta o acepte asistencia humanitaria extranjera será acusado y condenado por “alta traición”.

El discurso del dirigente coincidió con una contraofensiva de las fuerzas armadas que le siguen siendo fieles, hacia la mitad oriental del país, donde los alzados se han hecho fuertes.

La cadena televisiva qatarí Al Jazeera informó de sucesivos ataques sobre las posiciones tomadas por los rebeldes, y la respuesta de éstos. Los rebeldes habrían logrado en las últimas horas repeler el intento del gobierno de volver a controlar las ciudades del este, donde se acumulan los principales pozos petroleros y los oleoductos hacia la costa mediterránea. Según los reportes filtrados a la prensa internacional, durante la madrugada de ayer los efectivos militares leales a Khaddafi, junto a los cuerpos de mercenarios contratados en los países subsaharianos, lanzaron un contundente ataque sobre la ciudad de Brega, uno de los más importante enclaves petrolíferos, a 800 kilómetros al este de Trípoli. Sin embargo, los rebeldes, que desde esta semana están coordinados militarmente por un Consejo creado a tal efecto, lograron contestar el ataque –que incluyó artillería pesada y bombardeos de la aviación- y mantener el control de la ciudad.

Al tiempo de mostrar la paridad de fuerzas entre ambos sectores, y la importante porción de militares profesionales que se cuentan entre los alzados, la batalla de Brega constituyó una fuerte señal hacia todos los rebeldes al mostrar que una victoria sobre las fuerzas regulares del régimen es posible.

En este sentido, el Consejo Nacional –la organización creada por los insurrectos en Bengasi- ha comenzado a apelar a la ayuda militar internacional, sin la cual la guerra entre ambos bandos podría enquistarse durante largos períodos, dada la paridad de fuerzas.

Sin embargo, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, advirtió ayer que crear una zona de exclusión aérea sobre Libia requeriría bombardear posiciones antiaéreas, lo que supondría una declaración formal de guerra a Khaddafi, algo que aún no está decidido en Washington.

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Khaddafi, entre la resistencia y la Corte Penal Internacional (28 02 11)

Khaddafi se atrinchera en Trípoli acusado de crímenes de guerra

Las Naciones Unidas declaran la alerta humanitaria en la región, tras la huída de 100.000 libios por las fronteras. La oposición forma un Consejo para reemplazar al dictador. Estados Unidos involucra a los europeos en la ayuda.

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Libia ha comenzado a dar los primeros pasos para organizar una transición desde el régimen autocrático y personalista del coronel Muhammar el Khaddafi hacia una nueva institucionalidad, aunque sus características están aún lejos de presentarse en forma clara y definida.

En las ciudades de la costa oriental, después de varios días de estar fuera del alcance del gobierno central, el desorden propio de la “liberación” empieza a dar lugar a instancias de regulación urbana, que siguiendo la estructura social y cultural más tradicional en Libia, pasa por las instancias tribales. De esta manera, los referentes de las diferentes tribus en la mitad oriental del país han comenzado a dar forma a una administración provisional, que ha adoptado la denominación de Consejo Nacional, y al que aspiran ir incorporando a representantes de todas las zonas ocupadas por la oposición al régimen.

El centro de esta “Coalición Revolucionaria 17 de febrero” se ubica en Bengasi, la segunda ciudad del país, y el primer centro urbano de importancia en quedar en manos de los rebeldes. Si bien aún no se sabe con precisión qué características tendrá este Consejo, quién será su presidente ni por cuántos miembros estará integrado, constituye la primera instancia formalizada de la oposición al régimen y “tendrá a su cargo monitorear la transición”, según declaró su portavoz en Bengasi, Abdelhafiz Hoga.

Así, el centro de los enfrentamientos armados entre los que se mantienen fieles a Khaddafi y la vanguardia rebelde se ha trasladado al oeste, y se ubicaba en la víspera en las propias periferias de la capital, convertida en la última trinchera del gobierno. Según trascendidos difundidos por la cadena Al Jazeera, y por testimonios de los miles de libios que huyen del conflicto por los pasos fronterizos hacia Egipto y Túnez, los rebeldes ya habrían tomado el control de Zawiya, distante sólo 50 kilómetros de Trípoli, y se habrían hecho con la ciudad de Misrata, la tercera del país, expulsando a las fuerzas gubernamentales, compuestas por parte del ejército regular y por milicianos mercenarios contratados en los países del África subsahariana, como también pudo verse en videos caseros subidos a Internet.

De esta manera, además de la capital, el clan Khaddafi sólo controlaría las ciudades de Gadames, Sebha y Sirte, menos de una quinta parte del Estado.

Mientras tanto, la presión internacional sobre Khaddafi se ha acentuado fuertemente en las últimas horas. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) se avino finalmente a aprobar duras sanciones contra el gobierno libio, quitando toda legitimidad al coronel Khaddafi y sentando las bases para que sea acusado por crímenes de guerra en la Corte Penal Internacional de La Haya, según una resolución impulsada por Francia y Gran Bretaña, con el respaldo de Estados Unidos, y votada por unanimidad.

Por su parte, y luego de unos días de indefinición, el presidente estadounidense, Barack Obama, sostuvo que “Khaddafi debe irse sin más derramamiento de sangre”, y su secretaria de Estado, Hillary Clinton, reafirmó ayer que su país “está listo para ofrecer cualquier tipo de asistencia” a la oposición rebelde, y añadió que viajará hoy a Ginebra para reunirse con los cancilleres europeos y los aliados árabes, en orden a coordinar acciones conjuntas contra Trípoli.

Mientras trascendía un millonario depósito de casi 5.000 millones de dólares que los testaferros de Khaddafi realizaron en Londres, que fue interpretado como una preparación del dictador para abandonar el país, su hijo Saif el Islam afirmaba en Trípoli, por el contrario, que el mandatario se encuentra “de buen humor”, que el grupo dirigente se encuentra “con la moral alta”, y que el régimen está seguro de aplastar la insurgencia, a los que calificó de “terroristas”.

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El gobierno egipcio endurece el trato hacia la protesta opositora

Las columnas pro-Mubarak causan 13 muertos y más de 1.200 heridos

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Aunque ya nadie pone en duda que el gobierno egipcio está agotado, el régimen se aferra al poder, aislándose internacionalmente y reprimiendo las movilizaciones populares. En jornadas muy violentas, columnas pro gubernamentales (que diversos observadores identifican como miembros de los cuerpos policiales vestidos de civil) se enfrentan a los opositores, y las calles céntricas de la capital volvieron a convertirse en la víspera en el escenario de una batalla campal, con cargas de caballos y camellos, hombres armados con barras de metal, garrotes y armas blancas.

Los pocos efectivos del ejército que permanecían en los bordes de la plaza, después de que la cúpula castrense comunicara que no tomaría parte por ninguno de los dos bandos, realizaron algunos disparos al aire, e intentaron –aunque débilmente- ubicarse entre ambos grupos, pero no lograron evitar el encontronazo. Desde las propias fuentes de información oficiales, el ministerio de Sanidad informó de 13 personas fallecidas en los enfrentamientos entre ambas facciones, y 1.200 heridos, aunque organizaciones humanitarias no gubernamentales manejaban cifras aún más elevadas.

Junto a los enfrentamientos entre opositores y defensores del gobierno, ayer nuevamente se sucedieron los actos vandálicos y las agresiones a los medios de prensa, con especial encarnizamiento a los corresponsales de medios extranjeros.

Ayer la situación parecía, de momento, inclinarse hacia las facciones progubernamentales, que habían logrado dispersar el grueso de los manifestantes opositores y patrullaban las arterias céntricas, agrediendo a cualquier grupo de manifestantes que encontraran.

Significativamente, el presidente volvió a aparecer en una entrevista, y sostuvo que su permanencia en el poder responde al principal motivo de impedir que “el caos se instale” en El Cairo, cuando en las limitadas trasmisiones que por internet y por la cadena Al Jazeera se recibían, el caos social campeaba por todas las esquinas de la ciudad.

Ante la violencia creciente, y por la actitud de los milicianos pro Mubarak, la oficina egipcia de Naciones Unidas (ONU) comenzó a retirar a su personal, que trasladó a la isla de Chipre. Los periodistas extranjeros, por su parte, permanecen recluidos en el hotel Ramsés Hilton, para evitar el robo de sus equipos e inclusive la posibilidad de linchamiento; hay seis periodistas desaparecidos, y un corresponsal griego fue apuñalado en una pierna.

El vicepresidente, Oman Suleiman, endureció el discurso oficial y dijo que las protestas serán reprimidas, aunque al mismo tiempo convocó a un diálogo con la oposición, que sigue rechazándolo en estas condiciones. Suleiman, ahondando la soledad del régimen, rechazó las protestas internacionales –ya a estas alturas prácticamente unánimes-, aduciendo la soberanía egipcia para resolver sus “asuntos internos”.

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El “rais” provoca una batalla en las calles (03 02 11)

Batalla campal luego de que Mubarak anunciara su continuidad

Tres muerto y centenares de heridos en enfrentamientos en las calles de El Cairo

 

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La revuelta que sacude a Egipto cambió ayer de dirección, dejando de lado los modos pacíficos y pasando a una batalla campal entre opositores y supuestos seguidores del gobierno, que ya ha costado una víctima fatal y más de medio millar de heridos.

La tensión estalló en la tarde de ayer, luego de que el presidente Hosni Mubarak se dirigiera al país por la televisión oficial, y anunciara su continuidad en el ejercicio del Ejecutivo, aunque, como una concesión a las movilizaciones de los últimos diez días, también comunicó que no volverá a presentarse para un nuevo período presidencial.

Las palabras de Mubarak y su intención de tutelar una transición cosmética hasta las próximas elecciones enardecieron a la multitud que colmaba la céntrica plaza Tahrir, una aglomeración que la cadena de televisión árabe Al Jazeera calculó en dos millones de personas (aunque las cifras oficiales sólo mencionaban unas doscientas mil).

El ejército, que se había mantenido neutral frente a las columnas de movilizados que violaban el toque de queda en la concentración, y que inclusive había dado algún signo de afinidad con la población civil al reconocerle “legitimidad” a las razones esgrimidas por la revuelta, tras el discurso del primer mandatario llamó a la gente a desmovilizarse y abandonar las calles para “volver a la normalidad”.

La respuesta espontánea de los concentrados, que ya habían levantado tiendas improvisadas para pasar la noche en la plaza, fue seguir resistiendo, mientras coreaban consignas como “Si Mubarak no se va, nosotros tampoco”.

En ese momento cambió el cariz de la situación, cuando ordenadas columnas de hombres comenzaron a dirigirse a la plaza, en respaldo del presidente del gobierno, y cuando estuvieron frente a frente estalló la violencia.

A los palos y las piedras, al llegar la tarde de ayer también se sumaron bengalas y “cócteles molotov”. Las comunicaciones telefónicas y por internet volvían a censurarse, para dificultar la carga de videos de los enfrentamientos en páginas como la de YouTube; algunos periodistas extranjeros también denunciaron que los manifestantes progubernamentales les quitaron las cámaras de video y de fotos con las que registraban el enfrentamiento, los corresponsales se refugiaron en el hotel Hilton.

Mientras tanto, el arco opositor, que había consensuado la representación de todos en la persona del científico Mohammed al Baradei, ratificó que no acudirá a dialogar con el gobierno mientras Mubarak permanezca.

Ayer, la respuesta fue que la oposición tampoco sería convocada hasta que no detenga la protesta y los ciudadanos vuelvan a sus casas, según informó el vicepresidente, el ex titular de los servicios de inteligencia Omar Suleimán.

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