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Ahmadinejad acepta el plan de Lula (18 05 10)

AHMADINEJAD SORPRENDE AL MUNDO ACEPTANDO EL PLAN ATÓMICO DE LULA

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Irán acepta la propuesta del líder brasileño sobre su programa nuclear

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Cuando desde diversas instancias se afirmaba que ya no había más espacio para la negociación con el gobierno iraní de Mahmmoud Ahmadinejad respecto de sus pretensiones nucleares, y avanzaba la imposición de sanciones económicas a la República Islámica, ayer la mediación del presidente brasilero Luiz Inácio da Silva consiguió destrabar el conflicto y reencausar las negociaciones.

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Luego de un periplo regional que lo había llevado a Qatar, Egipto, Turquía y Rusia, Lula llegó a Irán y mantuvo una larga reunión de trabajo con el presidente Ahmadinejad, con quien Brasil ha establecido una cercanía estratégica.

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El centro de la agenda entre ambos mandatarios estaba ocupado por la idea de Lula de que Irán aceptara enriquecer uranio en Turquía, bajo supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), con lo que se despejarían las dudas sobre las posibilidades de que los desarrollos nucleares del programa persa pudiesen ser utilizados con fines bélicos.

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Esta hipótesis, que desestabilizaría fuertemente el frágil escenario en Oriente Medio, fundamenta la iniciativa del presidente Barack Obama de imponer sanciones económicas a Irán hasta que permitiese el control real de sus instalaciones por parte del OIEA, propuesta que contaba, hasta este momento, con el firme respaldo de Gran Bretaña y Francia –miembros permanentes del Consejo- y de Alemania.

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Para respaldar la negociación de Lula, viajó a Teherán también el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, en cuyo país se enriquecerá el uranio iraní hasta los niveles necesarios para la investigación médica y las aplicaciones civiles, según el acuerdo firmado ayer, informó oficialmente el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores en Teherán.

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El acuerdo prevé el almacenamiento en territorio turco de 1.200 kilogramos de uranio iraní poco enriquecido, hasta que Teherán reciba el combustible que necesita para su reactor de investigación médica.

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El jefe de la Organización de Energía Atómica iraní, Ali Akbar Salehi, afirmó que con este pacto diplomático “Irán demostró su buena voluntad, y ahora les toca a las potencias mundiales demostrar la suya”.

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Exultante, Lula dijo que el acuerdo era una “victoria de la diplomacia”; refiriéndose -sin nombrarla- a la postura escéptica de la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, que había descartado la posibilidad que Ahmadinejad cediera a una mediación, Lula dijo que “Brasil creyó que era posible lograr un acuerdo. Hay un millón de razones para tener argumentos para construir la paz, no hay ninguna razón para que construyamos la guerra.”

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CAUTELA EN ESTADOS UNIDOS

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El gobierno del presidente Barack Obama ha tenido una reacción muy mesurada al anuncio de que Irán aceptará enriquecer uranio en Turquía bajo supervisión del OIEA.

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La Casa Blanca aseguró “reconocer” los esfuerzos de Brasil y Turquía, pero mantiene sus dudas sobre la disposición de Teherán de cumplir con el compromiso adquirido.

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La Administración americana recordó que el año pasado, en el marco de la ONU, Washington, Moscú y la Unión Europea ofrecieron a Ahmadinejad enriquecer el uranio iraní en Francia y Rusia, bajo supervisión del OIEA. La propuesta de Lula, argumentan, en nada se diferencia de aquella, salvo que establece a Turquía como país en el que se llevará a cabo el proceso.

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En todo caso, hasta que haya un consenso internacional, el departamento de Estado anuncia que insistirá en la vía de la aplicación de sanciones.

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LULA, IMPARABLE

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Hillary le dijo que no podría. Medvédev, uno de los entusiastas, afirmó que tenía “un 30 por ciento” de posibilidades.

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Los demás, de ahí para abajo. Pero Lula sacó otras cuentas: en Moscú anunció que sus chances eran de 9,9 sobre 10. Y al día siguiente, en Teherán, sacó el conejo de la galera.

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En Occidente desconfían: en Washington sospechan que es otra treta para dar largas al asunto; los conservadores británicos, que están estrenando gobierno, dicen que se debe continuar la misma vía hasta que Teherán asegure al mundo que su programa nuclear es pacífico.

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Es más, algunos columnistas sostienen que el gambito de Lula no sólo ayudaría a que Ahmadinejad evite sanciones más duras, de momento, sino también que contribuirá a afirmar su liderazgo tras los meses de disturbios, y de represión a la oposición, que siguieron a su dudosa reelección en 2009.

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Quizá.

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Aunque el acuerdo de ayer no clausure el tema, es innegable que constituye una cuña, una alternativa al monólogo de las sanciones. Y todo el mérito es de Lula.

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Habrá que argumentar mucho para no dejarlo sentarse en el sillón de las Naciones Unidas, en breve.

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N. G. S.

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nelson.specchia@gmail.com

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Ahmadinejad, el inestable (12 02 10)

Ahmadinejad, el inestable

por Nelson-Gustavo Specchia

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En su búsqueda de respaldos internacionales que lo defiendan del aislamiento al que quieren empujarlo, el presidente iraní Mahmud Ahmadinejad ha recalado en las costas sudamericanas. Invitado por su amigo (su “hermano”, como se califica a sí mismo) Hugo Chávez, estuvo en Venezuela y en los países del ALBA. Y dando una de las últimas sorpresas del año pasado, Ahmadinejad fue recibido por Lula da Silva en Brasilia, la misma semana que Hillary Clinton expresaba los reparos de la Administración estadounidense al curso del programa nuclear iraní.

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De sus nuevas relaciones en Sudamérica, Ahmadineyad parece haber asumido algo más que una vía de escape al encierro del aislamiento de Occidente. También puede que haya adquirido algunos modos, muy impactantes y mediáticos, de ejercer el poder. Chávez, en una conferencia de prensa llena de invitados y de cámaras de televisión, se dirigió al comandante en jefe del ejército, y como quien manda al cadete a por un vaso de agua le ordenó: “y ahora, general, me manda los tanques a la frontera con Colombia”. Tomando el ejemplo de su hermano sudamericano, esta semana el presidente iraní, en un acto político cuyas consecuencias internacionales no podía ignorar, mirando a Alí Akbar Salehi, jefe de la oficina nuclear de la República Islámica, le ordenó: “y ahora, doctor Salehi, me empieza a producir uranio enriquecido al 20 por ciento en nuestras centrifugadoras.” Menos la belleza, todo se pega.

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Frente a la estrategia de encierro de Europa y los Estados Unidos, los iraníes han decidido redoblar la apuesta. El largo tira y afloje con los inspectores del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) sigue en un impasse: Irán sostiene que el enriquecimiento de uranio que actualmente desarrolla (entre el 3 y el 5 por ciento) está destinado a usos energéticos civiles, sólo admite que está construyendo nuevas centrales cuando éstas son detectadas por los servicios de inteligencia occidentales, y cuando se lanza a enriquecer el material radioactivo por sobre esos niveles lo justifica por razones de investigación y servicios (como la utilización de radioisótopos en aplicaciones médicas). Las Naciones Unidas van condenando en cinco resoluciones este proceso, y desde el OIEA se insiste en las dificultades y obstáculos que el régimen de Ahmadinejad pone permanentemente a sus inspectores, en lo turbio y gris de toda la información relativa a los verdaderos fines del plan atómico, y en que la tecnología necesaria para un enriquecimiento al 20 por ciento es la misma que para alcanzar el 80 ó 90 por ciento, cuando el uranio 235 se convierte en insumo de armas nucleares.

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Planteado en estos términos, la cuestión avanza rápidamente a estancarse en un diálogo entre sordos. Una espiral de tensión creciente que es alimentada, además, por otros condimentos. En primer lugar, con las necesidades energéticas del mundo desarrollado en una curva fuertemente alcista, cada día es más difícil seguir sosteniendo que sólo los seis Estados que componen el club atómico internacional (EE.UU., Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania) puedan seguir detentando el monopolio de los desarrollos nucleares. En segundo término, las varas con que estos países regulan la no proliferación atómica son de muy diversos largores: Argentina tuvo que disminuir sus investigaciones y aplicaciones en el campo nuclear hasta mínimos casi ridículos, pero a Pakistán no se le exigió lo mismo; la India ha crecido en conocimientos y productos exponencialmente, al mismo tiempo que por esas intenciones Corea del Norte ingresaba al “eje del mal”; a Irán se lo cerca y se lo acosa por el potencial peligro de que llegue a tener la bomba atómica, pero se permite que Israel disponga de un arsenal calculado en una doscientas ojivas nucleares. Frente a estos desequilibrios en la consideración de países amigos y no tan amigos, la reconsideración de un pacto global y en otros términos es cada vez más acuciante.

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Además de estos ítems de política internacional, también hay elementos internos que ayudan a tensar la cuerda en la sociedad iraní. Desde el muy oscuro triunfo en su reelección presidencial, y las protestas de la “revolución verde” que le siguió, Mahmud Ahmadinejad no se siente cómodo en el poder, y debe apelar casi cotidianamente a la Guardia Revolucionaria de los pasdarán y a la milicia paramilitar de los basiyís para reprimir las movilizaciones urbanas. Ayer, jueves 11 de febrero (22 de bahman del calendario iraní), se celebró el 31 aniversario del derrocamiento del Sha de Persia, Mohamed Reza Pahlevi, y el triunfo del movimiento encabezado por el ayatola Ruholla Khomeini que instauró la República Islámica de Irán, con un carácter teocrático y republicano al mismo tiempo.

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Los basiyís, con la obvia anuencia de la presidencia de la república, a la que responden, atacaron violentamente las embajadas de Francia y de Italia en Teherán el martes de esta semana. Los embajadores de la mayoría de los países europeos decidieron no asistir a los actos conmemorativos, y ante el desaire diplomático el gobierno iraní retiró las invitaciones. Para dejar afuera, además, a los numerosos colectivos críticos con el régimen, Ahmadinejad ha movilizado a fondo los recursos de propaganda, y los cordones de seguridad prácticamente sitian la capital. Ningún medio de prensa extranjero estuvo autorizado para cubrir los actos del aniversario, y el gobierno anunció la “suspensión permanente” del acceso de todos los iraníes a los servicios de correo electrónico de Google, el G-mail que tan importante papel –junto a las redes sociales en internet de Facebook y Twitter- jugó en la difusión internacional de la represión que siguió a las elecciones presidenciales de junio del año pasado. A pesar de todas estas medidas, en tan flagrante contradicción con los principios republicanos y democráticos que el régimen iraní asegura sostener, por la red se han filtrado imágenes de las movilizaciones opositoras, y de las reacciones de las fuerzas de seguridad, en un aniversario que ha tenido poco de festejo.

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Uno de los temas de fondo, en la lectura de la conducta de Mahmud Ahmadinejad, el inestable líder conservador del régimen de los ayatolas, es que lo que aquí se está jugando es el destino de la experiencia política puesta en marcha hace 31 años, y el rol que ese grande y antiquísimo país está llamado a jugar en los equilibrios y en las hegemonías regionales del Oriente próximo.

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El grupo de musulmanes religiosos, políticamente nacionalistas y socialmente conservadores que la figura de Ahmadinejad nuclea, reivindica para ese colectivo la auténtica herencia de la revolución islámica y la capacidad para liderar el rumbo político regional. Frente a ellos, el movimiento popular difuso y heterogéneo de la oposición acusa a este establishment de haber traicionado los ideales de libertad y justicia social por los que fue derrochado el Sha, y haber cooptado la revolución para sus propios intereses de grupo. Y desde la óptica externa, los Estados Unidos –con el acompañamiento de la Unión Europea- prefieren mantener la preponderancia regional de un Israel fuerte y pro occidental, a los movimientos de autonomía de Mahmud Ahmadinejad, siempre tan inestable y tan poco previsible.

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Estas son las cuatro aristas por las que seguirá girando la espiral del cercano oriente, en un escenario de paz controlada. De momento.

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nelson.specchia@gmail.com

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