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Retroceden las autocracias (18 04 11)

La revuelta árabe transforma todo el escenario regional

Inédito avance en derechos sociales y en apertura política en todo Medio Oriente

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SANAA, DAMASCO, ARGEL.- La revuelta popular que sacude el conjunto de países árabes está empujando a una reconfiguración general del escenario político.

En general, los países del norte de África y del Medio Oriente se habían estructurado en base al predominio de gobiernos fuertes que, a cambio de mantener a raya las tendencias extremistas de una interpretación combativa del Islam, avanzaban en la represión de derechos individuales y sociales.

La emergencia de una contestación popular en Túnez, el contagio en Egipto y como un reguero de pólvora por los demás países árabes, han debilitado aquel esquema elitista y han devuelto el protagonismo a las masas populares, que cada día redoblan los reclamos por derechos civiles y participación efectiva en la vida política.

Los ensayos de respuesta clásica de las autocracias, la represión, ha mostrado que ya no tiene los efectos de antaño y no logra hacer desaparecer las movilizaciones sociales, que vuelven una y otra vez a recuperar el espacio de los reclamos.

Inclusive donde la revuelta alcanzó los objetivos planteados –como en El Cairo- vuelve a organizarse para avanzar en una profundización de las transformaciones, que no podrá ser esquivada por retoques cosméticos.

Como resultado de ello, se evidencia un retroceso y una deslegitimación de las autocracias en toda la región.

La tensión social, en todo caso, se mantiene, y en diversas latitudes las movilizaciones populares siguen pagando con represión y sangre las demandas de transformación política.

En Damasco, después que el presidente Bachar el Assad intentará una continuidad gatopardista sin cambios de fondo, miles de sirios han vuelto a salir a las calles del país para protestar contra el inmovilismo del régimen.

Y ya ni siquiera el anuncio oficial de que la ley de emergencia que restringe las libertades en el país desde 1963 será derogada, ha alcanzado para frenar una espiral de protestas que parece estar arrinconando al gobierno sirio.

Este fin de semana, al grito de “el pueblo quiere libertad”, centenares de personas se concentraron ante la tumba del líder independentista de Siria, Ibrahim Hananu, en Aleppo; las protestas han comenzado a extenderse desde Damasco hacia el interior del país.

En Argelia, en la frontera de la guerra que azota la Libia del coronel Khaddafi, el presidente Abdelaziz Buteflika, de 74 años y en el poder desde 1999, anunció este sábado que iniciará el proceso para reformar la Constitución del país, un elemento jurídico que le ha garantizado su continuidad al frente de un gobierno con serias deficiencias representativas.

También en el vecino Marruecos, el rey Mohamed VI ha prometido una nueva Constitución, al tiempos que dejaba en libertad a docenas de disidentes políticos encarcelados, cediendo a la presión de los jóvenes que han tomado la calle.

En Yemen, donde al menos 116 manifestantes han perdido la vida desde el inicio de las protestas, se han sumado ahora las mujeres. El presidente Ali Abdullah Saleh, aferrado al gobierno, en un intento más por frenar las movilizaciones ha declarado que es “anti islámico” que las mujeres hagan escuchar su voz en público.

Durante el fin de semana, otras protestas se registraron en Arabia Saudita, Bahrein, Jordania y Omán.

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nelson.specchia@gmail.com

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El “renacimiento” árabe y el modelo turco (05 03 11)

El “renacimiento” árabe y el modelo turco

Por Nelson Gustavo Specchia

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Con los primeros días de este año 2.011 comenzó un proceso político que –a estas alturas ya parece claro- viene a transformar todo el mapa geopolítico mundial en una nueva dirección. La caída de la autocracia tunecina de Zine el Abidine ben Ali, el pequeño gran disparador de toda la revuelta, y la velocísima desestructura del régimen egipcio de Hosni Mubarak, sentaron las bases de una ola que, con una fuerza expansiva inaudita y un alcance largo, ha comenzado a mover todas las fichas del tablero árabe, esa larga línea de 8.000 kilómetros de costas, desde Marruecos hasta Omán, cruzando todo el norte de África y englobando el Oriente Medio asiático.

La insurrección de Libia contra Muhammar el Khaddafi, una revuelta que asciende en espiral en estos días, es el último coletazo de este sismo regional, que a cada paso demuestra su buena salud y su ímpetu: lejos de agotarse en Trípoli, es capaz de extenderse, con la velocidad y la profundidad manifestada en los primeros días de enero, hacia las sociedades vecinas, diferentes todas en su especificidad, pero también emparentadas todas por la lengua y la obediencia al Profeta.

Pienso que, con propiedad, podemos hablar ya de un “renacimiento” árabe, asemejándolo con aquel proceso vivido por Europa hacia fines del siglo XV, después de los mil años largos en que el viejo continente transitó la calma medieval tutelada por la iglesia católica y la cercanía entre verdad religiosa y normas políticas.

Las distancias a salvar entre ambos procesos son tan grandes que, claro está, mi afirmación sólo intenta ser referencial. Pero remarco que uno de los elementos que habilitaban hasta ahora el apoyo estratégico de los países occidentales (concretamente, de la Unión Europea y los Estados Unidos de Norteamérica) a regímenes fuertes en el mundo árabe, haciendo caso omiso de los déficit democráticos vergonzantes y de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos, era la argumentación que estos gobiernos pseudo dictatoriales eran la única garantía ante la posibilidad del avance del radicalismo islámico y el yihadismo. Con un tono menos enfático, también se admitía que los autócratas eran los mejores socios al momento de asegurar la provisión de petróleo.

Pero, sin embargo, en las plazas tunecinas como en los históricos 18 días de la plaza Tahrir de El Cairo, se coreaban consignas en pro de la libertad política, de la dignidad, de la participación y la democracia, de apertura y de transparencia. En definitiva, mutatis mutandis, de algo muy parecido a aquello que llevó a la modernidad renacentista en las ciudades europeas.

Y tanto en Túnez y Egipto ayer; como en la insurrección en Libia hoy; y quizá en Bahrein, Yemen, Marruecos, Algeria, Jordania, Líbano, Siria o Palestina mañana, la experiencia política que se mira con más atención es la de Turquía.

El fantasma de los ayatollahs

Acostumbrados al discurso de la contención del islamismo, dominante en la política internacional hacia la región durante el siglo XX, los primeros análisis sobre la revuelta en Túnez y Egipto miraron hacia Irán. La revolución de 1979 que derrocó a los Pahlevi también tuvo unos orígenes heterogéneos, donde los diferentes colectivos marchaban juntos, aunque los objetivos de unos tuvieran poco que ver con los de los otros. En esa efervescencia, los grupos laicos llegaron a tomar la conducción de Teherán. Pero entre las diferencias que separan el proceso persa del que hoy vive el mundo árabe, resalta que en aquel había una figura que concentraba el pulso revolucionario, el ayatollah Ruhollah Khomeini. Astuto y dueño de una fina inteligencia política, Khomeini se percató del espíritu laicista que predominaba en el alzamiento popular, y en lugar de ocupar él u otro clérigo el centro del proceso, promovió a un laico para encabezar el gobierno de transición. Pero sólo le permitió una corta estancia, a los siete meses el Comité Revolucionario, bajo su férula personal, establecía la República Islámica, teocrática y conservadora.

Hoy, no sólo que ninguna figura comparable a un Khomeini asoma entre los partidos islamistas que lentamente comienzan a asomar la cabeza a la superficie, luego de décadas de censura y proscripción. Sino que el énfasis no es teocrático, ni pasa por la defensa de la ley religiosa, la sharia, en la regulación de la vida social. El modelo es otro, el camino es el que siguieron los turcos.

La vía turca

Aunque sí es cierto que, en los tiempos de la descolonización, con los movimientos nacionalistas, socialistas y panarabistas campeando a sus anchas, el sentimiento religioso buscó sus propios causes. Los Hermanos Musulmanes, fundados por Hassan al Banna en Egipto, se convirtieron en un primer momento, junto al wahabismo saudí, en el útero desde el cual nacieron los movimientos yihadistas radicales. De hecho, el lugarteniente de Osama ben Laden, Aymman al Zawahiri, ideólogo de Al Qaeda, proviene del núcleo originario de los Hermanos Musulmanes egipcios.

Sin embargo, además de esta línea que optó por las reivindicaciones violentas, otra corriente, en vez de mirar hacia el wahabismo de Arabia Saudita, se siente mucho más cómoda con la Turquía actual. Allí, donde después de un proceso de desgarro con el califato imperial otomano (que, como en la edad media europea, acercaba peligrosamente la fe y la política) y de una secularización a rajatabla impuesta por Mustafá Kemal, Atatürk, hoy se está logrando un nuevo equilibrio. Una combinación original entre principios republicanos y democráticos, y práctica religiosa musulmana, de la mano del partido islamista moderado que conduce el premier Recep Tayyip Erdogan: la modernidad, las libertades políticas, y el respeto cultural a la especificidad religiosa musulmana, todo junto,

Además de la profundidad del cambio cultural que implicará en el futuro próximo el reordenamiento de todo el mapa geopolítico árabe, si llega a primar la vía turca en la salida de las revueltas de este nuevo “renacimiento” árabe, esa opción enviará un mensaje potentísimo: la democracia representativa, la libertad y la organización institucional republicana no es patrimonio exclusivo de las sociedades modernas, cristianas y secularizadas, de Occidente.

Y este mensaje general, para la Unión Europea tendrá también una posdata particular: no fue una buena idea poner tantos palos en la rueda del ingreso de Turquía a la organización continental. Ahora quizá ya ni quiera entrar, ocupada como estará en gestionar su ascendencia en la marcha de un proceso regional extensísimo y multitudinario, que podría llegar a abarcar una superficie de trece millones de kilómetros cuadrados (más grande que los Estados Unidos, que Europa, y aún que la gigante China), asentada sobre un mar de petróleo, y habitada por unos doscientos millones de almas. Así de importante.

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en Twitter:  @nspecchia

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Egipto: calma militar (14 02 11)

Los militares egipcios imponen calma en una sociedad alterada

Los generales quieren una transición tranquila y el fin de las protestas

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El Consejo Militar que se hizo cargo del poder en Egipto tras la caída del presidente Hosni Mubarak ha decidido terminar con el tiempo agitado.

A pesar de que las concentraciones multitudinarias se disolvieron tras los festejos populares en las calles durante el último fin de semana, algunos grupos de manifestantes pretenden seguir ocupando la plaza Tahrir, reclamando la extinción de la Ley de Emergencia –que los militares no han derogado- y mayores definiciones en el rumbo político de la transición.

Además, el clima de efervescencia social ha disparado otros reclamos largamente esperados, y nuevas marchas se han organizado en la capital egipcia pidiendo mejoras en las condiciones de trabajo y recomposición en los salarios.

Inclusive, tras el paro de los trabajadores portuarios del Canal de Suez en los momentos finales del régimen, otros trabajadores de empresas estatales han planteado huelgas con reclamos gremiales.

Frente a ello, el consejo castrense ha decidido frenar los reclamos, y en un comunicado trasmitido por la televisión estatal señaló que las protestas “ponen en peligro la seguridad del país”, al tiempo que “hacen daño” a la economía e impiden la vuelta a la normalidad social.

Los generales vuelven a insistir en que atenderán las “legítimas” aspiraciones populares manifestadas en las dieciocho jornadas por la que se extendió la revuelta egipcia, pero afirman que para implementarlas hace falta tiempo y calma social.

Aunque los militares, que gozan de un momento de aceptación y respeto por la postura que adoptaron frente al intento del ex presidente de aferrarse al poder, es improbable que activen ahora la represión.

Además, trascendió que han dado orden de negar la salida del país a varios ex altos funcionarios, al tiempo que han solicitado a algunos gobiernos europeos el congelamiento de cuentas y depósitos bancarios.

Suiza ya había adelantado que inmovilizaba la fortuna personal de Maburak (que se calcula en unos 70.000 millones de dólares), y ayer el jefe de la diplomacia británica, William Hague, afirmó que Londres hará lo propio, a solicitud de El Cairo.

Por otra parte, los movimientos políticos en el mundo árabe se suceden sin solución de continuidad. Tras la caída del gobierno tunecino, que abrió el camino de las protestas, el éxito de la revuelta en Egipto ha alimentado una sucesión de reclamos de apertura y reforma en los países de la región.

En la víspera, el gobierno de la Autoridad Palestina, al calor de estos cambios presentó su renuncia en pleno al presidente Mahmmoud Abbas, habilitándolo para que renueve una Administración muy desprestigiada, y a la que la facción islamista de Hamas tacha de ilegítima, además de corrupta.

Ola de descontento generalizado

La alteración social y política con que los países árabes han recibido el nuevo año parece estar lejos de agotarse; al contrario, con cada día aparecen nuevos frentes de conflicto al interior de unas sociedades que se han caracterizado durante el último medio siglo por su rigidez, centralismo y gobiernos fuertes.

Los levantamientos populares de Túnez y Egipto siguen inspirando réplicas en toda la región de Medio Oriente, y a las movilizaciones en Argelia, Yemen y Libia, ayer se sumaron los jóvenes iraníes, que habían pasado a un segundo plano tras la represión del gobierno de Mahmmoud Ahmadinejad a las protestas que siguieron a su reelección.

La oposición convocó ayer a una manifestación en apoyo a las revueltas de apertura democrática en el norte de África, pero el gobierno prohibió las concentraciones, y las fuerzas de seguridad reprimieron las columnas que intentaban llegar al centro de Teherán, mientras continuaba bloqueado el acceso a la casa particular del líder opositor, Mir Hossein Mousavi.

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Túnez: cómo frenar la protesta…? (19 01 11)

Amnistía general en Túnez para frenar la escalada de protesta

La “revolución de los jazmines” pide ahora una ruptura completa con el pasado

 

TÚNEZ.- Ante el rechazo masivo de una transición tutelada por el mismo partido y los mismos dirigentes que acompañaron al ex presidente Zine el Abidine ben Ali durante 23 años, el gobierno provisional de Túnez ha anunciado medidas de fondo, que llevarían a un saneamiento democrático de todo el sistema político.

Las protestas y las movilizaciones en las calles de las principales ciudades tunecinas, si bien han comenzado a remitir un tanto, se mantienen.

El intento de continuidad ensayado por parte de la cúpula gobernante fue denunciado como una “mascarada” por parte de opositores desde el exilio.

El conocimiento de que la esposa del ex mandatario habría retirado una tonelada y media de oro del banco central antes de escapar, ha contribuido a recalentar los ánimos; Suiza anunció que congelará todas las cuentas de Ben Ali y del clan familiar de su esposa, los Trabelsi. Este clima revolucionario abre un horizonte de futuro incierto.

Ya no sólo los países vecinos temen un contagio de la alteración social (en Egipto, Algeria, Mauritania y Yemen comienzan a tomar cuerpo protestas similares), sino que en Europa y en Estados Unidos ciertos análisis plantean la posibilidad de que el enrarecido clima social y el vacío de poder pueda ser utilizado por los sectores del radicalismo islámico, para plantear una salida con deriva teocrática; el ejemplo de la revolución iraní, con la huída del sah Reza Pahlevi y el ascenso de los ayatolahs está muy presente.

Ayer, tras la caída del primer intento de gobierno de coalición, el primer ministro Mohammed Ghannuchi intentó negociar un nuevo gabinete, con menos presencia de ministros de la derrocada autocracia, y él mismo junto con el presidente Fued Mebaaza renunciaron al partido de Ben Ali, la Asamblea Constitucional Democrática (ACD), que los manifestantes reclaman que se disuelva.

En la misma línea, Ghannuchi anunció que está preparando una ley de amnistía general, que liberará cientos de presos políticos y permitirá el retorno del exilio (generalmente en Francia) de militantes políticos que debieron salir de Túnez en las últimas dos décadas.

En el mismo acto anunció que tres nuevos partidos que permanecían en la proscripción se legalizaban: los ambientalistas de Túnez Verde, de Abdelkader Zitouni; el Partido Socialista de Izquierda, de Mohamed Kilani; y el Partido del Trabajo Patriótico y Democrático, de Abderrazek Hammami.

Las facciones islamistas radicales, que también han estado prohibidas, continúan en la clandestinidad, precisamente por el riesgo de una deriva fundamentalista de la revuelta.

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