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Vueltas con el tema nuclear iraní (07 09 10)

LA ONU EXPRESA SU PREOCUPACIÓN POR EL PROGRAMA NUCLEAR IRANÍ

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A pesar de las sanciones Irán aumenta el volumen de uranio enriquecido

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En un gesto que seguramente será interpretado como un espaldarazo a las posturas de las grandes potencias frente al desarrollo del programa nuclear del régimen iraní, las oficinas del departamento especializado en el tema nuclear de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con sede en la capital austríaca, advirtieron ayer que el volumen de la producción de uranio enriquecido por parte de la República Islámica de Irán, y el hecho de que el gobierno del presidente Mahmmoud Ahmadinejad continúe poniendo reparos a la visita de los inspectores de Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA, por sus siglas en inglés) genera “preocupación” en el organismo multilateral.

El reporte viene a agregar un elemento más en las sospechas que alimenta el departamento de Estado norteamericano, y con el que coinciden las cancillerías de Rusia, China y la responsable de la política exterior común de la Unión Europea (UE), en el sentido de que Teherán se encuentra en un proceso de enriquecimiento de uranio para construir bombas atómicas, y no para las aplicaciones en la investigación médica, tal como declara.

Los hipotéticos horizontes bélicos de las aplicaciones atómicas iraníes, que constituirían un replanteo integral del balance de la seguridad militar en toda la región de Oriente Medio, han llevado a los países centrales a imponer sanciones económicas a Teherán, para empujar al régimen de los ayatollahs a participar en negociaciones serias para controlar su programa nuclear.

Según la IAEA, la producción total iraní de uranio poco enriquecido aumentó casi un 15 por ciento desde mayo a la fecha, alcanzando las 2,8 toneladas, a pesar de las sanciones impuestas por las potencias, que afectan precisamente a diferentes pasos del proceso de enriquecimiento del material atómico.

Además, la Agencia también mostró su preocupación por los posibles avances en la construcción de una carga nuclear que pudiese ser instalada en el cabezal de un misil. En mayo pasado, en medio de una activa agenda diplomática liderada por el presidente brasilero Luiz Inácio da Silva, Lula, y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogán, Irán se comprometió a enviar a Turquía uranio para su enriquecimiento, y permitir la inspección internacional de ese proceso.

Sin embargo, los científicos de la IAEA censuran en su informe la actitud del gobierno de Ahmadinejad, por lo que denominan “objeción reiterada” al ingreso de los inspectores del organismo a sus instalaciones nucleares.

El pasado mes de julio Teherán volvió a vetar la posibilidad que dos nuevos inspectores nucleares de la ONU revisaran las plantas de enriquecimiento de uranio.

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ISRAEL NO MUESTRA LAS CARTAS

La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de las Naciones Unidas volvió a solicitar al gobierno de Benjamín Netanyahu la adhesión de Israel al Tratado de No Proliferación (TNP) de armas nucleares, y que, en virtud de esta adhesión, permitiera el acceso de los técnicos inspectores de la AIEA a las instalaciones de investigación y desarrollo atómico israelí.

En ámbitos de análisis internacional se sostiene que el arsenal atómico en manos del Estado hebreo es apabullante, y que puede superar las 200 cabezas nucleares montadas sobre misiles de diferente alcance, por lo que el reclamo de su ingreso al TNP es una constante en las negociaciones nucleares multilaterales y una demanda especialmente enfática por parte de los vecinos países árabes.

Sin embargo, Tel Aviv ha contestado con una negativa rotunda a las peticiones del organismo de la ONU, y ha reiterado que no se unirá a un pacto global para la no proliferación de armas atómicas.

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nelson.specchia@gmail.com

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Mujer, género y lapidaciones (20 08 10)

Mujer, género y lapidaciones

por Nelson Gustavo Specchia

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La globalización es un fenómeno de múltiples dimensiones. Si el realismo político veía al mundo como una mesa de billar, donde las bolas (los Estados) eran pocas y los bordes de la mesa estaban claros y definidos, la posmodernidad cambió todo eso. La imagen del mundo de nuestros días es la de una red neuronal, con múltiples centros interconectados por diversos canales. Lo que circula por ese sinfín de canales es información. Casi no quedan rincones del mundo –de pronto abierto y cercano- adonde no llegue esa impresionante red que crece a cada momento.

Así, aquellos ámbitos que los Estados se reservaban a su arbitrio soberano ahora son traspasados constantemente. La guerra es un fenómeno trasmitido en directo por CNN, los secretos –hasta los del primer ejército del mundo- son develados por la web y las tradiciones son puestas ante la escrutadora mirada de la globósfera, que por la misma red se moviliza, y logra –en algunos casos- torcer el duro brazo de los prejuicios y los tabúes. De momento, sólo en algunos casos.

SER MUJER EN IRÁN

Este cambio es el que ha enmarcado el caso de la mujer iraní Shakine Mohammadí Ahstiani, y ha logrado –aunque sólo sea de momento- detener su muerte, por la vía de golpearla con piedras hasta que se desangre, en una sádica agonía que busca defender principios culturales, pero que sólo es la manifestación de resabios de salvajismo e intolerancia machista. Le ejecución de Shakine por lapidación ha sido postergada por el régimen iraní, presionado por la inédita y masiva reacción mundial expresada en la red. Sólo postergada. Quizá las instancias judiciales sólo cambien la lapidación por la ejecución ordinaria: el ahorcamiento con soga desde el cuello del condenado.

Tomar el caso de Shakine como uno de los indicios de la nueva política internacional, también implica asumirlo desde una mirada puesta en el género, porque todo el proceso contra ella está teñido de elementos que sólo pueden explicarse desde allí, desde una perspectiva analítica que asuma las inequidades de género como criterio explicativo. Los análisis desde el género no se limitan a las discusiones sobre el uso del pañuelo en los edificios públicos por las mujeres turcas, la prohibición del “shador” a las niñas musulmanas en las escuelas españolas, o la prohibición del “burkha” en toda Francia. Mirar la realidad internacional desde la perspectiva de género va mucho más allá de las disposiciones políticas sobre la vestimenta. Porque Shakine está en vilo de ser muerta a pedradas (o colgada) por varias razones, pero por sobre todas las cosas, por el hecho de ser mujer.

Shakine Mohammadí Ahstiani tiene hoy 43 años, dos hijos, y está viuda. Forma parte de una minoría étnica en Irán, los azeríes, que habitan en zonas rurales poco desarrolladas y hablan un dialecto turcófono que tiene pocas similitudes con el persa oficial y mayoritario. En 2006 entró en prisión acusada de haber mantenido relaciones sexuales con el hombre que había matado a su marido. No se presentaron testigos, pero igual la mujer fue condenada a recibir 99 latigazos, que ya entonces estuvieron a punto de matarla. Aunque el juicio concluyó y la condena se cumplió, otro juez aún más riguroso decidió reabrir su caso, y consideró que aquella “relación ilícita” con el supuesto asesino de su marido se había dado ya en vida de éste, por lo cual el delito de Shakine era mucho más grave que el de complicidad en un asesinato: ahora se la acusaba de adúltera. Desde 2006 no deja la cárcel.

No importó que tampoco en este segundo juicio (sobre cosa juzgada) hubiera testigos, y que la mujer dijera que la confesión le había sido arrancada bajo tortura y negara todos los cargos. Tampoco importó que implorara clemencia. Los estrictos jueces apelaron a la “sharia” –las normativas judiciales islámicas de base religiosa- y la condenaron a morir a pedradas.

LEY E INTERESES

Cuando el ayatollah Ruhollah Khomeini regresó desde su exilio francés y encabezó la revolución islámica que derrocó al sha de Persia, Mohammed Reza Pahlevi, entre las novedades del nuevo régimen figuró el reemplazo del moderno código penal persa por un conjunto de normas directamente vinculas a la tradición jurídica musulmana. Una tradición inspirada –aunque este sea uno de los puntos más conflictivos- en el Corán. Toda una corriente interpretativa dentro del Islam niega que castigos como los impuestos a Shakine puedan tener asidero en ninguna de las “azoras” del libro sagrado, y achacan esa lectura rigorista del texto divino revelado a Mahoma al carácter conservador de la versión chiíta del régimen iraní.

Más allá de estos debates, objetivamente el código penal vigente en la República Islámica de Irán desde 1979 regula, como castigo del delito de adulterio, la muerte por lapidación. Aunque toma algunas precauciones, tales como que el adulterio debe probarse por el testimonio de cuatro testigos (hombres que tendrían que haber presenciado el acto, viendo el coito “hasta el punto de que no se pudiese pasar un hilo” entre los presuntos adúlteros), el código penal avanza en detalle sobre las maneras en que la adúltera debe morir. Entre los artículos 98 al 107, indica que se debe enterrar a la condenada en un pozo cavado en el suelo, cubriendo su cuerpo con tierra hasta por encima de los senos; y en el artículo 104 se regula el tamaño de los proyectiles: las piedras deben ser medianas, ni tan grandes como para que la maten rápido, ni tan pequeñas como para que no le causen heridas.

Y aquella imagen de “que quien esté libre de culpa arroje la primera piedra” no tiene lugar aquí. El código penal es preciso hasta en ese sentido: los testigos que presenciaron el adulterio deben arrojar las primeras piedras, el juez que dictó la condena a muerte, las segundas. Tras ellos, los demás varones del público presente (el código establece que, como mínimo, debe haber tres apedreadores entre los espectadores). Los sucesivos y lentos golpes en el pecho, cuello y cabeza de la mujer causarán una lerda agonía, hasta que la hemorragia de las heridas provoque su muerte.

LA TRADICIÓN Y LA RED

Cuando ya se le habían acabado todas las instancias de apelación, Mohammad Mostafaeí, el abogado de Shakine, subió el caso a la red. Y esta nueva herramienta planetaria respondió masivamente. Las organizaciones defensoras de derechos humanos generaron campañas, pero además de ellas, múltiples organizaciones no gubernamentales y particulares integraron espontáneamente un movimiento de presión que llegó a las máximas instancias políticas, diplomáticas y religiosas.

El abogado tuvo que huir y pedir asilo en Europa. Al mismo tiempo, la televisión pública iraní organizó una poco sutil auto acusación de Shakine, donde la mujer dijo frente a las cámaras desconocer a su abogado, reconoció su culpa en todos los delitos por los que se la acusa, y criticó la “injerencia occidental” en su causa. Pero tan grotesca puesta en escena no frenó la avalancha. Al contrario, sacó a la luz mayores precisiones, como la existencia de un “corredor de la muerte”, donde al menos otras ocho mujeres esperan su turno para ser lapidadas; o que los jueces más conservadores sigan ejecutando este tipo de condenas, a pesar del compromiso en sentido contrario del gobierno de Mahmmoud Ahmadinejad con sus socios occidentales. Este mismo año, en enero, una mujer habría muerto lapidada en la ciudad de Mashhad.

El presidente brasileño Lula da Silva sufrió en carne propia la presión de la red global. Los internaturas le pedían que, dada su relación de especial cercanía con Ahmadinejad y su gobierno, intercediera por Shakine. En un primer momento Lula se negó, dijo que no podía solicitar a otros líderes que ignoren las leyes de sus países. Pero luego, cuando la avalancha ya era imparable en todo el mundo, utilizó unas declaraciones a una radio en Curitiba para “apelar a su amigo” Ahmadinejad, y le solicitó que le permitiera que Brasil le concediese asilo político a la mujer. La cancillería brasileña entera, con Celso Amorín a la cabeza, se puso en movimiento en ese sentido. En cambio, el presidente de Irán cortó por lo sano, le respondió a Lula por televisión: Shakine no irá a Brasil, ni a ningún lado.

El gobierno de Mahmmoud Ahmadinejad y todo el régimen de los ayatollahs iraníes se asienta en la tradición. El caso de Shakine Mohammadí Ahstiani pone en evidencia la puja entre aquellos principios tradicionales asegurados por la antigua soberanía de los Estados, y el control y la capacidad de influencia de la sociedad civil mundial en un escenario de alta interconectividad. La manera en que el caso se resuelva también mostrará las tendencias de este nuevo tiempo internacional.

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Amiri, ¿secuestrado o desertor? (15 07 10)

Irán

REGRESA EL CIENTÍFICO NUCLEAR IRANÍ PRESUNTAMENTE SECUESTRADO

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Intrigas y juegos de espías en las versiones sobre su permanencia en EE.UU.

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Cuando los temas de espionaje entre las grandes potencias parecían superados por la historia, de repente unos hechos relacionados con sus estrategias de inteligencia han vuelto a poner en circulación escenarios de guerra fría. A principios de julio, el intercambio de agentes secretos entre los Estados Unidos y Rusia sorprendió a la opinión pública, al revelar que este tipo de prácticas se encuentran en plena vigencia.

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En la víspera, la llegada del presunto científico nuclear iraní Shahram Amiri de regreso a Teherán ha focalizado la atención, especialmente teniendo en cuenta la frágil estabilidad de toda la zona por los planes atómicos del gobierno de Mahmmoud Admadinejad. Algunos analistas han sostenido que puede tratarse de un nuevo canje de espías, pero todas las versiones son meramente especulativas.

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Shahram Amiri es un joven científico de 32 años, cuyo paradero se desconoció durante más de un año. Durante todo ese tiempo, Teherán sostuvo que había sido secuestrado en Arabia Saudita en junio de 2009 y era retenido por los Estados Unidos. Amiri regresó ayer a Irán y fue recibido como un héroe, en un escenario muy difundido por los medios, donde lo esperaba su familia y el vicecanciller de la República.

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El gobierno de Ahmadinejad sigue sosteniendo la versión de que el científico fue secuestrado por la Central de Inteligencia norteamericana (CIA, por sus siglas en Inglés), retenido ilegalmente en algún lugar del mundo. Allí habría sido sometido a “la más dura tortura mental y física”, según declaró Amiri en la conferencia de prensa a su llegada, y a interrogatorios sobre el material nuclear iraní.

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La polémica se desató al difundirse la versión del Departamento de Estado, Hillary Clinton afirmó que Amiri nunca fue secuestrado ni retenido contra su voluntad, sino que desertó voluntariamente y ofreció sus servicios a la CIA, y en algún momento cambió de idea y decidió volver a Irán, creando para ello la pantalla del secuestro.

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El diario The Washington Post, que suele contar con información de fuentes de primera mano de la Administración estadounidense, publicó en su edición digital inclusive el monto que la CIA habría pagado a Amiri por sus confidencias: 5 millones de dólares.

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En el último mes se difundieron varios videos de Shahram Amiri, con declaraciones contradictorias; llegó a vérselo incluso moviéndose libremente en la embajada de Pakistán en Washington. Aunque no dio ninguna prueba, el científico afirmó que revelará más detalles de su secuestro y detención en breve, lo que hace prever una continuación de esta nueva saga de espías post guerra fría.

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Brasil y Turquía mantienen el pulso en el conflicto iraní (23 06 10)

Brasil y Turquía mantienen el pulso en el conflicto iraní

En una nueva vuelta de rosca en el contencioso planteado por el presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, Lula, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, para encauzar por vías de diálogo el conflicto abierto en el seno de las Naciones Unidas (ONU) en virtud del programa nuclear iraní, en la víspera se conocieron nuevas declaraciones simultáneas de las cancillerías de ambas potencias emergentes, en un escenario que ya se presenta como de abierta confrontación a las posturas que impulsa la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, a través de las herramientas de la ONU.

El ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Celso Amorim, afirmó ayer que “mantiene la esperanza” de que el acuerdo con Irán y Turquía pueda servir como base para que haya más conversaciones con el gobierno del presidente Mahmmoud Ahmadinejad.

Su colega turco, Ahmet Davutoglu, ratificó al mismo tiempo que el acuerdo nuclear a tres bandas continúa vigente, desmintiendo de esta manera las versiones que circulaban en Washington sobre una eventual retirada brasileña de las negociaciones. Davutoglu indicó que Amorim le había manifestado la continuidad del compromiso del presidente Lula con la vía negociadora.

Estas conversaciones no son bien vistas desde la Casa Blanca, que promueve nuevas sanciones bilaterales hacia Irán a partir del documento aprobado en el Consejo de Seguridad.

Davotoglu, que junto al primer ministro Erdogan y al presidente turco, Abdullah Güll, conforma el núcleo duro del poder del partido islamista moderado AKP, que gobierna Turquía con un apoyo interno masivo y se plantea jugar un rol de liderazgo regional en los países musulmanes de Oriente próximo, dijo que “los canales diplomáticos siguen abiertos a una solución y creemos que es el único modo de resolver la disputa por el programa nuclear de Irán”, para lo que su gobierno se encuentra “decidido a presionar”, afirmó ayer en Estambul.

Apoyado en esta vía de escape a la opinión hegemónica en la ONU, el gobierno de Irán prohibió en la víspera la entrada al país de dos inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), aunque manifestó que seguirá cooperando con la agencia de la ONU.

El ministerio de Relaciones Exteriores persa dijo que Teherán tiene derecho de impedir la entrada a ciertos inspectores nucleares que difunden “información no autorizada e incorrecta”.

Las potencias occidentales acusan al régimen iraní de perseguir fines bélicos con su programa atómico, mientras que éstos afirman que la ONU usa de los técnicos para dificultar su desarrollo energético atómico, sobre el que tiene derechos soberanos.

Israel reduciría el bloqueo (22 06 10)

EXPECTATIVAS POR EL ANUNCIO ISRAELÍ DE SUAVIZAR EL BLOQUEO

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La presión internacional lleva al gobierno a flexibilizar la relación con Gaza

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Frente a la aguda presión internacional que debe soportar el gobierno conservador de Benjamín Netanyahu, desde la capital israelí se informó este domingo que el bloqueo cerrado que el Estado judío impone a la Franja de Gaza desde 2007 se hará más flexible, permitiendo la entrada a la estrecha franja de tierra que aloja a un millón y medio de palestinos de bienes “de uso civil”, tales como materiales de construcción. Aún así, en el mismo comunicado se relativizó el anuncio al especificar que la lista de elementos prohibidos, extensa y diversa, se mantiene.

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La decisión del gobierno de Netanyahu es la primera reacción importante tras el ataque del ejército israelí a una flotilla con ayuda humanitaria a Gaza, compuesta por barcos y tripulación civil de 60 países, llevado a cabo el pasado 31 de mayo y que desembocó en la mayor crisis diplomática del Estado de Israel en los últimos tiempos.

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Entre las condenas prácticamente unánimes, destacó la denunciada por el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan. Turquía ha sido uno de los aliados estratégicos más importantes de Tel Aviv en el Medio Oriente, y una vía de interlocución con los vecinos países islámicos, en su inmensa mayoría enfrentados a Israel, cuya existencia política como sujeto de derecho internacional ni siquiera han reconocido.

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Sin embargo, tras el ataque de los cuerpos de élite del ejército hebreo hacia uno de los barcos de la flotilla, que navegaba bajo bandera turca, y la muerte violenta de nueve tripulantes de esa nacionalidad, Turquía ha roto relaciones y condenó explícitamente la metodología israelí en una cumbre de seguridad asiática en la que estaban presentes el primer ministro ruso Vladimir Putin y el presidente de la República Islámica de Irán, Mahmmoud Ahmadinejad, entre otros veinte líderes asiáticos.

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En esta nueva estrategia, encaminada a mejorar las debilitadas relaciones, tanto con Turquía como con los países de la Unión Europea, el Netanyahu aseguró que la larga lista de productos prohibidos anteriormente, que incluía comida, equipamiento doméstico y materiales de construcción, será reemplazada por una mucho más corta y específica de “armas y material de guerra”.

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La facción palestina de Hamas, que gobierna Gaza, recibió con desdén el anuncio, asegurando que sólo se trata de otro “gesto inutil”.

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MUJERES SOLIDARIAS

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Tras el frustrado arribo de la “Flotilla de la Libertad” y el asalto al barco turco “Mavi Marmara”, otras iniciativas de fletar barcos con ayuda humanitaria a Gaza se han puesto en marcha. El propio Irán anunció que enviaría una nave, y ayer se conoció la iniciativa de un contingente de mujeres, que se embarcarán en Trípoli e intentarán quebrar el bloqueo israelí a los puertos de la Franja.

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El barco, denominado “Julia”, navegará bajo bandera francesa y contará entre sus tripulantes con unas 70 mujeres, en su mayoría libanesas, pero también de otras nacionalidades, incluido un grupo de monjas católicas.

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Desde Tel Aviv se insistió que la Marina israelí ya se encuentra en alerta ante la posible llegada de este buque, al que intentará detener. La expedición de mujeres, denominada “Mariam”, cuenta con el apoyo político y logístico del gobierno del Líbano.

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Irán ratifica el pacto nuclear con Turquía (16 06 10)

Irán ratifica el pacto nuclear alcanzado con Turquía y Brasil

El cuarto paquete de sanciones económicas a la República Islámica de Irán, impuesto por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) a causa de los desarrollos atómicos persas, sigue encontrando algunos obstáculos de implementación que hubieran resultado impensables pocos años atrás.

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, no ha podido ocultar el desconcierto con que se recibieron en Washington las gestiones internacionales de Brasil y Turquía para habilitar una vía de enriquecimiento del uranio iraní en Ankara bajo supervisión del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), y cuando se formalizó el acuerdo a tres bandas, el pasado 17 de mayo, Clinton aceleró los trámites para que la organización multilateral aprobara las sanciones.

En estas gestiones, la diplomacia estadounidense debió rebajar las expectativas iniciales de dureza en las penalidades, ya que tanto Rusia como China no avalaron incluir el tema petrolero en el documento.

Tras la aprobación –con los votos en contra de Turquía y Brasil- la Casa Blanca anunció que cada país miembro de la ONU podría, basándose en la resolución del Consejo, endurecer en forma bilateral algunos términos de las sanciones hacia Irán; esta interpretación fue bien recibida en Gran Bretaña y en Francia, cuyos gobiernos se declararon dispuestos a aumentar el peso de las medidas contra el régimen de los ayatollahs.

En el mismo sentido se manifestó la reunión de Cancilleres de la Unión Europea, que en la víspera apoyó el estudio de sanciones “suplementarias” por parte de los Estados miembros de la organización continental. Sin embargo, el gobierno ruso, a través del presidente de la Cámara Alta del parlamento (la tercera autoridad del país tras Dimitri Medvédev y el primer ministro Vladimir Putin) salió ayer al cruce de esta interpretación, afirmando que Rusia “no está de acuerdo” en que ningún país vaya más allá de las sanciones ya aprobadas por el Consejo.

El legislador Sergei Mironov, de visita oficial en la Argentina, advirtió que Moscú no apoyará ningún endurecimiento de penalidades y subrayó que en la resolución votada “está bien claro que ninguno de los preceptos puede ser cambiado o alterado por algunos países.”

La declaración del gobierno ruso implica, indirectamente, una nueva relativización de la resolución de la ONU y un  espaldarazo hacia las vías diplomáticas alternativas a las dirigidas por el Departamento de Estado norteamericano.

Así lo entendió el gobierno de Mahmmoud Ahmadinejad, que ayer se apresuró a asegurar, en declaraciones transmitidas por la televisión pública, que Teherán “mantendrá el acuerdo” firmado con el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan y con el aval del presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, Lula.

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Erdogan, un nuevo padre para los turcos (11 06 10)

Erdogan, un nuevo padre para los turcos

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por Nelson Gustavo Specchia

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Al final de la primera guerra mundial, el que había sido un vastísimo proyecto político musulmán se derrumbó estrepitosamente. El Imperio Otomano, corroído de burocracia, estancado en una pre modernidad que ya no encontraba lugar para acomodarse al nuevo siglo, y jaqueado por los alzamientos árabes al sur de Anatolia, se quebró y se vino abajo haciendo ruido. De las ruinas del coloso (que hundía sus tentáculos por el Este en los territorios turkmenos de Asia Central; había convertido la vieja capital del Imperio Romano de Oriente, Constantinopla, en la otomana Estambul; y por el Oeste había llegado a estar a las puertas de Viena), nació en 1923 la República de Turquía. El que provocó ese parto se llamó Mustafá Kemal.

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Kemal se imaginó un Estado moderno y occidentalizado, prohibió las babuchas en los pies, el fez –el gorro cónico de los hombres- y el hiyab –el pañuelo con que las mujeres se cubrían el pelo-, y cualquier otro elemento que remitiera a la cultura musulmana del antiguo orden. La religión islámica se extirpó de las esferas públicas (colegios, hospitales, oficinas administrativas), se relegó a la práctica familiar, y se la colocó bajo un estricto control del Estado. Turquía debía marchar a paso forzado, despegarse de los demás países musulmanes y poner rumbo a Europa. La revolución de Kemal fue profunda, cultural, y el general tuvo la precaución de dejar su legado atado a una institución que, desde entonces, se ha arrogado la tutela de la vida republicana: el Ejército. Por todos estos cambios, por la profundidad de las reformas, por haber terminado con la decadencia social y económica, y por reubicar al inmenso país en la ruta de la modernidad, Mustafá Kemal fue llamado Atatürk, “el padre de todos los turcos”.

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Hacia Occidente

La impronta marcada por el líder revolucionario se cumplió. La Turquía posotomana se unió al Consejo de Europa tras la segunda guerra mundial, en 1949, y con los primeros aires de la guerra fría tomó claramente partido por los Estados Unidos, sumándose a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tan temprano como 1952. Luego, en 1961, se adscribió a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y en 1973 a la OSCE, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa. Con todo esto, comenzó a solicitar su ingreso en firme a la Unión Europea (UE). Firmó un acuerdo de unión aduanera con la organización continental en 1995, y diez años después, en Bruselas, largaron las negociaciones formales para su plena adhesión. Ésta, sin embargo, año a año acumula nuevos estorbos, aplazos, dilaciones y remilgos (en estos días, capitaneados por Nicolás Sarkozy y Ángela Merkel).

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Lo que Atatürk no podía haber previsto, es que la ruta hacia Occidente tiene varios caminos, curvas complicadas, barreras, lomadas, y casi ningún atajo. Desde el lado de la Unión Europea, tantas idas y vueltas no pueden ocultar el hecho de que a los turcos no se los quiere en Europa: son muchos, son asiáticos y no son cristianos. Y desde el propio interior del país, con los años aquel Ejército progresista y laico se acostumbró al poder y se terminó convirtiendo en una instancia conservadora y retrógrada. Y la población, especialmente los habitantes de las extensas áreas rurales al oriente del Bósforo, estaban demasiado apegadas a sus tradiciones religiosas, más allá de lo que se ordenara desde Ankara o Estambul.

De los setenta millones de turcos, el 95 por ciento se confiesa musulmán (y de éstos, más de un 80 por ciento pertenece a la interpretación sunnita del Islam). Las mujeres quieren llevar puesto el hiyab no sólo en casa sino también en las universidades o en los actos públicos. Y sin renegar de la modernidad, una parte de la élite política comenzó a cuestionar la total escisión con los demás estados de mayoría musulmana; después de todo, los 1.700 millones que profesan el Islam (de los cuales mil millones viven en Asia) constituyen una población que necesariamente ha de pesar al momento de considerar los equilibrios políticos internacionales.

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Llega Erdogan

En este contexto, dos ex compañeros de la infancia, ilustrados, universitarios, demócratas, políglotas y pro occidentales, pero al mismo tiempo musulmanes y religiosos, fundaron en el año 2000 un nuevo partido político, Adalet va Kalkinma Partisi (AKP), el Partido de la Justicia y el Desarrollo, y se propusieron conjugar modernidad con tradición. Esos dos hombres, después de una nada fácil carrera (el Ejército, guardián de la ortodoxia laica, les ha puesto todos los escollos posibles) están hoy al frente de la República de Turquía: Recep Tayyip Erdogan es el primer ministro, y Abdullah Gül es el presidente. Junto a una tercera figura, la del intelectual y académico canciller Ahmet Davotoglu, diseñando la política exterior, están reposicionando a Turquía en un lugar inesperado: a la cabeza de la avanzada política de los países islámicos.

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La semana pasada, con el desproporcionado ataque del ejército israelí a los barcos que transportaban ayuda humanitaria a Gaza, los nueve cooperantes turcos muertos a quemarropa, la condena mundial al “baño de sangre” (según Ban ki Moon), y la reacción del gobierno turco, han puesto a la figura de Erdogan en el centro de atención del mundo islámico. Los niños nacidos en Gaza en estos días reciben el nombre del primer ministro, la causa palestina ha encontrado un nuevo abogado, las manifestaciones de musulmanes en las diferentes ciudades llevan pancartas con su rostro, en Gaza se organizó un funeral simbólico por los cooperantes muertos en nombre de Erdogan; en Líbano las movilizaciones corean “¡Alá, tú que eres misericordioso, proteje a Recep Tayyip Erdogan!”, y países en conflicto –como Irán- acuden a su mediación para intentar saltarse las condenas de los organismos multilaterales donde la postura norteamericana es dominante. Después de Kemal, los turcos han encontrado un nuevo padre común.

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La tentación del Califato

Vengo escribiendo sobre Turquía, en diferentes medios de prensa y en comunicaciones académicas, desde hace diez años. Estuve presente en esa noche de tensión y negociaciones urgentes en que la diplomacia británica logró en Bruselas superar los obstáculos de última hora y abrir las negociaciones para el ingreso formal de Turquía a la Unión Europea. He repetido ya muchas veces que la incorporación del gigante turco a la organización continental sería un paso positivo para todos: despejaría finalmente la idea de que Europa es un “club cristiano” que no acepta la diversidad, abriría la puerta de Occidente al diálogo y a la convivencia con aquellos experimentos democráticos en el mundo musulmán, y permitiría a los moderados y auténticamente demócratas habitantes de los países islámicos tener una referencia alternativa al extremismo de Al Qaeda y al falaz “choque de civilizaciones” al que parecemos condenados.

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La Turquía de Erdogan y Gül así lo han entendido, y se han movido con una auténtica voluntad política para integrarse a Europa. Los europeos, en cambio, no han sabido –o no han querido- aprovechar este momento y la oportunidad se está perdiendo. En 2005 había casi un 75 por ciento de adhesión a Europa entre la población turca, pero hoy ese porcentaje ha descendido ya a un 50 por ciento. Consecuentemente, las trabas, las dilaciones y las dudas de los líderes europeos han impactado en el gobierno de Ankara, que ha comenzado a desplazar la centralidad de la adhesión a la Unión Europea por otros objetivos estratégicos.

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Erdogan se encuentra girando el timón hacia Rusia, el Cáucaso, Irán, Siria, Irak, Líbano y los territorios palestinos ocupados por Israel. De este último, en los momentos altos de la occidentalización, fue uno de los principales aliados, pero el ataque a los barcos con ayuda humanitaria a Gaza ha cortado esa política, y Erdogan ha condenado al Estado de Israel en la cumbre regional de seguridad celebrada en Estambul el martes pasado, con el primer ministro ruso Vladimir Putin y el presidente de la República Islámica de Irán, Mahmmoud Ahmadinejad, junto a otros veinte líderes de países asiáticos rubricando el documento de condena.

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En el antiguo régimen, el sultán de Estambul ejercía la autoridad directa del Imperio Otomano, pero también la autoridad moral –un primus inter pares- del Islam. Ante la postura de los Estados Unidos de América y sus aliados occidentales, de protección a rajatabla de Israel, con su supremacía militar y sus agresivos métodos, la avanzada política del mundo islámico parece haber encontrado un nuevo líder en Recep Tayyip Erdogan. Puede ser una oportunidad para reencauzar el diálogo. Quizá una de las últimas.

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Irán concurre al OIEA en Viena (26 05 10)

IRAN PRESENTA EL PLAN NUCLEAR A LA SUPERVISIÓN INTERNACIONAL

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Ahmadinejad presiona ante las potencias para su aceptación en la ONU

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Esta semana, siguiendo el cronograma del acuerdo firmado en la capital iraní con los auspicios del presidente brasileño Luiz Inácio da Silva, y del primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, el gobierno de Mahmmoud Ahmadinejad presentó ante el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en Viena, el documento en el que se detalla la logística del proyecto de intercambio de uranio enriquecido entre la República Islámica y Turquía, bajo supervisión internacional. Diplomáticos de Turquía y Brasil acompañaron a los científicos persas en la presentación.

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A pesar del avance diplomático que supone este convenio, la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, volvió a ratificar la posición de su gobierno, en el sentido de que el acuerdo a tres bandas se trataría de una jugada estratégica del régimen de los ayatollahs para ganar tiempo y sortear las sanciones económicas que se discuten en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU.

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La posición de Hillary Clinton fue respaldada por las delegaciones rusa y china ante el Consejo, que se abocaron de inmediato a tratar el nuevo borrador de sanciones. Este cambio de posturas de Rusia, que comparte una larga tradición de cooperación con Irán, fue fustigado ayer por el presidente Ahmadinejad, que calificó la decisión del Kremlin como “inaceptable”, y llamó al presidente Dimitri Medvedev a reconsiderar su posición con mayor cautela. “Si yo fuera el presidente ruso, cuando tuviera que tomar decisiones sobre temas relativos a la gran nación (iraní), actuaría más cautelosamente, pensaría mejor las cosas”, dijo Ahmadinejad en un discurso televisado en vivo para todo Irán, y se preguntó si los rusos seguían siendo “amigos y vecinos” de la República Islámica, o “están detrás de otras cosas”.

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La inusual dureza verbal del presidente iraní fue receptada en forma inmediata por el gobierno ruso, y desde Moscú el funcionario Sergei Prikhodko, uno de los principales asesores en política exterior del presidente Medvedev, llamó al líder persa a evitar la “demagogia”, aclarando que “la Federación Rusa se rige por sus propios intereses estatales a largo plazo, nuestra posición es rusa, así que no puede ser ni pro estadounidense ni pro iraní”, concluyó Prikhodko.

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A pasar de la advertencia de la cancillería rusa, el presidente Mahmmoud Ahmadinejad parece dispuesto a mantener las presiones a los dirigentes de las principales potencias con poder de veto en el Consejo, y dijo ayer que el presidente Barack Obama perdería una oportunidad única para mejorar las relaciones con Teherán si decidiese rechazar el nuevo pacto nuclear iraní: “La senda hacia la amistad con Irán quedará bloqueada para siempre”, sentenció.

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