Chile: Juventud, divino tesoro (10 08 11)

Cien mil estudiantes marchan contra Piñera en Santiago

Las protestas por la reforma educativa llevan a enfrentamientos con la policía

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El gobierno chileno de Sebastián Piñera soporta una inédita contestación social multitudinaria protagonizada por jóvenes estudiantes, que crece a diario tanto en número como en la índole de los reclamos, y hunde más la desprestigiada popularidad del Ejecutivo conservador.

Las movilizaciones estudiantiles comenzaron en mayo, solicitando una revisión del sistema educativo trasandino, que se estructura en base a compartimentos muy estancos, donde la elección del instituto en el que un alumno inicia los estudios condiciona en gran medida toda la carrera académica, y donde la iniciativa privada –asociada a niveles mediocres de calidad en la prestación del servicio- ocupa un lugar prioritario ante a la enseñanza pública.

Frente a ese esquema, que fue implementado durante el período dictatorial comandado por el general Augusto Pinochet y no ha tenido modificaciones de relevancia durante las cinco presidencias democráticas que le sucedieron, los jóvenes chilenos reivindican en pancartas y consignas el sistema argentino de educación laica, gratuita y de alta calidad, al que tienen como referente.

Pero la forma en que el gobierno reaccionó a estas movilizaciones centradas en el cambio de las modalidades y estructuras de enseñanza, ha llevado a una agudización de la crisis, con un abanico más extenso de reclamos, y con un número diariamente mayor de manifestantes, hasta el pico de la marcha de la víspera, donde la capital fue prácticamente ocupada por una multitud de jóvenes –se calculó una columna de cien mil manifestantes- como no se registraba en Santiago desde las jornadas de la recuperación democrática, hace veinte años.

La reacción juvenil, además, ha sido alimentada por las maneras violentas dispuestas por el gobierno central, que instruyó a los Carabineros (fuerzas de policía con estructura militarizada) que reprimieran las manifestaciones de protesta.

Las fotografías que han circulado por las redes sociales durante los últimos días (los medios de prensa gráfica han atenuado la crónica de las protestas, tanto en Chile como en Argentina) son de una contundencia alarmante, con efectivos de seguridad golpeando, persiguiendo y ejerciendo diversos actos de violencia física contra jóvenes y aún contra niños.

Ante los reclamos de organizaciones estudiantiles y de derechos humanos, el ministro del Interior del gobierno de Piñera, Rodrigo Hinzpeter, respaldó sin fisuras el accionar de los Carabineros, y sostuvo la teoría de que las protestas son alimentadas por “elementos extraños infiltrados” en la asociaciones estudiantiles, cuyos dirigentes han perdido el control.

En la tarde de ayer, luego de la multitudinaria marcha, cuando las columnas comenzaban a desmovilizarse un grupo de unos 200 jóvenes hizo frente a la policía, arrojando piedras desde barricadas hechas con autos incendiados, en una imagen que parecía un reflejo de la que mostraba Londres por las mismas horas: un gobierno que no reacciona, caos, espiral creciente de violencia, y una crisis desbocada que aún no encuentra un cauce.

Protesta de hambre

Las formas en que los jóvenes chilenos van acorralando al gobierno de derechas de Sebastián Piñera no son sólo multitudinarias, sino también originales e ingeniosas.

Las marchan se complementan con “exposiciones” de cartuchos de gas lacrimógeno con que los reprimen los Carabineros, hasta una huelga de hambre que lleva ya tres semanas. 33 estudiantes secundarios llevan más de veinte días de ayuno, y a pesar que la sala donde llevan adelante la protesta fue atacada con bombas de gases lanzadas por los Carabineros, que destrozaron los vidrios de puertas y ventanas, amenazan con profundizarla hacia una “huelga de hambre seca”, que a su edad (tienen entre 16 y 18 años) podría conllevar riesgos de salud.

Las protestas juveniles han logrado despertar la conciencia social chilena, que se ha volcado a apoyarlos. Junto a la estrepitosa caída de la popularidad del presidente (un 26 por ciento, la menor de todo el período democrático), los estudiantes ya acumulan un respaldo del 80 por ciento de la población, que se suma con cacerolazos a sus actos revivindicativos, ante el desconcierto gubernamental.

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