Un asesinato a sangre fría (02 05 11)

EE.UU. mata a Bin Laden

Barack Obama anuncia al mundo el asesinato del líder de Al Qaeda en un tono victorioso, pero las críticas se mezclan con las celebraciones. Se consolida la supremacía militar de la potencia hegemónica. Temores por reacciones de los sectores fundamentalistas islámicos.    

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WASHINGTON.- En la medianoche del domingo, el presidente estadounidense Barack Obama anunció la muerte de Osama bin Laden, el multimillonario saudita creador de la red yihadista Al Qaeda y principal responsable de los ataques del 11 de septiembre de 2001.

El comunicado, que se inició a las 0:35 horas del lunes y fue transmitido en directo por las televisiones de Occidente, se había anunciado con algunos minutos de anticipación, que sirvieron para que la opinión pública se pusiera en alerta, dado lo inusual de la metodología y de la hora elegida por el mandatario demócrata.

Las redes sociales, además, contribuyeron a concentrar una máxima audiencia mundial, las oficinas de tráfico de internet contabilizaron más de cuatro mil mensajes por segundo enviados por la red Twitter mientras duraba la alocución de Obama, y el debate, análisis y comentarios ocuparon las redes hasta muy entrada la madrugada.

En el mensaje, Barack Obama confirmó oficialmente el trascendido que había comenzado a correr en los minutos previos, aseverando que Osama bin Laden había sido asesinado de un balazo en la cabeza, disparado por un francotirador, en una acción militar planificada y ejecutada por las fuerzas militares estadounidenses en un suburbio de Islamabad.

El corto discurso, de frases muy cuidadas, apuntó a mostrar una victoria militar sobre el principal enemigo declarado de los Estados Unidos, el hombre que logró atacar por primera vez al gigante norteamericano en su suelo, y que esquivó durante una década entera la búsqueda y persecución de los servicios de inteligencia de la primera potencia del mundo.

Algunas de estas cuidadas oraciones del mensaje, sin embargo, han causado en los momentos siguientes reacciones dispares, tanto de los analistas políticos como de la opinión pública, especialmente en esa nueva modalidad horizontal de manifestación del humor social que posibilitan las redes por Internet.

Obama presentó la muerte de Bin Laden como una acción enmarcada en un conflicto bélico, pero los detalles no pueden ocultar que se trató de un asesinato a sangre fría, calculado (y hasta ensayado, con órdenes de “tirar a matar”) por un cuerpo de comandos Navy Seal de la Armada, violando la soberanía de un país aliado (Pakistán), y sin dar lugar a ningún tipo de juicio o tratamiento a prisioneros de guerra, como prevén los tratados internacionales.

El otro hito central del mensaje fue que la muerte del terrorista –que en el pasado también fue agente de inteligencia formado y financiado por los norteamericanos- constituye un acto de justicia reparadora para las víctimas de los ataques de septiembre de 2001. La lógica de la “Ley del Talión” (“ojo por ojo”) subyacente en estas palabras aparece como un posible aumento de riesgo para la seguridad interna norteamericana.

Obama, en cambio, insistió en que a partir de anoche “el mundo es más seguro”.

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¿Justicia o cálculo?

WASHINGTON.- Tras el discurso de Obama, cientos de manifestantes comenzaron a concentrarse frente a la Casa Blanca, y en el “Ground Zero”, donde estuvieron las Torres Gemelas en Nueva York.

Sin embargo, este clima de victoria, de brindis y de fervor patriótico (se entonaba en himno estadounidense con frecuencia), fue dando lugar con el transcurso de las horas y a medida que se conocían detalles de la operación, a otra sensación, más crítica y menos entusiasta.

El asesinato de Bin Laden de ninguna manera puede considerarse un acto de guerra, ni menos aún un acto de justicia, como lo presentó Obama en su mensaje.

Por el contrario, parece acercarse más a una medida dirigida a mostrar el poderío de la nación en un tiempo de debilidad y crisis; de efectividad de estrategias (en el mismo momento en que se difunden datos sobre el campo de concentración de Guantánamo); y del firme pulso del propio Barack Obama, cuando comienza la carrera por la reelección presidencial.

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en Twitter:   @nspecchia

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