Hillary: Gestión de daños y perjuicios (30 11 10)

El escándalo del “cablegate”

LA DIPLOMACIA NORTEAMERICANA INTENTA DISMINUIR LOS DAÑOS POLÍTICOS
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Tras el vendaval político que significó el inicio de la difusión de más de 205.000 documentos secretos norteamericanos, todo el cuerpo diplomático de la potencia continental, con la secretaria Hillary Clinton al frente, se ha abocado durante las últimas horas a atemperar los posibles daños políticos en las relaciones bilaterales, especialmente con los países aliados.

La noticia de la mayor revelación de documentos clasificados de la historia copó los titulares de la prensa de todo el mundo, y los periódicos escogidos por la web Wikileaks, que alienta la transparencia informativa a través de Internet, anotaron récords de visitas.

El diario madrileño El País fue el encargado de difundir los documentos en castellano, junto a otros medios principales en inglés, francés y alemán. El matutino The New York Times declaró que “editaría” la información contenida en los documentos secretos, de forma tal que los datos que se difundieran no pusieran en riesgo a personas, tanto dentro como fuera de los Estados Unidos.

El País anunció que respetaría el criterio del diario neoyorquino, aunque cada medio tiene sus propias pautas, y con ello crece la expectativa de las revelaciones que se seguirán produciendo en los próximos días.

El corresponsal de El País en Nueva York, Antonio Caño, anunció por la red Twitter que en los próximos días se publicarán documentos relativos a la Argentina, tanto actuales, donde el gobierno norteamericano requirió de sus agentes consulares datos sobre la presidenta Cristina Fernández, como históricos, donde se revela información clasificada de los roles que jugaron diplomáticos durante eventos centrales de la política nacional, como la guerra de Malvinas.

El presidente Barack Obama no ha hecho declaraciones públicas sobre el escándalo, aunque el portavoz presidencial anunció que el jefe de la Casa Blanca está “disgustado, cuando menos” por la relevancia que adquirió el tema.

Hillary Clinton, asumiendo la voz oficial de la Administración, volvió a condenar frente a la prensa las filtraciones, y sostuvo que “estas revelaciones ponen en riesgo a nuestros diplomáticos, profesionales de inteligencia y personas de todo el mundo”.

Los efectos del huracán mediático no se limitan a la política exterior, sino que están alcanzando las relaciones de fuerza al interior del gobierno demócrata, que acaba de sufrir un serio revés en las elecciones legislativas de mediados de mandato.

El diputado republicano Peter King, que integra el Comité de Seguridad Interior de la Cámara de Representantes, pidió que la web Wikileaks, responsable de la difusión de los documentos secretos, sea calificada como una “organización terrorista”.

VERSION OFICIAL DE EE.UU.

El contenido de los documentos hasta ahora ventilados tras la filtración de la diplomacia secreta estadounidense no implican una práctica inusual en los servicios exteriores: todos los diplomáticos envían a sus países opiniones y datos que consideran relevantes para la toma de decisiones en política internacional.

Pero, por una cuestión de imagen, este cruce de informaciones no puede tomar estado público, porque el daño simbólico que causan es enorme, como el que está padeciendo en estos momentos la Administración norteamericana.

El gobierno de Barack Obama ha decidido apoyarse en una línea estratégica: afirmar que sus diplomáticos “no son espías”. “Nuestros diplomáticos saben exactamente lo que son: diplomáticos”, dijo el portavoz del Departamento de Estado, Philip Crowley.

Pero aunque se admita que estas comunicaciones son usuales en el trabajo de un cuerpo diplomático, el efecto sobre las relaciones bilaterales entre la potencia americana y sus socios en el mundo podrían ser muy negativos, y duraderos.

PUNTOS ÁLGIDOS

En el volumen de la información que los periódicos van suministrando en cuotas medidas, resaltan opiniones controvertidas sobre los líderes del mundo.

Pero junto con este material polémico, aparece la valoración que hace el gobierno de los Estados Unidos de sus aliados internacionales en cuestiones altamente sensibles, y una agenda de prioridades que no siempre coincide con la manifestada públicamente por la Casa Blanca.

Entre estos elementos, de mayor peso específico para la relación de la potencia hegemónica en el concierto global, se conocieron planes de un ataque aéreo contra Irán, así como la orden de la secretaría de Estado de espiar a la conducción de la ONU.

Las relaciones con China, los lazos del gobierno ruso con las mafias, la crítica a los militares británicos en Pakistán, y detalles de las actividades clandestinas de la inteligencia norteamericana para combatir a Al Qaeda, configuran hasta ahora los principales puntos álgidos.

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nelson.specchia@gmail.com

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